25 febrero, 2013

Rette mich /Capítulo 17





CAPITULO 17 

Dios, mi cabeza. No era dolor, no Mas bien, era una sensación extraña de entre mareos, o no se qué. Era como si me hubiese drogado o algo así, aunque nunca lo había hecho, pero supuse que así era como se sentía. O quizás no. El punto es que no me encontraba bien. Y no recordaba la razón. 
Estaba despierta... Si. Podía percibir movimientos a mi alrededor y algunos murmullos, pero se me hacía imposible moverme. O tal vez era que yo no quería moverme. Estaba muy cómoda en esa posición, si no contara con mi cabeza, claro está. No podía abrir los ojos. Ni siquiera lo había intentado, pero es que sentía mi cuerpo bastante pesado. Como si hubiese dormido sólo un par de horas en una semana entera. 
¿Todavía no despierta?  esa voz resonó en mi cabeza repitiéndose una y otra vez, casi como un eco. No me molestó. Había sido Simone. Aún no —una voz un poco más baja le contestó. El vello se me erizó y sentí como cada músculo de mi cuerpo se tensaba. Bill. 
En ese momento me di cuenta de que una suave mano acariciaba mi mejilla rítmicamente. Me pregunté quien sería ¿Mi madre? El resto de las voces se escuchaban lejanas, quizás sería ella.  
¿Seguro no quieres que la llevemos al doctor?  No, está bien. Y si no, luego la llevo yo. No te preocupes, Simone —le contestó mi madre. Tenía razón, ella estaba junto a mi. 
Nadie más habló y todo se quedó en silencio. Por alguna razón me sentí incómoda. Estaba segura de que era el centro de atención. 
A lo mejor, si me despertaba...  
Aunque ya estaba despierta. La cosa es que podría abrir los ojos. 
Me costó un poco hacerlo y parpadeé un par de veces para enfocar bien la vista en el techo. Estábamos en el salón de los Kaulitz, reconocería esa lámpara en cualquier lugar. Nadie se dio cuenta de que había despertado, ya que nadie dijo nada. Decidí volver a cerrar los ojos, todo me daba vueltas.  
Vueltas. Yo había dado vueltas. Y muchas, en la escalera ¡La escalera! Bill... El beso Y luego mi pie pisando mal el siguiente escalón. 
Sentí un fuerte pinchazo en la cabeza, el cual lo tomé como una afirmación respecto a lo que había ocurrido. Me había caído. Tampoco era tan grave... ¿Anne?.—sentí la voz de mi madre.  
¿Si? —me incorporé rápidamente mirando hacia todos lados. La primera persona que vi fue Simone, que tenía la boca abierta y expresión de pánico. No la alcancé a ver ni dos segundos, ya que luego desvié la vista y me encontré con Bill, me miraba entre sorprendido y preocupado. No tuve tiempo de mirarlo un segundo mas, pues unas manos me cogieron por los hombros y me volvieron a recostar.  
Hija, cuidado —volví a desviar la vista y me encontré con mi madre. Al apoyar mi cabeza en lo que fuese donde estuviera recostada, sentí un fuerte dolor. Por lo que me vi obligada a mover la cabeza hacia un lado y soltar un pequeño quejido ¿Estás bien?, ¿Cómo te encuentras? ¿Te duele?  
¿Qué? —le pregunté sin lograr retener ninguna de sus preguntas. Simone y Bill se acercaron. Pude verlos a ellos casi sobre mi, mirándome, casi como esas películas, donde alguien cae y todos lo miran desde arriba. Pero no iba a ponerme a desfrutar de la situación, por más cómica que fuera. Me dolía la cabeza.  
¿Te duele algo, querida?  esta vez fue Simone quien habló. Entrecerré un poco los ojos y asentí.  Me duele la cabeza.  Te caíste feo —dijo Bill. Todo comenzó a acelerarse en mi interior Ni siquiera lo miré. Me daba un poco de vergüenza. Que torpeza la mía. ¡Me había caído! Y era fijo que había sido por las escaleras.  
Dios, santo ¿estás bien? —volvió a exagerar mi madre ¿estás mareada, hija?  
No —mentí —me encuentro bien, sólo me duele la cabeza.  
Caíste de cabeza Bill nuevamente. Lo miré por el rabillo del ojo y luego, rápidamente, volví la vista al techo.  
Aquí está el hielo.  Gracias —supuse que Simone le había pasado el hielo a mi madre —a ver, levántate un poco, Anne —me dijo mi madre mientras pasaba uno de sus brazos por mi nuca y me intentaba levantar de una manera bastante incómoda. Yo podía sola.  
Una vez sentada en el sillón, mi madre puso la bolsa de hielo sobre mi cabeza y la sostuvo allí durante un tiempo. 
¿Cómo fue que caíste? —me preguntó ella mirándome preocupada. Sonreí para quitarle peso al asunto. Me daba un poco de vergüenza decir que había sido por separarme de Bill cuando él me estaba besando. 
—Soy torpe —contesté simplemente, dirigiéndole a Bill una fugaz mirada. Él tenía los ojos clavados en mi. Me sentí incómoda. 
Humm ¿Me sujetas el hielo, hijo? —le preguntó mi madre a Bill. Pero es que yo podía sujetar el hielo sola, no hacía falta. 
Claro —moví la cabeza hacia arriba y lo miré. Dios, quizás podía derretir el hielo y todo. Bill posó su mano sobre la bolsita llena de hielos que había sobre mi cabeza y mi madre quitó la suya de allí. Seguidamente se levantó del sillón donde estábamos sentadas y Bill ocupó su lugar. Me tensé. 
¿Simone, tienes algo que alivie el dolor? 
No tengo nada. 
—I a comprar, ¿me acompañas? 
¿Y dejar a Anne sola? Simone me dedicó una mirada. Le sonreí de medio lado. 
—Volvemos en unos minutos, no pasa nada. 
Además se queda conmigo —sentí la voz de Bill muy cerca de mi. Me estremecí. Ay, no. ellas no se podían ir. Simone tenía que decir que no 
Vale Pff. Y así fue. Un par de minutos después, Bill y yo escuchábamos en silencio como la puerta de la entrada se cerraba dejándonos a ambos en esa casa. Solos.   
En ese momento no supe que hacer. Seguramente, o mas bien, obviamente, todo había sido su culpa. No es que yo me excluya de todo... Pero es que, él era quien me había besado. Él me había dicho que no lo volvería a hacer. Pero lo había hecho. ¿Y como iba a poder olvidarlo? Ese recuerdo no se iba a ir de mi cabeza tan rápido. Más que nada porque luego de ese beso, me había ido escaleras abajo al apartarlo de mí. No había sido agradable. Aunque de tan sólo pensarlo sentía esa clase de sensaciones que llegaban a mi en estas situaciones. Durante todo el día ya me había sentido muchas veces así, Bill me provocaba eso.. Y lo peor es que yo no podía evitarlo. 
Y aún así como estaba, medio mareada, o loca... sentía esa cosquillas en el estómago y cierto nerviosismo al tenerlo junto a mi, con su mano sobre el hielo que estaba en mi cabeza. Que por cierto, me dolía.  Tenía la vista fija en mis pantalones. Me daba miedo mirarlo o vergüenza, o pánico... O que se yo. Pero no podía hacerlo. Dios, jamás había estado tan confundida y esto estaba siendo cada vez más incómodo. No sabía que pensar, que hacer o como reaccionar si él pretendía besarme de nuevo. Habían pasado demasiadas cosas durante un día y hubiese deseado que no hubiera sido así. En estos momentos seguramente ya habría estado en mi casa, preparándome para dormir. Y no en el salón de la casa Kaulitz con ese Kaulitz sentado a pocos centímetros de mi y poniéndome de los nervios. Hubiese sido mejor no haber venido. Al parecer yo no tenía suerte con las reuniones de amigos para ver películas. Las dos últimas veces, contando hoy, había acabado muy mal.  ¿Te duele? —la suave voz de Bill me sacó de mis pensamientos bruscamente, haciéndome sentir tensa nuevamente.  
N.No. Digo, si. Sólo un poco. Creo —tartamudeé. 
Estúpida.  
¿No estás mareada? —negué con la cabeza. No quería que se preocupara por mi, no me haría sentir bien. Pero bueno... Dios, me asustaste mucho —soltó. Yo lo miré impresionada. Estaba con una sonrisa en el rostro, una hermosa sonrisa mirándome tiernamente. Tensé la mandíbula y la cabeza me dolió aún más, quizás debido a la sangre acumulada dentro de ella. Pues, tenía la impresión de que todo ese líquido estaba en mi cabeza —no sabes lo aliviado que estoy —sonrió más ampliamente. En ese momento sentí que me derretiría, pero aparté la vista de él rápidamente... Sintiendo un poco de calor en las mejillas. Bill suspiró.  Lo siento, Annie. 
No te preocupes —murmuré. Dudé por un momento a que él me hubiese escuchado. 
Se suponía que no te iba a volver a besar, pero es que es que no lo sé. Solo fue un impulso y terminé por tirarte de las escaleras lle mis ojos en él, mirándolo con el ceño fruncido. 
No fue tu culpa que yo me haya caído. Soy torpe y tu lo sabes —tragué saliva, intentando aguantarle la mirada durante unos segundos más —y respecto a lo de beso, pues eso si que estuvo mal. No debiste hacerlo. Tú dijiste que no lo iba a hacer y que había que olvidar el resto de las cosas. No sé que quieres en realidad ¿Quieres que volvamos a ser amigos? ¿o es que pretendes algo distinto? —porque si es así ya no quiero saber nada más sobre esto —bajé la mirada. Esperé a que Bill dijera algo, pero no fue así. La sala estaba en completo silencio —has cambiado mucho, Bill. Kattie se llevaría una gran decepción si se enterara de lo que acabas de hacer, ella te quiere.  No supe como tuve el suficiente valor de decir esas palabras. Eran un tipo de sermón, pero en un buen tono. Se quedó en silencio. Entonces lo volví a mirar. Tenía la vista clavada en sus pies. Se me hizo mucho más fácil mirarlo así, y lo agradecí ¿o es que tú no la quieres? —la pregunta brotó de mis labios sin mi consentimiento, en un tono natural. Esa pregunta había sido solo un pensamiento en voz alta, nada más. Pero lo había dicho. 
Bill volvió a mirarme con una expresión extraña.  
Si la quiero —contestó firme. Intenté ignorar la puntada en el pecho —pero no es que la ame, ella... Bueno, ella no... —fue bajando el tono de voz hasta que pude escuchar sólo un susurro. No supe el final de la frase.  
¿Ella no...? —lo animé.  
Ella no es Annie.  Entonces, en ese momento, me di cuenta de que estábamos bastante cerca. Nuestras narices estaban separadas por unos escasos centímetros.  
Intenté analizar sus palabras. Había sido muy directo, eso estaba claro. Pero es que, tenía tal enredo en la cabeza, que se me hacía casi imposible interpretar correctamente lo que él había dicho. Kattie no era yo. ¿Entonces yo era...?  mis ojos se abrieron más de lo normal, debido a la impresión ¿acaso era correcto lo que yo estaba pensando? ¿O había llegado a conclusiones equivocadas? No lo sabía. Y sentía miedo a preguntárselo. 
¿Qué? —apenas fue un leve susurro el que salió por entre mis labios. Estaba más que asombrada.  
Creo que ya quedó claro —dijo Bill a tan sólo unos centímetros de distancia. Podía sentir su aroma  
No supe que decir. Esta no era una situación de todos los días Era completamente extraño. Y ya comenzaba a sacar mis propias conclusiones. Y si estaba en lo correcto...  Ni siquiera podía imaginarlo. De tan sólo pensarlo el estómago se me revolvía y me ponía aún más nerviosa de lo que estaba ¿Porqué? No lo sé. Quizás porque saber que le gustas a tu mejor amigo no pasa todos los días. Mi pulso estaba demasiado acelerado y sentía como si el corazón se me fuese a salir del pecho en cualquier momento. No me podía estar pasando esto. Las mejillas me ardían terriblemente y podía sentir toda la sangre agolpada en mi cabeza. Me costaba coger aire, sentía una presión en el pecho y dios que me podía morir de algo en cualquier momento. Me iba a dar algo, estaba segura.  Podía sentir la respiración de Bill muy cerca de mi rostro. Sus ojos color miel me tenían atrapada, no podía quitar la vista de ellos. Entonces, el hielo cayó. Y su mano se deslizó hasta mi cuello, atrayéndome hacia él. Cerré los ojos, sintiéndome cada vez mas cerca, sintiendo esas miles de sensaciones que eran tan maravillosas y a la vez desagradables, sintiéndolo. Nuestros labios se juntaron tímidamente, sin producir movimiento.  Delicadamente sostuvo mi cara entre sus manos, y yo no supe que hacer. Estaba con la cabeza en otro sitio, no podía actuar racionalmente. No teniendo a Bill así de cerca. Él me hacía perder la cabeza.  Con Dylan nunca me había sentido así.  Bill se separó lentamente de mi, dejándome con ganas de más. Volví a buscar su boca, aún con los ojos cerrados, él me correspondió al beso, moviendo sus suaves labios con movimientos delicados sobre los míos. Los otros cuatro besos que él me había dado durante el día no eran nada comparados con este. Incluso podía sentir su sabor dulce. El beso era más que un beso. Era con cariño... Un cariño mutuo. Un cariño infinito.  Yo sentía por él un cariño infinito.  En un acto reflejo, llevé mis manos a su nuca y lo atraje aún más a mi, para evitar futuras separaciones. No comprendí el porqué, pero quería tenerlo tan cerca de mi como fuese posible.  Se separó levemente de mí para coger aire. Ambos seguíamos muy cerca, incluso podía escuchar su respiración ¿O era la mía?  Un sonido agudo y repetitivo nos hizo pegar un salto a ambos y abrir los ojos de golpe. El timbre. 
Me separé de Bill rápidamente, avergonzada y con las mejillas ardiendo. La estúpida persona que seguidamente estaba del otro lado de la puerta, había echado a perder ese momento casi mágico que habíamos estado viviendo. Miré a Bill, tenía una expresión molesta gravada en el rostro. Se levantó del sillón y lo vi alejarse sin decir nada hacia la puerta. Tomé la pequeña bolsita de hielo y volví a ponérmela en la cabeza. Que dolor... como que los malestares habían llegado de golpe cuando Bill se había separado de mi ¿pero ahora como podría explicarle eso? Quizás era él quien me tenía que dar las explicaciones pero es que yo le había seguido el juego. En realidad, explicarle a él no era la gran cosa, no se lo decía y punto. Lo verdaderamente malo de la situación, era que no me lo podía explicar a mi misma. Y la culpabilidad ya comenzaba a afectarme. Porque sabía que había hecho las cosas mal, no había sido buena persona. Yo estaba con Dylan.. Y si él, por alguna razón en el mundo, se enterara de lo que había pasado... No me lo iba a perdonar jamás. No me podía arriesgar a perder a la persona más perfecta del universo. Pero es que, argh, lo había echado todo a perder y ahora no iba a volver a ser lo mismo. Maldita culpabilidad. Estaba segura de que ni siquiera iba a poder mirar a Dylan o Kattie a los ojos. Sentía pánico. Pero no me arrepentía en lo absoluto de haber besado a Bill, y eso era lo peor.  ¿Qué tipo de persona era yo? Pff. Seguramente de ese tipo de personas que entran en el grupo de gente mierda.
¿Qué pasó, Anne? —esa pregunta hizo que volviera a la realidad. Era Tom, ya había llegado. Estaba agachado frente a mi, con sus manos en mis rodillas, mirándome preocupado. Me pregunté en qué momento se habría puesto allí, que ni siquiera me había dado cuenta.  
Me caí en las escaleras —intenté hacer una sonrisa, pero en vez de eso salió... nada.  
—Ay, Dios, ¿estás bien?  Si —asentí con la cabeza. Aproveché el momento para dirigirle a Bill una mirada fugaz. Éste estaba asesinando a su hermano con la mirada. Seguramente por interrumpir el momento. Tom era un inoportuno de mierda. Aunque, por cierta parte, se lo agradecía. Sólo cierta parte, una parte muy pequeñita, casi minúscula que por poco no se ve. Muy pequeña ¿y cómo fue que pasó eso, Anne—me encogí de hombros ¿Bill? —miró a su gemelo buscando en él la respuesta. Bill se encogió de hombros, por lo que Tom volvió a mirarme. 
Soy una torpe, ya sabes —intenté restarle importancia. 
¿Y mamá? 
Tu mamá y la mía fueron a comprarme algo para que no me duela la cabeza —le informé. 
Ah, Ok —sonrió de medio lado —seguro Bill te estuvo cuidando muy bien. 
Más que bien, excelente. 
Tom y yo miramos a Bill Quien aún seguía con expresión seria. 
No estés de mal humor, Bill —se quejó Tom. Pero el aludido no dio respuesta alguna y como única señal de enojo arrugó un poco la nariz y comenzó a caminar hacia las escaleras. No quería que se fuera, no después de lo que había pasado. Había que aclarar las cosas. Pero no pude evitar a que él despareciera. Ya luego tendríamos que hablar. Quizás en la escuela o después de clases. Tom no perdió el tiempo y se acomodó a mi lado en el sillón mientras cogía el control y encendía la TV ¿seguro no te duele? —volvió a preguntarme. 
Seguro. 
Es que pareces adolorida —solté una risita. 
Eso no quiere decir que me duela algo. 
¿Estás triste? —me volvió a preguntar, escudriñándome con la mirada. 
No.   
¡Ya estamos aquí! —el grito de tono cantarín que había pegado Simone nos avisó que ya habían llegado. Aunque yo ya me había dado cuenta al sentir el coche afuera de la casa y las llaves en la cerradura de entrada.  
Con esto no sentirás dolor —dijo mi madre enseñándome una pequeña cajita mientras caminaba hacia mi —hola Tom, ¿dónde está Bill? 
Hola, hijo.  Hola —saludó Tom. 
Mi madre me tendió una pequeña pastilla color blanco. La cogí y luego la examiné.  ¿Esto se toma con agua? Oh, claro... Iré a por agua —y dicho esto, Simone se dirigió a la cocina. 
Simone volvió en menos del tiempo que yo esperaba, con un vaso de agua en la mano. Por una extraña razón, el agua me pareció extremadamente apetecible y me entró la sed. Cogí el vaso en cuanto me di cuenta de que lo estaba tendiendo en mi dirección. Me eché el remedio a la boca y luego me bebí toda el agua que había en el vaso, de sopetón, llevando con ella el remedio directo a mi estómago. Eso probablemente me quitaría el malestar de la cabeza y del golpe, pero no creo que me fuese a quitar el molesto nudo que tenía en el pecho, el que hacía que me costara coger respiración. 
Todo había sido culpa de Bill, lo que había dicho me había sorprendido y creo que aún estaba alucinando. Las cosas no andaban bien en mi cabeza, digo, a parte del golpe.  No sabía que pensar, a lo mejor me haría bien hablar con Alex, aunque dudaba que a esta hora estuviese conectada. Por lo que me consolé pensando en que escribiría todo en mi cuadernillo al llegar a casa. Y luego lo leería. Así me iba a quedar todo mucho más claro.  Ahora, tenía que entretenerme en algo para quitar todos esos pensamientos de mi cabeza. Los tenía que encerrar en alguna parte y no dejarlos salir hasta estar en mi habitación. Y para eso, como había dicho anteriormente, tenía que concentrarme en otra cosa.  Me fijé un poco en las demás personas que había en el salón.  Simone y mamá conversaban de pie detrás del sillón en donde yo estaba sentada. No tenía idea de qué era lo que estaban hablando, pero por lo poco que escuché pude deducir que era algo sumamente aburrido para mi, pero divertido para ellas. Nada interesante.  Tom estaba mirando la TV con la boca abierta y cara de bobo. Imposible despegarlo de allí. Que aburrimiento. 
 ¿Nos vamos, hija? —por fin. Había estado esperando esa estúpida pregunta mucho tiempo. Un largo y aburrido tiempo... Me levanté del sillón rápidamente, no fuera a ser que a ella se le ocurriera otro tema de conversación para hablar con Simone.  
Vamos, .  Los acompaño a la puerta. ¡Bill, baja a despedirte! —deseé que Bill se las diera de mal educado y no bajara.  
Me despedí de Tom con un beso en la mejilla y un "hasta mañana" y seguidamente me fui a la puerta donde Simone y mi madre se despedían animosamente y se invitaban la una a la otra para ir a visitarse. Por lo que escuché, o creo haber escuchado, Simone y los gemelos irían a mi casa el viernes para cenar.    
¿Te divertiste hoy? —preguntó ella una vez subidas en el coche, mientras encendía el motor. Me encogí de hombros.  
Si, ha estado bien.  Que mal que no te pudiste quedar a dormir...  —S—mentí —una pena. Será para la próxima, ¿no? —mi madre me miró con expresión divertida.  
Hablando de otra cosa, Anne. Aún no encuentro mi reloj.  ¿Aún no? Pero si ya lleva como dos meses perdido, no puede desaparecer —fruncí el ceño pensando en donde podría estar ese bendito reloj. Mi madre había estado buscándolo como loca desde hacía tiempo. Había sido un regalo de su padre y costaba mucho dinero, además del valor sentimental que tenía ese objeto. Ella suspiró. 
—Seguro debe tener patas —me hizo reír.  
El resto del corto viaje pasó en silencio. Me alegraba estar así, no tenía muchas ganas de hablar... Me sentía más cómoda con la boca cerrada.  En cuando estuve en mi habitación, me quité la chaqueta con todo lo que traía en ella y la lancé a un lado. Cogí la pequeña libreta que usaba como diario de vida. Busqué un lápiz en el escritorio... Me recosté en la cama, boca abajo y seguidamente abrí la libreta en una hoja en blanco.  Puse la fecha a un costado de la hoja y comencé a escribir:    

Hoy fue el día mas extraño de mi vida, o eso es lo que creo. No tengo muy claro todo lo que siento, pero las cosas fueron así:  Primero, al llegar a la casa de los gemelos, Bill tan siquiera me miró. Luego, comenzamos a ver la película. Yo me senté en uno de los sillones pequeños con Dylan, mi novio. Y él estaba con Kattie, su novia. No me gustaba que ellos estuviesen juntos, pero no podía hacer nada.  Como es obvio, luego Bill la comenzó a besar. Y sin pensarlo, yo comencé a besar a mi novio también.  Las cosas siguieron así hasta que la película acabó y todos se fueron. Dejándonos a mi y a Bill solos.  Y ahora viene el primer momento mas importante: Bill me besó. Y fue tan... no lo sé, creo que me gustó, pero  la vez no... porque estaba mal. 
Luego, volvió Kattie a por su chaqueta, que se le había quedado... Y aunque ella estuviese del otro lado de la puerta, Bill continuo el beso. Lo peor es que me gustó. Le pedí una explicación, pero él no me dijo nada. Minutos después, luego de haber estudiado, él me volvió a besar. Lo aparté de mi y estuvimos discutiendo. Y en el momento en que me iba yendo, mientras me despedía de él en las escaleras, me volvió a besar. Había prometido que no lo haría, pero lo hizo. Si hasta estábamos como amigos y todo. La cosa, es que tal fue mi torpeza, que al separarme de el, me resbalé. 
Más tarde, mientras mi madre y Simone me compraban algo para el dolor tremendo que tenía en la cabeza, me dejó algo que me dejó aturdida. (y aun estoy medio aturdida, fue fuerte). Kattie no es yo. O sus palabras: Ella no es Annie. Lo entendí a la perfección luego de analizarla. Nos volvimos a besar. Pero en ese momento llegó Tom y lo jodió todo. El inoportuno Tom, lo cagó todo. Y ahí se acabó y Bill se fue enojado. Quizás tenga que hablar con él. Creo que no siento lo mismo que él siente por mi... o que dio a entender que sentía por mi. Lo arreglaré todo mañana. 
  
Cerré la libreta y la volví a dejar en su lugar, junto con el lápiz. Me dejé caer sobre la cama nuevamente y cerré los ojos. 
Vaya día... 
Como siguiera así me iba a dar algo. Y Dios, a Bill... no me lo podía sacar de la cabeza. 






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