Capitulo
5
Hacía tanto tiempo que no lo veía, unos tres años mas o menos. Creía que se había ido a Austria.. pero no, él estaba aquí, entrando por la puerta de una peluquería, con esa típica cara de niño bueno, y lo mejor de todo, era que yo estaba en el mismo lugar que él.
- Ven conmigo.. – dije a Andy mientras me levantaba y caminaba hacia los sillones del lado de la puerta, ya que allí era donde él y una chica estaban sentados. No sabía la razón, pero estaba un poco nerviosa, miré hacia atrás para comprobar que Andy me seguía y luego piqué el hombro de chico rubio. El se volteó y pude ver como se le abrían los ojos de par en par mientras una sonrisa se le dibujaba en el rostro. – ¡Hallo! – saludé sonriendo. Él se levantó rápidamente del sillón y se lanzó hacia mi.
- ¡Liza!. – casi gritó. Me abrazó fuertemente, el era mas alto que yo, por lo que mis pies no tocaban el suelo en ese abrazo. – ¿Cómo está mi prima preferida?
- Sin respiración…
- ¡Oh! Lo siento. – me dejó nuevamente en el suelo y luego me volvió a preguntar. - ¿cómo estás?
- Bien… - reí. – mira, esta es Andy. – la apunté.- es mi amiga del internado.
- ¡Hola!
- Yo soy Max, su primo. – se dieron dos besos y luego Max cogió de la mano a la chica que estaba a su lado, la levantó del asiento y seguidamente la abrazó por la cintura pegándola a su cuerpo. La chica sonrió tímida. Era mas o menos de mi estatura, tenía unos ojos celestes que se me hacían algo familiares, su cabello era rubio ceniza y ondulado. – y ella es Amy, mi novia, no se si la recuerdas, Liza.. llevamos mucho tiempo juntos. – rió. Ok, ya sabía de donde la conocía. Ella era una chica genial, aunque mayor que yo por unos años. Habíamos pasado un verano entero juntas, con mi primo incluido y había sido unos de los mejores de mi vida…
- ¡Como no la voy a recordar! – dije abrazándola efusivamente. Ella igual me abrazó y comenzamos a dar pequeños saltitos de alegría.
- ¿Cómo has estado, enana?- como odiaba que me llamara así.
- Bien, y por lo que veo tu igual. – le guiñe un ojo y ella sonrió traviesa.
- Te veo más delgada. – mi primo asintió dándole la razón a su novia. Yo me encogí de hombros.
- Imaginaciones tuyas.
- Estooo.. no quiero interrumpir este momento hipergenial de reencuentro, pero.. es nuestro turno, Liza.
- Bien.
- ¿Van a comer con nosotros?. – preguntó mi primo.
- Pues.. si quieres.. – miré a Andy ara ver que opinaba. Ella hizo una señal con la cabeza para darme a entender que era un si. – si
- Nos vemos luego en la comida rápida que está allí en frente.- Señaló Amy
- Claro. adi… no, esperen. ¿Qué hacen ustedes aquí?, ¿no deberían estar en Austria?
- Hemos regresado, y vinimos aquí porque estábamos muy cansados y queríamos sentarnos en algún lugar.- mi primo, tonto como siempre, con esas ideas locas y estúpidas que no se de donde las saca…
- Que estúpido eres..-Me burlé.
- De no ser así, no te habría encontrado.. –Reí.
- Fui yo quien te encontró aquí, pedazo de imbe… - en ese momento alguien tiró de mi brazo, era Andy que me miraba con preocupación, ya que la chica que nos debía atender nos miraba con mala cara.
- Ve rápido.-Me apresuró Amy.
- ¡Nos vemos!..
Yo me senté en una especie de sillón algo incómodo, y Andy se sentó a mi lado. La mujer de los tintes, me entregó un catálogo lleno de colores y muestras de cabellos tenidos. Los primeros eran rubios, no.. no querías teñirme el cabello amarillo. Pasé a la siguiente página: Negros, ya lo tenía así, no necesitaba teñirme. Pasé a la siguiente, rojos, definitivamente no. Pasé un montón de páginas hasta llegar a las últimas, donde habían de todos colores, verdes, naranjos, amarillos fosforescentes, azules, blanco, rosa.. eso era lo que buscaba.
Le dije a la mujer que lo quería de ese color, y le indiqué los lugares en los que me debía tinturar. Ella pareció entenderlo todo a la perfección.
Y después de minutos o horas, no se en realidad, que para mi fueron interminablemente largas. Estaba lista.
Hacía tanto tiempo que no lo veía, unos tres años mas o menos. Creía que se había ido a Austria.. pero no, él estaba aquí, entrando por la puerta de una peluquería, con esa típica cara de niño bueno, y lo mejor de todo, era que yo estaba en el mismo lugar que él.
- Ven conmigo.. – dije a Andy mientras me levantaba y caminaba hacia los sillones del lado de la puerta, ya que allí era donde él y una chica estaban sentados. No sabía la razón, pero estaba un poco nerviosa, miré hacia atrás para comprobar que Andy me seguía y luego piqué el hombro de chico rubio. El se volteó y pude ver como se le abrían los ojos de par en par mientras una sonrisa se le dibujaba en el rostro. – ¡Hallo! – saludé sonriendo. Él se levantó rápidamente del sillón y se lanzó hacia mi.
- ¡Liza!. – casi gritó. Me abrazó fuertemente, el era mas alto que yo, por lo que mis pies no tocaban el suelo en ese abrazo. – ¿Cómo está mi prima preferida?
- Sin respiración…
- ¡Oh! Lo siento. – me dejó nuevamente en el suelo y luego me volvió a preguntar. - ¿cómo estás?
- Bien… - reí. – mira, esta es Andy. – la apunté.- es mi amiga del internado.
- ¡Hola!
- Yo soy Max, su primo. – se dieron dos besos y luego Max cogió de la mano a la chica que estaba a su lado, la levantó del asiento y seguidamente la abrazó por la cintura pegándola a su cuerpo. La chica sonrió tímida. Era mas o menos de mi estatura, tenía unos ojos celestes que se me hacían algo familiares, su cabello era rubio ceniza y ondulado. – y ella es Amy, mi novia, no se si la recuerdas, Liza.. llevamos mucho tiempo juntos. – rió. Ok, ya sabía de donde la conocía. Ella era una chica genial, aunque mayor que yo por unos años. Habíamos pasado un verano entero juntas, con mi primo incluido y había sido unos de los mejores de mi vida…
- ¡Como no la voy a recordar! – dije abrazándola efusivamente. Ella igual me abrazó y comenzamos a dar pequeños saltitos de alegría.
- ¿Cómo has estado, enana?- como odiaba que me llamara así.
- Bien, y por lo que veo tu igual. – le guiñe un ojo y ella sonrió traviesa.
- Te veo más delgada. – mi primo asintió dándole la razón a su novia. Yo me encogí de hombros.
- Imaginaciones tuyas.
- Estooo.. no quiero interrumpir este momento hipergenial de reencuentro, pero.. es nuestro turno, Liza.
- Bien.
- ¿Van a comer con nosotros?. – preguntó mi primo.
- Pues.. si quieres.. – miré a Andy ara ver que opinaba. Ella hizo una señal con la cabeza para darme a entender que era un si. – si
- Nos vemos luego en la comida rápida que está allí en frente.- Señaló Amy
- Claro. adi… no, esperen. ¿Qué hacen ustedes aquí?, ¿no deberían estar en Austria?
- Hemos regresado, y vinimos aquí porque estábamos muy cansados y queríamos sentarnos en algún lugar.- mi primo, tonto como siempre, con esas ideas locas y estúpidas que no se de donde las saca…
- Que estúpido eres..-Me burlé.
- De no ser así, no te habría encontrado.. –Reí.
- Fui yo quien te encontró aquí, pedazo de imbe… - en ese momento alguien tiró de mi brazo, era Andy que me miraba con preocupación, ya que la chica que nos debía atender nos miraba con mala cara.
- Ve rápido.-Me apresuró Amy.
- ¡Nos vemos!..
Yo me senté en una especie de sillón algo incómodo, y Andy se sentó a mi lado. La mujer de los tintes, me entregó un catálogo lleno de colores y muestras de cabellos tenidos. Los primeros eran rubios, no.. no querías teñirme el cabello amarillo. Pasé a la siguiente página: Negros, ya lo tenía así, no necesitaba teñirme. Pasé a la siguiente, rojos, definitivamente no. Pasé un montón de páginas hasta llegar a las últimas, donde habían de todos colores, verdes, naranjos, amarillos fosforescentes, azules, blanco, rosa.. eso era lo que buscaba.
Le dije a la mujer que lo quería de ese color, y le indiqué los lugares en los que me debía tinturar. Ella pareció entenderlo todo a la perfección.
Y después de minutos o horas, no se en realidad, que para mi fueron interminablemente largas. Estaba lista.
Me miré en el espejo, estaba
genial, me había encantado: me había hecho unas pequeñas mechas a cada lado de
la cabeza mas un poco en la parte de abajo del flequillo, por lo que se veían
cabellos negros y rosas. Sonreí y luego miré a Andy…
Ella estaba igual o mejor que yo. Se había recortado un poco el cabello, el mismo corte que tenía, solo que un poco mas corto, justo por los hombros. Siempre había pensado que a ella esos cortes le venían a la perfección.
- Te ha quedado genial.-Comenté.
- Y a ti – ambas reímos. Pagamos y nos fuimos.
Al llegar al local, lo primero que hicimos fue buscar con la mirada a mi primo y su novia. Podrían estar en cualquier lugar, quien sabe…
Los localizamos en una de las mesas del fondo, del lado de una gran ventanal donde se podía ver un jardín de flores muy bien decorado. Vamos, que para ser un local de comida rápida, no estaba nada mal… solo esperaba que no saliera demasiado caro.. ¡pero qué cosas decía! Yo no iba a comer nada aquí.
Me senté en la mesa frente a ellos y Andy se sentó a mi lado. Posé las manos sobre la mesa y entrelacé los dedos. Resoplé. Estaba esperando que…
- Que bien te ha quedado. A ambas. – Sonrió Amy. Exactamente eso era lo que estaba esperando. Que otra persona encontrase bello mi nuevo look. No quería andar por la calle con un color de cabello horrible.
- ¡Gracias!.-Soltó Andy con un gritito de emoción.
- Lo mismo.
- ¿Y qué quieren comer?, yo voy por la comida.-Se ofreció mi primo.
- Pues yo quiero… emmm…-Andy y sus indecisiones.
- ¡Pizza, amor!
Ella estaba igual o mejor que yo. Se había recortado un poco el cabello, el mismo corte que tenía, solo que un poco mas corto, justo por los hombros. Siempre había pensado que a ella esos cortes le venían a la perfección.
- Te ha quedado genial.-Comenté.
- Y a ti – ambas reímos. Pagamos y nos fuimos.
Al llegar al local, lo primero que hicimos fue buscar con la mirada a mi primo y su novia. Podrían estar en cualquier lugar, quien sabe…
Los localizamos en una de las mesas del fondo, del lado de una gran ventanal donde se podía ver un jardín de flores muy bien decorado. Vamos, que para ser un local de comida rápida, no estaba nada mal… solo esperaba que no saliera demasiado caro.. ¡pero qué cosas decía! Yo no iba a comer nada aquí.
Me senté en la mesa frente a ellos y Andy se sentó a mi lado. Posé las manos sobre la mesa y entrelacé los dedos. Resoplé. Estaba esperando que…
- Que bien te ha quedado. A ambas. – Sonrió Amy. Exactamente eso era lo que estaba esperando. Que otra persona encontrase bello mi nuevo look. No quería andar por la calle con un color de cabello horrible.
- ¡Gracias!.-Soltó Andy con un gritito de emoción.
- Lo mismo.
- ¿Y qué quieren comer?, yo voy por la comida.-Se ofreció mi primo.
- Pues yo quiero… emmm…-Andy y sus indecisiones.
- ¡Pizza, amor!
- ¡Si eso! compra la mas
grande, para todos. – Max asintió y se alejó. Vaya, él no había comentado nada
sobre mi peinado, pues, que mas dá..
- Veo que te has hecho un piercing.- Oh vaya, incluso a mi se me había olvidado. Y era increíble porque hacía poco tiempo se me hacía imposible no sentir el ardor de la zona.
- Si. – dije orgullosa. – me lo eh hecho esta mañana.
- ¿No te dolió?. – puso una mueca de dolor en el rostro. Ahora era el turno de que dijera lo que yo SI iba a decir.
- ¡Pues si! No te imaginas…
- Wow, jamás me aré uno..
- Eso es para gente estúpida.-Soltó Andy de sopetón.
- Andy… - dije con voz de circunstancia, no me gustaba que se metieran conmigo.
- Si hasta te lo has hecho en el mismo sitio donde Bill, digo Kaulitz, tiene uno.
- Coincidencia.-Contesté secamente.
- ¿Lo sigues odiando?-Preguntó de repente.
- Pu.. pues.. – y ahora que le decía?,yo nunca había sido una buena mentirosa…
- ¿Quién es Kaulitz?. – mi salvación. Como quería a Amy…
- El peor enemigo de Liza, ella lo odia.. – “ y lo ama con locura cuando están en la azotea” pensé. Segundos después me di cuenta de la estupidez que se me había pasado por la cabeza e intenté olvidarlo lo más rápidamente posible.
- ¿El mismo de hace años? ¿El que te golpeaba?. – yo asentí. Eso de “ el que te golpeaba”, había sonado horrible…
- Él mismo.
- ¿Nunca dejarán de pelear?-Preguntó la novia de mi primo.
- Esa es la pregunta que me hago diariamente…-Aportó Andy a la conversación.
- Pu… pues.. no lo se.. – reí nerviosa.
- Algo anda mal aquí. En estos momentos tendrías que estar insultándolo y temblando de rabia..
- ¿Po.. por qué?
- Siempre lo haces.-Dios, Andy, cállate.
- Veo que te has hecho un piercing.- Oh vaya, incluso a mi se me había olvidado. Y era increíble porque hacía poco tiempo se me hacía imposible no sentir el ardor de la zona.
- Si. – dije orgullosa. – me lo eh hecho esta mañana.
- ¿No te dolió?. – puso una mueca de dolor en el rostro. Ahora era el turno de que dijera lo que yo SI iba a decir.
- ¡Pues si! No te imaginas…
- Wow, jamás me aré uno..
- Eso es para gente estúpida.-Soltó Andy de sopetón.
- Andy… - dije con voz de circunstancia, no me gustaba que se metieran conmigo.
- Si hasta te lo has hecho en el mismo sitio donde Bill, digo Kaulitz, tiene uno.
- Coincidencia.-Contesté secamente.
- ¿Lo sigues odiando?-Preguntó de repente.
- Pu.. pues.. – y ahora que le decía?,yo nunca había sido una buena mentirosa…
- ¿Quién es Kaulitz?. – mi salvación. Como quería a Amy…
- El peor enemigo de Liza, ella lo odia.. – “ y lo ama con locura cuando están en la azotea” pensé. Segundos después me di cuenta de la estupidez que se me había pasado por la cabeza e intenté olvidarlo lo más rápidamente posible.
- ¿El mismo de hace años? ¿El que te golpeaba?. – yo asentí. Eso de “ el que te golpeaba”, había sonado horrible…
- Él mismo.
- ¿Nunca dejarán de pelear?-Preguntó la novia de mi primo.
- Esa es la pregunta que me hago diariamente…-Aportó Andy a la conversación.
- Pu… pues.. no lo se.. – reí nerviosa.
- Algo anda mal aquí. En estos momentos tendrías que estar insultándolo y temblando de rabia..
- ¿Po.. por qué?
- Siempre lo haces.-Dios, Andy, cállate.
- ¿Yo?. – que nerviosa
estaba, tenía ganas de salir corriendo de ese lugar y esconder mi cabeza en un
hueco en la tierra, para luego esperar a asfixiarme y morir rápidamente.
- No, yo.. – dijo irónica.
- Pues yo nunca te he visto insultar a Bi.. Kaulitz. – casi se me había escapado.
- Era una ironía, Liza…
- Pues a mi me parece que a Liza le sucede algo.. – Amy intervino mientras fruncía el ceño y analizaba la expresión de mi cara con su mirada.
- ¿Qué cosa? – preguntamos al unísono Andy y yo.
- No te vayas a enojar. – Pidió Amy.
- No me enojaré, lo prometo
- No se enojará, lo promete.. – repitió Andy con una sonrisa burlona.
- ¿Te gusta ese tal Bill Kaulitz? – ay no….
- No, yo.. – dijo irónica.
- Pues yo nunca te he visto insultar a Bi.. Kaulitz. – casi se me había escapado.
- Era una ironía, Liza…
- Pues a mi me parece que a Liza le sucede algo.. – Amy intervino mientras fruncía el ceño y analizaba la expresión de mi cara con su mirada.
- ¿Qué cosa? – preguntamos al unísono Andy y yo.
- No te vayas a enojar. – Pidió Amy.
- No me enojaré, lo prometo
- No se enojará, lo promete.. – repitió Andy con una sonrisa burlona.
- ¿Te gusta ese tal Bill Kaulitz? – ay no….
Y ahora que le decía?...
me comencé a balancear en la silla de adelante hacia atrás, mientras ellas me
miraban extrañadas.
- Que va.. si Bill y yo nos odiamos… AHHH!. – Listo, trabajo hecho.. había dolido, pero había funcionado. Aunque mi trasero y mi espalda no pensaran los mismo. Me había balanceado en la silla hasta caerme… eso podría cambiar el tema de conversación tan incómodo para mi, y además podría tener una excusa para no comer, me inventaría algún dolor o algo. Estar cerca de mi primo a veces me afectaba un poco, o quizás era la felicidad con la que estaba ese día. Por que de no ser por esas dos circunstancias jamás se me abría ocurrido tirarme de espaldas contra el piso.
- ¿Estás bien, cariño?. – Amy me miró por debajo de la mesa con cara de preocupación fingida mientras se mordía el labio. Sabía que se estaba aguantando la risa.
- Eso.. creo.
- Levántate de allí. – Andy se levantó de su asiento y me ayudó a levantarme. Acomodó mi silla en el lugar donde debía estar y luego se sentó. – ¿mejor?.
- Sí. quiero.. ir al baño.. esto.. ¿ hay baño?. – Andy se encogió de hombros y Amy me respondió.
- Si hay, si quieres te acompaño.
- No, no te preocupes, solo dime donde están.
- Al final de las mesas por ese lado. – dijo apuntando una puerta blanca.
- Vuelvo en.. vuelvo. – vaya, que coherente.
Caminé entre las mesas llenas de gentes hasta llegar a la puerta, la abrí lentamente, ya que no tenía tanta fuerza, y costaba un poco. Luego entré y la puerta se cerró tras de mi con un estrepitoso ruido, genial. Todas la chicas que estaban en el baño, que eran como 4 o 5, me miraron. No pude evitar que el color se me subiera a las mejillas. Reí nerviosa y caminé hacia las llaves de agua. Me sentía sofocada. ¡Acababa de caerme a propósito de la silla! Seguro todo el mundo en el lugar se había burlado de mi.
Abrí una y me lavé las manos. Junté agua en ellas y me las llevé a la cara.
¿Por qué Bill siempre tenía que estar presente en todas partes?, si no estaba… hablaban de él, y si no hablaban de él, pensaba en él. Esto era horrible y me asustaba. Quizás me gustaba. Aunque de ser así, solo me gustaba en la azotea.
Resoplé mientras tomaba el extremo inferior de mi camiseta y la levantaba para pasármela por la cara y secarme. No me importó que me mirasen.
Salí de allí apresuradamente y me dirigí a la mesa. Mi primo ya había llegado y esta sentado con las chicas conversando animadamente. Quizás no se darían cuenta si…
Me agaché y camine a gatas por debajo de las mesas para que no me viesen, salí del local caminado de la misma manera. Cuando ya estaba en la esquina y luego de asegurarme de que no me verían, me levanté. Me sacudí los pantalones y caminé hacia el centro comercial.
Primero entré a una tienda de ropa interior. Me daba un poco de vergüenza estar allí, pero necesitaba ropa mas pequeña. Caminé hacia una estantería con ropa negra, elegí algunas prendas y luego las pagué.
Del lado de esa tienda había una de accesorios y complementos, similar a la que había estado viendo Andy unas horas antes. Entré allí y me compré algunas cosas que “necesitaba”.
Para el final del día estaba cargada con doce bolsas llenas de ropa. Que incómodo sería irme así al internado. Caminé hacia la parada de autobuses, y al no pasar ninguno, decidí subirme a un taxi.
Le dije al chofer que me abriera el portamaletas. Eché las bolsas dentro y lo cerré. Abrí una de las puertas de atrás y me senté sin siguiera mirar quien mas estaba allí dentro. Le pagué al chofer y le di la dirección del internado. El asintió mientras me miraba por el espejo y luego siguió conduciendo con la vista en la carretera.
- ¿Liza?. – me di la vuelta en el asiento para encontrarme con.. ¿ por que mierda estaba en todas partes?
- Que va.. si Bill y yo nos odiamos… AHHH!. – Listo, trabajo hecho.. había dolido, pero había funcionado. Aunque mi trasero y mi espalda no pensaran los mismo. Me había balanceado en la silla hasta caerme… eso podría cambiar el tema de conversación tan incómodo para mi, y además podría tener una excusa para no comer, me inventaría algún dolor o algo. Estar cerca de mi primo a veces me afectaba un poco, o quizás era la felicidad con la que estaba ese día. Por que de no ser por esas dos circunstancias jamás se me abría ocurrido tirarme de espaldas contra el piso.
- ¿Estás bien, cariño?. – Amy me miró por debajo de la mesa con cara de preocupación fingida mientras se mordía el labio. Sabía que se estaba aguantando la risa.
- Eso.. creo.
- Levántate de allí. – Andy se levantó de su asiento y me ayudó a levantarme. Acomodó mi silla en el lugar donde debía estar y luego se sentó. – ¿mejor?.
- Sí. quiero.. ir al baño.. esto.. ¿ hay baño?. – Andy se encogió de hombros y Amy me respondió.
- Si hay, si quieres te acompaño.
- No, no te preocupes, solo dime donde están.
- Al final de las mesas por ese lado. – dijo apuntando una puerta blanca.
- Vuelvo en.. vuelvo. – vaya, que coherente.
Caminé entre las mesas llenas de gentes hasta llegar a la puerta, la abrí lentamente, ya que no tenía tanta fuerza, y costaba un poco. Luego entré y la puerta se cerró tras de mi con un estrepitoso ruido, genial. Todas la chicas que estaban en el baño, que eran como 4 o 5, me miraron. No pude evitar que el color se me subiera a las mejillas. Reí nerviosa y caminé hacia las llaves de agua. Me sentía sofocada. ¡Acababa de caerme a propósito de la silla! Seguro todo el mundo en el lugar se había burlado de mi.
Abrí una y me lavé las manos. Junté agua en ellas y me las llevé a la cara.
¿Por qué Bill siempre tenía que estar presente en todas partes?, si no estaba… hablaban de él, y si no hablaban de él, pensaba en él. Esto era horrible y me asustaba. Quizás me gustaba. Aunque de ser así, solo me gustaba en la azotea.
Resoplé mientras tomaba el extremo inferior de mi camiseta y la levantaba para pasármela por la cara y secarme. No me importó que me mirasen.
Salí de allí apresuradamente y me dirigí a la mesa. Mi primo ya había llegado y esta sentado con las chicas conversando animadamente. Quizás no se darían cuenta si…
Me agaché y camine a gatas por debajo de las mesas para que no me viesen, salí del local caminado de la misma manera. Cuando ya estaba en la esquina y luego de asegurarme de que no me verían, me levanté. Me sacudí los pantalones y caminé hacia el centro comercial.
Primero entré a una tienda de ropa interior. Me daba un poco de vergüenza estar allí, pero necesitaba ropa mas pequeña. Caminé hacia una estantería con ropa negra, elegí algunas prendas y luego las pagué.
Del lado de esa tienda había una de accesorios y complementos, similar a la que había estado viendo Andy unas horas antes. Entré allí y me compré algunas cosas que “necesitaba”.
Para el final del día estaba cargada con doce bolsas llenas de ropa. Que incómodo sería irme así al internado. Caminé hacia la parada de autobuses, y al no pasar ninguno, decidí subirme a un taxi.
Le dije al chofer que me abriera el portamaletas. Eché las bolsas dentro y lo cerré. Abrí una de las puertas de atrás y me senté sin siguiera mirar quien mas estaba allí dentro. Le pagué al chofer y le di la dirección del internado. El asintió mientras me miraba por el espejo y luego siguió conduciendo con la vista en la carretera.
- ¿Liza?. – me di la vuelta en el asiento para encontrarme con.. ¿ por que mierda estaba en todas partes?
- Hallo, Bill. – dije
nerviosa, no sabía la razón, pero estaba temblando y mi pulso se había
acelerado..
- ¿Qué te has hecho?.
- ¿Humm?. – que tonta era… no me había dando cuenta a que se refería..
- En el cabello y… allí. – señaló mi ceja con mi nuevo piercing adornándola.
- A.. pues.. necesitaba un cambio de imagen.
- No está mal..
- Gracias. – sonreí.
- Pero tampoco he dicho que esté bien. – dijo cortante.
- Estúpido Kaulitz. – murmuré entre dientes.
- ¿Dijiste algo?
- Si. pero ten por seguro que no lo repetiré.
- ¡Bah!. – hizo un gesto con la mano, como diciendo” y a mi que?” y luego desvió la vista hacia adelante. – que feliz sería si TU murieras.. – dijo sin apartar la vista de donde sea que la tenía.
- No te preocupes, falta muy poco. Y si no es así, siempre se puede adelantar el proceso. – vale, no se por qué había dicho eso. Pero lo que Bill me había dicho, me había afectado y mucho. Toda la felicidad que había tenido desde hoy en la mañana se había esfumado al escucharlo. Bill me miró con los ojos muy abiertos, quizás esperaba a que yo le hubiera contestado otra cosa, y que no lo hubiese dado la razón. Le sostuve mirada hasta que el se volvió nuevamente hacia adelante.
- Eres insoportable…
- Subnormal.
- Hazme el favor de callarte, ¿quieres?. – su voz sonaba irritada, incluso mas que antes.
- Tú no me puedes hacer callar.
- ¿Qué te has hecho?.
- ¿Humm?. – que tonta era… no me había dando cuenta a que se refería..
- En el cabello y… allí. – señaló mi ceja con mi nuevo piercing adornándola.
- A.. pues.. necesitaba un cambio de imagen.
- No está mal..
- Gracias. – sonreí.
- Pero tampoco he dicho que esté bien. – dijo cortante.
- Estúpido Kaulitz. – murmuré entre dientes.
- ¿Dijiste algo?
- Si. pero ten por seguro que no lo repetiré.
- ¡Bah!. – hizo un gesto con la mano, como diciendo” y a mi que?” y luego desvió la vista hacia adelante. – que feliz sería si TU murieras.. – dijo sin apartar la vista de donde sea que la tenía.
- No te preocupes, falta muy poco. Y si no es así, siempre se puede adelantar el proceso. – vale, no se por qué había dicho eso. Pero lo que Bill me había dicho, me había afectado y mucho. Toda la felicidad que había tenido desde hoy en la mañana se había esfumado al escucharlo. Bill me miró con los ojos muy abiertos, quizás esperaba a que yo le hubiera contestado otra cosa, y que no lo hubiese dado la razón. Le sostuve mirada hasta que el se volvió nuevamente hacia adelante.
- Eres insoportable…
- Subnormal.
- Hazme el favor de callarte, ¿quieres?. – su voz sonaba irritada, incluso mas que antes.
- Tú no me puedes hacer callar.
- Ya basta. ¡No te
soporto!. Desaparece de una vez. Deja que el mundo sea feliz ¡sin ti!. - eso me
dolió aún mas.. bajé la cabeza ante la mirada furiosa de Bi.. Kaulitz. Sentí
como agujas se clavaran en mis ojos, provocando que se llenaran de lágrimas. Se
me formó un nudo en el pecho que me impedía respirar. Me mordí el labio
inferior. – no.. vayas.. a… llorar.- dijo entre dientes.
- Hemos llegado. – Anunció el chofer mientras aparcábamos fuera del internado. Abrí la puerta de mi lado y puse un pie fuera.
- Te odio Bill Kaulitz. – me bajé del coche y cerré la puerta violentamente. Abrí el portamaletas y saqué todas las bolsas de allí, sin siquiera mirar a Kaulitz. Las arrastré hasta la habitación y las dejé todas amontonadas en una esquina. Lidia aún no había llegado, al igual que Andy. Quizás debería revisar el móvil.
Lo busqué en los bolsillos de mi pantalón y vi la pantalla: 14 llamadas perdidas, de Andy y números desconocidos, que seguramente serían de Amy y Max.
Dejé el móvil sobre la mesita de noche y comencé a quitarme la ropa. Me paré frente al espejo y me contemplé…
Seguía igual.. que fracaso..
Me dirigí al baño. Abrí el grifo y me metí dentro del la ducha.
Para mi siempre había sido relajante ducharme por la noche. Ya que pensaba todo lo que había ocurrido en le día, haciendo un resumen mentalmente.
No quise pensar en lo último que me había ocurrido, me limité a armar modelitos con la ropa que me había comprado.
- Hemos llegado. – Anunció el chofer mientras aparcábamos fuera del internado. Abrí la puerta de mi lado y puse un pie fuera.
- Te odio Bill Kaulitz. – me bajé del coche y cerré la puerta violentamente. Abrí el portamaletas y saqué todas las bolsas de allí, sin siquiera mirar a Kaulitz. Las arrastré hasta la habitación y las dejé todas amontonadas en una esquina. Lidia aún no había llegado, al igual que Andy. Quizás debería revisar el móvil.
Lo busqué en los bolsillos de mi pantalón y vi la pantalla: 14 llamadas perdidas, de Andy y números desconocidos, que seguramente serían de Amy y Max.
Dejé el móvil sobre la mesita de noche y comencé a quitarme la ropa. Me paré frente al espejo y me contemplé…
Seguía igual.. que fracaso..
Me dirigí al baño. Abrí el grifo y me metí dentro del la ducha.
Para mi siempre había sido relajante ducharme por la noche. Ya que pensaba todo lo que había ocurrido en le día, haciendo un resumen mentalmente.
No quise pensar en lo último que me había ocurrido, me limité a armar modelitos con la ropa que me había comprado.
Salí de allí envuelta en
una toalla pequeña, ya que se me había olvidado llevar otra mas grande que esa.
Busqué mi pijama en el armario y me lo puse, luego me sequé el cabello y lo
acomodé un poco.
Era temprano, pero tenía ganas de dormir. Me tumbé en la cama boca arriba, espatarrada, mientras contemplaba el techo…
No comprendía por qué nos llevábamos bien solo en la azotea.. y porqué no en otros lugares... Quizás como el era “popular”, no quería que lo viesen con una marginada social como yo… o tal vez, solo planeaba una venganza para hacerme mas infeliz de lo que era. Fuera lo que fuera, yo haría como si nada ocurriese. No quería que se diera cuenta de cómo me sentía, ni mucho memos que me gustaba. Esa sería mi perdición. Nadie debía saberlo.
Mañana podría hablar con Tom acerca del tema, quizás el sabía sobre su plan o algo.. y como el era mi examigo, tenía la certeza de que si estaba al tanto de las cosas me las diría, y si no, podría ocupar otros medios. Aún tenía guardada esa foto en mi diario y en cualquier momento se la podía enseñas al mundo.
Reí ante mi gran ida de chantaje. Pero no, no podía hacerle eso a Tom. En el fondo yo lo seguía queriendo. El para mi seguía siendo ese chico que me comprendía y en el que podía confiar siempre, fuera para lo que fuera. Y que aunque ya no estuviese aquí, tenía la seguridad de que si lo necesitara, el me ayudaría.
Me volteé en la cama, para quedar boca abajo.
Era temprano, pero tenía ganas de dormir. Me tumbé en la cama boca arriba, espatarrada, mientras contemplaba el techo…
No comprendía por qué nos llevábamos bien solo en la azotea.. y porqué no en otros lugares... Quizás como el era “popular”, no quería que lo viesen con una marginada social como yo… o tal vez, solo planeaba una venganza para hacerme mas infeliz de lo que era. Fuera lo que fuera, yo haría como si nada ocurriese. No quería que se diera cuenta de cómo me sentía, ni mucho memos que me gustaba. Esa sería mi perdición. Nadie debía saberlo.
Mañana podría hablar con Tom acerca del tema, quizás el sabía sobre su plan o algo.. y como el era mi examigo, tenía la certeza de que si estaba al tanto de las cosas me las diría, y si no, podría ocupar otros medios. Aún tenía guardada esa foto en mi diario y en cualquier momento se la podía enseñas al mundo.
Reí ante mi gran ida de chantaje. Pero no, no podía hacerle eso a Tom. En el fondo yo lo seguía queriendo. El para mi seguía siendo ese chico que me comprendía y en el que podía confiar siempre, fuera para lo que fuera. Y que aunque ya no estuviese aquí, tenía la seguridad de que si lo necesitara, el me ayudaría.
Me volteé en la cama, para quedar boca abajo.
Me cubrí la cabeza con
la almohada y comencé a cantar una canción. De esas de cunas. Que las madres
les cantan a sus hijos para que duerman.
A mi nunca me habían cantado una. Nunca tuve una madre que me cantara. Por lo que cuando necesitaba una canción de cuna, tenía que recurrir a mi misma…
Me desperté cuando la puerta se abrió. Me quité la almohada de la cabeza, parpadeé varias veces para enfocar bien la vista y luego miré hacia allí… Abrí los ojos de par en par cuando vi a esas dos personas frente a mi, luego una sonrisa burlona se dibujó en mi rostro.
A mi nunca me habían cantado una. Nunca tuve una madre que me cantara. Por lo que cuando necesitaba una canción de cuna, tenía que recurrir a mi misma…
Me desperté cuando la puerta se abrió. Me quité la almohada de la cabeza, parpadeé varias veces para enfocar bien la vista y luego miré hacia allí… Abrí los ojos de par en par cuando vi a esas dos personas frente a mi, luego una sonrisa burlona se dibujó en mi rostro.

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