30 enero, 2013

1000 Meere /Capítulo 11




CAPITULO 11


Me levanté de la cama de un salto y corrí hacia la ventana, la abrí entera.
Hola, ¿lista? me dijo entusiasmado. Yo asentí.
Si apoyé mis manos en la ventana e hice impulso hacia arriba. 
Hey, ¿qué haces? me detuve y quedé quieta, con un pie a medio pasar hacia afuera de la ventana.
Voy a tu casa lo pasé completo.
¿Qué, que?
E... so logré pasar el otro pie y quedar sentada que no puedo salir por la puerta, está el novio de mi madre y sería incómodo —le informé.
No te estarás escapan…
¡No! cómo crees reí nerviosa. Lo había interrumpido. Luego estiré mis brazos hacia Bill, echando lo máximo que pude mi cuerpo hacia adelante ¿me ayudas? dije agitando los brazos. Él se echó hacia adelante, sacándome medio cuerpo por la ventana y me cogió de los brazos. 
Claro tiró de mí, y yo hice un poco de impulso, para apoyar uno de mis pies en la pared exterior de la casa vecina, Bill dio unos pasos hacia atrás y moví el otro pie hasta quedar “parada fuera de la ventana de Bill”. Él siguió tirando de mí hacia atrás, yo hice fuerza con mis piernas…
Y caí de boca al piso de la habitación.
Al menos lo había logrado y no había sido tan difícil. 

No me había golpeado tan fuerte. No tanto… no como esas veces en que te golpeas en la nariz y te salen lagrimas aunque no quieras, sólo me había golpeado un poco, aunque podía sentir mi labio palpitar y un sabor salado y metálico en mi boca. Apoyé las palmas de las manos en el piso y me levanté. Bill me ayudó cogiéndome de los hombros. 
Wow solté una vez estuve de pie.
¿Estás bien? asentí con la cabeza e hice un gesto para restarle importancia al asunto.
No fue nada, sólo un golpecito. 
Sí, un golpecito y sangras, ¿no? frunció el ceño y luego acercó sus manos a mi rostro déjame ver eso cogió mi cara con sus manos y observó mi labio, de seguro ya estaría un poco hinchado, lo podía sentir auch ¿No habría sido más fácil salir por la puerta? 
Emm… ¿Qué clase de escapatoria sería si saliera por la puerta con mi madre y su novio en frente, mirándome?, bufé internamente. Me encogí de hombros. Entonces Bill estiró un poco la piel de mi labio ¡Ay!, no hagas eso me alejé de él me duele me llevé las manos al labio y las sentí húmedas. Tenía sangre.
Lo siento volvió a acercarse vamos a limpiar eso posó su mano en mi espalda y me guio hasta el baño. Entramos dentro y me encargué de cerrar la puerta, no fuese a ser que Simone me viera y le contara a mi mamá.
Bill abrió el grifo y echó a correr el agua. Luego hizo que me inclinara. Con una mano echaba mi espalda hacia adelante, mientras que con la otra me limpiaba la boca. Yo intentaba no ahogarme por la cantidad de agua. Podía ver la sangre caer y disolverse.
Cuando ya dejé de ver sangre, Bill cerró el grifo. Dejó de hacer presión con su mano en mi espalda y yo me erguí para darme vuelta hacia él. Él ya estaba con una toallita en la mano, me la pasó por la cara con cuidado mientras yo fruncía el ceño. 
Ya está dijo dejando la toallita en su sitio —está hinchado me tocó alrededor de la herida suavemente con el dedo. 
Ya sanará me di la vuelta y miré hacia el espejo que tenía en frente mío. Sí, estaba hinchado y se veía horrible que feo me quejé y quise tocarlo pero Bill me detuvo la mano. 
No te toques que sangraras de nuevo me sujetó la mano con suavidad y la bajó despacio. Yo asentí lentamente mientras me perdía en sus ojos. Que chico más hermoso. 
Se acercó lentamente y me dio un suave beso en la comisura del labio. Donde no estaba herido. 
¿Vamos? se separó de mi con lentitud.
dije un poco sofocada por el nerviosismo. 
Mientras bajábamos por las escaleras yo rogaba internamente que su madre no estuviese.
Y no estaba. Salimos cogidos de la mano y nos subimos en el coche. Yo lo más rápidamente que pude, eso era obvio. Le eché una mirada a mi casa. Sólo había luz en la habitación de mi madre. A saber que estarían haciendo allí.
¿Qué ocurre? me preguntó Bill. Yo lo miré sonriendo del lado “bueno” de mi labio.
Nada.
Me sonrió tiernamente y echó a andar el coche. 
¿Dónde vamos? pregunté como la vez anterior por favor dímelo y no salgas con eso de que es sorpresa  soltó una risa. 
A otro lugar me quedé un rato en silencio con cara de boba es bonito y… quiero llevarte allí
No sé si te has dado cuenta, pero no me entero de nada.
Ya verás cuando lleguemos. Va a gustarte. 
Si suspiré ¿nos demoraremos en llegar? pregunté con la esperanza de que su respuesta fuera un no.
No. No tanto… sólo un poco resoplé pero no te molestes, está a unos diez minutos de aquí. 
Si… no es tanto dije irónica. 
No te enojes… estiró su brazo y rozó mi rostro con su mano, acariciándome suavemente. 
No me enojo le cogí le mano. Nuestras manos unidas cayeron hasta mi pierna. El resto del viaje lo pasamos en silencio. Él acariciaba mi mano con sus dedos y a veces mi pierna. Dulcemente, claro. Sin duda él me tenía cariño. Pero yo lo quería aún más.
Los diez minutos que quedaban de viaje pasaron muy lentos. Pero me encantaba… me encantaba estar con él. 
Por la ventanilla del coche sólo podía ver oscuridad y árboles. Muchos árboles. Pero nada más. No había más luces, ni ningún otro auto por allí. Definitivamente habíamos salido de la ciudad. 
No supe el lugar en que Bill detuvo el coche, pero no había sido en la carretera. 
Bill separó su mano de la mía y puso el freno al coche. Luego abrió la puerta del auto y se bajó. Todo estaba oscuro. La puerta de mi lado se abrió y pude distinguir a Bill entre la oscuridad. La luna y las estrellas iluminaban el lugar por lo que no me costaba tanto ver… a demás mis ojos ya estaban un poco acostumbrados a la oscuridad. Se habían acostumbrado por el camino. 
Bill me tendió la mano y yo se la cogí y salí del coche. Enseguida él cerró la puerta. Estaba impaciente por ver donde me llevaba. Aunque seguro tendríamos que caminar. 
¿Hay que caminar? pregunté con un tono de fatiga en mi voz. 
No soltó una suave risa ya estamos aquí se dio la vuelta, yo lo imité.
Dios. Ni yo sabía que eso existía y que estaba aquí. 
Frente a mi había algo muy, muy extraño. Incluso llegué a preguntarme caso estaba soñando. Era grande. Muy grande y antiguo, pero hermoso. Jamás en mi vida había visto algo así, sólo en la TV, en las películas. Tampoco creí que fuera a ver eso. Estaba impresionada. Esto no sería de Bill ¿o sí? Pues, allí “estacionado” frente a mí, había un antiguo y oxidado tren. Que abarcaba unos… vale que no calculo bien, pero muchos metros de distancia. Tenía unos tres vagones más la locomotora. Aunque no creo que nadie lo fuese a poner en marcha porque era bastante antiguo. Era negro y por lo que pude ver había pintura blanca y roja descascarándose del metal gastado y con tonos amarillentos. Había ventanas. Muchas ventanas. Todas sin vidrio ni nada que cubriera el interior. Realmente era grande. Lo más impactante que había visto en mi vida. 
Cuando pude despegar la vista de “eso” miré a Bill. Aun con la boca abierta por el asombro y por con la cara de boba que me había dejado la sorpresa.
—No me dirás que esto es tuyo —Bill rio. 
—No. 
—Dios, es genial —volví nuevamente la vista el tren y caminé unos cuantos pasos para acercarme. Bill vino de tras de mí. 
—¿Te gusta? —Asentí y extendí la mano para tocarlo. El metal estaba frío —lo sabía. —Giré la cabeza para mirarlo.
—Wow. 
—Sí, wow. Ven que te muestro algo aún mejor —me cogió la mano. Su mano estaba tibia y contrastó notablemente con el metal frío —Estás helada.
—No tengo frío —dije comenzando a caminar hacia donde él me llevaba. Pero no tardamos ni tres segundos en llegar. Nos detuvimos frente a una pequeña escalera que estaba pegada al primer vagón. Bill me soltó la mano y miró hacia arriba —¿Vamos a subir? 
—Ve tu primero —me animó. Y luego cogiéndome por la cintura me alzó en el aire. Yo apoyé mis pies y mis manos en la escalera y comencé a subir. Bill no me soltó y no dejó de tener las manos en alto hasta que toqué la superficie del vagón. No estaba para nada resbalosa, al contrario de cómo yo había pensado. Y aunque la oscuridad me dificultó un poco el trabajo logré poner medio cuerpo arriba y luego pasar mis pies. Esta vez sin caerme.
Me levanté con lentitud. El vagón era lo suficiente grande como para no caerme pero es mejor prevenir. Separé las manos de la superficie hasta quedar correctamente de pie.
Y luego, una imagen llegó a mí rápidamente. Entre el tren o eso no sabría que elegir para catalogarlo como “lo más bello”. Las luces iluminaban el oscuro cielo. Eran las luces de la ciudad que se veían a lo lejos. Los edificios más altos, la iglesia, todo se podía ver iluminado por las luces y las estrellas que adornaban el cielo. Y como si fuese poco, al lado izquierdo de la ciudad, la luna más grande, redonda, amarilla y hermosa que había visto en mi vida, completaba el paisaje para que fuese perfecto. 
Escuché como Bill subía y se situaba a mi lado.
Yo seguí contemplado eso que parecía mágico. Nuestras manos acabaron unidas al cabo de unos segundos… y en cuanto terminé de recorrer con la vista cada punto brillante que se veía a lo lejos, miré a Bill. Este me estaba mirando.
—Esto es hermoso —dije mirándole directamente a los ojos. 
—Tú eres más hermosa —negué con la cabeza, despacio —Claro que sí. Eres mi niña… pequeña —separó su mano de la mía y me abrazó pegándome a él.
—¿De verdad lo soy? —murmuré mientras cerraba en los ojos y pensaba en lo bien que eso había sonado. No tenía dudas de que él me quería y mi corazón estaba latiendo más fuerte que nunca. 
—Te amo —me dijo. Me dio algo en el pecho que no sabría cómo explicar. Pero no dude en contestarle.
—Yo más —él me apretó aún más contra su cuerpo. Al punto en que podía sentir su respiración y los latidos de su corazón. Que seguramente estarían igual de rápidos que los míos. Besó mi cabeza y comenzó a acariciar mi cabello con una de sus manos.
Cerré los ojos y me concentré en sentir el momento. Para guardarlo en mi memoria para siempre. Siempre recordaría esto, esta noche. La primera vez que alguien me dijo un “te amo” con la persona a la cual yo amaba y no pensaba dejar de amar nunca. Todo era perfecto, al igual que mi acompañante. 
Nos dejamos caer sobre el metal. Yo aún seguía entre sus brazos, y esa era la mejor sensación del mundo. Sentirme protegida y querida, sentirme importante para una persona. Me acomodé entre sus piernas, con mi espalda apoyada en su pecho, sus brazos rodeaban mi cuerpo y me proporcionaban calor. Y cariño. 

El silencio que reinaba en el lugar era mágico, al igual que el ambiente en el que nos encontrábamos. No se podía sentir nada que no fuese el cariño. El cariño mutuo… que yo le tenía a él y él me tenía a mí.
No me apetecía romper el silencio que se había originado tan maravillosamente. Pero algo me impulsó a abrir la boca.
No creo que hayan sido diez minutos de viaje dije casi como un chiste, casi en un ronroneo. Bill soltó una risita.
Pues no, pero para ser media hora de aburrimiento viajando no está mal me respondió en el mismo tono. Oí como respiraba fuertemente y luego botaba el aire despacio. 
Si… ¿Cómo llegamos a este lugar?
Lo encontré hace un tiempo. Al parecer esto no tiene dueño y nadie sabe que está aquí. Creo. 
Entonces sólo nosotros dos conocemos este lugar dije más como afirmación que como una pregunta… manteniendo mi bajo tono de voz. 
Sí. 
Una sonrisa se dibujó en mi rostro. Todo esto se estaba volviendo misterioso. Giré la cabeza y me erguí un poco para mirarlo a la cara. Era hermoso. Perfecto. 
Te amo susurré. Casi no se escuchó. Pero creo que él si lo hizo, porque me besó. Se separó de mí un instante. 
Yo más dijo imitando mis palabras. Entonces yo me lancé a sus labios eres lo más hermoso que existe en el mundo, ¿sabías? reí pegada a sus labios. Esta vez el beso fue muy sonoro. Me reí. 
Te amo repetí te amo repetí nuevamente. Y es que jamás me iba a cansar de decirlo. Entonces separé mis manos se su cuerpo y las situé en sus mejillas, me puse de rodillas frente a él te amo lo besé.
¿Sabes que todo eso se queda corto si lo comparamos con todo lo que yo te amo? dijo en cuanto separé mis labios de los suyos. Pero aún nuestras frentes estaban pegadas. Él me abrazaba por la cintura fuertemente. Como para que yo no me escapara. 
En ese momento millones de pensamientos inundaron mi mente. ¿En qué momento me había enamorado de Bill? Toda mi vida había vivido al lado de mi casa. Yo siempre lo había visto pasar. Pero sólo como mi vecino. Un vecino grande, al cual yo no le podía habar… porque era grande. Y los grandes no hablan con los chicos, ¿no? O eso es lo que yo pensaba… hasta que eso ocurrió. Porque jamás se me había pasado por la cabeza que algo así podría pasar… y menos a mí. Jamás había imaginado tan siquiera que iba a hablar con él y mucho menos que estaríamos en la situación en la que estábamos en ese momento. 
Meer, ¿estás bien? me preguntó Bill unos escasos milímetros de distancia. 
Sí, sólo pensaba… lo besé. 
¿En qué pensabas? 
En lo extraño que es que esto nos pase a nosotros… yo nunca imaginé que 
Yo tampoco me cortó y me besó suavemente Meer… me llamó, separándose un poco de mí.
¿...Eh? bajé mis manos hasta sus hombros y lo miré. 
Nadie debe saber sobre esto murmuró mientras bajaba la mirada. 
¿Por qué? pregunté sin comprender. Si todo esto era tan bello, ¿por qué ocultarlo? 
Porque podría traer consecuencias dijo mientras separaba sus manos de mi cintura y cogía mis manos para seguidamente entrelazar nuestros dedos.
¿Consecuencias de qué? se encogió de hombros.
A la mayoría de la gente no le agradaría verte con alguien de mi edad, ¿comprendes? asentí poco convencida.
Las personas no pueden meterse donde no deben. 
Pero si lo hacen acarició un poco mis manos.
Eso está mal él asintió dándome la razón pero no por eso hay que esconderse. 
Mi vida, entiende que no se puede soltó una de mis manos y me acarició el rostro con suavidad. 
Sí, entiendo. Nadie va a enterarse de esto susurré mientras me perdía en sus ojos.
Quizás más adelante se pueda me sonrió. Yo le devolví la sonrisa y me lancé a besarlo nuevamente.
Y así seguimos todo el resto de la noche. Entre risas, besos y juegos de esos bobos de enamorados. Los que yo encontraba extremadamente cursis. Pero con Bill todo era diferente y esos juegos bobos y cursis me parecían lindos. No dejamos ni siquiera un momento en que no nos dijimos cuanto nos queríamos. Y ya se había vuelto normal para mí decirle esas dos palabras a Bill. “Te amo”. Lo que yo jamás creí que diría. Y es que todo había llegado tan rápido. 
Cuando ya faltaba hora y media para que amaneciera nos fuimos. Bill prometió que me llevaría de nuevo en otra ocasión. 
En el coche me dormí, puesto a que estaba cansada y Bill me despertó al llegar.
Abrí los ojos lentamente mientras él me movía despacio, con mucha suavidad.
Despierta, dormilona, ya llegamos. 
Si bostecé mientras pensaba en lo cómoda que estaría durmiendo en mi cama. Calentita y cubierta por todas las mantas hasta el cuello ¿me prestas la ventana de tu habitación? pregunté mientras él abría la puerta, yo lo imité y salí fuera... hacía frío. 
¿Para qué quieres la ventana de mi habitación? caminé hacia él, me abrazó y comenzamos a caminar hacia su casa.
Para llegar a la mía dije aún medio dormida. 
Ajam… supuse que ya se habría dado cuenta de que me había escapado y por eso no me dijo nada más. Ahora la cosa era pasar del otro lado y no caerme.
Entramos en su casa a oscuras y subimos las escaleras haciendo el más mínimo ruido.
Una vez llegamos a su habitación, lo besé y caminé hacia la ventana. 
Nos vemos le dije con una sonrisa. Él se acercó a mí y me ayudó a pasar del otro lado.
Cuidado, no quiero que te caigas apoyé mis manos en el marco de mi ventana y no sé cómo pude hacerlo, pero logré pasar.

No me golpeé dije volviéndome a asomar por la ventana. Esta vez la de mi habitación, claro me iré a dormir.
Está bien…  me dijo con una sonrisa de medio lado.
Te quiero.
Te quiero me lanzó un beso. Y en el momento en que sentía que mi corazón empezaba nuevamente con sus revoluciones, me di la vuelta y cerré la cortina.
Me lancé a la cama con toda la ropa puesta y me dormí al instante. 

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