18 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 31



















CAPITULO 31


Dios, seguía shock por lo que había pasado. No lo voy a negar, me había gustado volver a probar su boca luego de todo este tiempo. Pero… haría lo posible para que no se volviera a repetir.
Llegué donde todos se encontraban y volví a sentarme junto a Stella. Ya no tenía hambre. Le di el paquete de galletas a tía Marianne.
—¿Ya no tienes hambre, Bill? ¿qué sucede? —me preguntó Stella. Negué con la cabeza.
—No es nada.
—Oh, vamos. Bill, no te pongas así, cambia esa cara… ya verás que todo saldrá bien —sonrió. Ni siquiera quise hacer el intento de devolverle la sonrisa. Este no era, obviamente, uno de mis mejores momentos —Bill… —tomó mi cara con una de sus manos y se acercó hasta chocar nuestras narices —Bien. Entonces será mejor que te entretengas un poco, para que te olvides de todo esto al menos un momento pequeñito —pegó sus labios a los míos. No era precisamente con ella con quien yo quería entretenerme un poco. Aun así, sin ponerme a pensar sobre el asunto, le seguí el juego por un momento. Estaba demasiado alterado y estresado como para darme cuenta de que lo que hacía estaba mal. Simplemente, me dejé llevar, la tomé por la cintura y comencé a besarla más intensamente, sin importarme la razón por la que estaba aquí, ni que estuviésemos en un hospital, ni que hacía menos de cinco minutos había estado besando a Meer.
Luego de un tiempo besándonos, nos tuvimos que separar para saludar a otros parientes de mamá extraños para mí. Los había visto un par de veces solamente. Marianne parecía conocerlos mejor. Stella comenzó a hablar estupideces, y yo simplemente me reía de ella. Miré fugazmente hacia la ventana. Ni siquiera me había dado cuenta de que Meer había regresado. Tragué saliva. Seguro me había visto besándome con Stella. No quise arrepentirme, ya lo había hecho.
Vi como Tom, pasaba el brazo sobre los hombros de Meer, y esta se acomodaba sobre él devolviéndole el abrazo. Vale, si, no lo voy a negar, me enojé… me dio rabia que esos dos estuviesen así de juntos. Llevé una mano a la pierna de Stella y comencé a acariciarla, ella simplemente se dejó, jugando con mi cabello. Estuvimos así un buen rato. Yo miraba de vez en cuando a Meer, quien seguía muy pegada a Tom, ambos conversando. Y además de esto, intentaba no pensar en que mamá estaba muy grave en estos momentos.
Y como si leyeran mi mente, el doctor salió de la habitación. Gordon se levantó casi de un salto del asiento y prácticamente corrió hacia el doctor. Quise escuchar su conversación, pero hablaban demasiado bajo. Luego Gordon me diría como había sido todo. Decidí dejar de prestarla atención a la conversación, no conseguiría nada. Solté a Stella y busqué a Meer, pero ya no estaba.
Interrogué a Tom con la mirada, pero éste simplemente se encogió de hombros. Busqué a su madre, seguía aquí con su esposo. Eso me alivió un poco, Meer aún no se iba. Quizás había ido a comprar algo o que se yo. Solté la cintura de Stella y disimuladamente me alejé un poco. Sabía que lo que acababa de hacer estaba muy mal, pero es que tenía la cabeza tan ocupada con lo de mamá que me costaba un poco pensar, reaccionar y darme cuenta de lo que hacía.
En cuanto el doctor se fue, Tom y yo nos acercamos a Gordon para preguntarle sobre mamá. Nos resumió todo en que habría que esperar cuarenta y ocho horas para ver como evolucionaba… y quizás, a lo mejor, podría seguir con una vida normal. Y si no todo salía tan bien como se esperaba corría el riesgo de no poder caminar nunca más… o por un tiempo. También, debido al golpe en la cabeza, era muy posible que estuviera un poco desorientada por unas cuantas semanas y se le olvidaran algunas cosas pero según el médico, luego se pondría bien. Yo sólo esperaba que todo saliera excelente.
Cuando ya no hubo nada más que decir, Tom me apartó un poco de todas esas personas.
—¿Qué tienes? —le pregunté al verlo con esa cara que traía. Se notaba enojado.
—Nada ¿qué es lo que tú tienes?, ¿qué es lo que te pasa, Bill? —fruncí el ceño, mirándolo sin entender.
—¿Yo? ¿tiene que pasarme algo? —Tom resopló.
—Te veo muy pegado a Stella ¿acaso no viste que Meer estaba aquí? —me quedé mudo —¿crees que no sé que la besaste en el ascensor? —¿y él como lo sabía? planeaba contárselo… pero aún no. Comenzaba a regañarme tal como lo hacía mamá —¿podrías ponerte en su lugar un momento? de verdad, no te entiendo, Bill. Primero me dices que no la quieres como antes, que está diferente… y… y ahora bienes y la besas para después como si nada meterle la lengua a Stella hasta la garganta —oírlo de esa manera sonaba horrible. Tom se quedó el silencio, esperando escuchar algún tipo de respuesta.
—Es complicado. Estamos pasando por momentos difíciles y… y yo… yo estoy confundido —no sabía que decirle, no podía explicar mi comportamiento de una manera más creíble o coherente.
—¿La quieres o no?
—Tom, no me pongas en una situación así… no ahora —miré hacia otro lado, quería finalizar esta conversación.
—¿No la quieres? —me crucé de brazos… no iba a contestarle, no sabía la respuesta. Vi cómo se levantaban la madre de Meer y su esposo de sus asientos y se dirigían hacia el ascensor —Bill…
—N… no lo sé —me mordí el labio inferior. Ya comenzaba a hartarme de esto.
—Dime, te ayudaré a saber ¿qué sentiste cuando la besaste?
—¡Tom! —¿qué que había sentido? algo millones de veces mejor que al besar a Stella, había perdido la noción de tiempo y de la realidad, había olvidado los problemas, me había sentido completo…
—¿Sentiste esas cosas… em…?, ¿cómo eran…?, ¡ah! Cosquillas en el estómago y esas cosas de las novelas ¿lo sentiste? —tragué saliva.
—¿A qué quieres llegar con esto?
—Quiero que te des cuenta de que es ella… es Meer, a misma de siempre. Quiero que vayas con ella, le devuelvas su móvil y le pidas perdón —observé el aparatito que Tom me enseñaba. Era de Meer, me lo tendió —ella te sigue queriendo como antes, Bill… no seas ciego, dante cuenta de que tú también la quieres antes de que sea tarde —esperó con la mano tendida, esperando a que yo tomara el aparato ese… pero no lo hice. No quería —bien… entonces, si no vas tú, iré yo. Si no la quieres para ti… mejor para mí —se encogió de hombros y guardó el móvil en su bolsillo.
—¿Qué quieres decir…? —entrecerré los ojos, ya sabiendo a que se refería con lo anterior. Tom sonrió.
—Puedes quedarte besando a Stella todo el tiempo que quieras. Mientras yo voy a bajar, voy a buscar a tu antigua chica y la voy a besar —me alteré.
—¿Cómo te atreves a hacerme esto? ¡Tom, mira nuestra situación, por favor! —solté enojado.
—Así que… ya sabes —¿cómo podía ser así?
—No te atreverías…
—No me atrevería si fuera tu chica, pero como ya no lo es… —se encogió de hombros. Yo sabía que sólo lo hacía para joderme, que quería hacerme ver lo especial que era Meer para mí, él quería que me diera cuenta de una buena vez que yo la quería… y que ella era la misma chica de siempre. Él quería que yo sintiera lo mismo que había sentido en el ascensor mientras la besaba. Lo miré, rogándole con la mirada que no lo hiciera… yo muy bien sabía que Tom era capaz de hacer eso y mucho más para hacerme entrar en razón.
—La haces sufrir, Bill. Con tus estupideces de no lo sélo hice sin pensar y tu mira nuestra situación. ¿Eso quieres? ¿qué tu pequeña Meer sufra mientras tu ordenas tu mente? —mi pequeña Meer. Tom resopló —vuelvo en cuanto le dé esto a Meer, si tienes nuevas noticias llámame —se dio la vuelta y se dirigió hacia el ascensor.
Genial.
Me quedé allí de pie, sin poder creérmelo. Las palabras de Tom aún resonaban en mi cabeza. Meer sufría… y era mi culpa. Me pregunté si aún seguía queriendo Meer. No lo sabía, no lo tenía muy claro… no antes de ese beso. Estar tan cerca de ella, de esa manera, poder ver sus ojos, poder tocarla, abrazarla… poder sentir que realmente era ella y que estaba de vuelta, darme cuenta de que no se trataba de un sueño. Todo eso me había hecho llegar rápidamente a la conclusión de que no era más que un cobarde que temía aceptar que volvía a querer a la misma chica de hacía tres años. Con tanta intensidad como la vez anterior. Que me asustaba reordenar mi vida de nuevo con Meer en ella… tenía miedo a que todo saliera mal otra vez y tener que pasar por lo mismo, tener que olvidarla de nuevo.
Pero no por mis miedos, por mis confusiones y mis problemas iba a hacerle más daño. Tom tenía razón. Yo… yo la quería y lo único que hacía al no aceptarlo era arruinarlo todo, echarlo a perder. Lo único que lograba con todo esto era separarla aún más de mí.
Tenía que buscarla, hablar con ella, darle explicaciones y pedirle que me disculpara por todo.
Salí del trance y me dirigí a paso rápido hacia el ascensor. Por suerte el ascensor estaba en el mismo piso, por lo que no me demoré en llegar al primero. Atravesé las puertas que daban hacia la calle y caminé un poco, buscando con la mirada a Meer, a Tom… o al coche de Tom, algo que me diera alguna señal de donde podrían estar.
Me quedé tieso al darme cuenta de donde estaban esos dos… y al ver lo que estaban haciendo.
—¡Tom! —grité lo más fuerte que pude. Ambos se separaron de golpe. Sentí un fuerte dolor en el pecho y unas ganas inmensas de ir y golpear a mi hermano. Lo miré. Me lo había dicho, si… me había dicho que no iba a besar a Meer. Pensé que no lo haría. Soy su hermano ¿cómo me había hecho algo así? se suponía que Meer era… era mía. Yo la quería, yo había visto primero. Y yo era a quien ella quería. La miré. Ella estaba un poco asustada. Seguro se había dado cuenta del error que había cometido. Pero no podía reprocharle nada, no tenía el derecho. Además, yo había estado besando a Stella frente a ella. Me lo merecía. Me merecía esto y mucho más por ser tan inmensamente idiota. Lo malo es que la desagradable sensación no se iba.
Le hice una seña a Tom, llamándolo. Mi hermano le dijo algo a Meer y luego cruzó la calle para acercarse. Miré a Meer hasta que Tom llegó a mi lado. No podía creerlo… ella había besado a Tom. De haber sido Stella ni siquiera me habría preocupado pero era Meer. Y… y ella no era como cualquier chica.
—¿Qué mierda se te pasó por la cabeza, Tom? —le pregunté en cuanto estuvo a mi lado.
—Te lo dije —fue su única respuesta.
—Pero… —me cortó.
—Ya lo hice, no te enojes ahora… tú lo sabías —se encogió de hombros.
—¡Pero, Tom! no es cualquier chica, es Meer —me enojé.
—¿Eso quiere decir que ya te diste cuenta de que la quieres? Por eso bajaste —resoplé.
—Sí. Pero no esperaba encontrarlos besándose. Tú sabías que yo quería a Meer, lo sabías incluso antes de que yo me diera cuenta, Tom ¿por qué lo hiciste? Tú más que nadie sabes todo… todo lo que ella se ha significado para mí en este tiempo. Y aun así la besas —me mordí el labio inferior y la miré fugazmente. Ella también nos miraba.
—Ya, vale… lo siento. Pensaba que te ibas a demorar un poquito más en darte cuenta, quise ayudarte —se encogió de hombros nuevamente. Lo miré seriamente… es que, lo decía así como si nada —agh, no seas paranoico, no voy a robarte a Meer.
—Eso espero —solté. Ni siquiera había pensado en esa posibilidad. Tom sólo lo hacía para hacerme sentir como un idiota —dile que quiero hablar con ella —Tom rio. Lo miré interrogante. ¿De qué mierda se reía?
—Ella no va a querer hablar contigo —resoplé. Entonces se me vino algo a la cabeza.
—Entonces… haz que entre y se meta en el ascensor —me miró como si estuviese loco —oh, no me mires así. ¿Acabas de decirme que tenía que pedirle disculpas y ahora no me quieres ayudar? —alcé una ceja —¡la besaste!, me debes una. Ve y búscala —Tom asintió, me miró con cara de pocos amigos y se dio la vuelta hacia Meer.
Yo la miré fugazmente y luego caminé en dirección al hospital. Entré. Ojala Tom se las arreglara para dejarla entrar sola en el ascensor…. Y ojala estuviese vació.
Vi a una chica bastante guapa comprando unos dulces… ella había sido mi compañera en la universidad. Hablábamos seguido, era bastante simpática… y se había acostado con Tom una vez después de una fiesta. Me acerqué a ella, rogando no haberme equivocado de persona.
—Hola —la saludé. Ella me miró un momento, mientras una sonrisa se iba dibujando en su rostro.
—¡Bill!, hola… —se acercó a mí, aún con esa sonrisa para darme un beso en la mejilla —¿cómo estás? —me preguntó.
—Lo normal… emm ¿y… y tú? —me llevé una mano a la nuca. No sabía cómo pedirle el favor.
—No lo sé… es que mi abuelita está interna —asentí. Yo no iba a contarle lo que pasaba con mi madre, claro que no.
—Ojala se recupere pronto. ¿recuerdas a Tom? —la chica se mordió el labio inferior para luego asentir con la cabeza, mirándome con los ojos brillantes —se acordó de ti… justo hace un rato… sí —sonreí —justo ahora debería llegar. Estoy seguro de que le gustaría verte, podrías saludarlo —ella asintió eufórica, sin borrar la sonrisa del rostro.
Bien, no había sido precisamente un favor… pero al menos quitaría a Tom del camino. Le sonreí, no muy convencido de lo que estaba haciendo. Justo en ese momento Tom y Meer atravesaron la puerta.
Me di la vuelta hacia el kiosco de dulces… ya no estaba atendiendo la misma chica de hacía un rato. Pude escuchar los pasos de la engañada que corría hacia Tom, seguramente.
—¿Quieres comprar algo? —me preguntó la nueva chica que atendía.
—No, gracias —me di la vuelta disimuladamente. Tom la estaba saludando con un beso en la mejilla y Meer seguía caminando como si nada hacia el ascensor. Me apresuré en ir tras ella. Tuve que apretar el botoncito de nuevo antes de que el ascensor se fuera para que las puertas se abrieran. Meer estaba sonriendo en el momento en que me subí… pero al verme, su rostro cambió rápidamente. Me sentí mal.
Las puertas se cerraron.

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