CAPITULO
9
Abrí los ojos con fuerza de voluntad… Mi móvil estaba sonando por el despertador, justo bajo mi almohada.
Levanté un poco la vista para reaccionar y me encontré abrazando a Meer por su espalda. Una de mis manos estaba abrazada a su vientre y las de ella la tomaban firmemente ahí.
No tengo idea de cómo pudimos llegar a esa situación. Pero por muy linda, tierna y agradable que hubiese sido, no estaba bien. Así que me aparté.
Me puse de pie y apagué la alarma. Tambaleé cuando me dirigí al baño. Me mojé la cara y salí de ahí.
Escuché ruidos desde la cocina por lo que supuse que mamá ya había despertado. Bajé a verla y luego de una extensa interrogación y de que ella perdiera los nervios un par de veces, me dijo que ya había llamado a casa de Meer, pero que no le habían contestado, así que todo estaba bien. No me dejó ir, obviamente, sin antes amenazarme con decirle todo lo que ocurría a la madre de Meer si esto volvía a suceder.
Me vestí, maquillé y todas las
cosas que hacía antes de salir de casa.
Volví a mi habitación.
—Meer, Meer. Vamos Meer, despierta, preciosa —le dije con un tono suave, moviendo su hombro. Ella se alejó y se pegó aún más a las sabanas —llegarás tarde a la escuela, levántate… —soltó un gruñido.
Pero en fracción de segundos, sus ojos se abrieron de golpe. Se sentó en la cama y quedó mirándome aun mareada.
—¿Qué hago aquí? —la voz le salió algo ronca. Miró a su alrededor, estaba perdida
—Ayer te dormiste…
Volví a mi habitación.
—Meer, Meer. Vamos Meer, despierta, preciosa —le dije con un tono suave, moviendo su hombro. Ella se alejó y se pegó aún más a las sabanas —llegarás tarde a la escuela, levántate… —soltó un gruñido.
Pero en fracción de segundos, sus ojos se abrieron de golpe. Se sentó en la cama y quedó mirándome aun mareada.
—¿Qué hago aquí? —la voz le salió algo ronca. Miró a su alrededor, estaba perdida
—Ayer te dormiste…
—¡Pero mi madre! ¿Qué va a decir?
¡Me va a castigar o quién sabe, algo peor! ¿Por qué no me despertaste? —me
gritó agudamente haciéndome retumbar los oídos. Se puso de pie en la misma cama
y luego intentó bajar. Yo al tomé de un brazo y la ayudé.
Se agachó quien sabe para qué, pero la tomé del brazo. Su rostro expresaba pánico.
—No te preocupes, niña —dije divertido —tu madre aún no llega.
—¿Y tú como sabes eso? —me preguntó. Pequeña y preguntona. Que linda era.
—Mi madre la llamó hace un rato para avisarle que estabas aquí, pero no contestó nadie —me encogí de hombros.
Me quedó mirando un buen rato. Luego se agachó y buscó sus zapatos para ponérselos.
—¿Cuándo despertaste? —me preguntó.
—Hace un rato… hoy entro temprano. Si quieres te llevo a la escuela, me queda cerca —terminó de ponerse sus zapatos y me miró. Yo le sonreí
—Vale, me iré a cambiar de ropa —salió de la habitación rápido.
Yo iba tras ella. Bajamos las escaleras y pasamos frente a la cocina. Mi madre estaba allí. Meer se acercó a ella y la saludó. Le ofreció un desayuno contundente pero le dije que estaba apurada.
—Te esperaré en el coche en un rato —le dije antes de que se fuera.
Se agachó quien sabe para qué, pero la tomé del brazo. Su rostro expresaba pánico.
—No te preocupes, niña —dije divertido —tu madre aún no llega.
—¿Y tú como sabes eso? —me preguntó. Pequeña y preguntona. Que linda era.
—Mi madre la llamó hace un rato para avisarle que estabas aquí, pero no contestó nadie —me encogí de hombros.
Me quedó mirando un buen rato. Luego se agachó y buscó sus zapatos para ponérselos.
—¿Cuándo despertaste? —me preguntó.
—Hace un rato… hoy entro temprano. Si quieres te llevo a la escuela, me queda cerca —terminó de ponerse sus zapatos y me miró. Yo le sonreí
—Vale, me iré a cambiar de ropa —salió de la habitación rápido.
Yo iba tras ella. Bajamos las escaleras y pasamos frente a la cocina. Mi madre estaba allí. Meer se acercó a ella y la saludó. Le ofreció un desayuno contundente pero le dije que estaba apurada.
—Te esperaré en el coche en un rato —le dije antes de que se fuera.
Ella solo asintió. Y cerró la
puerta.
Yo me senté en la mesa, justo en
el puesto que mamá había preparado para mí.
—¿Qué crees que haces Bill? —cuestionó mi madre.
—¿Qué crees que haces Bill? —cuestionó mi madre.
—No es nada, mamá —me encogí de
hombros.
—Eso espero, no quiero que te metas en problemas, recuerda lo que hablamos hace un rato —me dijo pasándome un tazón con agua caliente para mi café.
Tomé desayuno y luego salí a mi auto. Allí estaba Meer con los brazos cruzados esperándome. Por lo que fui directo a dejarla a su escuela.
—Eso espero, no quiero que te metas en problemas, recuerda lo que hablamos hace un rato —me dijo pasándome un tazón con agua caliente para mi café.
Tomé desayuno y luego salí a mi auto. Allí estaba Meer con los brazos cruzados esperándome. Por lo que fui directo a dejarla a su escuela.
Esta semana pasó como un flash.
Fue tranquila… Yo iba a dejar a Meer la mayoría de los días y los jueves la
traía de vuelta a casa. Porque yo salía más temprano de la universidad.
Esa pequeñita seguía con su tal novio que ni idea como se llamaba. Pero no los había visto jamás juntos. Era mejor así.
Todos los días me asomaba por la ventana en el horario que coincidíamos y estaba ahí. La pobre no tenía nada más que hacer en su casa. Su madre siempre la apresaba en su habitación para ella poder estar a solas con su variedad de novios. Todos los días uno distinto. La impresión que yo tenía hacia esa mujer era de pena, pero a la vez… no lo sé. Jamás se lo diría a Meer, se pondría mal. Es su madre y ella la quiere a pesar de todo ¿No?
Cada día me amarraba un poco más a esa niñita. Me gustaba consentirla y molestarla hasta que se sonrojara. Nuestras miradas de vez en cuando chocaban y yo sentía un sonoro crack en el corazón.
Tom me molestaba cada vez más. Le pedí por favor que no le contara nada a Andreas. De seguro él me mosquearía por lo de la apuesta y eso. Le tuve que decir lo del beso. Somos hermanos y jamás lo he ocultado algo. A demás… no fue un beso completamente. Había sido una presión, un rose. Pero vaya que me gustó.
Que hasta creo que lo volvería hacer.
Esa pequeñita seguía con su tal novio que ni idea como se llamaba. Pero no los había visto jamás juntos. Era mejor así.
Todos los días me asomaba por la ventana en el horario que coincidíamos y estaba ahí. La pobre no tenía nada más que hacer en su casa. Su madre siempre la apresaba en su habitación para ella poder estar a solas con su variedad de novios. Todos los días uno distinto. La impresión que yo tenía hacia esa mujer era de pena, pero a la vez… no lo sé. Jamás se lo diría a Meer, se pondría mal. Es su madre y ella la quiere a pesar de todo ¿No?
Cada día me amarraba un poco más a esa niñita. Me gustaba consentirla y molestarla hasta que se sonrojara. Nuestras miradas de vez en cuando chocaban y yo sentía un sonoro crack en el corazón.
Tom me molestaba cada vez más. Le pedí por favor que no le contara nada a Andreas. De seguro él me mosquearía por lo de la apuesta y eso. Le tuve que decir lo del beso. Somos hermanos y jamás lo he ocultado algo. A demás… no fue un beso completamente. Había sido una presión, un rose. Pero vaya que me gustó.
Que hasta creo que lo volvería hacer.
Para este fin de semana Meer tenía
una fiesta organizada por su escuela. Vaya… aún recuerdo esas fiestas de pequeños.
Para mí eran lo máximo… en esos tiempos no tenía idea de las fiestas universitarias.
Recuerdo que en esos años yo me las daba de conquistador con las chicas de mi edad.
Oh no… Meer ¿Y si alguien intentaba aprovecharse de ella? ¿Y si su tal novio se intentaba propasar con ella? Si alguien se atrevía a ponerle una mano encima a mi pequeña de verdad se las vería conmigo.
Su madre conversó con la mía sobre eso y mi queridísima mamá, que ya había aceptado que Meer y yo éramos solo amigos, la convenció de que yo la fuera a dejar y a buscar y luego ella se quedara en mí casa.
La mamá de Meer lo pensó un momento, pero aceptó después de todo. Era mejor así. Yo me aseguraría de que no le pasara nada. Sería mi responsabilidad. Mi pequeña y preciosa responsabilidad.
Recuerdo que en esos años yo me las daba de conquistador con las chicas de mi edad.
Oh no… Meer ¿Y si alguien intentaba aprovecharse de ella? ¿Y si su tal novio se intentaba propasar con ella? Si alguien se atrevía a ponerle una mano encima a mi pequeña de verdad se las vería conmigo.
Su madre conversó con la mía sobre eso y mi queridísima mamá, que ya había aceptado que Meer y yo éramos solo amigos, la convenció de que yo la fuera a dejar y a buscar y luego ella se quedara en mí casa.
La mamá de Meer lo pensó un momento, pero aceptó después de todo. Era mejor así. Yo me aseguraría de que no le pasara nada. Sería mi responsabilidad. Mi pequeña y preciosa responsabilidad.
Era el momento de llevar a Meer a su fiesta. Tomé mi chaqueta, me perfumé un poco y salí al auto. Allí esperé un rato hasta que esta niñita se asomara.
De pronto sentí un portazo. Era ella cerrando la puerta de su casa.
Estaba hermosa. Jamás la había
visto tan arreglada. Se veía incluso más grande. Con esos tacones y esos pantalones
que resaltaban sus delicadas y extremadamente sutiles curvas.
Que estás pensando, Bill.
Sacudí mi cabeza y la volví a mirar. Antes de que se volteara se movió un poco a un lado y arrojó la llave por una ventanilla. Já, astuta.
Se giró para mirarme y se asustó. Frunció el ceño. Me comencé a reír, no puedo creer que Meer, esta niñita que parecía ser un angelito, fuese capaz de formular un plan tan inteligente para asegurar quedarse en la casa de su vecino, o sea yo.
Cuando me vio que sonreía ella también lo hizo y bordeó el auto para llegar a mi lado.
Se subió.
La miré con una mueca en el rostro. Estaba preciosa. Sus ojos… esas pestañas la resaltaban mucho y me encantaba. Se veía mucho más alineada. Y Argh… hermosa.
Me sonreía.
—¿Qué? Tenía que asegurarme —me dijo riendo fuerte después de mí.
—No tienes remedio —negué con la cabeza en forma de desaprobación, mientras seguía riendo. Y luego encendí el coche para ponerlo en marcha. La sonrisa aún seguía en su rostro y creo que también en el mío —que bonita estás —ella me miró y me guiñó un ojo. Vaya, eso no me lo esperaba.
—Yo siempre estoy bonita —eso tampoco me lo estaba esperando. Está muy coqueta. En signo de que quiere pasarlo bien esta noche. Espero que sea así y no le suceda nada malo.
—¿No se te queda nada? —le pregunté mientras doblaba la esquina de la cuadra. Ella comenzó a revisarse los bolsillos de su chaqueta —¿traes tu móvil? —se palpó donde yo supongo lo había dejado y asintió.
—Sí.
—¿Dinero para alguna emergencia? —buscó en sus bolsillos.
—Sí. No es tanto, pero sirve —se encogió de hombros.
—¿La entrada para el local?
—Sí.
—¿Las llaves?
—N… —la corté antes de que respondiera
—¡Ah! Si las tiraste por la ventana. A ver… se me hace que falta algo más —dije pensativo. La estaba comenzando a hostigar… —¿remedios para el dolor de cabeza?
—Bill, nadie leva eso a una fiesta…
—Es cierto ¿y tu identificación?
Que estás pensando, Bill.
Sacudí mi cabeza y la volví a mirar. Antes de que se volteara se movió un poco a un lado y arrojó la llave por una ventanilla. Já, astuta.
Se giró para mirarme y se asustó. Frunció el ceño. Me comencé a reír, no puedo creer que Meer, esta niñita que parecía ser un angelito, fuese capaz de formular un plan tan inteligente para asegurar quedarse en la casa de su vecino, o sea yo.
Cuando me vio que sonreía ella también lo hizo y bordeó el auto para llegar a mi lado.
Se subió.
La miré con una mueca en el rostro. Estaba preciosa. Sus ojos… esas pestañas la resaltaban mucho y me encantaba. Se veía mucho más alineada. Y Argh… hermosa.
Me sonreía.
—¿Qué? Tenía que asegurarme —me dijo riendo fuerte después de mí.
—No tienes remedio —negué con la cabeza en forma de desaprobación, mientras seguía riendo. Y luego encendí el coche para ponerlo en marcha. La sonrisa aún seguía en su rostro y creo que también en el mío —que bonita estás —ella me miró y me guiñó un ojo. Vaya, eso no me lo esperaba.
—Yo siempre estoy bonita —eso tampoco me lo estaba esperando. Está muy coqueta. En signo de que quiere pasarlo bien esta noche. Espero que sea así y no le suceda nada malo.
—¿No se te queda nada? —le pregunté mientras doblaba la esquina de la cuadra. Ella comenzó a revisarse los bolsillos de su chaqueta —¿traes tu móvil? —se palpó donde yo supongo lo había dejado y asintió.
—Sí.
—¿Dinero para alguna emergencia? —buscó en sus bolsillos.
—Sí. No es tanto, pero sirve —se encogió de hombros.
—¿La entrada para el local?
—Sí.
—¿Las llaves?
—N… —la corté antes de que respondiera
—¡Ah! Si las tiraste por la ventana. A ver… se me hace que falta algo más —dije pensativo. La estaba comenzando a hostigar… —¿remedios para el dolor de cabeza?
—Bill, nadie leva eso a una fiesta…
—Es cierto ¿y tu identificación?
—No eres mi madre, Bill —frunció
el ceño y me miró con enojo fingido… la situación era cómica para mí, pero creo
que ella ya estaba harta de tanta interrogación maternal.
—Bien, pero yo sólo te estaba
cuidando —me encogí de hombros.
—No es necesario, ya soy grande —se
intentó hacer la mayor acomodándose mejor en el asiento para parecer más alta,
pero conmigo no funcionó.
—Tienes razón, eres muy grande —dije
irónico. Ahora se cruzó de brazos y se dejó caer hasta la punta del asiento con
la boca estirada y el ceño fruncido —no te pongas así que quedarás chueca. —ella
puso cara de haber chupado un limón y se acomodó bien.
—Recuerda, no eres mi madre —puso
énfasis en las últimas cuatro palabras y miró hacia la ventana —es aquí —me
recordó. Yo detuve el coche.
—¿A qué hora vengo por ti? —le
pregunté.
—¿A qué hora puedes? —preguntó
ella mientras abría la puerta.
—A las… ¿doce?
—Una —puso un pie fuera del coche.
—¿Doce y media?
—Una y media —se bajó.
—Bien, una y media.
—Dos —dijo por último.
Yo le sonreí de medio lado aunque
no me parecía para nada buena la idea de que estuviera aquí sola con sus
amigotes. De todas formas pasaría por ella un poco antes.
Luego me hizo señas con la manito
delicada que tiene y yo le respondí para luego verla cerrar la puerta de mi
automóvil. La miré hasta que entró al local. De adentro se veían muchas luces y
esas cosas. Encendí el motor y cuando no pude verla más partí.
Ya está, era hora de ir a buscar a
la pequeña cenicienta. Eran exactamente las doce y media y ya me parecía lo
bastante prudente para ir a buscarla. A pesar de todo no creo que se moleste
porque vaya a por ella… es más, estoy seguro que le encantará verme otra vez.
Estaba a unas cuantas cuadras del lugar… yo me encontraba al frente de una plaza poco transitada. Bebía una soda y comía unas papas. Eso me mantenía ocupado. Miraba mi página web desde mi móvil y eso era lo único que necesitaba para mantenerme satisfecho.
Dejé todo en la pequeña cajuela que está al frente del asiento del copiloto y encendí el motor. Saqué mi automóvil del pequeño estacionamiento y comencé a hacerle quite a los demás autos de mi camino.
Ya no faltaba nada para llegar y no sé por qué razón mi estómago comenzó a hormiguear. Vería a mi princesita otra vez, así tan bella como cuando la dejé. Me imagino que apenas se movió. Pobre del chico que haya intentado bailar con ella. De seguro Meer lo había puesto en su lugar. Con alguna agresión física, supongo. ¿O sería así solo conmigo?
Me estacioné frente al local de los bebés. Cerré la puerta de mi coche y me eché la llave al bolsillo del saco.
Me dirigí a la entrada y vi que había guardias a ambos lados. Por lo menos esto era seguro. Les expliqué que venía a buscar a una pequeñita y no hicieron un escándalo por que habían visto cuando la había ido a dejar. Perfecto… les agradecí.
Entré y comencé a mirar a ambos lados… demonios no la veía por ningún lado. ¿Y si se había ido? ¿Y si le había pasado algo malo? Me retorcí al pensar que algo así pudiera haberle llegado a pasar a la pequeña.
Me adentré aún más en aquel espacio de baile y miré por sobre la cabeza de los niños… oh, mierda. ¡No, Meer!
Estaba a unas cuantas cuadras del lugar… yo me encontraba al frente de una plaza poco transitada. Bebía una soda y comía unas papas. Eso me mantenía ocupado. Miraba mi página web desde mi móvil y eso era lo único que necesitaba para mantenerme satisfecho.
Dejé todo en la pequeña cajuela que está al frente del asiento del copiloto y encendí el motor. Saqué mi automóvil del pequeño estacionamiento y comencé a hacerle quite a los demás autos de mi camino.
Ya no faltaba nada para llegar y no sé por qué razón mi estómago comenzó a hormiguear. Vería a mi princesita otra vez, así tan bella como cuando la dejé. Me imagino que apenas se movió. Pobre del chico que haya intentado bailar con ella. De seguro Meer lo había puesto en su lugar. Con alguna agresión física, supongo. ¿O sería así solo conmigo?
Me estacioné frente al local de los bebés. Cerré la puerta de mi coche y me eché la llave al bolsillo del saco.
Me dirigí a la entrada y vi que había guardias a ambos lados. Por lo menos esto era seguro. Les expliqué que venía a buscar a una pequeñita y no hicieron un escándalo por que habían visto cuando la había ido a dejar. Perfecto… les agradecí.
Entré y comencé a mirar a ambos lados… demonios no la veía por ningún lado. ¿Y si se había ido? ¿Y si le había pasado algo malo? Me retorcí al pensar que algo así pudiera haberle llegado a pasar a la pequeña.
Me adentré aún más en aquel espacio de baile y miré por sobre la cabeza de los niños… oh, mierda. ¡No, Meer!

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