18 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 33

























CAPITULO 33


Esa noche pasé a ver a mamá, por primera vez después del accidente. Me dolió verla llena de golpes y vendas… estaba dormida y se notaba tranquila. Me alivié un poco al ver que respiraba. Estaba conectada a un respirador artificial, pero al menos lo hacía… y estaba viva. No soportaría perderla. Es la mujer que me dio la vida.
Estuve conversándole un rato, dándole ánimos… le hablé, incluso, de lo preocupado que estábamos de ella. Pude estar sólo media hora… media hora que aproveche al máximo.
Cuando salí, fue el turno de Tom. Hablé con Gordon, él se quedaría esta noche con mamá… quedamos en que sería una noche cada uno y yo dejaría de venir por las noches cuando comenzara a trabajar, el jueves. Obviamente yo iba a estar aquí todo el tiempo libre que tuviese. Incluso tenía ganas de quedarme esta noche también, pero mi padrastro me obligó a ir a casa, para descansar. Igual… yo bastante cansado estaba. Y tenía ganas de pensar un poco a cerca de lo de hoy… pensar sobre mamá, sobre Meer, sobre todo esto que me estaba pasando. Las desgracias venían una tras otra, atacaban sin piedad.
Llegué a casa mucho antes que Tom. Comí algo, luego me fui a dormir. O a intentar dormir. Porque realmente no podía hacerlo.
Me cubrí con todas las mantas y cerré los ojos. Me sentía como ese chico de diecinueve años de nuevo… era como si el tiempo hubiese retrocedido y tenía la impresión de que al abrir los ojos nuevamente iba a estar en la casa de mi madre. Que ella estaría bien… en sus mejores días. Tenía la idea de que Meer seguía ahí, igual que antes.
Repentinamente se me vino a la cabeza que la Meer actual era mucho más hermosa que la anterior. Me sentí un poco culpable por eso… y no sé a qué se debió si ellas eran la misma persona. Ahora estaba mucho más alta, con mejor cuerpo… con un rostro más delgado, más de mujer. Pero aun así seguía teniendo ese rostro de ángel, esa expresión inocente y esos ojos azules enloquecedores.

La mañana siguiente, prácticamente corrí hacia el hospital para ver como seguía mamá. Gordon estaba allí y Tom no tardó en llegar. Nos quedamos cuidándola un rato. Ella aún no despertaba, y es que no podía hacerlo por lo que la mantenían sedada.
Pasé el resto de la semana así, de casa al hospital y desde el hospital a mi casa… también tuve que agregarle el trabajo al final de la semana. Increíblemente ya no me sentía tan estresado como antes y todas mis preocupaciones estaban en mamá y… bueno, otra parte más pequeña pero no menos importante en Meer.

Era domingo. En cuanto me levanté se me vino a la cabeza lo que Tom me había dicho. Hacía casi una semana que había ocurrido ese episodio en el ascensor y Meer ya no debería de estar tan enojada… quizás lo había olvidado o que se yo. Hoy tenía que hablar con ella. Me duché, vestí y desayuné mientras intentaba despertar a Tom para que me diera alguno de sus sabios consejos. Sus consejos a veces eran tan geniales… Era una lástima que funcionaran con todo el mundo excepto con él.
No logré despertarlo por lo que decidí visitar a mamá en el hospital. Ella ya estaba mejor, había despertado… ya respiraba por si sola. Aunque la operación no hubiese salido como todos esperábamos, agradecía que ella estuviese viva. Además, según los médicos, todo lo que tenía era temporal. Tenía que comenzar todo de nuevo, aprender a hacer algunas cosas… como caminar, por ejemplo. Y eso costaría unos cuantos muchos meses de costosas terapias.
Luego de ver a mamá, me dirigí a almorzar. En el camino recordé el lugar donde Meer trabajaba. Iría allí a ver si estaba… era una buena forma de encontrarnos casualmente para hablar. Y si no estaba… pues iría a su casa. Yo tenía que hablar con ella, si o sí.
Me bajé del coche y cerré la puerta. Había quedado a unas cuantas calles del lugar, no estaba tan lejos. Comencé a caminar mientras pensaba en que decir. Todas las frases que se me venían a la cabeza sonaban realmente tontas y en el fondo sabía que acabaría diciendo lo primero que se me pasara por la mente y encima se me trabaría la lengua. Agh, esto era difícil, pero tenía que hacerlo… y me esforzaría por pensar bien mis palabras para no arruinarlo como la vez anterior.
—¡Bill! ¿cómo es que te encentro aquí? No me has llamado en toda la semana —me detuve en seco y giré la cabeza. Era Stella. Había intentado evitarla todo este tiempo… y ahora aparecía de la nada. Esto era injusto.
—Hola, Stella —la saludé haciendo un intento de sonrisa. Ella se acercó a mí y me besó en los labios. Quise apartarla pero no lo hice… no la iba a hacer quedar mal frente a todos los que pasaban por nuestro lado.
Teníamos que habar. Sí, eso… le explicaría lo que pasaba. Ojala me pudiera entender.
—Ay, Bill… no sabes lo preocupada que estaba por tu madre, ¿cómo está? —preguntó en cuanto nos separamos.
—Mejor… —sonreí de medio lado, ella se tomó de mi brazo.
—¿Me acompañas a tomar helado? hay un lugar aquí cerca donde podríamos pasar… —quise negarme. Pero me pareció que sería un buen momento para hablar. Sólo esperaba que no fuese el mismo lugar al que yo me dirigía en este momento. No quería que Meer me viera con Stella, no sería bueno.
—Si, si… como quieras —trague saliva —así aprovechamos de hablar… tengo que… —Dejarte claras algunas cosas.
—¿Contarme algo? —terminó hablando ella, mientras comenzaba a caminar llevándome del brazo.
—Algo así…
Siguió llevándome del brazo. Ella me preguntaba cosas o me contaba lo que le había pasado durante la semana… mientras yo le contestaba a penas, sólo con monosílabos y cada vez más asustado al ver que nos acercábamos a ese local donde Meer trabajaba como mesera.
—¿Estás escuchándome? —era la tercera vez que me lo preguntaba.
—Disculpa —dije con el estómago cada vez más pequeño… nos íbamos acercando a la entrada. No… no teníamos que entrar ahí, algo me decía que todo iba a salir mal. Ojala Meer no trabajara hoy —Stella… —fui a decirle que comiéramos en otro lugar, pero ella ya había abierto la puerta. O eso fue lo que yo pensé al ver la puerta chocar contra una chica y tirarle toda la bandeja de comida encima. Pobre, había quedado toda sucia y manchada… era mesera, pude notarlo por su uniforme. Ella miró a Stella con cara de asesina. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que era Meer. Y era ella quien ahora empujaba la puerta con fuerza para darle a Stella en toda la cara. Mi acompañante gritó, llevándose las manos a la nariz. Mientas Stella se quejaba, Meer, sin darse cuenta de que yo también me encontraba allí se agachó con una sonrisa a recoger la comida y dejarlo todo en sobre una bandeja. Sorprendentemente la reacción de Meer no me había parecido tan terrible.
Pensé que Stella me diría que nos fuésemos de aquí, pero en vez de eso… se quedó esperando frente a la puerta, mientras observaba a Meer recoger todo el desastre. Podríamos verla, claro, porque la puerta era transparente. Ella también podía vernos.
Tuve ganas de salir corriendo de allí, pero la mano de Stella tomaba la mía con fuerza y yo apenas podía respirar de los nervios. Entonces Meer alzó la cabeza y nos miró. Clavó sus ojos en mí un momento, y luego nos miró a ambos con asco. Enseguida se levantó de donde estaba y se fue.
Stella entró casi arrastrándome.
Tragué saliva. Ya me había visto… no podía cambiar nada ¿cómo iba a explicarle esto? Tenía que poder, de alguna manera…  no quería perderla.
Nos sentamos en una mesa y solté su mano. Ella empezó a hablar sobre Meer, pero yo no la escuché… en vez de eso, busqué a la chica con la mirada hasta dar con ella. Estaba detrás de un mesón, pasándose algo por la ropa, para limpiarse. Me di cuenta de que tenía los ojos cerrados, y entreabrí la boca como quejándose de algo… Me sentí culpable cuando se me vino a la cabeza de que quizás estaba así por lo que acababa de pasar. No tendría que haber venido aquí con Stella.
—Buenas tardes ¿les puedo servir algo? —miré enseguida a la chica que nos atendía.
—No… no de ti, querida. Vete, vete… buscamos que otra mesera nos atienda —le dijo Stella con una sonrisa. La mesera la miró como si estuviese loca y luego, tras asentir con la cabeza no muy convencida, se retiró.
—¡Mesera! —gritó Stella. La miré. Esta tenía los ojos clavados en Meer. Genial. La situación no podía estar más tensa ¿acaso todo lo que me pasaba tenía que ser así de malo?
Miré a Meer, venía hacia nosotros.
Esto se veía mal… Meer no era de las chicas que se quedaban calladas y Stella… pues, Stella era Stella y ella no iba a perder oportunidad para insultar a Meer. Ella cada vez se acercaba más… y yo no podía mirarla. Me vi obligado a mantener los ojos en la mesa. Me sentía demasiado torpe y culpable como para mirarla. Simplemente no podía… todo lo que ella pasaba era mi culpa. No era mi intensión dañarla, hacerla sentir mal o molestarla. Pero es que todo me salía mal.



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