14 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 10







CAPITULO 10

Ella estaba bailando en medio de la pista, tenía los brazos alzados y sus ojos estaban cerrados… parecía una loca drogada, esa no era mi preciosa Meer. Continué caminando hasta que llegué a su lado. La cogí del brazo fuertemente hasta apegarla a mí… tenía ganas de sacudirle y exigirle explicaciones de lo que pasó. Su rostro estaba desfigurado. Al tenerla más cerca de mí se quejó en mi rostro, su boca apestaba a alcohol ¡Mi pequeña bebiendo! La pasé por entre la gente casi arrastrándola. Toda la gente seguía bailando como si nada, mientras yo las hacía a un lado para que no estorbaran. Aun así Meer parecía un mazo azotando a las demás personas con su cuerpo de un lado a otro. Estaba horriblemente bebida.
Al parecer ella quería seguir ahí, cada vez que tiraba de ella ponía resistencia y gritaba para que la soltara… golpeaba mis brazos con la mano que ella tenía libre pero yo no la soltaba. Ella entre mis brazos seguía bailando… cogía mis brazos para intentar contagiarme a mí, para intentar contagiarme esas ganas, pero en lo único que podía pensar es en que soy un irresponsable por permitir que viniera.
Traspasamos la puerta de entrada, los hombres me quedaron mirando y yo les hice una mueca de beber.
—De alguna u otra forma estos niños lograron pasar alcohol —dije furioso —¿qué tipo de guardias son?
Quise golpearlos pero eran enormes. Sentí como mi cuerpo se entumecía al instante. Mi pequeña aún se movía entre los brazos. Yo al sostenía y estoy seguro que si no fuera por eso se cae al piso de inmediato. La tomé con fuerza por los hombros volteándola hacia mí… estaba tan enojado que podría haberle gritado por lo que había hecho… pero no era lo correcto.
—Meer, ¿Qué crees que haces? —le dije. Sus ojos estaban moviéndose hacia todas partes. Totalmente desorientada… como odio verla así.
—¿Yo? —se apuntó a sí misma con la mano temblorosa.
—Vamos, no seas tonta. Dime qué hacías allí dentro ¿acaso no piensas? ¿Qué fue lo que te ocurrió? tú no eres ese tipo de chica —la sacudí con brusquedad. Ella de algún modo se separó y dio un paso hacia atrás.
—No hacía nada. Ahora, vamos a bailar —se acercó y tomó de mi mano. Creo que quería llevarme adentro junto con ella, pero no tuve que hacer nada de fuerza para mantenerme ahí mismo. Ella tambaleó y no pudo con mi peso.
Ya basta, era suficiente… la tomé en mis brazos y la eché a mi hombro como si fuera un animal. Ella comenzó a patalear.
—Suéltame ¡yo quiero fiesta! —se movió torpemente en un estúpido intento de que la soltara, pero no lo consiguió. Por lo que la metí en el coche y tras ponerle el cinturón de seguridad cerré la puerta. Se cruzó de brazos.
El viaje pasó en silencio. Llegamos a donde pretendía que pasara la noche. No podía llegar así a su casa… aún menos a la mía.
—¿Dónde estamos? —me preguntó exaltada. Me estaba gritando y exigía explicaciones que yo no le pensaba dar.
—En mi casa —abrí la puerta y salí de mi coche. Rodeé el auto y luego abrí la de su lado.
—Esta no es tu casa —me dijo mientras yo le desabrochaba el cinturón de seguridad.
—No puedes ir así donde mi madre, puede pensar cualquier cosa… te quedarás aquí.
—¿Pero dónde estamos? —volvió a insistir.
—En mi casa.
—¡Tu casa! —bufó. La cogí nuevamente en mis brazos y la llevé hacia mi casa. Y digo MI casa, porque esta era mía… bueno, también de Tom.
Ella ya no se movía tanto, creo que estaba resignada. La dejé en el suelo para abrir la puerta y apoyó su cabeza en esta. No me parecería extraño si se quedara dormida ahí mismo. Abrí la puerta rápido y el afirme de Meer cedió por lo que salió volando hacia el interior de la casa. Calló de cara al piso y se comenzó a reír. Niña tonta. La comencé ayudar para que se pusiera de pie.
—Si fueras más grande haríamos esto juntos y sería más divertido —solté mientras la tomaba en brazos para llevarla a la habitación.
—¿Ah? —se abrazó a mi cuello. Sentí como el aire que salía de su nariz chocaba en mi cuello y se colaba por entre mi ropa. Me estremecí… maldita sea Bill, estás mal. De pronto me puse rígido. Meer estaba besando suavemente mi cuello, con esos labios suaves… que pasaba de un lado a otro en mi piel. ¡No! No podía seguir así. La solté y ella quedo de pié.
La miré y suspiré, luego me llevé ambas manos a la cara, esto no está pasando, esto no está pasando…
Entré a la habitación junto con ella y abrí la cama. La empujé hasta sentarla y quitarle los zapatos. Ella no opuso resistencia, solo jugaba con mi cabello en forma provocadora… delicada. Comenzaba hacerme mal todo esto. Yo no decía absolutamente nada, ni siquiera la miraba. Una vez acabé, la empuje hacia atrás lentamente, para luego cubrirla con las mantas y sábanas. Necesitaba descansar, para después poder explicar por qué no habíamos llegado esa noche a la casa. ¿Cómo reaccionaría su madre? ¿Y la mía? No quiero imaginarme lo que dirá Tom al enterarse de esto. Será fatal para mi reputación. Me senté a su lado en la cama y me agaché para quedar a su altura, saqué el cabello de su rostro y besé.
—Que duermas bien, mañana estarás mejor —dije suavemente. Y justo en el momento en que iba retrocediendo para ponerme de pie. Sentí como tomaba mi chaqueta y tiraba de mí hacia su cuerpo. Acercó su cara bruscamente a la mía y sentí como chocaron sus labios contra los míos con fuerza. Sinceramente tenía una pequeña esperanza de que si esto llegaba a ocurrir sería en una mejor situación. Sus besos lograban lastimar mis labios y yo no le respondí nada. Pero tampoco lograba alejarme de ella. Se puso de rodillas en la cama frente a mí… ella simplemente no se detenía.
Hubo un instante en que no di más. La cogí por los hombros y tiré de ella para separarla de mí.
—No hagas eso, Meer. No está bien —hizo un puchero. Intentó volver a juntar nuestras caras pero me alejé otra vez.
—¡Pero Bill! —reclamó, intentando alcanzarme. Yo la tenía cogida de sus brazos pequeñitos —pero Bill —volvió a repetir —yo quiero be… —no la dejé terminar.
—Dormir, es hora de dormir —recriminé furioso… esto no daba más. La empujé hacia atrás otra vez y la tapé con las frazadas.
—No —soltó enojada, y se volvió a destapar.
—No seas niña, Meer —volví a taparla pero ella nuevamente salió de su lugar —te he dicho que a dormir —vale, ya estaba enojado. No seguiría comportándome amablemente si esto seguía así. La tomé de los brazos fuertemente y al acosté. Pero la muy testaruda nuevamente se sacó todo de encima —deja de comportarte de esa manera —la reté —ya duerme.
—No —no dejó que la tapara.
—¿No qué? —dije tapándola otra vez… pero desistí al ver que no lo lograba.
—No —volvió a repetir.
—¿No quieres dormir? —jamás le había hablado de esta manera ¡Pero ya basta!
—No
—Vamos, Meer. Ya déjalo. Ahora duerme —le insistí. Última vez que intentaba cubrirla. Por alguna razón ella comenzó a llorar. Eso partió mi corazón. Sequé su lagrima con una de mis manos y luego me puse de pié para apagar la luz de la habitación.
—Por favor no te vayas —susurró.
No pude irme. Caminé luego de apagar la luz a su cama y lentamente me acurruqué a su lado. Mi pequeña… Mañana me ocuparía de los problemas, de regañarla y pedirle explicaciones. Ahora lo único que quería era dormir. Suspiré. El olor a alcohol entró a mis pulmones… esto era terrible.
Ella estaba abrazándome, bastante cerca. Incluso podía sentir su respiración despacito. ¿Cómo podía haber sido tan tonta?... si, tonta. Esa es la palabra. ¿Con que otra palabra podía definir a una niñita de catorce que se emborrachaba en una fiesta? Pff, quizás que hubiera pasado si yo no hubiese estado, me daban escalofríos de sólo pensarlo. Tendríamos que hablar sobre esto. Y… ojala no recordara el show que me había armado.


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