19 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 62





















CAPITULO 62


No podíamos separarnos, no después de todo lo que habíamos pasado. No después de haber superado todos estos obstáculos. No ahora. No lo permitiría. El autobús ya se había ido, hace algunos minutos… y yo aún no podía reaccionar. Nunca creí capas a Mery de decirme algo así, de dejarme. Pero lo había hecho… y sin darme un buena explicación, además de es mejor para ti, para mi, que obviamente nada de cierto tenía. Esto no era lo mejor para mí, mucho menos lo mejor para ella. Nos amábamos… estar separados era… era… una tortura. La peor de todas. Me pasé la mano por los ojos e intenté huir de la mirada curiosa de una chica que había llegado a esperar el autobús. Tragué saliva costosamente… tenía la sensación de que seguiría soltando lágrimas, pero no quería hacerlo. Estaba en la calle, por Dios, no podía dar un espectáculo así. Metí las manos en los bolsillos y crucé, caminando lentamente, en una misión casi imposible, sentía que en cualquier momento caería al suelo. Me había quedado sin energías y ahora me encontraba débil.
Aún no lograba entender cómo es que Mery había querido que… termináramos lo nuestro. No voy a negar que los últimos meses fueron los peores de toda nuestra relación pero… también habíamos tenido buenos momentos. Meer había decidido darle punto final a esto tan hermoso que había surgido hacía ya varios años, siendo jóvenes. No era justo que tomara esa decisión sin preguntarme. Lo sé, fue mi error, todo es mi culpa… pero lo siento, lo siento mucho. Lo que yo menos quiero en el mundo es perderla. La amo. Y tengo que recuperarla. Tengo que seguir ese maldito autobús y…
Me di cuenta, de pronto, de que el autobús ya se había ido hace un buen rato. Sería estúpido seguirlo si se tomaba en cuenta en tráfico que había a esta hora… además, seguro Mery e Isabella se bajaban del autobús antes de que yo lograra encontrarlo. Pero volverían. Mery no llevaba consigo nada más que no fuese un pequeño bolso, el cual solía llevar a todas partes. Quizás habían salido a… a distraerse, o que se yo… a comprar algo. No planeaba esperarla aquí el resto del día, tampoco planeaba seguir el autobús… pero sí planeaba recuperarla. Voy a recuperarla, así tenga que arrodillarme y llorar como un crío, lo haré. Estoy dispuesto a humillarme, dejar mi orgullo de lado… es por ella, todo es por ella. Me vuelve loco es… es mi chica, mi obsesión, no puedo vivir si Mery no está conmigo. La necesito.
Meer Strauss es mi perdición.
Cerré la puerta con fuerza y me quité las lágrimas de los ojos con violencia. Necesitaba calmarme, aclarar mis ideas. Tenía… tenía que pensar algo rápido, algo que hiciera recapacitar a Mery. Encendí el motor y comencé a manejar casi en un trance. Quizás algo lindo, una sorpresa, un regalo. No, no… lo que necesitábamos era hablar, arreglar las cosas como los adultos que somos. Vaya adultos.
De alguna manera tengo que hacerla cambiar de opinión, tiene que darse cuenta de que dejar esto es un error. Hemos trabajado todo este tiempo para formar un sentimiento realmente fuerte entre nosotros, y no lo podemos dejar. Si tan sólo yo… agh, ya no hay vuelta atrás. Ya lo hice, sí, me comporté mal sin darme cuenta. Soy un tonto, o, es que tonto se queda corto ¡Soy más que un imbécil! tendría que haberle prestado más atención, haberle entregado más cariño, evitar las peleas… ¡tendría que haber recordado nuestro aniversario!
Mi vida se está yendo a la mierda.
Estacioné el coche afuera de la casa de mamá. Salí, cerré, y caminé a paso rápido hasta la puerta. Esta vez no cometí la estupidez de picar al timbre por el simple hecho de que yo también tenía la llave de esta casa y no me había dado cuenta. Abrí a puerta de golpe, pasé y le di un empujón para cerrarla. A juzgar por el silencio que llenaba el lugar deduje que ni mi madre, ni Gordon estaban aquí. Tom… quizás. Quizás estaba dormido. Algo me decía que estaba en esta casa. Subí las escaleras rápidamente y caminé directo a su habitación. La puerta estaba cerrada, no lo dudé y la abrí de golpe.
—¡Oh, qué mierda! —solté, al darme cuenta de la situación en que se encontraba. Uhg, lo mismo que antes… traía alguna chica a casa cuando no estaba mamá. Los ojos asustados de ambos se clavaron en mí. Cerré la puerta de golpe, y menos de medio segundo ya estaba cerrando la de mi habitación. Tom no estaba disponible para mí, tenía sexo con quien sabe que chica y yo necesitaba con urgencia sus “sabias palabras” de hermano, o al menos algún tipo de apoyo.
Me dejé caer en la cama boca abajo… y pensé. Pensé durante varios minutos la posibilidad de enviarle un mensaje a Mery. Pero acabé no haciéndolo, la dejaría tranquila… por algunas horas. Luego volvería a insistir, primero debía recuperar fuerzas e intentar no deshidratarme por los ojos.

—Hey… —lo miré. Tom acababa de entrar en la habitación —uh, que cara… —murmuró para sí mismo —adivino, tu Mery aún no quiere hablarte —se sentó a mi lado en la cama —¿qué, no es eso? —preguntó, seguramente al ver mi cara. Que iba de mal en peor —¿es que acaso…?
—Me dejó —me sorprendí al escuchar mi propia voz. Esta no era mi voz.
—Oh… —suspiré. Tom se había quedado sin palabras —pero se supone que ustedes se aman… —o tal vez no —son la pareja perfecta… o algo así —hizo comillas con los dedos —¿por qué?
—Piensa que es mejor para ambos —hablé con la voz entrecortada. Sentí como los ojos se me humedecía nuevamente. Tom resopló.
—A ver… hazme un espacio —me dio un leve empujó. Di media vuelta en la cama, quedando con el rostro totalmente expuesto. Tom se recostó a mi lado. Lo miré, el miraba el cielo de la habitación, con el ceño fruncido y expresión pensativa —ambos sabemos que no eres el gemelos más inteligente… —rolé los ojos —pero estoy seguro de que puedes solucionar esto. Porque… ¿quieres solucionarlo, verdad?
—Sí.
—Lo sabía —hizo una pausa —las chicas son extrañas, nunca he logrado entenderlas… seguro que algún bicho le picó a Meer, o es que aún está enojada por lo del aniversario, que tampoco es algo menor…
—No parecía enojada… —Tom se encogió de hombros.
—Tú la conoces mejor que yo —si, la conocía… mucho. No tanto como para entender que había pasado por su cabeza cuando decidió dejarme. Cualquier otra chica hubiese esperado a que le rogara por su perdón… cosa que yo estaba dispuesto hacer. Pero ella… ella…
—No sé qué hacer.
—Pues… entonces me veré en la obligación de darte el clásico consejo: —carraspeó —tienes que seguir a tu corazón.
—No lo sé, pero últimamente te volviste un asco con los consejos.


“Mery, no quiero terminar nuestra relación”, no… “Preciosa, no me hagas esto…”, agh, tampoco es lo indicado. “Mery, por favor no termines con todo esto que hemos creado… si es por haber olvidado…” Pff, peor. “¿De verdad quieres que terminemos?” ugh “¿Vas a dejarme?”, no… no, eso tampoco. Seguro algo se me va a ocurrir cuando la tenga en frente.
Bien, voy a presionar el timbre… lo hoy a hacer. No, no puedo.
Bill, no seas tonto, seguro ya pensó y recapacitó sobre esto… le di toda la noche. Tiene que haber aclarado sus ideas… al igual que yo.
Le di al timbre fugazmente, ya no podía arrepentirme. Tenía que pensar en mis palabras, en algo que la hiciera pensar mejor las cosas. Dios, estaba nervioso.
La puerta se abrió. Era Isabella.
—Bill… —murmuró, examinándome con la mirada.
—Hola, Isabella… —saludé, atragantándome con las palabras —busco a Mery —entrecerró los ojos. Su expresión no me agradó del todo.
—Meer no está aquí —hizo el ademán de cerrar la puerta, pero yo se lo impedí.
—Sé que está aquí, por favor… sólo quiero hablar, avísale que estoy aquí —suspiró, como si ya estuviese cansada de la situación que acababa de comenzar.
—Lo haría si pudiera —¿si pudiera?... ¿eso quería decir que Mery…?
—¿Dónde está? —pregunté sin rodeos. Isabella arrugó la nariz con cara de temer por mi reacción.
—No aquí, eso es seguro…
—Isabella… necesito saber dónde se encuentra —intenté, por todos mis medios, calmarme un poco. Estaba demasiado nervioso… y comenzaba a desesperarme.
—Bien, pasa —soltó con un suspiro, haciéndose a un lado en la puerta. Eso realmente me sorprendió. Examiné el lugar, buscando alguna señal de Mery… y pasé dentro. Era un departamento bastante pequeño, bien decorado… tenía su estilo, sí. Cerró la puerta tras mi paso y se acercó hacia uno de los dos sillones pequeños que tenía, se sentó. Seguí examinando el lugar, quizás Mery estaba en alguna de estas habitaciones…
—¿Y…?
—¿Quieres sentarte? —me invitó, señalando el otro sillón.
—Estoy bien —negué. Sólo venía a hablar con Mery, no me interesaba sentarme en un sillón a entablar una conversación con Isabella.
—Siéntate —insistió. Luego de pensarlo dos segundos, la obedecí, quizás tenía algo importante que decirme. A lo mejor Mery no llegaba de la universidad aún. Es lunes —bien… —se quedó en silencio un momento. Me dio la impresión de que no estaba muy segura de lo que diría. Le di su tiempo —… Meer no quiera que sepas todo esto porque piensa que estaría mal… pero te lo diré. No es que me simpatices tanto —oh, ya estamos iguales —lo hago por ella —esto… esto no sonaba nada bien. Comenzó a mover las manos, nerviosa. Sentí el miedo recorrerme el cuerpo.
—¿Q…que?
—Se arregló con su padre —habló lentamente. Con su… ella… esa era la noticia que quería darme hace unos días. Estaba bien, si… por eso es que estaba así de feliz y… agh. ¿Puedo ser más estúpido? Lo dudo —ella tenía boletos para ambos, se suponía que irían en unas “vacaciones” a Los Ángeles y así podrías conocer a su padre. Quien, obviamente, seguiría cubriendo sus gastos, quitándote todas las responsabilidades —tuve que repetir sus palabras una vez más en mi cabeza para poderlo entender. Es decir… si yo no me hubiese comportado como un puto idiota en ese momento ahora todo sería más simple. Oh, esto no me puede estar pasando ¡Ella tendría que habérmelo dicho!... yo… yo… ¿Cómo lo iba a saber? Observé a Isabella levantarse del sillón y avanzar hacia la cocina, podía verla perfectamente desde donde yo me encontraba.
—¿Entonces… como es que no me lo dijo? —pregunté como un bobo, intentando aún, asimilar todo esto.
—Pensaba que era una carga para ti, y lo sigue pensando… Meer no quiere ser un estorbo en tu vida —bajé la mirada.
—No lo es.
—Hum… de todas maneras ella está convencida de que si lo es. Y no quiere darte más responsabilidades, cree que te hace daño —claro que no me hace daño… me hace bien estar con ella. La necesito.
—Está equivocada… —murmuré. ¿Desde cuándo Mery pensaba de esa manera?
—Si. Pienso que debes buscarla para hablar… Dios, supieras lo desesperada que estaba para que no abriera esa puta puerta el día de su discusión… ¿Café? —la miré. Preparaba café, se notaba nerviosa. Seguro no quería decirme todas estas cosas… no nos llevábamos muy bien y ya me había dejado bastante claro que lo hacía por Mery.
—No, gracias —me costaba hablar. Tenía una muy mal presentimiento —¿dónde está ella ahora? —pregunté. Isabella me miró, analizándome unos segundos… se relamió los labios.
—En un avión rumbo a Los Ángeles.
—¿Qué? —esto es… imposible. ¿Cómo…?
—Lo siento, no pude evitarlo… sabes cómo es Meer —las sensaciones que me invadían eran del todo dolorosas. Se había ido, nuevamente. Por su propia voluntad. Me dejó…
—Pero… pero… —algo tenía que hacer, tenía que… buscarla, si, buscarla. No era posible que después de todo esto ella decidiera regresar con su padre.
—Tranquilo —salió de la cocina. Me levanté de golpe y comencé a caminar hacia la puerta. No tenía nada más que hacer aquí, además, lo que menos quería en este momento era echarme a llorar con Isabella de espectadora —espera, Bill… —me llamó. Me detuve.
—¿Si? —me aclaré la garganta, tenía un nudo del porte de un puño.
—Dios, es que… agh, me va a matar —la escuché murmurar —debes… debes buscarla porque… —susurró algo que no logré entender. Di media vuelta, la observé. Tragué saliva, quería salir de este lugar —porque… vas a ser padre.
¿Qué? Esto… esto es una broma. 


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