CAPITULO 48
Era temprano, muy temprano. Los rayos de sol que entraban por la ventana de la cocina eran tenues y el cielo se veía pálido. Me senté con mi típico mal humor matutino a la mesa, donde una taza de café caliente me esperaba junto a unas tostadas. Desayuno preparado por mi madre obviamente. Ni siquiera tenía que preguntar por Tom, había oído sus ronquidos con sólo pasar por delante de la puerta de su habitación.
Intenté sonreír a medias ante el sonoro beso que mi madre plantó en mi mejilla. La observé mientras se posicionaba frente a mí en la mesa con su desayuno. Llené mis pulmones de regocijante aire matutino. Mamá se veía realmente sana, sólo un poco más y sería la misma de siempre.
De repente el sonido estridente del timbre me sacó de mis pensamientos. Sentí como cada halo de mi mal humor se disipaba, obviamente por aquella dulce presencia que se posicionaba ante mi puerta. Corrí a abrir antes de que siquiera mi madre hubiera pestañado.
Abrí la puerta silenciosamente, un poco adormecido aún. Y allí estaba. Tan bonita y tierna como siempre. Sus pupilas del color del mar, chocaron contra las mías provocando una sensación de corriente eléctrica por todo mi cuerpo. Se había peinado a las apuradas y sus ojos aún se notaban algo hinchados, pero aquel toque desarreglado la hacía ver más aniñada aún.
—¡Mi amor! —la saludé mientras notaba enorgullecido como una bonita sonrisa se dibujaba en su rostro.
—¡Bill! —se lanzó a mis brazos en busca de mis labios. Tomé su cintura mientras ella separaba delicadamente su rostro del mío, pero sin soltar el amarre que sus brazos formaban alrededor de mi cuello.
—¿Cómo estás mi vida? —pregunté rozando nuestras narices tiernamente. De repente su carita se llenó de curiosidad.
—Bien ¿qué haces aquí tan temprano? —oh. De verdad que no se lo había mencionado el día anterior. Pero es que había sido una decisión precipitada, hablada con mi jefe a última hora de la noche anterior.
—Quería verte —como toda respuesta, sus labios volvieron a pegarse satisfactoriamente contra los míos. Luego empujó su cuerpo contra el mío haciéndome retroceder unos pasos para poder cerrar la puerta detrás suyo —me tomé el día libre —le informé.
—Qué bien —oh Dios, como amaba aquella perfecta sonrisa. Cuando sus ojillos se achicaban y brillaban al igual que sus blancos dientes, yo podía comerla a besos.
—Y… tienes permiso por hoy tú también. No trabajarás —murmuré. Me miró con la duda plasmada en sus delicados rasgos de niña grande.
—¿Me estás dando el día libre? —era obvio. No aprovecharía mi día libre viendo cómo mi novia cuidaba de mi madre… la cual por cierto no necesitaba muchos cuidados ya…
—Con la única condición de que no te despegues de mi…
—Trato hecho —reí y la besé con ganas. Mientras nuestros labios se abrazaban un pequeño flash me recordó la noche anterior. Me despegué de ella para contárselo.
—Mery… —la llamé.
—¿Uhmm?
—Anoche encontré una caja con unas cuantas cosas… que me gustaría mostrarte… —continué abrazándola pero tomando una distancia prudente como para poder caminar juntos sin caernos de bruces.
—¿Qué cosas? —preguntó. Negué con la cabeza. Sería una pequeña sorpresa.
—Te las mostraré —le sonreí mientras la tomaba de la mano para conducirla escaleras arriba. Ella se dejó hacer.
Entramos en mi habitación y con suspicacia, vi cómo se percataba con rapidez de la pequeña caja que descansaba sobre mi cama. Ambos nos sentamos en la orilla del mullido colchón, observando la cajita.
—¿Qué es? —preguntó justamente cuando yo cogía el recipiente de cartón entre mis manos y la abría.
—Ya verás… —se la tendí abierta para que hurgara libremente en ella.
—Mmm… —mientras se mordía los labios en un gesto que me volvía loco, la vi introducir sus manos en la caja con curiosidad. Sacó su contenido y lo examinó lentamente.
—Qué bien —oh Dios, como amaba aquella perfecta sonrisa. Cuando sus ojillos se achicaban y brillaban al igual que sus blancos dientes, yo podía comerla a besos.
—Y… tienes permiso por hoy tú también. No trabajarás —murmuré. Me miró con la duda plasmada en sus delicados rasgos de niña grande.
—¿Me estás dando el día libre? —era obvio. No aprovecharía mi día libre viendo cómo mi novia cuidaba de mi madre… la cual por cierto no necesitaba muchos cuidados ya…
—Con la única condición de que no te despegues de mi…
—Trato hecho —reí y la besé con ganas. Mientras nuestros labios se abrazaban un pequeño flash me recordó la noche anterior. Me despegué de ella para contárselo.
—Mery… —la llamé.
—¿Uhmm?
—Anoche encontré una caja con unas cuantas cosas… que me gustaría mostrarte… —continué abrazándola pero tomando una distancia prudente como para poder caminar juntos sin caernos de bruces.
—¿Qué cosas? —preguntó. Negué con la cabeza. Sería una pequeña sorpresa.
—Te las mostraré —le sonreí mientras la tomaba de la mano para conducirla escaleras arriba. Ella se dejó hacer.
Entramos en mi habitación y con suspicacia, vi cómo se percataba con rapidez de la pequeña caja que descansaba sobre mi cama. Ambos nos sentamos en la orilla del mullido colchón, observando la cajita.
—¿Qué es? —preguntó justamente cuando yo cogía el recipiente de cartón entre mis manos y la abría.
—Ya verás… —se la tendí abierta para que hurgara libremente en ella.
—Mmm… —mientras se mordía los labios en un gesto que me volvía loco, la vi introducir sus manos en la caja con curiosidad. Sacó su contenido y lo examinó lentamente.
Tomé la caja, que ya vacía, molestaba. Mientras ella observaba los papeles con detención. Primero tomó el más pequeño, aquel que con una letra infantil, tenía escrito que me amaba,
Una inocente sonrisa se dibujó en su rostro mientras observaba.
—Wow… recuerdo cuando escribí esto… —murmuró entre risas —y que letra más fea.
—No está fea, amor… —la consolé con una mentirilla piadosa. Resopló contrariada —¿recuerdas lo que hicimos ese mismo día, unos minutos después? —de repente se quedó pensativa, seguramente hurgando entre sus recuerdos. Murmuró un “¡Ah!” mientras observaba nuestras viejas fotografías con añoranza. Para sorpresa mía, de repente su expresión se ensombreció mientras su sonrisa se borraba y sus ojos dejaban de brillar para empañarse bajo una capa de pena que me hizo preocupar.
—¿Pasa algo? —pregunté suavemente. Ella negó en silencio. Pero a mí no me engañaba —sé que pasa algo, Mery… puedes contármelo.
—Tengo miedo —susurró. Se me encogió pecho. Una necesidad por saber de qué hablaba me embargó, entonces la tomé por la barbilla, obligándole a mirarme.
—¿De qué tienes miedo, princesa?
—De que nos separen —murmuró. El que sus ojos rehuyeran de los míos sólo aumentó mi temor.
Una inocente sonrisa se dibujó en su rostro mientras observaba.
—Wow… recuerdo cuando escribí esto… —murmuró entre risas —y que letra más fea.
—No está fea, amor… —la consolé con una mentirilla piadosa. Resopló contrariada —¿recuerdas lo que hicimos ese mismo día, unos minutos después? —de repente se quedó pensativa, seguramente hurgando entre sus recuerdos. Murmuró un “¡Ah!” mientras observaba nuestras viejas fotografías con añoranza. Para sorpresa mía, de repente su expresión se ensombreció mientras su sonrisa se borraba y sus ojos dejaban de brillar para empañarse bajo una capa de pena que me hizo preocupar.
—¿Pasa algo? —pregunté suavemente. Ella negó en silencio. Pero a mí no me engañaba —sé que pasa algo, Mery… puedes contármelo.
—Tengo miedo —susurró. Se me encogió pecho. Una necesidad por saber de qué hablaba me embargó, entonces la tomé por la barbilla, obligándole a mirarme.
—¿De qué tienes miedo, princesa?
—De que nos separen —murmuró. El que sus ojos rehuyeran de los míos sólo aumentó mi temor.
—¿Separarnos? eso nunca, mi amor… eso no va a ocurrir jamás —intenté cubrir su pena con palabras de aliento que para mí, significaban más una esperanza. La acurruqué entre mis brazos mientras enterraba mi rostro en la suavidad de fragancia deliciosa que era su cabello.
—Mi mamá sabe todo —soltó sin más. Un leve “crack” se dejó oír en mi interior.
—¿Qué? —intenté disimular el terror y la desesperación que esas palabras habían provocado en mí.
—Nos vio —callé mientras buscaba una excusa para hacer que ella viera algo optimista en la situación.
—No te preocupes… ella no hará nada —intenté convencernos a ambos, mientras penosamente, recuerdos de hacía tres años vagaban por mi mente.
—Me dijo que no te tenía que ver más —susurró —pero yo no puedo separarme de ti.
—Nadie te va a separar de mi nunca, Mery. No lo voy a permitir.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo —y ¡Demonios que sí lo prometía! no volvería a llenar la cabeza de mi chica con palabras que pintaran su mundo color de rosa para que su madre terminara por alejarnos otra vez. Había fallado en mi promesa de estar juntos por siempre una vez, eso no volvería a pasar. Sin mencionar que obviamente yo no soportaría su ausencia otra vez. Mucho menos ahora que nuestra relación había madurado tanto, ahora que nuestros lazos estaban más fuertes que nunca. Simplemente era imposible.
—Mi mamá sabe todo —soltó sin más. Un leve “crack” se dejó oír en mi interior.
—¿Qué? —intenté disimular el terror y la desesperación que esas palabras habían provocado en mí.
—Nos vio —callé mientras buscaba una excusa para hacer que ella viera algo optimista en la situación.
—No te preocupes… ella no hará nada —intenté convencernos a ambos, mientras penosamente, recuerdos de hacía tres años vagaban por mi mente.
—Me dijo que no te tenía que ver más —susurró —pero yo no puedo separarme de ti.
—Nadie te va a separar de mi nunca, Mery. No lo voy a permitir.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo —y ¡Demonios que sí lo prometía! no volvería a llenar la cabeza de mi chica con palabras que pintaran su mundo color de rosa para que su madre terminara por alejarnos otra vez. Había fallado en mi promesa de estar juntos por siempre una vez, eso no volvería a pasar. Sin mencionar que obviamente yo no soportaría su ausencia otra vez. Mucho menos ahora que nuestra relación había madurado tanto, ahora que nuestros lazos estaban más fuertes que nunca. Simplemente era imposible.
Aquel día simplemente lo pasamos acurrucados en mi cama. Diciéndonos cosas bonitas, alentando nuestras esperanzas con palabras bonitas y planes de sueños y metas futuras por cumplir. Aquellas que deseábamos realizar juntos, sin ninguna separación de por medio. La noticia de que su madre sabía nuevamente sobre nosotros, había enturbiado la atmósfera a nuestro alrededor, pero aquello no era nada que no se pudiera aliviar con muchos besos y mimos. Debía mantenerme fuerte, tenía que prohibirle a Meer que entrara en pánico, y para poder lograrlo, tampoco yo tenía que hacerlo. Debía demostrarle a su Meer que ya no era un adolescente de diecinueve años, que ahora era todo un hombre que pelearía por lo suyo, que no le permitiría quitarme lo que más quiero nuevamente.
Aquella misma tarde, en cuanto Meer se marchó, bajé a por el consejo de la que yo conocía como la mujer más sabia y buena del mundo. Mamá siempre tenía las palabras correctas para cada situación, como por arte de magia.
Aquella conversación sin lugar a duda había posicionado varias ideas en los lugares correctos de mi cabeza, mi mente se había aclarado poco a poco con cada palabra que mi madre emitía.
Mamá recordó justo a tiempo aquello que yo le venía comentando desde hace semanas: el cumpleaños de Meer se avecinaba a gran velocidad. A mi adorable chiquilla sólo le quedaban semanas para llegar a la mayoría de edad, y eso para todo el mundo, significaba deshacerse de un gran peso.
Aquella misma tarde, en cuanto Meer se marchó, bajé a por el consejo de la que yo conocía como la mujer más sabia y buena del mundo. Mamá siempre tenía las palabras correctas para cada situación, como por arte de magia.
Aquella conversación sin lugar a duda había posicionado varias ideas en los lugares correctos de mi cabeza, mi mente se había aclarado poco a poco con cada palabra que mi madre emitía.
Mamá recordó justo a tiempo aquello que yo le venía comentando desde hace semanas: el cumpleaños de Meer se avecinaba a gran velocidad. A mi adorable chiquilla sólo le quedaban semanas para llegar a la mayoría de edad, y eso para todo el mundo, significaba deshacerse de un gran peso.
También me había aconsejado que si de verdad quería vacaciones, que las adelantara lo más que pudiera. Después de todo, según mamá, Meer era la que más había sufrido tres años atrás. Al no sólo ser separada de mí, sino también de su lugar de origen, su hogar y sus pocos amigos. Por lo que la idea de una nueva separación la podría estresar mucho hasta el punto de dañar su salud. Aquello me horrorizó, la simple idea de que algo dañara a Meer me cegó, así llegué al acuerdo con mi madre, de que Meer y yo necesitábamos vacaciones, un retiro urgente de aquella ciudad de locos y obstáculos para nuestro amor.
Para mis planes era necesario recurrir a mis dotes de gran empleado. Sí, mi empleo se trataba de un puesto en la editorial de una de las revistas más populares del país. Yo me había jactado de mi título de diseñador de indumentaria y mi buen gusto por la moda para conseguir un cómodo puesto en una de sus oficinas. Al trabajar en lo que a mí siempre me había gustado, no dudé un segundo en desempeñarme mi labor, con dedicación y esfuerzo. Respondiendo siempre afirmativamente ante las propuestas de horas extras, llevándome siempre trabajo a casa e incluso dejando pasar algunas vacaciones. Sin embargo, era hora de cobrarse todo aquello con mi imponente superior. Aquella misma noche, llamé a mi encargado para pedirle el inmenso favor de que me fueran otorgados todos los días de vacaciones que me hubiera correspondido tomar mucho antes.
Para mis planes era necesario recurrir a mis dotes de gran empleado. Sí, mi empleo se trataba de un puesto en la editorial de una de las revistas más populares del país. Yo me había jactado de mi título de diseñador de indumentaria y mi buen gusto por la moda para conseguir un cómodo puesto en una de sus oficinas. Al trabajar en lo que a mí siempre me había gustado, no dudé un segundo en desempeñarme mi labor, con dedicación y esfuerzo. Respondiendo siempre afirmativamente ante las propuestas de horas extras, llevándome siempre trabajo a casa e incluso dejando pasar algunas vacaciones. Sin embargo, era hora de cobrarse todo aquello con mi imponente superior. Aquella misma noche, llamé a mi encargado para pedirle el inmenso favor de que me fueran otorgados todos los días de vacaciones que me hubiera correspondido tomar mucho antes.
Luego de que fui comunicado a superiores y más superiores, hablando con toda la pirámide laboral de la revista, de muchas llamadas, distintas maneras de formular mi favor, y de comprometerme a tramitar muchísimo papeleo, logré mi cometido.
Rendido, dejé descansar mi cabeza sobre mi escritorio, sentía las piernas entumidas y la oreja ardiente de tanto apoyarla contra el tubo del teléfono. Sonreí agotado, mientras observaba mi móvil, aún quedaba una última llamada por hacer. Pero esta vez sería al aeropuerto.
Rendido, dejé descansar mi cabeza sobre mi escritorio, sentía las piernas entumidas y la oreja ardiente de tanto apoyarla contra el tubo del teléfono. Sonreí agotado, mientras observaba mi móvil, aún quedaba una última llamada por hacer. Pero esta vez sería al aeropuerto.
La siguiente semana fue más de la misma rutina de siempre. Meer, como ya era común en ella, ignoraba a su madre y todas sus quejas en contra de nuestra relación, y seguía trabajando en nuestra casa como siempre. Una parte de mí no se sentía bien sabiendo lo que Meer hacía, después de todo ella aún no era mayor de edad, y si seguía contradiciendo a su madre las cosas podrían acabar muy mal, incluso peor que la vez anterior. Sin embargo, por otro lado se sentía de maravilla llegar a casa y recibir de sus besos y mimos, verla al levantarme y poder despedirla de casa tarde, cuando mi madre ya no la “necesitaba”. Me alegraba verla profundizar en una relación amistosa con mi madre día tras día. A mamá nunca le habían caído bien mis novias, aunque por supuesto, siempre se lo callaba y fingía una bonita sonrisa sólo por educación. Para luego taladrarme la cabeza con sus pensamientos de lo malo que sería mi futuro junto a esas chicas. Por alguna razón desconocida y que me fascinaba, mamá había escogido como la nuera correcta a la chica que yo más había amado, y amaría en mi vida.
Aquel día de oficina, se me pasó rápido y satisfactorio. Últimamente trabajaba con más ganas que nunca, dispuesto a quedar bien con mis jefes antes de tomarme mis ansiadas vacaciones. La idea de Meer y yo solos en otro país durante unas semanas me motivaba para trabajar sin descanso las últimas pocas semanas que quedaban antes de su cumpleaños.
Aquel día me aseguré de trabajar con una sonrisa, pensando en la cena familiar que nos tocaba por la noche. Aún éramos una familia pequeña, sí. Mi hermano, mi madre, mi novia y yo; ya que Gordon se encontraba viajando por su trabajo como la mayoría del tiempo. Pero de eso nos encargaríamos los hombres de la casa en un período no tan largo. Mi mente volaba mientras me imaginaba pequeños hermosos de cabello negro y ojos azules correteando por la casa, serían iguales de hermosos que ella, y tendrían nombres sofisticados, americanos como mi hermano y yo.
Fantaseé con un futuro de cuentos de hadas mientras trabajaba hasta que al fin mi horario acabó. Me despedí de todo el mundo y me dirigí a casa, donde mi bonita familia me esperaba.
Aquel día de oficina, se me pasó rápido y satisfactorio. Últimamente trabajaba con más ganas que nunca, dispuesto a quedar bien con mis jefes antes de tomarme mis ansiadas vacaciones. La idea de Meer y yo solos en otro país durante unas semanas me motivaba para trabajar sin descanso las últimas pocas semanas que quedaban antes de su cumpleaños.
Aquel día me aseguré de trabajar con una sonrisa, pensando en la cena familiar que nos tocaba por la noche. Aún éramos una familia pequeña, sí. Mi hermano, mi madre, mi novia y yo; ya que Gordon se encontraba viajando por su trabajo como la mayoría del tiempo. Pero de eso nos encargaríamos los hombres de la casa en un período no tan largo. Mi mente volaba mientras me imaginaba pequeños hermosos de cabello negro y ojos azules correteando por la casa, serían iguales de hermosos que ella, y tendrían nombres sofisticados, americanos como mi hermano y yo.
Fantaseé con un futuro de cuentos de hadas mientras trabajaba hasta que al fin mi horario acabó. Me despedí de todo el mundo y me dirigí a casa, donde mi bonita familia me esperaba.

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