23 febrero, 2012

Capítulo 12 /Sacred









                                                   Capitulo 12 

Cinco segundos después me encontraba en el suelo, con Lea encima mía, cogiéndome de los pelos…
- ¡¿Que haces zorra?! – grité desde debajo de ella, y es que ya comenzaba a ver personas que se paraban alrededor nuestro.
- Matarte. ¿No lo ves? – gritó mientras empezaba a moverme la cabeza violentamente con las manos enganchadas en mi cabello.
- ¡Déjame ya, puta!. – le grité como pude. Alrededor de nosotras ya había una gran masa de gente gritando cosas, la mayoría alientos para Lea e insultos para mí. Entonces Lea dejó caer mi cabeza fuertemente en el suelo y levantó los brazos en el aire y comenzó a aplaudir al ritmo de los gritos que decía algo así como “Lea, Lea, Lea…”. Aproveché el momento de descuido y giré de tal modo que quedé sobre ella. Yo era mucho mas pequeña que mi oponente, pero eso no importaba en absoluto. Lo único que importaba eran mis manos que presionaban fuertemente su cuello. Ella comenzó a toser mientras una sonrisa se dibujaba en mi rostro. Le pequé con el puño. Sentí una gran satisfacción… la cual fue remplazada por un asco tremendo. Me asqueaba de mi misma... ¿A caso mi destino era terminar como mi padre?. No, definitivamente no. Yo había actuado para defenderme… o no?. Dejé de presionar su cuello para dejarla respirar, pero aún tenía las manos en el mismo lugar. Con un movimiento que no vi venir, ella quitó mis brazos de de su cuello. Ahora ella me tenía cogida de ambas manos y me miraba con odio profundo. Intenté soltarme, pero sus largas manos podían rodear mis muñecas sin dificultad. Tironeé como pude, pero era imposible… entonces se me ocurrió una idea… lo había visto antes en algunas películas o caricaturas, siempre parecía funcionar… no, no iba a comer espinacas como Popeye ni mucho menos. Era otro cosa: levanté mi pierna derecha como pude, ya que ella me tenía casi inmovilizada y la posé en su rostro, yo tenía una gran flexibilidad… luego, hice fuerza contra esta, para que me soltara las manos, me funcionó y me puse de pié. Cuando retiré mi pié de su cara, pude ver cómo le sangraba la nariz…
- Dios, como te he dejado. – dije con un tono burlón en la voz. 
- Bill sigue siendo mío… - me susurró con odio mientras se llevaba las manos a la nariz. – tú no has ganado. Nunca ganarás. ¿Crees que él podría enamorarse de alguien como tú? – tragué saliva y retrocedí un paso. – ¡mírate! ¡Eres un monstruo! ¡Nadie podría querer a alguien como tú! Mira tu aspecto... pareces estar muerta, niña. No tienes curvas, solo eres piel y huesos. ¡Dios! ¡Es que estoy segura que Bill necesita a una mujer de verdad! Se cansará de ti rápidamente. Mejor déjalo, ¿quieres? Deja que él sea feliz con una persona a quien él merezca. – “No voy a llorar… no, no, no.” Repetía una y otra vez en mi cabeza. Apreté los puños fuertemente. – Tú no te mereces a alguien como él y ¡él no se merece a alguien como tu!. ¿No te das cuenta? Eres MUY POCO. Él nunca te querrá. Está contigo sólo por pena…
- ¡Cállate!. – le grité. 
- ¿Qué? La verdad duele, ¿no Liza, cariño?. – rió. Vale, eso me había dolido… intenté disimularlo mirándola con cara de indiferencia. La verdad es que no sabía cómo se había enterado de que Bill y yo éramos novios… sólo se lo había dicho a Andy, Andreas y Lidia.- 
- Cállate. No eres más que una puta envidiosa. – le espeté ella se llevó la mano al pecho con falsa indignación.
- ¿Envidiosa, yo?. Já! Bill es mío aún.. y no me importa compartirlo… - entonces ya no lo soporté más. Me di la vuelta y atravesando todo ere gentío caminé hacia mi habitación. ¿Cómo era posible esto?. No llevaba ni un día de novia con Bill y ya llegaba alguien a arruinarlo todo. ¿A caso estaba condenada a ser infeliz por toda mi vida? Si era así, no quería seguir viviendo.
Necesitaba hablar con alguien sobre esto. Necesitaba a Bill. Sólo... quería decirle lo ocurrido y luego terminaría con él. Era cierto lo que Lea decía. Él necesitaba a alguien mejor que yo... no precisamente a Lea, pero si a alguien mejor. 
No sería difícil terminar con él... después de todo, solo llevábamos “juntos” unas horas... y no es que esas horas hubiésemos estado juntos. Sólo me querría engañas a mi misma diciéndome todas esas cosas… en él fondo sabía que le quería. Le quería desde hace mucho más tiempo. Incluso antes de que me hubiera dado cuenta de que le quería…
Pero no me entraba en la cabeza.. ¿Como YO podía querer a una persona? Yo había crecido sin amor.. y… era de suponer que yo no sabía que es lo que era querer… pero esa sensación de mariposas revoloteando por todo mi estómago al estar cerca de él era difícil de explicar… 

Abrí bruscamente la puerta de mi habitación. Ni siquiera me molesté en llamar, y me arrepentí de ello al encontrarme con… una imagen desagradable. La cerré bruscamente mientras decía un “disculpe” a Andreas y Lidia y me encaminé hacia otra sitio donde pensar… 
Pero al darme la vuelta para ir hacia la azotea, choqué con algo plano, duro y muy, muy grande. Mire hacia arriba para encontrarme con el ceño fruncido del director del internado. Lo que me faltaba… ¡dios! Que día. Si tan solo me hubiese partido un rayo, o se hubiese incendiado el internado, o me hubiese enfermado repentinamente de una enfermedad mortal que me matara unos segundos después de contraerla… habría sido mejor que ese día. Y es que mis emociones cambiaban tan rápido que ni siquiera me daba cuenta de cuando lo hacían.
- ¡Hola! – quizás si era amistosa, el castigo sería menor.
- Señorita…
- Diermissen – Que mal se sentía que todo el mundo se olvidara de tu apellido.
- Bien. – se aclaró la garganta. – ¿me acompaña?. – No esperó respuesta alguna y se dio la vuelta. Yo le seguí, no tenía otra opción… pasamos por los pasillos de abajo, donde todo el mundo me miraba acusadoramente. Definitivamente, si quería llamar la atención debía hacer lo mismo que yo: No saber lo que hiciste mal. Pegarle a Lea había estado… bien.
Entramos en su despacho, donde ya estaba Lea sentada en uno de los asientos frente al gran escritorio de madera del director.
- Tome asiento, señorita… - Vale, que esta vez no se lo recordaría. Me senté al lado de Lea y el director pasó del otro lado del escritorio. Se sentó en su gran silla, y con las manos juntas en su regazo comenzó a hablar. – que alguien me explique lo que ah ocurrido hace un rato. – Las dos comenzamos a hablar, gritar y gesticular al mismo tiempo. El director no se enteraba de nada, nos miraba confuso a las dos mientras nosotras nos levantábamos de la silla y dábamos golpes en la mesa con las manos intentando explicar nuestro punto de vista del suceso. – ¡Silencio!. – ordenó. – Que alguien me lo explique cómo se debe. – alcé la mano al escuchar esto. Pero Lea ya había comenzado a contar su versión de la historia…
- Estaba sentada en un banco pesando en mis asuntos cuando esa z.. cuando Liza llegó y comenzó a decirme cosas hirientes. Me levanté a encararla pero ella me dio con la mano. Entonces yo comencé a defenderme y acabamos en una pelea. – dijo con voz de niña inocente, cuanto odiaba que la gente se comportara así…
- ¡Eso no es verdad!.
- Silencio señorita Diermissen. – me ordenó el director con voz tajante. – Lea, tú estás bien, ¿no?
- Si, gracias. – dijo asintiendo. 
- En ese caso ya puedes irte. Y tú. – dijo refiriéndose a mí. – llamaré a tu padre. Tengo que hablar con él sobre esto. – se me heló la sangre... él no podía… yo no quería que viniese… 
- ¡No, no! ¡No le diga nada, por favor! Él, él está de viaje.. si, un viaje muy, muy importante y se molestará con migo si…
- No discuta conmigo señorita Diermissen. – vaya se había acordado… ¡pero ese no era el punto! Lo importante aquí era que ese horrible hombre que tenía en frente le diría a mi padre, otro horrible hombre, que viniese a hablar con él. ¡Y es que no podía hacer eso! no podía adelantar las cosas. Yo estaba preparada para recibirlo dentro de dos semanas… pero si le llamaba… no, no y no. 
- Pe..pero no… la pelea no fue culpa mía. ¡Lea dijo sólo mentiras!. – dije apuntando a mi lado donde se suponía que ella estaría. En ese momento me di cuenta de que Lea ya no seguía en la habitación. – por favor no lo haga. – le rogué, y es que con tan solo pensar en mi padre me entraban ganas de llorar. 
- Debo hacerlo. Es por su bien. Su comportamiento no ah sido el apropiado. – ¡¿Pero a caso no se daba cuenta que no era por mi bien?! ¡Me estaba lanzando a la jaula de los leones! Y encima yo no había hecho nada.
- Por favor. 
- Ya puede retirarse.
- Pero.. 
- Ahora. – Me estaba echando… que insoportable era ese hombre… sí tan solo tuviera el poder de matar con la mirada… 
- ¡Por favor! – le rogué por última vez. Sabía que él no cambiaría de opinión. Pero no perdía nada con intentarlo.
- Salga de aquí ahora mismo si no quiere un castigo. – me dijo con voz severa. Me levanté del asiento y salí de allí mordiéndome el labio inferior para reprimir el sollozo que luchaba por salir de mi garganta. Esto era terrible. No sé cuanto más podría aguantar… necesitaba una fortaleza... alguien que me ayudara con todo esto… 

Al abrir la puerta me choqué con otra persona… y es que hoy había pasado tantas cosas que lo único que quería era volver a mi habit.. no, a la azotea. No quise levantar la vista, estaba segura de que era otra mala noticia… me hice un lado para pasar, ya que la persona no se movía. Pero al hacerlo, esa persona me cogió de la mano y me giró hacia… él. Era Bill. Mi salvación. Mi cara debía estar descompuesta, puesto a que su expresión de congeló. No dijo nada más y me hundió en su pecho con un abrazo. 
- Yo no iré. Tom, tu habla por mí con el director y luego me dices que tal. – escuché decir a Bill.
- Bill, necesitamos que esté aquí. – era una voz diferente, como de alguien mayor. 
- Lo siento, no puedo. – Dijo despidiéndose de Tom y esa otra persona cuya voz no conocía. Caminó conmigo abrazada hasta salir a los pasillos del internado. Una vez allí me cogió en sus brazos, como a un bebé y me besó la frente. Era difícil imaginar a Bill cogiendo a alguien tan grande como yo… bueno, en realidad no tan grande: Yo no llegaba al metro sesenta y según Bill, pesaba tanto como una pluma… - ¿Qué pasó, mi amor? – preguntó con voz suave mientras comenzaba a caminar. Me había llamado “mi amor”… Mi única respuesta fue un sollozo ahogado saliendo de mi garganta. Él me apretó más contra su cuerpo. – No llores, cariño. Por favor… 
- N.. no.. p.. – esas letras, que no alcanzaban a ser silabas, fue mi única respuesta ante su petición ya que ahogué las palabras en mas sollozos y lágrimas. Y no era para menos sabiendo lo que me esperaba… 
- ¿Qué ocurrió, preciosa..? – me besó el cabello repetidas veces mientras que con una de sus manos me acariciaba la espalda. Me imaginé a todo el mundo mirándonos y sollocé más fuerte. ¿Me ganaría mas enemigas como Lea? Seguro que si…
Bill seguía caminando por el internado en dirección a no sé donde. No veía nada, ya que tenía mi cara enterrada en su pecho. Pero tampoco me apetecía ver…
Tenía un listado grande de problemas que resolver y no sabía por cual comenzar. Creo que lo mejor era calmarme y contarle a Bill lo de Lea, para luego… eso. Entonces ya me quitaría un problema… aunque le sumaría uno mucho más grande… pero eso tendría recompensa para Bill: sería feliz con la chica que merecía. Sinceramente, no quería que Bill estuviera con otra chica… que egoísta de mi parte. 
Qué podría hacer con lo de mi padre… lo único que se me venía a la mente era huir del internado e iniciar una vida como vagabunda y limosnera. Vale, no… me pondría a trabajar en algo, no sé.
Estaba segura de que algo se me ocurriría de aquí a mañana.
La comida. Se sumaba a los problemas. ¡Y es que no podía tener nada en mi estómago que ya quería expulsarlo de allí! Necesitaba aprender a comer…
No me di cuenta cuando Bill se detuvo y me dejó sobre una superficie blanda. No lograba distinguir nada ya que mis ojos estaban nublados, pero logré identificar que era una cama. Estábamos en su habitación.
- Bill. – le llamé. No quería que se separara de mí, lo necesitaba. 
- Aquí estoy, Liza. – me protegió con su brazos nuevamente. Supuse que se había tumbado a mi lado…
- No me dejes. 
- No lo haré… – me susurró para luego besarme nuevamente en el cabello. – ¿Qué pasó, amor?... puedes decírmelo si quieres, bonita. – yo negué con la cabeza mientras me aferraba a él con fuerza… quería calmarme antes de hablar. Sentí como acariciaba mi espalda con sus manos. – Te quiero, te quiero, te quiero… más de lo que te imaginas… - me susurró. Yo le besé el pecho. – Vamos, cálmate cariño… - entonces comenzó a tararearme una canción. Era la primera vez que le oía cantar… bueno, cantar, cantar, no. Pero si algo parecido. Su voz era tan dulce… y estaba llena de cariño. Que junto con sus besos y caricias en mi espalda, me ayudaban a cerrar los ojos y dejar de llorar... era la primera vez que alguien me cantaba una canción para dormir. Entremedio de la “canción” me susurraba palabras de consuelo y de cariño.
Se sentía realmente bien estar así con alguien… era una experiencia nueva para mí. Y es que con él todo era nuevo… y podía descubrir cosas…
- Bill... – dije cuando ya había podido controlar mis sollozos. Bill dejó de “cantar”.
- ¿Si, mi amor? 
- Tengo sueño… - el rió bajito y luego levantó mi rostro con una de sus manos.
- Duerme.
- Te quiero. – dije en un murmullo casi inaudible. El acercó mi rostro al suyo y juntó nuestros labios con una delicadeza infinita…
- Yo más… ahora duérmete. Mañana será otro día… y… ya me contarás todo. Yo te ayudaré a solucionarlo y todo estará bien.
- Gracias.. – el comenzó a tararear la misma canción. Yo bostecé y me acomodé en su pecho hasta quedar en la mejor posición… luego cerré los ojos, los músculos de mi cuerpo se relajaron poco a poco… hasta que caí en un profundo sueño. 

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