Capitulo 10
- ¿Qué quieres comer?-Preguntó mi acompañante.
- Nada. – Bill suspiró.
- Será mejor que elija yo lo que comerás. Te lo comerás todo, y si no te gusta... Te abriré la boca y yo mismo te obligaré a tragar. – puse los ojos en blanco… como odiaba que las personas me mandasen. Bill se dio la vuelta y fue por la comida.
Luego de unos minutos de total y eterno aburrimiento, apareció Bill con una bandeja que contenía dos platos llenos de comida. Me dio uno y el otro se lo quedó.
- ¿Qué es?- Pregunté.
- Comida. – dijo con la boca llena de pasta y salsa de tomate.
- ¡Que listo!. – dije irónica
- Lo sé. – me sonrió con suficiencia.
- Estúpido Kaulitz. – me crucé de brazos
- Estúpidamente hermoso…
- Creído. – dije dándole un pequeño empujoncito.
- Creo que te has equivocado de gemelo. – rió.
- No hace gracia.
- ¡Sí que la hace!
- Sinceramente… eres tonto, Bill. – Bill hizo un gesto con la mano como restándole importancia.
- ¿Qué quieres que haga?. Tú provocas ese efecto en mi. – vaya… sentí como las mejillas me ardían y el corazón se me aceleraba.
- Mejor come Kulitz.
- Tú también.
- Ok. – cogí un poco de pasta y me la llevé a la boca... que deliciosa.. – tengo una idea. – dije riendo.
- ¿Cual?
- Tú comes una cucharada y luego yo... y luego tu y luego yo. Nos turnamos…
- OK, comienza tu.
- Bien. –dije dando palmaditas. Seguidamente cogí el tenedor y le enrollé unos cuantos fideos, para levármelo a la boca y masticarlo... notar el sabor…que delicia.
- Mi turno… – Me imito, solo que el comía de más fideos.
- ¿Qué quieres comer?-Preguntó mi acompañante.
- Nada. – Bill suspiró.
- Será mejor que elija yo lo que comerás. Te lo comerás todo, y si no te gusta... Te abriré la boca y yo mismo te obligaré a tragar. – puse los ojos en blanco… como odiaba que las personas me mandasen. Bill se dio la vuelta y fue por la comida.
Luego de unos minutos de total y eterno aburrimiento, apareció Bill con una bandeja que contenía dos platos llenos de comida. Me dio uno y el otro se lo quedó.
- ¿Qué es?- Pregunté.
- Comida. – dijo con la boca llena de pasta y salsa de tomate.
- ¡Que listo!. – dije irónica
- Lo sé. – me sonrió con suficiencia.
- Estúpido Kaulitz. – me crucé de brazos
- Estúpidamente hermoso…
- Creído. – dije dándole un pequeño empujoncito.
- Creo que te has equivocado de gemelo. – rió.
- No hace gracia.
- ¡Sí que la hace!
- Sinceramente… eres tonto, Bill. – Bill hizo un gesto con la mano como restándole importancia.
- ¿Qué quieres que haga?. Tú provocas ese efecto en mi. – vaya… sentí como las mejillas me ardían y el corazón se me aceleraba.
- Mejor come Kulitz.
- Tú también.
- Ok. – cogí un poco de pasta y me la llevé a la boca... que deliciosa.. – tengo una idea. – dije riendo.
- ¿Cual?
- Tú comes una cucharada y luego yo... y luego tu y luego yo. Nos turnamos…
- OK, comienza tu.
- Bien. –dije dando palmaditas. Seguidamente cogí el tenedor y le enrollé unos cuantos fideos, para levármelo a la boca y masticarlo... notar el sabor…que delicia.
- Mi turno… – Me imito, solo que el comía de más fideos.
- ¿Por qué te
empeñas tanto en hacer que coma? – dije mientras levantaba la bandeja y la
llevaba para el lugar de las bandejas sucias.
- Porque, aunque tú no te des cuenta, eres un tallarín con pies y manos… estás delgada y eso me preocupa.
- No tienes de que preocuparte. Yo sé lo que hago. – vale, que igual había sonado algo ruda y desubicada. – en todo caso… gracias. – dije para intentar arreglarlo. El me sonrió, yo respiré aliviada… no se había enfadado. Me cogió la mano como hacía unos minutos lo habías hecho y caminamos hacia nuestro lugar de tegua.
- Espera. – puse mi mano frente a él, para evitar que abriera la puerta que daba a la azotea. – primero debes decirme por qué me odias tanto.
- Bien. – suspiró. Parecía tener un enredo a la cabeza… y hacía unas muecas que no supe interpretar. Se llevó una mano a la nuca y dijo riendo: - No quiero que hagas comentarios sobre esto, si no hasta que yo diga que puedes hacerlos.
- OK. – intenté prestar atención.
- Porque, aunque tú no te des cuenta, eres un tallarín con pies y manos… estás delgada y eso me preocupa.
- No tienes de que preocuparte. Yo sé lo que hago. – vale, que igual había sonado algo ruda y desubicada. – en todo caso… gracias. – dije para intentar arreglarlo. El me sonrió, yo respiré aliviada… no se había enfadado. Me cogió la mano como hacía unos minutos lo habías hecho y caminamos hacia nuestro lugar de tegua.
- Espera. – puse mi mano frente a él, para evitar que abriera la puerta que daba a la azotea. – primero debes decirme por qué me odias tanto.
- Bien. – suspiró. Parecía tener un enredo a la cabeza… y hacía unas muecas que no supe interpretar. Se llevó una mano a la nuca y dijo riendo: - No quiero que hagas comentarios sobre esto, si no hasta que yo diga que puedes hacerlos.
- OK. – intenté prestar atención.
- Pues porque…
esto… - se quedó en silencio unos segundos ante mi mirada expectante. – pues,
me parecías demasiado perfecta como para que fueras real y… no podía aceptar
que… esto... tú ya me entiendes.. emm… es que una chica como tú… y encima tu. –
Vale, lo poco que me había enterado y ya estaba roja como un tomate, ¿Por qué
Kaulitz me hacía sonrojar tanto? ¿Y tan seguido?.. Quizás era una enfermedad
mortal o algo. – Mira, se que lo que estoy diciendo no tiene coherencia alguna.
Pero quizás allí arriba te pueda explicar mejor... – yo asentí mientras me
mordía los labios y abrí la puerta antes que Bill. Luego pasé sin esperarlo. Él
me siguió en silencio. Nunca había visto a Kaulitz actuar de esa manera… tan…
tímida… no lo sé.
Al llegar, lo primero que hice fue sentarme. El se sentó a mi lado, pasó su brazo por encima de mis hombros y me atrajo hacia él. Mi cabeza había quedado a la altura de su pecho y podía sentir los rápidos y desenfrenados latidos de su corazón. Aún así, no respiraba apuradamente, ni con dificultad alguna. Con sus dedos acarició mi brazo delicadamente, casi sin tocarme. Enterró su rostro entre mi cabello y oí como había tomado aire más profundamente. Cerré los ojos mientras me concentraba en ese momento, para guardarlo en mi memoria… bajo llave.
Al llegar, lo primero que hice fue sentarme. El se sentó a mi lado, pasó su brazo por encima de mis hombros y me atrajo hacia él. Mi cabeza había quedado a la altura de su pecho y podía sentir los rápidos y desenfrenados latidos de su corazón. Aún así, no respiraba apuradamente, ni con dificultad alguna. Con sus dedos acarició mi brazo delicadamente, casi sin tocarme. Enterró su rostro entre mi cabello y oí como había tomado aire más profundamente. Cerré los ojos mientras me concentraba en ese momento, para guardarlo en mi memoria… bajo llave.
Suspiré
mientras esperaba a que me comenzara a explicar todo. Él también lo hizo un par
de veces.
- Realmente… tengo vergüenza de decir esto. – no lo comprendí. ¿Vergüenza de qué? ¿De explicarme la razón de su odio? Era mucho mejor si me lo decía, ya que luego yo sabría por qué se comportaba así, y sabría cómo tratar con él y arreglar las cosas.
- Imagina que no estoy aquí. – Me abrazó más fuerte, atrayéndome aún más a él…
- No. Eso es imposible…
- Tendrás que hacerlo… o nunca me lo dirás y nos tendremos que quedar aquí de por vida.
- No me molestaría quedarme aquí contigo de por vida. – murmuró suavemente. Esa voz hacía que se me erizara el bello de la nuca.
- Bill…
- Si, ya te lo diré. – me cortó. – solo… déjame un tiempo para ordenar mis ideas. – yo asentí con la cabeza y pude sentir como el apoyaba su barbilla sobre esta. Cerré los ojos mientras esperaba a que terminase de pensar… ¿y ahora que me diría?... ¿Qué lo siente?, ¿Qué me quiere? No, eso era imposible... a mi casi nadie me quería, y mucho menos el chico más popular y bello del internado, el cual, “era” mi enemigo y me odiaba... o eso se suponía que debía hacer. Por dios, debía quitarme esas ideas de la cabeza, que luego terminaría por rayarme con eso y obsesionada por Bill… Quizás hoy se solucionaría un problema, solo debía pensar eso. – No sé por donde comenzar…
- Desde el principio.
- Quizás saldría largo…
- No me importa, tenemos mucho tiempo. - Bill suspiró.
- Bien… desde el principio… - vaya, cuanto le costaba hablar.
- Tómate tu tiempo.
- Si. – se quedó un rato en silencio. Aspiró profundo varias veces y luego comenzó: - Cuando llegaste… no, espera… la primera vez que te vi… no, no… de primera… ¡argh! No puedo. – dijo frustrado.
- Si que puedes, Bill. Sólo… imagina que no estoy. – le animé.
- Bien. – resopló y me pegó aún más a su cuerpo. – La primera vez que te vi, hace unos años… - susurró. – creo que teníamos diez. – rió. – cuando entraste en el salón de clase... y te presentaron ante todos… no lo sé. Te vi tan… hermosa y perfecta… que con mi mente infantil... me hice la idea de que eras algo… inalcanzable, que nunca podría tener ni tocar, algo por así decirlo… “sagrado”. Por eso decidí odiarte, porque sabía que nunca te iba a poder tener, que tú nunca te fijarías en mí… y yo, como todo niño, tenía miedo a ser rechazado. – se detuvo para coger aire. Yo lo retenía dentro de mis pulmones… nunca había visto las cosas de ese modo. – Después… cuando pasó el tiempo, vi como ibas cambiando poco a poco tu forma de vestir, de peinar y de ser… me di cuenta igual, de cómo tus ojos perdían brillo… y hubiese dado cualquier cosas por que volvieran a ser como eran antes. Lo único que quería era ayudarte, estar contigo apoyándote… pero cuando lo intenté, no sé cómo ocurrió, que lo hice todo mal. Tú me comenzaste a odiar y yo te odié aún mas… y para colmo, te hiciste amiga de mi hermano. Eso me jodió de una manera impresionante… que no te imaginas. Y allí fue cuando decidí hacerte la vida imposible… porque no quería que estuvieses con él, sabía que entre ustedes sólo había amistad, pero no podía evitar sentirme… así. Sé que fui egoísta al separarlos, y tú te quedaste sola… me sentí mal por eso y me arrepentí. Pero luego me convencí a mi mismo de que toda la culpa era tuya... y no mía, y te continué odiando… y ahora, no sé si te odié… quizás no. La cosa es que… te odio u odiaba… porque… no podías ser tú la chica que me gustara… - respiró aliviado al terminar su narración. No sé porqué, pero me sentía culpable… yo había sido la culpable de que él me odiase. Si tan solo no lo hubiese rechazado cuando me intentó ayudar… las cosas hubiesen sido diferentes. Fui a abrir la boca para decir algo, pero Bill me cortó. – Por favor no me digas nada… - yo asentí. – tengo que seguir con lo de mi actitud…
- Realmente… tengo vergüenza de decir esto. – no lo comprendí. ¿Vergüenza de qué? ¿De explicarme la razón de su odio? Era mucho mejor si me lo decía, ya que luego yo sabría por qué se comportaba así, y sabría cómo tratar con él y arreglar las cosas.
- Imagina que no estoy aquí. – Me abrazó más fuerte, atrayéndome aún más a él…
- No. Eso es imposible…
- Tendrás que hacerlo… o nunca me lo dirás y nos tendremos que quedar aquí de por vida.
- No me molestaría quedarme aquí contigo de por vida. – murmuró suavemente. Esa voz hacía que se me erizara el bello de la nuca.
- Bill…
- Si, ya te lo diré. – me cortó. – solo… déjame un tiempo para ordenar mis ideas. – yo asentí con la cabeza y pude sentir como el apoyaba su barbilla sobre esta. Cerré los ojos mientras esperaba a que terminase de pensar… ¿y ahora que me diría?... ¿Qué lo siente?, ¿Qué me quiere? No, eso era imposible... a mi casi nadie me quería, y mucho menos el chico más popular y bello del internado, el cual, “era” mi enemigo y me odiaba... o eso se suponía que debía hacer. Por dios, debía quitarme esas ideas de la cabeza, que luego terminaría por rayarme con eso y obsesionada por Bill… Quizás hoy se solucionaría un problema, solo debía pensar eso. – No sé por donde comenzar…
- Desde el principio.
- Quizás saldría largo…
- No me importa, tenemos mucho tiempo. - Bill suspiró.
- Bien… desde el principio… - vaya, cuanto le costaba hablar.
- Tómate tu tiempo.
- Si. – se quedó un rato en silencio. Aspiró profundo varias veces y luego comenzó: - Cuando llegaste… no, espera… la primera vez que te vi… no, no… de primera… ¡argh! No puedo. – dijo frustrado.
- Si que puedes, Bill. Sólo… imagina que no estoy. – le animé.
- Bien. – resopló y me pegó aún más a su cuerpo. – La primera vez que te vi, hace unos años… - susurró. – creo que teníamos diez. – rió. – cuando entraste en el salón de clase... y te presentaron ante todos… no lo sé. Te vi tan… hermosa y perfecta… que con mi mente infantil... me hice la idea de que eras algo… inalcanzable, que nunca podría tener ni tocar, algo por así decirlo… “sagrado”. Por eso decidí odiarte, porque sabía que nunca te iba a poder tener, que tú nunca te fijarías en mí… y yo, como todo niño, tenía miedo a ser rechazado. – se detuvo para coger aire. Yo lo retenía dentro de mis pulmones… nunca había visto las cosas de ese modo. – Después… cuando pasó el tiempo, vi como ibas cambiando poco a poco tu forma de vestir, de peinar y de ser… me di cuenta igual, de cómo tus ojos perdían brillo… y hubiese dado cualquier cosas por que volvieran a ser como eran antes. Lo único que quería era ayudarte, estar contigo apoyándote… pero cuando lo intenté, no sé cómo ocurrió, que lo hice todo mal. Tú me comenzaste a odiar y yo te odié aún mas… y para colmo, te hiciste amiga de mi hermano. Eso me jodió de una manera impresionante… que no te imaginas. Y allí fue cuando decidí hacerte la vida imposible… porque no quería que estuvieses con él, sabía que entre ustedes sólo había amistad, pero no podía evitar sentirme… así. Sé que fui egoísta al separarlos, y tú te quedaste sola… me sentí mal por eso y me arrepentí. Pero luego me convencí a mi mismo de que toda la culpa era tuya... y no mía, y te continué odiando… y ahora, no sé si te odié… quizás no. La cosa es que… te odio u odiaba… porque… no podías ser tú la chica que me gustara… - respiró aliviado al terminar su narración. No sé porqué, pero me sentía culpable… yo había sido la culpable de que él me odiase. Si tan solo no lo hubiese rechazado cuando me intentó ayudar… las cosas hubiesen sido diferentes. Fui a abrir la boca para decir algo, pero Bill me cortó. – Por favor no me digas nada… - yo asentí. – tengo que seguir con lo de mi actitud…
-Te escucho. –
Si él no quería que dijese nada, pues no diría nada.
- No sabes cómo me siento al estar diciéndote todo esto. Y solo para que me disculpes por haberte... ofendido.
- Si no quieres, no me lo digas. – me encogí de hombros.
- Si quiero hacerlo. – se le notaba desesperado. Sinceramente no lo entendía… yo hubiese preferido quedarme callada.
- ¿Y entonces?
- Ahora te lo diré. – se quedó unos segundos en silencio. – te aré un simple resumen. No quiero explicártelo todo…
- Ok.
- No… no… noerespopular. – se apresuró en decir.
- ¿Y que hay con eso…? – Él me estaba ofendiendo de nuevo.
- Pues que se ve mal que vean a un chico como yo con una chica como tú. – dijo tímidamente.
- ¿Con que es eso, eh?. – dije separándome bruscamente de él. – solo popularidad… ¿a caso tu no vez como las personas son por dentro? – aunque pensándolo de esa manera, el tampoco debería ser amigo mío. Yo por dentro era una cosa… extraña... una asesina asquerosa.
- ¡Pero ya no me da vergüenza que me vean contigo!.
- ¡¿Vergüenza?! ¡¿Te doy vergüenza?! – casi grité mientras me levantaba de un salto.
- NO, no, ya no… antes, ante si. Pero ahora..
- ¡Ya cállate Kaulitz!. – le corté y le di con el pié. – Ahora me doy cuenta de que por dentro no tienes nada más que no sea aire comprimido. ¡Maldito imbécil!. – le espeté. Él me miró tristemente y luego bajó la mirada. – ya sé lo que eres: un puto niño popular sin sentimientos, que lo único que le interesa es sobresalir de entre las demás personas. ¡Estúpido!. – pude ver como se agarraba al suelo fuertemente con las manos y comenzaba a temblar levemente. – ¿Y ahora qué? ¿No me dirás nada para defenderte? ¿A caso piensas quedarte allí tirado como si fueses una chica?.. ¿O qué? ¿Qué estas pensando hacer? ¿Tirarme edificio abajo? ¡Vamos! Di algo... si eres tan hombre… - le reté.
- Vete a la mierda, Diermissen.
- Allí es donde eh estado toda mi vida. – dije intentando que mi voz sonase ruda… pero no me funcionó… se me había quebrado al final de la frase.
- Y ahí es donde seguirás estando. – levantó la cabeza y me miró… cuando vi la expresión de su rostro, lo único que quería era morirme en el lugar. Ahora me arrepentía de haberle gritado y haber perdido los nervios tan rápidamente.
- No sabes cómo me siento al estar diciéndote todo esto. Y solo para que me disculpes por haberte... ofendido.
- Si no quieres, no me lo digas. – me encogí de hombros.
- Si quiero hacerlo. – se le notaba desesperado. Sinceramente no lo entendía… yo hubiese preferido quedarme callada.
- ¿Y entonces?
- Ahora te lo diré. – se quedó unos segundos en silencio. – te aré un simple resumen. No quiero explicártelo todo…
- Ok.
- No… no… noerespopular. – se apresuró en decir.
- ¿Y que hay con eso…? – Él me estaba ofendiendo de nuevo.
- Pues que se ve mal que vean a un chico como yo con una chica como tú. – dijo tímidamente.
- ¿Con que es eso, eh?. – dije separándome bruscamente de él. – solo popularidad… ¿a caso tu no vez como las personas son por dentro? – aunque pensándolo de esa manera, el tampoco debería ser amigo mío. Yo por dentro era una cosa… extraña... una asesina asquerosa.
- ¡Pero ya no me da vergüenza que me vean contigo!.
- ¡¿Vergüenza?! ¡¿Te doy vergüenza?! – casi grité mientras me levantaba de un salto.
- NO, no, ya no… antes, ante si. Pero ahora..
- ¡Ya cállate Kaulitz!. – le corté y le di con el pié. – Ahora me doy cuenta de que por dentro no tienes nada más que no sea aire comprimido. ¡Maldito imbécil!. – le espeté. Él me miró tristemente y luego bajó la mirada. – ya sé lo que eres: un puto niño popular sin sentimientos, que lo único que le interesa es sobresalir de entre las demás personas. ¡Estúpido!. – pude ver como se agarraba al suelo fuertemente con las manos y comenzaba a temblar levemente. – ¿Y ahora qué? ¿No me dirás nada para defenderte? ¿A caso piensas quedarte allí tirado como si fueses una chica?.. ¿O qué? ¿Qué estas pensando hacer? ¿Tirarme edificio abajo? ¡Vamos! Di algo... si eres tan hombre… - le reté.
- Vete a la mierda, Diermissen.
- Allí es donde eh estado toda mi vida. – dije intentando que mi voz sonase ruda… pero no me funcionó… se me había quebrado al final de la frase.
- Y ahí es donde seguirás estando. – levantó la cabeza y me miró… cuando vi la expresión de su rostro, lo único que quería era morirme en el lugar. Ahora me arrepentía de haberle gritado y haber perdido los nervios tan rápidamente.
Era obvio que
él jamás me perdonaría aquello... aun que yo debería ser la que persona, se
suponía que yo era la víctima. ¿Pero de cuando me gustaba a mi hacer de
víctima?. No, yo era la chica fuerte y luchadora de la película… y no podía
cambiarme de papel, ni siquiera en estos momentos. – ¿Qué? ¿Tienes miedo,
Diermissen?
- No, Kaulitz. – dije con voz quebrada y poco creíble. Los ojos me comenzaban a arder y sentía como algo aprisionaba mi pecho fuertemente, me hacía daño.
- Pues deberías tenerlo. – dijo mientras se levantaba del suelo.
- Kaulitz, ya sé que no eres un chico malo.
- ¿Cómo estás tan segura de eso? – se acercó hacia mi amenazante y me cogió por los hombros.
- Pues porque lo sé.
- No lo sabes. – me sacudió. En ese momento sentí pánico y terror. Aunque estaba segura de que él no se atrevería a hacerme daño… ¿O sí?
- Kaulitz, suel...
- No te suelto, preciosa. – cortó. – me pregunto cómo puedes ser tan zorra.
- Hacía unos minutos pensabas lo contrario.
- Pues tú y tus actos me hacen cambiar de parecer… - dijo mientras me empujaba hacia una gran caja que estaba por el lugar. Sentí mi espalda chocar contra la madera, y luego él me aprisionó con sus brazos.
- ¿Y si te digo que hablemos..? – pregunté con un hilo de voz. Bill ladeó la cabeza hacia el lado izquierdo y se acercó a mi oído.
- No, Kaulitz. – dije con voz quebrada y poco creíble. Los ojos me comenzaban a arder y sentía como algo aprisionaba mi pecho fuertemente, me hacía daño.
- Pues deberías tenerlo. – dijo mientras se levantaba del suelo.
- Kaulitz, ya sé que no eres un chico malo.
- ¿Cómo estás tan segura de eso? – se acercó hacia mi amenazante y me cogió por los hombros.
- Pues porque lo sé.
- No lo sabes. – me sacudió. En ese momento sentí pánico y terror. Aunque estaba segura de que él no se atrevería a hacerme daño… ¿O sí?
- Kaulitz, suel...
- No te suelto, preciosa. – cortó. – me pregunto cómo puedes ser tan zorra.
- Hacía unos minutos pensabas lo contrario.
- Pues tú y tus actos me hacen cambiar de parecer… - dijo mientras me empujaba hacia una gran caja que estaba por el lugar. Sentí mi espalda chocar contra la madera, y luego él me aprisionó con sus brazos.
- ¿Y si te digo que hablemos..? – pregunté con un hilo de voz. Bill ladeó la cabeza hacia el lado izquierdo y se acercó a mi oído.
- Comienza… –
me dijo con una voz suave y peligrosa. No voy a negar que amaba esa voz.
- Pues que… ¿Aún te doy vergüenza? – que pregunta más tonta, pero en verdad quería saberlo..
- No. – me susurró.
- Podríamos… ser... amigos. – sentí como él asentía con su cara muy cerca de la mía.
- Me parece bien…
- Quiero que me expliques mejor lo de antes… lo de la actitud y todo eso.
- Ya lo aré mañana. Ahora sólo quiero… - dejó la frase sin terminar mientras se acercaba a mí lentamente. Sentí como una de sus manos bajaba desde mi hombro, pasando por mi brazo y posándose sobre mi cintura. Mientras la otra mano subía hasta quedar en mi mejilla. Podía sentir su aliento… que salía de sus labios entreabiertos. Me volvía loca… pero yo no cedería tan fácil. Aunque era muy difícil resistirse…
Sus labios rozaron levemente los míos, sentí como mi corazón comenzaba a bombear sangre rápidamente. Cerré los ojos y aguanté la respiración mientras sentía como se posaban sobre los míos con una delicadeza infinita. Subí mi mano hasta su cuello y lo acaricié mientras el beso continuaba… ¿pero que hacía?.. Se suponía que los amigos no se besuqueaban así por así. Yo no podía estar haciendo esto…
Me tendría que decidir entre seguir y no seguir.
- Pues que… ¿Aún te doy vergüenza? – que pregunta más tonta, pero en verdad quería saberlo..
- No. – me susurró.
- Podríamos… ser... amigos. – sentí como él asentía con su cara muy cerca de la mía.
- Me parece bien…
- Quiero que me expliques mejor lo de antes… lo de la actitud y todo eso.
- Ya lo aré mañana. Ahora sólo quiero… - dejó la frase sin terminar mientras se acercaba a mí lentamente. Sentí como una de sus manos bajaba desde mi hombro, pasando por mi brazo y posándose sobre mi cintura. Mientras la otra mano subía hasta quedar en mi mejilla. Podía sentir su aliento… que salía de sus labios entreabiertos. Me volvía loca… pero yo no cedería tan fácil. Aunque era muy difícil resistirse…
Sus labios rozaron levemente los míos, sentí como mi corazón comenzaba a bombear sangre rápidamente. Cerré los ojos y aguanté la respiración mientras sentía como se posaban sobre los míos con una delicadeza infinita. Subí mi mano hasta su cuello y lo acaricié mientras el beso continuaba… ¿pero que hacía?.. Se suponía que los amigos no se besuqueaban así por así. Yo no podía estar haciendo esto…
Me tendría que decidir entre seguir y no seguir.

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