23 febrero, 2012

Capítulo 11 /Sacred









                                               Capitulo 11 

Bajé mis manos hasta llegar a sus hombros y los empujé hacia atrás, para separarlo de mi. Pero él seguía pegado como una lapa, haciendo fuerza contra mi cintura para no separarse. Le empujé más fuerte. Pero nada… y es que era tan debilucha. Entonces giré mi cara hacia un lado, separando sus labios de los míos, para seguidamente poder susurrarle:
- Para ya, Kaulitz. – él se aclaró la garganta, parecía avergonzado. Aunque yo aún no había visto su rostro, aparentaba estarlo por la forma en que me soltaba: Torpe y lentamente. Se separó de mí por completo quedando separados por un corto espacio, pero no nos tocábamos. Le miré y suspiré. El bajó la cabeza en señal de arrepentimiento.
- Lo siento. – se disculpó con voz ronca.
- No... te preocupes. Esas cosas pasan. – dije intentando, de alguna manera, hacerlo sentir mejor. 
- No te ha gustado, ¿verdad?...
- No, no. Digo si, o no... – preferí callarme. En vez de arreglar las cosas, las estaba echando a perder. – Disculpa.
- ¿Por qué? – yo me encogí de hombros.
- Por hacerte sentir mal, supongo.
- Yo te he hecho sentir mal.. – me corrigió. – esto no se repetirá. – ¿Qué? ¿Qué era lo que no se repetiría? ¿El beso? Yo quería que SI se repitiera… prefería no quedarme con la duda… 
- ¿Repetir el que? 
- Lo que acabo de hacer… - Vale, le hubiese salido mucho más fácil haber dicho “el beso”. Me mordí los labios, no estaba segura de lo que haría… di un pequeño y torpe paso hacia él… alargué mi mano temblorosa hasta tocar la suya, y casi con miedo se la cogí. Levanté la cabeza para mirarlo, el era más alto que yo. Me miraba sonriendo, con una sonrisa cálida que me volvía loca. 
- Yo si quiero que… se repita. – dije en un murmullo casi inaudible. Giré la cabeza hacia un lado, avergonzada. 
- ¿Qué dices? – preguntó dulcemente. Con la mano que tenía suelta, me cogió de la barbilla y giró mi cara para que le mirase. Sus ojos brillaban, llenos de emoción contenida. Que seguramente, en algún momento, saldría.
- Q-Que… 
- Shht… - me hico callar, yo lo hice. Intenté girar la cabeza nuevamente pero él la sostuvo con más fuerza. – ¿Tú… me quieres?. – estaba segura de que esas palabras había sido muy difíciles de pronunciar, y mucho mas por él. Yo sentí despacio y él torció una madia sonrisa. – ¿Qui… ? – no alcanzó a terminar su pregunta, ya que yo, sabiendo lo que venía, prácticamente me lancé a sus labios, para terminar el beso que unos minutos antes habíamos empezado. Fue el beso más dulce que jamás me habían dado, sin contar que los únicos besos que había dado en la vida habían sido a Bill. En ese momento supuse que sobraban las palabras…Pero ¿Cómo sería todo a partir de ahora? La verdad intenté no pensar en eso mientras despegaba mis labios de los de Bill y lo abrazaba, era un alivio por fin dejar las cosas claras.
- Te quiero. 
- Y yo. – me sonrió, yo igual lo hice. Caminamos hasta el borde y nos sentamos con los pies colgando, uno al lado del otro, abrazados. No era parte de mi forma de ser pasármela abrazando a alguien, pero parecía que si era normal para Bill así que tuve que soportarlo mientras mirábamos el cielo en silencio… Creo que los dos nos habíamos quedado en shock, y no supimos que mas hacer que quedarnos callados sin intercambiar palabra alguna.
- Esto es completamente ridículo – dijo Bill de repente. 
- ¿Uhm? - le contesté distraída.
- Me ha faltado decirte algo… tal vez no hace falta pero bueno… - El se encogió de hombros y yo lo miré un poco expectante. - ¿Quieres ser mi novia? 
- Que cursi eres, tonto. - bufé. Era una respuesta un poco ruda, pero ¿Qué puedo decir? Nunca he sido sentimental ni nada por el estilo.
- Acabo de comprobar que no hacía falta decirlo - dijo riéndose, yo igual lo hice. – ¿Sabes?
- ¿Que..?
- Quiero bajar a presumir a mi novia. – mis ojos se abrieron como platos. Momentos antes me había dicho que yo le daba vergüenza, y ahora me decía que quería ir a presumir a su novia, o sea a mí. Una gran sonrisa se dibujó en mi rostro, me sentía valorada y querida. No quería dejar de sentir eso... era genial.
- ¿Pre..presumirme?. – dije nerviosa.
- ¡Claro!. Vamos, ven conmigo!, - se levantó, me cogió de la mano y me ayudó a levantarme. – esto hay que decírselo a todo el mundo... a Tom, Georg, Gustav, Andreas. Y claro, tu amigas, Andy y Lidia… ¡Y en resto del internado!. Quiero que todos se enteren de esto. – dijo ilusionado. Yo reí.
- ¿Quieres que todos vean la novia tan fea que te has buscado?
-¿Fea? ¡Já! ¡Ellos se morirán de la envidia!
- Que superficial eres. – dije en broma.
- Y luego me dices cursi. – yo me eché a reír. – baja tu primero. – dijo abriendo la puertecilla que daba al ático. Bajé primero y luego él. Una vez allí, nos cogimos de la mano y caminamos entre el montón de cosas viejas que habían guardadas, entre la oscuridad. En lo único que pensaba en ese momento era en no tropezarme con algo y caerme... quedaría totalmente en ridículo… - ¿Te da miedo la oscuridad? – vale, quizás me había notado algo tensa…
- No. A mi nada me asusta. 
- ¿Y entonces..?
- ¿Cómo actúan los novios? – pregunté cambiando de tema. Era verdad, yo nunca había tenido un novio, por lo que no sabía casi nada al respecto… incluso, era un gran logro para mi querer a alguien…
- Pu..pues, eso se aprende solo.. – rió nervioso. Decidí picarlo un poco más.
- Oh… ¿Y tu como aprendiste?. – le dije como una niña pequeña que pregunta a su padre como será ir al colegio.
- ¿Y a que viene esas preguntas…?. – en ese instante abrió la puerta hacia el piso de los chicos. Se había salvado… pero luego seguiríamos esa conversación. Yo la había disfrutado… lo hacía sentir incómodo y eso me gustaba.
- ¿Dónde vamos ahora? – le susurré en voz baja mientras pasábamos cogidos de la mano por entre ese montón de chicos que nos miraba con curiosidad y sorpresa… vamos, que dos chicos saliendo de dentro de un ático y encima cogidos de la mano… o quizás era porque yo era yo y Bill era… popular. 
- A mi cuarto, quizás los chicos… ¡no puede ser! – casi gritó alarmado.
- ¿Qué cosa? 
- Se suponía que hoy debía ir a la discográfica. – miré su rostro, estaba lleno de preocupación. La música y la banda eran muy importantes para él…
- ¿Y a qué hora debías ir? – dije intentando buscar una solución rápida.
- A las 3… - alzó nuestras manos, que aún seguían cogidas y miró la hora en mi reloj de pulsera. – una hora de retraso…
- No es nada. - wow.. ¿Desde cuando yo era tan positiva? – Apresúrate, que luego llegas más tarde… - le sonreí mientras retomábamos nuestra carrera por el pasillo.
- Pero te dejaré sola... 
- No te preocupes. Yo te esperaré.
- Gracias.
- No tienes porqué dármelas. Corre. – una gran sonrisa se dibujó en su rostro y luego comenzó a correr escaleras abajo. No llevaba ni unos 6 escalones cuando se detuvo, volvió tras sus pasos y mientras me decía un “te quiero” casi inaudible me besó fugazmente, para luego retomar su camino. 
Cuando desapareció de mi vista, lo único que pude hacer fue suspirar como una estúpida enamorada.. Qué bien se sentía estar así… tenía unas ganas incontrolables de ver una película de amor, y hay que saber que yo no soy de ese tipo de personas. 
Con una sonrisa más grande que mi propia cara, bajé las escaleras. Quería buscar a Andy y contarle lo ocurrido... o a Lidia.. o a cualquiera que se me cruzara. Pero es que era tanta la emoción, que si no le comentaba a alguien sobre esto, acabaría tirándome de los pelos yo misma. Tarareé una canción en el res
to del camino a mi habitación.
Giré el pomo de la puerta y la empujé con fuerza…
- ¡HALLOOOOOOOOOOOO! – grité. Lidia y Andy que estaban sobre la cama, me miraron sorprendidas. 
- Que feliz que estás, Liza.-Lidia se llevó una mano al pecho.
- ¡Es que no sabes lo que pasó!. – entré en la habitación y cerré la puerta con una patada.
Luego caminé a la cama donde mis amigas estaban sentadas y me tumbé entre ellas de un salto.
- ¿Qué ah ocurrido?. – la voz de Andy mostraba ese entusiasmo típico de ella, me encantaba que fuera así.
- ¡Algo espectaculaaaaar!. 
- Dinos que es tan espectaculaaaar - Yo reí, ya que Andy se había unido a ese “aaaaaar” de Lidia. 
- ¡Tengo novio! Y es Bill. – Lo solté de sopetón. Era mejor así. A Andy y a Lidia se les abrió tanto la boca que su mandíbula inferior casi tocó el suelo…
- ¿Qué?- Andy no se lo podía creer.
- ¡Lo que oyes! Que tengo nooovio – canturrié.
- Eso ya lo eh oído, ¿pero qué tiene que ver Bill en esto? – abrí la boca para decir algo, pero Lidia me cortó.
- A demás… ¿tú con novio?
- Pero si ayer estaban… -Continuó Andy.
- ¡…Peleados a muerte!-Lidia completó su frase.- ¡No puede ser! Ustedes se odian por naturaleza, ¿Pero cómo…?
- Hay… un pequeño secreto. – reí nerviosa. Andy alzó una ceja. –Esto… 
- No. Antes de que comiences a hablar como una loca, quiero decir algo... que luego se me olvida. – esperó unos segundos mientras yo y Andy le prestábamos atención. – Ya no estoy con Tom. – lo dijo como si fuera la cosa más natural del mundo. No me sobresalté, puesto a que ya lo había visto venir…
- ¿Y a que se debe… eso? – pregunté para intentar no ser grosera.
- Él no me quería. – se encogió de hombros e hizo un gesto con la mano restándole importancia. 
- wow.
- Ya puedes hablar, Liza. – cerré los puños con fuerza, que vergüenza me daba todo esto… sabía que no era necesario contarles esas cosas, pero quería hacerlo. Eran mis amigas…
- Si e… lo resumiré, la cosa es mucho más larga. – les avisé. – hace semanas que me estaba encontrando por las noches con Bill en la azotea… y nos hicimos amigos… y ahora esto. – Vale,  no había sido tan terrible.
- ¿Y no nos habías dicho eso antes?.. 
- Si, ¿Por qué?. – a veces pensaba que estas dos chicas se leían la mente. Siempre tenían las mismas dudas, opiniones y críticas. En ocasiones complementaban sus frases e ideas. Eso era extraño.
- No les había dicho porque… porque… no se había dado la oportunidad. – mentí. Ambas me miraron dudosas de que mi respuesta fuera la verdadera, pero no les dio tiempo a preguntar ya que picaron a la puerta.
- ¡Ese debe ser Andreas! – dijo Lidia levantándose y yendo hacia la puerta.
- ¡Creí que Andreas era mío!-Gritó Andy-
- Alguien debe ocupar el lugar de Tom. – susurró mientras abría la puerta y saludaba a Andreas con dos besos. Miré a Andy, su expresión no había cambiado en absoluto, quizás no se sentía atraída por Andres y le daba igual que saliera con Lidia. – Pasa. ¿No has ido hoy con tus amigos? 
- Me apetecía quedarme en casa. – dijo Andreas entrando en la habitación. Lidia cerró la puerta tras él. – ¡Hola chicas! – nos saludó. Yo le hice un gesto con la mano al igual que Andy. Pero él no se atrevió a mirarla, incluso llegué a notar un leve color rojo en sus mejillas. Entonces me di cuenta en lo observadora que me había vuelto… 
- ¡A que no sabes la última! – Comenzó Lidia entusiasmada. Yo bufé, sabía por dónde iban las cosas… - Liza sale con Bill. – estoy segura de que si hubiésemos estado en otro lugar con menos gente, Lidia habría gritado de una manera…
- ¿Bill, Bill? – Dijo con la mirada posada en mí. – ¿Bill Kaulitz?, ¿mi amigo?, ¿tu enemigo?. – yo asentí ante esas tres preguntas. Andreas estaba hablando con el mismo tono de voz que hubiese empleado al haber descubierto el fuego… - ¡Lo sabia! ¡Sabía que acabarían juntos! ¡Pero si están hechos el uno para el otro!- sentí como me subía el color a las mejillas rápidamente.- ¡felicidades! Acabas de ganarte un chico genial
- ¿Gra… gracias? – que nervios. Miré a Andy, estaba con los audífonos de su reproductor puestos, y garabateaba en una libretita algo que seguramente sería la letra de una canción.
- Serás una chica popular, Liza.-Comentó Andreas. ¿Y otra vez con esas tonterías?
- Si, muy, muy popular.. – dijo asintiendo con la cabeza, dándole la razón al mejor amigo de los gemelos. – ¡Solo espera a que todos se enteren!
- No me interesa eso de ser popular. Es más, no quiero convertirme en un de esas chicas de melena recta, superficiales y egocéntricas. 
- Tu novio es de esos chicos.
- No tiene la melena recta. – dije enseñándole la lengua. – ¡Me voy! ¿Quieres venir, Andy?. 
Salí de la habitación yo sola, al parecer no me había oído. O bien, quería quedarse en la habitación con Andreas y Lidia para vigilarlos… estoy segura de que Andreas le interesaba,.  aunque fuese solo un poquito…

Me paseé por los pasillos del internado sin nada más que hacer que mirar al resto de las personas que pasaban a mi lado, fijándome en cada detalle de estas… me aburrí un poco, estaba sola, ya que no tenía amigos a parte de Lidia, Andy, Tom (si es que lo era) y Bill, que no cuenta tanto porque es mi novio.
Quizás si hacía algo para entretenerme, se me pasaría más rápido el tiempo y ya llegaría Bill para luego salir a presumirme y a hacerme más “popular”. 
Recodé el discurso que me había dado Bill, hace unas horas, cuando explicó por qué me odiaba. Recordaba cada palabra con la que le había tratado hace años, de tan mala manera… dios, es que yo era una niña grosera y muy problemática por las cosas familiares… “Deja de mirarme, estúpido”, y es que esas habían sido mis primeras palabras dirigidas hacia él…
De pronto, se me vino algo a la cabeza… ¿Qué pasaba si Bill me seguía odiando?, ¿Y si todo esto era un plan de venganza?.. No, no podía ser. El no llegaría demasiado lejos. Tal vez yo si... pero él no, él era demasiado… débil. ¿Pero qué cosas decía? Él era mi novio y no debía desconfiar de él, eso era realmente estúpido. Me sentí estúpida. Que estúpido era esto… incluso es estúpidamente estúpido repetir la estúpida palabra “estúpido”. 
Resoplé mientras negaba con la cabeza. ¿A caso siempre seguiría siendo por dentro la niña inmadura que necesitaba protección? Vale, lo de protección no pinta nada aquí.
Pero es que se me ha venido a la cabeza.. ¿Y qué? Que hay con que yo necesite a alguien que me quiera y me proteja? Nada de malo, en absoluto. Pero yo no estaba acostumbrada a que me quisieran… 
Me senté en un banco del internado.
Le seguí dando vueltas al asunto de Bill hasta que alguien interrumpió mis pensamientos…
-¡Hola! – giré la cabeza, no me había dado cuenta de que alguien estaba a mi lado. Era una chica de cabello negro y piel muy blanca. Me recordó a mí. Solo que ella tenía los ojos color azul cielo y mil veces más bonitos que lo míos. Me miraba con una sonrisa amistosa.
- Eh… hola.- Saludé.
- Soy Lea. Tú debes ser Liza, la novia de Bill. – Ahora su sonrisa no me parecía amistosa, aunque no pude identificar lo que significaba realmente.
- Esto… si. – reí nerviosa. Es que todavía no me había acostumbrado a ser la novia de mi novio, Bill. Lea rió.
- Yo estuve con el unos meses. 
- Ajám. – bufe. Lo único que se me ocurrió responder.
- Besa genial, ¿no? Supongo que lo has comprobado… - dijo riendo con aires maliciosos.
- Si, supongo. 
- ¿Por qué no está contigo? ¡Ah! Debe estar en uno de sus ensayos... ¡son geniales! Deberías decirle que te lleve… yo ya he ido. Todo es fantástico allí en la discográfica… ese aire tan.. musical… - vale, que esta chica ya había comenzado a caerme mal.
- Voy a considerarlo.
- También deberías considerar una noche... ya sabes. Te lo aconsejo al cien por ciento..Me guiñó un ojo.
-¿Tu y él…? – dejé sin terminar la frase al verla asintiendo con la cabeza mientras se mordía los labios. – ¿Hace cuanto…?
- Estuve con él antes que Alice. Aunque podría decir que Alice salió con unos cuernos… ¡Que no te imaginas! - asquerosa, eso era lo que ella era, una puta zorra asquerosa. 
- Pobre Alice. 
- Te aconsejo que tu igual tengas cuidado. Y vigila muy bien a tu novio. Que luego viene alguien y te lo quita. – dijo mientras se levantaba del banco.
- Puta. – susurré.
- ¿Qué me has dicho? – ¿Esta chica era sorda o qué?
- No te repetiré nada. – me levanté del banco dispuesta a encararla.
- Bill es mío. – dijo con un profundo odio marcado en su voz.
- En tus sueños. – y luego de esto dejé que mi mano volara por el aire hasta llegar a su mejilla, que bien se sentía pegarle a una zorra.
- ¡¿Pero qué haces?!
- Nada. – dije con voz inocente. – es que mi mano tiene vida propia, no sé lo que le ocurre últimamente que le gusta hacer travesuras. – me di la vuelta ante la mirada furiosa de Lea. Y caminé sin prestarle atención…
Cinco segundos después me encontraba en el suelo, con Lea encima mía, cogiéndome de los pelos.

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