18 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 36






























CAPITULO 36


Por suerte el horario de visita aún no terminaba. Es que lo único que quería en ese momento era verla, darme cuenta de que estaba bien. No me importaba si luego me echaba de la habitación o comenzaba a insultarme. Aunque, a decir verdad, no creía que lo hiciera pues había preguntado por mí al despertar. Y esa era una buena señal.
Cerré la puerta del coche y me apresuré a entrar al edificio. Me fui directo hacia el ascensor y marqué el piso. Los segundos allí se me hicieron eternos. Mi corazón latía a mil por hora, estaba impaciente, nervioso. Me sudaban las manos.
Me encontré con el doctor de Meer mientras me dirigía a su habitación. Le pregunté por ella y estuvimos hablando unos minutos.
Jamás me sentí tan aliviado como cuando ese hombre me dijo que ella estaba bien… mentalmente recuperada. Nada malo le había pasado a su cabecita y eso era prácticamente un milagro, algo casi imposible. Me despedí de él y casi corriendo me fui a su habitación.
Me fije en que no había nadie afuera esperando por verla, sólo era yo. Abrí la puerta rogando en mi interior que su madre no estuviera allí.
Y no estaba. En vez de su madre estaba Emma, quien me miró en cuanto abrí la puerta.
—Genial —bajé la mirada rápidamente. Quise gritar de la emoción al verla despierta, sonriendo… con un lápiz en la mano haciendo algún tipo de dibujo en el yeso de su pierna. Estaba igual que antes, su cabello, su piel… todo.
Emma le dijo algo que no pude escuchar. Y luego Meer alzó la cabeza, miró a su amiga sonriendo y después… después me miró.
La miré, sonriendo, esperando hacer esa conexión de miradas… pero Meer parecía ida. Estaba pensando algo… tenía el ceño fruncido y me miraba, pero a la vez no lo hacía. Me asusté un poco, no lo voy a negar. Pero al menos no parecía enojada o no tenía cara de querer echarme de aquí.
—¡Hola! —miré rápidamente a Emma.
—Hola —le devolví el saludo. Luego me acerqué hacia la cama donde Meer se encontraba. Mientras avanzaba hacia ella miré su pierna. Estaba llena de dibujitos, no pude evitar sonreír al pensar que se comportaba como una niña pequeña. Llegué a su lado y la observé aun sonriendo. Ella alzó la cabeza para mirarme —hola, Mery —la saludé luego de un mes y algo, intentando no atragantarme con las palabras. Me acerqué a ella, aún nervioso para saludarla. Todo este tiempo que ella había estado en el coma yo la había saludado y/o despedido con un besito en los labios… y esta vez, sin pensarlo, iba a hacer los mismo. Pero ella, al darse cuenta de cuales eran mis intenciones giró el rostro y la besé en la mejilla. No dije nada, no me podía quejar…no éramos novios ni nada por el estilo, además me estaba sonriendo.
—Hola —sonreí yo también al escucharla hablar. Me senté a su lado en la cama. Del otro lado estaba Emma. La observé, ni siquiera parecía haber tenido un accidente. De no ser porque tenía una bata de hospital, una pierna mala y estaba, precisamente, en un hospital… no se le habría notado. Puse la mano sobre los dibujitos de su pierna mala.
—Qué bueno que estés mejor —Le dije, observándola. Ella rio y me miró algo cohibida. Era… extraño verla así. No me miraba con asco, tampoco me miraba con odio. Simplemente me miraba, con esa sonrisa hermosa que sólo ella tenía. No podía creer que se comportara así conmigo… quizás el accidente si le había afectado en algo después de todo. Por lo menos había sido para bien. Y es que estaba tan sorprendido y feliz… no podía quitarle los ojos de encima.
Emma carraspeó, Mery la miró… y también lo hice.
—Y dime, Bill. ¿Cómo estás? —hacía días que notaba que Emma intentaba captar mi atención. Era… era extraño porque yo ya le había dejado “claro” con actos, que mi atención estaba centrada sólo en Meer.
—Bien —contesté algo cortado. Seguidamente volví a mirar a la chica que me volvía loco —¿y tú como estás, Mery? —ella me sonrió de nuevo. Pude notar un leve rubor en sus mejillas.
—Excelente —que bien. Me mordí el labio inferior, reprimiendo una sonrisa. Tenía ganas de lanzarme sobre Meer a abrazarla y apretujarla y besarla… pero me aguantaría hasta estar solos y poder hablar antes.
—Así que… han estado haciendo arte —dije mirando los dibujitos esos. Habían varias calaveras, unos cuantos corazones, estrellas, arco iris, unos dibujitos que parecían ser monstruos bastante deformes… y estaba Bob esponja allí también.
—¿Quieres dejarle una marca tú? —miré a Emma, ella había hablado ahora. Me tendía un marcador, lo tomé con cuidado. Miré a Meer de nuevo.
—¿Qué quieres que te dibuje? —se encogió de hombros, sin apartar la vista. No importa… ya se me estaban ocurriendo algunas ideas de que podía dibujar —ya veré yo lo que te hago —eso… había sonado un poco mal. No dije nada, intenté disimular y hacer como que no me había dado cuenta de mi comentario mal hecho. Comencé a escribir —te eché de menos… —le comenté aún agachado escribiendo.
—¿De verdad? —que linda era. Sentí el rostro arder… me había dado algo extraño en el estómago.
—Si… te vine a ver todos los días —intentaba hacer que la letra me quedara perfecta.
—Lo sé —¿Y cómo es que…? Ah, seguro Emma se lo había dicho.
—¿Quién te lo dijo? —pregunté. No quería quedarme con la duda.
—Nadie. Simplemente lo sé —sonreí.
Leí mi obra maestra:
Te amo
Recuérdalo siempre,
Bill.

Volví a mi posición anterior y cubrí rápidamente su pierna con las mantas. Primero, porque no quería que Emma leyera lo que había escrito y segundo, porque me daba un poco de nervios que Meer lo leyera ahora mismo. La miré, algo avergonzado y dejé caer el lápiz sobre la cama.
—Lee luego, te escribí algo —le guiñé un ojo. Me sentí estúpido al hacer eso… Meer asintió.
—¿No puede ser ahora? —me miró impaciente.
—No, es un secreto —Mery bufó. Seguro quería saber que era lo que yo había escrito allí. Y es que simplemente le había copiado lo que ella había puesto en ese papel hace años. No era nada original… pero era lo que yo sentía realmente ahora.
Emma carraspeó por segunda vez desde que yo había llegado para captar nuestra atención. La miramos. No sé si ella se habrá dado cuenta pero estaba sobrando aquí.
—Eem… Bill, ¿podemos hablar un poco afuera? Luego volvemos —dijo levantándose de la cama. Miré a Meer rápidamente, no pareció poner mala cada. Bah, no tardaría. Si yo lo único que quería era pasar el tiempo con ella.
—Claro —contesté sonriéndole a Meer. Ella no contestó la sonrisa por lo que me levanté de la cama algo cortado y seguí a Emma hasta salir de la habitación. Una vez afuera nos alejamos un poco.
—¿Eres su novio? —me preguntó, deteniéndose en seco. Me miró. Se notaba… confundida.
—No exactamente —evité mirarla directo a la cara.
—¿Están saliendo? —volvió a preguntar. Negué con la cabeza tragando saliva —¿la quieres?
—Si —la miré mordiéndome el labio inferior —Meer y yo salimos hace tiempo —Emma me miró sorprendida.
—Vaya… no lo sabía —comenzó a caminar en círculos con una extraña mueca en el rostro, se notaba avergonzada —¡como lo siento!, de verdad… no tenía idea de todo esto —se detuvo para mirarme un segundo y luego apartó la vista —ahora pensarás cualquier cosa de mí. Siento haberme insinuado de esa manera. Si lo hubiese sabido no lo habría hecho, lo juro —sus mejillas comenzaban a tomar un tono rojizo. Yo también me sentí un poco avergonzado. No tenía idea de que esta chica fuese así de… directa o así de sincera con este tipo de cosas.
—No te preocupes, no es nada. No pasó nada, es… —pestañeé seguidas veces, me había quedado sin palabras.
—No tiene importancia, lo siento, de veras… —me imaginaba lo avergonzada que se encontraba en este momento.
—Mejor olvidemos esto, ¿de acuerdo? Podemos…
—Empezar como amigos —me cortó, sonriendo. Le devolví la sonrisa.
—Sí —no era precisamente lo que yo iba a decir, pero no estaba mal.
—Bien.
—Bien —creo… que es mejor que entremos a ver a Meer. Me despediré ella para dejarlos solos —sonrió de medio lado. Asentí y comenzamos a caminar de vuelta a la habitación. No había sido de las conversaciones más largas que había tenido, gracias al cielo.
Abrí la puerta y dejé pasar a Emma primero. Luego entré yo y cerré. Meer ya había leído lo que había puesto en su pierna, pues en cuanto entramos ella cubrió la pierna con las sábanas.
Nos sentamos igual que antes.
—Se tardaron mucho —habló malhumorada. Tomé su mano y reí.
—Sí, es que… —comencé a hablar, pero Emma me dio con el codo, por lo que cerré la boca al instante. Emma no quería que Meer supiera lo que había pasado. Amm… y pues, no lo sabría porque tampoco era tan importante y si Emma quería que se quedara en secreto… pues no diría nada. No había engañado a Meer ni mucho menos.
—Sí, eso —Emma se notaba algo nerviosa. Meer nos escaneó a ambos con la mirada. No supe que hacer.
—Están extraños… —alzó una ceja. Me entraron gana de reír al verla así ¿Acaso estaba… celosa?
—No seas tontita, Mery —sonreí acariciando su manito con suavidad.
—Tú eres la extraña —Emma rio, intentando disimular. Luego me miró pidiéndome que guardara el secreto. Seguro pensaba que Meer se iba a enojar o algo —Uhmm... que tarde es —apartó repentinamente la vista hacia su reloj de muñeca —me tengo que ir. Adiós, chicos —se levantó de la cama dado un salto y se apresuró en darnos un beso en la mejilla a cada uno —mañana volveré por aquí —tomó su bolso y caminó hacia la puerta. Por fin solos. Miré a Meer… ella apartó los ojos de la puerta y me sonrió. Le devolví la sonrisa, nervioso.
—Así que… me amas —la miré avergonzado. Me sorprendió no verla enojada, o frunciendo el ceño. Simplemente me miraba burlona. Sonreí como pude… un poco cortado y todo.
—¿Ya lo leíste? —Meer asintió con la cabeza. Esto era… totalmente extraño —¿no estás enojada? —me miró sin entender.
—No ¿Por qué debería estarlo? —quizás porque siempre te enojas. Me encogí de hombros… este sí que era un buen día.
—Porque siempre lo estás —dije como si nada.
—No es cierto —se quejó mirándome acomplejada. Pero que linda era… hacía los mismos gestos que cuando era pequeñita. Me acerqué a ella, después de todo ella ya sabía lo que yo sentía. Además moría de ganas por besarla. Tomé su mejilla con cuidado, y luego, tras cerrar los ojos, me preparé intentando desacelerar los latidos de mi corazón para besarla. Esperé dar con sus tibios y suaves labios… pero en vez de eso, besé su tibia y suave mejilla. Abrí los ojos de golpe y me alejé de ella. Esto había sido bastante cruel.
—¿Por qué hiciste eso? —fruncí el ceño. Ella no parecía enojada… en vez de eso, parecía un poco ¿apenada?
—No me sentiría bien si… —se calló al instante, quedándose en silencio unos segundos —es que Emma… —volvió a cerrar la boca. Ya comprendía… seguro Meer sabía lo que Emma ya me había dicho, lo que habíamos arreglado hacía un rato.
—Sí, lo sé. Ella… —hablé apresuradamente. Me obligué a cerrar la boca. Emma no quería que le comentara a Meer sobre esto. Me sentí un traicionero pero… no sabía que era lo correcto. Era mejor cambiar el tema —¿necesitas algo?  —me miró tan fijamente que me hizo sentir incómodo. Luego, soltando un suspiro, negó con la cabeza.
—Necesito que te quedes esta noche conmigo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario