Capitulo 9
Cogí una galleta y me la llevé lentamente a la boca. La mastiqué igual que la anterior: Lenta y costosamente. Y luego la tragué. Bill me miró sonriendo, luego cogió mi taza de leche y me la acercó…
- No Gracias, Bill.
- Por lo que más quieras… por favor. – Yo no sabía qué era lo que más quería. Incluso nuca lo supe…. Aún así, cogí la taza y bebí un poco de leche. No me gustó… hacía tanto tiempo que no la probaba que el sabor se me hacía extraño. Hice una fea mueca.
- Acabo de recordar que no me gusta la leche…
- Bien. – dijo mientras se levantaba de su asiento. - ¿Cuál es tu fruta preferida?
- Emm.. emmm… me gustan las… no lo sé.
- Ya veré yo de que traigo. Tú come las galletas… - Asentí. – No se te vaya a ocurrir tirar la comida... – me advirtió y seguidamente se dio media vuelta y fue a pedir… no lo sé. Algo de frutas, supongo.
Cogí una galleta con una mano, y luego otra. Las junté mientras hacía un sonido de un beso con los labios y luego me las comí al mismo tiempo. Juntas tenían mejor sabor… me reí de mi misma... que tonta podía llegar a ser a veces…
Luego llegó Bill, con una sonrisa en la cara y un vaso con un líquido naranjo.
- ¿De qué es?
- Naranja. Ten. – me lo pasó y luego se sentó. Cogió su taza de leche y bebió un poco mientras me miraba. – Te lo bebes todo. – yo asentí y me llevé el vaso a la boca. Le di un largo sorbo, y luego lo dejé sobre la mesa.
- Delicioso... – dije mientras pasaba la manga de mi jersey sobre la boca. Bill sonrió aún mas, quizás que cosas se le pasaban por la cabeza.
- Veo que has comido galletitas.
- Si. – dije feliz. Al menos lo estaba por ahora, mi estómago lo estaba. Ni siquiera quería pensar en qué situación me encontraría al estar sola en mi habitación frente al espejo.
- Pero aún te quedan.
- Lo sé… espera un poco, que ya me las como. – cogí otra galleta y me la comí. Solo quedaban do.
- ¿Te parece ir a la azotea?-me preguntó.
- ¿No te parece que luego tendríamos que volver a clase? – Bill negó con la cabeza.
- No me apetece… y no quiero estar solo. – le dio otro sorbo a su leche.
- Entonces vamos.
- Allí hablamos, ¿Quieres? – yo asentí mientras bebía un poco mas de ese exprimido de naranja que Bill me había traído.
- Pero primero pasamos por mi habitación. Debo pagarte esto.
- No es necesario.
- En ese caso, yo pagaré el almuerzo….
- NO, no. Si hicieras eso me harías sentir mal... no arruines mi oportunidad de ser un caballero.-¡Qué lindo!
- Ok. – reí. – ya terminé, caballero. Y me apetece salir de aquí.
- Muy bien. – dijo levantándose de su asiento y caminando hacia el mío. – Puede levantarse, señorita. – cogió mi silla y la retiró echándola hacia atrás.
- Gracias. – le seguí el juego. Bill puso su brazo en forma de jarra y yo me agarré a él.
Que divertido era estar con Bill cuando no peleábamos. Nunca me imaginé que él sería así... Era simplemente increíble… lo único que quería era decirle lo genial e increíble él que era.
Caminamos por el internado hasta llegar a su habitación. Entramos allí. Bill se dejó caer sobre la cama y me invitó a tumbarme a su lado.
- Creía que iríamos a la azotea.
- No hasta después de almorzar. ¿Recuerdas lo que había que hacer?..
- Si, mira: Yo almuerzo contigo y tú me dices porqué me odias, entonces yo podré ir a la azotea, y tú me dirás la razón de tu comportamiento... y finalmente... te podré perdonar lo de ayer.
- ¡Que lista que es mi chica!. – dijo con voz tierna mientras me agarraba de las mejillas. Esperen... ¿Su chica?.
- Obvio. – me limité a decir mientras sentí como me iba poniendo cada vez mas colorada.
- ¿Qué te apetece hacer?. – dijo aún con sus manos en mi cara.
- No sé. Cántame una canción. – Bill me miró divertido.
- Ya te dije que algún día lo aré.
- ¿No puede ser ahora?
- No.-Soltó una risita.
- Por favor. – le rogué haciendo un puchero.
- No, quiero que cuando te cante una canción quedes impresionada... ahora no estoy preparado. --- ¡Vamos! Que quedaré impresionada de todas maneras!. – supliqué.
- No.
- ¡Malvado!. – dije con voz de niña pequeña. Separé sus manos de mi cara y me crucé de brazos con un falso enojo.
- Que linda eres… - susurró riendo.
- ¿Yo? ¡Já! – Vale, que me ponía nerviosa cuando decía esas cosas…
- Si… - se cayó unos segundos y luego continuó. – ¿sabes? Cuando vayamos a la azotea... todo va a ser diferente. Probablemente te enfades conmigo.
- ¿Por qué? – pregunté extrañada. ¿Y a que venía eso?.
- Cuando sepas la razón de mi comportamiento… no te caeré muy bien que digamos…
- ¿Pero después de que me lo digas me tratarás bien?.
- Supongo.
- Entonces... No me enfadaré. – reí traviesa y me levanté de la cama. Comencé a dar saltitos por la habitación, ante la mirada de Bill. – ¡Estoy feliz!
- ¿Por qué?- rió.
- ¡No lo sé! ¿Qué es esto?. – vi sobre el escritorio un cuadernillo abierto. Estaba escrito y con unas partes ralladas.
- Nada. – se levantó rápidamente de la cama y caminó hacia el escritorio. Cogió el cuadernillo y lo cerró. – es privado.
- Ah… yo igual tengo una libretita de cosas privadas. – me senté sobre la silla de el escritorio y comencé a girar. – eres genial Bill. Ven, gira conmigo. – Ok, lo sé, me estaba comportando con una niña pequeña. Bill sonrió y se me acercó.
- Córrete. – yo le obedecí y le hice un lugar en la silla.
Cogí una galleta y me la llevé lentamente a la boca. La mastiqué igual que la anterior: Lenta y costosamente. Y luego la tragué. Bill me miró sonriendo, luego cogió mi taza de leche y me la acercó…
- No Gracias, Bill.
- Por lo que más quieras… por favor. – Yo no sabía qué era lo que más quería. Incluso nuca lo supe…. Aún así, cogí la taza y bebí un poco de leche. No me gustó… hacía tanto tiempo que no la probaba que el sabor se me hacía extraño. Hice una fea mueca.
- Acabo de recordar que no me gusta la leche…
- Bien. – dijo mientras se levantaba de su asiento. - ¿Cuál es tu fruta preferida?
- Emm.. emmm… me gustan las… no lo sé.
- Ya veré yo de que traigo. Tú come las galletas… - Asentí. – No se te vaya a ocurrir tirar la comida... – me advirtió y seguidamente se dio media vuelta y fue a pedir… no lo sé. Algo de frutas, supongo.
Cogí una galleta con una mano, y luego otra. Las junté mientras hacía un sonido de un beso con los labios y luego me las comí al mismo tiempo. Juntas tenían mejor sabor… me reí de mi misma... que tonta podía llegar a ser a veces…
Luego llegó Bill, con una sonrisa en la cara y un vaso con un líquido naranjo.
- ¿De qué es?
- Naranja. Ten. – me lo pasó y luego se sentó. Cogió su taza de leche y bebió un poco mientras me miraba. – Te lo bebes todo. – yo asentí y me llevé el vaso a la boca. Le di un largo sorbo, y luego lo dejé sobre la mesa.
- Delicioso... – dije mientras pasaba la manga de mi jersey sobre la boca. Bill sonrió aún mas, quizás que cosas se le pasaban por la cabeza.
- Veo que has comido galletitas.
- Si. – dije feliz. Al menos lo estaba por ahora, mi estómago lo estaba. Ni siquiera quería pensar en qué situación me encontraría al estar sola en mi habitación frente al espejo.
- Pero aún te quedan.
- Lo sé… espera un poco, que ya me las como. – cogí otra galleta y me la comí. Solo quedaban do.
- ¿Te parece ir a la azotea?-me preguntó.
- ¿No te parece que luego tendríamos que volver a clase? – Bill negó con la cabeza.
- No me apetece… y no quiero estar solo. – le dio otro sorbo a su leche.
- Entonces vamos.
- Allí hablamos, ¿Quieres? – yo asentí mientras bebía un poco mas de ese exprimido de naranja que Bill me había traído.
- Pero primero pasamos por mi habitación. Debo pagarte esto.
- No es necesario.
- En ese caso, yo pagaré el almuerzo….
- NO, no. Si hicieras eso me harías sentir mal... no arruines mi oportunidad de ser un caballero.-¡Qué lindo!
- Ok. – reí. – ya terminé, caballero. Y me apetece salir de aquí.
- Muy bien. – dijo levantándose de su asiento y caminando hacia el mío. – Puede levantarse, señorita. – cogió mi silla y la retiró echándola hacia atrás.
- Gracias. – le seguí el juego. Bill puso su brazo en forma de jarra y yo me agarré a él.
Que divertido era estar con Bill cuando no peleábamos. Nunca me imaginé que él sería así... Era simplemente increíble… lo único que quería era decirle lo genial e increíble él que era.
Caminamos por el internado hasta llegar a su habitación. Entramos allí. Bill se dejó caer sobre la cama y me invitó a tumbarme a su lado.
- Creía que iríamos a la azotea.
- No hasta después de almorzar. ¿Recuerdas lo que había que hacer?..
- Si, mira: Yo almuerzo contigo y tú me dices porqué me odias, entonces yo podré ir a la azotea, y tú me dirás la razón de tu comportamiento... y finalmente... te podré perdonar lo de ayer.
- ¡Que lista que es mi chica!. – dijo con voz tierna mientras me agarraba de las mejillas. Esperen... ¿Su chica?.
- Obvio. – me limité a decir mientras sentí como me iba poniendo cada vez mas colorada.
- ¿Qué te apetece hacer?. – dijo aún con sus manos en mi cara.
- No sé. Cántame una canción. – Bill me miró divertido.
- Ya te dije que algún día lo aré.
- ¿No puede ser ahora?
- No.-Soltó una risita.
- Por favor. – le rogué haciendo un puchero.
- No, quiero que cuando te cante una canción quedes impresionada... ahora no estoy preparado. --- ¡Vamos! Que quedaré impresionada de todas maneras!. – supliqué.
- No.
- ¡Malvado!. – dije con voz de niña pequeña. Separé sus manos de mi cara y me crucé de brazos con un falso enojo.
- Que linda eres… - susurró riendo.
- ¿Yo? ¡Já! – Vale, que me ponía nerviosa cuando decía esas cosas…
- Si… - se cayó unos segundos y luego continuó. – ¿sabes? Cuando vayamos a la azotea... todo va a ser diferente. Probablemente te enfades conmigo.
- ¿Por qué? – pregunté extrañada. ¿Y a que venía eso?.
- Cuando sepas la razón de mi comportamiento… no te caeré muy bien que digamos…
- ¿Pero después de que me lo digas me tratarás bien?.
- Supongo.
- Entonces... No me enfadaré. – reí traviesa y me levanté de la cama. Comencé a dar saltitos por la habitación, ante la mirada de Bill. – ¡Estoy feliz!
- ¿Por qué?- rió.
- ¡No lo sé! ¿Qué es esto?. – vi sobre el escritorio un cuadernillo abierto. Estaba escrito y con unas partes ralladas.
- Nada. – se levantó rápidamente de la cama y caminó hacia el escritorio. Cogió el cuadernillo y lo cerró. – es privado.
- Ah… yo igual tengo una libretita de cosas privadas. – me senté sobre la silla de el escritorio y comencé a girar. – eres genial Bill. Ven, gira conmigo. – Ok, lo sé, me estaba comportando con una niña pequeña. Bill sonrió y se me acercó.
- Córrete. – yo le obedecí y le hice un lugar en la silla.
Y luego
comenzamos a girar. Y entre risas y gritos, terminamos los dos en el suelo. El
sobre mí de espaldas y yo sin respiración. – Torpe.-Rió.
- Tú más.. – dije sin aire.
- No me saldré de aquí. – me amenazó.
- Tendrás que hacerlo… con que te quedes allí, irás a la cárcel. – Bill me miró sin entender.
- ¿Por qué?
- Por asesinato. No puedo respirar. – me quejé.
- Yo nuca te pedí que cayeras abajo mío.
- Yo tampoco lo pedí. Me muero…
- Vamos, no es tan malo. Yo estoy cómodo. – dijo mientras se acomodaba.
- Yo no... – dije mientras intentaba quitármelo de encima. Él se giró, quedando así cara a cara. Podía sentir su respiración, el vello se me erizaba, ¿Cómo podía un chico ponerme así?
- ¿Mejor? – ¡No!. Gritaba en mi interior.
- Si. – Que tonta… Bill esbozó una media sonrisa.
- Desde aquí te ves aún más bonita de lo que eres…
- No soy bonita, Bill. Si buscas a alguien así, de doy el número de la habitación de Alice. – le miré seria. El se mordió el labio inferior mientras suspiraba y negaba con la cabeza en signo de desaprobación.
- No me gusta Alice.
- Pero era tu novia.
- ERA. – puso énfasis en esa palabra.
- Humm… ¿La quisiste?
- No. En realidad no sé por qué estaba con ella. – dijo como si hablase de la hora.
- La odio… - la odiaba, la odiaba con todo mi ser. Si mal no lo recuerdo ella había sido la culpable de que todo el mundo me odiara, con Bill incluido. Y luego Bill, creo, se había llevado a Tom con él… no lo sé. En fin... gracias a ella ahora conocía a Andy y a Lidia, algo bueno si quiera.
- Créeme que no eres la única. – yo reí. – Es insoportable.
- Y creo que te ha contagiado.-Me burlé.
- Tonta.-Murmuró.
- Subnormal.
- Tú eres una tonta muy bonita. – y nuevamente la sensación de estar roja a estallar…
- Pues tú eres un subnormal muy feo. – Bill hizo un puchero y yo me eché a reír. – feamente hermoso. – dije entre risas, Bill rió conmigo. Dios, no sabía que me había dado de decir eso. Si hubiese sido en otro momento no lo hubiera dicho, yo no era así.
Entonces Bill dejó de reír. Se acercó lentamente a mi rostro, hasta quedar a milímetros de este. Podía sentir su respiración sobre mis labios… y justo cuando creí que nuestros labios se juntarían…
- ¿Con que hermoso, eh?. – dijo mientras dejaba pasar su dulce aliento por entre sus labios… llegando a mi cara…
- Feamente hermoso. – le corregí. El me sonrió, movió la cara hacia un lado y me dio un sonoro beso en la mejilla. Luego, haciendo fuerzas con los brazos, se levantó del suelo. Me tendió la mano, yo se la cogí… y una vez parada, me limpié los pantalones con las manos. Dios, lo que había estado a punto de pasar… en el fondo, deseaba que eso hubiese pasado.
- Aún nos quedan horas aquí dentro. ¿Qué quieres hacer? – yo le miré divertida. – no pienses mal.
- No. – reí. – ¿Qué quieres hacer tú?.
- Yo te preguntaba a ti porque a mí no se me ocurre nada… - se encogió de hombros.
- Pues podríamos ir a almorzar y…
- ¿A las 10 de la mañana?. – se burló.
- Si. ¿Qué hay de malo?.
- Nadie almuerza a esta hora… - bufó.
- Seguro en otro país están almorzando... – dije mientras me enfadaba como una niña pequeña, cruzándome de brazos.
- Esperemos por lo menos unas dos horas y luego bajamos, ¿de acuerdo? – yo asentí. Bill se sentó en su cama y me invitó a sentarme a su lado. Yo lo hice. – tengo una idea...
- ¿De qué?.
- Para pasar el rato.
- ¡Genial!. – di unas palmaditas. – dime, dime.
- Pues preguntémonos cosas... no sé, algo que tú quieras saber sobre mi… o yo sobre ti. ¿Te parece?. – yo asentí.
- Así no nos aburriremos. Empiezas tú.
- Ok… Humm… ¿Cuál es tu color favorito?. – qué pregunta más fácil…
- El blanco. Mi turno. ¿Quién es mayor?, digo, ¿tú o Tom?.
- Tom. – yo le apunté con el dedo y me reí burlona. – ¡eh! ¡No seas así! Yo soy mas alto. – me reí aún más. Eso no tenía nada que ver con el tema de conversación. Si, si, me río por cosas sin gracia… - mi turno. ¿Tu número favorito?. – ¿A caso esas eran las preguntas más creativas que podía hacer?
- Once. Ahora yo.. emm… ¿Por qué no quieres cantarme un canción?.
- Por que no.
- Esa no es excusa, Bill.
- Pero si una respuesta. – me observó unos segundos, mientras yo le miraba con el ceño fruncido y luego preguntó: - ¿Con quien vives?
- Con mi padre. Cuando está en casa – dije secamente. – ¿Y tú?.
- Con mi madre, mi padrastro y Tom.
- Ah… debes de ser muy feliz en tu casa.. – vaya. Eso había salido solo. – que afortunado eres...
- ¿Por?.
- Porque tienes una familia... que te quiere… - me aclaré la garganta, ya que sentía como poco a poco se me formaba un nudo, y yo no quería llorar. – es… mi turno. – me apresuré en decir.
- Me tocaba a mí.-Se quejó.
- Ya has hecho tu pregunta.
- No.
- ¡Sí que la has hecho!
…
Pasamos el resto de la mañana haciendo el tonto y jugando como niños pequeños… era genial estar con Bill de esa manera. Se podría decir que era el chico perfecto… de no ser por sus cambios de actitud tan repentinos. Aunque ya sabría la razón de esos cambios. Sólo tenía que almorzar con él y luego solo paz y tranquilidad… como me había dicho, él me seguiría hablando y tratando de buena manera, y yo seguiría estando bien con él. A no ser que ocurriera lo que él había predicho, y yo me enojase…
- Creo que ya deberíamos bajar a comer.
- Cla.. claro. – reí nervosa… ya había comido en la mañana, y con eso tenía para sentirme obesa por el resto de la semana... y ahora quería que yo almorzara con él… que horrible.
- Vamos. – me cogió de la mano y entrelazó nuestros dedos... qué bien se sentía estar así con alguien… aún que con Bill siempre me ponía más nerviosa de lo normal.
Caminamos agarrados hasta la cafetería. Por suerte no había nadie en los pasillos, y en la cafetería tampoco. El chico que había estado durmiendo sobre la mesa en la hora del desayuno, seguía allí. Solo que con la boca abierta, y creo que botaba saliva. Aparté la mirada. Caminamos hacia la misma mesa de antes y nos sentamos.
- Tú más.. – dije sin aire.
- No me saldré de aquí. – me amenazó.
- Tendrás que hacerlo… con que te quedes allí, irás a la cárcel. – Bill me miró sin entender.
- ¿Por qué?
- Por asesinato. No puedo respirar. – me quejé.
- Yo nuca te pedí que cayeras abajo mío.
- Yo tampoco lo pedí. Me muero…
- Vamos, no es tan malo. Yo estoy cómodo. – dijo mientras se acomodaba.
- Yo no... – dije mientras intentaba quitármelo de encima. Él se giró, quedando así cara a cara. Podía sentir su respiración, el vello se me erizaba, ¿Cómo podía un chico ponerme así?
- ¿Mejor? – ¡No!. Gritaba en mi interior.
- Si. – Que tonta… Bill esbozó una media sonrisa.
- Desde aquí te ves aún más bonita de lo que eres…
- No soy bonita, Bill. Si buscas a alguien así, de doy el número de la habitación de Alice. – le miré seria. El se mordió el labio inferior mientras suspiraba y negaba con la cabeza en signo de desaprobación.
- No me gusta Alice.
- Pero era tu novia.
- ERA. – puso énfasis en esa palabra.
- Humm… ¿La quisiste?
- No. En realidad no sé por qué estaba con ella. – dijo como si hablase de la hora.
- La odio… - la odiaba, la odiaba con todo mi ser. Si mal no lo recuerdo ella había sido la culpable de que todo el mundo me odiara, con Bill incluido. Y luego Bill, creo, se había llevado a Tom con él… no lo sé. En fin... gracias a ella ahora conocía a Andy y a Lidia, algo bueno si quiera.
- Créeme que no eres la única. – yo reí. – Es insoportable.
- Y creo que te ha contagiado.-Me burlé.
- Tonta.-Murmuró.
- Subnormal.
- Tú eres una tonta muy bonita. – y nuevamente la sensación de estar roja a estallar…
- Pues tú eres un subnormal muy feo. – Bill hizo un puchero y yo me eché a reír. – feamente hermoso. – dije entre risas, Bill rió conmigo. Dios, no sabía que me había dado de decir eso. Si hubiese sido en otro momento no lo hubiera dicho, yo no era así.
Entonces Bill dejó de reír. Se acercó lentamente a mi rostro, hasta quedar a milímetros de este. Podía sentir su respiración sobre mis labios… y justo cuando creí que nuestros labios se juntarían…
- ¿Con que hermoso, eh?. – dijo mientras dejaba pasar su dulce aliento por entre sus labios… llegando a mi cara…
- Feamente hermoso. – le corregí. El me sonrió, movió la cara hacia un lado y me dio un sonoro beso en la mejilla. Luego, haciendo fuerzas con los brazos, se levantó del suelo. Me tendió la mano, yo se la cogí… y una vez parada, me limpié los pantalones con las manos. Dios, lo que había estado a punto de pasar… en el fondo, deseaba que eso hubiese pasado.
- Aún nos quedan horas aquí dentro. ¿Qué quieres hacer? – yo le miré divertida. – no pienses mal.
- No. – reí. – ¿Qué quieres hacer tú?.
- Yo te preguntaba a ti porque a mí no se me ocurre nada… - se encogió de hombros.
- Pues podríamos ir a almorzar y…
- ¿A las 10 de la mañana?. – se burló.
- Si. ¿Qué hay de malo?.
- Nadie almuerza a esta hora… - bufó.
- Seguro en otro país están almorzando... – dije mientras me enfadaba como una niña pequeña, cruzándome de brazos.
- Esperemos por lo menos unas dos horas y luego bajamos, ¿de acuerdo? – yo asentí. Bill se sentó en su cama y me invitó a sentarme a su lado. Yo lo hice. – tengo una idea...
- ¿De qué?.
- Para pasar el rato.
- ¡Genial!. – di unas palmaditas. – dime, dime.
- Pues preguntémonos cosas... no sé, algo que tú quieras saber sobre mi… o yo sobre ti. ¿Te parece?. – yo asentí.
- Así no nos aburriremos. Empiezas tú.
- Ok… Humm… ¿Cuál es tu color favorito?. – qué pregunta más fácil…
- El blanco. Mi turno. ¿Quién es mayor?, digo, ¿tú o Tom?.
- Tom. – yo le apunté con el dedo y me reí burlona. – ¡eh! ¡No seas así! Yo soy mas alto. – me reí aún más. Eso no tenía nada que ver con el tema de conversación. Si, si, me río por cosas sin gracia… - mi turno. ¿Tu número favorito?. – ¿A caso esas eran las preguntas más creativas que podía hacer?
- Once. Ahora yo.. emm… ¿Por qué no quieres cantarme un canción?.
- Por que no.
- Esa no es excusa, Bill.
- Pero si una respuesta. – me observó unos segundos, mientras yo le miraba con el ceño fruncido y luego preguntó: - ¿Con quien vives?
- Con mi padre. Cuando está en casa – dije secamente. – ¿Y tú?.
- Con mi madre, mi padrastro y Tom.
- Ah… debes de ser muy feliz en tu casa.. – vaya. Eso había salido solo. – que afortunado eres...
- ¿Por?.
- Porque tienes una familia... que te quiere… - me aclaré la garganta, ya que sentía como poco a poco se me formaba un nudo, y yo no quería llorar. – es… mi turno. – me apresuré en decir.
- Me tocaba a mí.-Se quejó.
- Ya has hecho tu pregunta.
- No.
- ¡Sí que la has hecho!
…
Pasamos el resto de la mañana haciendo el tonto y jugando como niños pequeños… era genial estar con Bill de esa manera. Se podría decir que era el chico perfecto… de no ser por sus cambios de actitud tan repentinos. Aunque ya sabría la razón de esos cambios. Sólo tenía que almorzar con él y luego solo paz y tranquilidad… como me había dicho, él me seguiría hablando y tratando de buena manera, y yo seguiría estando bien con él. A no ser que ocurriera lo que él había predicho, y yo me enojase…
- Creo que ya deberíamos bajar a comer.
- Cla.. claro. – reí nervosa… ya había comido en la mañana, y con eso tenía para sentirme obesa por el resto de la semana... y ahora quería que yo almorzara con él… que horrible.
- Vamos. – me cogió de la mano y entrelazó nuestros dedos... qué bien se sentía estar así con alguien… aún que con Bill siempre me ponía más nerviosa de lo normal.
Caminamos agarrados hasta la cafetería. Por suerte no había nadie en los pasillos, y en la cafetería tampoco. El chico que había estado durmiendo sobre la mesa en la hora del desayuno, seguía allí. Solo que con la boca abierta, y creo que botaba saliva. Aparté la mirada. Caminamos hacia la misma mesa de antes y nos sentamos.

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