22 febrero, 2012

Capítulo 6 /Sacred









                                                 Capítulos 6

Pude ver como Tom abrazaba por la cintura a Lidia mientras la besaba con desesperación. En estos momentos, era mejor salir de allí. Carraspeé para hacer notar mi presencia. Ellos dos dieron un bote asustados y se volvieron a verme con los ojos abiertos de par en par. 

- Esto… - Lidia intentó decir algo.
- Sería mejor que…-Tom se separó un poco de ella y se llevó la mano a la nuca.
- No, yo me iré. No se preocupen. – me levanté de la cama, caminé al armario y saqué una especie de abrigo que me llegaba por encima de la rodilla. Me lo puse, luego busqué unas zapatillas… - diviértanse. – dije mientras cogía el móvil para luego salir por la puerta. 
¡Qué chicos!, si no era una cosa, era la otra. Miré la hora, las 8:15, había dormido solo 30 minutos… aunque me sentía como su hubiese estado durmiendo toda la noche. Andy aún no había llegado, las puertas del internado estaban abiertas hasta las 9:30 y aún le quedaba una hora allí fuera. Ahora solamente tenía una duda: no sabía donde ir… no me podía quedar dando vueltas por el internado con la ropa que llevaba, el abrigo y las zapatillas no se veían nada bien juntas, si no había un pantalón ente ellos dos. Resoplé resignada y comencé a subir las escaleras hacia los cuartos de hombres. 
Al llegar arriba vigilé que no hubiera nadie. Y al asegurarme, corrí hasta la primera puerta que encontré. Yo sabía de quien era, lo que entré sin avisar.

- ¿Liza?, ¿Qué haces aquí? – me volteé a ver a Alex sentado en su cama. Estaba sin camiseta y quitándose los zapatos. 
- Esto… ¿no te molesta tenerme aquí por unas horas?. 
- Claro que no, ven.. –yo me acerqué a él y el hizo que me sentara a su lado. – espérame un segundo. – cogió su ropa de dormir y se metió en el baño con toda ella.

Observé la habitación, era igual a la mía solo que con diferente color de paredes y con dos camas. Me pregunté quien dormiría allí. La seguí examinando.. libros, ropa, desorden, CDs, la TV, y una bajo… no sabía si Alex tocaba el bajo, ya que lo conocía de hace muy poco. 

- Ya estoy.. – salió del baño y me escaneó con la mirada. – ¿Por qué traes esa ropa? – se burló.
- No querrás saberlo… 
- Claro que quiero. Cuenta, cuéntame. – dijo haciendo un gesto con las manos de “por favor” y poniendo ojitos de corderito degollado.
- Tuve que salir de mi habitación con esto puesto. 
- Si, eso lo supone cualquiera. 
- No te puedo contar el resto porque quizás es algo privado. 
- ¿Cómo que privado?
- Pues es… privado.. – me levanté de la cama y caminé hacia el bajo. – ¿De quien es?- pregunté señalándolo. 
- De Georg, mi compañero de habitación.
- ¿Él sabe tocar?. – No sé porqué lo pregunté si era algo tan obvio. Alex asintió con la cabeza. –¿Tú sabes tocar algún instrumento?. – el se encogió de hombros y se tiró en la cama con los brazos extendidos.
- Ni siquiera la flauta dulce… soy tan nervioso, que al no poder hacer algo me desespero.. – yo reí.
- La paciencia es una de las mejores virtudes, ¿sabías? 
- Pues.. yo no tengo esa virtud… 
- No te preocupes, nadie es perfecto. – cogí el bajo con mucho cuidado, no quería que se me cayera y se rompiera.. 
- Deja eso donde estaba. – me ordenó. – Georg puede llegar y… 
- Ok, ok. No te desesperes. – me burlé de él. Dejé el bajo en su lugar y luego me tumbé al lado de Alex. Me di cuenta de que no era lo mismo estar con Alex que estar con Bill. Alex era mas… aburrido.
- Tengo sueño.
- Yo no.., - Alex bostezó y me abrazó por la cintura con fuerza pegándome a él. Apoyó su cabeza en mi hombro y cerró los ojos. 
Claro, el debería estar muy cómodo, pero yo no. A parte de que casi no podía respirar por la forma en que me apretaba la cintura, odiaba sentir su respiración en mi cuello y en mi oído, me desesperaba.
Lo único que pedía era se durmiera rápido para poder salir de allí lo antes posible…
Y después de unos interminables 25 minutos, él ya estaba durmiendo como un bebe.. no, no como un bebe. Dormía como un adolescente apestoso y perezoso.
Quité como pude sus manos de mi cintura y salí de allí lo más rápido que se me permitía al no hacer ruido. Cerré la puerta con cuidado. 
Ahora no sabía donde ir. No tenía mas amigos en el internado… ¿o si?.Entonces se me vino algo a la cabeza. 
Corrí hacia las escaleras que me llevaban al ático y luego subí a la azotea. Con un poco de suerte debería estar allí en ese momento. Pude divisar una silueta en el borde. Me acerqué si hacer ruido y me puse a su lado…

- Hallo – murmuré. La verdad, ese lugar decía que murmuráramos y habláramos en silencio, para no perturbar la paz que allí había. 
- Hallo. – contemplé las estrellas y la luna que estaba en su mejor fase, brillaba redonda y grandísimamente hermosa desde ese cielo negro azulado. 
Me pregunté cuantas personas más estarían haciendo lo mismo en ese momento, y supe la respuesta al instante…
Nadie en el mundo estaría con su enamorado enemigo en la azotea de un instituto, contemplando la luna y las estrellas en silencio mientras ambos meditaban sobre sus asuntos. Nadie estaba en el mismo lugar que yo, con la misma persona que yo… por primera vez me sentí especial. Y es que con ese Kaulitz yo había encontrado muchos sentimientos que alguna vez creí que jamás podría sentir.

- ¿Tienes frío?. – preguntó sacándome de mis pensamientos. Yo negué con la cabeza. – ¿Haz visto a Tom?. 
- Está en la habitación con Lidia.
- Cómo siempre… 
- ¿Siempre?. – Bill asintió.
- Siempre está con una chica diferente. – se encogió de hombros
- ¿Cómo lo sabes? 
- Soy su gemelo. – nos quedamos en silencio unos instantes
- ¿Qué se siente tener un gemelo?
- Pues es.. genial. Aunque a veces un poco molesto… 
- Tienes mucha suerte.. – Bill me miró sin entender. – digo.. tu tienes un gemelo, un hermano que siempre va a estar contigo.. en cambio yo… ¿que tengo?, nada. Creo que ni siquiera tengo un padre… 
- Debes tener a alguien por algún lugar. 
- No lo creo… 
- ¿Y tu madre?.
- La maté… - huí de su mirada, sintiéndome avergonzada por mi crudeza al pronunciar esas palabras.
- Ma…- dejó la frase sin terminar para comenzar con otra. – estoy completamente seguro de que tienes a alguien que te quiere. Y mucho mas de lo que tú te imaginas.
- Eso es imposible. – me sorprendí a mi misma cuando me di cuenta de que no estaba llorando.
- Créeme.
- Es difícil creer a un mentiroso.
- Yo no soy un mentiroso. – dijo haciéndose el ofendido. 
- Sí, lo eres. – reí divertida.
- Que no lo soy
- Que si lo eres
- ¡Vas a saber tú algo de mi! – y seguidamente saltó sobre mi y comenzó a hacerme cosquillas. Yo comencé a gritar mientras pataleaba y me revolvía intentado salir de su garras, pero era imposible. - ¿Sigues pensando que soy un mentiroso?. – yo negué con la cabeza, mientras sentía como mi estómago iba a explotar en cualquier momento.
Entonces el se detuvo. Lo observé, estaba sobre mi y me miraba con ternura. 
Se acercó poco a poco y juntó nuestros labios en un pequeño beso, mi corazón comenzó a andar más y más rápido. No quería que se separara de mi. 
En el último minuto, cogí su cara ente mis manos, y acercándolo a mi, junté mis labios nuevamente con los de él. 
Yo jamás había hecho eso con un chico, y menos con Bill Kaulitz. Yo.. no era tan directa, por así decirlo. El respondió el beso moviendo sus labios delicadamente sobre los míos y luego de unos segundos, nos separamos. Estaba mas que segura de que tenía las mejillas rojas como tomate.

- Discúlpame.. 
- No te preocupes.. – se levantó de encima mía y se tumbó a mi lado con sus manos debajo de su nuca. – ¿Piensas dormir en la azotea?
- Probablemente me vea obligada a hacerlo. 
- Te morirías de frío aquí arriba. 
-Y eso haría feliz a todo el mundo...- dije recordando las palabras que horas antes me había dicho en el taxi.
- Lo siento.
- No, tienes razón.
- ¿La tengo?, no sabía que eso te afectaba… - dijo preocupado.
- Me afecta más de lo que imaginas.

Vale, quizás me estaba pasando y le estaba a hablando mucho sobre mi y mi vida. Toda esa información podría ser usada en mi contra.. 

- Cuéntame algo sobre tu vida..
- Pues…-Pensó un poco.- nací el 1 de septiembre.. cuando tenía 7 mis padres se separaron. Luego mi madre se volvió a casar.
-Lo siento.
- Pero creo que ah sido para mejor.. – rió. 
- Cuéntame más. – dije como una niña pequeña cuando pide que le lean ese cuento que tantas veces antes le han leído a la hora de dormir.
- Tengo una banda y hace poco firmamos un contrato con una discográfica.
- ¡Eso es genial! ¿Y quienes son? ¿tú que haces? ¿Cómo se llaman?
- Somos Tom, Gustav, Georg y yo.. yo soy el vocalista y escribo las canciones.. y nos llamamos Tokio hotel. Le hemos cambiado el nombre, que antes teníamos otro. 
- Wow… cántame una canción, ¿Si? por favor – le rogué con las manos juntas.
- Ahora no. 
- ¡Que malo eres!
- Pero te prometo que algún día cantaré una canción para ti… ¿si?, será especial.
- ¡Gracias, gracias, gracias!. – era impresionante como ese chico podía hacer que yo cambiara de actitud tan rápidamente, hacía solo unas horas estaba para morirme y ahora lo único que quería era saltar como una loca gritando y bailando alegremente. Bill rió. – ¡cuenta más!
- Tengo 2 piercings y un tatuaje.. 
- ¡Yo quiero un tatuaje! déjame ver el tuyo. – Bill se incorporó y me enseñó la parte de atrás del cuello, debajo de la nuca. Pude ver un símbolo escrito. – ¿Qué dice?
- Es el símbolo de Tokio hotel.
- Lo tendré en cuanta.. quizás en el futuro lo vea en todos los carteles y escenarios. – le guiñe un ojo. – Quien sabe..
- Me gustaría tener éxito..
- Y lo tendrán.. ya lo verás..
- Gracias..
- Te ha dolido mucho el tatuaje?
- Pues.. si te soy sincero.. si..
- Oh.. – reí. – yo igual quiero uno..
- ¿De verdad?
- Si..
- Pues mira.. hagamos algo.. – yo asentí. – tu no te haces ningún tatuaje hasta los 18 años.. y cuando los cumplas, yo te lo regalo.. ¿quieres?
- Déjame pensarlo… - era obvio lo que yo diría... – OK.-Y es que tampoco pensaba ponerme uno tan luego porque luego podía arrepentirme.
- Tengo sueño.. ven aquí.. – me cogió entre sus brazos y me apegó a él..

No me había dado cuenta del sueño que tenía, si no hasta que él hizo eso.. sentí como los ojos se me cerraban sin remedio alguno y los músculos de mi cuerpo se relajaban poco a poco.. estaba tan cómoda…

- Buenas noches..
Le susurré para luego acomodarme en su pecho y cerrar los ojos definitivamente.

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