19 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 56





























CAPITULO 56


Al fin… después de dos semanas, pisaba tierra alemana. Extrañaba Italia, claro… allá era todo más interesante y bonito. Pero la sensación de estar en casa era mucho mejor. Escuché a Mery suspirar.
—Extrañaba Alemania —comentó.
—También yo —le di en la razón.
Nos fuimos a recoger nuestras cosas. Mientras, yo intentaba dar con Tom, él debía estar en alguna parte… pues era él quien había quedado de venir a buscarnos en su coche para llevarnos a casa. Paro no habían señales de él. Y yo estaba lo suficientemente cansado como para quedarme esperando pacientemente. Sólo quería llegar a mi casa y dormir.
—Llamaré a Tom —avisé a Mery, sacando el móvil del bolsillo. Ella simplemente asintió, sin soltar mi mano… y sin dejar de mirarme. Le sonreí.
Me llevé el aparato al oído y esperé a que contestara. Tardó un poco en hacerlo.
—¿Cariño? —este no era Tom. Antes que nada… me había llamado cariño. Además, tenía voz de mujer.
—¿Mamá? —sonreí ¿cómo es que ella contestaba las llamadas de Tom?.
—¡Bill! —exclamó. Por su tono de voz me pareció que estaba contenta —¿cómo están?, no me digas que ya llegaron…
—Ya estamos aquí, estamos bien… ¿dónde está Tom?
—Manejando… vamos hacia allá, cariño. En cinco minutos llegamos.
—Ok.
—Nos vemos… quiero saber todo sobre el viaje —soltó emocionada. Sonreí.
—Si… Mery y yo les contaremos luego, adiós…
—Byebye —corté. Mamá parecía realmente emocionada y eso me gustaba.
—¿Ya vienen? —me preguntó Mery. Asentí.
—En cinco minutos están por aquí —comencé a caminar, sin soltarle la mano, ella me siguió —podríamos comprar algo para comer… muero de hambre —le comenté.
—Comimos en el avión, Bill —rio. Oh, cierto. Me encogí de hombros.
—Entonces comamos algo para no aburrirnos —seguí caminando, en busca de algún lugar donde vendieran algo para comer.
—Vale.

Mamá estaba con Mery en la cocina, hablando cosas de chicas y preparando la cena. Se notaba que su conversación era bastante entretenida, se reían y a veces se interrumpían al habar. Eran buenas amigas… y de seguro Mery le contaba sobre nuestro viaje en Italia. Yo también hablaba con Tom sobre eso. Aunque nosotros, lejos de preparar la cena, nos dedicábamos a arreglar la mesa.
—Y lo más importante ¿lo hicieron? —siempre con esos comentarios y preguntas un poco salidas de contexto. Le eché un rápido vistazo a la puerta de la cocina, y al darme cuenta de que todo estaba en orden, miré a mi gemelo con una sonrisa en el rostro —eso lo dice todo. Sexo en Italia… homm… nada mejor que eso, ¿verdad? —me miró, alzando amas cejas repetidas veces.
—Tom… —le dediqué una miradita de esas. No quería arriesgarme a que mamá o Mery escucharan una de nuestras conversaciones.
—Ok, ok… —se burló —¿pero estas seguro de que no me vas a venir con un sobrino made in Italy? —ahora que lo pensaba…
—¡Tom! —volví a quejarme. Made in Italy… agh, estúpido. Un bebé era en lo que menos podía pensar en estos momentos… aunque el comentario de Tom me hubiese puesto un poco nervioso e incluso hubiese hecho que se me apresurara el corazón del miedo que me daba, estaba seguro de que no… es que… ok, no nos habíamos cuidado ese día en la playa… pero… pero las otras veces si, digo… habíamos ocupado el preservativo como se debe. No podía ser que justo en esa ocasión…
—Estoy bromeando… no es cierto, no es cierto —repitió. Seguramente al darse cuenta de la expresión con la que había quedado.
—No es gracioso, Tom.
—No me digas que… —puse los ojos en blanco.
—¿Quieres dejar el tema de una vez? —solté, ya enojado. Me daba la impresión de que si seguíamos hablando sobre esto, acabaría pasando.
—Al parecer el viaje te puso de mal humor —soltó en el mismo tono que yo había usado.
—Tu eres el que me pone de mal humor —contesté.
—Oh, claro… como tu vida es completamente perfecta con tu chica ahora es mejor no tener hermano —bufé.
—¿Por qué te lo tomas a mal? —pregunté molesto. Odiaba cuando Tom se comportaba como un idiota. Bah, yo estaba siendo peor… pero es que estaba cansado y encima me venía con esto ahora…
—¡Chicos, ¿ya tienen la mesa lista?! —gritó mamá desde la cocina.
—¡Si, mamá! —gritó Tom, aun mirándome enojado.
—La cena ya casi está… —me giré, era Mery, y salía de la cocina con un delantal de mamá. Decidí dar por finalizada la discusión y camine hacia la cocina, para ayudarlas con la comida.
Aunque tampoco fuese de gran ayuda… me serviría para quitarme esa idea que Tom me había metido en la cabeza.




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