19 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 68


























CAPITULO 68


Abrí los ojos de golpe al darme cuenta de donde me encontraba. Estaba aquí, en LA. No era un sueño.
Me levanté tan rápido que me dolió la cabeza, salí de la cama y me asomé a la ventana. Era de día, y seguía haciendo un calor tremente, eso me gustó. Busqué ropa y me metí en el baño, me di otra ducha y me preparé para buscar a Mery. Lo hice todo tan rápido que en menos de media hora ya me encontraba bajando las escaleras y buscando a Emma.
Miré la hora en el reloj que había en la pequeña sala, las cuatro. No pude creer que hubiese dormido tanto… eso explicaba mis ánimos repentinos.
En ese momento la puerta de la casa se abrió, pegué un salto del susto y me giré.
—Veo que ya despertaste —Emma sonrió ampliamente, entrando en la casa —podrías ir pasando a la cocina para “desayunar”, Romeo —se burló. No supe que decir, los nervios ya se habían apoderado de mí. Con cada minuto que pasaba yo estaba más y más cerca de mi Mery.
—No creo que pueda desayunar —hablé con la voz temblorosa ¿cómo podría hacerlo? En estas circunstancias lo que menos me preocupaba era comer.
—Tienes que alimentarte, el desayuno es la comida más importante del día ¿sabías? —me examinó durante un par de segundos para luego suspirar —está bien. Estás tan nervioso que si comes algo lo vomitarás, entiendo.
—No es tan así… —intenté negar lo obvio. Esto era vergonzoso. Pero es que con semejante nudo en la boca del estómago... quería verla, en este momento. Quiero a Mery conmigo.
—Como sea… ¿vamos ahora o…?
—Ahora —la corté de golpe, sintiendo como el corazón se me aceleraba. La vería, al fin… luego de días agonizando. Iba a tener la oportunidad de pedirle disculpas. Respiré hondo, intentando calmar el pulso.
—Ok, vamos —me hizo una seña con la mano y abrió la puerta. La seguí.
Nos subimos en su coche, ella lo hizo partir y encendió la radio.
—La casa de Meer queda un poco lejos… así que es mejor que te vayas acomodando —asentí, sin poder contestar.
Miré hacia la ventana, sin poder evitar escuchar a Emma cantando las canciones de la radio. Sin darme cuenta comencé a jugar con mis dedos y a morderme los labios.
¿Qué le diría al verla? Dios, me lo había preguntado tantas veces sin llegar a algo apropiado ¿Tendría que comportarme distante? ¿Dejar ver lo desesperado que estaba? ¿Tendría que preguntarle por el embarazo o me lo diría pensando en que yo aún no lo sé? Se supone que no lo sé. No creo que Isabella le contara que me lo había dicho. Si Mery se enterara de que yo ya lo sé podría enojarse aún más, estoy seguro.
Yo… necesito un plan. Un buen plan, saber qué hacer en el momento en que entre en su casa ¿Estaría su padre? Cerré los ojos con fuerza. La idea de encontrarme con un suegro furioso me pone de los nervios. Aunque, según lo tengo entendido en la consentía mucho, me refiero a ese tiempo que Mery pasó aquí cuando esa mujer que se hace llamar su madre la alejó de mí. Aunque todo cambió cuando ella se fue de la casa de su madre a vivir conmigo. Sí, es definitivo, su padre me va a odiar. Por llevarme a su hija, entre otras cosas mucho peores. Ahg, en todo caso el tema de su padre no importa mucho… lo que me preocupa sobre todas las cosas es que Mery me perdone. En estos momentos me doy cuenta de que fui más idiota de lo que anteriormente había pensado, mucho más idiota, al tratar a Mery de esa manera y al no recordar nuestro aniversario. Nunca pensé que sería un novio tan malo, soy de lo peor. Vamos, es que es un año. Es importante.
Oh, lo olvidé. Olvidé su regalo atrasado en casa de Emma. Genial, Bill. Cada vez vas mejor. Irónicamente hablando.
—Voy a llamar a Meer, para que esté en casa —cortó mis pensamientos. Ella marcó el número rápidamente y se llevó el móvil al oído —hola, cariño… ¿Cómo estás, te sientes mejor? —me tensé. Sabía que mi princesa estaba del otro lado de la línea y eso era suficiente como para ponerme como un loco —que bien… ¿estás en tu casa? ok, no te vayas porque yo ya voy llegando, ¿vale?... nah, ni tan cerca, en unos cuantos minutos… vale… no, si, ok —rio —nos vemos, bye —cortó, para luego mirarme fugazmente. Yo la había estado observando durante toda la conversación telefónica, más que nervioso —está en casa, tienes suerte —sonrió. Imité el gesto y volví a lo mío sin decir una palabra. Estaba seguro de que si hablaba diría una idiotez, y es que incluso comenzaba a darme calor, me estaba desesperando. Quería a Mery más que nada en el mundo… y a medida que los segundos avanzaban esto se hacía más y más insoportable, ansiaba verla, escuchar su voz, sentirla contra mi cuerpo, tenerla entre mis brazos, besarla… deseaba con todas mis fuerzas llegar a su lado. Y el viaje parecía interminable.
—¿Cuánto falta? —pregunté, sin pensarlo.
—Cinco minutos, no seas impaciente —miré el reloj del coche. Cinco minutos… faltaban cinco minutos para que dieran las cinco y quince.
Intenté mantener quietas las piernas, todo esto se estaba convirtiendo en una agonía. Y es que si no veía a Mery en cinco minutos corría a buscar el primer edificio alto y me lanzaba.
Luego de siete angustiantes y largos minutos, Emma detuvo el coche frente a… se me hizo imposible encontrara una palabra adecuada ¿casa o… qué? Era enorme.
Tragué saliva costosamente. Emma se bajó del coche, invitándome a hacerlo yo también. Nos acercamos a la reja de la entrada… miré hacia el interior, habían dos coche estacionados allí, cerca de una casa enorme, más o menos alejada… había un jardín amplio en la entrada y estaba muy bien arreglado.
Emma le dio a un timbre y enseguida saludó a una cámara y comenzó a explicarle a alguien que había traído a un amigo de Meer y cosas que yo no quise escuchar, mientras examinaba el lugar embobado.
—Bill… —me llamó la chica.
—¿Si?
—Ahora sigues solo, ve —señaló la reja. Estaba abierta. Entré en pánico… ¡Emma me iba a dejar aquí!
—¿Te vas? ¿No me acompañas? —pregunté alarmado.
—Claro que no… vuelvo en un rato a ver qué pasó o a buscarte. Recuerda que tus cosas están en mi casa, no lo olvides y emm… suerte, adiós —se acercó, me besó en la mejilla rápidamente y se subió a su coche. Esto… esto no me lo esperaba. Volví a mirar hacia esa enorme casa, una mujer venía caminando hacia acá. La esperé, en unos segundos ya estaba frente a mí.
—Puedes pasar, le avisaré a Meer que tiene visitas —avisó la mujer. Pasé allí adentro y la mujer cerró —soy Jenny, trabajo aquí desde hace poco —sonrió ampliamente. Le devolví la sonrisa lo mejor que pude, aunque seguramente no fue más que un gesto mal hecho. La mujer me invitó a seguirla y me hizo pasar dentro de la casa. Cerró la puerta tras mi paso y me condijo hacia un salón enorme.
Todo allí parecía lujoso y caro. Me invitó a sentarme, pero yo preferí quedarme de pie. Me dijo que Mery se encontraba en la piscina y le avisaría que yo estaba aquí… y luego Salió por una puerta de vidrio corrediza.
Tomé mucho aire, me sentía ahogado. Ni siquiera podía admirar el lugar y fijarme en los detalles, no lograba concentrarme en algo, no podía. El momento cada vez se acercaba más y más. Incluso las manos me sudaba y las piernas me temblaban. Estaba impaciente, cada segundo parecía ser una hora y me daba la impresión de que el latido alocado de mi corazón se escuchaba por todo el lugar. Me mordí los labios, cerré los ojos, conté hasta diez. Si no lograba relajarme cuando llegara Meer soltaría cualquier tontería, ella me gritaría, me sacaría de su casa y sería mi fin. No, ella tenía que perdonarme. Yo la amo. Es mi chica, mi pequeña…
Se me vino a la cabeza el recuerdo de nuestro primer beso, hace años… cuando ella aún era una pequeñita. No podía evitar recordar todos esos momentos… y ahora era cuando más nítidamente veía todo, casi como una fotografía. Su rostro, sus manos pequeñas, su voz, su sonrisa, lo bien que se sentía tener a esa pequeñita entre mis brazos, sintiendo que podía protegerla de cualquier cosa.
Me sobresalté al ver a la mujer entrar nuevamente al salón.
—Ya vienen —me informó, para luego salir de la habitación.
Había dicho… ¿ya vienen?
Decidí no darle vueltas al asunto, ya estaba lo suficientemente nervioso sabiendo que en pocos segundos vería a mi pequeña como para ponerme a pensar en su acompañante. Intenté calmar mi respiración y dejar de temblar, cosa que no hacía precisamente por el frío, sobre todo porque hacía calor. Intenté pensar algo rápido, llegar a la frase correcta para decir al verla. Pero si no había podido pensarlo en todo el tiempo de viaje, mucho menos podría pensarlo pocos segundos antes a que ella estuviese aquí.
Me tensé en cuanto escuché unas risas lejanas, miré hacia la puerta instantáneamente. Un hombre entró en la habitación, más bien un chico… lo observé sintiendo un nudo en la garganta. No alcanzaría mi edad, era más joven. Cabello rubio, largo y mojado, ojos verdes, músculos, bronceado, traje de baño. El acompañante de Mery. Apreté los dientes con fuerza.
—¡Hola! —me saludó entrando en la casa. Lo saludé con un movimiento de cabeza, preguntándome quién diablos era él. Era el acompañante de Meer, ya lo sabía... pero lo que no sabía era qué hacía aquí con mi chica. No pude evitar sentirme enojado, odiarlo… de tan sólo pensar que Mery estaba pasando el tiempo con él me hervía la sangre y me daban unas incontrolables ganas de tomarlo del cuello, gritarle unas cuantas cosas y ahorcarlo—soy Liam, el hermano de Meer. Y tú eres… —tardé un poco más de la cuenta en analizar sus palabras. Era el hermano, sólo su hermano. Esperen, esperen… ¿desde cuándo Meer tiene un hermano? No lo sabía, nunca me lo había dicho y según yo tenía entendido ella era hija única ¿de verdad estaba en la casa de mi Mery? Esto era confuso… estoy el noventa y nueve como a nueve por ciento seguro de que ella no tiene hermanos.
Me aclaré la garganta para contestar, sin saber muy bien que decir.
—Soy Bill —no quise dar más explicaciones Decir “en novio de Meer” no era apropiado, porque ella me había dejado, así que ya no seguíamos siendo novios. Además no me veía capaz de decir que éramos amigos o conocidos, simplemente no podía… yo quería a Mery más que como una amiga o conocida, mucho más.
Liam fue a decir algo más, pero dejé de prestarle atención al darme cuenta de que había alguien más en la habitación, detrás de él, observándome. Era Mery.





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