15 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 15

























CAPITULO 15


Dios, que nervioso estaba. Y ni siquiera podía dejar de sonreír. Es que, vamos, estaba en frente de Meer.
—¿Y qué tal con tu madre? —le pregunté para comenzar con alguna conversación. Meer se encogió de hombros. Le examiné el rostro, no había rastros de golpes ni nada de eso. Quizás sólo la había regañado.
—Nada —contestó despreocupada. Eso me alivió un poco. Aún tenía la presión de todo eso que estaba a punto de confesarle.
—No te lastimó, ¿verdad? —quise asegurarme.
—No —negó con la cabeza. Suspiré —¿y tu madre como hizo para..? —dejó la pregunta en el aire.
—Le dijo que te habías quedado conmigo en mi casa… y eso —resumí. No podía decirle a Meer que le habíamos mentido a su madre. En todo caso, lo que yo le acaba de decir no era falso.
—Tu madre es genial —reí. Sí, genial para meterse en lo que no le incumbe, genial para leer los pensamientos y genial para avergonzar a los hijos —me salvó de una buena paliza —ella rio esta vez. Tenía que decírselo… tenía que ser ahora. Y ojala nadie me interrumpiera esta vez.
Ella me miró sonriendo y luego, un poco confundida, comenzó a moverse nerviosa en la ventana.
—Meer —la llamé para captar su atención. Ella dejó de moverse y me miró.
—¿Si?
—Tú… ¿recuerdas lo que estábamos hablando antes de que mi madre llamara? —pude notar como dio un pequeño saltito y me observó con los ojos un poco más abiertos de lo habitual.
—Si —asintió con la cabeza. Lo único que quería era que ella no saliera de nuevo con los disparates de los “amigos”.
—Pues… —tomé mucho aire —tu igual eres una excelente amiga, la mejor —me mordí el labio inferior. Ella me miraba atónita —pero además… —me quedé sin aire. Esto era difícil. ¡Me odiaba por esto!, no podía ser que me costara tanto decirle algo así a una chica. Nunca me había pasado esto —tu eres importante para mí. Digo, más que cómo una amiga, yo… —vamos, Bill.
—Te entiendo —me cortó. La miré sorprendido. Podía ver sus mejillas enrojecidas y estaba seguro de que yo estaba igual. Entonces ella… si sentía lo mismo. A no ser que se hubiese confundido nuevamente. Ya comenzaba a sentir un hormigueo en el estómago —Me… me pasa lo mismo —esto era demasiado bueno para ser cierto.
—¿De… verdad? —tenía que estar seguro. No había sido la pregunta correcta, porque iba a obtener una buena respuesta.
—Sí —pronunció rápidamente. Meer miraba hacia todos lados, evitando mis ojos. Estaba nerviosa… y yo también —debo irme —entró a la habitación, y en menos de tres segundos ya había desaparecido totalmente de mí vista. Observé la ventana, sintiéndome un grandísimo tonto. Meer se había ido. Y yo no tenía muy claro si ella había entendido bien el mensaje o había sido como hacía unas horas y ella pensaba que era algo como “mejor mejores amigos” o “como hermanos”. Jugué con mis dedos en la ventana un momento. Quería llamarla para hablarle de nuevo, pero me contuve. Estaba seguro que la vería luego.
Después de unos momentos, volví a entrar en mi habitación. Cerré la ventana y la cortina. Algo me decía que Meer si había entendido todo, y estaba feliz... aunque también, había una pequeña parte de mí que había quedado con la pequeña duda.
Era mejor no pensar en eso. Si meer me había dicho que lo comprendía, y que a ella le pasaba lo mismo era porque yo también le gustaba y me quería como algo más que amigos. Meer podía ser pequeñita, pero tampoco era tonta.
Me quité la ropa hasta quedar sólo con mi ropa interior, y me metí en la cama. No podía dormir, es que no podía dejar de pensar en lo que acababa de pasar. Aún estaba emocionado y la felicidad no me cabía en el cuerpo. Las dudas cada vez iban siendo más pequeñas, y para cuando me dormí, ya estaba seguro de que Meer si me quería como algo más.

Abrí los ojos. Genial, ya era de día. Volví a cerrarlos e inevitablemente se me vino a la cabeza la imagen de Meer. Sentí algo placentero en el estómago, que me obligó a retorcerme nervioso y meterme debajo de las sábanas. Me sentí tonto, era tonto en realidad. Aún no entendía como me podía poner así por una niña de catorce años, bajita, sin cuerpo y… que me quería. Era linda e realidad, muy, muy linda. Hermosa. Sonreí.
Me sentí medio asfixiado por lo que me levanté, quedando sentado sobre la cama. Miré hacia la ventana. Quería verla. Me mordí el labio inferior ¿qué estaría haciendo ella en este momento? quizás dormía, o comía… o se estaba vistiendo, no lo sé. Sacudí la cabeza. Tenía que pensar alguna otra cosa, mi vida no se podía limitar a pensar solo en ella, también habían otras cosas importantes como… Tom, mamá, la universidad y mis amigos. Pero podía pasar todo el día con Tom, con mamá, en la universidad o con amigos, y aun así pensaría en Meer.
Me llevé una mano a la cabeza, me sentía extraño no podía dejar de sonreír y una hormigueo extraño se apoderaba de mi cuerpo. No sabía exactamente qué era lo que estaba pasando, pero me gustaba. A lo mejor, era buena idea comentárselo a Tom. Si… aunque tan sólo me bastara con mirarlo a los ojos para que él se diera cuenta de todo lo que pasaba por mi cabeza. Me refregué los ojos, estaba seguro de que tenía todo el maquillaje corrido, no me lo había quitado noche antes de dormir.
Entonces, algo se me vino a la cabeza. Fue como una especie de revelación o algo por el estilo… Y la idea surgió. Podía llevar a Meer a ese lugar, a ella le encantaría… además, esta noche estaría despejada y habría luna llena. Lo sabía, pues mamá había estado comentando eso durante la cena de ayer. Esto era emocionante. Pero tenía que asegurarme de que ella aceptara salir conmigo.
Me puse de pie y caminé hacia el armario para coger ropa. Luego me metí en el baño, para darme una buena ducha y arreglarme. Me demoré un poco más de lo usual en estar listo, y bajé a desayunar cuando todos almorzaban.
—Hola, mamá. Hola, Tom. —los saludé con una sonrisa de oreja a oreja.
—Hola, cariño —me agaché para besar sonoramente a mamá en la mejilla.
—¿Qué pasa? —preguntó Tom, mirándome expectante. Mamá también me miró, eso me hizo sentir un poco incómodo. Me encogí de hombros.
—Nada ¿por qué? —mamá se levantó para servirme la comida, yo me senté. Miré a Tom y este me sonrió pícaro, alzando las cejas.
—No lo sé, se te ve muy feliz. No eres de los que se levantan con buena cara.
—No es nada, Tom —le dediqué una mirada de “después de cuento”. Él entendió al instante y alzó las cejas repetidas veces.
—Aquí tienes —dejó mi plato de comida frente a la mesa.
—Gracias, má —ella volvió a sentarse en la mesa.
Comenzamos una conversación sobre Gordon, quien se había ido a trabajar unos meses a Berlín… y acabamos hablando sobre el extraño sueño de Tom donde lo perseguía un caracol gigante.

—¿Y? —Tom se había sentado a mi lado en el sofá. Me dio una cerveza y encendió la TV. La abrí con cuidado, para luego darle un sorbo y acomodarme en el sillón.
—Es Meer —lo observé seriamente.
—Lo sabía —sonrió burlón, dándole un trago a su cerveza. Cambió el canal de a TV —¿vas a salir con ella o ya son novios?
—¿Me ves con cara de ser un novio? —alcé una ceja.
—Tienes razón. Si fueran novios estarías saltando de felicidad por aquí y por allá como cuando Santa nos trajo esas bicicletas a los seis —Fruncí el ceño.
—No te burles —me quejé, mientras bebía otro poco —lo que pasa es que quiero salir con ella esta noche —Tom asintió con la cabeza —aún no se lo he dicho pero estoy seguro de que aceptará.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque me quiere —afirmé.
—Y… ¿Cómo sabes que te quiere? —bebí un poco más y luego miré la TV. Intentando distraerme para no lanzar un grito histérico de felicidad.
—Me lo dijo ayer —Tom me miró con cara de reproche. Fingido, claro.
—¿Esto no va en contra de tus principios? —¿Qué principios?
—¿De qué hablas? —reí. Tom se encogió de hombros.
—Ya sabes… salir con niñas hace unos meses te parecía algo asqueroso y pervertido —bebió de su cerveza. Me mosqueé un poco al escuchar ese comentario.
—Es porque hace unos meses no estaba enamorado de una niña ¡Y ya deja de llamarla así! Se llama Meer y no es una niña. Ella… ella simplemente es menor que yo, y es hermosa —me di cuenta de lo que había dicho cuando Tom abrió los ojos como platos y me miró sorprendido.
—Espera un momento… tu dijiste ¿“enamorado”? —pronunció la palabra con asco, observándome horrorizado. Creo que… incluso yo me asusté un poco al darme cuenta de lo que había dicho. No había pensado antes de hablar. Sentí una extraña sensación en el pecho y en todo el cuerpo en general. Incluso me puse un poco nervioso —wow. Esto es como cuando saliste con tu primera novia, Bill. Estar enamorado es… es… ¿cómo puedes estar enamorado? —preguntó alarmado.
—No estoy… enamorado, Tom. Se me salió sin pensarlo.
—Claro, claro —soltó con ironía, sonriendo —podrías hablar con Andreas por eso de la apuesta, ya sabes —¿Qué ap…? Oh, claro. Esa apuesta. ¡Pero eso era algo completamente estúpido! Yo no se lo diría a Andreas, porque en realidad, no había ganado la apuesta porque… yo no estaba jugando con Meer. Esto era enserio.
—No hables de eso, me haces sentir culpable… —me quejé.
—Ok, lo siento —Bebió un poco más de cerveza —por cierto, los chicos vienen mañana por la noche —asentí. Hacía tiempo que no hacíamos esas reuniones en grupo. Todos juntos, era genial. Estuvimos conversando, mirando la TV y bebiendo cervezas, hasta que Tom tuvo que ir a buscar a su nueva novia. A Helena. Cada día estaba más convencido de que era una puta… y cada vez estaba más y más arrepentido de haber perdido mi tiempo saliendo con ella.
Cerca de las siete subí a mi habitación, me asomé a la ventana y me dediqué a mirar hacia la casa vecina buscando señales que me indicaran que Meer estaba en su habitación. Al notar que no había movimiento decidí salir a caminar un poco, a lo mejor, cuando regresaba podía encontrarla para invitarla a salir.





1 comentario:

  1. divino .. me encanta el fic desde la perspectiva de bill es super tierno y romantico... hermoso

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