24 febrero, 2012

Capítulo 21 /Sacred








                                         Capítulo 21

Segundos después vimos pasar a Simone, casi corriendo hacia la puerta. Y luego solo se escucharon voces de mujeres que halaban animadamente, como si no se hubiesen visto en años. 
-Debe ser una de esas estúpidas amigas de mamá. – me susurró.
- ¿Tanto odias a las amigas de tu madre?- le pregunté en el mismo tono.
- Ya verás… - en ese momento entraron al salón Simone, acompañada de una mujer alta y delgada, con pinta de tener una hija pija. Tenía el cabello marrón y corto a la altura de la barbilla y la piel tostada. Nos miró sonriendo tiernamente. Me hizo sentir incómoda. Bill tenía razón, esto era molesto. 
- Ella es Elizabeth, como podrás ver la novia de Bill. – me presentó, yo me tuve que levantar para ir a saludar a la mujer. Y Bill me siguió.
- Hola. – dije intentando ser lo más amable posible.
- Hola, Eli, querida. Que bella chica. ¡Muy guapa!. – me dio dos besos y luego agarró cada una de mis mejillas con una mano y las comenzó a mover… pero eso no me había molestado tanto, lo que realmente me había fastidiado era que me hubiese llamado “Eli”.. ¡dios! Como si me conociera de toda la vida, y encima ni siquiera me gustaba como sonaba ese sobrenombre. – yo soy Michelle, pero puedes llamarme Michi.
- Encantada. – dije como pude, ya que mis mejillas estaban aprisionadas en sus manos. Luego pareció ver algo más interesante que yo, por lo que me soltó las mejillas y me hizo a un lado con uno de sus brazos, que torpe era esa tal Michi… me hizo chocar con Simone. Observé que era lo que iba a hacer…
Abrazó a Bill y luego le hizo los mismo que a mí:
- ¡Billy! Cuanto tiempo sin verte. ¡Cuanto has crecido! Ya eres todo un hombre. Y con una novia preciosa. Hacen una hermosa pareja, ¿no es verdad Simone?. – la miré, ella sólo se mordía los labios, como para no reírse.
- Viniste hace una semana, no he cambiado en nada.-Murmuré Bill, queriendo apartarse. 
- Pero si has cambiado. Hasta te has hecho una novia.
- Yo no la hice. – ese comentario me dio risa, pero tuve que contenerme. – y Liza es mi novia desde antes. – puso énfasis en mi nombre, quizás el igual se había dado cuenta de que “Eli” sonaba… feo. 
- Pues yo aún no la conocía.-Se encogió de hombros. 
- Michi, no eres mi madre.. y suéltame la cara que me la deformarás toda. – que grosero… aunque había estado bien, que mujer más pesada. Michi quitó las manos de sus mejillas un poco cortada y se giró hacia Simone quien la miraba con expresión divertida.
- ¿Ya nos vamos, Simone?. - ¿Irse? ¿A donde?
- Déjame ir por mis cosas. – desapareció por la escalera dejándonos a todos en un ambienta algo incómodo… Michi se sentó en el sillón como si se tratase de su propia casa, mientras que Bill caminó hacia a mí y me susurró en él oído:
- ¿Ves a lo que me refiero? – ante eso yo asentí. – ¿Vamos a mi habitación?. 
- Está bien. – le dije demasiado fuerte, llamando la atención de Michi. Quien se giró hacia nosotros.
- ¿Quien está bien?.
- Todos aquí menos tu, a ti te falla la cabeza. – Bill negó con la cabeza en signo de desaprobación, mientras Michi abría la boca en forma de “o” y se llevaba la mano a ella. 
Entonces Bill entrelazó sus dedos con los míos y prácticamente tiró de mí hacia las escaleras. Me sentí observada mientras subíamos, quizás era porque Michi nos asesinaba con la mirada desde abajo. Pobrecita. 
- ¿A dónde creen que van? – preguntó Simone sacándome de mis pensamientos, mientras salía de una habitación.
- A mi habitación.-Le contestó Bill. 
- No hagan nada malo. Volveré alrededor de las 12. Adiós chicos. – luego nos esquivó y desapareció por las escaleras. Bill giró el pomo de la primera puerta y la abrió… 
Entramos y Bill cerró la puerta tras de mí. La habitación era… normal. Estaba ordenada y limpia. Estaría así porque Bill dormía en el internado, pensé. 
- Siéntate si quieres. – dijo indicándome la cama. Yo le sonreí y luego hice lo que él me había dicho. Di unos pequeños rebotes al sentarme, ya que lo había hecho bruscamente y la cama era muy blanda. 
- Que blanda está. – Bill rió y enarcó una ceja mientras que yo extendí los brazos y me tumbé en la cama boca arriba. Cerré los ojos, esto era genial… estaba en la mejor cama del mundo, en la casa de mi novio. Eso había sonado feo, pero el punto era que estaba a salvo, me sentía protegida… ya que aquí no podría entrar mi padre, y a eso ¿me estaría buscando? ¿se habría dado cuenta de mi desaparición?. Decidí que dejaría esos pensamientos “tristes” para otro momento… ahora sólo me tendría que preocupar de mi, de mi novio y de esta cómoda cama tan blandita que me daban ganas de no levantarme de aquí jamás. Abrí los ojos esperando encontrarme con el techo de la habitación, pero no. En vez de eso, me encontré con esos ojos almendrados color miel, que me volvían loca... esos ojos que me habían enamorado… y es que era tan hermoso… le sonreí, el me devolvió la sonrisa mientras chocaba nuestras narices con expresión divertida.
- Te quiero. – me murmuró. Abrí la boca para contestarle que yo igual lo quería, pero el juntó nuestros labios en un cálido beso. Llevé mis manos a su cabello y le acaricié con delicadeza mientras él posaba sus manos suavemente en mi cintura. Nos separamos para coger aire…
- Yo igual te quiero. – Bill lanzó un pequeño gruñido y se lanzó a mis labios nuevamente. Yo lo atraje lo más que podía hacia mí, quería sentirlo cerca. Quería sentir que él era real y no una imaginación mía, que no era un sueño. 
Bill subió una de sus manos acariciando mi costado hasta llegar a mi mejilla y me lo cogió como minutos antes lo había hecho esa señora, la tal Michi, para luego decirme:
- Que linda eres, Eli. – Yo fruncí los labios con enojo fingido.
- No me llames Eli, Billy. 
- ¿Billy? Eso suena horrible. – se echó a reír.
- No tan horrible como Eli.
- No suena feo cuando se refiere a ti. – dijo con una voz extremadamente sexy... dios, él quería matarme de un ataque o algo.
- A mi no me gusta…
- ¿No?. – alzó una ceja.
- Me quedo con Liza, Billy – el resopló, pude sentir su aliento sobre la piel de mi rostro, me estremecí. 
- Pues no me llames Billy y yo no te llamaré Eli. 
- Ok, Billy.. digo, Bill… - el rió nuevamente y me volvió a besar. 
- Así me gusta. – Me susurró al oído luego de separarnos. Me comenzó a dar pequeños besitos en el cuello, despacio y con lentitud hasta llegar a mi escote, después de eso volvió a subir con besitos y pequeños mordiscos hacia mi mandíbula, suspiré. El lanzó una pequeña risita, sentí su aliento en mi cuello y el vello de la nuca se me erizó… nunca antes había estado así con alguien. Vale, si tomamos en cuenta que yo no había besado a nadie más que no fuese Bill y no había tenido ningún novio antes que él, eso era un gran logro... ¿o no? Sabía que el nerviosismo me ganaría en cualquier momento y lo apartaría de mí, yo no estaba lista para esto… pero me gustaba. Me gustaba sentir sus cálidos labios en mi piel, y sus manos acariciándome. Me gustaba tenerle cerca de mí. Ya que más que nada, yo lo necesitaba.
Mi vida no era nada si él no estaba… sin él, no habían razones para vivir… él era mi todo. Es extraño decir eso del primer amor y teniendo dieciséis años, pero era lo que yo realmente sentía en ese momento. 
Él tomó el borde de mi camiseta y la tiró hacia arriba para luego quitármela ágilmente. Sentí frío, ya que las temperaturas eran muy bajas en esta época del año, y creo que la ventana estaba abierta... pero el frío desapareció en el instante en que Bill volvió a pegar su cuerpo al mío agarrándome por la cintura. 
Me besó en los labios nuevamente y bajó en línea recta hacia mi ombligo, logrando arrancarme innumerables suspiros, me estaba volviendo loca… acarició mi vientre desnudo con una de sus manos mientras yo acercaba mis labios a su cuello, le besé despacio, y segundos después el botón de mi pantalón ya estaba desabrochado. Comenzó a quitármelo con delicadeza…

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