Capitulo 28
Desperté esperando sentir un horrible dolor de espaldas debido a la posición en que me había dormido, pero en vez de eso... estaba cómoda. Cómodamente recostada sobre una superficie tibia que subía y bajaba al ritmo de… la respiración de Bill. O estábamos los dos en el suelo o él me había subido a la cama. Levanté la vista para mirarlo y me encontré con sus ojos color miel que tanto me gustaban. Su boca se estiró en una sonrisa:
- Buenos días… hasta que despiertas. – Yo me limité a levantarme aún más y lanzarme sobre él para abrazarlo. Él me rodeó con sus brazos y me dio un dulce beso en el cabello. – ¿Has dormido bien? – Yo asentí y él rió bajito… - ¿No es mejor si bajamos a almorzar?.
- ¿Almorzar? – me levanté rápidamente quedando sentada en la cama. Bill se rió.
- Pensé que nunca ibas a despertar. – se encogió de hombros.
- No estoy para juegos, Bill. – él alzó una ceja. – ¿A qué hora llega tu madre?
- En una hora, creo. -Yo asentí despacio. – ¿Por qué preguntas?
- Me quiere llevar de compras.
- ¿No pasaremos la tarde juntos? – hizo un puchero con los labios. Yo me acerqué a él y le di un beso juguetón en la nariz.
- No. – dije simplemente y luego me levanté de la cama de una salto. – me iré a vestir.
- ¿Te acompaño? – me miró pícaro. Yo fruncí el ceño y lo escaneé con la mirada.
- Deberías ponerte algo encima de eso. – dije al ver que sólo traía ropa interior.
- Uhmm…
- Ya me voy. Luego regreso. – le hice una seña de despedida con la mano y abandoné su habitación cerrando la puerta.
Bajé la escalera con expresión divertida, la cual se borró al ver la hora que era en el gran reloj que había en el salón de lo Kaulitz. Las dos y algo… prácticamente corrí a “mi habitación”, temé una toalla y me metí al baño. Abrí el grifo de agua fría, me haría bien para despertarme... me quité la ropa y me metí dentro.
Al terminar que envolví en la toalla y salí del baño para dirigirme a la habitación nuevamente. Y aquí era él gran problema, ¿Qué me pondría? Yo nunca había sido de esas chicas que se preocuparan por la ropa y que estaban horas frente al guardarropas. Pero esta vez era necesario. Si no quería que nadie me viese me debía vestir diferente... claro, ustedes deben creer que soy una exagerada, por mi corte de cabello y por lo de haberle cambiado el color. Pero es que era tanto el miedo que sentía... no quería que mi padre me encontrara.
Comencé a hurgar en el bolso para ver qué era lo que Rose me había traído... cogí unos jeans ajustados color azul claro, un poco gastados... con una camiseta sin mangas color naranja. Yo nunca vestía así… y ni siquiera sabía que hacía algo naranja en mi bolso. Me calcé mis zapatillas, puesto a que no tenía otras allí, y me intenté secar un poco el cabello con la toalla.
No me maquillaría ni nada por el estilo. Pero me conseguiría unas gafas…
Salí de allí con una sonrisa pintada en el rostro. Me dirigí a la cocina, pero antes de entrar sentí un horrible olor, tan terrible que hizo que mis ojos se llenasen de lágrimas. Era un olor como a humo... pero un humo un tanto.. argh.
Me llevé la mano a la nariz y entré con los ojos entrecerrados. No lograba ver nada... calculé la altura de la ventana y la abrí. Luego cogí un paño que estaba por allí cerca y lo comencé a agitar para disipar el humo y que me dejase ver.
Alguien había intentado cocinar… estaba segura de eso, ya que el horno estaba encendido y salía humo de allí. Tosí un poco y caminé hacia é. Lo apagué y luego abrí la puertecilla. Dando paso a mucho mas humo, negro y apestoso.
Tosí más fuerte y me encaminé a la salida. ¿A quién se le había ocurrido dejar todo encendido?. Que mierda… ya no había almuerzo.
Abrí todas las ventanas del primer piso para que la casa no quedara con ese olor y luego subí las escaleras. Iba a matar a alguien…
Piqué a la puerta de Bill a la de Tom. Esperé unos segundos hasta que ambos salieron. Bill vestido y a medio peinar, y Tom... vestido. Ya sabía de quien era la culpa.
Desperté esperando sentir un horrible dolor de espaldas debido a la posición en que me había dormido, pero en vez de eso... estaba cómoda. Cómodamente recostada sobre una superficie tibia que subía y bajaba al ritmo de… la respiración de Bill. O estábamos los dos en el suelo o él me había subido a la cama. Levanté la vista para mirarlo y me encontré con sus ojos color miel que tanto me gustaban. Su boca se estiró en una sonrisa:
- Buenos días… hasta que despiertas. – Yo me limité a levantarme aún más y lanzarme sobre él para abrazarlo. Él me rodeó con sus brazos y me dio un dulce beso en el cabello. – ¿Has dormido bien? – Yo asentí y él rió bajito… - ¿No es mejor si bajamos a almorzar?.
- ¿Almorzar? – me levanté rápidamente quedando sentada en la cama. Bill se rió.
- Pensé que nunca ibas a despertar. – se encogió de hombros.
- No estoy para juegos, Bill. – él alzó una ceja. – ¿A qué hora llega tu madre?
- En una hora, creo. -Yo asentí despacio. – ¿Por qué preguntas?
- Me quiere llevar de compras.
- ¿No pasaremos la tarde juntos? – hizo un puchero con los labios. Yo me acerqué a él y le di un beso juguetón en la nariz.
- No. – dije simplemente y luego me levanté de la cama de una salto. – me iré a vestir.
- ¿Te acompaño? – me miró pícaro. Yo fruncí el ceño y lo escaneé con la mirada.
- Deberías ponerte algo encima de eso. – dije al ver que sólo traía ropa interior.
- Uhmm…
- Ya me voy. Luego regreso. – le hice una seña de despedida con la mano y abandoné su habitación cerrando la puerta.
Bajé la escalera con expresión divertida, la cual se borró al ver la hora que era en el gran reloj que había en el salón de lo Kaulitz. Las dos y algo… prácticamente corrí a “mi habitación”, temé una toalla y me metí al baño. Abrí el grifo de agua fría, me haría bien para despertarme... me quité la ropa y me metí dentro.
Al terminar que envolví en la toalla y salí del baño para dirigirme a la habitación nuevamente. Y aquí era él gran problema, ¿Qué me pondría? Yo nunca había sido de esas chicas que se preocuparan por la ropa y que estaban horas frente al guardarropas. Pero esta vez era necesario. Si no quería que nadie me viese me debía vestir diferente... claro, ustedes deben creer que soy una exagerada, por mi corte de cabello y por lo de haberle cambiado el color. Pero es que era tanto el miedo que sentía... no quería que mi padre me encontrara.
Comencé a hurgar en el bolso para ver qué era lo que Rose me había traído... cogí unos jeans ajustados color azul claro, un poco gastados... con una camiseta sin mangas color naranja. Yo nunca vestía así… y ni siquiera sabía que hacía algo naranja en mi bolso. Me calcé mis zapatillas, puesto a que no tenía otras allí, y me intenté secar un poco el cabello con la toalla.
No me maquillaría ni nada por el estilo. Pero me conseguiría unas gafas…
Salí de allí con una sonrisa pintada en el rostro. Me dirigí a la cocina, pero antes de entrar sentí un horrible olor, tan terrible que hizo que mis ojos se llenasen de lágrimas. Era un olor como a humo... pero un humo un tanto.. argh.
Me llevé la mano a la nariz y entré con los ojos entrecerrados. No lograba ver nada... calculé la altura de la ventana y la abrí. Luego cogí un paño que estaba por allí cerca y lo comencé a agitar para disipar el humo y que me dejase ver.
Alguien había intentado cocinar… estaba segura de eso, ya que el horno estaba encendido y salía humo de allí. Tosí un poco y caminé hacia é. Lo apagué y luego abrí la puertecilla. Dando paso a mucho mas humo, negro y apestoso.
Tosí más fuerte y me encaminé a la salida. ¿A quién se le había ocurrido dejar todo encendido?. Que mierda… ya no había almuerzo.
Abrí todas las ventanas del primer piso para que la casa no quedara con ese olor y luego subí las escaleras. Iba a matar a alguien…
Piqué a la puerta de Bill a la de Tom. Esperé unos segundos hasta que ambos salieron. Bill vestido y a medio peinar, y Tom... vestido. Ya sabía de quien era la culpa.
-¿Quien de
ustedes fue el que intentó incendiar esta casa?. – los dos se miraron con cara
de circunstancia. Tom cerró los ojos y alzó la mano…- Serás estúpido. – le di
un manotazo. – ¡Casi me ahogo intentando sacar todo el humo de la cocina!
- Lo siento, lo siento.. – dijo mientras agitaba las manos y daba un paso hacia atrás. – pero no me vayas a matar. Que esta preciosura. – se apuntó. – debe ir a hablar con Andy.
- Qué manera de quererte a ti mismo, preciosura. – le enseñé la lengua y lo empujé para que volviera a entrar en su habitación. – ¿Ordeno pizza? – le pregunté a Bill, quien me miraba con una sonrisa en el rostro.
- Si quieres… - se encogió de hombros.. – Yo tengo que…
- Si, ve a peinarte. – completé su oración. Él me besó en la mejilla y desapareció por la puerta…
La tarde de compras con Simone fue de lo mejor. Nadie me había reconocido, y le había dicho a Simone que llevaba los lentes por el feo moretón que tenía sobre el ojo. El cual, ya estaba por sanar…
Simone había insistido en que ella sería quien me comprara todo… me obligó a probarme ropa y a elegir. Ella sabía muy bien mi estilo, puesto a que tenía a Bill como hijo… y para el final del día salíamos del centro comercial cargadas de bolsas.
Me había comprado un jeans negro y otro blanco. Unas cuantas camisetas con diseños “diabólicos”, según decía ella. Un par de converses blancas… más un gorro de lana color rosa a juego con unos guantes y una bufanda. Y a demás llevaba una chaqueta negra puesta… ya que como yo había ido solamente con una camiseta sin mangas, Simone me la había comprado... porque era invierno y hacía bastante frío.
También habíamos pasado a un centro de estética, donde vendían cosas para estilistas y habíamos comprado un pac de spray para el cabello, Bill los necesitaba… siempre me había preguntado quien era la persona que mas contaminaba el planeta. Él podría ser uno de los candidatos.
Nos montamos en un coche y parloteamos todo el camino de vuelta casa. De lo genial que lo habíamos pasado y de toda la ropa nueva que tenía… Simone era la mama perfecta, según yo… ya que más que una madre, era como una amiga… gracias a su mente de adolecente entendía a sus hijos a la perfección, y también me entendía a mí.
Me hubiese gustado tener una madre, y que hubiera sido como ella... como Simone.. era genial. Realmente la admiraba…
Nos bajamos del coche al llegar y entramos en la casa. Estaba hecha un desastre, ni aparentaba a esos días en que los chicos estaban en el internado… comida y basura por todos lados, las alfombras arrugadas en el suelo, los sillones desordenados. ¿Cómo podían ser capaces de hacer eso en tan sólo cinco cortas horas?..
- ¡CHICOS, HEMOS LLEGADO!. – gritó Simone sacándome de mis pensamientos. – dios, que desorden. – cerré en la puerta justo en el momento que los chicos bajaban la escalera riendo y tonteando como niños pequeños.
- Hol…
- ¡Hola mama! – Bill interrumpió a Tom.
- ¡Siempre me interrumpes! – le dio un pequeño empujón. Bill igual lo hizo y ambos rieron.
- Ustedes arreglarán todo este desastre. – dijo señalando el gran desorden del salón.
- Yo... tengo que hablar con Liza. – se excusó Bill.
- Y yo debo… llamar a Andy. –Esa era la excusa de Tom
- Lo deberían haber hecho antes.-Regaño su madre.
- Te llevaste a Liza. – Bill se encogió de hombros. Yo reí.
- Arreglen todo este desastre y luego hablan con sus chicas. Vamos, Liza. – yo la seguí por entre el desorden hasta llegar a la habitación de invitados o “mi habitación”.
Simone me ayudó a acomodarlo todo en los muebles mientras me conversaba de lo terriblemente desastrosos que eran sus hijos… sobre su esposo que se había ido a trabajar por un mes a no sé donde, del padre de los gemelos. Vamos, un poco de su vida. No es que el tema no me interesara, pero eso era algo que yo ya sabía. Bill me lo había contado en una ocasión... y si había algo que realmente me disgustara era que me contasen lo mismo dos veces. Por lo que sólo me limité a asentir con la cabeza de vez en cuando y a decir: Ajam. En los momentos apropiados.
Cuando acabamos Simone se despidió de mi con un “buenas noches” y salió de mi habitación. Supuse que se habría ido a la suya... debería de estar cansada... pero yo no lo estaba, por lo que iría donde Tom a ver qué tal le había ido con Andy.
Me quité las zapatillas y salí descalza. El salón ya estaba ordenado y los chicos se encontraban sentados en los sillones y mirando la TV.
Caminé despacio y me paré frente a ellos…
- Liza, quítate. – dijo Bill mientras movía su cuerpo hacia un lado para poder ver. Tom sólo se limitó a mover la cabeza…
- ¡Bill! – Me quejé, haciéndome la ofendida. Entonces Bill pareció reaccionar y me miró.
- Lo siento, cariño. – me sonrió.
- Como sea... Tom, necesito hablar contigo. – Bill puso los ojos en blanco y se concentró en la TV nuevamente…
- Ok… - Tom se levantó del sillón y me comenzó a seguir... yo caminé hasta la cocina y una vez estuvimos los dos allí, nos sentamos en dos sillas, una a cada lado de la mesa. cosa que quedáramos frente a frente – Yo igual necesito hablar contigo. Y muy, muy seriamente. – Cómo soy tan torpe, y en lo único que me concentraba era en saber qué tal le había ido con Andy, me limité a asentir y a no pensar en el tono de sus palabras... ni en sus palabras.
- Si, como quieras... pero yo voy primero. – Tom resopló y se echó hacia atrás en la silla. – ¿Qué tal las cosas con Andy?.
- Bien. – dijo entre dientes.
- Pero cuéntame. Dame detalles. – dije como una niña pequeña mientras ponía ojos de corderito degollado.
- Fui al internado visitarla…
- ¡Oh! ¡Genial! Seguro fue una sorpresa genial. – lo interrumpí.
- Si, una sorpresa… y hablé con ella y arreglamos las cosas. – se encogió de hombros.
- ¡Dime que ahora están juntos! – lo interrumpí nuevamente.
- Estamos juntos… - En ese instante me di cuenta de que Tom estaba algo desanimado... o ¿enojado…?
- Es genial – dije aplaudiendo. Tom torció una media sonrisa… - Hay que celebrar. – el asintió. – salgamos mañana en la noche. ¿Qué te parece?. – Vale, si. Estaba emocionada… tanto, que daba pequeños saltitos sobre la silla... pero mi emoción no bastó para hacer que Tom estuviera un poco más feliz… - ¿O no quieres?
- No, si, si. Digo, me parece una estupenda idea. Pero… necesito preguntarte una cosa. – yo asentí, no sabía las consecuencias que me traería. – Pero tienes que responderme con la verdad.. Porque es una pregunta…
- Si.
- Bien… pues, hoy cuando estuve en el internado… a demás de encontrarme con Andy me encontré con otra persona… - yo no lo dejé acabar.
- ¿Con la pesada de Lidia?
- No te adelantes a los hechos, Liza.
- No, no… pero dime. – Él bajó la mirada a la mesa por unos segundos. No se notaba triste, más bien parecía pensar lo que tenía que decir. Lo observé todo ese tiempo mientras esperaba impaciente... claro, yo no me había imaginado que era lo que me tenía que preguntar y estaba de los más tranquila.
Tom cogió aire, listo para hablar. Yo lo miré. Pero él expulsó todo el aire violentamente en un resoplido…
- Me encontré con tu padre, Liza. – Imposible…-¿Te escapaste de casa?
- Lo siento, lo siento.. – dijo mientras agitaba las manos y daba un paso hacia atrás. – pero no me vayas a matar. Que esta preciosura. – se apuntó. – debe ir a hablar con Andy.
- Qué manera de quererte a ti mismo, preciosura. – le enseñé la lengua y lo empujé para que volviera a entrar en su habitación. – ¿Ordeno pizza? – le pregunté a Bill, quien me miraba con una sonrisa en el rostro.
- Si quieres… - se encogió de hombros.. – Yo tengo que…
- Si, ve a peinarte. – completé su oración. Él me besó en la mejilla y desapareció por la puerta…
La tarde de compras con Simone fue de lo mejor. Nadie me había reconocido, y le había dicho a Simone que llevaba los lentes por el feo moretón que tenía sobre el ojo. El cual, ya estaba por sanar…
Simone había insistido en que ella sería quien me comprara todo… me obligó a probarme ropa y a elegir. Ella sabía muy bien mi estilo, puesto a que tenía a Bill como hijo… y para el final del día salíamos del centro comercial cargadas de bolsas.
Me había comprado un jeans negro y otro blanco. Unas cuantas camisetas con diseños “diabólicos”, según decía ella. Un par de converses blancas… más un gorro de lana color rosa a juego con unos guantes y una bufanda. Y a demás llevaba una chaqueta negra puesta… ya que como yo había ido solamente con una camiseta sin mangas, Simone me la había comprado... porque era invierno y hacía bastante frío.
También habíamos pasado a un centro de estética, donde vendían cosas para estilistas y habíamos comprado un pac de spray para el cabello, Bill los necesitaba… siempre me había preguntado quien era la persona que mas contaminaba el planeta. Él podría ser uno de los candidatos.
Nos montamos en un coche y parloteamos todo el camino de vuelta casa. De lo genial que lo habíamos pasado y de toda la ropa nueva que tenía… Simone era la mama perfecta, según yo… ya que más que una madre, era como una amiga… gracias a su mente de adolecente entendía a sus hijos a la perfección, y también me entendía a mí.
Me hubiese gustado tener una madre, y que hubiera sido como ella... como Simone.. era genial. Realmente la admiraba…
Nos bajamos del coche al llegar y entramos en la casa. Estaba hecha un desastre, ni aparentaba a esos días en que los chicos estaban en el internado… comida y basura por todos lados, las alfombras arrugadas en el suelo, los sillones desordenados. ¿Cómo podían ser capaces de hacer eso en tan sólo cinco cortas horas?..
- ¡CHICOS, HEMOS LLEGADO!. – gritó Simone sacándome de mis pensamientos. – dios, que desorden. – cerré en la puerta justo en el momento que los chicos bajaban la escalera riendo y tonteando como niños pequeños.
- Hol…
- ¡Hola mama! – Bill interrumpió a Tom.
- ¡Siempre me interrumpes! – le dio un pequeño empujón. Bill igual lo hizo y ambos rieron.
- Ustedes arreglarán todo este desastre. – dijo señalando el gran desorden del salón.
- Yo... tengo que hablar con Liza. – se excusó Bill.
- Y yo debo… llamar a Andy. –Esa era la excusa de Tom
- Lo deberían haber hecho antes.-Regaño su madre.
- Te llevaste a Liza. – Bill se encogió de hombros. Yo reí.
- Arreglen todo este desastre y luego hablan con sus chicas. Vamos, Liza. – yo la seguí por entre el desorden hasta llegar a la habitación de invitados o “mi habitación”.
Simone me ayudó a acomodarlo todo en los muebles mientras me conversaba de lo terriblemente desastrosos que eran sus hijos… sobre su esposo que se había ido a trabajar por un mes a no sé donde, del padre de los gemelos. Vamos, un poco de su vida. No es que el tema no me interesara, pero eso era algo que yo ya sabía. Bill me lo había contado en una ocasión... y si había algo que realmente me disgustara era que me contasen lo mismo dos veces. Por lo que sólo me limité a asentir con la cabeza de vez en cuando y a decir: Ajam. En los momentos apropiados.
Cuando acabamos Simone se despidió de mi con un “buenas noches” y salió de mi habitación. Supuse que se habría ido a la suya... debería de estar cansada... pero yo no lo estaba, por lo que iría donde Tom a ver qué tal le había ido con Andy.
Me quité las zapatillas y salí descalza. El salón ya estaba ordenado y los chicos se encontraban sentados en los sillones y mirando la TV.
Caminé despacio y me paré frente a ellos…
- Liza, quítate. – dijo Bill mientras movía su cuerpo hacia un lado para poder ver. Tom sólo se limitó a mover la cabeza…
- ¡Bill! – Me quejé, haciéndome la ofendida. Entonces Bill pareció reaccionar y me miró.
- Lo siento, cariño. – me sonrió.
- Como sea... Tom, necesito hablar contigo. – Bill puso los ojos en blanco y se concentró en la TV nuevamente…
- Ok… - Tom se levantó del sillón y me comenzó a seguir... yo caminé hasta la cocina y una vez estuvimos los dos allí, nos sentamos en dos sillas, una a cada lado de la mesa. cosa que quedáramos frente a frente – Yo igual necesito hablar contigo. Y muy, muy seriamente. – Cómo soy tan torpe, y en lo único que me concentraba era en saber qué tal le había ido con Andy, me limité a asentir y a no pensar en el tono de sus palabras... ni en sus palabras.
- Si, como quieras... pero yo voy primero. – Tom resopló y se echó hacia atrás en la silla. – ¿Qué tal las cosas con Andy?.
- Bien. – dijo entre dientes.
- Pero cuéntame. Dame detalles. – dije como una niña pequeña mientras ponía ojos de corderito degollado.
- Fui al internado visitarla…
- ¡Oh! ¡Genial! Seguro fue una sorpresa genial. – lo interrumpí.
- Si, una sorpresa… y hablé con ella y arreglamos las cosas. – se encogió de hombros.
- ¡Dime que ahora están juntos! – lo interrumpí nuevamente.
- Estamos juntos… - En ese instante me di cuenta de que Tom estaba algo desanimado... o ¿enojado…?
- Es genial – dije aplaudiendo. Tom torció una media sonrisa… - Hay que celebrar. – el asintió. – salgamos mañana en la noche. ¿Qué te parece?. – Vale, si. Estaba emocionada… tanto, que daba pequeños saltitos sobre la silla... pero mi emoción no bastó para hacer que Tom estuviera un poco más feliz… - ¿O no quieres?
- No, si, si. Digo, me parece una estupenda idea. Pero… necesito preguntarte una cosa. – yo asentí, no sabía las consecuencias que me traería. – Pero tienes que responderme con la verdad.. Porque es una pregunta…
- Si.
- Bien… pues, hoy cuando estuve en el internado… a demás de encontrarme con Andy me encontré con otra persona… - yo no lo dejé acabar.
- ¿Con la pesada de Lidia?
- No te adelantes a los hechos, Liza.
- No, no… pero dime. – Él bajó la mirada a la mesa por unos segundos. No se notaba triste, más bien parecía pensar lo que tenía que decir. Lo observé todo ese tiempo mientras esperaba impaciente... claro, yo no me había imaginado que era lo que me tenía que preguntar y estaba de los más tranquila.
Tom cogió aire, listo para hablar. Yo lo miré. Pero él expulsó todo el aire violentamente en un resoplido…
- Me encontré con tu padre, Liza. – Imposible…-¿Te escapaste de casa?

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