22 febrero, 2012

Capítulo 7 /Sacred









                                           Capítulo 7

Desperté e un lugar extraño. No pude ni identificar el olor, ni nada que pudiera verse debido a la oscuridad que había allí. Definitivamente yo no encajaba allí… me quedé en el lugar ordenando los sucesos de la noche anterior…. Lidia y Tom en la habitación… luego había ido con Alex.. y luego a la azotea, donde había conversado normalmente con Bill, sin ninguna case de insultos… me había dormido con él.. entonces el debería estar aquí…

- Bill.. – le llamé en un susurro.
- ¿Que..? – respondió una voz adormilada y grave que provenía de mi lado.
- ¿Bill, eres tu?.
- Si… - contestó en el mismo tono. 
- ¿Dónde estoy? – dije mientras palpaba unas sábanas debajo mía.
- ¿En mi habitación.
- ¿Me has traído aquí?, ¿Cómo lo has hecho? - en ese momento pude ver una luz proveniente de un lugar cerca de mi. Y una vez mis ojos se hubieron acostumbrado, pude ver que Bill sosteniendo un móvil.
- Digamos que… no pesas nada. – y otras vez con lo mismo. Por que mierda toda la gente me decía que estaba delgada?. No era así y nunca lo fue. ¿A caso el mundo me quería ver como una ballena o un lobo de mar?. Eso yo no lo soportaría. No soporto a todos contra mi… vale, dicen que se preocupan por ti y todo eso. ¿Pero saben que?, creo que eso es totalmente ridículo, ellos solo quieren verte gorda y lucir sus perfectos cuerpos delgados.. no es justo.
- ¡Bah! . –bufé y me levanté de la cama, pasando por encima de sus piernas. – ¿Donde está el interruptor de luz?.
- En la pared del lado de la puerta. 
- ¿Donde está la puerta?
- ¿No sabes buscar nada?. – sentí el suido que hacía al levantarse de la cama, caminaba a tropezones por la habitación. Pasó por el lado mío y encendió la luz. Mis ojos se cerraron al instante, parpadeé varias veces para acostumbrarme.. y entre parpadeo y parpadeo, pude ver a Bill en ropa interior con los brazos estirados y bostezando.
Luego me miré a mi misma. Estaba en pijama…
- ¿Dónde está mi abrigo?. – Bill señaló con la cabeza hacia el escritorio. Volví la vista hacia allí, y encima de la silla giratoria, estaba mi abrigo, con el par de zapatillas debajo. – gracias. – los cogí y me los puse ante la atenta mirada de Bill. Para luego acercarme a él. Besarle en la mejilla y diciendo un simple: -Adios. – salir por la puerta casi corriendo mientras sentía como las mejillas me ardían con fuerza.

Pasé por los pasillos mucho más colorada, ya que todos me habían visto con esas pintas que traía, y encima saliendo de la habitación de Bill. 
Entré en mi habitación rápidamente y agradecí a todo lo que se le agradeciera, que no estuvieran allí Lidia y Tom. Pero estaba Andy…

- ¿Dónde estabas? ¿Por qué te has ido? ¿ no te das cuenta de que me has dejado sola con personas que no conozco?. – yo tragué saliva… Andy nunca ah sido de esas personas que se enojan por cualquier cosas, pero cuando se enojaba…
- Pu..pues estaba en la azotea.. – reí nerviosa. – ¡y vamos! Que no te he dejado sola con desconocidos, es mi primo y su novia.
- ¿No te das cuenta la vergüenza que pasé? Estuve toda la tarde de sujeta velas de la parejita esa – dijo levantándose de la silla del escritorio dónde segundos antes había estado sentada.
- ¡No te enojes, Andy! – casi le rogué.
- Que sepas que estoy enfadada contigo.. – se cruzó de brazos y volvió a su puesto en es escritorio. Resoplé y caminé hacia las bolsas de compras de ayer. Las abrí una a una y examiné la ropa… decidí que me pondría unos jeans entubados color azul claro, con una camiseta rosa y blanca de cuello subido y mis nuevas converse color rosa desteñido. 
Caminé hacia el baño, abrí el grifo y me metí dentro.
No podía entender lo que estaba pasando con Bill..¿Por qué a veces se comportaba de una manera tan brusca y prepotente conmigo, y luego era el chico mas caballero y amable del mundo?. Es que realmente era extraño… el hacía que yo sintiera cosas que ni siquiera sabían que existían… hacía que el pulso se me acelerara, y se me cortara la respiración con tan solo viéndolo sonreír. Y que me sonrojara al estar cerca de él… 

Cerré el grifo mientras seguí hundida en mis pensamientos, me envolví con la toalla para secarme y salí de allí. Me puse la ropa interior y me miré en el espejo del baño… por que mi aspecto no mejoraba?. Yo hubiese sido la chica mas feliz del mundo si tan solo hubiera notado una pequeña diferencia en mi cuerpo.. pero no.. estaba igual…
Me vestí con la ropa que había elegido hacía un rato. Me sequé el cabello y me arreglé el fleco. Observé como iba mi piercing y luego salí del baño.

- ¿Estabas sola en la azotea?. – me dijo en cuanto abrí la puerta.
- N… si.
- Sabes que no te creo nada..
- Allá tu.. – dije para luego salir de la habitación dando un portazo.

Me dediqué a caminar por el internado, aburrida y cansada de siempre ver lo mismo y hacer lo mismo.. mi vida era tan monótona y aburrida, que lo único que podía salvar de ella era las personas que me rodeaban.. ellas si tenía una vida y creo que yo era parte de esas vidas, al igual que esas personas era parte de la mía. 
Quedaban dos semanas para que llegara mi padre. No quería que pasaran esas dos semanas.. el siempre venía por mi al internado.. me sacaba de clases y me llevaba a casa.. un vez allí… no lo quisiera recordar… aunque lo peor venía luego… tenía que quedarme a lo menos una semana encerrada allí sin poder salir y encima aguantando a mi padre por la casa. Odiaba eso.. odiaba tener que ser siempre la víctima de todo. No me gustaba.. no me gustaba dar pena ni nada. La gente podría simplemente tratarme con una persona. ¿era mucho lo que pedía?. Pues mientras yo siguiera sin enfrentarme a los problemas sería igual… 
¿Pero que podría hacer yo? ¿Una chica de 16 años?, absolutamente nada.. nadie me escucharía.

Llegué a un banco y me senté.. observé a todos los que pasaban por allí. Todos sonreían y estaba totalmente felices.. a veces creía que la persona mas desdichada del mundo era yo..aunque en estos momentos estaba segura de que no. La persona mas desdichada del mundo era mi padre, él no tenía a nadie… ni esposa, ni hijos.. ni padres, y dudo mucho que tuviese amigos. 
En cambio yo.. al menos tenía amigos.. y me querían, o eso aparentaban hacer..
No soportaba ver como la gente se reía y disfrutaba de su vida…
Me levanté del banco. No había estado sentada allí ni cinco minutos, pero no quería seguir en ese lugar. 
Buscaría a Tom. Quizás, como él era el gemelo de Bill, sabría lo que planeaba…
Recorrí el internado completa buscándolo.. pero no estaba en ninguna parte.. quizás Lidia sabía algo de él…
Saqué el móvil de mi bolsillo y busqué el número de Lidia en la agenda. Una vez lo encontré, le di al botón verde.. al instante alguien contestó.

- ¿Hallo?
- ¡Lidia!
- Si, querida. ¿Qué quieres?
- ¿Sabes dónde está Tom?
- Pues estoy con él ahora… estamos en un parque de.. diversiones.. – rió.
- Siento molestarlos.. 
- No te preocupes… ¿Quieres hablar con él?
- No… no se molesten, no es muy importante.
- Dame, que yo hablo.. – escuché una voz mas alejada.
- Tom quiere hablar.. adiós cariño..
- Adiós.. 
- ¡Hallooo! – escuché al instante..
- Tom, necesito hacerte una pregunta.
- Dime..
- Me da un poco de vergüenza..
- Dilo ya.. recuerda que tu sigues siendo mi amiga.
- Claroo.. – bufé..
- Venga ya.. dime.
- Pu..pues.. no se lo digas a nadie…
- Confía en mí…
- Esto… quiero saber sobre Bill. – le susurré.
- ¡¿SOBRE BILL?!. – gritó del otro lado de la línea.
- Vamos, un poco mas fuerte que los de saturno no te han oído…
- Lo siento.. – se quedó en silencio unos segundos. – ¿Qué quieres saber sobre él?.
- S.. si planea algo.. o que se yo… no se.
- ¿Tú quieres saber algo sobre Bill que te involucre a ti, no?. – yo asentí.. que tonta.. el no me veía.
- Si.
- Pues se rumorea que anoche dormiste en su habitación.
- ¿¡ QUE?!
- Si.. la perdedora del colegio con el chico mega popular. – dijo con voz de reportero. – ¡No es tan terrible!, ahora te saludarán por los pasillos.. ¡y lo más probable es que todas las chicas quieran ser tus amigas!
- Pero yo no quiero eso.. se supone que yo odio a Bill. 
- ¿Entonces por qué dormiste en su habitación?
- La mía estaba ocupada por unos cerdos..
- Oh, lo siento.
- Como sea... ¿sabes algo más?
- no sé si debería decirte…
- ¿Decirme el qué?
- Creo que es privado.. esto… ya nos toca el turno en la montaña rusa.. ¡adiós! – colgó.

Genial.. ahora, a parte de que todo el internado sabía que había dormido en la habitación de Bill, tenía una gran duda, quería saber ya lo que Tom me quería decir.. no sé por que lo hice.. pero seguí mis impulsos…
Salí de la habitación dando grandes zancadas. Y subí por las escaleras al segundo piso… caminé por el pasillo mientras sentía como todas las miradas se posaban en mi espalda, hasta llegar a la puerta de la habitación que buscaba.
Piqué la puerta.. y unos segundos después se abrió.

- ¿Que quieres? – su voz no tenía expresión ni sentimiento alguno.. era fría y cortante.
- Vine a hablar contigo.. – Bill miró hacia el interior de la habitación, hizo un gesto con la cabeza que no logré entender, y 5 segundos mas tarde, un chico rubio y pálido, iba saliendo de la habitación con expresión entre sonriente y pícara.
- Pasa. – dijo aún con ese tono de voz que daba miedo. Se apartó de la puerta y caminó hacia un de las camas. Se sentó. – ¿Vas a pasar o te quedarás allí parada?. – este chico cada vez me daba mas miedo… pasé dentro de la habitación cerrando la puerta tras mi paso. Caminé hacia la cama de enfrente a la que él estaba y me senté. Estábamos los dos frente a frente.. jamás me había imaginado una situación tan tensa como esa… - ¿De qué quieres hablar?.
- So.. sobre… - esa no era yo. Cogí aire llenando mis pulmones y luego le dije con voz desafiante. – ¿Qué planeas Kaulitz?
- ¿Yo? Nada.
- ¿Y esperas que te crea?
- Si. – el aguantaba mi mirada, al igual que yo aguantaba la suya.. no me gustaba este juego de las miradas, yo siempre perdía..
- No estoy jugando, Kaulitz.
- Yo tampoco. – me mordí el labio inferior. Ya no lo soportaba.. finalmente aparté la vista hacia la ventana. 
-Dime por qué eres así conmigo. – le reté.
- ¿Así como..?
- Así. – le volví a mirar.
- No comprendo…
- Como a veces eres la mejor persona del mundo.. y otras.. eres.. así. – luego de decir eso bajé la mirada rápidamente, no quería ver la expresión de su cara… 
- Digamos que… son situaciones diferentes. 
- Realmente no se cual es la diferencia…
- Tú no me tratas de la misma forma aquí que en la azotea. – pude sentir un poco de amargura en su voz.
- Es porque tú me tratas mal, Bill. – le miré nuevamente, el seguía mirándome. 
- ¿No me llamas Kaulitz?
- Quiero… estar en paz contigo. – vaya, eso había costado mucho decirlo…
- A mi me divierte la situación en que estamos. – sonrió. Pude notar que la sonrisa era falsa.
- Te seré sincera.. a mi no. 
- Pues te jodes. – se tumbó hacia atrás en la cama.
- ¡Hey! ¡No me dejes hablando sola!. – el rió por lo bajo y luego me dijo:
- Di lo que quieras.. yo te escucho.
- Bien… - dije con tono enojado. – para empezar, no se por qué estoy aquí. Fue solo un impulso.. una tonta idea que se me vino a la cabeza. porque creí que tu serías más maduro.. y al menos me recibirías como a una persona, no se… creí que podríamos hablar y arreglar nuestras diferencia.. pero no.. tu allí tumbado haciendo como que me escuchas. Estúpido egocéntrico. – le espeté, él ni se inmuto. – desde un principio, creí que siempre seguirías siendo para mí él típico chico odioso que te trata mal y ofende.. pero ¿no entiendes que ahora es diferente?. Tu.. claro, sigues igual que siempre… y yo sigo siendo lo mismo para ti: La perdedora del colegio. Vale, siempre lo eh sido y siempre lo seré.. no tengo cuerpo de modelo, personalidad perfecta y mucho menos una vida. – cogí aire. – pero no es justo que por ser como soy, me trates mal.. como si fuese una niña a la cual no hay que escuchar.. aunque pida a gritos que la saquen del lugar en el que está.. tu haces oídos sordos a eso. ¿ Y sabes por que te digo esto, Bill Kaulitz?. Por que creo que en el poco tiempo que llevo conociéndote, allí arriba en la azotea.. me has hecho experimentar cosas que jamás creí que experimentaría.. la confianza, la superioridad, la esperanza… y una cosa mucho más importante… el a… 
- Cállate. – me cortó con voz fría.
- No me callo, Bill. Déjame terminar.
- Te pido por favor, que no lo hagas… - podía notar su desesperación en la voz.
- Me callo.. solo si me… - no, no podía pedírselo.. el me rechazaría.
- ¿Si me…? – dijo incorporándose en la cama.
- Si me das un abrazo… - no pude soportarlo más.. mi cuerpo comenzó a temblar y de mis ojos comenzaron a caer lágrimas.. había estado tan cerca de decírselo… y no lo había conseguido… quizás.. si hubiera sido mas directa...
- Ven aquí. – extendió los brazos y me abrazó, mientras se levantaba y se sentaba junto a mi en la cama. – No llores. por favor.. no llores.. – me susurró con voz.. ¿dulce..? . mi cuerpo seguí temblando. Él acaricio mi cabello con sus delgadas manos mientras me apretaba aún más a él. – Llorar no sirve de nada, Liza… mejor intenta mejorar las cosas.
- Era… lo.. que intentaba.. hacer. – dije entre sollozos. El me abrazó más fuerte.
- Con migo no podrás mejorar nada.. es más.. todo empeoraría.
- Tú no sabes nada.. – lloré mas fuerte..
- No, no lo sé.. pero..
- Pero nada.. no vale la pena seguir aquí.. – me levanté bruscamente de la cama, dejando Bill allí sentado y con la cara descompuesta y llena de extrañeza. – ya nos veremos. Adiós, Bill.

Salí de la habitación sin siquiera cerrar la puerta…
Había entrado allí con ganas de arreglar todos, de averiguar las razones que el tenía para tratarme así, y había salido peor que antes. Sólo tenía ganas de terminar con esto.. con mi vida, mis conflictos y mis penas. No sabía que hacía en el mundo una persona como yo.. una asesina.. incluso antes de tener conciencia había matado a alguien… y ahora me mataba a mi misma poco a poco. Y no podía controlarlo, era totalmente imposible.
Seguí caminando por el pasillo esquivando a todos los que estaban por allí. Y antes de llegar a las escaleras me choqué con algo.. o alguien, bueno no importa.
La cosa es que el choque fue tan fuerte que acabé sentada en el piso.. 
Levanté la vista para poder ver a la persona con quien había chocado. Era un chico rubio, pálido y se veía alto desde la posición en que yo estaba. Lo observé mas detenidamente y descubrí que era el mismo chico que había salido de la habitación de Bill unos minutos antes… mis mejillas tomaron un color rojo encendido.
- Los siento. ¿Te has hecho daño?. – Yo negué con la cabeza, moviendo la boca en un “no” mudo. – Soy Andreas. Tu Elizabeth, ¿no?. – Me extendió la mano, yo se la cogí y con su ayuda me levanté.
- Si. Un gusto, Andreas. – Le sonreí falsamente, la verdad no tenía ganas de sonreír… ¿para que?, yo creía que las sonrisas solo arreglaban el rostro para que se viese mas bonito. Pero en mi caso ni siquiera con la sonrisa mas grande y blanca del mundo podría arreglar mi rostro. 
- ¿Eres amiga de Bill? – … ¿Y ahora que le decía?
- No exactamente. – el chico me miró con duda. Yo le sonreí – No lo entenderías… Ahora, si me disculpas…
- ¡Oh! Si, claro. – se movió hacia un lado dejándome espacio para pasar. Que caballero y buen chico era. 
- Adios, Andreas. 
- Adios, y mira por donde vas, Elizabeth. No te vayas a caer. – rió burlón. Yo le miré con un falso enfado mientras bajaba por las escaleras y a él no se le borraba esa sonrisa del rostro. 
Bajé al primer piso, donde estaban las aulas y la cafetería. Tenía ansias y unas ganas de comer difíciles de soportar. Atravesé el montón de gente que había en la cafetería, ya que era hora de la comida… empujé a la chica que estaba primero en la fila y me puse en su lugar. Sin dejar hablar a la “señorita” que atendía el sector de postres, pedí la orden.
-Quiero cinco pastelillos de chocolate, una docena de galletas, un helado triple, cuatro trozos de pie de limón, dos de pastel y unas malteada de chocolate extra grande… ¡ah! Y también una de caramelo. Por favor.. y lo más rápido posible.
- Está bien, chica. Pero todo esto se te cobrará en la mensualidad del internado. - ¿Y a mi que con la mensualidad?. Yo no la pagaba, era mi padre quien se encargaba de eso. A parte… lo que yo no comía en el mes, lo remplazaba con estos atracones que me daba de vez en cuando.
- Si, claro. Pero dese prisa, ¿quiere? - Me miró con mala cara y comenzó a preparar mi bandeja – lo quiero en una bolsa, por favor. – La señora resopló y sacó una bolsa de papel de la parte de abajo del mesón…

Prácticamente corrí hacia mi habitación, esquivando a todo quien se me cruzara por el camino. Comprobé que no hubiera nadie y cerré la puerta con llave. Me deslicé hasta quedar sentada en el suelo y luego abrí la bolsa con ansias.. las manos me temblaban al igual que todo mi cuerpo. El deseo y las ganas de atragantarme de comida eran superior a mi, ya no lo soportaba.
Cogí una galleta y me la llevé rápidamente a la boca. La mastiqué unas tres veces y luego la tragué… y así con la siguiente y la siguiente, y la siguiente… hasta que la bolsa llena de comida quedó totalmente bacía. Sabía que era lo que vendría ahora.. y era lo peor: La culpabilidad… comencé a llorar desesperada mientras me dirigía al baño con la vista borrosa. Cogí una botella que había por el camino y la llevé conmigo.
Una vez allí llené la botella.
Me sentía terrible, sucia y desesperada. Lo único que quería era sacar todo lo que estaba dentro de mi estómago. Bebí toda el agua de la botella y la volví a llenar para beberla nuevamente. Y así seguí hasta que me entraron ganas de vomitar.
Después de asegurarme de que no quedara rastro de comida dentro de mi, limpié el baño, abrí las ventanas y salí de allí con los ojos llorosos. Llegué a mi cama y me tumbé boca arriba con los brazos estirados a lada lado de mi cuerpo…
¿Por qué hacía eso?, que caso tenía comer, comer y comer, ¿si al final todo acababa en el cuarto del baño?. No pude evitar sentirme mal por ello, y odiarme por permitirme llegar a tal punto. Definitivamente no estaba bien. Pero no lo iba a reconocer, tampoco iba a buscar ayuda…
No podía comprender como ese lado “malo” de mi cabeza se apoderaba poco a poco del lado racional y de la lógica…
Decidí no seguir dándole vueltas al asunto.
Busqué mi libreta de pensamientos entre el resto de mis libros de estudio. Abrí una página en blanco y comencé a anotar frases que se me venían a la cabeza… 
No importa nada… 



…Las ideas son firmes…
El murmullo suave de la muerte te trae la paz…
… muero poco a poco
Vuelvo a perderme en esa nada, que es todo para mi… 

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