Capitulo 3
- ¡Liza, Liza! ¡Llegas tarde!. – Esas cinco palabras fueron las primeras que oí al despertar. Me restregué los ojos con ambas manos para luego darle un manotazo a quien sea que me despertó. – ¡hay!. – escuché como ese alguien se quejaba. Abrí los ojos costosamente para encontrarme con una cara muy conocida…
- ¿Qué haces aquí, Andy?. – pregunté con voz áspera.
- Es mi habitación. – dijo encogiéndose de hombros.
- ¡Argh!. – gruñí mientras tomaba las sábanas y las pasaba sobre mi cabeza.
- ¡Vamos, ya! Que Lidia nos está guardando lugar en la cafetería, debemos desayunar.
- No quiero desayunar.
- No, no. Tu vienes y desayunas con nosotras. – dijo mientras tiraba de todas las sabanas tibias que me cubrían y me dejaba expuesta al frío con tan solo mi short y camiseta que me había puesta la noche anterior.
- Déjame dormir un poco más. – le rogué. Andy negó con la cabeza mientras sonreía y cogía algo de la mesita de noche. Era un… ¿vaso de agua?. Mierda.
- ¡Liza, Liza! ¡Llegas tarde!. – Esas cinco palabras fueron las primeras que oí al despertar. Me restregué los ojos con ambas manos para luego darle un manotazo a quien sea que me despertó. – ¡hay!. – escuché como ese alguien se quejaba. Abrí los ojos costosamente para encontrarme con una cara muy conocida…
- ¿Qué haces aquí, Andy?. – pregunté con voz áspera.
- Es mi habitación. – dijo encogiéndose de hombros.
- ¡Argh!. – gruñí mientras tomaba las sábanas y las pasaba sobre mi cabeza.
- ¡Vamos, ya! Que Lidia nos está guardando lugar en la cafetería, debemos desayunar.
- No quiero desayunar.
- No, no. Tu vienes y desayunas con nosotras. – dijo mientras tiraba de todas las sabanas tibias que me cubrían y me dejaba expuesta al frío con tan solo mi short y camiseta que me había puesta la noche anterior.
- Déjame dormir un poco más. – le rogué. Andy negó con la cabeza mientras sonreía y cogía algo de la mesita de noche. Era un… ¿vaso de agua?. Mierda.
Cerré la puerta de la habitación para ir tras Andy que
había salido minutos antes que yo. Caminé por el pasillo, que me llevaba a las
escaleras del primer piso y bajé esquivando a todos lo que pasaban por allí.
Eso era lo malo de levantarse a esta hora: Toda la gente estaba por los
pasillos. Y yo.. odio la gente, me desespera, me agobia. Nunca, desde pequeña, he
podido estar en un lugar lleno de gente sin desesperarme. Apreté los puños para
aguantar las ganas que tenía de salir corriendo de ese lugar y respiré aliviada
una vez estaba frente a la puerta de vidrio transparente de la cafetería. La
empujé con la mano derecha y entré dentro. Por suerte no había tanta gente como
en los pasillos…
Me dirigí a la mesa de siempre, ya saben: La del fondo, la mas apartada. Allí me encontré con Andy y Lidia que conversaban muy animadamente mientras reían a carcajadas y comían como podían. Como las envidiaba… ellas tenían algo que yo no tenía: La felicidad. Sé que suena tonto y egoísta... Pero no me gustaba que ellas fuesen felices mientras yo me hundía mas y mas en mis penas y tristezas, no era justo… o eso era lo que yo creía.
Me senté con una falsa sonrisa pintada en el rostro mientras miraba sus bandejas con el desayuno… Andy tenía unas tortitas de chocolate con leche. Y Lidia, unas tostadas con exprimido de naranja. Dios, se me hacía agua la boca.
- ¡Hola, Liza!. – me saludó Lidia sacándome de mis pensamientos.
- ¡Hallo! – dije sin despegar la vista de sus tostadas. Ella pareció darse cuanta y me dijo sonriendo:
- ¿Quieres?. – yo negué con la cabeza.
- Ve a por un desayuno, Liza.-Me habló Andy después de haber bebido un poco de leche.
- No tengo hambre…
- Nunca tienes hambre, Liza. Estas muy delgada. Vamos, como algo. Ten. – dijo ofreciéndome una de sus tortitas.
- No, no. – Andy enarcó una ceja, eso me hizo recordar a la persona con la que había estado hablando por la noche en la azotea. – Esto… se me ha quedado un libro en la habitación. – dije riendo nerviosa.
- Yo vi que tenías todos.
- Se me ha quedado el de biología, debo ir a buscarlo.. tu sabes cómo es la bruja esa.. – dije refiriéndome a la profesora.
- Pero ve a por unas galletas primero.
- Odio las galletas. – intenté que sonara creíble, pero como no.. falló..
- El año anterior las amabas, si mal no lo recuerdo…-Atacó mi amiga.
- Ya basta Andy.-Murmuró Lidia.- Deja que baya a por su libro. – dijo luego de tragar un pedazo de tostada.
- ¡Las veo en clases!. – me despedí mientras me daba media vuelta y me alejaba del lugar lo más rápido que podía. En realidad no se me había quedado ningún libro, eso era obvio. Solo necesitaba una excusa para no desayunar.
Me dirigí a la mesa de siempre, ya saben: La del fondo, la mas apartada. Allí me encontré con Andy y Lidia que conversaban muy animadamente mientras reían a carcajadas y comían como podían. Como las envidiaba… ellas tenían algo que yo no tenía: La felicidad. Sé que suena tonto y egoísta... Pero no me gustaba que ellas fuesen felices mientras yo me hundía mas y mas en mis penas y tristezas, no era justo… o eso era lo que yo creía.
Me senté con una falsa sonrisa pintada en el rostro mientras miraba sus bandejas con el desayuno… Andy tenía unas tortitas de chocolate con leche. Y Lidia, unas tostadas con exprimido de naranja. Dios, se me hacía agua la boca.
- ¡Hola, Liza!. – me saludó Lidia sacándome de mis pensamientos.
- ¡Hallo! – dije sin despegar la vista de sus tostadas. Ella pareció darse cuanta y me dijo sonriendo:
- ¿Quieres?. – yo negué con la cabeza.
- Ve a por un desayuno, Liza.-Me habló Andy después de haber bebido un poco de leche.
- No tengo hambre…
- Nunca tienes hambre, Liza. Estas muy delgada. Vamos, como algo. Ten. – dijo ofreciéndome una de sus tortitas.
- No, no. – Andy enarcó una ceja, eso me hizo recordar a la persona con la que había estado hablando por la noche en la azotea. – Esto… se me ha quedado un libro en la habitación. – dije riendo nerviosa.
- Yo vi que tenías todos.
- Se me ha quedado el de biología, debo ir a buscarlo.. tu sabes cómo es la bruja esa.. – dije refiriéndome a la profesora.
- Pero ve a por unas galletas primero.
- Odio las galletas. – intenté que sonara creíble, pero como no.. falló..
- El año anterior las amabas, si mal no lo recuerdo…-Atacó mi amiga.
- Ya basta Andy.-Murmuró Lidia.- Deja que baya a por su libro. – dijo luego de tragar un pedazo de tostada.
- ¡Las veo en clases!. – me despedí mientras me daba media vuelta y me alejaba del lugar lo más rápido que podía. En realidad no se me había quedado ningún libro, eso era obvio. Solo necesitaba una excusa para no desayunar.
Entré en la clase, nos tocaba matemáticas y hoy era
viernes, mañana sábado libre, por lo que podría salir del internado y hacerme
ese piercing que deseaba desde hacía ya año y medio. Sonreí para mis adentros,
por fin algo bueno.
No había nadie en la clase, por lo que tuve el “privilegio” de elegir donde me sentaría. Después de haber observad todos los asientos con detenimientos, elegí el de siempre: el de la fila de la derecha, al final de todo.
Caminé hasta allí y dejé mi bolso, luego me senté y comencé a hacer mis planes para el sábado: lo primero que haría sería ir a por ropa nueva, mi padre me había dejado dinero…de mala gana, pero al fin y al cabo, lo había dejado.. luego iría a hacerme el piercing. Y finalmente, a la peluquería, siempre me había hecho ilusión tener el cabello rosa. Prefecto…
El sonido de las perta al abrirse me sacó de mis pensamientos. Levanté la vista hacia allí para encontrarme con una mirada llena de odio y rencor. Él dejó los libros sobre la mesa fuertemente, haciendo que el ruido producido sonara por todo el lugar y seguidamente se sentó. Estaba a tres mesas mías.. pero me parecía una persona tan irreal, como si fuese un muñeco, y no sabía la razón.
En la noche, él había estado tan..¿ amistoso..?, conmigo.. y ¿ahora me miraba así?. Vale, que el lugar de tregua solo había sido en l azotea… o quizás solo había sido un sueño que había tenido por la noche.
No había nadie en la clase, por lo que tuve el “privilegio” de elegir donde me sentaría. Después de haber observad todos los asientos con detenimientos, elegí el de siempre: el de la fila de la derecha, al final de todo.
Caminé hasta allí y dejé mi bolso, luego me senté y comencé a hacer mis planes para el sábado: lo primero que haría sería ir a por ropa nueva, mi padre me había dejado dinero…de mala gana, pero al fin y al cabo, lo había dejado.. luego iría a hacerme el piercing. Y finalmente, a la peluquería, siempre me había hecho ilusión tener el cabello rosa. Prefecto…
El sonido de las perta al abrirse me sacó de mis pensamientos. Levanté la vista hacia allí para encontrarme con una mirada llena de odio y rencor. Él dejó los libros sobre la mesa fuertemente, haciendo que el ruido producido sonara por todo el lugar y seguidamente se sentó. Estaba a tres mesas mías.. pero me parecía una persona tan irreal, como si fuese un muñeco, y no sabía la razón.
En la noche, él había estado tan..¿ amistoso..?, conmigo.. y ¿ahora me miraba así?. Vale, que el lugar de tregua solo había sido en l azotea… o quizás solo había sido un sueño que había tenido por la noche.
Aunque de ser así debería de haber despertado en ropa
interior y no en short y camiseta, no?. Entonces era real. Bajé la mirada
avergonzada, no tenía razón para estarlo, pero lo estaba y punto.
Quería hablarle, decirle algo.. pero no me atrevía…
Quería hablarle, decirle algo.. pero no me atrevía…
Me limité a sonreír. Y él, por toda respuesta, alzó una
ceja haciéndome quedar como una idiota. Decidí no tomarle demasiada importancia
a ese gesto y no darle muchas vueltas. Aún así estuve toda la clase de
matemáticas carcomiéndome el cerebro mientras intentaba saber la razón de su
comportamiento. Ese chico sí que era extraño…
Me levanté pesadamente de mi asiento, asiendo ruido con la silla y el piso. Cogí mi bolso y me lo colgué en el hombro lista para dirigirme a la siguiente clase. No me molesté en mirar a Andy y Lidia y comencé mi marcha hacia la clase de Historia.
Me levanté pesadamente de mi asiento, asiendo ruido con la silla y el piso. Cogí mi bolso y me lo colgué en el hombro lista para dirigirme a la siguiente clase. No me molesté en mirar a Andy y Lidia y comencé mi marcha hacia la clase de Historia.
A diferencia de la clase de matemáticas, la de historia
estaba llena de gente. No habían mesas libres, excepto una… comencé a ponerme
nerviosa de tan solo pensar que me tendría que sentar con él…
Caminé lentamente pensando en las palabras adecuadas para pedirle el asiento de su lado, y cuando quise darme cuenta de lo que me faltaba para llegar… ya estaba frete a él.
- Esto.. Hola.. – dijo riendo nerviosa, esto de ser amigable no me salía nada bien.
- ¡Hola!. – esbozó una hermosa sonrisa. En cualquier momento me derretiría y mis restos quedarían esparcidos por toda la sala de clases… - ¿Que.. necesitas…?.
- ¿Puedo sentarme a tu lado?.. es que, ya sabes.. no quedan mas lugares. – dije rápidamente.
- ¡Claro!. – dijo sonriendo.. que perfecta sonrisa… - ¿Elizabeth, no? – preguntó una vez nos hubimos sentado en nuestros respectivos asientos. ¡Sabía mi nombre!
- Si, pero puedes llamarme Liza.
- OK, Liza. Yo soy Alex…
- Si, ya lo sabía.. – reí bobamente mientras me insultaba internamente. ¡No podía haber hecho un ridículo peor!.
-Hola preciosa- Escuché una voz tras de mi. Me di la vuelta para encontrarme con quien no me quería encontrar. Kaulitz me miraba con una sonrisa burlona en la cara.
- Elizabeth, Kaulitz. Me llamo Elizabeth, no preciosa.- le dije levantándome y mirándole a los ojos con seriedad.
- Tienes derecho a llamarme Bill- dijo otra vez con esa sonrisa.
- ¿Qué quieres, a parte de molestar?- a Kaulitz se le borro la sonrisa de la cara y en instante sonó el timbre.
- Nos vemos al final de clases en la azotea, no falles preciosa.
- Elizabeht, Kalitz. Te lo repito.. - Él afirmó con la cabeza y se marchó donde estaba su hermano con una grupo de chicos igual de raros que ellos.
El resto de las clases transcurrieron con normalidad y con el típico aburrimiento de siempre… no había cruzado palabra con Alex, pero al fin y al cabo me sentía satisfecha ya que solo con el echo de hablar me podría haber puesto en ridículo frente a él.
Subí a mi habitación casi corriendo y tiré mi bolso en cuanto entré. Tomé impulso y corrí hasta el borde de la cama, donde afirmé los pies en el colchón y me tumbé boca abajo con los brazos abiertos. Cerré los ojos y me dormí profundamente.
Caminé lentamente pensando en las palabras adecuadas para pedirle el asiento de su lado, y cuando quise darme cuenta de lo que me faltaba para llegar… ya estaba frete a él.
- Esto.. Hola.. – dijo riendo nerviosa, esto de ser amigable no me salía nada bien.
- ¡Hola!. – esbozó una hermosa sonrisa. En cualquier momento me derretiría y mis restos quedarían esparcidos por toda la sala de clases… - ¿Que.. necesitas…?.
- ¿Puedo sentarme a tu lado?.. es que, ya sabes.. no quedan mas lugares. – dije rápidamente.
- ¡Claro!. – dijo sonriendo.. que perfecta sonrisa… - ¿Elizabeth, no? – preguntó una vez nos hubimos sentado en nuestros respectivos asientos. ¡Sabía mi nombre!
- Si, pero puedes llamarme Liza.
- OK, Liza. Yo soy Alex…
- Si, ya lo sabía.. – reí bobamente mientras me insultaba internamente. ¡No podía haber hecho un ridículo peor!.
-Hola preciosa- Escuché una voz tras de mi. Me di la vuelta para encontrarme con quien no me quería encontrar. Kaulitz me miraba con una sonrisa burlona en la cara.
- Elizabeth, Kaulitz. Me llamo Elizabeth, no preciosa.- le dije levantándome y mirándole a los ojos con seriedad.
- Tienes derecho a llamarme Bill- dijo otra vez con esa sonrisa.
- ¿Qué quieres, a parte de molestar?- a Kaulitz se le borro la sonrisa de la cara y en instante sonó el timbre.
- Nos vemos al final de clases en la azotea, no falles preciosa.
- Elizabeht, Kalitz. Te lo repito.. - Él afirmó con la cabeza y se marchó donde estaba su hermano con una grupo de chicos igual de raros que ellos.
El resto de las clases transcurrieron con normalidad y con el típico aburrimiento de siempre… no había cruzado palabra con Alex, pero al fin y al cabo me sentía satisfecha ya que solo con el echo de hablar me podría haber puesto en ridículo frente a él.
Subí a mi habitación casi corriendo y tiré mi bolso en cuanto entré. Tomé impulso y corrí hasta el borde de la cama, donde afirmé los pies en el colchón y me tumbé boca abajo con los brazos abiertos. Cerré los ojos y me dormí profundamente.
Me incorporé sobre la cama rápidamente. Dios, se me había
olvidado..
Me levanté de la cama tan bruscamente que me mareé un poco. Me llevé una mano a la cabeza y caminé en dirección a la puerta. La abrí, y antes de salir miré la hora, las 6 de la tarde.. hacía ya dos horas que debería haber estado allí. Probablemente ya se abría ido…
Me apresuré en subir las escaleras hacia el tercer piso, caminé por los pasillos, y cuando me encontraba fuera de la habitación de Kaulitz, pegué el oído a la puerta, quizás estaba allí dentro. Escuché con atención pero solo había silencio.
Avancé mas apresuradamente hacia el ático, deseaba verlo… hablar con él pasivamente sin necesidad de palabrotas y golpes bruscos. Quería ver su sonrisa, fresca y natural, que solo me había mostrado un par de veces la noche anterior, pero que la tenía tan grabada en mi mente… que cada vez que cerraba los ojos, lo podía imaginar perfectamente.
Me afirmé de la escalera de madera que me llevaría a la azotea, me di cuenta de que mis manos temblaban y sudaban… estaba nerviosa, eso no me favorecía para nada.
Me levanté de la cama tan bruscamente que me mareé un poco. Me llevé una mano a la cabeza y caminé en dirección a la puerta. La abrí, y antes de salir miré la hora, las 6 de la tarde.. hacía ya dos horas que debería haber estado allí. Probablemente ya se abría ido…
Me apresuré en subir las escaleras hacia el tercer piso, caminé por los pasillos, y cuando me encontraba fuera de la habitación de Kaulitz, pegué el oído a la puerta, quizás estaba allí dentro. Escuché con atención pero solo había silencio.
Avancé mas apresuradamente hacia el ático, deseaba verlo… hablar con él pasivamente sin necesidad de palabrotas y golpes bruscos. Quería ver su sonrisa, fresca y natural, que solo me había mostrado un par de veces la noche anterior, pero que la tenía tan grabada en mi mente… que cada vez que cerraba los ojos, lo podía imaginar perfectamente.
Me afirmé de la escalera de madera que me llevaría a la azotea, me di cuenta de que mis manos temblaban y sudaban… estaba nerviosa, eso no me favorecía para nada.
Ya que cuando estaba nerviosa, todo me salía mal y era mas
torpe que lo de costumbre, por lo que había un ochenta por ciento de
probabilidades de que cayera por la escalera.
Me sorprendió un poco no encontrar a nadie allí arriba. Kaulitz no estaba…
Vale, que ya habían pasado dos horas desde que habíamos salido de clases y no podía esperar que él estuviera esas dos horas sentado aquí esperándome tranquilamente.. eso era mucho pedir.. con lo nervioso que él era…
- Genial.. – bufé sentándome en el borde del edificio. Al instante sentí frío. La brisa fresca traspasaba la tela de mi camiseta y me hacía temblar.
Me abracé a mi misma con ambas manos y luego las froté contra la camiseta.
- De haber sabido, hubiese traído una chaqueta o algo.. – me dije a mi misma con reproche.
Me mordí el labio inferior mientras dirigía mi mirada hacia el cielo. Luego algo que se apoyó en mis hombros, me hizo dar un bote de susto, tan grande, que caso me caigo de no ser por unas manos que me sujetaron con fuerza de ambos brazos.
Me sorprendió un poco no encontrar a nadie allí arriba. Kaulitz no estaba…
Vale, que ya habían pasado dos horas desde que habíamos salido de clases y no podía esperar que él estuviera esas dos horas sentado aquí esperándome tranquilamente.. eso era mucho pedir.. con lo nervioso que él era…
- Genial.. – bufé sentándome en el borde del edificio. Al instante sentí frío. La brisa fresca traspasaba la tela de mi camiseta y me hacía temblar.
Me abracé a mi misma con ambas manos y luego las froté contra la camiseta.
- De haber sabido, hubiese traído una chaqueta o algo.. – me dije a mi misma con reproche.
Me mordí el labio inferior mientras dirigía mi mirada hacia el cielo. Luego algo que se apoyó en mis hombros, me hizo dar un bote de susto, tan grande, que caso me caigo de no ser por unas manos que me sujetaron con fuerza de ambos brazos.
En un acto de reflejo, llevé mis manos sobre las de la
persona que me sujetaba ya las apreté fuertemente… “la persona” se arrodilló
tras de mi lentamente, yo contuve la respiración, estaba aterrada… ¿y que si
“la persona” quería lanzarme edificio abajo?.
Sentí como despegaba una de sus manos de mi brazo y me apartaba delicadamente el cabello de mi hombro, para luego apoyar su cabeza sobre este. En ese momento me di cuenta de que tenía una chaqueta sobre mi espalda… la chaqueta estaba tibia y eso me ayudó a disminuir un poco el frío que sentía, pero no a dejar de temblar.
Sentí como despegaba una de sus manos de mi brazo y me apartaba delicadamente el cabello de mi hombro, para luego apoyar su cabeza sobre este. En ese momento me di cuenta de que tenía una chaqueta sobre mi espalda… la chaqueta estaba tibia y eso me ayudó a disminuir un poco el frío que sentía, pero no a dejar de temblar.
- Has venido.. – Me dijo con una voz extremadamente suave y
calmada… Eso era nuevo para mi, nunca le había escuchado hablar en ese tono de
voz, y menos aún si a la persona a quien le hablaba era a mi. Tragué saliva.
Podía sentir su respiración en mi cuello y eso me ponía nerviosa… me mordí el
labio inferior para reprimir un suspiro. – Aún tienes frío?. – me preguntó, yo
me limité a negar con la cabeza, aún con la vista en frente.. – Bien.. – se
separó de mi acomodándome la chaqueta que tenía puesta sobre mis hombros y se
sentó a mi lado, muy apegado a mi. En ese momento giré la cabeza hacia el lado
donde él se encontraba… le observé.. el me miraba.. de una manera un tanto.. ¿extraña?,
si, extraña.. Nuca nadie me había mirado de esa forma.. por lo que no supe
interpretar ni sus ojos, ni su expresión. Él torció una media sonrisa. - Quería
hablar contigo. – informó sin quitar sus ojos de mi. Me comenzaba a sentir
incómoda, por lo que aparté la mirada hacia un lado. Creo que me ruboricé un
poco… - Tardaste mucho, no te imaginas lo aburrido que estaba aquí arriba..
creía que no vendrías..
- Pues ya vez que si eh venido. Ahora quiero que me digas una cosas. – dije volviendo a mirarlo.- ¿por que me has llamado?
- Ya te lo eh dicho… - dijo sin perder la calma.
- Pues no te he escuchado, Kaulitz.
- Puedes llamarme Bill. – dijo sonriendo.
- No te desvíes del tema.
- No me desvío…
- Lo sigues haciendo.
- ¿Quién es la que se desvía del tema ahora?. – una sonrisa juguetona y burlona se dibujó en su rostro.
- Anormal. –le insulté.
- ¡Hey! Yo pensaba que este era un lugar de tregua, ¿no? – lugar de tregua.. se me había olvidado.
- S…si
- No me gusta que me insultes.-Murmuró.
- Tú siempre me insultas a mi. – me defendí.
- Nunca te he insultado en este lugar. – dijo mientras que con el dedo índice le daba pequeños golpecitos al piso.
- Llevamos muy poco tiempo en tregua, Kaulitz.
- Llámame Bill. – me volvió a repetir.
- Bien, Bill. Ahora dime.. ¿Por qué me has dicho que…?
- ¿Quieres? – me cortó. Le miré con expresión entre seria y enojada. Él me tendía un paquete de chocolatinas.
- N.. no.. – Sentí como se me hacía agua la boca. Bill frunció el ceño.
- Come. Estás muy delgada, Elizabeth. – insistió, yo negué con la cabeza.
- No, de verdad.. no quiero, gracias de todas maneras.. pero no.
- Pero si pareces un esqueleto.. come.
- ¡Que no!, no tengo hambre.
- Por favor. Me sentiré ofendido si no comes una… - dijo poniendo cara de corderito degollado.. ¿Cómo me iba a negar a eso?.
- Bien, pero sólo una… - intenté reprimir una sonrisa. Cogí una chocolatina y comencé a jugar con ella entre mis manos y dedos.
- Te la debes comer..
- Lo sé.. lo haré en unos minutos.. – Bill me miró extrañado, suspiró.. parecía estar pensando algo… luego me miró a los ojos, los entrecerró un poco y con expresión de dolor me dijo:
- ¿Te molesta si te hago una pregunta?.
- No.
- Por favor respóndeme con la verdad..
- Lo aré.. – le prometí..
- Pues ya vez que si eh venido. Ahora quiero que me digas una cosas. – dije volviendo a mirarlo.- ¿por que me has llamado?
- Ya te lo eh dicho… - dijo sin perder la calma.
- Pues no te he escuchado, Kaulitz.
- Puedes llamarme Bill. – dijo sonriendo.
- No te desvíes del tema.
- No me desvío…
- Lo sigues haciendo.
- ¿Quién es la que se desvía del tema ahora?. – una sonrisa juguetona y burlona se dibujó en su rostro.
- Anormal. –le insulté.
- ¡Hey! Yo pensaba que este era un lugar de tregua, ¿no? – lugar de tregua.. se me había olvidado.
- S…si
- No me gusta que me insultes.-Murmuró.
- Tú siempre me insultas a mi. – me defendí.
- Nunca te he insultado en este lugar. – dijo mientras que con el dedo índice le daba pequeños golpecitos al piso.
- Llevamos muy poco tiempo en tregua, Kaulitz.
- Llámame Bill. – me volvió a repetir.
- Bien, Bill. Ahora dime.. ¿Por qué me has dicho que…?
- ¿Quieres? – me cortó. Le miré con expresión entre seria y enojada. Él me tendía un paquete de chocolatinas.
- N.. no.. – Sentí como se me hacía agua la boca. Bill frunció el ceño.
- Come. Estás muy delgada, Elizabeth. – insistió, yo negué con la cabeza.
- No, de verdad.. no quiero, gracias de todas maneras.. pero no.
- Pero si pareces un esqueleto.. come.
- ¡Que no!, no tengo hambre.
- Por favor. Me sentiré ofendido si no comes una… - dijo poniendo cara de corderito degollado.. ¿Cómo me iba a negar a eso?.
- Bien, pero sólo una… - intenté reprimir una sonrisa. Cogí una chocolatina y comencé a jugar con ella entre mis manos y dedos.
- Te la debes comer..
- Lo sé.. lo haré en unos minutos.. – Bill me miró extrañado, suspiró.. parecía estar pensando algo… luego me miró a los ojos, los entrecerró un poco y con expresión de dolor me dijo:
- ¿Te molesta si te hago una pregunta?.
- No.
- Por favor respóndeme con la verdad..
- Lo aré.. – le prometí..
- Ahora dime que no te enfadarás. – yo asentí con la cabeza
mientras el se alejaba un poco de mi.. ese gesto me extrañó un poco.
Se que debí haberlo visto antes de que sucediera.. estaba claro la pregunta que me haría. Pero creo que el viento frío y estar tan cerca de él, hacían que mi mente trabajase mas lento de lo normal.
- ¿Y bien…? – dios, que torpe.. segundos después me arrepentiría de haber aceptado oír y responder su pregunta con sinceridad.
- Pues… tu estas más delgada.. y .. esto.. en la cafetería no te he visto comer nada desde.. el inicio de las clases. Quiero que me respondas esta pregunta, no quiero que te lo tomes a mal, pero: ¿Cuándo comiste por última vez?... – mi respiración se cortó al instante en que mis músculos se tensaron y pude sentir como la sangre huía de mi cabeza dejándola completamente fría y en blanco, creo que comencé a temblar. Mierda..¿ y ahora que le decía?..
Se que debí haberlo visto antes de que sucediera.. estaba claro la pregunta que me haría. Pero creo que el viento frío y estar tan cerca de él, hacían que mi mente trabajase mas lento de lo normal.
- ¿Y bien…? – dios, que torpe.. segundos después me arrepentiría de haber aceptado oír y responder su pregunta con sinceridad.
- Pues… tu estas más delgada.. y .. esto.. en la cafetería no te he visto comer nada desde.. el inicio de las clases. Quiero que me respondas esta pregunta, no quiero que te lo tomes a mal, pero: ¿Cuándo comiste por última vez?... – mi respiración se cortó al instante en que mis músculos se tensaron y pude sentir como la sangre huía de mi cabeza dejándola completamente fría y en blanco, creo que comencé a temblar. Mierda..¿ y ahora que le decía?..
Segundos después, esa pequeña ampolletita que todos tenemos
en la cabeza (que se enciende con las ideas), pues se encendió.
Me metí la chocolatina rápidamente a la boca y la mordí costosamente, para luego tragarla casi entera. Cerré los ojos mientras esperaba a que llegase a mi estómago y una voz los hube abierto, pude ver como Bill me miraba con el ceño fruncido y con expresión interrogante. Vale, que con era actitud y ese gesto, había quedado como una niña pequeña...
- Hace unos segundos. – le respondí sonriendo nerviosa, ojala no se enterara…
- Pero… - no alcanzó a protestar ya que yo lo corté.
- ¿Me espías en la cafetería? – intenté hacerme la alarmada llevándome una mano al pecho y abriendo la boca en forma de “O”, para salir del tema de la comida…
- Debo estar al tanto de las cosas que hace mi enemiga favorita, ¿no te parece?
- Ah… si, supongo.. – me encogí de hombros y el rió.
- Ahora.. – se puso serio, cogió mi cara con una de sus manos y la giró suavemente para que quedara frente a la suya. – ¿Cuándo fue la última vez que comiste? .. ¿Antes de la chocolatina..? – yo negué con la cabeza y aparté su mano con delicadeza.
- Tú dijiste que me harías solo una pregunta.
- Elizabeth, necesito saberlo… - no lo podía mirar a la cara, me daba vergüenza de mi misma. No supe cual había sido la expresión de su cara, pero su voz sonaba a suplica.
- Pues en el almuerzo, ¿no es obvio?. – le mentí, después de todo.. el me hizo prometer que dijera la verdad en la pregunta. La cual, ya había sido formulada.. y esta era una pregunta añadida, por lo que podía responder una mentira. Bill suspiró resignado y se llevó una mano a los ojos y la frente. – ¿Estás bien?.
- Si… - murmuró. – Tu no entiendes nada...
- ¿Entender el qué?. – pregunté confundida. Realmente, no comprendía lo que él me quería decir.
Él quitó su mano de su frente y la posó en mi hombro con delicadeza, la otra mano la apoyó en mi mejilla, atrayéndome hacia él lentamente… mis pulsaciones se aceleraban a cada segundo y se me comenzó a olvidar como respirar. La piel se me puso de gallina y pude sentir como una especie de electricidad recorría todo mi cuerpo en el momento que él juntó mis labios con los suyos.
¿Pero que hacía?.
Me separé de él bruscamente empujándolo por los hombros, para luego darle con la palma de mi mano en su mejilla. No pude evitar sentirme culpable. Pero aún así, no cambié la expresión de enfado que tenía en el rostro.
- ¿Por qué me… golpeaste?. – dijo mientras se llevaba la mano a la zona golpeada, que hora estaba enrojecida. En su voz no se notaba ningún tipo de reproche, eso me extrañó.
- No soy de esas zorras que se besuquean con todo el mundo.
- Nunca he dicho que fueras una zorra. – fui a abrir la boca para reprochar, pero el siguió rápidamente. – no en este lugar de tregua.
- Pues si, no me lo has dicho en este LUGAR DE TREGUA. – puse énfasis en las tres ultimas palabras. – que yo sepa “lugar de tregua”, no es sinónimos con “lugar de putas”. Si quieres te puedes ir a la habitación de Alice, ella ha de estar esperándote. – dije sonriente. Alice había sido su ex-novia, una de las chicas mas pijas, populares y bonitas del internado.. su padre era multimillonario y eso le daba fama instantáneamente aunque como persona fuese un fracaso total.
- ¿Que tiene que ver Alice en esto?.
- Ella puede complacerte.. o eso creo.. – suspiré. – no lo digo con malas intenciones.. lugar de tregua. – dije repitiendo sus palabras. El torció una sonrisa y me miró por unos segundos. Luego volvió la vista al cielo, donde a comenzaban a aparecer algunas estrellas.
No pude evitar fijarme en los tierno y hermoso que era. En ese momento pensé que el Bill duro y malvado, no era el real.. y que el real era el que estaba en estos momentos sentado junto a mi, observando las estrellas pasivamente, con una calma y concentración envidiables. Me mordí el labio inferior… pensando en lo estúpida que era por haberlo rechazado hacia unos minutos, pero es que no estaba acostumbrada a esa clase de mimo, por no decir que a los mimos.
Bostecé, comenzaba a darme sueño. Me refregué los ojos con las manos y me tiré hacia atrás en el cemento. Segundos después, Bill me imitó. Me cogió del cuello y me levantó un poco, para rodearme con sus brazos como a una niña pequeña.
Vale, lo admito, estaba completamente cómoda en esa posición. Me sentía protegida y a salvo de cualquier mal.
Sonreí para mis adentros, que feliz estaba…
- Tengo sueño. – dije con voz ronca y áspera.
- Puedes dormir si quieres. – me apretó mas contra él. Podía sentir los latidos de su corazón. Eran calmados y acompasados. Perfectos.
Me acurruqué aún mas en su pecho y pasé mis manos por su cintura.
- ¿Ahora seremos amigos?. – le pregunté
- Solo en la azotea. – yo reí adormilada. Bill comenzó a acariciarme el cabello. – seremos muy buenos amigos…
- Me parece bien. Solo en la azotea.. – repetí,
Y sin darme cuenta, me dormí profundamente sobre mi nuevo amigo, que era mi amigo “sólo en la azotea”.
Me metí la chocolatina rápidamente a la boca y la mordí costosamente, para luego tragarla casi entera. Cerré los ojos mientras esperaba a que llegase a mi estómago y una voz los hube abierto, pude ver como Bill me miraba con el ceño fruncido y con expresión interrogante. Vale, que con era actitud y ese gesto, había quedado como una niña pequeña...
- Hace unos segundos. – le respondí sonriendo nerviosa, ojala no se enterara…
- Pero… - no alcanzó a protestar ya que yo lo corté.
- ¿Me espías en la cafetería? – intenté hacerme la alarmada llevándome una mano al pecho y abriendo la boca en forma de “O”, para salir del tema de la comida…
- Debo estar al tanto de las cosas que hace mi enemiga favorita, ¿no te parece?
- Ah… si, supongo.. – me encogí de hombros y el rió.
- Ahora.. – se puso serio, cogió mi cara con una de sus manos y la giró suavemente para que quedara frente a la suya. – ¿Cuándo fue la última vez que comiste? .. ¿Antes de la chocolatina..? – yo negué con la cabeza y aparté su mano con delicadeza.
- Tú dijiste que me harías solo una pregunta.
- Elizabeth, necesito saberlo… - no lo podía mirar a la cara, me daba vergüenza de mi misma. No supe cual había sido la expresión de su cara, pero su voz sonaba a suplica.
- Pues en el almuerzo, ¿no es obvio?. – le mentí, después de todo.. el me hizo prometer que dijera la verdad en la pregunta. La cual, ya había sido formulada.. y esta era una pregunta añadida, por lo que podía responder una mentira. Bill suspiró resignado y se llevó una mano a los ojos y la frente. – ¿Estás bien?.
- Si… - murmuró. – Tu no entiendes nada...
- ¿Entender el qué?. – pregunté confundida. Realmente, no comprendía lo que él me quería decir.
Él quitó su mano de su frente y la posó en mi hombro con delicadeza, la otra mano la apoyó en mi mejilla, atrayéndome hacia él lentamente… mis pulsaciones se aceleraban a cada segundo y se me comenzó a olvidar como respirar. La piel se me puso de gallina y pude sentir como una especie de electricidad recorría todo mi cuerpo en el momento que él juntó mis labios con los suyos.
¿Pero que hacía?.
Me separé de él bruscamente empujándolo por los hombros, para luego darle con la palma de mi mano en su mejilla. No pude evitar sentirme culpable. Pero aún así, no cambié la expresión de enfado que tenía en el rostro.
- ¿Por qué me… golpeaste?. – dijo mientras se llevaba la mano a la zona golpeada, que hora estaba enrojecida. En su voz no se notaba ningún tipo de reproche, eso me extrañó.
- No soy de esas zorras que se besuquean con todo el mundo.
- Nunca he dicho que fueras una zorra. – fui a abrir la boca para reprochar, pero el siguió rápidamente. – no en este lugar de tregua.
- Pues si, no me lo has dicho en este LUGAR DE TREGUA. – puse énfasis en las tres ultimas palabras. – que yo sepa “lugar de tregua”, no es sinónimos con “lugar de putas”. Si quieres te puedes ir a la habitación de Alice, ella ha de estar esperándote. – dije sonriente. Alice había sido su ex-novia, una de las chicas mas pijas, populares y bonitas del internado.. su padre era multimillonario y eso le daba fama instantáneamente aunque como persona fuese un fracaso total.
- ¿Que tiene que ver Alice en esto?.
- Ella puede complacerte.. o eso creo.. – suspiré. – no lo digo con malas intenciones.. lugar de tregua. – dije repitiendo sus palabras. El torció una sonrisa y me miró por unos segundos. Luego volvió la vista al cielo, donde a comenzaban a aparecer algunas estrellas.
No pude evitar fijarme en los tierno y hermoso que era. En ese momento pensé que el Bill duro y malvado, no era el real.. y que el real era el que estaba en estos momentos sentado junto a mi, observando las estrellas pasivamente, con una calma y concentración envidiables. Me mordí el labio inferior… pensando en lo estúpida que era por haberlo rechazado hacia unos minutos, pero es que no estaba acostumbrada a esa clase de mimo, por no decir que a los mimos.
Bostecé, comenzaba a darme sueño. Me refregué los ojos con las manos y me tiré hacia atrás en el cemento. Segundos después, Bill me imitó. Me cogió del cuello y me levantó un poco, para rodearme con sus brazos como a una niña pequeña.
Vale, lo admito, estaba completamente cómoda en esa posición. Me sentía protegida y a salvo de cualquier mal.
Sonreí para mis adentros, que feliz estaba…
- Tengo sueño. – dije con voz ronca y áspera.
- Puedes dormir si quieres. – me apretó mas contra él. Podía sentir los latidos de su corazón. Eran calmados y acompasados. Perfectos.
Me acurruqué aún mas en su pecho y pasé mis manos por su cintura.
- ¿Ahora seremos amigos?. – le pregunté
- Solo en la azotea. – yo reí adormilada. Bill comenzó a acariciarme el cabello. – seremos muy buenos amigos…
- Me parece bien. Solo en la azotea.. – repetí,
Y sin darme cuenta, me dormí profundamente sobre mi nuevo amigo, que era mi amigo “sólo en la azotea”.

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