24 febrero, 2013

Rette mich /Capítulo 11









CAPITULO 11 

La primera semana que pasó luego de esa separación no la pasé muy bien. Para nada bien. Fue una semana horrible... la más horrible que había pasado en mi vida.  
Bill intentaba evitarme siempre... Incluso había cambiado su mesa hacia el otro lado del salón, para que no nos viéramos. Y Kattie, se había ido a sentar con él. Yo había quedado sola. Pero luego, otra de las amigas que tenía, se había acercado a mi. Yo no me iba a poner a contarle mis problemas a ella... aunque me preguntase que era lo que pasaba con los chicos. Había intentado hablar algunas veces con Bill. Pero él siempre me había dejado con la palabra en la boca y se había volteado para irse. No lograba entender porqué lo hacía, no tenía una justificación o una razón.... O si es que la tenía, al menos me la podría haber dicho. En los siete días mi diario colapsó. Escribía tanto que lo agoté y tuve que ir a una tienda a buscarme otro. Bill había provocado cambios... grandes cambios en mi. No tenía ganas de ver a gente, no quería hablar, tampoco tenía apetito como para llevarme una buena porción de comida al estómago. No me gustaba sentirme así. Pero no podía hacer nada. Ya me había dado por vencida. Bill no me quería cerca de él y punto. Así iban a quedar las cosas. Y, tal vez, nunca nos volveríamos a hablar. Ya por la segunda semana, no me podía creer que Bill no quisiera ni siquiera mirarme. Había ido a su casa un par de veces porque Tom me había invitado, pero él jamás aparecía. Lo veía nada más en la escuela y a metros de distancia. Nos habíamos topado las miradas en mucho tiempo y deseaba ver sus ojos. Tanto, que me pasaba toda la clase poniéndole más atención a mi ex mejor amigo que al profesor. Pero era inútil, él jamás se volteaba a verme... Y no dejaba de acariciar una mano de Kattie ¿Acaso no se cansaba de hacerlo? Incluso, le había pedido a Tom que hablara con él. Él me había prometido que lo haría, pero luego no me dio noticias. A lo mejor se le había olvidado. No insistí. Cuando ya habían pasado tres semanas, me di cuenta de todo el tiempo que llevábamos sin hablarnos. Me daba la impresión de que nunca iba a haber una mejoría. Intenté alegrarme lo más posible durante esa semana. Salí con mi novio, con Chels, con Tom, con Sam... Incluso hablé con Alex y ella me ayudó un poco con los problemas diciéndome que no me frustrara con ese tipo de cosas, que viviera la vida... ya que luego todo se iba a arreglar. Y quien sabe... a lo mejor lo que Alex decía se iba a cumplir. En la cuarta semana, ya pasado un mes, me parecía que había pasado una eternidad desde esa pelea en su casa. Y Bill me comenzaba a parecer una persona... extraña. No, extraña de extraña. Si no que extraña de algo ajeno a mí. Pero eso no quería decir que los síntomas hubiesen disminuído. Ellos seguían presentes cada vez que me acercaba a él a menos de un metro.Como era se suponer, Tom era nuestro punto de unión. cada vez que nos encontrábamos era por él. Aunque Bill tampoco me dirigía la palabra. Kattie... Pues Kattie si me hablaba, se reía conmigo y todo eso. Pero ya no me caía igual que antes. Cosas mías... Celos. Al cumplirse las cinco semanas, fui a hablar con Bill. A verlo a su casa... Pero él no me había querido recibir. Tenía unas enormes ganas de verlo.  
Quería que todo fuese como antes. Quería cambiarlo todo. Quería reordenar las cosas, arreglarlas. Quería sólo una sonrisa suya, con eso bastaba. 
Por que dolía... Y la angustia era tan grande que incluso me costaba sonreír. En la sexta semana, ya pasado mucho tiempo desde la "separación", llegué a la conclusión de que lo mejor iba a ser que me olvidara de todo. Ya me había dado cuenta de que no había remedio y que todo se había echado a perder. Durante esa semana intenté ignorar lo mejor posible a Bill. Me costó mucho trabajo, ya que ya me había acostumbrado a mirarlo todo el tiempo... ya que, aunque fuese de lejos, me dejaba igual de fascinada. Me encantaban su sonrisa y sus expresiones... aunque fuesen dirigidas hacia otra persona.   

  
Siete semanas desde ese día. Siete semanas justas. Cuarenta y nueve días. Hoy era el día cuarenta y nueve...  
Eso, fue lo primero que pensé al despertar. Como era martes, tenía que ir a la escuela. Por suerte mañana era un día de fiestas, era feriado y no teníamos clases. Al menos un pequeño descanso. Me levanté de la cama muerta de sueño, sentí frío a chocar los pies con el piso. Pero tenía que levantarme o llegaría atrasada. Me dirigí al armario y de allí cogí una camiseta blanca manga larga, un jerssey de lana color gris y unos jeans ajustados claros. Hoy no quería andar con colores oscuros. Luego, cogí dos toallas y salí de la habitación.  
 Llegué a la clase justo a la hora. Me pillé con la profesora de matemáticas en la puerta. La saludé con una sonrisa lo más amable posible y luego me dirigí a mi puesto. Aproveché de echarle una mirada a Bill. Este estaba fascinado mirando a su novia, mientras jugueteaba con uno de los mechones de su cabello. Sentí rabia. Sentía rabia todos los días al ver ese tipo de escenas. No me gustaba la pareja que ellos dos. Desvié la vista y seguí caminando hacia mi asiento. ¡Hola, Anne—me saludó Ámbar. Mi nueva compañera de puesto... aunque, no muy nueva que digamos, llevaba sentada con ella casi dos meses. 
Hola —le devolví el saludo. Pasé detrás de su asiento, hacia el rincón, luego me quité la mochila, la dejé a un lado en el suelo y me senté.  
Y ahora otra aburrida y detestable clase de matemáticas ¿Qué peor? Nada. O bueno, si... había algo peor...  
Durante toda la hora estuve garabateando en mi cuaderno. Si seguía así me iba a quedar sin hojas. Para cuando terminé mi gran obra de arte, ese garabato de gente de palito, me di cuenta de que había graficado a mis amigos. Tom, Sam, Andreas, Kattie, Bill y yo. Había sido algo inconsciente. Algunas veces me pasaba ese tipo de cosas. Incluso había dibujado a Bill cogiendo mi mano. Como si eso fuese a pasar algún día, otra vez. Él no me quería ver, eso no iba a pasar y punto. Quité la hoja y luego la hice una bola. Miré el basurero, estaba donde siempre había estado. La lancé. La bola de papel voló sobre la cabeza de la profesora, haciendo que ella me dedicara una mala cara... hasta que finalmente calló en el basurero. Yo tenía excelente puntería. Y como había tirado el papel en el basurero, la profesora no me dijo nada. Ámbar rió a mi lado. Yo apoyé la cabeza sobre la mesa y cerré los ojos. Dios, que aburrimiento...   
Volví a abrir los ojos al sentir el sonido que las sillas provocaban al arrastrarse por el suelo. Genial. Primera clase, lista. ahora sólo me quedaba sobrevivir por el resto del día.  
Ámbar ya se había ido. Si no pillaba a Tom me iba a quedar sola durante el recreo... Me levanté y giré la cabeza hacia la puerta. Bill iba con Kattie saliendo del salón. ambos cogidos de la mano y mirándose bobamente. Estúpidos enamorados.¡Oh! podía buscar a Dylan, él era mi novio... Claro, ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Una sonrisa se dibujó incontrolablemente en mi rostro y me apresuré en salir del salón. La clase de Dylan estaba en el piso de arriba, por lo que me vi obligada a subir la escaleras, andando contra esa bola de gente que venía en dirección contraria. Comencé a contar las puertas. Eran todas iguales y yo siempre me confundía. La de Dylan era la sexta. Con suerte aún no se habría ido. Al llegar fuera de su salón, miré por la ventana. Pude verlo con unos cuantos chicos y chicas en un rincón de la sala, con sillas amontonadas y conversando. Ese salón parecía de todo menos un salón de clases. Piqué la ventana con la mano, haciendo que una chica se volteara hacia donde yo estaba. No me dijo nada, ella ya me conocía... le avisó a Dylan que yo estaba allí. Este me miró sonriendo y luego se acercó. Me moví hacia la puerta, pues él venía saliendo. ¡Hola, corazón! —me saludó. Yo me puse de puntillas para besarlo en los labios.  
Hola, Dylan —le sonreí ¿me acompañas en este descanso? 
Claro... —pasó uno de sus brazos por mis hombros y comenzamos a caminar hacia las escaleras. 
Que bien te queda esa ropa —comentó.  
Gracias —moví un poco mi cara hacia su pecho. Olía a cigarrillos. Como siempre. Iba a acabar acostumbrándome a ese olor.  
Bajamos las escaleras conversando cosas poco interesantes, pero que nos divertían.  
Salimos al exterior. Hacía bien respirar un poco de aire puro... Yo me burlaba de Dylan con eso, pues él se pasaba todo el día con los cigarrillos. Nos acercamos a uno de los bancos que allí habían. Me di cuenta de que Bill y Kattie estaban en el que quedaba frente a nosotros. Abracé a Dylan pegándome mucho a él y luego, entre mi cabello me dediqué a espiarlos durante unos segundos. Realmente parecían estar enamorados... Y vale, lo estaban... Me separé un poco de Dylan y subí el rostro hasta que nuestros ojos se toparon. Le sonreí. —Que linda —dijo mientras me besaba fugazmente y luego se volvía a separar, quedando en la misma posición que antes. Reí un poco... y nuestras narices se juntaron —oye... me preguntaba si maña...  
¡Anne—una especie de grito lo interrumpió, haciendo que ambos girásemos la cabeza hacia donde ese grito provenía.  
Tom. Era Tom... Y venía hacia mi con una mano alzada. Seguramente para que me diera cuenta de que se trataba de él. Aunque, sinceramente, ¿quién no se daría cuenta de que se trataba de Tom?  
Le sonreí. Él me devolvió la sonrisa. ¡Hola, Anne—me saludó en cuanto estuvo frente a mi. Me separé de Dylan un poco y lo miré hacia arriba, achicando un poco los ojos debido al sol —te venía a invitar para que mañana vayas a casa... A ver una película, ya sabes... —sonrió ¿quieres? estaremos todo el día allí sin hacer nada. Si quieres le puedes decir a tu madre que vaya, mi madre se pondrá muy contenta y... ¿qué me dices? —me miró expectante. Ya estaba claro lo que yo iba a decir... Dylan carraspeó antes de que pudiera dar mi respuesta. 
Emm... Si quieres, tu también puedes ir, Dylan.  
Dylan asintió algo molesto. Estaba segura de que había estado a punto de invitarme a algo y Tom lo había echado todo a perder. Pero prefería estar con Tom, ya que con Dylan no me divertía para nada. Además, seguro Dylan llevaba a sus amigos y todo se volvía un caos.  
Claro. Allí estaremos ¿a qué hora? Dylan cogió mi mano y la retuvo entre las suyas.  
Luego del almuerzo.  
Vale —le sonreí.  
—Nos vemos —me dijo Tom para luego darse media vuelta y desaparecer entre la gente. Al irse Tom, el espacio que él ocupaba quedo libre y pude ver a Bill mirando en mi dirección. Sus ojos se clavaron en los míos y sentí mi cuerpo estremecerse. Desvió la vista rápidamente hacia su novia. Y yo hice lo mismo.  
Volví a Dylan, hasta quedar igual que antes.  
Me sonrió de medio lado, se notaba algo molesto. Entonces... vas a ir con tus amigos.  Si. Y tú irás conmigo —lo besé rápidamente.  
Anne... sabes que tus amigos no me agradan. Ya no quiero más problemas.  
¿Y si te obligo? —sonreí traviesa.  
¿Y si sólo voy por unos minutos? ¿Una media hora? ¡Ya sé! te iré a dejar...  
Dylan —me quejé. Comencé a pestañear repetidas veces, muy cerca de su rostro —por favor, anda... ¿si?, conmigo Dylan suspiró. Nadie, absolutamente nadie, se resistía a unos ojitos de cachorrito bien hechos...  
Vale, pero si hay problemas no será culpa mía —añadió rápidamente —bueno, si lo sería, pero tu serías la responsable principal, la que se lleva toda la culpa...  
Si —lo volví a besar.  
Entonces, escuché como sonaba el timbre que indicaba la entrada a clases.  
¿Me vas a dejar a mi clase? —lpregunté con una sonrisa.  
Si quieres...  
Nos levantamos y comenzamos a caminar cogidos de la mano hacia el edificio. Kattie y Bill iban delante nuestro. Y no podía quitar los ojos de ellos, por más que quisiera hacerlo... dios, me desesperaba que ellos estuviesen así, abrazados, felices, juntos. Besé a Dylan. Este me correspondió al beso. Luego, volvimos a separarnos y yo entré en mi clase, despidiéndolo con una sonrisa. Quimica. Otro aburrimiento monumental.  

Me fui a casa sola. Ése día Tom se fue con su hermano y Kattie. Como casi todos los días. Ya no me estaba gustando el nuevo rumbo que iba tomando mi vida... Iba directo a ser una antisocial de primera... Dios. Me iba a quedar sin amigos y... pff. Yo no soportaba estar sola, no me gustaba. Me daba miedo, pánico. Odiaba ir sola caminando a casa, odiaba estar sola en la escuela... Necesitaba amigos. Y no quería nuevos amigos, no. Yo quería a MIS amigos. Quería tener a Bill y a Kattie de vuelta. ¡Pero no! Ellos ya había creado su propio mundillo de amor, en el otro lado de la sala de clases. Enamorados de mierda. ¿A caso no se daban cuenta de que yo me encontraba aquí también? No había hablado con Kattie desde la semana pasada... cuando me había saludado al chocar conmigo accidentalmente. Y Bill... pues con Bill no había hablado desde hacía siete semanas. Una mierda ¿Porqué no era todo más sencillo? pero mañana... mañana iba a estar con ellos. Y si Bill no me hablaba, tampoco iba a ser tan inmenso el problema. Pues igual estarían los chicos... Tom, Andreas, Sam, Dylan... Y Kattie. Si es que Bill no le había dicho algo que la hubiese hecho enojarse conmigo. Pensamientos tontos. Bill no era de ese tipo de gente... Aunque pensándolo bien, Bill tampoco era del tipo de chico que se hace una novia así de rápido, tampoco del tipo de chico que se olvida así de rápido de las cosa, ni de ese tipo de chicos que se olvidan de los mejores amigos así como así, sin dar explicaciones. Todo estaba mal. Un desastre. Mi final. Pff. Que gran mierda. Llegué a casa, y lo primero que hice fue picar al timbre... A lo mejor mi hermano estaba y no tenía que buscar la llave.Pero no... Nadie abrió. Por lo que me vi obligada a buscar en cada uno de los bolsillos en la mochila hasta encontrarla, luego abrí la puerta y entré en mi casa. Ya había acabado la escuela, al menos por hoy... Ya podía estar mas tranquila. Ahora, sólo me quedaba esperar hasta mañana. 





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