17 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 24



























CAPITULO 24


Siempre, por siempre y para siempre.

Abrí los ojos de golpe. Hacía más de una semana que soñaba con lo mismo, todas las noches. Esas palabras quedaban haciendo eco en mi cabeza una y otra vez, de una forma repetitiva… durante todo el maldito día.
Me pasé las manos por los ojos y bostecé. Luego, a tientas encendí la lámpara. Me costó un poco acostumbrarme a la luz. En cuanto pude recuperar la vista miré el reloj. Las tres de la madrugada. Que locura. Suspiré. Estaba cansando… mucho más que cansado. El trabajo era agotador, mis días eran agotadores. Tenía la sensación de que despertaba más cansado que al acostarme.
Estiré la mano para abrir el primer cajón de la mesita. De allí, con cuidado, saqué esa fotografía que ya tendría alrededor de unos tres años. La acerqué a la luz…
Siempre, por siempre y para siempre.
Se me vino a la cabeza esa noche, aún la recordaba. Cada detalle estaba grabado en mi mente como si se tratara de la noche anterior. Miré la foto más detenidamente, miré los rasgos de Meer… me pregunté cómo estaría después de tres años. Cómo sería su voz, su cabello, su forma de vestir. A lo mejor, había crecido e incluso le había aparecido mágicamente eso que tanto le faltaba en su parte trasera y delantera. Ojala esté feliz.
Después de un tiempo había averiguado que se había ido con su padre, muy lejos… en Estados Unidos. Meer se divertía mucho, había hecho amigas y se sentía feliz viviendo allá. O al menos eso era lo que su madre le había contado a la mía.
Yo la seguía queriendo, ella había significado mucho para mi hacía años. Aunque ya no era algo tan fuerte como antes, como cuando ella estaba conmigo. Ya no lo sentía así. La quería, en mi pasado, en mis recuerdos… y era importante de cierta manera pero no estaba en mi lista de prioridades, no me pasaba el día pensando en ella como antes. Simplemente la recordaba como algo bueno. Porque el amor que alguna vez había sentido por ella había desaparecido por completo. Ya no la amaba. Y lo más seguro era que ella sintiese lo mismo.
Volví a meter la fotografía en el cajón, lo cerré. Apagué la luz, me arropé con las sábanas hasta el cuello y cerré los ojos. Ya no tenía sueño y me sentía extraño. Hacía tiempo que no pensaba tanto en Meer.

—Oh, vamos… Di que sí, Bill ¡por fis! ¿Siii? —Stella me hacía ojitos sentada frente a mi escritorio.
—Tengo mucho trabajo, no puedo —la miré fugazmente para seguir con lo mío.
Precisamente por eso quiero que vayamos, cariño. Estás muy estresado últimamente, no me gusta verte así ¿acaso no quieres relajarte y pasarlo bien como antes? ¡Vamos, Bill! —no quería, realmente no tenía ganas de asistir a esa fiesta. Era el cumpleaños de una amiga de Stella, y ella quería ir conmigo.
Por favor, necesito que me entiendas. Tu padre me va a matar si no tengo todo listo para el martes.
—¡Qué importa! queda mucho para el martes y yo puedo hablar con papi para que te dé más tiempo… relájate, Bill —se levantó del asiento y rodeó el escritorio hasta quedar detrás de mí —vamos… no seas aguafiestas —posó sus manos en mis hombros y se agachó hasta quedar muy cerca de mi oreja.
—Stella… —reproché.
 —Bill… —tragué saliva y mi cuerpo se tensó en el momento en que ella comenzó a besarme en el cuello —sabes que me gusta pasar tiempo contigo —eso lo tenía más que claro. Se pasaba la mitad del día metida en mi oficina —por fis… sé que tú quieres.
Suspiré. Si seguía negando, ella seguiría con esto y seguiría metida en mi oficina y no me dejaría seguir trabajando ¡Llevaba pocos meses aquí y ya estaba estresado!
Está… bien.
¿De verdad? —se separó de mi cuello al instante. La miré… se notaba emocionada.
—Sí. Pero ahora déjame trabajar… asintió con la cabeza, sonriendo —¿cuándo dijiste que era?
—Hoy a las once ¡pero llegaremos a eso de las ocho para ayudarla con todo esto de los invitados, las bebidas y ya sabes… TODO! —¿y yo por qué?... vaya lío.
Como quieras… —suspiré.
—Gracias, Bill —se agachó a mi altura y me besó. Segundos después se separó de mí y salió dando saltitos de mi oficina.
Me dejé caer sobre el escritorio. Vaya lío en el que me había metido ¡siempre me pasaban todas esas cosas! Tenía que aprender a no meterme con esta clase de personas. Y es que a veces puedo llegar a ser tan torpe.
—¿Bill? —me levanté tan rápido que me dolió la cabeza. Era una de las chicas que trabajaba en la recepción —¿estás bien?
Si… estoy un poco cansando, eso es todo —sonreí. Mónica me devolvió la sonrisa.
Pues… venía a preguntarte si querías que te trajera algo del buffet. ya es hora de almorzar —ni siquiera me había dado cuenta.
Amm… —comencé a buscar dinero en mis bolsillos —lo mismo de siempre, que sea lo mismo de siempre —le di el dinero.
—Ok, no tardaré.
Gracias, Mónica.
Y cerró la puerta.
Antes de seguir trabajando me puse a revisar en los cajones buscando algo para el dolor de cabeza… pero sólo encontré unas para el dolor de panza.
Realmente, no sabía en qué momento mi vida había comenzado a ser tan… aburrida y monótona. Siempre era lo mismo, todos los días. Trabajo, dormir, luego trabajo y volver a dormir y después más y más trabajo y a seguir durmiendo.
Incluso Tom y mamá se veían más felices que yo. Mis amigos seguían divirtiéndose… hacía dos meses más o menos que no iba a una fiesta o a un pub. Stella tenía razón: tenía que relajarme.
Me levanté del asiento y salí de la oficina. Hablaría con John sobre eso mis días libres y me tomaría unas vacaciones. Quería descasar, renovarme, pasarlo bien, estar más tiempo con mamá… y quizás conocer a alguna chica.

Siempre me ha quedado bien el rosa, ¿no Bill? —eran las ocho en punto e íbamos en camino a la fiesta.
—Sí —contesté sin mirarla. A ella todo le quedaba bien, todo lo que se ponía era pequeño y con escote.
—Lo sé. Es por aquí… —me señaló. Yo ya sabía dónde estaba el local, había ido otras veces.
No tardamos en llegar… Stella se bajó en cuanto aparqué. Su amiga estaba en la entrada del lugar, esperándola.
Demoré un poco en bajarme, sabía que ellas estarían gritando eufóricas por la emoción de la fiesta y todo eso. Es que ella eran Best friends for ever and ever, Stella me lo había repetido todo el viaje.
Me acerqué a Stella y a la chica del cumpleaños. A diferencia de Stella, la chica era más bajita, tenía el cabello rubio y ojos color verde. Aunque sus facciones no tenían comparación a las de Stella… la chica no era muy linda, en realidad.
Hol… —iba a felicitar a la chica esa por su cumpleaños, pero Stella me cortó.
Denisse, este es Bill. Bill, esta es Denisse y es la festejada de esta noche ¡Hoy es su cumpleaños! —me miró emocionada, casi dando saltitos. Stella era más joven que yo… había cumplido los dieciocho hacía tres meses, aunque parecía mayor.
—Feliz cumpleaños, Denisse —le sonreí. La sonrisa de la chica se ensanchó y sus ojos se achicaron hasta parecer pequeños hilos negros. Me encantaba la gente que se reía de esa manera. La chica tenía lo suyo…
—¡Gracias! —esperó un momento antes de seguir hablando —estaba viendo el tema de la música, quiero que sea perfecto. Ya sabes cómo son estos DJ’s que consigue mi padre.
Quiero que me enseñe lo que puede hacer antes de la fiesta… ¿me ayudas? —le preguntó a Stella.
—¡Claro! ¡Vamos, vamos! —entraron al local saltando como niñas. Dios… Stella podía ser muy madura para algunas cosas, pero seguía siendo una niñita histérica.
Ni siquiera sabía que era lo que yo estaba haciendo aquí. Me aburría.
Entré al local para ver si encontraba a alguien con quien conversar. Pero no había nadie ¡nadie! Todos eran del personal que arreglaba las luces y ese tipo de cosas. Me afirmé contra la pared y metí las manos en los bolsillos. No tendría que haber aceptado venir. No era justo… no sabía dónde estaba Stella y me estaba comenzando a aburrir.
¿A ti también te trajeron a la fuerza? —giré la cabeza de golpe al escuchar que alguien me hablaba. Era un chico… y digo chico porque no debería de tener más de dieciocho años. Se notaba aburrido, con sueño, cansado.
—Algo así —contesté.
Mi novia me obligó a acompañarla y no sé dónde está ahora… —se acercó a mi lado y se afirmó en la pared. Al menos ya tenía a alguien con quien conversar.
Estuvimos hablando alrededor de dos horas sobre estupideces, como coches, chicas y ese tipo de cosas de las que todo el mundo se entera, como los deportes. Él estuvo largo rato hablándome sobre Cristina, su novia. Él estaba enamorado y bajo mi juicio y mi interpretación de todos sus gestos la quería de verdad. Yo le conté también un poco sobre Stella, como la había conocido y todo eso, aunque básicamente ella y yo éramos algo así como amigos. Tampoco es que me interesara ser su novio. No había vuelto a tener novia desde que Meer se había ido.
Y nuevamente pensando en Meer. No tenía idea de que me pasaba últimamente que la recordaba más de lo normal. Quizás era eso del sueño, no lo sé.
¡Bill, Bill! —mire en la dirección de grito. Stella venía con el ceño fruncido y dando fuertes patadas al piso —¡quiero que nos vayamos de aquí! ¡ahora mismo! ¡no aguanto un minuto más en este lugar! —¿Y ahora que le había pasado? Pff, de seguro se había peleado con alguna de sus amigas. Stella siempre empezaba peleas y ese tipo de cosas. Era lo que yo más odiaba de ella. En realidad, lo que más odiaba en las chicas. No me gustaba verlas pelear o insultar… Lo encontraba del todo vulgar y fuera de lugar.
—¿Qué pasó? —pregunté cansando.
—¡Peleamos! —¡Y eso era tan obvio! me tomó del brazo y comenzó a caminar conmigo hasta la puerta. Le hice un gesto de despedida al chico ese con el que había estado conversando. Stella era una desubicada… me hacía traerla hasta aquí para nada. ¡Me había insistido toda la semana para venir a esta fiesta y ahora se quería ir!
Me subí al coche y cerré la puerta de golpe. Estaba enojado. Nunca volvería a hacerle caso a Stella respecto a algo así. Ya estaba cansado de sus estupideces, sus peleas y sus pataletas.
Encendí el motor… o al menos intenté hacerlo, pero no encendió. Volví a intentarlo, pero nada. Algo pasaba.
Luego de un par de minutos escuchando las quejas de mi acompañante, caí en la cuenta de que había dejado encendidas las luces. No podía ser… batería descargada y yo aquí con esta loca que me tenía los oídos agonizando.
No dudé en tomar el móvil y marcarle a Tom… Tuve que intentar tres veces, hasta que contestó.
¿Cómo está la f…?
—Necesito que vengas a buscarnos —lo corté.
—¿Qué pasó? —rió burlón.
Te explico luego, necesito que vengas.
Ok, ok… pero no te alteres, no te enojes —¿cómo no me iba a alterar con esa cotorra al lado? que Denisse le había dicho tal cosa y ella le había contestado no sé qué… —pensé que habían ido en tu coche.
Estoy en mi coche, lo malo es que no anda…
Humm… ya veo. Tengo pasar antes donde mamá para dejarle unas cosas que me pidió. Pero no me demoro nada… estoy allá en media hora.
—En veinte —dije con tono de voz suplicante. Miré a Stella, que había cerrado la boca de golpe.
—Trataré —corté. Stella volvió a abrir la boca para seguir quejándose y todo eso, pero yo la interrumpí antes de que pudiera hablar.
—No le des importancia… deja el tema —me miró como si yo fuese el loco. Fue cambiando su expresión poco a poco. Hasta quedar con una sonrisa en el rostro.
—Está bien —se mordió el labio inferior aun sonriendo —¿y qué quieres hacer por mientras? —me encogí de hombros. Mire hacia la entrada del local, varias personas iban llegando y la música ya había comenzado sonar a todo volumen.
—Ven aquí, no seas tontito —tomó mi cara con una de sus manos y la giró para poder alcanzar mis labios.
Esto era lo único que podía rescatar de esta chica. 




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