18 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 26



















CAPITULO 26


—Chicos, quiero ir a saludar a su madre —y justo ahora se le tenía que ocurrir. A demás, mi madre odiaba a Stella. Oh, no…
—No creo que sea buena idea —hablé. Quería dejarla luego en su casa, para deshacerme del problema. Después  vería si hacía algo respecto a esto o no.
—¡Ay!, pero si me cae tan bien. Simone es lo mejor, la quiero saludar —insistió. Miré a Tom, interrogándolo con la mirada. Tom terminó por asentir con la cabeza.
—Iremos, pero sólo serán quince minutos, luego te llevamos a tu casa ¿sí? —le hablé, sin mirarla.
—De acuerdo —nos bajamos del coche. Cerré la puerta y comencé a caminar hacia la casa de mamá. Meer que acababa de picar al timbre. Me fijé en su cuerpo y casi me da un infarto. Imposible…
¿Desde cuándo Meer tenía caderas? ¡y trasero! ¿cuándo había aparecido esa estrecha cintura?... ¿Y en qué momento había crecido su parte delantera?. La observé de pies a cabeza, aguantando la respiración. Incluso la noté mucho más alta. Esto no era posible. Estaba… estaba incluso más buena que Stella.
Me sentí culpable al dejar que ese tipo de pensamientos inundaran mi mente. Se trataba de Meer, era… la pequeña Meer ¿Cómo podía pensar estas cosas? ¡pero es que se me hacía imposible no verla de la manera en que la estaba viendo! Antes la miraba con otros ojos… ahora sentía cierta atracción física hacia ella y eso me ponía incómodo.
Aparté la vista de golpe.
Cuando volví a mirar hacia la puerta, Meer estaba entrando en la casa.
—¡Simoooone! —chilló Stella al llegar a la puerta. Abrió los brazos y abrazó a mi madre… Ella nos miró por detrás, riéndose y asesinándonos con los ojos por haber traído a Stella.
—Hola… —le devolvió el saludo, separándose de la chica. Stella empujó a mamá y entró en la casa chillando: —¿dónde es la fiesta? —con esas actitudes le caía peor a mi madre.
—Hola, má —la besé en la mejilla.
—¿Por qué la trajiste? —susurró.
—Ella insistió, lo siento —le dije en el mismo tono.
—¿Ya te diste cuenta de quién es mi invitada especial? —lo dijo con un tono que no me gustó para nada. Se estaba burlando de mí.
—Sí, la verdad no es que pase muy desapercibida para mi ¿sabes? —contesté para luego dar por finalizada nuestra mini-charla, pasando a la casa. Me fijé en que Meer y su madre estaban sentadas en el sillón grande. La mujer tomaba la mano de Meer… oh, genial… hora se llevaban bien. Y yo que tanto rencor le tenía a esa mujer por separarnos.
Me di cuenta de que me había equivocado cuando Meer miró con asco a su madre y apartó la mano. Y aunque en el fondo me gustó lo que había hecho… no me había agradado su actitud.
Tom entró y mamá cerró la puerta. Lo único que quería era llevarme a Stella de allí.
Juro que no tenía ganas de saludar a la madre de Meer, pero al ver la forma en como me miraba, decidí hacerlo… para que después no se quejara de lo poco educado que era.
—Hola.
—Hola, un gusto, soy Stella —habló enseguida, comenzado a avanzar hacia donde esas dos se encontraban.
—Hola —nos contestó. La mujer clavó sus ojos en mí, mirándome con rabia… y luego se acercó al oído de Meer. Le dijo algo. Meer reaccionó apartándose de ella con el ceño fruncido y la vista clavada en sus manos. Stella saludó a la madre de Meer con un beso en la mejilla. Diu.
Mi madre con Tom, Stella y esa mujer ya habían comenzando una conversación que no me interesaba, cuando Meer se levantó del sillón y mirando sus pies se dirigió hacia las escaleras. No podía quitarle los ojos de encima.
—¿A dónde vas? —le preguntó la que se hacía llamar su madre, de manera brusca. Meer se detuvo un momento.
—Al baño ¿o es que necesito tu permiso para hacerlo? —le contestó cortante, para luego retomar su camino. Dio media vuelta al llegar a los pies de la escalera… me miró. Tragué saliva. Estaba comenzando a pensar que estos tres años si la habían favorecido… al menos físicamente hablando. Estaba hermosa.
Miré del todo concentrado como ella alzaba la mano, me hacía una seña de despedida, sonriéndome, y luego… como si se tratara de una suave brisa, se deslizaba rápidamente hacia el ventanal que daba hacia el patio, lo habría, salía afuera, lo cerraba… y desaparecía.
—Pondré más lugares en la mesa, para que cenemos todos —dijo mamá, no muy convencida, entrando en la cocina. Sé que habíamos sido un inconveniente para esta cena que ella misma había planeado para recibir a Meer. Y quería irme cuanto antes pero… pero… vale, no quería. Deseaba quedarme aquí para poder mirar un poco más a Meer, que estaba en el patio trasero. Tenía gana de analizar su actitud y ver si de aquí a la noche dejaba de hacer ese papel de “mala”. Quería ver a la Meer que yo había conocido.
—Te ayudo… —la madre de Meer se dirigió hacia la cocina. Mire a Tom y este se acercó a mí. Busqué a Stella con la mirada, estaba lo bastante lejos mirando unos adornos de mamá como para que Tom y yo pudiésemos conversar.
—¿De verdad es Meer? —pregunté algo inseguro.
—Pff, no seas tonto. Claro que es ella… con un buen trasero, pechos y ese humor de perros que tiene… Pero en el fondo sigue siendo ese tallarín que tanto te gustaba —tragué saliva.
—No estoy bromeando, Tom —fruncí el ceño —es enserio… ¿cómo es que llegó aquí? —se encogió de hombros.
—Según me dijo, la expulsaron de la escuela por pegarle a una chica —abrí los ojos como platos ¿pegarle a una chica? ¿Meer?. No, no… a lo mejor había un error, Tom había escuchado mal. Meer no era capaz de pegarle a una chica —créelo, es cierto. Lo escuché de su boca… y espero que la tuya no se abra y no le cuentes que te lo dije.
—Claro que no... ¿Cuándo llegó? —Tom se encogió de hombros.
—No tengo idea.
—¡Chicos, ¿qué hablan sin mí?! —se acercó Stella a nosotros. Ya estaba decidido, en cuanto acabara la cena la llevaba a su casa ¡Sí que cenábamos tarde! seguramente la comida se había retrasado por el jugo que faltaba. Ése que mamá le había pedido a Meer que comprara.
—No es nada, Stella —le sonrió Tom. Mamá y esa mujer saliendo de la cocina con tres platos más, y tres cubiertos y todo lo que se necesitaba para poner tres lugares más en la mesa.
—¿Por qué Meer no baja? ¿podrías buscarla Stella? —habló la mujer esa. Helena asintió y se fue escaleras arriba gritando el nombre de la chica.
Tom y yo las ayudamos a acomodar las cosas.
—No está —llegó agitada.
—Yo la vi ir al patio… quizás sigue allí —le dije tranquilamente, mientras me sentaba a la mesa. Estaba ansioso ante la llegada de Meer. Stella se dirigió hacia el patio.
Mientras, todos se estaban acomodando en la mesa. Sólo faltaban ellas dos.
—Tampoco está en el patio ¿están seguros de que no se fue? —volvió a entrar en el comedor. Bien… Meer se había escapado. Oh, claro, si hasta se había despedido de mí.
Mi madre y la suyo comenzaron buscarla por toda la casa, retrasando aún más la cena. Pero al no encontrarla comenzaron a preocuparse. Según entendí, su madre no tenía su número de móvil… eso era genial.
Nos hicieron levantarnos a nosotros para buscarla en los alrededores de la casa e incluso su madre revisó su casa, a ver si es que estaba allí… pero nada. No había rastros de Meer. Y a decir verdad, yo también me estaba preocupando. Ya era de noche… y estando sola en la calle a estas horas, cualquier cosa podía pasarle.
Salimos todos en el coche de Tom a buscarla, incluso mi madre. Estuvimos alrededor de una hora pasando una y otra vez por las calles de los alrededores. Pero no había señales de ella. Decidimos que podíamos ir a dejar a Stella a su casa, para que dejara de molestar y luego iríamos a ver mi coche. Ya que si yo la buscaba aparte, había más probabilidades de encontrarla.
Mágicamente el coche funcionó en cuanto Tom lo puso en marcha. Se burló de mí un buen rato, pero yo no le presté atención… estaba preocupado por Meer y nada más que eso cabía en mi cabeza en este momento. Me llevé a mi madre y a la madre de Meer en mi coche… Ellas me obligaron a llevarlas a casa, para ver si la chica había regresado. Pero no. Entonces a la madre de Meer se le ocurrió la genial idea de llevarse a mamá en el coche de su esposo. Y así seríamos tres lo que buscaríamos a la fugitiva. Mamá podrí haber tomado su mismo vehículo, pero estaba seguro de que se le hacía más cómodo ir con esa mujer… para no andar sola.

Dieron las doce de la noche y no había señales. Yo me preocupaba más a cada minuto que pasaba.
Apreté el volante con fuerza y tragué saliva… seguía manejando despacio, mirando hacia todos lados, buscándola.
Aún no asimilaba muy bien el hecho de que Meer estuviese de vuelta. Y mucho menos que ella hubiese cambiado tanto. Tenía un rostro diferente, un cuerpo diferente… pero eso era nada en comparación al gran cambio en su actitud.
Me pregunté si seguiría queriéndome… y no sé por qué me lo pregunté si luego no quise pensar en una posible respuesta. Yo no sabía qué hacer, o que decirle… la había extrañado, sí. Pero no sabía si decírselo… quizás, darle un abrazo o no lo sé. Podríamos salir a tomar algo y luego hablar y… ser amigos. Es que esto era tan difícil para mí. Nunca me había pasado algo similar por lo que no tenía idea de cómo comportarme. En el fondo, yo sabía que lo único que quería era que Meer siguiera queriéndome como antes, pero no podía aceptarlo. Además su comportamiento no me agradaba del todo. La Meer de antes era mucho más dulce. O a lo mejor… esta Meer también era dulce, pero no lo demostraba ¡se me hacía tan difícil comprenderla! ¿Por qué se ponía así, tan a la defensiva? si se comportaba de esa manera siempre me costaría mucho volver a hablarle.
Suspiré. Aun así, con cambio y todo… seguía siendo Meer. Esa niña que yo tanto había querido hacía unos años, la que tanto había extrañado. Me dolía haber perdido a la pequeña de catorce años, de rostro angelical y finas facciones de niña. Sentía que… la pequeña y la de ahora eran diferentes personas. Y… yo quería a la anterior, no a esta Meer. La Meer de hacía unos años era mi Mery. Ahora sólo era una agresiva y malhumorada Meer que estaba buena. Me hubiese gustado verla crecer.
Miré la hora: eran la doce y media y aún no recibía noticias. Llamé a Tom para preguntarle, pero nada. Meer aún no aparecía. A demás, la ciudad era grande y ella podría estar en cualquier parte. Ya había tenido el tiempo suficiente como para movilizarse hacia cualquier parte de la ciudad.
Recordé cuando, hace tiempo, habíamos pasado por estas mismas calles en mi coche anterior… en unos de esos días en que salíamos por la noche sólo a dar vueltas y a mirar la ciudad mientras escuchábamos música. Esos eran los mejores días. Me estremecí. Ahora que ella estaba aquí se me venían todos los recuerdos a la cabeza. Quise tener nuevamente diecinueve, deseé volver el tiempo atrás… para poder vivirlo todo de nuevo. Para poder tener nuevamente a era pequeñita frágil entre mis brazos, para poder besarla de nuevo… poder decirle cuanto la quería. Quería Mery, sólo a ella.

Volví a mirar la hora… ya había pasado la una de la madrugada y Meer no aparecía. Si era necesario me quedaba toda la noche buscándola, pero teníamos que encontrarla.
Quizás si hablábamos un poco y ella no se comportaba así… podíamos llevarnos bien o que se yo. Lo que tenía muy claro era que no volvería a ser como antes. Y aunque me doliera el pecho de sólo pensarlo, era la verdad y lo tenía que aceptar. Meer estaba más grande, yo también… y habíamos cambiado. No podía pretender que todo siguiera como antes, no podía pensar que ella vendría corriendo a mis brazos para decirme todo lo que me había extrañado… yo tampoco lo haría. Había pasado mucho tiempo desde lo nuestro. Ya nada era igual. Incluso los sentimientos habían cambiado.

Eran cerca de las dos. De decidí llamar a Tom para preguntarle si había alguna noticia del paradero de Meer.
—¿Hola? —contestó.
—Tom, ¿hay noticias sobre Meer? —estaba ansioso.
—Yo la tengo, digo, la encontré —solté todo el aire de mis pulmones, aliviado.
—¿Dónde estaba?
—En un parque —¿qué hacía Meer en un parque? con el frío que hacía…
—Llévala a su casa enseguida.
—Sí, voy para allá.
—Ok, le avisaré a mamá para que regresen ellas también.
—¿Cómo?
—Que le voy a avisar a mamá para que regresen ella y esa mujer —le dije como si fuese lo más obvio del mundo.
—¿Y entonces dónde están?
—No lo sé ¿buscando a Meer? —¿acaso no era obvio?
—¿Por qué mierda se separaron? —preguntó algo enojado.
—De a tres separado se busca mejor, Tom —le espeté.
—Siento no ser adivino —resoplé —¿dónde estás?
—No lo sé, voy de vuelta a la casa de mamá, quiero hablar con Meer… —estaba nervioso —por cierto... ¿qué pasó?
—No era nada —habló rápidamente. Seguro Meer estaba escuchando la conversación. Estaba seguro que luego Tom me contaría todo con más de talle.
—¿Y dónde estaba…?
—Ya te lo dije —oh, cierto… en un parque, lo había olvidado.
—¿Está bien? —esa era la pregunta más importante.
—Sí, está bien —solté todo el aire de mis pulmones, aliviado.
—¿Por qué… se fue?
—No me lo dijo.
—¡Pero, Tom! —me quejé. Quería saberlo, tenía la duda…
—¿Y cómo quieres que lo sepa? —¡Pff! —mejor hablamos luego.
—Apresúrate.
—Sí, voy yendo hacia allá.
—Rápido —corté la llamada. Ahora llamaría a mamá para avisarle.
Vi el coche de Tom aparcado frente a nuestra casa, digo, la casa de mamá. Me sentí nervioso al pensar que Meer ya había llegado y que ahora yo iba a hablar con ella. Detuve rápidamente el vehículo. Mire a mi hermano y a Meer durante un momento. Wow, sí que estaba alta… Me mordí el labio inferior, nervioso y me bajé.
Caminé despacio hacia ellos, reprimiendo todas las ganas que tenía de correr hacia Meer y abrazarla como antes, sintiéndome la persona más torpe del planeta y con el corazón a mil por hora en mi pecho.







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