CAPITULO 17
Bill detuvo el coche frente a una moderna construcción bastante linda, tenía luces y aspecto elegante. Abrí la puerta en el momento en que Bill abría la de su lado y luego me bajé. Hice un gran ruido al cerrar la puerta puesto a que todo estaba en silencio… Bill no me dijo nada por haber cerrado la puerta tan fuertemente, pero no pude evitar preocuparme. Me cogió la mano en cuento se puso a mi lado, luego me tiró hacia él y me abrazó.
Así caminamos hacia la entrada del local. Un hombre de terno y con el cabello perfectamente peinado nos abrió la puerta. Yo lo quedé mirando hasta pasar por su lado mientras él miraba un punto fijo delante de sus ojos.
Adentro era mucho más bonito. El aire estaba cálido y había una suave música ambiental, muy agradable. Había gente joven. No era una fiesta, era un restaurante. Muy elegante, debo decir. Con casi toda la decoración en rojo y blanco. El rojo no era ese típico color chillón, que a mí personalmente no me gusta, si no que era uno mucho más oscuro. Todo allí adentro tenía formas extrañas, como las sillas que parecían espirales o algo parecido, las mesas algo… descuadradas y una barra en forma ondulatoria. Todo muy moderno y muy lindo. Estaba casi segura de que ese local era nuevo… ya lo averiguaría, se lo preguntaría a Bill.
Bill habló con un hombre que estaba
casi en la entrada, yo no escuché nada, pues estaba embelesada mirando ese
lugar. Él siempre me sorprendía. Me di cuenta cuando el hombre con una voz
bastante estirada le dijo a Bill un “síganme” y él tiró de mi mamo.
Nos situamos en la última mesa. Yo me senté al rincón y Bill frente a mí, de espaldas al resto de la gente. Me sentí bien, ya que nadie se había quedado mirándonos de forma extraña.
Me di cuenta de que toda la gente que allí había, se veía con dinero… vamos, no es que yo sea de esas chicas que sólo se preocupan por eso. Pero realmente, lo parecían… hasta con su forma de hablar era diferente. Y yo que sólo había venido con una ropa de andar por casa. Pero eso no me hizo sentir inferior. Tan sólo el hecho de estar con Bill me relajaba y me sentía mucho mejor. Incluso ya no me acordaba de mi madre y de lo que me había ordenado. “Aléjate de él”. Mujer estúpida. Me reí en mi mente y luego subí mi vista hacia los ojos de mi novio.
Los ojos más hermosos del mundo, los cuales podría reconocer entre un millón de ojos.
—¿Te gustó este lugar? —asentí con la cabeza.
—Es genial. Es perfeco, es… wow. No hay palabras, de verdad —no supe la razón de porqué murmuré todo eso, como queriendo que nadie más escuchase. Bill me siguió con el mismo tono de voz.
—Es genial que te haya gustado, tenía mis dudas —soltó una risita —planeaba llevarte a una fiesta —fruncí el ceño ¿otra fiesta? con lo mal que había salido en la última… —pero eres muy pequeña. Además, con los problemas que tuviste en tu fiesta anterior… —negó con la cabeza en signo de desaprobación, pero riendo —no quería tener problemas con una chica alcoholizada.
—No es gracioso —entrecerré los ojos.
—¿No, Mery?
—No —lo fulminé con la mirada.
—¿Sabes que eres hermosa cuando te enojas? —se mordió el labio inferior y siguió sonriendo. Me derretí…
—¿Quién? —le seguí el juego —¿Meer o Mery?
—Las dos. Las dos son hermosas y son la misma persona, ¿sabías? —miré a la mesa y volví a sonreír, mi mente estaba trabajando rápido y las cosas iban fluyendo muy bien.
—Pues yo tenía entendido que Mery era sólo tuya… y Meer, pues Meer era la chica de todo el mundo.
—¿Ah, sí?
—Si —asentí.
—Entonces Mery es sólo mía…
—Si tú quieres, claro —me encogí de hombros.
—Claro que quiero —y justo cuando nos empezábamos a acercar, un plato se puso en frente de nosotros. Lo miré. Y sí que era un gran plato. Un gran plato lleno de pasta. Vaya, restaurante italiano. Y plato para dos.
El mozo dijo algo más que no escuché y nos dejó un vaso con jugo a cada uno. Bill no me daría vino, eso estaba claro.
Me sonrió y seguidamente cogido su tenedor, yo lo imité y cogí el mío.
Nos situamos en la última mesa. Yo me senté al rincón y Bill frente a mí, de espaldas al resto de la gente. Me sentí bien, ya que nadie se había quedado mirándonos de forma extraña.
Me di cuenta de que toda la gente que allí había, se veía con dinero… vamos, no es que yo sea de esas chicas que sólo se preocupan por eso. Pero realmente, lo parecían… hasta con su forma de hablar era diferente. Y yo que sólo había venido con una ropa de andar por casa. Pero eso no me hizo sentir inferior. Tan sólo el hecho de estar con Bill me relajaba y me sentía mucho mejor. Incluso ya no me acordaba de mi madre y de lo que me había ordenado. “Aléjate de él”. Mujer estúpida. Me reí en mi mente y luego subí mi vista hacia los ojos de mi novio.
Los ojos más hermosos del mundo, los cuales podría reconocer entre un millón de ojos.
—¿Te gustó este lugar? —asentí con la cabeza.
—Es genial. Es perfeco, es… wow. No hay palabras, de verdad —no supe la razón de porqué murmuré todo eso, como queriendo que nadie más escuchase. Bill me siguió con el mismo tono de voz.
—Es genial que te haya gustado, tenía mis dudas —soltó una risita —planeaba llevarte a una fiesta —fruncí el ceño ¿otra fiesta? con lo mal que había salido en la última… —pero eres muy pequeña. Además, con los problemas que tuviste en tu fiesta anterior… —negó con la cabeza en signo de desaprobación, pero riendo —no quería tener problemas con una chica alcoholizada.
—No es gracioso —entrecerré los ojos.
—¿No, Mery?
—No —lo fulminé con la mirada.
—¿Sabes que eres hermosa cuando te enojas? —se mordió el labio inferior y siguió sonriendo. Me derretí…
—¿Quién? —le seguí el juego —¿Meer o Mery?
—Las dos. Las dos son hermosas y son la misma persona, ¿sabías? —miré a la mesa y volví a sonreír, mi mente estaba trabajando rápido y las cosas iban fluyendo muy bien.
—Pues yo tenía entendido que Mery era sólo tuya… y Meer, pues Meer era la chica de todo el mundo.
—¿Ah, sí?
—Si —asentí.
—Entonces Mery es sólo mía…
—Si tú quieres, claro —me encogí de hombros.
—Claro que quiero —y justo cuando nos empezábamos a acercar, un plato se puso en frente de nosotros. Lo miré. Y sí que era un gran plato. Un gran plato lleno de pasta. Vaya, restaurante italiano. Y plato para dos.
El mozo dijo algo más que no escuché y nos dejó un vaso con jugo a cada uno. Bill no me daría vino, eso estaba claro.
Me sonrió y seguidamente cogido su tenedor, yo lo imité y cogí el mío.
Enrollé el tenedor en la pasta y saqué un poco de ella y
luego, para darle más picardía al asunto se la di a Bill. Este abrió la boca y
se comió la pasta con una sonrisa. Le había gustado… ¿y qué mejor que tu novia
te de pasta italiana en la boca? él me imitó y yo repetí lo que él había hecho
anteriormente, comer la pasta. Estaba deliciosa.
—Está deliciosa… —dije sonriendo —habías pedido esto desde antes.
—¿Cómo sabes? —dijo luego de haber tragado.
—No nos dieron ese listadito con la comida que dan en todos los lugares como este —sonreí, contentan de haberle pillado.
—Estás inteligente hoy. Ah, y se llama menú —rio mientras yo masticaba.
Y así seguimos durante toda la cena que duró alrededor de una hora y media… ya que estuvimos mucho tiempo hablando y comiendo.
Todo había ido de maravilla. Esa noche me había encantado. Los problemas habían quedado de lado y sólo me concentraba en disfrutar el tiempo con Bill, ya que debido a mi madre luego no iba a poder estar con él mucho tiempo, estaba segura de que me tendría vigilada.
Realmente yo lo amaba más que todo en el mundo, en ese momento sentí que él era mi única razón para seguir bien y no caer en una depresión tan grande que me llevaría al suicidio... já. No era para tanto, vale, exagero. Pero mi vida no era una de las mejores y Bill era como la luz de toda la oscuridad. Él era muy importante para mi, y lo necesitaba.
Salimos del local en cuanto Bill pagó todo.
Nos subimos en el coche. Yo estaba agotada, se me cerraban los ojos por acción automática, aunque yo los quisiese tener abiertos.
—Tengo sueño —le comenté mientras bostezaba.
—Lo noté.
—No quiero ir a casa —le dije recordando lo que me podría esperar al llegar.
—¿Y qué quieres que hagamos? —me encogí de hombros, el echó a andar el coche.
—No lo sé. Tú sabrás donde ir… —soltó una risita. Vi como el dirigía el coche hacia el lado contrario desde donde quedabas nuestras casa, es decir, siguió subiendo más arriba, hasta que sólo se vieron un par de casa y unos cuantos árboles. Supuse que el viaje se me había hecho corto porque me había dormido sin darme cuenta. Ya no tenía sueño.
—Está deliciosa… —dije sonriendo —habías pedido esto desde antes.
—¿Cómo sabes? —dijo luego de haber tragado.
—No nos dieron ese listadito con la comida que dan en todos los lugares como este —sonreí, contentan de haberle pillado.
—Estás inteligente hoy. Ah, y se llama menú —rio mientras yo masticaba.
Y así seguimos durante toda la cena que duró alrededor de una hora y media… ya que estuvimos mucho tiempo hablando y comiendo.
Todo había ido de maravilla. Esa noche me había encantado. Los problemas habían quedado de lado y sólo me concentraba en disfrutar el tiempo con Bill, ya que debido a mi madre luego no iba a poder estar con él mucho tiempo, estaba segura de que me tendría vigilada.
Realmente yo lo amaba más que todo en el mundo, en ese momento sentí que él era mi única razón para seguir bien y no caer en una depresión tan grande que me llevaría al suicidio... já. No era para tanto, vale, exagero. Pero mi vida no era una de las mejores y Bill era como la luz de toda la oscuridad. Él era muy importante para mi, y lo necesitaba.
Salimos del local en cuanto Bill pagó todo.
Nos subimos en el coche. Yo estaba agotada, se me cerraban los ojos por acción automática, aunque yo los quisiese tener abiertos.
—Tengo sueño —le comenté mientras bostezaba.
—Lo noté.
—No quiero ir a casa —le dije recordando lo que me podría esperar al llegar.
—¿Y qué quieres que hagamos? —me encogí de hombros, el echó a andar el coche.
—No lo sé. Tú sabrás donde ir… —soltó una risita. Vi como el dirigía el coche hacia el lado contrario desde donde quedabas nuestras casa, es decir, siguió subiendo más arriba, hasta que sólo se vieron un par de casa y unos cuantos árboles. Supuse que el viaje se me había hecho corto porque me había dormido sin darme cuenta. Ya no tenía sueño.
—Ya llegamos, Mery —me
dijo Bill. Todo quedó en silencio pues él había detenido el motor. Mi erguí
para mirar por la ventanilla pero no se veía nada, todo estaba oscuro salvo por
una luz que salía al parecer el suelo, no veía bien, pero llegaba de unos
metros más adelante —espero no te moleste
dormir en el coche.
—¿Dónde estamos?
—Un mirador —vaya.
—¿Es bonito el paisaje? —pregunté ilusionada.
—Jamás lo he visto de noche —apenas pude ver cómo me sonreía, debido a la oscuridad.
—Quiero ver —dije como una niña pequeña… bueno, más pequeña.
—¿Ya no tienes sueño?
—No —entonces sentí cómo Bill abría la puerta.
—Espera aquí —me dijo y lego la cerró. Todo se quedó en silencio nuevamente y yo estaba impaciente por que Bill me viniera a buscar. A lo mejor iba a ver algo o que se yo… y luego de unos cuantos segundos que se me hicieron eternos, la puerta de mi lado se abrió. Bill me cogió de la mano y salí del coche. Me dio frío. Pero no le tomé importancia.
Juntos caminamos hacia dónde provenía esa única luz que parecía iluminar el oscuro cielo. Pronto me di cuenta de que no era una luz del suelo… sino que eran nada más y nada menos que las luces que iluminaban a la ciudad por la noche. Desde allí se podía ver toda la ciudad. Un sonido de asombro salió por entre mis labios.
—Es precioso… —dijo Bill.
—¿Dónde estamos?
—Un mirador —vaya.
—¿Es bonito el paisaje? —pregunté ilusionada.
—Jamás lo he visto de noche —apenas pude ver cómo me sonreía, debido a la oscuridad.
—Quiero ver —dije como una niña pequeña… bueno, más pequeña.
—¿Ya no tienes sueño?
—No —entonces sentí cómo Bill abría la puerta.
—Espera aquí —me dijo y lego la cerró. Todo se quedó en silencio nuevamente y yo estaba impaciente por que Bill me viniera a buscar. A lo mejor iba a ver algo o que se yo… y luego de unos cuantos segundos que se me hicieron eternos, la puerta de mi lado se abrió. Bill me cogió de la mano y salí del coche. Me dio frío. Pero no le tomé importancia.
Juntos caminamos hacia dónde provenía esa única luz que parecía iluminar el oscuro cielo. Pronto me di cuenta de que no era una luz del suelo… sino que eran nada más y nada menos que las luces que iluminaban a la ciudad por la noche. Desde allí se podía ver toda la ciudad. Un sonido de asombro salió por entre mis labios.
—Es precioso… —dijo Bill.
—Si —le di la razón,
luego nos abrazamos y nos apoyamos en la baranda de metal que rodeaba todo el
cemento y las bancas que conformaban ese antiguo mirador. A lo mejor lo habían
creado cuanto tan siquiera existían un par de casas en la ciudad. Me reí de mi
misma por la conclusión que había sacado de todo aquello —es genial estar aquí contigo —le dije a Bill, este me besó el cabello.
—Te amo…
—Te amo —nos dijimos al mismo tiempo —¿sabes? siempre recordaré esto —le dije.
—Ten por seguro que yo igual —me acarició la cabeza y el cabello —eres lo mejor que existe en este mundo.
—Y tú eres lo más importante que existe en mi mundo —nuevamente me besó el cabello.
—Te amo.
—Yo te amo más.
—Eres muy competitiva, Mery. Sabes que siempre te querré más.
—No. Yo te querré más. Siempre, por siempre y para siempre.
—¿Para siempre? —asentí.
—Es mucho tiempo… pero estoy segura de que será así —pude notar como el sueño me invadía nuevamente. Bostecé y mis ojos se llenaron de lágrimas debido al bostezo.
—¿Ahora tienes sueño? —asentí —ven, vamos al coche… —caminamos abrazados hacia el coche. Los ojos ya me comenzaban a pesar. Había durado muy poco tiempo despierta. En vez de subirnos en los asientos de adelante nos subimos en los de atrás los dos juntos. Lo abrazamos, yo entre sus piernas y muy cerca el uno del otro.
—Que duermas bien preciosa —yo contesté con un leve ronroneo. Él me apretó más contra sí mismo y nos dormimos juntos. Todo había sido muy romántico ese día. Habían ocurrido tantas cosas. Definitivamente, un día para no olvidar.
—Te amo…
—Te amo —nos dijimos al mismo tiempo —¿sabes? siempre recordaré esto —le dije.
—Ten por seguro que yo igual —me acarició la cabeza y el cabello —eres lo mejor que existe en este mundo.
—Y tú eres lo más importante que existe en mi mundo —nuevamente me besó el cabello.
—Te amo.
—Yo te amo más.
—Eres muy competitiva, Mery. Sabes que siempre te querré más.
—No. Yo te querré más. Siempre, por siempre y para siempre.
—¿Para siempre? —asentí.
—Es mucho tiempo… pero estoy segura de que será así —pude notar como el sueño me invadía nuevamente. Bostecé y mis ojos se llenaron de lágrimas debido al bostezo.
—¿Ahora tienes sueño? —asentí —ven, vamos al coche… —caminamos abrazados hacia el coche. Los ojos ya me comenzaban a pesar. Había durado muy poco tiempo despierta. En vez de subirnos en los asientos de adelante nos subimos en los de atrás los dos juntos. Lo abrazamos, yo entre sus piernas y muy cerca el uno del otro.
—Que duermas bien preciosa —yo contesté con un leve ronroneo. Él me apretó más contra sí mismo y nos dormimos juntos. Todo había sido muy romántico ese día. Habían ocurrido tantas cosas. Definitivamente, un día para no olvidar.

al fin...tiempo sin leer y aunq aun entro al fotolog esta mejor aqui, gracias por subir :)
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