CAPITULO 65
Volví al voltearme de costado. No conseguía dormir… según mis cálculos eran alrededor de las dos de la madrugada y yo aún seguía sin poder conciliar el sueño, con los ojos húmedos y ese fuerte dolor en el pecho que no me dejaba respirar. Me desesperaba estar así. Ya había intentado calmarme más de diez veces, intenté respirar, relajar los músculos, dejar de pensar por un momento, dormir… pero era imposible. Esto… esto era mil veces peor que la vez anterior. El dolor y el sentimiento, en el fondo, era el mismo. Pero me tenía mucho más impactado e intranquilo el hecho de que Mery… Mery estuviese… embarazada ¿Puedo ser más estúpido?... tendría que haber comprado más preservativos, quizás. Mery no compraría… no era ella quien los usaba. Siempre me burlé de mi hermano por el tema ese de los dichosos globitos anti-bebes/infecciones, le había recordado una y mil veces que si no los usaba podía tener consecuencias.
Y yo… yo… ¡Es que soy un… un…! ¡es que tonto se queda corto! Todo es mi culpa, Mery y yo peleamos por mi culpa, se fue… y ahora resulta que le crecerá una panza enorme y tendrá a un pequeño dependiendo de ella… y eso que ni siquiera pudo cuidar al pez dorado que compramos hace tres meses –que descanse en paz- ¿Y todo esto por qué? ¡Porque me falla un poco a cabeza! ¿Un poco? Agh. Pero… pero no importa. Tengo que encontrarla. No pudo haber desaparecido, tiene que estar con su padre. Dios, ese hombre querrá asesinarme. De todos modos iré a buscarla y rogaré su perdón… no puedo dejarla sola, y ella tampoco puede dejarme. Siento… tengo la sensación de que, si no veo su rostro pronto voy a morir.
Es difícil dormir en paz sabiendo que Mery no está conmigo. Estoy enamorado de ella, estoy extrañándola, estoy arrepentido, alterado, furioso. Sólo quiero verla, tenerla cerca, poder abrazarla, besarla, sentir su aroma y la suavidad de su piel, quiero decirle que la amo, que la necesito.
No logro entender cómo es que hace dos semanas lo único que quería era que se alejara y me dejara en paz, cómo es que peleábamos de una manera tan… tan… agh, como si no nos quisiéramos.
Y cada vez estoy más y más convencido de que algo no anda bien en mi cabeza.
Además, ya no es un problema suyo y mío… no. Ahora también hay alguien más en todo esto: un pequeño alguien… que es de ambos. Aún puedo sentir el escalofrío recorrerme la espalda. Estoy asustado, es una responsabilidad grande… pero no quiero huir. Simplemente porque no puedo dejar a mi chica.
Siempre pensé que al tener un hijo estaría casado, ya viejo… Uff, hace algunos años ni siquiera podría haberme imaginado en una situación así. Recuerdo esos años en que tenía dieciséis, diecisiete… dieciocho, conocía chicas, me creía todo un enamorado… miraba a Mery, un pequeño tallarín sin forma con rostro de ángel y ojos hermosos. Era sólo la pequeña vecina a la cual su mamá siempre reprendía, la que dormía del otro lado de la ventana. En esos tiempos no gastaba más de quince segundos al día pensando en ella… la recordaba solo a veces, pues la mayoría del tiempo, no era consciente de su existencia ¿Quién iba a pensar que todo esto iba a pasar?
Puedo recordar con mucha claridad ese momento en el que todo empezó. A ella le faltaba algo de dinero para comprar todo lo que su madre le había encargado. Y claro, yo como todo un caballero, sin importarme en lo más mínimo le di el dinero faltante. Se había sonrojado… Y yo simplemente me había reído internamente por lo tierna que era. También me había burlado por su cuerpo… que extrañamente, meses después, se había vuelto tan abrazable y apretujable. Mery, en esos años era totalmente querible, una ternura con patitas. Y es que su tamaño, su rostro, su piel, sus manitos… se me dibujaba una sonrisa en el rostro de sólo pensarlo. Ahora… uff, ellas es simplemente hermosa, definitivamente es la más sexy de todas. Me vuelve loco.
Dios, voy a morir. Morir, morir, morir, morir… no sé cómo voy a encontrarla… no sé cómo…
Puedo recordar con mucha claridad ese momento en el que todo empezó. A ella le faltaba algo de dinero para comprar todo lo que su madre le había encargado. Y claro, yo como todo un caballero, sin importarme en lo más mínimo le di el dinero faltante. Se había sonrojado… Y yo simplemente me había reído internamente por lo tierna que era. También me había burlado por su cuerpo… que extrañamente, meses después, se había vuelto tan abrazable y apretujable. Mery, en esos años era totalmente querible, una ternura con patitas. Y es que su tamaño, su rostro, su piel, sus manitos… se me dibujaba una sonrisa en el rostro de sólo pensarlo. Ahora… uff, ellas es simplemente hermosa, definitivamente es la más sexy de todas. Me vuelve loco.
Dios, voy a morir. Morir, morir, morir, morir… no sé cómo voy a encontrarla… no sé cómo…
Un momento… un… momento.
Aún tengo el número de Emma, ¿verdad? Tengo la tarjetita del móvil… es… es…
¡Mi salvación!
Aún tengo el número de Emma, ¿verdad? Tengo la tarjetita del móvil… es… es…
¡Mi salvación!
Sólo, sólo tengo que dar con ella y podré pedirle el favor de mi vida. Seguro Mery ya había hablado con ella y Emma vivía en su ciudad, si no me equivoco. De cualquier forma, estaba seguro de que Emma podría llevarme donde Mery.
Me di cuenta de que ya estaba de pie en la habitación, sentí frío en los pies y volví a lanzarme a la cama. Necesitaba ver el número en la tarjeta que le había sacado al mi aparatito robado. Ojala conservara el número… porque hay gente que lo cambia cada tres meses. Intenté calmar mi respiración. Inevitablemente sonreí. Sólo tenía que llamar a Emma, hablar con ella y suplicarle que cuando estuviese en L.A. me indicara donde estaba la casa del padre de Mery. Dios, no conocía a su padre, pero de sólo pensar que él se enterara de lo de Mery me ponía de los nervios. Es que, digo, su hijita está embarazada de una persona patética que se encuentra del otro lado del océano por no poder evitar que el amor de su vida se marchara. Él va a matarme, me estará esperando… y al llegar ¡PAM! Va a dispararme en la cabeza sin compasión, y moriré al instante… no podré ver a Mery de nuevo y mucho menos conocer a la criatura, que a decir verdad, eligió un muy mal momento para venir al mundo. Es mi culpa, si, lo sé, todo esto es por mi culpa.
Quiero saber cómo está, que hace en este momento, como está su pancita, ¿Estará donde su padre? Quizás no llega aún, no creo que haya llegado, se fue hace… no lo sé, argh ¿Le contará todo o habrá decidido ocultarlo por un tiempo?... necesito saber cómo se siente. Quizás está triste y yo no puedo estar allí para consolarla, abrazarla, besarla y decirle que todo estará bien. Pero no estoy allí. Y ni siquiera tengo la certeza de que esté embarazada de verdad… Isabella, quizás pudo…
Cerré los ojos con fuerza y me dejé caer de espaldas. Tenía que dormir, no podía ir a estas horas de la noche en busca de un nuevo móvil para la tarjeta. Todo se arreglaría mañana, tenía que arreglarse. Tom me ayudaría.
Me costó dormir. No podía dejar de planear todo es mi mente, una y otra vez… tampoco podía dejar de sentirme culpable con todo esto, no podía dejar de extrañar a Mery.
Dormí alrededor de dos horas y desperté de una pesadilla que se me olvidó al instante. Y para cuando sentí que el corazón ya no me golpeaba el pecho con tanta brutalidad, me di cuenta de que ya había salido el sol. Me costó reaccionar por un momento, quedándome paralizado del sólo pensar todo lo que tenía que hacer… no lograba concentrarme y definir punto por punto cada cosa… todo era un caos en mi cabeza. Respiré con fuerza, intentando relajarme. Tenía que lograr poner las ideas en orden. Recuerdo cuando me pasaban este tipo de cosas, hace unos años… veía todo desde el peor punto de vista y no le encontraba salida a los problemas, en este momento me pasaba exactamente lo mismo. Primero… primero tenía que encontrar un móvil, pero… tenía que comprar uno. Un momento, no tengo dinero, tengo que pagar lo del accidente y el avión a América... y los gastos y todo eso...
Yo puedo arreglar esto, si mal no lo recuerdo Tom…
—¡Tom! —salté de la cama y en menos de un segundo ya estaba corriendo a la habitación de mi hermano. Abrí la puerta de golpe y entré. Lo observé un momento, tenía un ojo medio abierto, y me miraba —hum… Buenos días —tomé el móvil de su mesita de noche, di media vuelta, preparándome para salir de allí lo antes posible y dejarlo dormir en paz.
—Bill… —me llamó con voz ronca. Me di la vuelta —dos preguntas. Primero…¿Qué haces en ropa interior aquí? —oh, lo había olvidado —y…¿Qué se supone que haces con eso? —miré el aparato un momento.
—Es para llamar a Emma —alzó una ceja para luego lanzar un bostezo.
—¿Emma?... Pensé que querías buscar a Meer —rolé los ojos.
Me di cuenta de que ya estaba de pie en la habitación, sentí frío en los pies y volví a lanzarme a la cama. Necesitaba ver el número en la tarjeta que le había sacado al mi aparatito robado. Ojala conservara el número… porque hay gente que lo cambia cada tres meses. Intenté calmar mi respiración. Inevitablemente sonreí. Sólo tenía que llamar a Emma, hablar con ella y suplicarle que cuando estuviese en L.A. me indicara donde estaba la casa del padre de Mery. Dios, no conocía a su padre, pero de sólo pensar que él se enterara de lo de Mery me ponía de los nervios. Es que, digo, su hijita está embarazada de una persona patética que se encuentra del otro lado del océano por no poder evitar que el amor de su vida se marchara. Él va a matarme, me estará esperando… y al llegar ¡PAM! Va a dispararme en la cabeza sin compasión, y moriré al instante… no podré ver a Mery de nuevo y mucho menos conocer a la criatura, que a decir verdad, eligió un muy mal momento para venir al mundo. Es mi culpa, si, lo sé, todo esto es por mi culpa.
Quiero saber cómo está, que hace en este momento, como está su pancita, ¿Estará donde su padre? Quizás no llega aún, no creo que haya llegado, se fue hace… no lo sé, argh ¿Le contará todo o habrá decidido ocultarlo por un tiempo?... necesito saber cómo se siente. Quizás está triste y yo no puedo estar allí para consolarla, abrazarla, besarla y decirle que todo estará bien. Pero no estoy allí. Y ni siquiera tengo la certeza de que esté embarazada de verdad… Isabella, quizás pudo…
Cerré los ojos con fuerza y me dejé caer de espaldas. Tenía que dormir, no podía ir a estas horas de la noche en busca de un nuevo móvil para la tarjeta. Todo se arreglaría mañana, tenía que arreglarse. Tom me ayudaría.
Me costó dormir. No podía dejar de planear todo es mi mente, una y otra vez… tampoco podía dejar de sentirme culpable con todo esto, no podía dejar de extrañar a Mery.
Dormí alrededor de dos horas y desperté de una pesadilla que se me olvidó al instante. Y para cuando sentí que el corazón ya no me golpeaba el pecho con tanta brutalidad, me di cuenta de que ya había salido el sol. Me costó reaccionar por un momento, quedándome paralizado del sólo pensar todo lo que tenía que hacer… no lograba concentrarme y definir punto por punto cada cosa… todo era un caos en mi cabeza. Respiré con fuerza, intentando relajarme. Tenía que lograr poner las ideas en orden. Recuerdo cuando me pasaban este tipo de cosas, hace unos años… veía todo desde el peor punto de vista y no le encontraba salida a los problemas, en este momento me pasaba exactamente lo mismo. Primero… primero tenía que encontrar un móvil, pero… tenía que comprar uno. Un momento, no tengo dinero, tengo que pagar lo del accidente y el avión a América... y los gastos y todo eso...
Yo puedo arreglar esto, si mal no lo recuerdo Tom…
—¡Tom! —salté de la cama y en menos de un segundo ya estaba corriendo a la habitación de mi hermano. Abrí la puerta de golpe y entré. Lo observé un momento, tenía un ojo medio abierto, y me miraba —hum… Buenos días —tomé el móvil de su mesita de noche, di media vuelta, preparándome para salir de allí lo antes posible y dejarlo dormir en paz.
—Bill… —me llamó con voz ronca. Me di la vuelta —dos preguntas. Primero…¿Qué haces en ropa interior aquí? —oh, lo había olvidado —y…¿Qué se supone que haces con eso? —miré el aparato un momento.
—Es para llamar a Emma —alzó una ceja para luego lanzar un bostezo.
—¿Emma?... Pensé que querías buscar a Meer —rolé los ojos.
—¿No recuerdas a Emma?... —negó —Emma… la rubia amiga de Mery.
—¿Mery tenía una amiga?
—¿Lo preguntas enserio? —fruncí el ceño. No tenía tiempo para estas estupideces, no ahora. Tom se quedó un momento en silencio.
—Ah, es… es la chica que vino hace tiempo, si no me equivoco —sonrió de medio lado —¿te sabes su número?
—No. Pero lo tengo guardado y necesito llamar, así que… si no te molesta…
—Ok, pero que sea una llamada corta —resoplé —te estoy haciendo un favor —volvió a cubrirse por completo con las mantas —¡Ah! Y tienes pasaje en tres días a Nueva York, desde ahí te vas a Los Ángeles.
—¿Cómo…?
—¿Mery tenía una amiga?
—¿Lo preguntas enserio? —fruncí el ceño. No tenía tiempo para estas estupideces, no ahora. Tom se quedó un momento en silencio.
—Ah, es… es la chica que vino hace tiempo, si no me equivoco —sonrió de medio lado —¿te sabes su número?
—No. Pero lo tengo guardado y necesito llamar, así que… si no te molesta…
—Ok, pero que sea una llamada corta —resoplé —te estoy haciendo un favor —volvió a cubrirse por completo con las mantas —¡Ah! Y tienes pasaje en tres días a Nueva York, desde ahí te vas a Los Ángeles.
—¿Cómo…?
—Ya vete —bostezó nuevamente. Asentí, aunque él no pude verme y como en un trance me fui a mi habitación. Intentaba adivinar en qué momento él me había conseguido un boleto, sonaba casi imposible. Y es que era casi imposible. O Tom era extremadamente “genial” o tenía un genio, un hada o algo así que le hubiese conseguido el boleto por arte de magia.
De cualquier forma… todo se estaba dando de la manera correcta.
Busqué la tarjeta y casi rompo el teléfono intentando ponérsela. Lo encendí y esperé rogando internamente para que el número estuviese allí.
Y lo estaba. Le di al botó verde sin pensarlo y me llevé el aparato al oído. Esperé… esperé… y esperé, pero nada. Volví a intentarlo, ya entrando en la desesperación.
De cualquier forma… todo se estaba dando de la manera correcta.
Busqué la tarjeta y casi rompo el teléfono intentando ponérsela. Lo encendí y esperé rogando internamente para que el número estuviese allí.
Y lo estaba. Le di al botó verde sin pensarlo y me llevé el aparato al oído. Esperé… esperé… y esperé, pero nada. Volví a intentarlo, ya entrando en la desesperación.
—¿Hola? —era ella, si es que no me equivocaba era ella.
—¿Emma?
—Sí, ¿Quién del otro lado?
—Bill —se hizo un silencio bastante incómodo durante algunos segundos que me parecieron eternos.
—Ok, te llamo luego —¡¿Qué?! ¿Luego? ¡no!
—¡No, no cuelgues. Tengo que hablar contigo sobre…!
—Te llamaré luego, hablamos, adiós —colgó.
Genial ¿Y ahora qué? Quizás tenía que llamarla de nuevo, volver a intentarlo. Aunque… tal vez era mejor esperar su llamada. Y si no la recibía en algunas horas… la llamaría. Sí.
Miré la hora en la pantalla 6 AM, podría tener tiempo para pedir unas forzadas vacaciones a último minuto, hacer algunos arreglos, sacar algunas cuentas y… esperar la llamada.
—Sí, ¿Quién del otro lado?
—Bill —se hizo un silencio bastante incómodo durante algunos segundos que me parecieron eternos.
—Ok, te llamo luego —¡¿Qué?! ¿Luego? ¡no!
—¡No, no cuelgues. Tengo que hablar contigo sobre…!
—Te llamaré luego, hablamos, adiós —colgó.
Genial ¿Y ahora qué? Quizás tenía que llamarla de nuevo, volver a intentarlo. Aunque… tal vez era mejor esperar su llamada. Y si no la recibía en algunas horas… la llamaría. Sí.
Miré la hora en la pantalla 6 AM, podría tener tiempo para pedir unas forzadas vacaciones a último minuto, hacer algunos arreglos, sacar algunas cuentas y… esperar la llamada.
Pasé el día completo esperando la llamada que nunca llegó. Entré desesperado a casa para prepararlo todo… llamaría a Emma después. Dios, es que me iba en tres días a Nueva York… ¡Tenía que hablar con ella cuanto antes! Entré en la cocina para buscar algo de comer, no me había llevado nada a la boca en todo el día, no había estado pendiente de ello. Mis condiciones eran precarias, tuve que alimentarme de una piedra, digo, un pan. Me preparé un café y me fui a nuestra habitación, mi… habitación… digo… uhg, no importa. Afirmé la taza en la mesita de noche e inevitablemente los ojos se me desviaron hacia la fotografía que allí había. Mery y yo. Sentí un nudo en la garganta ¿Por qué todo tenía que ser tan complicado? Retuve el aire en mis pulmones y luego suspiré entrecortadamente. El ver las enormes sonrisas que teníamos en aquella fotografía... dolía. Quise morirme. Todo estaba patas arriba gracias a mí y a mi cabezota. Pasamos por tantas cosas, en tan poco tiempo. Seré…seré padre. Ese pensamiento hizo que mi estómago se revolviera molestosamente y me pusiera demasiado nervioso. ¡Ay, seré padre, tendré un…! ¿Hijo, voy a tener un hijo?
Mierda. Eso es algo…enorme, extraño, un hijo. Mío. Y de Mery, claro. De ambos.
Jamás había pensado en tener… una familia, bueno sí, pero el llevarlo a cabo debía tomar más tiempo. Ni tampoco, me vi en un futuro con un…bebé, así literalmente. Digo, con Meer cada cosa es más bonita, emocionante y…y…y… necesito hablar con alguien. Esto me está volviendo loco.
Tom me había dicho que vendría en cuanto pudiera, ojala llegara pronto. Necesitaba sus consejos. Aparté los ojos de la fotografía y di vueltas en la habitación, buscando cosas importantes que pudiera necesitar para el viaje en tres días, casi dos. No podía evitar pensar y pensar en todo lo que estaba sucediendo. Estuvo mal, en un principio, tendría que haberme preocupado de tomar precauciones... siempre pensé que si llegaba a tener hijo debía estar casado. La idea no me entraba en la cabeza, era demasiado extrema para ser verdad ¿Cómo es que Mery, mi pequeña, estaba... embarazada? Y es que incluso me costaba pensarlo, no logaba imaginarme a mi chica con una panza enorme, claro que no. Me daban escalofríos de sólo intentarlo. Por otra parte lo que estuvo peor fue mi conducta... darle a entender a Mery que era una carga para mi. No lo había hecho queriendo, todo esto pasó sin que me diera cuenta. Y para cuando reaccioné Mery ya estaba en el avión, dejándome.
Mierda. Eso es algo…enorme, extraño, un hijo. Mío. Y de Mery, claro. De ambos.
Jamás había pensado en tener… una familia, bueno sí, pero el llevarlo a cabo debía tomar más tiempo. Ni tampoco, me vi en un futuro con un…bebé, así literalmente. Digo, con Meer cada cosa es más bonita, emocionante y…y…y… necesito hablar con alguien. Esto me está volviendo loco.
Tom me había dicho que vendría en cuanto pudiera, ojala llegara pronto. Necesitaba sus consejos. Aparté los ojos de la fotografía y di vueltas en la habitación, buscando cosas importantes que pudiera necesitar para el viaje en tres días, casi dos. No podía evitar pensar y pensar en todo lo que estaba sucediendo. Estuvo mal, en un principio, tendría que haberme preocupado de tomar precauciones... siempre pensé que si llegaba a tener hijo debía estar casado. La idea no me entraba en la cabeza, era demasiado extrema para ser verdad ¿Cómo es que Mery, mi pequeña, estaba... embarazada? Y es que incluso me costaba pensarlo, no logaba imaginarme a mi chica con una panza enorme, claro que no. Me daban escalofríos de sólo intentarlo. Por otra parte lo que estuvo peor fue mi conducta... darle a entender a Mery que era una carga para mi. No lo había hecho queriendo, todo esto pasó sin que me diera cuenta. Y para cuando reaccioné Mery ya estaba en el avión, dejándome.

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