07 febrero, 2013

1000 Meere /Capítulo 34







CAPITULO 34

Estaba despierta, de eso estaba segura. Pero no podía mover mi cuerpo… Mis músculos nos respondían. Sentía algo molesto en la garganta. Pero todo mi cuerpo estaba adormecido. Podía escuchar un pitido que traspasaba mis oídos, era molesto… muy molesto. Quise moverme, pero no podía hacerlo. Tenía calor… 
De pronto, un ruido hizo que me pusiese alerta. No pude abrir los ojos, por más que lo intentara. Por lo que me dediqué a escuchar… y luego, otro ruido seguido de un pequeño “clic”. Agudicé el oído, esforzándome un poco y pude escuchar unos pasos que se acercaban. Caminara, quien caminara, estaba casi arrastrando los pies.
Y luego, ya no escuché más. 
Quería saber que era lo que me ocurría, por qué estaba así, sin poder moverme… por que no podía sentir mi cuerpo. Era todo muy extraño. Casi como un sueño… o una pesadilla. 
—Mery… —esa voz… Sentí un enorme alivio que recorrió mi interior. La voz era suave, pero estaba dolida… estaba rota. Era Bill, sin duda era él. Quise abrir la boca y responderle, decirle algo… Pero se me hacía imposible —por favor despierta —estoy despierta 
—Mery, por favor… No me vayas a dejar… —sentí como cogía mi mano entre las suyas… estaba helada —Dios, estas ardiendo… —medio segundo después sentí su mano en mi cara… en mi mejilla y en mi frente —ponte bien, amor — amor. Si me lo hubiese dicho en otra situación, estaba segura de que me habría puesto como un tomate, el corazón se me habría apurado y hubiese comenzado a respirar. Pero ahora, nada de eso me pasaba. Pero… ¿Por qué? —por favor discúlpame… Todo fue mi culpa… yo… quería que... —se quedó callado por un momento, y luego sentí algo aplastando parte de mi abdomen, sentí un pinchazo en este y un fuerte dolor… pero se fue quitando lentamente, hasta que volví a no sentir nada —no te debería haber dejado ir… fue todo culpa mía —¿culpa? ¿Y de qué? No lo comprendía. Pero estaba segura de que él no era culpable de nada —todo lo malo que te pasa es por mi culpa… quizás, tendría que irme. Así tu podrías ser feliz… —me alarmé. No, él no se podía ir… yo no lo iba a soportar —pero no puedo… Yo… yo te amo. Y te amaré siempre, ¿Lo recuerdas? —Rio tristemente, y sí que lo recordaba. 

Encontré un papel entre los cuadernos. Una genial idea se me vino a la mente. Cogí un lápiz que encontré por allí y anoté:
Te amo. 
Recuérdalo siempre… 
Meer.

Luego doblé el papel por la mitad y lo dejé bajo todos sus libros. No supe la razón, pero me entraron ganas de llorar nuevamente. 
Cerré los ojos con fuerza para reprimir las lágrimas. Y no lloré. Pues si yo decía que no, era no.
 

Y nuevamente, hice algún esfuerzo por moverme o hacer algo para indicarle a Bill que lo estaba escuchando… Que estaba despierta. 
Lo que más deseaba en ese momento era levantarme y tirarme sobre él a abrazarlo y besarlo. A decirle que lo quería con mi vida. 
Escuché un sonido que parecían pequeños golpecitos.
—Mi vida, debo irme… ya volveré dentro de muy poco, te amo —su voz estaba cargada de tristeza… Me dieron ganas de decirle que no se fuera, tampoco pude hacerlo…estaba imposibilitada y eso ya me comenzaba a irritar.
Pero de pronto, sentí algo suave y frío sobre mis labios. Me estremecí y un fuerte dolor recorrió todo mi cuerpo… Se separó de mí.
Escuché sus pasos alejarse.

Abrí los ojos con lentitud. Desde que Bill se había ido no había podido sentir nada más. Parpadeé un par de veces, puesto a que una luz me había segado casi por completo. Una lágrima calló de uno de mis ojos y me escoció el rostro. Entrecerré los ojos para poder enfocar bien la vista. Solo vi algo blanco. Moví la cabeza hacia un lado, dándome cuenta de que había sido el techo de una habitación. Estaba pintada de un color verde agua… muy claro. De un costado había una ventana con una persiana completamente abierta, y bajo esta, había un sillón. Sobre el sillón, había una manta y unas cuantas revistas. Seguí inspeccionando y me di cuenta de que por el otro lado habían dos puertas… frente a mi había una TV. Y a ambos lados de la cama donde me encontraba acostada, había unas mesas con un montón de cosas y cables encima. Me di cuenta de que el pitido de hacía un rato seguía ¿cómo había dormido así?
¿Y Bill?
Lo busqué con la mirada, pero no estaba. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que si me podía mover. Dejé que una sonrisa leve se dibujara en mi rostro y levanté la cabeza con cuidado para observarme. Estaba cubierta por una manta blanca. Mis brazos estaban fuera de esta, estaban con cables… y en una de mis muñecas había un tubito pegado con cinta… por el que pasaba un líquido transparente. Me horroricé y moví las manos con cuidado. Me alivié al darme cuenta de que no me había a dolido. Intenté moverme para salir de allí, pero sentía una pierna demasiado pesada. 
Me desesperé… y comencé a quitarme los cables. Pero sólo alcancé a quitarme el primero, puesto a que después el ruidito se había convertido en un ruido permanente y molesto, que me dañaba los oídos. Intenté volver a ponerme el cable, pero justo en ese momento la puerta se abrió y yo pegué un bote.
Frente a mi había un hombre de unos… cuantos, muchos, años vestido con una especie de delantal blanco. Me miró, y una sonrisa casi apareció en su rostro. Yo lo miré alarmada, quedándome completamente rígida. 
El hombre se acercó a una de las máquinas y le dio a un botón, esta se apagó al instante. 
Señorita Staruss dijo con voz cálida que bueno que despierta sonrió. Yo lo miré como si él estuviese loco lleva mucho tiempo dormida… comenzó a coger otras cosas y algunos artefactos. Los miraba todos y asentía con la cabeza estás bastante mejor.
¿Eh? tan sólo eso hizo falta para que me diera cuenta de que tenía la garganta completamente seca al igual que mi boca ¿qué pasó? dije como pude. Él hombre me miró frunciendo el ceño y luego se acercó a una pequeña bolsita que colgaba de una especie de tubo metálico. No tenía idea de que era… pero cambió la bolsita por otra y no me contestó le estoy hablando dije enojada. Vamos, que recién saliendo de “algo extraño” y ya comenzaba a comportarme así. 
—Tuviste un accidente, eso es todo ¿lo recuerdas?
Me detuve al instante y me di media vuelta… Pude distinguir a Bill corriendo hacia mí con los ojos abiertos como platos. Al parecer gritaba algo... pero no lograba entenderlo. 
Entonces, escuché un fuerte pitido y luego un fuerte impacto me hizo ver todo negro y perder el conocimiento… 

Di otro bote en el lugar.
¿Y dónde está Bill? pregunté, interrogándolo con la mirada.
¿Disculpe? 
¡Quiero ver a Bill! 
No puedes ver a nadie, por ahora… no es horario de visita fruncí el ceño enojada y comencé a comportarme como una niña pequeña.
Si no me dejas ver a Bill me quitaré esto dije mientras señalaba los cables de mis manos y eso me toqué esos tubos que entraban por mi nariz. Sería bueno quitármelos, pues me molestaban y sentía que me ahogaba, aunque no era así.
Señorita, no se puede… esperemos a que esté un poco mejor bufé su madre la puede ver…
¿Por qué ella y no B…? me cortó.
No hay nadie más allí afuera que no sea su madre. Como no es horario de visita, sólo puede venir a verla sus familiares lo aceciné con la mirada.
Quiero agua.
Eso se lo pides a una enfermera. Ya volveré a hacerte algunos exámenes… y ten cuidado de no mover tu pierna rota ¡¿Pierna rota?! El hombre abandonó la habitación, cerrando la puerta, y dejándome más confundida que antes…
No alcanzó a pasar ni siquiera un minuto y la puerta se volvió a abrir, por esta entró mi madre. Mis ojos se clavaron inmediatamente en los de ella. Diciéndole con la mirada que se marchara. 
¡Hija! —no me hizo caso y comenzó a correr hacia mí extendió los brazos y rodeó mi cuerpo. Sentí repulsión ¡Qué bueno que despertaste, cariño! ¡Me tenías tan preocupada!
Ay, sueltamente me quejé, intentando apartarla. 
Hija, no te imaginas todo lo que me preocupé por ti se separó de mí y se sentó en la cama frente a mí ¿estás bien? ¿Te duele algo? le fui a contestar algo feo, pero me contuve… ya la echaría, después de averiguar un par de cosas.
¿Qué tengo, mamá? dije haciendo caso omiso a sus preguntas.
Un coche te…
Si lo sé, pero ¿qué tengo? ¿se me ha roto una pierna? la miré con preocupación y ella asintió. 
También un par de costillas, pero ya están casi sanas… me pasó una mano por la frente, acomodándome el cabello¡Ay, mi niña, que bueno que estás bien! tengo que llamar a tu padre, estaba muy preocupado bufé. 
Oye… ¿cuánto llevo aquí? mi madre me miró sin saber que decir te hice una pregunta.
Casi un mes… ¿tan fuerte había sido el accidente? pero si no había sido la gran cosa ¿o sí? vale, sí. 
¿Y Bill? el rostro de mi madre se contrajo en una mueca y negó con la cabeza.
Él no ha venido, no se ha aparecido por aquí dejé escapar un suspiro de entre mis labios, mientras que sentía como el corazón se me encogía.
Mamá, por favor, tráeme un vaso de agua… le pedí, así aprovechaba de sacarla de la habitación. Ella asintió con la cabeza y se levantó rápidamente que sean dos le dije antes de que cerrara la puerta.
¡Ok! gritó del otro lado. La sonrisa no se le había borrado en ningún momento de la cara.
Me entraron ganas de llorar, Bill no había estado… entonces, lo que yo había escuchado hacía… no se cuánto tiempo, había sido sólo un sueño que había tenido mientras dormía. Sí, quizás había sido eso… o quizás mi madre me había mentido. 
No le quise dar vuelta a las cosas, ya que me habían dado ganas de llorar, por lo que desvié la vista a la mesita de noche, de allí cogí el control de la TV y la encendí. 

Luego de unas largas y aburridas horas de exámenes y ese tipo de cosas, los médicos se dieron cuenta de que me encontraba bien, por lo que me quitaron la mayoría de los cables. Había regresado a mi habitación de noche.
La TV seguía encendida y yo no tenía sueño, por lo que comencé a pasar los canales.
Hasta que escuché que alguien picaba la puerta y luego esta se abría lentamente. Giré mi cabeza hacia ella y una enorme sonrisa se dibujó en mi rostro, debido a la sorpresa.
¿Qué hacía ella aquí? se suponía que estaba en Estados Unidos, y no en un hospital de Alemania, al otro lado del mundo. 
—¿Emma? —y sí que estaba cambiada. Estaba rubia… rubia, color pollo. Un color extremadamente fosforescente. Me encontraba impactada. 
—¡Meer! —gritó, seguidamente cerró la puerta y se echó corriendo hacia mí.
—¡Emmaaaaaaaa! —chillé fuertemente y ella me abrazó y me comenzó a apretujar. Sentí un fuertísimo dolor en el costado, pero me aguanté, pues estaba demasiado feliz como para echar a perder el momento. 
Abracé a Emma como pude y comencé a dar grititos de alegría y ella me siguió. 
—¡Ay! ¡no sabes lo preocupados que estábamos todos! ¡en especial yo! —se separó de mí y me comenzó a llenar las mejillas de besos —imagínate… ¡Vine del otro lado del mundo para verte! —me volvió a abrazar. Yo sólo reí un poco nerviosa —¿cómo te sientes? 
—¡De lo mejor! 
—¡Aw! Y a que no sabes… —sonreí, como los viejos tiempos cuando ella salía contándome cualquier cosa interesante o que nos hiciese reír.
—¿Qué?
—¡El chico más hermoso del planeta vino a verte! ¡estoy segura de que es amigo tuyo! Tienes que presentármelo —me miró insinuante y yo reí —ya somos amigos, o algo así. Es taaaaaaaaan hermoso —suspiró.
—Hacía tiempo que no te veía así por alguien.
—No es cierto.
—¡Si, lo es! —reí de nuevo y la abrasé. 
—Luego te cuento como era, ahora… cuéntame cómo te está yendo en tu nueva vida aquí en Alemania —Hizo las comillas con las manos.
—Ya me he peleado con un par de chicas —solté una risita y Emma igual lo hizo.
—Como siempre… con tal de que no fuera en el primer día…
—Si lo fue —me encogí de hombros. Emma abrió la boca y se echó a reír de nuevo. 
—Eso es lo que me gusta de ti, amiga —me volvió a abrazar —¿y con quien fue?
—Unas chicas que me querían golpear —hice un gesto con la mano, restándole importancia —oye… Tengo una pierna rota —entrecerré los ojos y me destapé un poco.
—Lo sé. Por eso vine con… —la miré, esperando a que saliera con algo loco. Ella comenzó a buscar en su bolso —¡esto! —dijo mientras sacaba un marcador permanente de allí. Era color negro —y también vienen en estos colores —sacó tres más. Uno verde, uno rojo y otro azul. Yo me eché a reír como una loca y ella me siguió. Se me escapó una lágrima por el dolor que me dio en el costado. Me la limpié rápidamente y luego Emma me ayudó a quitar toda la manta del gran yeso que me cubría gran parte del cuerpo. 
Emma destapó uno de los marcadores y lo acercó a mi pierna.
—Dame uno —le dije mientras estiraba la mano para que me pasara un marcador. Me dio el verde. Yo lo destapé y juntas comenzamos a llenar mi pierna de dibujos.
—¿Sabes? —me dijo —yo siempre había querido hacer esto en la pierna enyesada de alguien —reí.
—También yo. Pero nunca pensé que ese alguien iba a ser yo… —Emma se echó a reír de nuevo ¿qué mejor que despertarte luego de un mes y ponerte a hacer tonterías con tu mejor amiga? 
—¡Pero es que tú tienes la mejor suerte del mundo! —dijo irónica. Yo le di con el marcador en la cabeza —Au… 
—Que yo esté toda rota, no quiere decir que me puedas insultar —dije divertida. 
—Tonta.
—Lo sé. – Dije creída —y ahora… —dije mientras seguía con mis rayas —cuéntame sobre el chico, ¿es lindo?
—¡Si! ¡Demasiado! ¡Ni te lo imaginas! ¡Su estilo, su todo, su aw! deberías verlo, te viene a ver todos los días —vi brillar sus ojos de repente —y siempre hablamos… —suspiró. 
—¿Entonces me quieres robar a mis amigos? —dije imaginando en que se trataba de Tom o, en un extraño caso, de Eddy. Quizás, a lo mejor, él me quería después de todo y me había venido a ver… porque habíamos sido amigos desde la infancia.
—No —rio —puede seguir siendo tu amigo y siendo mi novio al mismo tiempo.
—¡Oh! Y ya pensando en novios —le di con el marcador en la cabeza de nuevo. Ella se quejó y se llevó la mano a la zona golpeada.
—Pero es hermoso. De verdad… —suspiró fuertemente. Sentí que la puerta se abría, pero estaba demasiado ocupada en mi dibujo.
—Genial. 
—Sí —susurró —y si te das la vuelta lo podrás ver… 
La miré con una sonrisa y levanté la cabeza para mirar hacia la puerta.
Oh, no. NO. 
NO. Definitivamente no ¿Bill? ¿Mi Bill? ¿Emma encontraba hermoso a MI Bill? aquí había una equivocación, no podía ser. Es decir, MI Bill si era hermoso, más que hermoso… Pero a ella no le podía gustar, no. Porque él me amaba a mí y yo a él. Y otra persona no cabía en algo que iba sólo para dos. Ella no podía estar enamorada de él, porque yo lo estaba y desde hacía más tiempo que ella. Una extraña rabia comenzó a apoderarse de mí. Sentí celos. Él había estado hablando con ella… no, eso no podía ser. Mientras yo dormía ellos… ellos… ¡Quizás que habían hecho! Además, luego Emma se tendría que volver a América y no lo iba a volver a ver.
Aun así, Bill era mío. 

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