30 enero, 2013

1000 Meere /Capítulo 14





CAPITULO 14

 


Bill y yo no habíamos hablando en todo ese tiempo que habíamos pasado en el hospital, él simplemente me había abrazado intentando darme ánimo. 
Ya en el viaje de vuelta fue cuando yo rompí el silencio.
¿Estás enojado conmigo? le pregunté mientras lo miraba interrogante. Ya que, si no me hablaba, la única razón era que pudiese estar enojado… o que se yo. Me miró.
No. ¿Por qué? 
No me hablas me encogí de hombros.
No sé qué decirte me dijo simplemente. Bajé la mirada a mi mano, ya no me dolía, los calmantes habían hecho su trabajo Meer, disculpa me dijo rápidamente. 
No te preocupes, a todos nos pasa eso de no querer hablar en algún momento —suspiré. 
Meer, no es eso lo miré es que… mírate, mira tu mano. Es culpa mía. 
Claro que no, Bill. A veces todo pasa por que tiene que pasar. 
Pero eso no tendría que haber pasado si las cosas era así, entonces yo no tendría por qué haberme enamorado de él. Eso tampoco tendría que haber pasado no a ti. 
Pero me pasó. Aunque podría haberle tocado a Helena murmuré bajito, pero Bill me escuchó.
Helena es una zorra. 
La odio vi como tensaba la mano en el volante. 
En cualquier caso, es culpa mía. 
Que no lo es… Resoplé. Bill fue a decir algo pero yo lo corté ¿puedo abrir la ventana? 
le sonreí y apreté el botón. La ventana se abrió en unos segundos y el viento me llegó fuertemente a la cara, revolviéndome el cabello. Ahora iba a tener una buena excusa para no hacer nada en la escuela, mi mano estaba quemada, por lo que no podía escribir. Todo tiene un lado bueno, ¿no?
¿Qué haremos hoy por la noche? le pregunté yo a Bill. 
No lo sé entonces me di cuenta de que estaba siendo estúpida. Una grosera. Él no me había invitado, y de cierto modo yo lo estaba “obligando” a que me llevase a algún lugar. 
Estás enojado le dije. 
No, Meer. Estoy… pensando. 
¿Cuándo dejas de pensar? me di vuelta en el asiento hacia su lado y lo miré muy cerca de él.
Cuando deje de estar preocupado. 
No tienes por qué estar preocupado le dije.
Acabas de tener un accidente. 

¿Y qué? Ya sanará y luego todo esto será un recuerdo me sorprendí a mí misma con lo madura que había sido. 
Ya por la tarde, estábamos ambos en su habitación tumbados en la cama y mirando la TV. Todo lo que había era muy aburrido, pero estando con Bill podía aguantar cualquier cosa.
¿Sabes que eres la niñita más linda del mundo? me dijo como si yo fuese un bebé y luego me besó en la nariz y me apretó más contra su cuerpo.

¿Sabes que eres el anciano más lindo del mundo? dije divertida.
Me haces sentir viejo se quejó.
Lo eres lo besé. Él me hacía sentir una niña, y lo era de cierto modo. Aunque ya estaba “madurando”, eso era seguro Te amo.
Te amo sentí satisfacción al escuchar eso ¿te duele la manito? negué con la cabeza. 
Me siento bien, que ni siquiera tengo ganas de matar a Helena. Pero ya regresarán —dije divertida, Bill soltó una risa no muy convencida. 
No dejaré que Helena vuelva a dañarte. 
No es necesario, se cuidarme sola hice un gesto para quitarle importancia.
Sabes que es mejor que yo te cuide dijo divertido. 
Es mejor. Así estarás conmigo todo el día me abrazó fuertemente.
Eres tan tierna… me besó en la frente. 
Sólo soy tierna contigo, Bill le dije riendo.
Y eso está bien. Sólo conmigo y nadie, nadie más.
Celoso dije en broma.
No soy celoso. Yo cuido lo que es mío lo que es suyo… eso me gustó. Lo besé, pero en el momento en que me iba a separar de él, él me cogió la cabeza con la mano y no me dejó ir. Estuvimos besándonos por largo rato. Jugando con nuestras bocas y nuestras lenguas. Ese sí que había sido un beso.

 

Ya había pasado un mes desde ese incidente. Mi mano ya estaba completamente sana, aunque si le había quedado marca ya que no había ido a ver al médico en la fecha que me habían indicado. No le tomaba importancia a eso… las cicatrices no eran feas, o al menos a mí no me lo parecían. De Helena no había vuelto a saber y estaba feliz de ello. 
Con Bill todo iba bien, incluso más que bien. Seguíamos como siempre, viéndonos a escondidas, aunque eso ya me estaba hartando un poco y tenía planeado algo para hoy, cuando Bill me viniese a buscar a la escuela. 
Tom ya se había vuelto mi amigo. Siempre conversábamos cuando yo iba a su casa y nos llevábamos excelente, había resultado ser mejor persona de lo que yo había pensado. 
Mi madre y la madre de los chicos ya sabían que nosotros tres pasábamos el rato juntos, y que éramos “amigos”. Aunque claro está que no sabían de lo que había entre Bill y yo. Simone ya me tenía como “una hija más”, incluso me decía Mery, por cariño. No me gustaba mucho, pero no le iba a reprochar nada ya que ella era una mujer excelente que me atendía muy bien cuando iba a su casa para estar con los chicos, y sobre todo con Bill. 


Seguí fingiendo prestarle atención a la clase de química. Yo era excelente en química aunque no estudiara nada por lo que no era necesario escuchar una y otra vez las mismas explicaciones del profesor, un viejo gordo, de mejillas rojas e hinchadas y con pequeños ojos que junto con su cabeza sin cabello le daban un aspecto gracioso. 
Hacía ya mucho rato que estaba jugando con mi lápiz y pensando en que la clase ya terminaría y vería a Bill. 
Me eché hacia atrás en el asiento y pensé un poco más lo que después haría. ¿Era realmente necesario? la respuesta llegó al instante. Sí, lo era. A lo mejor yo estaba equivocada, pero de errores se aprende ¿no? además, no creo que nadie fuera a encontrar lo que iba a ser como algo malo y le demostraría a Bill que podíamos estar juntos frente al resto de la gente. 
No pude evitar que una sonrisa se dibujara en mi rostro. 
Al sonar el timbre me apresuré en guardar todo en mi mochila. Y después de asegurarme de que no me faltaba nada salí del salón echa una bala.
Caminé rápidamente chocándome con la gente que caminaba a mi alrededor. Pero no tomé en cuenta sus reclamos y seguí caminando para llegar a mi objetivo, mi novio. 
Me sentí nerviosa al atravesar la puerta de salida. El corazón me empezó a andar rápido. Realmente lo haría. Respiré profundo varias veces mientras bajaba las escaleras y buscaba a Bill con la mirada, él siempre se bajaba del coche y me esperaba de pie a un lado de la escuela. 
Pude divisarlo apoyado en su coche y con las manos dentro de los bolsillos. Miré a mi alrededor y sonreí como una estúpida. Seguí bajando los tres escalones que me quedaban y caminando a paso rápido me acerqué a Bill.
—¡Hola! —le dije con una sonrisa. 
—Hola, Meer —me devolvió la sonrisa. Se agachó un poco y yo me puse en puntillas para “darle el beso en la mejilla” el que siempre me daba al irme a buscar y dejar a la escuela. Y bueno, Bill pensaba que le daría el típico besito en la mejilla, pero en vez de eso, y para demostrarle a todo el mundo que éramos novios, le cogí la cara con ambas manos y lo besé en los labios.

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