Capitulo 15
Busqué sus labios disimuladamente… en realidad no tan disimuladamente, porque él adivinó mis intenciones se acercó a besarme. Juntó nuestros labios con delicadeza y no nos separamos hasta que hubieron pasado unos cuantos segundos, para coger aire.
- Te quiero mucho, ¿lo sabías?. – dijo muy cerca aún de mis labios, podía sentir su respiración sobre la piel de mi rostro.
- Ten por seguro que yo te quiero más. – le susurré para luego juntar nuestros labios en otro beso. Sentí como posaba sus manos en mi cintura y me giraba delicadamente hasta quedar frente a frente. Pegó mi cuerpo al suyo y fue empujándome poco a poco hacia atrás, sin separar nuestros labios… sentí como mi espalda chocaba contra la almohada del sillón y quedé prisionera entre este y su cálido cuerpo que estaba sobre mí. Bajó sus labios hasta mi cuello y lo recorrió verticalmente con una hilera de suaves besitos arrancándome un suspiro. Luego bajó hasta mi escote y sus manos se posaron en el borde de mi camiseta… en ese momento me entró el pánico. ¿¡ Pero qué hacia!?. No pedía separarme de él así tan da repente... haría que se sintiese mal… como mi boca estaba libre la suya, la cual estaba metida en mi cuello, pude hablar para que parase.
- Bill… - él se detuvo al instante, quizás tenía miedo de haber hecho algo mal… no sé. – Te... tengo sed. – Se incorporó sobre el sillón, yo hice lo mismo.
- Iré por algo para tomar. – se levantó sin dirigirme la mirada y luego salió del salón. Vale, quizás la había cagado… pero es que no me sentía lista para hacer… bueno, eso. A parte… estábamos en su casa, su madre podría llegar en cualquier momento…
Y el aburrimiento regresó. No es que Bill haya tardado, lo que pasó fue que me limité a ver esa horrible película... había una chica que lloraba mientras se despedía de un chico, el cual le decía que la amaba. La besaba, la abrazaba fuertemente… y luego se subía a un tren… y cuando este comenzaba a partir, la chica corría tras él gritando el nombre de su amado… hasta que el tren alcanzó tal velocidad que la chica ya no podía seguir corriendo y se caía de rodillas en el suelo. Su cara estaba llena de lágrimas y su cuerpo se convulsionaba. Me pareció algo horrible… aunque, solo era una película… ¿para qué armar tanto escándalo? Era ridículo…
En ese momento Bill regresó al salón con expresión fría. Me dio un vaso con lo que supuse que sería coca cola y luego se sentó a mi lado. Si, definitivamente la había cagado… ¿Pero qué mas podría haber hecho? La abría cagado de todas maneras. Me llevé el vaso a la boca y probé un sorbo, al instante mi estómago comenzó a gruñir… no podía tomar eso… estaba repleto de azúcar, grasas... y calorías... pero si no lo hacía, Bill sospecharía…
- ¿B.. Bill?. – el se giró a verme. – ¿No tienes agua?
- No regresaré a la cocina solo porque se te ocurrió que quieres tomar agua. – dijo fríamente. Yo bajé la mirada al instante, me habían entrado ganas de llorar… y es que siempre tenía que arruinar todos los buenos momentos… - terminas de tomarte eso y vamos a comer. – su voz sonaba autoritaria. – luego te llevaré a tu casa para que hables con tu padre. – ¿Por qué mierda todo el mundo estaba contra mía? Me mordí los labios para no llorar y luego me bebí toda la coca cola de un trago. Mi estómago gritó de contento mientras mi cabeza me culpaba de todo. Bill me miró y alzó una ceja. Se bebió toda su bebida, imitando lo que yo había hecho con la mía, me arrebató el vaso de las manos - vamos a comer. – me dijo mientras se levantaba.
- La verdad... no me apetece co…
- No importa lo que digas, comerás hoy conmigo.
Le seguí en silencio hasta llegar a la cocina. Que por cierto, yo había adivinado cuando dije que Simone había entrado en la cocina. Bill me indicó con un movimiento de cabeza que me sentara en una de las cuatro sillas que estaban alrededor de una mesa redonda en el centro de la habitación. Yo le hice caso. Y observé lo que hacía…
Cogió dos platos color crema de uno de los muebles y los apoyó sobre la mesa. Uno frente a mí y el otro en el puesto del otro lado. Luego buscó una especie de cuchara plástica, pero con puntas de tenedor, claro que mas grande, y la metió dentro de una cacerola de aluminio. La cogió y caminó hacia los platos para luego servir una porción extremadamente grande de pasta para él y otra para mí. Buscó dos tenedores, me dio uno y luego se sentó.
- ¿Estás enfadado? – pregunté para romper el silencio después de unos minutos. Él negó con la cabeza mientras tragaba.
- No… sólo come. – me ordenó. Yo no había tocado mi plato hasta ese momento…. Ensarté el tenedor en la pasta y lego lo giré hasta que me aseguré de que no se me caerían cuando fueran de camino hacia mi boca.
- ¿Entonces?. – me llevé el tenedor a la boca.
- Son todas ideas tuyas… - tragué costosamente mientras negaba con la cabeza.
- No lo creo
- Estás mal de la cabeza…
- ¿Intentas ofenderme, Kaulitz?
- No. Solo intento hacer que comas algo para después llevarte a tu casa. – a casa... allí probablemente estaría mi padre… Bill no me podía hacer esto, no…
- Es mejor si nos vamos directo al internado.
- Quiero estar el resto del día con mi madre… tu deberías hacer lo mismo, aprovechando la oportunidad que tienes ya que tu padre volvió.
- Pero yo no quiero pasar tiempo con él. – Me estremecía de tan solo pensar en lo que podría llegar a pasar…
- Ya está decidido. – fue su única respuesta y luego se llevó a la boca el tenedor lleno de pasta. Me entraron ganas de llorar nuevamente… era mi novio, ¿Por qué me trataba de esa manera? Ni siquiera me dejaba opinar.
Busqué sus labios disimuladamente… en realidad no tan disimuladamente, porque él adivinó mis intenciones se acercó a besarme. Juntó nuestros labios con delicadeza y no nos separamos hasta que hubieron pasado unos cuantos segundos, para coger aire.
- Te quiero mucho, ¿lo sabías?. – dijo muy cerca aún de mis labios, podía sentir su respiración sobre la piel de mi rostro.
- Ten por seguro que yo te quiero más. – le susurré para luego juntar nuestros labios en otro beso. Sentí como posaba sus manos en mi cintura y me giraba delicadamente hasta quedar frente a frente. Pegó mi cuerpo al suyo y fue empujándome poco a poco hacia atrás, sin separar nuestros labios… sentí como mi espalda chocaba contra la almohada del sillón y quedé prisionera entre este y su cálido cuerpo que estaba sobre mí. Bajó sus labios hasta mi cuello y lo recorrió verticalmente con una hilera de suaves besitos arrancándome un suspiro. Luego bajó hasta mi escote y sus manos se posaron en el borde de mi camiseta… en ese momento me entró el pánico. ¿¡ Pero qué hacia!?. No pedía separarme de él así tan da repente... haría que se sintiese mal… como mi boca estaba libre la suya, la cual estaba metida en mi cuello, pude hablar para que parase.
- Bill… - él se detuvo al instante, quizás tenía miedo de haber hecho algo mal… no sé. – Te... tengo sed. – Se incorporó sobre el sillón, yo hice lo mismo.
- Iré por algo para tomar. – se levantó sin dirigirme la mirada y luego salió del salón. Vale, quizás la había cagado… pero es que no me sentía lista para hacer… bueno, eso. A parte… estábamos en su casa, su madre podría llegar en cualquier momento…
Y el aburrimiento regresó. No es que Bill haya tardado, lo que pasó fue que me limité a ver esa horrible película... había una chica que lloraba mientras se despedía de un chico, el cual le decía que la amaba. La besaba, la abrazaba fuertemente… y luego se subía a un tren… y cuando este comenzaba a partir, la chica corría tras él gritando el nombre de su amado… hasta que el tren alcanzó tal velocidad que la chica ya no podía seguir corriendo y se caía de rodillas en el suelo. Su cara estaba llena de lágrimas y su cuerpo se convulsionaba. Me pareció algo horrible… aunque, solo era una película… ¿para qué armar tanto escándalo? Era ridículo…
En ese momento Bill regresó al salón con expresión fría. Me dio un vaso con lo que supuse que sería coca cola y luego se sentó a mi lado. Si, definitivamente la había cagado… ¿Pero qué mas podría haber hecho? La abría cagado de todas maneras. Me llevé el vaso a la boca y probé un sorbo, al instante mi estómago comenzó a gruñir… no podía tomar eso… estaba repleto de azúcar, grasas... y calorías... pero si no lo hacía, Bill sospecharía…
- ¿B.. Bill?. – el se giró a verme. – ¿No tienes agua?
- No regresaré a la cocina solo porque se te ocurrió que quieres tomar agua. – dijo fríamente. Yo bajé la mirada al instante, me habían entrado ganas de llorar… y es que siempre tenía que arruinar todos los buenos momentos… - terminas de tomarte eso y vamos a comer. – su voz sonaba autoritaria. – luego te llevaré a tu casa para que hables con tu padre. – ¿Por qué mierda todo el mundo estaba contra mía? Me mordí los labios para no llorar y luego me bebí toda la coca cola de un trago. Mi estómago gritó de contento mientras mi cabeza me culpaba de todo. Bill me miró y alzó una ceja. Se bebió toda su bebida, imitando lo que yo había hecho con la mía, me arrebató el vaso de las manos - vamos a comer. – me dijo mientras se levantaba.
- La verdad... no me apetece co…
- No importa lo que digas, comerás hoy conmigo.
Le seguí en silencio hasta llegar a la cocina. Que por cierto, yo había adivinado cuando dije que Simone había entrado en la cocina. Bill me indicó con un movimiento de cabeza que me sentara en una de las cuatro sillas que estaban alrededor de una mesa redonda en el centro de la habitación. Yo le hice caso. Y observé lo que hacía…
Cogió dos platos color crema de uno de los muebles y los apoyó sobre la mesa. Uno frente a mí y el otro en el puesto del otro lado. Luego buscó una especie de cuchara plástica, pero con puntas de tenedor, claro que mas grande, y la metió dentro de una cacerola de aluminio. La cogió y caminó hacia los platos para luego servir una porción extremadamente grande de pasta para él y otra para mí. Buscó dos tenedores, me dio uno y luego se sentó.
- ¿Estás enfadado? – pregunté para romper el silencio después de unos minutos. Él negó con la cabeza mientras tragaba.
- No… sólo come. – me ordenó. Yo no había tocado mi plato hasta ese momento…. Ensarté el tenedor en la pasta y lego lo giré hasta que me aseguré de que no se me caerían cuando fueran de camino hacia mi boca.
- ¿Entonces?. – me llevé el tenedor a la boca.
- Son todas ideas tuyas… - tragué costosamente mientras negaba con la cabeza.
- No lo creo
- Estás mal de la cabeza…
- ¿Intentas ofenderme, Kaulitz?
- No. Solo intento hacer que comas algo para después llevarte a tu casa. – a casa... allí probablemente estaría mi padre… Bill no me podía hacer esto, no…
- Es mejor si nos vamos directo al internado.
- Quiero estar el resto del día con mi madre… tu deberías hacer lo mismo, aprovechando la oportunidad que tienes ya que tu padre volvió.
- Pero yo no quiero pasar tiempo con él. – Me estremecía de tan solo pensar en lo que podría llegar a pasar…
- Ya está decidido. – fue su única respuesta y luego se llevó a la boca el tenedor lleno de pasta. Me entraron ganas de llorar nuevamente… era mi novio, ¿Por qué me trataba de esa manera? Ni siquiera me dejaba opinar.
-¿Do... dónde
está el baño?. – Bill levantó la vista de su plato y miró el mío con expresión
neutra. Luego me miró a mí.
- Sales al pasillo, la penúltima puerta a la izquierda.
- Gracias... ya vuelvo. – dejé mi tenedor sobre la mesa y salí de la cocina rápidamente.
Fui por donde Bill me había indicado y en el momento que serraba la puerta un grito ahogado salió por mi garganta. Cerré la boca al instante cubriéndola con mi mano, no podía vomitar ni llorar en esta casa, por más mal que me sintiera…
Me tomé unos minutos para analizar la situación:
Para empezar, si no me hubiese detenido hace un rato, en estos momentos estaría haciendo “eso” con Bill. Ambos estaríamos de lo mejor. Yo no tendría que verme obligada a comer ni a ir luego a casa a darle una visita a mi “querido” padre. Pero no… como siempre lo había arruinado todo… y todo gracias a mis estúpidos miedos. Ahora tenía que salir de aquí, enfrentarme a Bill... con suerte salía bien de esta, digo emocionalmente, y luego el me llevaría a “mi casa”, con mi padre… donde no quería imaginar lo que ocurriría… ¿pero cómo arreglarlo? No le veía salida por ninguna parte… si tan solo, por una especie de milagro, yo saliera de este baño y me encontrase con Bill esperándome con una sonrisa en el rostro y los brazo abiertos…
Suspiré. Abrí el grifo y me lavé la manos para luego llevarlas mojadas a mi rostro. Repetí lo mismo un par de veces y luego me sequé la cara con una toalla color blanco que estaba colgada al lado de un espejo. Cerré el grifo y casi me da algo al ver la toalla blanca con unas manchas negras esparcidas por el centro. ¡Lo que me faltaba! Ya no podía ser peor… mi maquillaje había manchado la toalla… la quité de allí y la acomodé del otro lado, de modo que la mancha no se pudiera ver. Me miré al espejo, no estaba tan mal… con todo el maquillaje que me había echado esta mañana… me veía igual.
Abrí la puerta con cuidado y salí de allí sin hacer ruido. Entré en la cocina nuevamente y me encontré a Bill tirando mi plato de comida en la basura. Creo que él no se dio cuenta de mi presencia…
- ¿Qué haces..? – Bill dio un respingo.
- Tirar tu comida... porque supongo que no te la comerás. ¿No es cierto? – me miró con el plato en una de sus manos, yo asentí despacio. – ¿Cuándo fue la última vez que almorzaste algo decente?. – se me heló la sangre, no supe que hacer en ese momento por lo que no respondí. – ¿Quieres hacerme el favor de responder?. – dijo casi gritando.. – ¿Ahora estás sorda? – di un paso hacia atrás, el apoyó el plato vacío en la mesa y se acercó a mí. – ¿Por qué no comes? – yo bajé la mirada. El posó sus manos en mis hombros para detenerme. – ¿No te das cuenta de que ya estás los suficientemente delgada como para desaparecer? ¡¿A caso estás loca?! – me zarandeó de un lado a otro... estaba fuera de sí. – ¿No me vas a contestar? – en ese momento sentí como se me formaba un gran nudo en la garganta y como mis ojos se humedecían y me y me escocían… entonces rompí a llorar. – ¡Y ahora lloras! ¡Claro! Sólo a ti te gusta hacer sufrir a las personas que te quieren, ¿no? – lloré más fuerte.. Bill acababa de decir que me quería… ¿Pero por qué me hacía esto?
- Bi.-Bill.. y-yo..
- ¡Tu nada!. – me gritó. De pronto pareció calmarse. – ¿Y es que no te das cuenta de lo que haces?.. – ahora su voz era suave. Mis sollozos se intensificaron aún más. - ¿Por qué me haces esto, Liza?.. yo te quiero y tu… tu te matas poco a poco… sin pensar en los demás.. sin pensar en mi.. en como me siento o en como me sentiría si tu alguna vez…-Suspiró.- No quiero perderte, amor. – me rodeó con sus brazos y me pegó a su cuerpo. – Tienes que pensar con la cabeza, Liza. Tienes que… que alimentarte. No estás gorda, lo juro. Desde ahora en adelante tienes que comer. ¿Puedes prometérmelo?
No pude responder a esa pregunta… no estaba segura de nada, no estaba segura de mi misma.. me hubiese encantado decir le que si, que yo iba a comer e iba a engordar hasta parecer normal. ¡Pero no podía!... No me vi obligada a responder ya que Bill siguió hablándome cariñosamente al oído mientras yo intentaba clamar mis sollozos.
- Te quiero mucho, princesa… si me dejaras ayudarte con esto, mi vida… yo... yo te ayudaría a salir de este problema, mi amor… y todo sería mejor… seríamos completamente felices… preciosa… sólo déjame ayudarte. - y es que con un chico así, uno no podía pedir nada más… era simplemente perfecto... él me quería y lo más importante… yo lo quería..
- Te quiero.. – mi voz se quebró al final de la palabra, Bill me besó en la frente y luego me guió hacia el salón. Me sentó en el sillón y él a mi lado, aún con sus brazos alrededor mío.
- ¿Quieres hablar sobre el eso?. – yo negué con la cabeza.. – Bien.. pues.. esperaremos a que se te quite el llanto y luego…
- Si.. a mi casa.. – Completé su frase con resignación... y es que Bill era tan cabezota, que no lo podía hacer cambiar de opinión.
- La película ya va por el final.. – dijo para cambiar el tema de conversación. Yo desenterré mi cabeza de su pecho y dirigí la vista haciala TV.
Estaban ambos personajes que había visto anteriormente en la
escena del tren besándose apasionadamente con el fondo de un atardecer a la
orilla del mar… me pregunté cómo habrían llegado hasta ese mar… si sólo hacía
unos minutos, o más, que habían estado en un pueblo con casas feas y un tren
viejo… me burlé de mi misma por los pensamientos tan tontos que se me venían a
la cabeza.
- ¿De que va la peli?. – le pregunte a Bill, me había picado la curiosidad por saber... – Como no la vi entera… - Bill rió.
- Trata de una pareja de enamorados.. el chico es mayor que la chica, por los que sus padres no los quieren juntos.. por eso es que los padres del chico lo envían a otra ciudad para que estudie en la universidad de derecho… y luego de un tiempo, el chico regresa y se encuentra con la chica.
- Oh… - La película tenía un buen tema “ el amor imposible, que es posible”, me dije a mi misma. Por otro lado… quería que Bill siguiese hablando... se sentía tan bien sentir como su cuerpo se movía al pronunciar las palabras.. y como retumbaba el eco dentro de su pecho…
- Sales al pasillo, la penúltima puerta a la izquierda.
- Gracias... ya vuelvo. – dejé mi tenedor sobre la mesa y salí de la cocina rápidamente.
Fui por donde Bill me había indicado y en el momento que serraba la puerta un grito ahogado salió por mi garganta. Cerré la boca al instante cubriéndola con mi mano, no podía vomitar ni llorar en esta casa, por más mal que me sintiera…
Me tomé unos minutos para analizar la situación:
Para empezar, si no me hubiese detenido hace un rato, en estos momentos estaría haciendo “eso” con Bill. Ambos estaríamos de lo mejor. Yo no tendría que verme obligada a comer ni a ir luego a casa a darle una visita a mi “querido” padre. Pero no… como siempre lo había arruinado todo… y todo gracias a mis estúpidos miedos. Ahora tenía que salir de aquí, enfrentarme a Bill... con suerte salía bien de esta, digo emocionalmente, y luego el me llevaría a “mi casa”, con mi padre… donde no quería imaginar lo que ocurriría… ¿pero cómo arreglarlo? No le veía salida por ninguna parte… si tan solo, por una especie de milagro, yo saliera de este baño y me encontrase con Bill esperándome con una sonrisa en el rostro y los brazo abiertos…
Suspiré. Abrí el grifo y me lavé la manos para luego llevarlas mojadas a mi rostro. Repetí lo mismo un par de veces y luego me sequé la cara con una toalla color blanco que estaba colgada al lado de un espejo. Cerré el grifo y casi me da algo al ver la toalla blanca con unas manchas negras esparcidas por el centro. ¡Lo que me faltaba! Ya no podía ser peor… mi maquillaje había manchado la toalla… la quité de allí y la acomodé del otro lado, de modo que la mancha no se pudiera ver. Me miré al espejo, no estaba tan mal… con todo el maquillaje que me había echado esta mañana… me veía igual.
Abrí la puerta con cuidado y salí de allí sin hacer ruido. Entré en la cocina nuevamente y me encontré a Bill tirando mi plato de comida en la basura. Creo que él no se dio cuenta de mi presencia…
- ¿Qué haces..? – Bill dio un respingo.
- Tirar tu comida... porque supongo que no te la comerás. ¿No es cierto? – me miró con el plato en una de sus manos, yo asentí despacio. – ¿Cuándo fue la última vez que almorzaste algo decente?. – se me heló la sangre, no supe que hacer en ese momento por lo que no respondí. – ¿Quieres hacerme el favor de responder?. – dijo casi gritando.. – ¿Ahora estás sorda? – di un paso hacia atrás, el apoyó el plato vacío en la mesa y se acercó a mí. – ¿Por qué no comes? – yo bajé la mirada. El posó sus manos en mis hombros para detenerme. – ¿No te das cuenta de que ya estás los suficientemente delgada como para desaparecer? ¡¿A caso estás loca?! – me zarandeó de un lado a otro... estaba fuera de sí. – ¿No me vas a contestar? – en ese momento sentí como se me formaba un gran nudo en la garganta y como mis ojos se humedecían y me y me escocían… entonces rompí a llorar. – ¡Y ahora lloras! ¡Claro! Sólo a ti te gusta hacer sufrir a las personas que te quieren, ¿no? – lloré más fuerte.. Bill acababa de decir que me quería… ¿Pero por qué me hacía esto?
- Bi.-Bill.. y-yo..
- ¡Tu nada!. – me gritó. De pronto pareció calmarse. – ¿Y es que no te das cuenta de lo que haces?.. – ahora su voz era suave. Mis sollozos se intensificaron aún más. - ¿Por qué me haces esto, Liza?.. yo te quiero y tu… tu te matas poco a poco… sin pensar en los demás.. sin pensar en mi.. en como me siento o en como me sentiría si tu alguna vez…-Suspiró.- No quiero perderte, amor. – me rodeó con sus brazos y me pegó a su cuerpo. – Tienes que pensar con la cabeza, Liza. Tienes que… que alimentarte. No estás gorda, lo juro. Desde ahora en adelante tienes que comer. ¿Puedes prometérmelo?
No pude responder a esa pregunta… no estaba segura de nada, no estaba segura de mi misma.. me hubiese encantado decir le que si, que yo iba a comer e iba a engordar hasta parecer normal. ¡Pero no podía!... No me vi obligada a responder ya que Bill siguió hablándome cariñosamente al oído mientras yo intentaba clamar mis sollozos.
- Te quiero mucho, princesa… si me dejaras ayudarte con esto, mi vida… yo... yo te ayudaría a salir de este problema, mi amor… y todo sería mejor… seríamos completamente felices… preciosa… sólo déjame ayudarte. - y es que con un chico así, uno no podía pedir nada más… era simplemente perfecto... él me quería y lo más importante… yo lo quería..
- Te quiero.. – mi voz se quebró al final de la palabra, Bill me besó en la frente y luego me guió hacia el salón. Me sentó en el sillón y él a mi lado, aún con sus brazos alrededor mío.
- ¿Quieres hablar sobre el eso?. – yo negué con la cabeza.. – Bien.. pues.. esperaremos a que se te quite el llanto y luego…
- Si.. a mi casa.. – Completé su frase con resignación... y es que Bill era tan cabezota, que no lo podía hacer cambiar de opinión.
- La película ya va por el final.. – dijo para cambiar el tema de conversación. Yo desenterré mi cabeza de su pecho y dirigí la vista hacia
- ¿De que va la peli?. – le pregunte a Bill, me había picado la curiosidad por saber... – Como no la vi entera… - Bill rió.
- Trata de una pareja de enamorados.. el chico es mayor que la chica, por los que sus padres no los quieren juntos.. por eso es que los padres del chico lo envían a otra ciudad para que estudie en la universidad de derecho… y luego de un tiempo, el chico regresa y se encuentra con la chica.
- Oh… - La película tenía un buen tema “ el amor imposible, que es posible”, me dije a mi misma. Por otro lado… quería que Bill siguiese hablando... se sentía tan bien sentir como su cuerpo se movía al pronunciar las palabras.. y como retumbaba el eco dentro de su pecho…
- Ya es
tarde.. Te levaré a casa.
- Pe… ok. – me separé de él y me levanté del sillón. Bill hizo lo mismo, me cogió la mano y salimos de su casa... no sin que Bill antes cogiera sus llaves, el móvil y un poco de dinero, para algún caso de emergencia. – ¿Todavía está en pié lo de este fin de semana?.
- Obvio.
- ¿Y si toca que no puedo?.. digo.. ¿Por mi padre y esas cosas?..
- Podrás de todas maneras.. si no.. iré por ti a tu casa. – Yo asentí. Pero es que en verdad… no podría ir con él. No después de estar con mi padre. Aunque sin tenía mucha, pero mucha suerte, quizás podría salir con él ese día sin tener problemas.
- ¿Dónde me llevarás?
- Es una sorpresa, ya te lo dije… sé paciente.
- Paciencia es de lo que yo menos tengo… y tu tampoco tiene mucha paciencia que digamos. ¡Anda yaaaaaa! ¡Dímelo! - dije como una niña pequeña poniendo cara de corderito degollado. – ¿Sii? - añadí con una voz extremadamente aguda, que no sé de donde salió. Bill negó con la cabeza, divertido.
- Muere de intriga hasta el fin de semana.. – si es que mi padre no me mata antes, pensé.
- ¡Que malo eres!.
- ¿Malo yo? – dijo haciéndose el ofendido. – ¡Si te llevaré al mejor lugar del mundo! ¿Qué más quieres de mí?
- Sólo quiero que me digas donde me llevarás. – le rogué.
- No.
- ¿Una pista?
Y así continuó el viaje hasta mi casa. Estuve todo el tiempo intentado sacarle algo de información sobre el lugar donde me llevaría... pero nada. Al parecer él no estaba dispuesto a cooperar conmigo.
- Bueno.-Me rendí.
- Adios… - dijo besándome en los labios.
- No me dejes…
- Mañana te veré en el internado.. no te preocupes, tontita. – me besó nuevamente en la nariz.. y caminó hacia la calle. Se dio la vuelta un par de veces para despedirme con la mano mientras yo le sonreía y lo imitaba… hasta que desapareció en la esquina, tras una casa.
El miedo y el pánico me inundaron repentinamente. No quería entrar.. a saber qué era lo que dentro me esperaba. Y como si el timbre fuese un imán... mi dedo llegó hasta él y lo presionó. Gran error… no debí hacerlo hecho.
Tragué saliva. El cuerpo me comenzó a temblar mientras un nudo se formaba en mi garganta impidiéndome respirar.
- Pe… ok. – me separé de él y me levanté del sillón. Bill hizo lo mismo, me cogió la mano y salimos de su casa... no sin que Bill antes cogiera sus llaves, el móvil y un poco de dinero, para algún caso de emergencia. – ¿Todavía está en pié lo de este fin de semana?.
- Obvio.
- ¿Y si toca que no puedo?.. digo.. ¿Por mi padre y esas cosas?..
- Podrás de todas maneras.. si no.. iré por ti a tu casa. – Yo asentí. Pero es que en verdad… no podría ir con él. No después de estar con mi padre. Aunque sin tenía mucha, pero mucha suerte, quizás podría salir con él ese día sin tener problemas.
- ¿Dónde me llevarás?
- Es una sorpresa, ya te lo dije… sé paciente.
- Paciencia es de lo que yo menos tengo… y tu tampoco tiene mucha paciencia que digamos. ¡Anda yaaaaaa! ¡Dímelo! - dije como una niña pequeña poniendo cara de corderito degollado. – ¿Sii? - añadí con una voz extremadamente aguda, que no sé de donde salió. Bill negó con la cabeza, divertido.
- Muere de intriga hasta el fin de semana.. – si es que mi padre no me mata antes, pensé.
- ¡Que malo eres!.
- ¿Malo yo? – dijo haciéndose el ofendido. – ¡Si te llevaré al mejor lugar del mundo! ¿Qué más quieres de mí?
- Sólo quiero que me digas donde me llevarás. – le rogué.
- No.
- ¿Una pista?
Y así continuó el viaje hasta mi casa. Estuve todo el tiempo intentado sacarle algo de información sobre el lugar donde me llevaría... pero nada. Al parecer él no estaba dispuesto a cooperar conmigo.
- Bueno.-Me rendí.
- Adios… - dijo besándome en los labios.
- No me dejes…
- Mañana te veré en el internado.. no te preocupes, tontita. – me besó nuevamente en la nariz.. y caminó hacia la calle. Se dio la vuelta un par de veces para despedirme con la mano mientras yo le sonreía y lo imitaba… hasta que desapareció en la esquina, tras una casa.
El miedo y el pánico me inundaron repentinamente. No quería entrar.. a saber qué era lo que dentro me esperaba. Y como si el timbre fuese un imán... mi dedo llegó hasta él y lo presionó. Gran error… no debí hacerlo hecho.
Tragué saliva. El cuerpo me comenzó a temblar mientras un nudo se formaba en mi garganta impidiéndome respirar.

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