14 febrero, 2013

1000 Meere /Capítulo 42



































CAPITULO 42

Bajé las escaleras a la velocidad de la luz. Iba a llegar tarde a casa de Simone y eso no podía ser. Ya se me habían pasado cinco minutos… necesitaba ser puntual. Simone no se enojaría, Bill tampoco… ni Tom. Pero quería hacer las cosas bien.
Me cogí del borde de la escalera ya que me resbalé un poco y retomé mi carrera.
Me acerqué a la puerta, cogí la manilla, la giré… y justo en ese momento…
¡Meer! me gritó mi madre desde la cocina. Me quedé en silencio esperando a ver que quería esa mujer ahora… ¡despídete de Siomone y avísale a los Kaulitz que ya no trabajarás más!
¿Qué? 
Salí de la casa rápidamente cerré la puerta sin contestar. Yo no iba a renunciar a mi trabajo, no lo iba a hacer por ella.
El sol me dio directo a los ojos, por lo que me vi obligada a entrecerrarlos… Comencé a caminar hacia la casa vecina a paso rápido. 
Piqué al timbre nada más situarme frente a la puerta. Y en una par de segundos esta se abrió. 
¡Mi amor! una enorme sonrisa se dibujó en mi rostro al escuchar esa voz. En ese instante mis ojos se toparon con un par color miel, que sinceramente, me volvía loca. 
¡Bill! —me lancé a sus brazos y junté nuestro labios en un pequeño y fugaz beso. Me separé de él un poco, pero aun teniendo mis brazos detrás de su cabeza. Él me cogía por la cintura, acercando mi cuerpo al suyo. 
¿Cómo estás, mi vida? me preguntó muy cerca de mí. Nuestras narices estaban a escasos milímetros de distancia. 
Bien ¿qué haces aquí tan temprano? 
Quería verte… lo besé nuevamente y lo empujé un poco para entrar dentro de la casa. Cerré la puerta tras de mi me tomé el día libre. 
Que bien.
Y… tienes permiso por hoy tú también. No trabajarás murmuró. Yo lo miré con algo de incredulidad.
¿Me estás dando el día libre?
Con la única condición de que no te despegues de mi… 
Trato hechoBill sonrió y volvió a juntar nuestros labios. 
Mery…
¿Uhmm?
Anoche encontré una caja con unas cuantas cosas… que me gustaría mostrarte… —se separó de mi, pero me mantuvo abrasada.
¿Qué cosas? le pregunté. Bill negó con la cabeza.
Te las mostraré me sonrió. Yo asentí con la cabeza, entonces él me cogió de la mano y comenzó a subir las escaleras… yo iba junto a él.
Entramos en su antigua habitación, y enseguida pude darme cuenta que sobre la cama había una pequeña caja. 
Bill me guio hasta quedar sentados en el borde de esta, con la caja a sólo unos centímetros de nosotros.
¿Qué es? le pregunté mientras veía como cogía la caja y la comenzaba a abrir.
Ya verás… —me la tendió abierta. No dudé un segundo en cogerla y apoyarla sobre mis piernas, para luego ver en su interior. Todo estaba negro y parecía no haber nada allí.
Mmm… me mordí los labios y metí la mano dentro de la caja. Pude tocar unos cuantos papeles perfectamente ordenados. Los tomé con suma delicadeza y los saqué de allí cuidando de no desordenarlos. Un papel más pequeño se deslizó y calló sobre la cama. Bill quitó la caja de mis piernas y la dejó caer a un lado, en el suelo. 
Estiré mi mano para coger el pequeño papel… 
Ahí, con una letra algo deforme y con un lápiz de tinta color negro, estaba escrito: 
Te amo
Recuérdalo siempre
Meer. 

Una sonrisa se dibujó en mi rostro y miré a Bill. 
Wow… Recuerdo cuando escribí esto… murmuré. Luego me eché a reír y que letra más fea.
No está fea, amor… resoplé ¿recuerdas lo que hicimos ese mismo día, unos minutos después? me quedé sin cambiar de expresión durante unos segundos, pensando. Hasta que logré reaccionar y dejando que un “¡Ah!” se escapara entre mis labios. Puse mi mano frente a mí y miré las fotos…
Si, fotos.
La primera, y la que estaba viendo, era una de nosotros dos… besándonos. En esa época en que éramos más pequeños. Me pareció algo sumamente tierno ¿quién iba a imaginar que luego íbamos a volver a estar juntos tres años después? le dirigí una fugaz mirada a mi novio, estaba sonriendo de medio lado.
Pasé a la siguiente, era una mía… y estaba dormida. Dios que cara la que tenía. A parte de lo horrorosamente fea que me veía, tenía un rostro similar al de un niño de tres años… o mejor dicho, una niña de tres años. 
La siguiente, era más de lo mismo. Otra foto mía. Sólo que esta vez despierta y en el antiguo coche de Bill, mirando por la ventanilla. 
Esas dos fotos mías se me hacían familiares, pues las había visto antes…
Pasé a la siguiente, la última.
Bill y yo sonriendo. Él se veía hermoso.
Recordaba cuando nos habíamos hecho esas fotos, con esa cámara que estaba en su mesita de noche. Poco, muy poco tiempo antes de que yo me fuera a América por culpa de mi madre…
Y eso me llevó a pensar en el hecho de que mi madre sabía que yo estaba con Bill… en que nos podía separar. En que ella pudiese hacer lo que se le antojase conmigo… aunque yo no se lo permitiera. 
Suspiré.
¿Pasa algo? me preguntó Bill con una voz extremadamente suave. Negué con la cabeza, no sabía si contarle lo que ocurría o guardármelo  sé que pasa algo, Mery… puedes contármelo.
Tengo miedo susurré. Él se acercó más a mí y levantó mi rostro con una de sus manos, obligándome a mirarle directamente a sus hermosos ojos…
¿De qué tienes miedo, princesa? “Princesa…” Debatí internamente durante una milésima de segundo…
De que nos separen murmuré, mientras bajaba la mirada.
¿Separarnos? eso nunca, mi amor… eso no va a ocurrir jamás soltó mi rostro y me rodeó con sus brazos, dejando caer su cabeza sobre la mía… me hundí en su cuello… aspiré su olor que tanto me gustaba. 
Mi mamá sabe todo… 
¿Qué? pude distinguir una leve nota de desesperación en su voz. Él la había intentado disimular.
Nos vio Bill se quedó en silencio. 
Esto era similar al fin del mundo.
No te preocupes… ella no hará nada. 
Me dijo que no te tenía que ver más susurré pero yo no puedo separarme de ti. 
Nadie te va a separar de mí nunca, Mery. No lo voy a permitir.
¿Lo prometes?
Lo prometo. 

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