CAPITULO 67
—Tienes todo ¿verdad? —preguntó mamá por milésima vez. Asentí con la cabeza, guardando el regalo que le había comprado a Mery el día anterior en la maleta. Pensé que sería bueno sorprenderla con algo, quizás, un regalo atrasado… por nuestro aniversario. Pero para sorprenderla con el regalo, primero tenía que verla, pedirle disculpas y hacer que aceptara.
Tragué el último pedazo de pan que me quedaba en la mano y hablando con la boca llena de comida, le dije a mamá:
—Me lo has preguntado más de cinco veces, tengo todo… —acto seguido tomé la maleta y comencé a caminar detrás de mi madre. Si no nos apresurábamos perdería el vuelo y Dios sabe cuándo tendría otro boleto.
Tragué el último pedazo de pan que me quedaba en la mano y hablando con la boca llena de comida, le dije a mamá:
—Me lo has preguntado más de cinco veces, tengo todo… —acto seguido tomé la maleta y comencé a caminar detrás de mi madre. Si no nos apresurábamos perdería el vuelo y Dios sabe cuándo tendría otro boleto.
—¡Ya era hora! —exclamó Tom. Se levantó del sillón con más energía de la habitual y se fue directo a la puerta.
Nos subimos en su coche mientras mamá y Tom parloteaban sobre LA, que les gustaría viajar y conocer el lugar. Incluso insistieron más de la cuenta para que les trajera algún regalo. Claro, me lo decían a mí, quien tenía más dinero en este momento. Iba con lo justo y lo único que tenía, pero de todos modos iba a esforzarme por traerles algo, aunque fuera chiquito…. Si es que tenía tiempo, también. Porque… vamos, no es que fueran vacaciones o algo así. Iba a LA a cumplir una misión casi imposible.
La despedida fue bastante embarazosa, toda la gente se nos quedaba viendo a mí y a mamá, abrazándome, o más bien estrangulándome, mientras me daba consejos para “reconquistar a Mery” y me decía lo mucho que me extrañaría estos días. Luego me despedí de Tom y abordé.
Eran horas y horas de vuelo… horas y horas de aburrimiento y ansiedad.
Primero, intenté dormir. Pero al no lo conseguí… así que me pasé un buen rato pensando en todo respecto a mi vida ¿Qué sería de nosotros? Ojalá fuera un nosotros, Mery tenía que perdonarme. Ella era mi vida… y no es que sólo mi felicidad dependiera de esto, también había un criatura en su panza, creciendo a poquito. Ese niño se merecía una familia, todos merecen una familia. No iba a permitir que ese bebé estuviera lejos de mí. Soy su padre.
Uff… esto era difícil. Pensar con claridad cuando hay tantos problemas, o quizás son pocos pero grandes. Cuesta concentrarse en el objetivo, más que nada porque aún no tengo muy claro el objetivo. Lo que sí tenía bastante claro era que debía llegar donde estaba Meer. El resto de las cosas pasarían por solas. Y es que ni siquiera sabía que iba a decirle al verla, como podía reaccionar… de qué forma iba a pedirle disculpas.
Le di vuelta al mismo tema durante un largo tiempo ¿qué era lo indicado? ¿Correr y abrazarla como en las películas? ¿Gritarle que la amo? ¿Qué muero por ella? ¿Pedirle hablar a solas? ¿Y si no aceptaba?... ¿Y si… si no quería verme y me gritaba que me fuera de vuelta a Alemania?
Aún no sabía lo que iba a ocurrir, no podía sacar mis propias conclusiones. Yo conocía a Mery, claro que si… y ella no era predecible, nunca podía adivinar sus reacciones, era como una caja de sorpresas. Eso era algo que me volvía totalmente loco, me encantaba. Ansiaba tenerla conmigo de nuevo, poder abrazarla, sentirla cerca, poder protegerla, hacer que sonriera, mirarla a los ojos, quedar como un bobo, perder la cabeza, besarla... la necesito.
Nunca en la vida dejaré de reprocharme y de odiarme por haber causado esto. Una de las estupideces más grandes que he hecho en mi vida. No logro entender cómo es que pude olvidar todo ese amor, cómo pude pensar que ella era una molestia, no entiendo como pude molestarme al ella entrar en mi estudio… ella estaba feliz, incluso me invitó a salir, claro, era nuestro aniversario. Y yo… yo ni siquiera lo recordaba y encima le decía que me dejara en paz ¡Nunca me podría haber imaginado que llegaría a esas circunstancias!
Sólo espero que me perdone.
—¿Si?
—Emma, estoy en NY —solté rápidamente. Había olvidado llamarla y mi vuelo a LA estaba por salir. Lo había olvidado porque estaba muerto de sueño…
—Vale, ¿a qué hora sale tu vuelo?
—Ahora.
—¿Qué hora es en NY?
—No lo sé —ya estaba entrando a desesperarme, tenía que subirme a ese maldito avión.
—Ok, llamaré para averiguar a qué hora llegas. Estaré esperando.
—Gracias Emma, adi… Oh, espera… ¿Cómo está Mery? —es que no podía dejar de preguntar algo tan importante.
—Está bien, Bill.
—OK, Te veo allá.
—Bye —corté. Nada más hacerlo corrí disparado a abordar el avión. En este viaje sí que dormiría, era bastante largo, por lo que podía relajarme. Aunque dudo que lo lograra sabiendo que cada vez estaba más y más cerca de Mery.
Nos subimos en su coche mientras mamá y Tom parloteaban sobre LA, que les gustaría viajar y conocer el lugar. Incluso insistieron más de la cuenta para que les trajera algún regalo. Claro, me lo decían a mí, quien tenía más dinero en este momento. Iba con lo justo y lo único que tenía, pero de todos modos iba a esforzarme por traerles algo, aunque fuera chiquito…. Si es que tenía tiempo, también. Porque… vamos, no es que fueran vacaciones o algo así. Iba a LA a cumplir una misión casi imposible.
La despedida fue bastante embarazosa, toda la gente se nos quedaba viendo a mí y a mamá, abrazándome, o más bien estrangulándome, mientras me daba consejos para “reconquistar a Mery” y me decía lo mucho que me extrañaría estos días. Luego me despedí de Tom y abordé.
Eran horas y horas de vuelo… horas y horas de aburrimiento y ansiedad.
Primero, intenté dormir. Pero al no lo conseguí… así que me pasé un buen rato pensando en todo respecto a mi vida ¿Qué sería de nosotros? Ojalá fuera un nosotros, Mery tenía que perdonarme. Ella era mi vida… y no es que sólo mi felicidad dependiera de esto, también había un criatura en su panza, creciendo a poquito. Ese niño se merecía una familia, todos merecen una familia. No iba a permitir que ese bebé estuviera lejos de mí. Soy su padre.
Uff… esto era difícil. Pensar con claridad cuando hay tantos problemas, o quizás son pocos pero grandes. Cuesta concentrarse en el objetivo, más que nada porque aún no tengo muy claro el objetivo. Lo que sí tenía bastante claro era que debía llegar donde estaba Meer. El resto de las cosas pasarían por solas. Y es que ni siquiera sabía que iba a decirle al verla, como podía reaccionar… de qué forma iba a pedirle disculpas.
Le di vuelta al mismo tema durante un largo tiempo ¿qué era lo indicado? ¿Correr y abrazarla como en las películas? ¿Gritarle que la amo? ¿Qué muero por ella? ¿Pedirle hablar a solas? ¿Y si no aceptaba?... ¿Y si… si no quería verme y me gritaba que me fuera de vuelta a Alemania?
Aún no sabía lo que iba a ocurrir, no podía sacar mis propias conclusiones. Yo conocía a Mery, claro que si… y ella no era predecible, nunca podía adivinar sus reacciones, era como una caja de sorpresas. Eso era algo que me volvía totalmente loco, me encantaba. Ansiaba tenerla conmigo de nuevo, poder abrazarla, sentirla cerca, poder protegerla, hacer que sonriera, mirarla a los ojos, quedar como un bobo, perder la cabeza, besarla... la necesito.
Nunca en la vida dejaré de reprocharme y de odiarme por haber causado esto. Una de las estupideces más grandes que he hecho en mi vida. No logro entender cómo es que pude olvidar todo ese amor, cómo pude pensar que ella era una molestia, no entiendo como pude molestarme al ella entrar en mi estudio… ella estaba feliz, incluso me invitó a salir, claro, era nuestro aniversario. Y yo… yo ni siquiera lo recordaba y encima le decía que me dejara en paz ¡Nunca me podría haber imaginado que llegaría a esas circunstancias!
Sólo espero que me perdone.
—¿Si?
—Emma, estoy en NY —solté rápidamente. Había olvidado llamarla y mi vuelo a LA estaba por salir. Lo había olvidado porque estaba muerto de sueño…
—Vale, ¿a qué hora sale tu vuelo?
—Ahora.
—¿Qué hora es en NY?
—No lo sé —ya estaba entrando a desesperarme, tenía que subirme a ese maldito avión.
—Ok, llamaré para averiguar a qué hora llegas. Estaré esperando.
—Gracias Emma, adi… Oh, espera… ¿Cómo está Mery? —es que no podía dejar de preguntar algo tan importante.
—Está bien, Bill.
—OK, Te veo allá.
—Bye —corté. Nada más hacerlo corrí disparado a abordar el avión. En este viaje sí que dormiría, era bastante largo, por lo que podía relajarme. Aunque dudo que lo lograra sabiendo que cada vez estaba más y más cerca de Mery.
Odio viajar, definitivamente esto no es lo mío. No puedo sentirme cómodo en este avión y no logro dormir teniendo tanta gente alrededor. Hace horas y horas que no duermo ¡no logro hacerlo! Y estoy más que cansado. Agh, espero llegar pronto a LA, y pisar tierra firme. A mi lado va un niño que no deja de moverse, me ha golpeado varias veces el brazo y su madre no le dice nada. Ahora resulta que quiere mirar por la ventana ¡pero yo estoy aquí!, Dios, va comenzar a llorar de nuevo. Esto podría haberme pasado antes de olvidar comprar preservativos hace un par de meses. La idea de ser padre, desde ahora, me aterraba aún más.
Me bajé del avión muerto de sueño, busqué a Emma con la mirada y al no dar con ella fui a buscar mi equipaje. Ya la encontraría después. Bostecé. Ya estaba en LA, aunque eso no me permitía estar aliviado. Sabía que Mery estaba aquí… pero aún necesitaba encontrarla.
—¿Bill? —me giré de golpe, dando con una chica de cabello negro y bastante corto. Me costó reconocerla sobre todo porque hace un año, cuando la había conocido, era rubia —soy Emma —se apuntó a si misma —¿me recuerdas?
—Sí. Es sólo que antes… —intenté explicarle el porqué de mi cara de “no te conozco”, pero ella me interrumpió.
Me bajé del avión muerto de sueño, busqué a Emma con la mirada y al no dar con ella fui a buscar mi equipaje. Ya la encontraría después. Bostecé. Ya estaba en LA, aunque eso no me permitía estar aliviado. Sabía que Mery estaba aquí… pero aún necesitaba encontrarla.
—¿Bill? —me giré de golpe, dando con una chica de cabello negro y bastante corto. Me costó reconocerla sobre todo porque hace un año, cuando la había conocido, era rubia —soy Emma —se apuntó a si misma —¿me recuerdas?
—Sí. Es sólo que antes… —intenté explicarle el porqué de mi cara de “no te conozco”, pero ella me interrumpió.
—Estaba rubia, sí. Me aburrí del rubio —sonrió ampliamente, para luego tomarme del brazo —¿nos vamos?, pasaremos primero por mi casa, te ves muy cansado —comenzó a caminar y yo la seguí sin decir nada. Al llegar al aparcamiento ella abrió su bolso y sacó unas llaves y una Coca-Cola —ten, la compré para ti. Espero que aún siga helada, y es que hace tanto calor… —rio y enseguida me dio la lata. Sí, hacía mucho calor. Emma traía puesto sólo unos shorts una camiseta y unas sandalias.
—Gracias.
Nos subimos a su coche, abrí la Coca-Cola y le di un sorbo. Ella abrió ambas ventanas y mientras me hablaba del lugar y de su casa que quedaba a casi una hora de aquí, yo miraba las calles, las personas, los coches… y me daba cuenta de lo distinto que era todo esto a Alemania.
—Gracias.
Nos subimos a su coche, abrí la Coca-Cola y le di un sorbo. Ella abrió ambas ventanas y mientras me hablaba del lugar y de su casa que quedaba a casi una hora de aquí, yo miraba las calles, las personas, los coches… y me daba cuenta de lo distinto que era todo esto a Alemania.
—Es aquí —anunció a la vez que giraba el volante para estacionar —no te vayas a asustar, pero hay más chicas en casa —frenó. Enseguida me miró sonriendo para añadir: —mi prima vive conmigo… y como no me pude guardar el secreto de que tú venías a LA hay amigas que quieren conocerte ¡todo el mundo quiere saber quién es el novio de Meer! O ex novio… —se calló al instante, seguramente al ver mi expresión.
—¿Ella lo sabe? —pregunté, y es que si Emma ya le había contado a sus amigas, seguramente ella ya había ido a contárselo a Meer, las chicas son así, lo sé. Agh, en estos momentos tenía unas enormes ganas de estrangular a Emma. Si ya por el viaje y el hecho de no poder dormir como se debe me tenía mosqueado… esto me enfurecía.
—No… la visitamos ayer, estuvimos con ella y después se lo dije a las chicas. Tampoco quiero arruinar la sorpresa. Lo siento —sí, era mi expresión nuevamente —¿vas a pasar la noche aquí, verdad? Porque ya es tarde y no creo que estés en condiciones de salir ahora. Creo que primero deberías descansar y después buscar a Meer.
—Sí, me pregunto cómo podré descansar con tus amigas conociéndome —me llevé una mano a la cabeza, cerrando los ojos con fuerza. Esta chica se había pasado…
—Lo siento, discúlpame. La verdad no lo pensé al momento de contarlo. Voy a solucionarlo, no te preocupes —abrió la puerta —en cinco segundos ya no estarán, lo prometo.
—Eso espero —resoplé. Nos bajamos y yo busqué mi equipaje, para después alcanzar a Emma, quien ya estaba abriendo la puerta. Entré tras ella y nada más poner el pie dentro de la casa divisé cuatro rostros con los ojos fijos en mí.
—¡Hola, chicas! —saludó Emma —este es Bill… Bill, estas son las chicas —hizo una rápida presentación. Las cuatro saludaron a la vez y yo imité el gesto, intentando sonreír —Amm… Bill está muy cansado. Necesita dormir con urgencia, lo disculpan, ¿verdad? Yo vuelvo enseguida —las cuatro asintieron, aún sin quitarme los ojos de encima, desde su lugar en unos sillones. Me despedí con la mano, me imitaron el gesto, y nada más girarme hacia las escaleras comenzaron a murmurar —discúlpalas… discúlpame —se disculpó al llegar al segundo piso.
—No te preocupes —bostecé —pero si Meer se entera de que estoy aquí por alguna de ellas, voy a matarte.
—No pasará —abrió los ojos como platos, para luego seguir caminando hasta la última puerta —aquí dormirás. El baño es este… —señaló la puerta del lado —hay toallas y todo lo que necesites… y emm, si necesitas algo, otra cosa, puedes llamarme —asentí. Ella abrió la puerta de la habitación, se despidió y comenzó a caminar hacia las escaleras.
—Hey, Emma… —la llamé.
—¿Si?
—¿Cómo… cómo se veía Mery ayer? ¿Está bien? —Emma sonrió.
—Sí, está perfecta —le devolví la sonrisa y luego entré en la habitación.
Suspiré. Esto era tan… extraño y estresante. Miré por la ventana, seguro era tarde, pues el sol ya comenzaba a esconderse. Aunque aún hacía un calor de mil demonios. Decidí ducharme, ponerme ropa de dormir y meterme a la cama a descansar.
Busqué mis cosas y me metí en el baño.
Estaba tan cerca de Mery. Me sentía nervioso, asustado. Asustado por… por lo que fuera a pasar ¿cómo me recibiría? ¿Se sentiría feliz de verme de nuevo? De tan solo ponerme a pensar en todas las posibilidades el nerviosismo crecía y crecía, al igual que la sofocante presión en el pecho. Todo era un caos, o al menos yo lo veía de esa manera. No estaría en esta situación si hubiese hecho bien las cosas desde antes. Seguramente estaríamos en casa, abrazados, pensando en posibles nombres para nuestro pequeño bebé o estaríamos aquí de vacaciones… habría conocido al padre de Mery y él me habría recibido con una golpiza al saber las “noticias”. Ahora seguramente me recibía con un balazo en la cabeza y ese sería mi final trágico. De cualquier manera, yo lograría que Meer me perdonara o moriría en el intento. La necesito conmigo, la extraño.
Mañana tengo que verla o voy a volverme loco.
No estoy bromeando.
—¿Ella lo sabe? —pregunté, y es que si Emma ya le había contado a sus amigas, seguramente ella ya había ido a contárselo a Meer, las chicas son así, lo sé. Agh, en estos momentos tenía unas enormes ganas de estrangular a Emma. Si ya por el viaje y el hecho de no poder dormir como se debe me tenía mosqueado… esto me enfurecía.
—No… la visitamos ayer, estuvimos con ella y después se lo dije a las chicas. Tampoco quiero arruinar la sorpresa. Lo siento —sí, era mi expresión nuevamente —¿vas a pasar la noche aquí, verdad? Porque ya es tarde y no creo que estés en condiciones de salir ahora. Creo que primero deberías descansar y después buscar a Meer.
—Sí, me pregunto cómo podré descansar con tus amigas conociéndome —me llevé una mano a la cabeza, cerrando los ojos con fuerza. Esta chica se había pasado…
—Lo siento, discúlpame. La verdad no lo pensé al momento de contarlo. Voy a solucionarlo, no te preocupes —abrió la puerta —en cinco segundos ya no estarán, lo prometo.
—Eso espero —resoplé. Nos bajamos y yo busqué mi equipaje, para después alcanzar a Emma, quien ya estaba abriendo la puerta. Entré tras ella y nada más poner el pie dentro de la casa divisé cuatro rostros con los ojos fijos en mí.
—¡Hola, chicas! —saludó Emma —este es Bill… Bill, estas son las chicas —hizo una rápida presentación. Las cuatro saludaron a la vez y yo imité el gesto, intentando sonreír —Amm… Bill está muy cansado. Necesita dormir con urgencia, lo disculpan, ¿verdad? Yo vuelvo enseguida —las cuatro asintieron, aún sin quitarme los ojos de encima, desde su lugar en unos sillones. Me despedí con la mano, me imitaron el gesto, y nada más girarme hacia las escaleras comenzaron a murmurar —discúlpalas… discúlpame —se disculpó al llegar al segundo piso.
—No te preocupes —bostecé —pero si Meer se entera de que estoy aquí por alguna de ellas, voy a matarte.
—No pasará —abrió los ojos como platos, para luego seguir caminando hasta la última puerta —aquí dormirás. El baño es este… —señaló la puerta del lado —hay toallas y todo lo que necesites… y emm, si necesitas algo, otra cosa, puedes llamarme —asentí. Ella abrió la puerta de la habitación, se despidió y comenzó a caminar hacia las escaleras.
—Hey, Emma… —la llamé.
—¿Si?
—¿Cómo… cómo se veía Mery ayer? ¿Está bien? —Emma sonrió.
—Sí, está perfecta —le devolví la sonrisa y luego entré en la habitación.
Suspiré. Esto era tan… extraño y estresante. Miré por la ventana, seguro era tarde, pues el sol ya comenzaba a esconderse. Aunque aún hacía un calor de mil demonios. Decidí ducharme, ponerme ropa de dormir y meterme a la cama a descansar.
Busqué mis cosas y me metí en el baño.
Estaba tan cerca de Mery. Me sentía nervioso, asustado. Asustado por… por lo que fuera a pasar ¿cómo me recibiría? ¿Se sentiría feliz de verme de nuevo? De tan solo ponerme a pensar en todas las posibilidades el nerviosismo crecía y crecía, al igual que la sofocante presión en el pecho. Todo era un caos, o al menos yo lo veía de esa manera. No estaría en esta situación si hubiese hecho bien las cosas desde antes. Seguramente estaríamos en casa, abrazados, pensando en posibles nombres para nuestro pequeño bebé o estaríamos aquí de vacaciones… habría conocido al padre de Mery y él me habría recibido con una golpiza al saber las “noticias”. Ahora seguramente me recibía con un balazo en la cabeza y ese sería mi final trágico. De cualquier manera, yo lograría que Meer me perdonara o moriría en el intento. La necesito conmigo, la extraño.
Mañana tengo que verla o voy a volverme loco.
No estoy bromeando.

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