CAPITULO 47
Los días pasaron rápidos, divertidos y agradables… al menos la parte del día en la que no estaba trabajando. Lo mejor era regresar a la casa de mi madre y encontrarme con Mery allí. No podía dejar de sentirme como un bobo enamorado al ella recibirme en la puerta. Y lo mejor… lo mejor de todo era el sábado. Nos pasábamos todo el día juntos “cuidando a mamá”. Estábamos en una situación realmente buena. Eso me gustaba.
Había estado pensando seriamente estos días en la idea de Meer de mudarnos a Italia. Pero no… lo veía imposible desde todos los puntos de vista. Si Mery se quería mudar y no vivir más con su madre podía vivir conmigo, eso no era problema. Pero Italia… Italia ya era otra cosa, un cuento diferente. Me hubiese gustado haber cumplido el sueño de Mery, pero no, simplemente no podía. Aquí en Alemania tenía todo. Mi trabajo, mi familia, mi vida. No podía cambiarlo, tampoco quería hacerlo. Podía llevarla de vacaciones… unas largas y divertidas vacaciones sólo para los dos.
—Mira esto, Bill —me llamó Mery saliendo del probador. Me acerqué a ella para examinarla. Estaba probándose unos jeans oscuros entubados con algunas tachas. Le quedaban increíbles —¿cómo están? —preguntó, volteándose hacia el espejo. Observé su trasero sin poder evitarlo.
—Es… tá… bien. Te… quedan geniales… —hablé como un bobo.
—Amm… el modelo está bastante lindo… aunque las tachas no me gustan mucho. ¿Qué opinas? —alcé una ceja… las tachas no eran feas y tampoco se veían mal.
—Están lindas —Mery arrugó la nariz graciosamente.
—Mmm… no me gusta mucho —volvió a entrar en el probador para quitarse la prenda. Habíamos pasado la tarde completa en el centro comercial… Mery se había probado un montón de ropa y nada le agradaba. No entendía cómo podía ser así al momento de comprar ropa… pff, bueno yo era igual o peor que ella. En todo caso, no me molestaba acompañarla tienda por tienda. Era extraño porque… no me había separado de ella desde el viernes y ya era domingo. Su madre seguro estaba de los nervios. Pero habíamos decidido no darle importancia a ese tema hasta regresar. Luego inventaríamos algo o que se yo —ya está —salió acomodándose la ropa y se acercó a mi sonriendo.
—¿No quieres probarte nada más? —ella negó con la cabeza tomando mi mano, entrelazó nuestros dedos.
—Es que… no me gusta nada —se encogió de hombros —hoy nada me gusta —alcé una ceja y la miré divertido.
—¿Te gustaría un helado? —su sonrisa se ensanchó notablemente —vamos —hablé antes de que ella pudiera hacerlo y comencé a caminar llevándola de la mano. Salimos de la tienda.
—¿Qué hora es? —me preguntó. Miré la hora en el móvil, sacándolo del bolsillo.
—Las siete —Mery resopló.
—Mamá va a matarme —se quejó, apretando mi mano con suavidad —y no es que llegue algunas horas más tarde… no piso mi casa desde hace tres días —la miré. De decirlo en voz alta sonaba mucho peor. Ella no quería que yo hablara con su madre sobre esto… no quería “agrandar” el problema. Pero si me había pedido que la ayudara a inventar alguna excusa. Pff, estas preocupaciones no existirían si ella, como la buena chica que era hubiese regresado a dormir a su casa el viernes y sábado por la noche. Su madre podía salir todo lo que quisiera con su esposo y sin su esposo… a hacer quizás que cochinadas. Y Mery, que salía para estar conmigo a divertirnos y a pasar el rato no se lo permitía. Aunque a Mery le daba absolutamente lo mismo hacer las cosas bajo el consentimiento de su madre o no.
—Tendremos que inventar algo bueno…
—Si —suspiró —ella aún cree que puede controlar mi vida —soltó una risita. La miré, analizando su expresión. Pero no tenía nada de extraño, simplemente reía como si se tratara de un chiste.
—… pero no puede hacerlo —afirmé.
—Claro que no… —ya estábamos frente a la tienda de helados. Decidimos buscar una mesa y pedir una copa enorme para los dos. Estaba exquisita… estuvimos alrededor de una hora intentando hacer entrar el helado a nuestros cuerpos, pero aun así tuvimos que dejar la mitad de la copa ya hecha líquido.
Luego del helado decidimos irnos de allí. Pero en el camino, nos perdimos en la tienda de CD’s y en la de chocolates. Compramos una caja de bombones para comerla en el camino… y finalmente, luego de haber tenido un día estupendo y una tarde agotadora llena de risas dimos por finalizada nuestra salida subiéndonos al coche.
—Deberíamos hacer esto más seguido —dijo Mery luego de haber tragado el pequeño dulce.
—¿Escaparnos de tu madre? —pregunté, haciéndome el gracioso. En el fondo sabía a qué se refería.
Había estado pensando seriamente estos días en la idea de Meer de mudarnos a Italia. Pero no… lo veía imposible desde todos los puntos de vista. Si Mery se quería mudar y no vivir más con su madre podía vivir conmigo, eso no era problema. Pero Italia… Italia ya era otra cosa, un cuento diferente. Me hubiese gustado haber cumplido el sueño de Mery, pero no, simplemente no podía. Aquí en Alemania tenía todo. Mi trabajo, mi familia, mi vida. No podía cambiarlo, tampoco quería hacerlo. Podía llevarla de vacaciones… unas largas y divertidas vacaciones sólo para los dos.
—Mira esto, Bill —me llamó Mery saliendo del probador. Me acerqué a ella para examinarla. Estaba probándose unos jeans oscuros entubados con algunas tachas. Le quedaban increíbles —¿cómo están? —preguntó, volteándose hacia el espejo. Observé su trasero sin poder evitarlo.
—Es… tá… bien. Te… quedan geniales… —hablé como un bobo.
—Amm… el modelo está bastante lindo… aunque las tachas no me gustan mucho. ¿Qué opinas? —alcé una ceja… las tachas no eran feas y tampoco se veían mal.
—Están lindas —Mery arrugó la nariz graciosamente.
—Mmm… no me gusta mucho —volvió a entrar en el probador para quitarse la prenda. Habíamos pasado la tarde completa en el centro comercial… Mery se había probado un montón de ropa y nada le agradaba. No entendía cómo podía ser así al momento de comprar ropa… pff, bueno yo era igual o peor que ella. En todo caso, no me molestaba acompañarla tienda por tienda. Era extraño porque… no me había separado de ella desde el viernes y ya era domingo. Su madre seguro estaba de los nervios. Pero habíamos decidido no darle importancia a ese tema hasta regresar. Luego inventaríamos algo o que se yo —ya está —salió acomodándose la ropa y se acercó a mi sonriendo.
—¿No quieres probarte nada más? —ella negó con la cabeza tomando mi mano, entrelazó nuestros dedos.
—Es que… no me gusta nada —se encogió de hombros —hoy nada me gusta —alcé una ceja y la miré divertido.
—¿Te gustaría un helado? —su sonrisa se ensanchó notablemente —vamos —hablé antes de que ella pudiera hacerlo y comencé a caminar llevándola de la mano. Salimos de la tienda.
—¿Qué hora es? —me preguntó. Miré la hora en el móvil, sacándolo del bolsillo.
—Las siete —Mery resopló.
—Mamá va a matarme —se quejó, apretando mi mano con suavidad —y no es que llegue algunas horas más tarde… no piso mi casa desde hace tres días —la miré. De decirlo en voz alta sonaba mucho peor. Ella no quería que yo hablara con su madre sobre esto… no quería “agrandar” el problema. Pero si me había pedido que la ayudara a inventar alguna excusa. Pff, estas preocupaciones no existirían si ella, como la buena chica que era hubiese regresado a dormir a su casa el viernes y sábado por la noche. Su madre podía salir todo lo que quisiera con su esposo y sin su esposo… a hacer quizás que cochinadas. Y Mery, que salía para estar conmigo a divertirnos y a pasar el rato no se lo permitía. Aunque a Mery le daba absolutamente lo mismo hacer las cosas bajo el consentimiento de su madre o no.
—Tendremos que inventar algo bueno…
—Si —suspiró —ella aún cree que puede controlar mi vida —soltó una risita. La miré, analizando su expresión. Pero no tenía nada de extraño, simplemente reía como si se tratara de un chiste.
—… pero no puede hacerlo —afirmé.
—Claro que no… —ya estábamos frente a la tienda de helados. Decidimos buscar una mesa y pedir una copa enorme para los dos. Estaba exquisita… estuvimos alrededor de una hora intentando hacer entrar el helado a nuestros cuerpos, pero aun así tuvimos que dejar la mitad de la copa ya hecha líquido.
Luego del helado decidimos irnos de allí. Pero en el camino, nos perdimos en la tienda de CD’s y en la de chocolates. Compramos una caja de bombones para comerla en el camino… y finalmente, luego de haber tenido un día estupendo y una tarde agotadora llena de risas dimos por finalizada nuestra salida subiéndonos al coche.
—Deberíamos hacer esto más seguido —dijo Mery luego de haber tragado el pequeño dulce.
—¿Escaparnos de tu madre? —pregunté, haciéndome el gracioso. En el fondo sabía a qué se refería.
—No, tontito… —rio —me refiero a salir, divertirnos… —ah, se refería a probarse y probarse prendas de ropa mientras yo daba mi opinión de cómo se le veían —en el centro comercial. Nunca había ido contigo —oh, si… era verdad. Ahora que lo pienso, nunca antes de hoy salí al centro comercial con mi chica. Habíamos recorrido prácticamente toda la ciudad en nuestros paseos nocturnos… que extraño.
—Pienso igual —respondí. Mery bostezó, contagiándome a mi también.
—Muero de sueño —comentó, llevándose otro dulce a la boca, la imité. Estaban deliciosos… había sido una buena compra.
—Debes llegar a descansar… —le sonreí. Ella asintió, pasándose la mano por los ojos. —¿Ya tienes pensado algo bueno para decirle a tu madre?
—Si… más o menos. No me importa si se lo cree o no —se encogió de hombros. Me sonrió de medio lado. A veces no me entraba en la cabeza y no podía entender cómo podía ser así de hermosa. No supe que contestar. Mi cerebro procesaba lento y estaba cansado.
Seguimos conversando sobre cosas sin importancia hasta llegar a su casa. Me acerquen a ella para besarla en los labios en modo de despedida.
—Adiós —se separó de mis labios sonriendo. Abrió la puerta del coche.
—Descansa, te amo —se acercó nuevamente a mi para juntar nuestros labios fugazmente.
—También te amo —se bajó del coche. La observé como un idiota caminar hacia su casa.
—Pienso igual —respondí. Mery bostezó, contagiándome a mi también.
—Muero de sueño —comentó, llevándose otro dulce a la boca, la imité. Estaban deliciosos… había sido una buena compra.
—Debes llegar a descansar… —le sonreí. Ella asintió, pasándose la mano por los ojos. —¿Ya tienes pensado algo bueno para decirle a tu madre?
—Si… más o menos. No me importa si se lo cree o no —se encogió de hombros. Me sonrió de medio lado. A veces no me entraba en la cabeza y no podía entender cómo podía ser así de hermosa. No supe que contestar. Mi cerebro procesaba lento y estaba cansado.
Seguimos conversando sobre cosas sin importancia hasta llegar a su casa. Me acerquen a ella para besarla en los labios en modo de despedida.
—Adiós —se separó de mis labios sonriendo. Abrió la puerta del coche.
—Descansa, te amo —se acercó nuevamente a mi para juntar nuestros labios fugazmente.
—También te amo —se bajó del coche. La observé como un idiota caminar hacia su casa.
Al llegar a la puerta, se volteó y se despidió haciéndome una seña. Yo también me despedí aunque dudo que ella lo hubiese visto. Enseguida se volteó para abrir la puerta.
Puse el coche en marcha, escapando de allí. Buah, escapando no… simplemente iba a mi casa a buscar un poco de ropa y algunas cosas que se me habían quedado durante la semana, algunos días en los que ya no dormía con mamá y Tom se quedaba en mi lugar. No pude evitar pensar que quizás me las estaba dando de cobarde al dejar a Mery sola enfrentar a su madre… pero no podía hacer nada, ella ya me había dicho que era mejor así. Y es que con el escándalo que había armado esa mujer la última vez… me refiero a lo de hace algunos años.
Cerré la puerta y me apresuré en subir las escaleras. No deberían ser más de las nueve… pero estaba muerto de sueño. Esto me había dejado agotado, incluso me dolían los pies. Ya en mi habitación me acerqué al armario para buscar algo de ropa limpia. Saqué de lo primero que encontré y lo lancé sobre la cama. Y no sé cómo, mis ojos se detuvieron en una extraña caja que había en suelo, bajo las repisas del armario. Me agaché para recogerla.
La dejé sobre la cama y la abrí con cuidado. Había un montón de cuadernos y libros viejos… pero lo que más llamó mi atención fueron ciertos papeles perfectamente acomodados encima de todo. Recordaba esas fotografías. Las tomé con suma delicadeza, sintiendo como se me formaba un nudo en el estómago.
Puse el coche en marcha, escapando de allí. Buah, escapando no… simplemente iba a mi casa a buscar un poco de ropa y algunas cosas que se me habían quedado durante la semana, algunos días en los que ya no dormía con mamá y Tom se quedaba en mi lugar. No pude evitar pensar que quizás me las estaba dando de cobarde al dejar a Mery sola enfrentar a su madre… pero no podía hacer nada, ella ya me había dicho que era mejor así. Y es que con el escándalo que había armado esa mujer la última vez… me refiero a lo de hace algunos años.
Cerré la puerta y me apresuré en subir las escaleras. No deberían ser más de las nueve… pero estaba muerto de sueño. Esto me había dejado agotado, incluso me dolían los pies. Ya en mi habitación me acerqué al armario para buscar algo de ropa limpia. Saqué de lo primero que encontré y lo lancé sobre la cama. Y no sé cómo, mis ojos se detuvieron en una extraña caja que había en suelo, bajo las repisas del armario. Me agaché para recogerla.
La dejé sobre la cama y la abrí con cuidado. Había un montón de cuadernos y libros viejos… pero lo que más llamó mi atención fueron ciertos papeles perfectamente acomodados encima de todo. Recordaba esas fotografías. Las tomé con suma delicadeza, sintiendo como se me formaba un nudo en el estómago.
Un pequeño papel cayó al suelo al sacar las fotografías. Me agaché para recogerlos y lo observé.
¿Cómo había llegado todo esto a esa caja? recordaba haber visto este papel hacía unos cuantos meses… quizás después había guardado todas estas cosas y simplemente no lo recordaba.
Comencé a mirar las fotos, no era más de cinco. Cuatro, para ser exacto. En la primera, Mery yo sonreíamos muy cerca de la cámara. Recordaba a la perfección cuando habíamos hecha esta fotografía. Sonreí de medio lado. Mery estaba mucho más pequeña, su rostro era más redondo y su sonrisa era más infantil. Me daba nervios pensar que en un principio me había enamorado de esa niña, me sentía un acosador. Pasé a la siguiente foto. Era la misma fotografía que había conservado en mi mesita de noche por todo un año. Ya la había visto cientos de veces, observando hasta el más mínimo detalle. En la siguiente también estaba Mery. Y en la última… estábamos los dos, besándonos. Una sonrisa mucho más grande se apoderó de mi rostro. Aún podía recordar esos días lejanos… esas agradables fechas.
¿Cómo había llegado todo esto a esa caja? recordaba haber visto este papel hacía unos cuantos meses… quizás después había guardado todas estas cosas y simplemente no lo recordaba.
Comencé a mirar las fotos, no era más de cinco. Cuatro, para ser exacto. En la primera, Mery yo sonreíamos muy cerca de la cámara. Recordaba a la perfección cuando habíamos hecha esta fotografía. Sonreí de medio lado. Mery estaba mucho más pequeña, su rostro era más redondo y su sonrisa era más infantil. Me daba nervios pensar que en un principio me había enamorado de esa niña, me sentía un acosador. Pasé a la siguiente foto. Era la misma fotografía que había conservado en mi mesita de noche por todo un año. Ya la había visto cientos de veces, observando hasta el más mínimo detalle. En la siguiente también estaba Mery. Y en la última… estábamos los dos, besándonos. Una sonrisa mucho más grande se apoderó de mi rostro. Aún podía recordar esos días lejanos… esas agradables fechas.
Al fin logré dormirme después de varios minutos de vislumbrar aquellas fotografías, sonriendo con aquel agradable picor en el estómago que sólo los bonitos recuerdos pueden producir. Cuánto habíamos cambiado ambos desde aquellas épocas, desde los primeros días de nuestras andanzas juntos. Sin embargo, algo jamás sería distinto, y eso era que Meer era mía, incluso ahora, más mía que nunca. Y con aquel pensamiento que tanto regocijaba mi interior, me dejé en los brazos de Morfeo.

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