CAPITULO
13
—Bill —dijo ella en modo de saludo. Al parecer Bill lo había dicho también con la intención de saludar.
—Ella es Meer —me presentó Tom ante la rubia. La cara de ésta tenía un gesto amistoso. Pero sus ojos estaban a punto de arder en llamas —y Meer, esta es Helena, es mi novia.
—Hola.
—Hola. –dijimos al mismo tiempo. Bill apoyó su cabeza sobre la mía.
Tom y la rubia se sentaron en el sillón grande. Nadie dijo nada más, la situación era muy incómoda.
No supe hacia dónde mirar cuando Tom y Helena comenzaron a besarse como desesperados. No dudaba en que fueran a subir a la habitación en cualquier momento. Y como no sabía hacia dónde mirar, me dediqué a mirar a Bill. Éste miraba la TV, con cara de disgusto. Se notaba muy, muy enojado.
—¿Qué ocurre? —le pregunté en silencio para que sólo él me pudiese oír.
—Nada —me respondió tajante. Bajé la mirada y él se apresuró en añadir —nada, digo, disculpa… luego hablamos ¿si? —su tono de voz había cambiado a uno dulce, pero su rostro seguía mostrando esa rabia. Asentí y él me dio un beso en el cabello. No comprendía porqué estaba tan enojado. Pero se la pasó así hasta que a Tom se le ocurrió una “genial” idea.
—¿Quién tiene hambre? —preguntó mientras se separaba un segundo de los labios de Helena. Nadie respondió. Nos miramos entre todos. Casi pude oír ese típico grillito del “cri-cri” —pues yo tengo hambre.
—¿Tienes hambre, mi amor? —le dijo la rubia a Tom. Que tonta. Preguntas inútiles… Tom asintió y se besaron nuevamente.
—Comamos algo… —escuché decir a Bill —es hora de comer.
—¡Bien! —dijo la rubia levantándose de un salto —Meer, ¿me ayudas a preparar algo delicioso? —Bill se tensó y me abrazó más firmemente. Se notaba alterado.
—En realidad yo… —quería negarme, pero no sabía cómo hacerlo.
—¿Y si cocinamos los cuatro juntos? —propuso Bill rápidamente, cortándome. Luego intervino Tom:
—Deja que las chicas… —se cayó al recibir una mirada fulminante de parte de su gemelo.
—¿Y? ¿Todos juntos? —confirmó la rubia entusiasmada.
—Me parece bien.
—Sí.
—Vale —esa fui yo.
Tom, Bill y yo nos levantamos y seguimos a Helena que ya se había adelantado hacia la cocina. Entramos en ella, y que rápida era… ya estaba con la cabeza dentro de un mueble, trajinándolo todo.
—Hay papas ¿qué tal si hacemos papas fritas caceras? —su voz retumbó desde dentro del mueble. Me di cuenta de que Tom le miraba el culo y Bill miraba a Tom enojado.
—Me parece bien, hace tiempo que no como de las caceras —habló el de rastas.
—¿Tú qué opinas, Bill?
—Pues, sí… —le contestó Bill a la rubia.
—¿Y tú, Meer?
—Sí. Genial —intenté reír un poco, pero sólo salió un extraño sonido de mi boca, más bien parecido a un bostezo. Helena sacó una bolsa con papas del mueble y la dejó sobre la mesa.
—Ok, ya está todo listo… ¡es hora de poner a prueba mis clases de cocina! —dijo dando unos saltitos. Miré a Bill con gesto horrorizado, este se encogió de hombros —ahora, ¡todos cojan un cuchillo y a pelarlas! —exclamó —yo las pico en trocitos.
—Como tú digas, cariño —Tom se acercó a un mueble para seguidamente abrir un cajón.
—Em… yo creo que primero hay que lavarlas —dije bajito. Helena me miró con asco y luego miró a Bill.
—Tú lavas —le dijo —y tú —se refirió a mí —se las irás pasando a Tom. Tom, tú las pelarás y me las darás a mí, yo las picaré.
Al menos yo no tenía que hacer mucho.
Comenzamos nuestra tarea asignada por la “jefa”. Y unos minutos más tarde, ya teníamos todo listo y en una fuente.
Tom buscó el freidor de las papas y le echó aceite para luego ponerlo a calentar. Ahora tocaba esperar. Luego Tom dijo que tenía que hacer algo en el segundo piso, por lo que subió. Y ahí nos quedamos nosotros tres, digo, la rubia, Bill y yo en un incómodo silencio, esperando que el aceite estuviese lo suficientemente caliente.
Miré a Bill, y este me sonrió de medio lado. Luego me cogió la cara y me estampó un beso en los labios. Estoy casi segura de haber escuchado a la rubia soltar un bufido.
—Te quiero —me susurró. Yo sonreí ampliamente.
—Yo más —le respondí. Y justo en el momento en que lo iba a besar nuevamente la rubia habló.
—¿Qué edad tienes, querida?
—Catorce —Helena alzó una ceja.
—¡Que pequeñita!
—¿Y tú? —le pregunté.
—Ve si el aceite está caliente, ¿quieres? —ignoró mi pregunta. Yo miré a Bill y este asintió. Entonces me levanté de la silla en que estaba sentada y me acerqué a la olla. Cogí una de las papas que estaban en el mueble del lado y la metí dentro. Estaba listo.
—Sí, está listo —la
rubia se levantó del asiento y se acercó a mí.
—Déjame hacer esto a mí, a ver si luego te quemas —retrocedí unos pasos hasta llegar donde Bill y Helena comenzó meter algunas papas dentro del aceite.
Luego de eso, seguimos en silencio. En la misma posición de antes. Sólo que esta vez Bill me tenía abrazada y la rubia no dejaba de mirarnos.
Entonces en ese momento, picaron al timbre… Bill se separó de mí y salió de la cocina para abrir la puerta.
—Déjame hacer esto a mí, a ver si luego te quemas —retrocedí unos pasos hasta llegar donde Bill y Helena comenzó meter algunas papas dentro del aceite.
Luego de eso, seguimos en silencio. En la misma posición de antes. Sólo que esta vez Bill me tenía abrazada y la rubia no dejaba de mirarnos.
Entonces en ese momento, picaron al timbre… Bill se separó de mí y salió de la cocina para abrir la puerta.
—¿Por qué no ves si las papas ya están? —me dijo la rubia. Yo obedecí y me levante.
—Claro —me acerqué a la olla y miré hacia adentro. No distinguía bien, ya que el aceite estaba lleno de burbujas.
Me iba a separar de allí cuando una mano se apoyó en mi espalda y me hizo perder el equilibrio cayendo hacia adelante.
Puse las manos frente a mí para detenerme.
Pero sólo pude gritar.
—Claro —me acerqué a la olla y miré hacia adentro. No distinguía bien, ya que el aceite estaba lleno de burbujas.
Me iba a separar de allí cuando una mano se apoyó en mi espalda y me hizo perder el equilibrio cayendo hacia adelante.
Puse las manos frente a mí para detenerme.
Pero sólo pude gritar.
Todo ocurrió muy rápido. La mano me
ardía. En un acto reflejo grité fuertemente y me apresuré en sacar la mano del
aceite hirviendo. En cuanto lo hice, di vuelta la olla y esta se cayó hacia un
lado, derramando todo el aceite y las papas en el piso de la cocina. Se hizo un
gran ruido. Grité más y me alejé un paso de allí. Sentía que los ojos se me
nublaban y que en cualquier momento me iba a morir por el dolor. Seguí gritando
y comencé a agitar mi mano en el aire, aún no veía como estaba, pero ya había
comenzado a llorar.
En una de mis vueltas pude distinguir la figura de alguien, supuse que era Helena.
—Te dejaré tan fea, que ni siquiera Bill te querrá —me dijo. Yo solté un quejido, impactada y adolorida. Y medio segundo después alguien entró por la puerta. Yo lloraba a gritos, con quejidos. Y es que la mano se me quemaba… no era para menos.
—¡¿Pero que ocu…?! —inconscientemente me dirigí hacia la llave de agua de la cocina. No le prestaba atención a nada que no fuese mi mano. Pero en cuanto iba a acercarme a abrir el grifo, alguien me cogió del cabello y me tiró hacia atrás. Me caí de espaldas —¡Helena! —lloré más fuerte y medio segundo después escuché el sonido de algo romperse en miles de trocitos al lado de mi oído —¡HELENA, NO! —me encogí sobre mi misma al sentir una punta clavarse en mi espalda, me habían golpeado. Entonces algo me cogió por los brazos y me hizo sentarme en el suelo. Me sentí protegida por… unos brazos, que me rodearon y me hicieron arrastrarme hasta situarme en otro sitio. Cerré los ojos con fuerza e intenté que mi mano no tocase nada. Sentí gritos a parte de los míos, unos agudos, que me dañaban lo oídos. Con mi mano buena, cogí a esa persona de la ropa y la apreté con fuerza, en ese momento me di cuenta de que era Tom. Estaba de espaldas a mí, podía sentir sus rastas. Abrí los ojos y una oleada de pánico me inundó al ver a Helena casi sobre Tom que estaba de cuclillas en el suelo delante de mí, Tom la sujetaba de los brazos mientras ésta gritaba cosas incoherentes. Me desesperé aún más y sollozando fuertemente arrastré mi cuerpo hacia el lado contrario de la habitación hasta toparme con un mueble. Me quedé allí observando la escena.
—¡Déjame matarla de una vez! —le gritaba Helena a Tom para que la soltara, Tom ya se había levantado al ver que yo había escapado.
—¡Ya basta, Helena! —caminó, haciendo que Helena retrocediera. Sólo podía ver sus siluetas, debido a las lágrimas, por lo que no sabía cuáles eran las expresiones de sus rostros —¡estás loca! ¡ella es una niña! ¿no lo entiendes? – Entonces Helena estaba en el suelo. La escuché llorar y gritar. Ahora eran los llantos de ambas lo que resonaban por la cocina. Tom se llevó las manos a la cabeza y dio unos cuántos pasos nerviosos. Me miró. Yo seguía llorando pero ya no gritaba. Intentaba reprimir los quejidos y gritos de dolor que luchaban por salir de mi garganta —¡ERES UNA PUTA LOCA! —le gritó a Helena. Como toda respuesta esta lloró aún más. Yo me llevé la mano buena a la boca y me mordí el puño para no gritar.
En ese momento, Bill entró por la puerta.
En una de mis vueltas pude distinguir la figura de alguien, supuse que era Helena.
—Te dejaré tan fea, que ni siquiera Bill te querrá —me dijo. Yo solté un quejido, impactada y adolorida. Y medio segundo después alguien entró por la puerta. Yo lloraba a gritos, con quejidos. Y es que la mano se me quemaba… no era para menos.
—¡¿Pero que ocu…?! —inconscientemente me dirigí hacia la llave de agua de la cocina. No le prestaba atención a nada que no fuese mi mano. Pero en cuanto iba a acercarme a abrir el grifo, alguien me cogió del cabello y me tiró hacia atrás. Me caí de espaldas —¡Helena! —lloré más fuerte y medio segundo después escuché el sonido de algo romperse en miles de trocitos al lado de mi oído —¡HELENA, NO! —me encogí sobre mi misma al sentir una punta clavarse en mi espalda, me habían golpeado. Entonces algo me cogió por los brazos y me hizo sentarme en el suelo. Me sentí protegida por… unos brazos, que me rodearon y me hicieron arrastrarme hasta situarme en otro sitio. Cerré los ojos con fuerza e intenté que mi mano no tocase nada. Sentí gritos a parte de los míos, unos agudos, que me dañaban lo oídos. Con mi mano buena, cogí a esa persona de la ropa y la apreté con fuerza, en ese momento me di cuenta de que era Tom. Estaba de espaldas a mí, podía sentir sus rastas. Abrí los ojos y una oleada de pánico me inundó al ver a Helena casi sobre Tom que estaba de cuclillas en el suelo delante de mí, Tom la sujetaba de los brazos mientras ésta gritaba cosas incoherentes. Me desesperé aún más y sollozando fuertemente arrastré mi cuerpo hacia el lado contrario de la habitación hasta toparme con un mueble. Me quedé allí observando la escena.
—¡Déjame matarla de una vez! —le gritaba Helena a Tom para que la soltara, Tom ya se había levantado al ver que yo había escapado.
—¡Ya basta, Helena! —caminó, haciendo que Helena retrocediera. Sólo podía ver sus siluetas, debido a las lágrimas, por lo que no sabía cuáles eran las expresiones de sus rostros —¡estás loca! ¡ella es una niña! ¿no lo entiendes? – Entonces Helena estaba en el suelo. La escuché llorar y gritar. Ahora eran los llantos de ambas lo que resonaban por la cocina. Tom se llevó las manos a la cabeza y dio unos cuántos pasos nerviosos. Me miró. Yo seguía llorando pero ya no gritaba. Intentaba reprimir los quejidos y gritos de dolor que luchaban por salir de mi garganta —¡ERES UNA PUTA LOCA! —le gritó a Helena. Como toda respuesta esta lloró aún más. Yo me llevé la mano buena a la boca y me mordí el puño para no gritar.
En ese momento, Bill entró por la puerta.
—¡Bill! —un grito
desgarrador salió de mi garganta. Bill me miró. Casi pude sentir la ira de que
emanaba su cuerpo al oírlo gritar tan brutalmente, nuca, repito, nunca lo había
visto así.
—¡¿Qué le hiciste, hija de puta?! —Helena gritó —¿Cómo pudiste hacerlo? ¡Es una niña! —Helena siguió con sus gritos y Bill con sus insultos. Aunque ésta no se levantaba del suelo. Tom se acercó a mí casi corriendo, se agachó a mi altura y me apegó a él, abrazándome, con una mano cogió mi mano quemada y la comenzó a examinar. Yo estaba con la vista fija en lo que pasaba frente a mí con Bill y Helena. A de mas, yo no era fuerte como para echarle un vistazo a mi mano —Estás loca, no quiero volver a verte cerca de Meer, ¿me escuchas? Vete de aquí ahora mismo y no vuelvas. Sinceramente, creí que eras una persona diferente. ¡Vete ahora mismo! —Señaló la puerta.
—¡Pero Bill, yo te amo! —lloriqueó la rubia desde el suelo.
—Yo no. Sólo vete de una vez —vi como la cogía del brazo y la levantaba con brusquedad. La arrastró, mientras esta se revolvía, hasta salir de la cocina.
En ese momento miré a Tom, este tenía la vista fija en mi mano. Mi cuerpo se convulsionaba pero ya no gritaba ni nada por el estilo… sólo sollozaba e intentaba mantener la calma.
—Me duele —la voz se me quebró.
—Tranquila. Shh… ya pasará —con el brazos que me abrasaba me pegó aún más a él.
—Me duele —volví a repetir. En ese momento sentí un fuerte portazo y unos rápidos pasos acercándose. A penas Bill entró en la cocina, Tom se levantó, llevándome con él.
—¡¿Qué le hiciste, hija de puta?! —Helena gritó —¿Cómo pudiste hacerlo? ¡Es una niña! —Helena siguió con sus gritos y Bill con sus insultos. Aunque ésta no se levantaba del suelo. Tom se acercó a mí casi corriendo, se agachó a mi altura y me apegó a él, abrazándome, con una mano cogió mi mano quemada y la comenzó a examinar. Yo estaba con la vista fija en lo que pasaba frente a mí con Bill y Helena. A de mas, yo no era fuerte como para echarle un vistazo a mi mano —Estás loca, no quiero volver a verte cerca de Meer, ¿me escuchas? Vete de aquí ahora mismo y no vuelvas. Sinceramente, creí que eras una persona diferente. ¡Vete ahora mismo! —Señaló la puerta.
—¡Pero Bill, yo te amo! —lloriqueó la rubia desde el suelo.
—Yo no. Sólo vete de una vez —vi como la cogía del brazo y la levantaba con brusquedad. La arrastró, mientras esta se revolvía, hasta salir de la cocina.
En ese momento miré a Tom, este tenía la vista fija en mi mano. Mi cuerpo se convulsionaba pero ya no gritaba ni nada por el estilo… sólo sollozaba e intentaba mantener la calma.
—Me duele —la voz se me quebró.
—Tranquila. Shh… ya pasará —con el brazos que me abrasaba me pegó aún más a él.
—Me duele —volví a repetir. En ese momento sentí un fuerte portazo y unos rápidos pasos acercándose. A penas Bill entró en la cocina, Tom se levantó, llevándome con él.
Sólo recuerdo que la mano me dolía
como nunca nada me había dolido. Que ningún dolor había sido peor que ese.
Hasta que ocurrió otra cosa aún peor, pero eso es diferente y viene más
adelante. No adelantaré nada más.
Tom me llevó con él y ya sabía hacia donde me llevaba. Bill había echado a correr el agua. Quizás eso iba a aliviar un poco el dolor que sentía. Aunque aún no veía como estaba mi mano, sabía por la expresión de los chicos que no era nada bueno. Tom me situó entre él y Bill. Metieron mi mano bajo el chorro de agua, que por cierto me golpeaba muy despacito la mano.
—Podríamos llevarla al hospital —escuché decir a Tom.
—Sí.
Me limpié las lágrimas de los ojos con mi mano buena.
—¿Estás bien? —me preguntó Bill. Asentí. Dentro de lo bien que podía estar en una situación así, lo estaba. Me abrazó y en ese momento Tom se separó de mí —te llevaré al hospital, ¿Si?
—Sí —la voz me salió temblorosa.
—Tom, tú te quedas limpiando todo —no oí respuesta, pero luego Bill cortó el agua y yo miré mi mano. Dios. Estaba roja. Y si había otro color que fuera más que rojo, pues ese. Y no era un pedacito de la mano, era toda la mano. Incluso me dolió más al ver como estaba. Aunque ya sabía que si me ponía a llorar a gritos de nuevo, no me dirían nada. Pues era una gran quemadura. En ese momento lo único que me interesó fue vengarme de Helena.
Bill me llevó hasta el coche y nos fuimos hasta el hospital en silencio. La mano me dolió, pero yo no me quejaba, sólo dejaba que algunas lágrimas se me escaparan sin hacer ruido.
En el hospital me curaron la mano y me la vendaron por completo. Me dieron también unos cuantos remedios y calmantes para el dolor, y me dijeron que debía ir dentro de poco, para evaluar cómo estaba la herida y para que me quedasen la menor cantidad de mascas posibles.
Tom me llevó con él y ya sabía hacia donde me llevaba. Bill había echado a correr el agua. Quizás eso iba a aliviar un poco el dolor que sentía. Aunque aún no veía como estaba mi mano, sabía por la expresión de los chicos que no era nada bueno. Tom me situó entre él y Bill. Metieron mi mano bajo el chorro de agua, que por cierto me golpeaba muy despacito la mano.
—Podríamos llevarla al hospital —escuché decir a Tom.
—Sí.
Me limpié las lágrimas de los ojos con mi mano buena.
—¿Estás bien? —me preguntó Bill. Asentí. Dentro de lo bien que podía estar en una situación así, lo estaba. Me abrazó y en ese momento Tom se separó de mí —te llevaré al hospital, ¿Si?
—Sí —la voz me salió temblorosa.
—Tom, tú te quedas limpiando todo —no oí respuesta, pero luego Bill cortó el agua y yo miré mi mano. Dios. Estaba roja. Y si había otro color que fuera más que rojo, pues ese. Y no era un pedacito de la mano, era toda la mano. Incluso me dolió más al ver como estaba. Aunque ya sabía que si me ponía a llorar a gritos de nuevo, no me dirían nada. Pues era una gran quemadura. En ese momento lo único que me interesó fue vengarme de Helena.
Bill me llevó hasta el coche y nos fuimos hasta el hospital en silencio. La mano me dolió, pero yo no me quejaba, sólo dejaba que algunas lágrimas se me escaparan sin hacer ruido.
En el hospital me curaron la mano y me la vendaron por completo. Me dieron también unos cuantos remedios y calmantes para el dolor, y me dijeron que debía ir dentro de poco, para evaluar cómo estaba la herida y para que me quedasen la menor cantidad de mascas posibles.

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