CAPITULO 16
Me tensé por completo. Mi cuerpo se congeló, sentí como la sangre palpitaba en mi cabeza y se acumulaba en mis mejillas haciéndolas arder. Sentí las típicas cosquillas en el estómago. Todos esos síntomas que minutos antes había experimentado con igual fuerza que en ese momento, cuando Bill me había besado.
No supe como reaccionar. Se suponía que yo no tenía que dejar que Bill me besara. Pero es que, en mi interior, sabía que había un extraño deseo... Y lo que yo quería en el fondo era no apartarme de él. Aunque me negaba a aceptarlo. No tan rotundamente como antes... Pero al fin y al cabo me negaba.
En cuanto pude reaccionar, intenté alejarme de él, echando la cabeza hacia atrás. Pero él me tenía cogida tan fuertemente que se me hizo imposible hacerlo. Apoyé mis manos en su pecho y lo empujé, intentando alejarlo de esa manera. Bill se vio obligado a separarse de mi. Quitó sus manos de mi nuca y seguidamente nuestros labios se despegaron con brusquedad. Bill dio dos pasos rápidos hacia atrás, ya que yo lo había estado empujando... Y cuando logré mirarlo más claramente, me di cuenta de que tenía los ojos extremadamente abiertos y que me miraba impresionado. Tensé la mandíbula y apreté los dientes. El ambiente no era nada agradable en la habitación. No me sentía bien... Me había gustado lo que él había hecho y eso no estaba bien. Como él no reaccionó a tiempo, fui yo quien decidió comenzar. —¡Pero qué crees que haces! —le grité. Me di cuanta de que comenzaba a respirar más rápido de lo normal —¡¿por qué haces esto?! ¡No me beses!, ¡No puedes hacerlo, no tienes derecho!, ¡Eres estúpido!
—¡Shht! —se llevó el dedo a la boca rápidamente.
—¡¿Quieres que no grite?! — Bill miró hacia la puerta rápidamente —¿¡después de lo que hiciste?!
—No te enfades, Annie... —volvió a mirarme, haciendo una mueca.
—¡Pff! Claro, claro. Encima me llamas Annie —Imité su tono de voz. Él fue a decir algo, pero yo lo corté —ahora dime porqué haces esto —le reté —te aparté, ¿no? Queda claro que has sido tú.
—Todo tiene una explicación... —se calló de repente —es sólo que...
—¿Pasa algo, chicos? —otra voz interrumpió nuestra conversación. Instintivamente miré hacia la puerta, Bill también lo hizo. Allí estaba Simone, mirándonos como si hubiésemos acabado de cometer un crimen. ¿Habría escuchado? Seguro que si. Y no es que a Simone le desagradara Kattie. A ella le caía bastante bien. Es más, le gustaba que ella fuera novia de su hijo.
—Nada, mamá —se apresuró en decir rápidamente. Simone entrecerró los ojos y me miró. Sonreí a la fuerza.
—Está bien. Si pasa algo, me llaman —dijo finalmente, luego de unos incómodos segundos. Y seguidamente desapareció por la puerta. Bill volvió a mirarme y yo di un par de pasos hasta acercarme a él.
—¿Me vas a explicar lo que pasa contigo? —le susurré.
—No pasa nada. Esto... —se calló al instante —primero me respondes una cosa y yo te explico todo.
—¿Qué?. No, no... Quien tiene que recibir respuestas y explicaciones aquí, soy yo... Tú no me vengas a hacerte el que... —Es sólo curiosidad —me cortó.
Vale. Si era sólo curiosidad, quizás podía aceptar. Era sólo una preguntita y ya estaba, ¿no? No podía ser malo.. Bill no era malo, él no me preguntaría algo que yo no pudiese contestar. Aunque últimamente estaba tan distinto a lo que alguna vez había sido que... —¿Qué dices? —se atrevió a presionarme un poco.
—Ok. Pero rápido —acepté sin tan siquiera volver a pensarlo una vez más. Bill cogió aire y clavó sus ojos en los míos.
—¿Te gustó el beso? —rápidamente alzó una ceja y me miró con expresión divertida. Me entró la risa. No estoy segura si fue por nervios, por su expresión o por no saber que responder. La cosa es que me comencé a reír, haciéndo que él comenzara a reír junto a mi. Si que me había gustado su beso, me habría encantado. Pero tampoco se lo iba a decir.
—¿Qué es esa pregunta? —le pregunté mientras le daba en el brazo. Bill se quejó un poco aún con una sonrisa en el rostro.
—Me la contestas si quieres saber la respuesta a tus preguntas. Aunque... —añadió rápidamente —si quieres quedarte callada, podemos hacer otro tipo de trato —fui a abrir la boca, pero él siguió hablando, sin darme oportunidad de hacerlo —sé que soy excelente besando y todo eso, pero si aceptas que seamos amigos de nuevo y olvidas todo esto... —¿amigos de nuevo? Y me lo decía con una sonrisa y todo, como si fuese la mejor idea que se le pudiera haber ocurrido.
—¿Olvidarlo todo? —pregunté mientras intentaba, aún, procesar sus palabras.
—Si —asintió —así lo que le dije a Tom sería verdad. Te pido disculpas por todo. Por haberme enojado contigo, por no haberte hablado, por besarte, por todo lo que quieras —estiró su mano frente a mi —no se volverá a repetir, lo prometo ¿Amigos? Miré su mano... ¿Y lo arreglaba todo así de fácil?
Miré si mano con desconfianza.
Podía aceptar su oferta o negarme.
Si la aceptaba, no iba a volver a ser como antes, eso era seguro. La confianza ya se había perdido e iba a costar mucho trabajo volverla a recuperar. Pues esas cosas se gana y Bill lo había perdido prácticamente todo conmigo. Por otra parte, no estaba segura de que me pudiese olvidar tan rápido de lo que había pasado. Deseaba olvidarme de esos casi dos meses. Pero no de lo que había ocurrido hoy. Una parte de mi quería más. Y aún sabiendo que estaba mal, me moría de ganas por lanzarme sobre él a besarlo. Pero eso no se podía hacer, es más, ni siquiera lo debería de estar pensando. Pues los dos ya tenemos novios y se supone que la cosa no va de esta manera. Aunque al parecer, Bill no había pensado eso.. Añado también, que él no me explicó nada. No me dio la razón por la cual se había separado de mi y tampoco me había dado la razón del beso. Estaba más que segura de que no me las quería decir y que por eso me revolvía la cabeza con enredos de palabras e intentando hacer tratos conmigo, que seguramente, de una u otra manera, lo beneficiarían a él. Sí que estaba cambiado. No era el Bill que yo conocía ¿Habría sido por Kattie? Lo dudaba... aún así, me ocuparía luego de ver ese tema.
Ahora, si no aceptaba, quizás no iba a volver a tener otra oportunidad para arreglar las cosas. A lo mejor si le decía que no y seguíamos tal y como habíamos estados durante los últimos dos meses, lo iba a perder definitivamente y ya no iba a poder volver atrás. Él seguiría sin hablarme y con Kattie. Pensar eso me enfermaba.
No supe que hacer. Mis pensamientos eran completamente contradictorios. No me agradaba para nada la situación.
Sabía que si elegía coger su mano, iba a acabar por joderlo todo. Y si no se la cogía, pues jodería todo de igual manera... Porque la suerte últimamente no me acompañaba. Sabía que escogiendo cualquiera de las dos opciones, por creerla mejor, no iba a ser nada bueno. Estaba segura de que había un punto aún no analizado. Y ese punto lo iba a echar todo a perder. Eso siempre ocurría. Corrección... eso siempre me ocurría a mi.
Cogí aire intentando decidir internamente ¿Y si lo hacía al azar? No. No había tiempo para juegos de azar. Y Bill aún seguía con la mano frente a mi y con una sonrisa en el rostro, esperando a que yo aceptara ser su amiga de nuevo.
Quizás, si lo hacía entender que no iba a ser lo mismo que antes...
No, vale. Eso era imposible. No me iba a poner a darle un discurso sobre amistad ni nada de eso.
Estaba más que nerviosa. Este era uno de esos momento de la vida en los que no sabes que hacer...
Pero es que sus ojos, y su sonrisa y aw. No lo podía dejar así. Sinceramente, no podía.
Tensé la mandíbula y con un movimiento rápido le cogí la mano. Su sonrisa se extendió aún más y sentí que me derretía. No pude evitar pensar que estaba cometiendo un error. Aun que ya estaba hecho.
Ahora, a seguir como amigos, ¿no? Supongo. Si. aunque me daba un poco de vergüenza. Ya saben... nadie se besa con un amigo. Ya no puedo decir mejor amigo porque él ya no es mi mejor amigo. Él era mi mejor amigo, pero no quiere decir que lo sea. Y la confianza se había acabado. Yo no le volvería a contar ningún secreto de nuevo. No hasta dentro de un tiempo, cuando las cosas se pusieran mas normales. Dentro de lo normal que podían ser, claro está.
—Entonces, ¿todo olvidado? —me preguntó sacándome de mis pensamientos. A lo mejor no era tan buena idea pasar página. Por mi parte, yo iba a quedarme con muchas dudas. Aún así asentí con la cabeza.
—Si —contesté algo insegura. Bill miró hacia la ventana y luego me volvió a mirar sonriendo.
—Que bien. —Si. Soltó nuestras manos lentamente y luego caminó un par de pasos hasta llegar a su cama y se sentó. —Pensé que nunca te ibas a desenojar conmigo —dijo en broma. Fruncí el ceño.
—Creí que tú eras el que estaba enojado conmigo. —Amm —Bill no contestó. A lo mejor no se refería a eso. O a lo mejor si, o que se yo. La cosa es que me sentí la persona más ridícula del mundo.
—Tú te apartaste de mi —añadí rápidamente. Bill siguió sin contestarme absolutamente nada. Tan siquiera se movió —como sea ¿me explicarás por qué?
—¿El por qué de qué? —sus ojos se clavaron en los míos.
—No te hagas el desentendido, tú sabes —no lo decía con mal tono. Es más, estaba siendo amigable. Porque ahora éramos amigos, ¿no?
—Se supone que eso ya lo olvidamos. —Tú sabes que yo no olvido las cosas —entrecerré los ojos y lo miré casi acusándolo.
—Hazlo en esta ocasión.
—Humm —no hablé más durante un par de segundos —¿sabes? Sólo te digo esto como amiga y eso —intenté aguantar la risa —no besas nada bien —y he aquí, la mentira más grande que había dicho en mi vida hasta ese momento. Bill miró hacia otro lado y luego e dejó caer de espaldas en la cama sin decir nada. Se limitó a resoplar como toda respuesta. Como no supe qué hacer, me acerqué nuevamente al escritorio y me senté en la silla giratoria. Moví la silla un poco mas hacia el centro de la habitación y comencé a dar pequeñas vueltas, o mas bien, media vueltas porque no quedé en ningún momento de espaldas a Bill.
—Oye, ¿duermes conmigo esta noche? —me preguntó como si nada.
—No te pases.
—No me paso. Somos amigos —se volvió a levantar y me miró. Yo negué con la cabeza y dije algo que había pensado hacía tan solo unos cuantos minutos.
—Ya no hay confianza, Bill. No voy a dormir contigo —intenté que mi voz sonara cortante. Quizás así no me insistiría.
Pero como siempre, el mundo estaba en mi contra... —¿Lo dices enserio? —Si. —Pero si nos conocemos desde que ambos usábamos pañales, ahora no me digas que no hay confianza —Toda la confianza ganada en todo ese tiempo se fue a la mierda en mes y medio —me mordí el labio inferior mirándolo con los ojos entrecerrados. En el fondo, no era tanto por la confianza, si no que por vergüenza. Vamos, que nos habíamos besado y todo. Que me diera tiempo para acostumbrarme, ¿no?. No podía ser todo así de rápido. Además, no tenía idea de porqué él hacía todas esas cosas extrañas, y tenía que averiguarlas. Bill se quedó en silencio. Probablemente sin saber que decir. Quizás yo tenía toda la razón sobre el tema. Y seguro él ya lo había aceptado y se había dado cuenta de eso. Hoy no iba a dormir con él. Eso estaba más que claro. Me iba a la habitación de invitados, o por último a la de Tom, si es que no llegaba, mucho mejor. Y si llegaba, pues, éramos amigos y no pasaba nada.
Pero con Bill...
Con él todo era diferente.
—¿Vas a mandar todo a la mierda por una estúpida pelea? —preguntó de repente. Sacándome de mis pensamientos. ¿Mandar todo a la mierda? ¿Yo? Pero si había sido él quien había echado todo a perder con sus peleas y ese tipo de cosas injustificadas. Había sido él el que me había besado. Y tres veces.
Le iba a responder algo así, le iba a decir que había sido él. Pero no. No podía arruinar las cosas en este momento. No en este punto, se suponía que nos estábamos arreglando. Y ahora, si le echaba todo eso en cara, quizás él se volvía a enojar conmigo y adiós nueva amistad.
—No, no. No es eso. Es solo que emm... ya sabes. No me sentiría bien y... bueno, supongo que... —decidí que sería mejor cerrar la boca. No dejaba nada claro con algunas palabras sin sentido.
—Vale —dijo cortante. Supongo que está bien. Nos quedamos en silencio durante unos segundos. Él me miraba, yo lo miraba... Y no me sentía bien. Sus ojos eran casi acusadores, como culpándome de algo. Y su expresión, pues en realidad no tenía expresión. O a lo mejor era que yo no sabía interpretar sus muecas.
Miré a ambos lados solo moviendo los ojos, la verdad es que me intimidaba. No me sentía bien así, mirándonos. Mas que nada, porque me hacía sentir avergonzada. Odiaba admitir que sentía cierta atracción por cierta persona.
El silencio era tan incómodo que me dieron ganas de correr de allí e irme de una buena vez de esa casa en la que habían pasado tantas cosas. A lo mejor tenía una maldición o algo por el estilo. Pero es que todas las situaciones extremas que me habían ocurrido en los últimos dos meses habían sido allí. Sin contar, claro, que habían sido unas cinco o seis situaciones. —¿Quieres seguir estudiando? —le pregunté sin siquiera pensarlo. Él negó con la cabeza y se dejó caer de espaldas en la cama.
—No quiero... Ya se me quitaron las ganas. De todos modos me irá mal. Siempre es así —Bill resopló. Pff, con ese ánimo y esas palabras tan positivas iba a llegar muy lejos. Si él pensaba que le iba a ir mal, pues le iba a ir mal. Las cosas eran así.
—Amm... vale. —Pero si quieres estudiar aquí, no hay problema. —Ya lo sé todo —claro que si. Si se lo había estado repitiendo todo el tiempo para que se le grabara a Bill en la cabeza. Y no había dado resultados.
Silencio nuevamente. Y muy incómodo, por cierto. Bill se llevó las manos a la cara.
Me pregunté si sería mejor volver a casa. Quizás mi madre seguía aquí y yo me podría ir con ella. Entonces luego Bill le podría decir a Tom que yo ya me había ido. Tampoco es que Tom se fuera a enojar conmigo. —Oye, Bill —lo llamé. Él hizo un pequeño ruidito, para darme a entender que me estaba prestando atención —creo que es mejor que me vaya a casa —entonces, fue como si a Bill le apretasen un botón, pues pegó un salto hasta quedar sentado en su cama.
—Pero tu madre ya se fue —dijo rápidamente —además, ya le dijiste que te iba a quedar aquí.
—¿Ya se fue? —miré hacia la puerta y comencé a caminar hacia ella.
—En realidad, no lo sé pero, pero, espera —sentí sus pasos detrás de mi. Salí de la habitación y comencé a caminar hacia la escaleras a paso rápido.
—¿Mamá? —grité, llamándola.
—Espera, Annie —Bill me cogió del brazo. Me estremecí. Dios.
—¡Estoy aquí, hija! —escuché a mi madre desde abajo. Genial. No se había ido, Bill había estado equivocado. Me di media vuelta y lo miré. Ay, no sus ojos, no su expresión...
—Me voy —le dije, intentando hacer una sonrisa. Seguidamente me solté de su amarre —nos vemos.
Comencé a bajar las escaleras. Di a penas tres pasos y Bill ya me tenía cogida del brazo nuevamente.
—Espera, no te vayas —puse los ojos en blanco y me di la vuelta sintiendo los típicos síntomas de siempre.
—¿Qué? —lo miré por medio segundo y luego me vi obligada a apartar la vista rápidamente. Bill estaba muy cerca de mi. Sentí como mi cuerpo comenzaba a temblar y como el calor se acumulaba en mis mejillas.
—No te vayas —Oh, dios... su voz.
—No quiero quedarme —no había querido decir eso —¿nos vemos mañana? —agregué rápidamente mientras lo volvía a mirar y me veía atrapada nuevamente en sus ojos.
—Claro... Esto... Si. Mañana.
—Si.
—Si —vale, eso había sido completamente estúpido... pero es que... Es que vale, es que no sé. Bill me ponía más que nerviosa. Entonces, no supe porqué lo hice. Pero me puse en puntillas, para alcanzar a Bill que estaba un escalón más arriba, y darle un beso en la mejilla para despedirme. Pero en cuanto lo hice, Bill soltó mi muñeca, me cogió por los hombros y me acercó a él.
Me puse rígida, nuestros labios se juntaron, los sentí tibios sobre los míos, un escalofrío recorrió mi columna, y en menos de dos segundos, apoyé mis manos en su pecho y lo separé de mi. O mas bien, me separé yo de él bajando al siguiente escalón. Pero en cuanto lo hice, mi pie se dobló.
Sentí un grito... y un fuerte dolor en la cabeza.
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