30 enero, 2013

1000 Meere /Capítulo 15





CAPITULO 15

 

Él se quedó quieto en el lugar, supongo que no sabiendo que hacer mientras yo saboreaba sus dulces y cálidos labios que me volvía loca por completo. 
Sentí decenas de miradas clavadas en nosotros, pero no me sentí incómoda. Yo buscaba que me miraran. 
Me separé de Bill con una sonrisa y le cogí la mano. El seguía como en trance, con la vista fija en los miles de chicos o “niños” para él, que clavaban su vista en nosotros. Miré hacia atrás y mis ojos recorrieron rostros asombrados hasta encontrarme con Eddy, quien estaba con la boca abierta hasta el piso y con expresión desencajada.
Finalmente Bill me abrazó. Ya no valía la menta aparentar nada. 
Supuse que todos estaban sorprendidos porque no imaginaban que yo estuviera con alguien y menos con alguien mayor que yo.
Bill me ayudó a subirme en el coche y dejó mi mochila en los asientos de atrás. Luego se subió él y lo echó a andar. Iba un poco fuerte en comparación con los otros días, pero ya al haber andado unas dos cuadras y al haber doblado a una esquina se detuvo. Frenó el coche a un lado de la calle, apagó la radio y me miró. 
Yo lo miré con una sonrisa. No había nada malo en lo que yo había hecho, no para mí. 
Bill suspiró y echó la cabeza hacia atrás, llevándose las manos a la cara. Volvió lentamente a su pose normal.
—¿Qué? —le dije yo, para que dejara de mirarme.
—¿ Por qué hiciste eso, Meer?
—No hice nada malo —me encogí de hombros y miré a otro lado, enojada. 
—No podías hacerlo frente a toda esa gente —dijo enojado. Vale que ahora los dos nos enojábamos. 
—Si podía. 
—Pero no debías —resoplé y me deslicé en el asiento hacia abajo.
—¿Por qué? —y eso fue lo único que se me ocurrió decir en ese momento. Había sonado del todo inmaduro y sinceramente me sentí estúpida.
—Porque se suponía que nadie debía saber sobre esto —me dijo tajante. Vale, vale si que estaba enojado y todo era por mi culpa. Y es que era tan estúpida… me había dejado llevar por el impulso de mostrarle a todos lo que había entre Bill y yo. Pero lo había echado todo a perder ¿y qué pasaba si ahora Bill decidía dejar de hablarme? Pues no lo culparía. Para empezar yo era una niña cinco años menor que él. Si continuamos analizando nos podemos dar cuenta de que soy totalmente inmadura y que no estaba en condiciones de una relación como esa. Y mucho menos con una persona tan maravillosa como él. Porque yo no lo merecía. También habría que añadirle a esto la parte secreta, que a decir verdad no era sólo una parte secreta, si no que TODO era un secreto. O más bien, había sido un secreto, porque yo lo había revelado frente a toda mi escuela y ya lo había echado a perder. 
Miré mis manos que se movían nerviosas. Y no supe que más decirle. A lo mejor… si dejábamos todo hasta donde estaba y no seguíamos con… No. Imposible. Yo lo amaba.
—Lo siento —susurré. 
—¿Por qué no pensaste antes de hacerlo? —negué con la cabeza.
—No lo sé. Pero aún no le veo lo malo —mentí. 
—Meer, ya no será como antes. Ahora esos niños se lo contarán a todo el mundo… —dejó la frase sin terminar.
—¿…Y?
—Tu madre va a terminar sabiendo de todo esto —lo miré fugazmente. Se había echado nuevamente hacia atrás y tenía las manos en la cabeza.
—Por dios, si mi madre te adora. A ti y a Tom. Los tiene prácticamente en un pedestal… no sé a qué viene eso —el tono de voz me salió algo rudo y miré mis manos nuevamente, avergonzada.
—Estoy seguro de que tu mamá no te quiere conmigo. 
—Pues si fuese el caso, que lo dudo, ella no se podría entrometer. Es mi vida —me encogí de hombros —si ella sale con quien quiere, yo igual puedo hacerlo. 
—Ese no es el punto, Meer. A demás de tu madre hay más gente involucrada. 
—Dame nombres —dije rápidamente.
—Por favor, no seas infantil —me dijo con un tono cansado. 
—Dame nombres —volví a repetir.
—Meer… —se quejó. 
—Te avergüenzas de mí, ¿no es cierto? —me apunté a mí misma y lo miré enojada. No sabía cómo había llegado a esa conclusión, pero odio admitir que tenía algo de lógica. 
—No, Meer. 
—No, Meer —lo imité —no me avergüenzo de ti, por eso te llevo a lugares donde no hay gente que nos vea y no estoy contigo en público —ironicé. 
—No vas a pensar que…
—Ya cállate —le corté. Sentí un nudo en el pecho mientras pensaba en todo eso. Sí, se avergonzaba de mí porque yo era una mierda en comparación con lo que él era. Dios, como no me había dado cuenta antes… y encima siguiéndole el jueguito de estar juntos a escondidas.
—No es como tú piensas, preciosa —me dijo con voz suave. Me entraron ganas de llorar.
—Explícame como es, entonces… —puse mi mano en la puerta. Lista para abrirla y salir corriendo si era necesario. Bill suspiró.
—Es sólo que… no le agrado a tu madre. 
—Si le agradas —dije frunciendo el ceño —todo lo que tú me dices es mentira. 
—No. 
—Si lo es. 
—Deja de comportarte como una niñita, ¿quieres? —dijo con brusquedad. En ese momento me sentí tan mal que sólo le pude espetar una cosa:
—Pues vete con Helena, es una puta, pero no una “niñita” —y enseguida abrí la puerta para salir corriendo. En ese instante me di cuenta de que no llevaba mi mochila, pero ya la buscaría luego. 
Dejé la puerta del coche abierta.
Entonces Bill me consideraba una niñita. Me sentía rechazada. Todo por ser pequeña.
Maldije el hecho de que él hubiese nacido antes que yo.


Al ir corriendo me di cuenta de que iba del lado contrario de la ciudad, por lo que me veía obligada a regresar. Me detuve un segundo en una esquina y miré calle arriba. Podría irme a unas dos calles más allá y luego regresar, obviamente dos calles más arriba y llegar a mi casa. 
Y como soy una estúpida que piensa tan lento como un mosquito, en el momento en que iba a empezar a correr de nuevo una mano me cogió del brazo, haciéndome ir hacia atrás bruscamente y chocarme con un cuerpo, el cual ya creía saber de quién era. Dejé ir un bufido por entre mis labios y me sentí totalmente estúpida. Y es que… ¿acaso no era fácil escapar de alguien corriendo? Era muy fácil, pero como siempre, no era lo mío.
Me resigné a girarme en cuanto me di cuenta d que no me podía soltar se su mano, que al ser más grande me podía rodear la muñeca completa y retenerme sin ningún esfuerzo. 
Lo miré hacia arriba y me sentí enana. No pensaba quedarme así, yo iba a crecer, eso estaba más que claro. Pero ese no era el asunto.
Mis ojos estaban cristalizados en lágrimas, las que yo no iba a derramar. No lo pude mirar a la cara, pero sentí como su mano se posaba en mi mejilla y pare de mi cuello y me obligaba a mirarle. Aun así miré hacia abajo para no hacerlo. 
Lo sientome dijo suavemente. Sentí unas enormes ganas de abrazarme a él para no volver a soltarme jamás. Pero no, esto no iba a ir tan rápido Mery… Mery. Dios, lo odiaba. Aunque si él lo decía, sonaba bonito. Seguí en mi posición sin moverme. No sabía qué hacer. Tragué saliva antes de contestar: 
Tú deberías estar enojado conmigo.
Pero no lo estoy. 
¿No? lo miré a los ojos. Amaba sus ojos color miel. Pero volví a mirar hacia otro lado rápidamente. 
No Dios, no podía resistirme a él te amo murmuró muy cerca de mí. No pude soportar la presión del momento. Me solté de su mano, que ya no apretaba mi muñeca y rodeé su cuerpo con mis brazos apretando fuertemente su cintura. Apoyé mi cabeza en su pecho y él me abrazó. 
Yo más le dije. Siempre nos habíamos respondido con lo mismo. “Yo más”. Pues, al menos en mi caso era verdad.
—Eres hermosa dijo entrelazando sus manos en mi cabello. Me contuve de contestarle con un “lo sé” por lo que simplemente dejé salir una risita por entre mis labios, pensando en que él era una persona mucho más hermosa que yo. Tanto exterior como físicamente, digo ¿sabes qué? cogió mi cara y me obligó a mirarlo nuevamente y a perderme en sus ojos.
¿Qué…?
Ahora que todo el mundo lo sabe podremos estar juntos mucho más tiempo me dijo divertido. 
Será interesante ir por la calle abrazada a ti entrecerré los ojos y evalué la expresión de su rostro. Ningún cambio, seguía mirándome con cariño y ternura y besarte frente a mucha gente como hoy… ningún cambio. Es más, al parecer le hacía gracia o en un banco en la plaza o en mi casa. O en la tuya… nada o frente a tus amigos.
¿A dónde quieres llegar con esto? 
No lo sé —mentí. 
También puedes besarme en la calle siguió mi juego o en el coche o frente a mamá… o en una tienda de helados o en un supermercado… o aquí terminó por juntar nuestros labios. 
Que tonto eres me eché a reír. 
Te amo, te amo dijo mientras me cogía en brazos y me pegaba aún más fuerte a él. Giró sobre su mismo y luego me volvió a dejar en el suelo. Me reí y él me siguió ¿nos vamos a casa? asentí con la cabeza. 
Nos separamos y caminamos cogidos de la mano hacia el coche.
Nos subimos en él y conversamos todo el viaje hasta llegar a casa. Una vez hubimos llegado, Bill me ayudó a bajar y ayudándome con la mochila caminó conmigo hasta la puerta de mi casa. 
Nos vemos dentro de un rato. Vendré por ti ¿de acuerdo? asentí te amo me dio un dulce beso en los labios.
Yo te amo más. 
Me di la vuelta del todo feliz mientras él se alejaba hacia la casa vecina y piqué al timbre. Ya casi no recordaba nuestra pequeña pelea. Al parecer ahora todo iba a ser mucho más fácil que antes.
Escuché pasos provenientes desde dentro de la casa y luego la puerta se abrió.
Me sorprendí tanto que di un paso hacia atrás. 
¿Qué hacía Eddy en mi casa?

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