25 febrero, 2012

Capítulo 27 /Sacred











                                               Capitulo 27

- A sí que estarás en nuestra casa por unos días… - Comentó Simone, yo asentí con la cabeza.
- Si no molesto, claro.
- Claro que no, querida... – enrollé unos cuantos fideos en mi tenedor mientras le sonreía y luego me metí el tenedor en la boca. – me alegro de que estés aquí... así mantienes a Bill ocupado. Y es que este chico no deja de hablar. – suspiró.
Yo me eché a reír con la boca llena de comida, miré a Bill y el estaba rojo, no tanto como un tomate, pero había un leve rubor en sus mejillas. Simone sirvió un poco de jugo en los cuatro vasos y luego continuó. – Ya acomodé tus cosas en la sala de invitados.- ¿Sala de invitados? Yo quería dormir con mi novio...
- Gracias. – me limité a decir con una encantadora sonrisa. Ya vería yo la manera de escabullirme por la noche para ir donde mi chico.
Seguimos comiendo en silencio hasta que apareció Tom por la puerta. Me vio y me dedico una media sonrisa… Ya se había fijado en mi corte... luego de eso se sentó con expresión apenada en la mesa, cogió su tenedor y empezó a comer. No alzó la vista en todo el tiempo que estuvimos sentados. Yo le daba de vez en cuando pequeñas pataditas a Bill en las piernas. Este me las devolvía y luego comenzábamos a reír. Simone nos miraba extrañados, y eso nos hacía reír aún más. Y…  era genial cenar con una familia, que aunque no fuese la mía, sentía como que si lo fuera.
- Bonito corte. – La voz de Tom me sacó de mis pensamientos. La voz había sonado ronca... pero él sonreía. 
- Gracias. 
- Por nada. – volvió la vista a su plato nuevamente... engulló los últimos fideos que quedaba y luego se levantó, dejando todo en el lugar. Se despidió con una beso en la mejilla de su madre y de mi diciéndonos un “buenas noches” y luego le hizo un movimiento de cabeza a Bill que no logré comprender.
Al acabar la comida, le ofrecí mi ayuda con los platos a Simone, ella aceptó. Bill se despidió de nosotras y subió a su habitación, creo... y yo me quedé allí en la cocina secando los platos que Simone lavaba.
- Así que tu padre está en Japón. – dijo para buscar tema de conversación.
- Si. – mentí.
- ¿No sabes cuando vuelve? Yo me encogí de hombros. – mejor... así te quedas más tiempo con nosotros… ¿Sabes que siempre quise tener un hija? – ambas nos echamos a reír.. “y yo siempre quise tener una madre” pensé para mis adentros. – Supongo que tú serás mi hija adoptiva por un tiempo.
- ¡Claro que sí! – exclamé alzando un vaso... ella rió, era una madre genial. 
- Hay tantas cosas que uno puede hacer con una hija.. – dijo pensativa… - ¡Ya se! Mañana te llevaré al centro comercial. ¿Quieres ir? – yo asentí con la cabeza emocionada. – Pues bien... por la mañana yo saldré por asuntos de trabajo, pero la tarde la tengo libre. – me guiñó un ojo. Yo hice lo mismo.
- Eres genial, Simone. – ella me miró suspirando y me sonrió. ¿Mi madre habría sido como ella?. No lo sabía. Pero era mejor creer que si lo era.
Al terminar de arreglar todo, me despedí de Simone y me fui directa a la habitación de invitados, esta estaba en el primer piso. La única habitación que había allí… no me daba miedo estar abajo sola, más que nada porque sabría que no estaría sola... ya que yo me iría a visitar a Bill por las noches... no quería dormir sin él.
Cerré la puerta tras de mí. Caminé hacia mi bolso y cogí mi pijama. Era el favorito de Rose. Según ella me veía tierna con el puesto. Era blanco y lleno de cerditos rosas... yo lo notaba ridículo... pero como Rose me había traído la ropa y las otras prendas estaban en el internado… ¿Qué más podía hacer?
Me lo puse, luego entré al baño que estaba en la misma habitación… me cepillé en cabello y me lavé los dientes… salí de allí y me tumbé en la cama a ver un poco de televisión... no me apetecía pensar, por lo que la TV me podría distraer un par de horas, hasta que todos estuviesen dormidos yo pudiera escabullirme al segundo piso.
A la doce menos cuarto estaba abriendo la puerta de mi habitación, pero al hacerlo me encontré con… una gran camiseta. Miré hacia arriba y pude distinguir la cara de Tom, sin gorra, ni cinta, ni nada. Sólo con sus rastas atadas en una coleta… No le quedaba nada mal... se veía un poco sorprendido. Si, debía de estarlo, porque se quedó con el brazo estirado para tocar a la puerta… y yo que la había abierto antes de que él lo hubiera logrado hacer.
- Que coincidencia. - dije al darme cuenta de que no me decía nada.
- ¿Puedo entrar?. – Yo asentí un poco confundida y me aparté de allí para dejarlo entrar. – Quiero hablar contigo. – cerró la puerta. – S..sobre Andy. – esperen, esperen. ¿Estoy escuchando bien? ¿Tom tartamudeando? Esto cada vez era más extraño…
- Oh, claro ¿Qué ocurre con ella?
- No aparentes... tú sabes lo que ocurre… - se sentó pesadamente en la cama junto a mí. Apoyó los codos en sus rodillas y su frente entre sus manos.
- Si… supongo… - No sabía que decirle. Si él no me preguntaba algo… yo obviamente no le podía decir cualquier cosa… - No sé que decirte, Tom.
- ¿Entonces ahora yo soy él malo?.
- No, no, no.. esto.. aquí nadie está mal.
- Yo estoy mal aquí, Liza. – No comprendí su punto de vista, aquí nadie estaba mal... no eran pareja cuando Andy se fue con Alex y supuestamente “tuvieron sexo”… ahora simplemente podía volver a estar juntos y ser fáciles. Como lo eran para mi... a parte, eso comparado con todos los que yo tenía no eran… no diré que no eran nada, pero eran problemas menos problemáticos, por así decirlo.
- No, Tom. No estás mal… lo que pasa es que… - Si digo que me estaba exprimiendo el cerebro para buscar algo que decirle… se queda corto comparado con el gran esfuerzo que hacía… - dime algo... cuéntame tu versión de la historia. No sé... para empezar, ¿la quieres?
- Y.. yo.. ¡no lo sé! - refregó sus manos contra su cara, abatido. Yo lo rodeé con uno de mis brazos para darle apoyo.
- ¿Y entonces por qué te preocupas tanto? 
- Vale, si la quiero. 
- Vuelve con ella… no estaría mal. – el negó con la cabeza.
- Si está mal... ella... ella… ¿Sabes lo que hizo, no?
- No quiero juzgar a nadie… pero debo decir que ella no hizo nada malo. Y tampoco eran pareja cuando supuestamente ella…
- Lo sé. – me cortó. – pero yo no podré verla nunca… siempre tendré ensayos y esas cosas. Quizás en el futuro tenga que viajar. Es imposible que estamos juntos…. – ¿A caso siempre le tenía que buscar el lado negativo a todo? Se suponía que aquí era yo la negativa… pero es que Tom estaba siendo tan negativo que hasta yo podría ser de las chicas más positivas del mundo entero.
- Lo imposible es sólo un pensamiento Tom... si no.. míranos a Bill y a mí. – tomé aire. – es decir, si me hubiesen dicho hace un año que yo sería la novia de Bill me habría reído y hubiese dicho que eso era imposible. Y ahora míranos. Estamos juntos… y ya no hay peleas. – cogí otra gran bocanada de aire nuevamente. – o mírense a ustedes mismos, como banda… están logrando cosas que muchas personas no logran, y estoy completamente segura de que lograrán mucho más… porque yo sé que eso no es imposible para ustedes. – Me quedé en silencio unos minutos para darle tiempo a Tom. Tiempo para que pensara lo que yo le había dicho… - ¿ves?. – él asintió.
- Entonces… ¿ahora debo hablar con ella? – yo me encogí de hombros.
- Eso lo dejo en tu manos… es tu vida, yo no me puedo entrometer en ella. – Tom me sonrió.-Y si es que piensas que lo de Andy y Alex fue más que un par de besos estúpidos estás equivocado.
- ¿Entonces ella no…? ¿Andy aún me quiere? – yo asentí con la cabeza mientras me mordía el labio inferior. – nadie se resiste a este encanto. – ese era el Tom que yo conocía. Me eché a reír, y él me abrazó. – Gracias, Liza. Por cierto... bonito pijama. – Sentí como el color rojo de apoderaba de mis mejillas rápidamente.
- Esto... de nada... y, no te metas con mi pijama. – el rió.
-  Te vez muy... emm...
- Ya déjalo. – entonces él se levantó de la cama con una gran sonrisa... caminó hacia la puerta, yo lo seguí... entonces antes de abrirla el de volteó hacia mí: 
- ¿Por qué me sigues? – me sobresalté un poco, dando un pequeño bote... Tom rió. 
- Quiero dormir con Bill… - dije nerviosa. Aunque él era mi amigo y claramente no me diría que no. 
- Si quieres... – se dio la vuelta y siguió caminando. Yo le seguí. Cerré la puerta tras de mí y apagué la luz. entonces todo quedó a oscuras.
- No veo nada. – dije al tropezar con el borde de la alfombra y casi caerme. 
- Yo tampoco. – me susurró.
- ¿Donde estas?
- Aquí. – me cogió de la mano y me puso a su lado. – A ver si así nadie se cae… - murmuró bajito mientras reía. Yo asentí, aunque él no me veía..
- Si... – caminamos juntos a través del pasillo que nos llevaría hasta las escaleras. Subimos a tropezones hasta llegar al piso de arriba, donde Tom se despidió de mí con un beso en la frente y un “que duermas bien” luego entró en su habitación que era la primera del pasillo y cerró la puerta. Me dirigí a la habitación de Bill, manoteando por todas partes para asegurarme de no chocar... llegué hasta una puerta que estaba entreabierta, estaba segura de que esta era. Le di un pequeño empujoncito y esta se abrió haciendo un pequeño chirrido. Entré allí y suspiré aliviada al comprobar que no me había equivocado de habitación, ya que podía ver su cuerpo tumbado en la cama... levemente iluminado por la tenue luz de la luna que entraba por la ventana... las persianas no estaban cerradas… 
Cerré la puerta con cuidado hasta sentir el “clic” y caminé de puntitas hacia la cama. Lo observé… ¿Cómo podía ser tan perfecto? Realmente me parecía la persona más hermosa del planeta… y eso que antes lo odiaba con toda mi alma... y a esto, él aún seguía teniendo mi MP4. 
Me mordí el labio inferior mientras miraba la cama. No había ningún hueco para poder meterme. pero yo no iba a salir de esa habitación hacia la “mía”. Con lo que me había costado llegar... y encima Tom ya debería estar por dormirse…
Dejé caer mi cuerpo hasta quedar sentada frente a la cama, apoyé mi cabeza sobre esta, junto a la de Bill… su respiración me llegaba justo en la frente, y se sentía tan bien.. era calmada y constante. Estaba durmiendo tan tranquilamente que no le quería despertar… estiré una de mis manos y le acaricié el rostro con mucho cuidado. Sus labios entreabiertos se veían tan apetecibles... pero yo no lo iba a despertar… me limité a seguir observándolo, a escuchar su respiración entre el gran silencio de la noche, a sentirme la chica más afortunada del mundo por estar con él, a grabar esa imagen tan hermosa en mi memoria… que durase para siempre…
Posé mi mano sobre la suya, entrelacé despacio nuestros dedos. Estaba tan tibio… acerqué su mano a mi cara para aspirar su aroma, el cual llenó mis pulmones… me volvía loca... y aún podía recordar aquella noche en la azotea. Cuando habíamos dormido juntos por primera vez… esa había sido una de las mejores noches de mi existencia. Le había tenido tan cerca.. y aún odiándolo, de alguna forma yo le quería… y él había demostrado lo mismo. Que tonta había sido… de no haberlo tratado mal cuando él llegó, lo hubiese tenido desde antes… ¿Pero qué cosas digo?. Quizás nunca lo hubiese tenido, o lo hubiera perdido… la forma en la que habían pasado las cosas era mucho mejor… él odio, las palabrotas y los golpes ya habían quedado atrás… como se dice, “ del odio al amor hay un solo paso”... nunca lo había creído.. hasta que esto ocurrió y medité sobre ello. ¿Y si todo esto no hubiese pasado…? si ese día en la azotea él no me hubiese hablado y hubiésemos seguido peleándonos como siempre, si nunca hubiese sido su novia y si siguiera aborreciéndolo y él a mi… yo estaría en el internado y Bill se habría ido por lo de la banda. Yo, seguramente, estaría agradecida con el mundo por haber sacado a Bill Kaulitz de mi vida y no tener que verle la cara nunca más. Pero todo había cambiado y ya ni siquiera podía imaginarme un día sin él.
Mis párpados cada vez se hacían más pesados y mis ojos se erraban sin remedio... yo no quería dormir, quería seguir observando a mi chico… pero era imposible luchar contra eso. 
Abrí los ojos como pude para observarlo antes de dormir, quizás de esa manera soñaba con él… me reí de mi misma por haber pensado eso… 
Una sonrisa se dibujó en mis labios al verlo dormir tan plácidamente, era como un niño pequeño... que después de una gran día de juegos, caía rendido en su cama. Un niño pequeño un tanto grande.
Acomodé mi cuerpo de modo que quedara cómoda. Lugo de varios intentos lo logué. 
Acerqué nuestras manos entrelazadas a mi boca y besé la suya con cuidado. La mantuve allí varios minutos, mientras aspiraba su olor y dejaba que él sueño se apoderara completamente de mí.

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