18 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 46

























CAPITULO 46

Me quede despierto un buen rato divagando en mi mente. Suspiré. Era mía, mía… siempre soñé este momento… con el más especial, aunque no haya estado conmigo durante todo ese tiempo. Siempre quise saber qué hubiera pasado si ella no se hubiese ido de mi lado. Ahora pienso y me doy cuenta que sería exactamente igual que ahora. Porque el amor que existe entre los dos está intacto. Yo la amo y ella me ama. Eso es suficiente para superar cualquier barrera. Todo había sido tan perfecto. Cada segundo. Mery estaba tan rendida que ni siquiera puso oposición cuando le puse con su vestido otra vez y la cambié al asiento de al lado para que estuviera más cómoda.
Ya estaba amaneciendo. El sol pegaba frente hacia nosotros y yo me encontraba recostado en mi asiento ya vestido y con las manos detrás de la cabeza. Sin duda alguna, esta fue una de las mejores noches de toda mi vida. Jamás lo olvidaría. Había sido algo especial, único. No tenía comparación es que… esto, definitivamente no había sido sexo. Sonreí sintiéndome como un idiota al darme cuenta de las cursilerías en las que estaba pensando. Pero es que… esto me había afectado enormemente. No lo podía creer. Miré a Mery, ella seguía durmiendo tranquilamente en el asiento de copiloto. Aun no me entraba en la cabeza cómo podía ser tan hermosa y mucho menos como esa preciosura podía ser mía. Mía, mía y sólo mía. Jamás, nunca en la vida la dejaría ir. Nunca. Yo… yo estaba completa y tontamente enamorado de ella, estaba obsesionado, era algo de otro mundo, algo que nunca antes de conocerla me había pasado, en mi vida me había sentido así. Incluso me atrevía a decir que Meer Strauss era mi primer amor, mi primer y único amor ¿Por qué lo digo?... pues, porque a pesar de que salí con muchas chicas antes que ella, a pesar de que me sentí enamorado de esas chicas, en este momento me doy cuenta de que… lo que había sentido antes por otras personas no era realmente amor, no podía compararse con estas sensaciones, así como es ilógico comparar una roca con un diamante. Yo realmente estoy enamorado de Meer y no se trata de un simple juego.
El sonido de mi estómago me sacó de mis pensamientos. Genial… moría de hambre. Tal vez podría ir a buscar algún negocio por aquí y comprar algo de comer antes de que Mery despertara. Iría rápido… ella ni siquiera se daría cuenta de que me había ido. La observé durante unos segundos… si, estaba profundamente dormida Abrí la puerta del coche y lo más silenciosamente posible me bajé. Busqué mi chaqueta, estaba en los pies de mi chica, la tomé y la sacudí un poco. Cerré la puerta. Tomé aire con fuerza… aire puro. Dentro del coche hacía bastante calor. Miré a mi alrededor, ubicándome, y comencé a caminar. Si iba más rápido, más pronto estaría de regreso.
En el camino me di cuenta de que tenía unas cuantas llamadas perdidas de Tom, pero decidí que era demasiado temprano para llamarlo, seguro estaba durmiendo aún. El local de comida más cercano quedaba bastante lejos para alguien que va caminando. Lo único bueno de todo esto era que había dulces riquísimos y de casi todo… además de que la tienda del lado era una florería, donde aproveché de comprarle una rosa a Mery. Elegí la más hermosa de todas, seguro le gustaría.
De vuelta ya iba lo suficientemente aburrido como para llamar a Tom. Estuvimos conversando un rato, no entré en detalles con él… simplemente mencioné lo obvio. Le mencioné también la oferta de Mery para trabajar con mamá, ya que se me había olvidado… y como es de suponer él aceptó, luego de haberse burlado de mi hasta el cansancio. Uff, luego sería mi turno. Algún día llegaría el momento en que Tom perdería la cabeza por una chica, una sola, y ese día sería yo el que se burlaría de él.
Me acerqué al coche con una sonrisa en el rostro al darme cuenta de que mi pequeña estaba despierta, y estaba cantando. Incuso yo podía escucharla. Me entraron ganas de reír. Aunque no dejaría que se enterara de que la había escuchado, se enfadaría luego de morirse de la vergüenza. Ella era así. A demás… tampoco es que lo hiciera muy bien. Pero me gustaba.
Abrí la puerta del coche. Mery se quedó en silencio y volteó la cabeza para mirarme.
—¡Mery! —dije en modo de saludo, sentándome en mi asiento.
—¡Bill! —su tono de voz no me gustó, tampoco su impresión… estaba enojada —¿dónde estabas? —habló ruda. Se me borró la sonrisa del rostro… no podía dejar que se enojara por una tontería. Era… era estúpido. Alcé la mano enseñándole la bolsa con comida dentro.
—Comprando el desayuno.
—No me avisaste —su tono de voz seguía siendo totalmente desagradable.
—Planeaba volver antes de que despertaras… —me excusé. A demás… tampoco es que me hubiese ido para siempre o algo así, claro que no. Simplemente… me había demorado más de la cuenta, tenía buenas intenciones.
—Planeaste mal —entrecerró los ojos, observándome enojada.
—Disculpa.
—Desperté sola, estúpido —tragué saliva. Oh, si… claro. Es una chica… las chicas son más… no lo sé, a la hora de hacer este tipo de cosas. Tienen sus reglas… a no ser que sean unas putas.
—Te quería dar una sorpresa… —me disculpé, encogiéndome de hombros. Ella roló los ojos y miró hacia otro lado —Mery… no te enojes, mi amor… —le pedí. Pero ella no me contestó, ni siquiera se movió —traje algo bueno… —nada. Entonces recordé que tenía la rosa en mi otra mano —también tengo algo lindo para ti… —alcé la mano y le acerqué la flor al rostro. Ella pareció no darse cuenta de que estaba allí por un momento. Pero luego, dio un pequeño bote y clavó los ojos en mi pequeño regalo. Sonrió. No pude evitar sonreír yo también cuando ella me miró con los ojos brillantes de la emoción. Y sin previo aviso se lanzó sobre mí a abrazarme. Enseguida se separó de mí y tomó la flor.
—¿Te gustó mi regalo? —podía notarlo, en sus ojos. Agradecí haberme encontrado con esa florería, de lo contrario ella seguiría enojada conmigo.
—Me encantó —se acercó nuevamente para juntar nuestros labios rápidamente. Enseguida volvió a acomodarse en su asiento y clavó los ojos en la bolsa de comida —¿qué trajiste de comer? —reí aliviado… ya todo se había solucionado. Abrí la bolsa.
—Traje… agua y una coca-cola —saqué ambas botellas de la bolsa, Mery las recibió —esto que no tengo idea de que será pero estaba en la estantería donde tenían esas cosas dulces con manjar y todo eso, lucía bien… —saqué una pequeña bandeja con dos de esos bocadillos. Se la di a Meer —traje… papitas y chocolate —una gigantesca barra de chocolate.
No tardamos en devorarnos todo. Podía notar que Mery estaba hambrienta. Era divertido observarla comer, lucía tierna… además, no era como esas chicas que vivían prácticamente del agua para estar delgadas.
Al terminar, nos fuimos a casa. Yo estaba agotado, ya que no había dormido en toda la noche. No tenía ganas ni de trabajar, ni de aguantar las burlas de Tom por lo que pasé directo a mi habitación, específicamente a mi cama.

—Y ella se ofreció a cuidarte. Dice que ya no quiere seguir trabajando en la cafetería… así que, con Tom lo discutimos y creo que tú le tienes la suficiente confianza a Mery como para que ella pueda cuidarte y te sientas cómoda —hablé con la cabeza prácticamente metida en el horno. Estaba haciendo la cena o al menos intentándolo.
—Me parece bien ¿cuándo empieza? —preguntó mamá. Me levanté y cerré el horno. La miré… no había discutido esto con ella antes porque o tenía tiempo y habíamos quedado en que Tom se lo diría.
—Mañana, lunes —ella asintió.
—Entonces… ¿ustedes ya no va a vivir aquí? —frunció el ceño, preocupada.
—No sé Tom… pero yo voy a seguir aquí hasta que me eches —me encogí de hombros. Es que no podía dejarla sola en una situación así. Aun teniendo a Mery, debía ayudarla. Mamá rio.
—Que bien… es que me hace bien su compañía, ahora que Gordon no está —hizo una pausa —dijo que estaría de regreso en unos meses —suspiró —a veces lo extraño.
—Nosotros también… —hablé por mí y por Tom —Amm… má, ¿tú puedes darme la receta esa de las galletas que haces? es que tengo ganas de comerlas, ¿puedes ayudarme a cocinarlas? —cambié el tema de la conversación, no quería verla triste por lo de mi padrastro.

Terminé el desayuno… era temprano, muy temprano y Mery aún no llegaba al trabajo. Se suponía que iba a llegar a esta hora para alcanzar a saludarla. Me levanté de la silla y me apresuré en lavar la taza y el plato. Subí las escaleras para ir a lavarme los dientes. En cuanto terminé me metí a la habitación de mamá para despedirme. Ella estaba despierta. Y Tom… Tom aún iba por su tercer sueño.
—Adiós, má. Nos vemos —me despedí de ella besándola en la frente.
—Ten cuidado, cariño.
—Si, si —le sonreí desde la puerta de su habitación —veré si traigo algo rico para la cena.
—Buena idea —sonreí internamente andando hacia la puerta. Tomé mis cosas y esperé cinco segundos. No valía la pena esperar más, Mery no había llegado aún. Abrí la puerta.
—¡Bill! Iba… iba a… a… —¿picar el timbre? sonreí como un idiota al verla frente a la puerta —¿ya te vas? —asentí, acercándome a ella para besarla en los labios.
—Nos vemos por la tarde, hermosa —dije separándome de ella —suerte en tu primer día de trabajo —salí de casa, dejándola a ella a cargo de todo.
—Suerte para ti también —me sonrió, despidiéndose con la mano. Hice lo mismo antes de subirme al coche. Podría haberme quedado conversando un poco más con ella. Podría… pero es que ya iba bastante atrasado como para que me descontaran dinero y uff, no quería eso. Necesitaba dinero para mis vacaciones con Mery.




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