CAPITULO 31
¿Qué hacía Bill besando a esa puta? mis ojos se llenaron de lágrimas en menos de un segundo. Allí estaba Bill, sentado en el uno de los sillones, tomando a Stella por la cintura mientras ésta le metía la lengua hasta la garganta y le agarraba la mancha de café que yo le había dejado en la camiseta ¡si tan sólo hacía unos minutos cuando me había besado! Hice un esfuerzo para poder coger aire e intenté no ponerme a analizar la situación.
Me di cuenta de que estaba haciendo
el ridículo parada en medio del pasillo, por lo que seguí caminando torpemente
hasta llegar a la ventana. Una vez allí me senté en el borde al lado de Tom. No
podía quitarle los ojos de encima a la pareja. Algo me ardió por dentro, sentí
rabia e impotencia a la vez. Acabé por ponerme triste. Si durante esos minutos
en el ascensor había pensado que él me quería y no se había olvidado de mí,
ahora me daba cuenta de que había estado en un error. No me quería… y quizás,
nunca me había querido. A lo mejor sólo había estado conmigo porque sí. Tensé
la mandíbula intentado contener las lágrimas y luego me di la vuelta hacia Tom.
Este seguía con su misma expresión triste.
—¿Te siente bien? —dudé un poco en que contestar pero acabé por asentir con la cabeza levemente —te demoraste.
—Sí —dije indicándole el vaso de café.
—Oh… ¿viste a Bill? —vi como llevaba fugazmente sus ojos hacia su gemelo y luego me volvía a mirar.
—Sí —esta vez fui yo quien llevó los ojos a Bill. Seguía con Stella. Esa puta… y Bill, me había besado hacía tan corto rato y ya se había olvidado por completo… quizás cuantas amigas como Stella existían entre los gemelos ¿las compartirían o las tendrían repartidas? Sentí tal rabia que me dieron ganas de lanzarle otro café encima.
Pero justo en ese momento, sentí algo quemando mi mano. La abrí rápidamente dejando caer el vaso en el suelo mientras dirigía mi mirada a ésta. Mis ojos se abrieron al ver el vaso aplastado y arrugado, con el charco de café. Enseguida me quité el guante empapado en café caliente.
—Mierda… —susurré. Tom se movió un poco para verme —ya van dos veces —vale, con eso le confirmaba a Tom que yo le había manchado la camiseta a Bill. Vi cómo le dirigía otra mirada a su gemelo, pero este estaba demasiado ocupado con Stella.
Apreté mi guante con la mano para que saliera todo el líquido… Tom se rio al lado mío.
—No te rías —dije enojada.
—¿Estás torpe hoy? —dijo en broma. Eso me molestó.
—Cállate.
—Lo siento, lo siento —le di mi guante y él lo cogió con dos de sus dedos. Yo me pasé la mano húmeda por el pantalón, para secarla… Era una mala costumbre mía secarme las manos en la ropa. Tom dejó mi guante colado en la ventana entreabierta. Volví a desviar la vista hacia Bill. Se estaba riendo con Stella. Ya no se besaban, pero estaban muy juntos. Y mis padres… pues conversaban con los otros mayores, había llegado más gente.
No sé cómo ocurrió, pero Tom y yo acabamos nuevamente abrazados y pegados a la ventana… me comenzó a dar sueño.
—¿Te sientes bien? —susurró en mi oído.
—¿Debería estar mal? —le contesté en el mismo tono. Sentí como se encogía de hombros.
—No lo sé. Lo decía por Bill, ya sabes —fruncí el ceño.
—Bill ya no me importa… —le mentí.
—¿Y quieres que me lo trague?
—Sí, estaría bien…
—Lo siento, pero no soy estúpido —lo miré por el rabillo del ojo —sé que pasó algo hace un rato —me tensé y no dije nada —cuéntame si quieres. Tú me apoyas, yo te apoyo… —me mordí los labios nerviosa y me pregunté si Tom podría ser mi confidente. Había confiado en él hace unos días… ¿Pero en realidad él quería escuchar mis estúpidos problemas? ¿A caso él quería ayudarme? ¿y si le contaba todo a Bill?, o peor aún, ¿si Bill le decía a Tom que preguntara? OK, eso era estúpido, no podía ser… eso era de chicos, y ellos ya estaban creciditos.
—Yo… —tomé aire —accidentalmente le tiré el café encima —murmuré bajando la mirada avergonzada. Tom no se llevó la sorpresa, pues eso era de suponer.
—Y se puso como loco… —conocía a la perfección a su hermano.
—Sí. Me regañó y me insultó… —suspiré —pero después me besó —una sonrisa estúpida se dibujó en mis labios, la cual borré al instante.
—Ya veo… ¿estás segura? —¿acaso lo dudaba? Lo miré enojada —es que Bill… ya sabes, ahora... como está con Stella yo pensaba que…
—Pensaste mal —nos quedamos en silencio durante unos segundos, hasta que algo se me vino a la cabeza.
—Tom…
—¿Uhmm?
—¿Te siente bien? —dudé un poco en que contestar pero acabé por asentir con la cabeza levemente —te demoraste.
—Sí —dije indicándole el vaso de café.
—Oh… ¿viste a Bill? —vi como llevaba fugazmente sus ojos hacia su gemelo y luego me volvía a mirar.
—Sí —esta vez fui yo quien llevó los ojos a Bill. Seguía con Stella. Esa puta… y Bill, me había besado hacía tan corto rato y ya se había olvidado por completo… quizás cuantas amigas como Stella existían entre los gemelos ¿las compartirían o las tendrían repartidas? Sentí tal rabia que me dieron ganas de lanzarle otro café encima.
Pero justo en ese momento, sentí algo quemando mi mano. La abrí rápidamente dejando caer el vaso en el suelo mientras dirigía mi mirada a ésta. Mis ojos se abrieron al ver el vaso aplastado y arrugado, con el charco de café. Enseguida me quité el guante empapado en café caliente.
—Mierda… —susurré. Tom se movió un poco para verme —ya van dos veces —vale, con eso le confirmaba a Tom que yo le había manchado la camiseta a Bill. Vi cómo le dirigía otra mirada a su gemelo, pero este estaba demasiado ocupado con Stella.
Apreté mi guante con la mano para que saliera todo el líquido… Tom se rio al lado mío.
—No te rías —dije enojada.
—¿Estás torpe hoy? —dijo en broma. Eso me molestó.
—Cállate.
—Lo siento, lo siento —le di mi guante y él lo cogió con dos de sus dedos. Yo me pasé la mano húmeda por el pantalón, para secarla… Era una mala costumbre mía secarme las manos en la ropa. Tom dejó mi guante colado en la ventana entreabierta. Volví a desviar la vista hacia Bill. Se estaba riendo con Stella. Ya no se besaban, pero estaban muy juntos. Y mis padres… pues conversaban con los otros mayores, había llegado más gente.
No sé cómo ocurrió, pero Tom y yo acabamos nuevamente abrazados y pegados a la ventana… me comenzó a dar sueño.
—¿Te sientes bien? —susurró en mi oído.
—¿Debería estar mal? —le contesté en el mismo tono. Sentí como se encogía de hombros.
—No lo sé. Lo decía por Bill, ya sabes —fruncí el ceño.
—Bill ya no me importa… —le mentí.
—¿Y quieres que me lo trague?
—Sí, estaría bien…
—Lo siento, pero no soy estúpido —lo miré por el rabillo del ojo —sé que pasó algo hace un rato —me tensé y no dije nada —cuéntame si quieres. Tú me apoyas, yo te apoyo… —me mordí los labios nerviosa y me pregunté si Tom podría ser mi confidente. Había confiado en él hace unos días… ¿Pero en realidad él quería escuchar mis estúpidos problemas? ¿A caso él quería ayudarme? ¿y si le contaba todo a Bill?, o peor aún, ¿si Bill le decía a Tom que preguntara? OK, eso era estúpido, no podía ser… eso era de chicos, y ellos ya estaban creciditos.
—Yo… —tomé aire —accidentalmente le tiré el café encima —murmuré bajando la mirada avergonzada. Tom no se llevó la sorpresa, pues eso era de suponer.
—Y se puso como loco… —conocía a la perfección a su hermano.
—Sí. Me regañó y me insultó… —suspiré —pero después me besó —una sonrisa estúpida se dibujó en mis labios, la cual borré al instante.
—Ya veo… ¿estás segura? —¿acaso lo dudaba? Lo miré enojada —es que Bill… ya sabes, ahora... como está con Stella yo pensaba que…
—Pensaste mal —nos quedamos en silencio durante unos segundos, hasta que algo se me vino a la cabeza.
—Tom…
—¿Uhmm?
—Se me olvidó decirte algo —sonreí
un poco avergonzada por lo que diría —cuando
se me cayó accidentalmente el café, también pasé a apretar accidentalmente el
botón para detener el ascensor.
—Wow. Buen plan —me dijo mientras soltaba una risita.
—Fue un accidente.
—Wow. Buen plan —me dijo mientras soltaba una risita.
—Fue un accidente.
—Lo sé,
lo sé —volví a mirar a la pareja. No me
agradaba para nada verlos juntos – ¿te sientes mal?
—Sí —pude sentir como Tom tragaba saliva.
Y nadie habló más durante unos cuantos minutos. La habitación estaba inundada en un silencio sepulcral, que a decir verdad, me agradaba. Todo estaba bien, excepto por el hecho de que Bill y Stella no dejaban de manosearse. Él no se daba cuenta de que yo sufría al ver esa escena… Pero yo, aun sabiendo que sufría, no dejaba de mirarlos.
Bill me miraba una que otra vez por el rabillo del ojo, pero luego volvía a la puta esa. ¿es que ella lo hacía sentir mejor? Lo dudo.
El silencio fue interrumpido cuenta la puerta se abrió, de nuevo… Todos dirigimos la mirada hacia ella, para ver quién era el que salía esta vez… Me sorprendí bastante, pues tenía pinta de ser médico. No supe identificar la expresión de su rostro. El esposo de Simone se levantó del asiento y caminó precipitadamente hacia él.
Tom se tensó, pude notarlo, por lo que lo abracé más fuerte para darle mi apoyo.
—Sí —pude sentir como Tom tragaba saliva.
Y nadie habló más durante unos cuantos minutos. La habitación estaba inundada en un silencio sepulcral, que a decir verdad, me agradaba. Todo estaba bien, excepto por el hecho de que Bill y Stella no dejaban de manosearse. Él no se daba cuenta de que yo sufría al ver esa escena… Pero yo, aun sabiendo que sufría, no dejaba de mirarlos.
Bill me miraba una que otra vez por el rabillo del ojo, pero luego volvía a la puta esa. ¿es que ella lo hacía sentir mejor? Lo dudo.
El silencio fue interrumpido cuenta la puerta se abrió, de nuevo… Todos dirigimos la mirada hacia ella, para ver quién era el que salía esta vez… Me sorprendí bastante, pues tenía pinta de ser médico. No supe identificar la expresión de su rostro. El esposo de Simone se levantó del asiento y caminó precipitadamente hacia él.
Tom se tensó, pude notarlo, por lo que lo abracé más fuerte para darle mi apoyo.
El médico y el
esposo de Simone estuvieron hablando en voz baja durante un tiempo que se me
hizo eterno. La sala estaba en silencio, creo que todos intentábamos escuchar
algo de la conversación, pero sólo se podían escuchar murmullos.
Me di cuenta de que Bill y Stella ya había dejado de toquetearse y ahora, abrazados, miraban al doctor con la boca abierta.
Aprovechando el momento, me dediqué a mirar a Bill. Me parecía tan hermoso… y no era mío. Quizás era novio de Stella, quien sabe. Quería poder soportar la situación en que me encontraba. Quería irme de Alemania de una vez y volver con mi padre.
Había estado tan cerca de él y ahora parecía que estábamos a miles de kilómetros de distancia. Sinceramente, no me encontraba bien.
Me levanté inconscientemente de la ventana, separándome de Tom. Cogí mi guante que estaba colgado, a medio secar. Luego lo metí a mi bolso y me lo colgué en el brazo.
Comencé a caminar hacia la salida, aun sabiendo que no era un buen momento. ¿Alguna vez había mencionado que los impulsos eran los que manejaban gran parte de mi vida? pues se me había dado por irme y luego de pensarlo en el ascensor, me di cuenta de que si me hubiese quedado allí no hubiese sabido que hacer. O todos se ponían felices porque Simone estaba bien, o todos se ponían tristes porque no estaba bien. En ambos casos me hubiese sentido incómoda.
Las puertas del ascensor se abrieron y yo me apresuré en salir. Como las dos veces anteriores se me había caído el café me dirigí nuevamente hacia la tiendita de dulces. Y si, estaba la misma chica esa atendiendo.
—¿Qué necesitas? —me dijo con una sonrisa que no me agradó para nada.
—Un capuchino —le dije tajante.
—¿Eres adicta? —habló mientras alzaba una ceja y me miraba con expresión burlona, seguidamente se dio la vuelta y lo comenzó a servir. Yo no le dije nada, pero ella siguió —¿o es que eres una torpe y se te calló? —apreté los puños y me guardé el dinero en el bolsillo. Seguidamente se dio la vuelta —¡ah! ¿Y no tienes el número del chico que estaba contigo hace un rato? —fruncí el ceño enojada. Que puta. Cogí el vaso lleno de café que me tendía y medio segundo después se lo arrojé a la cara.
—Aquí tienes tu número, estúpida —le espeté. La chica comenzó a gritar y todo el mundo se dio la vuelta para mirarme. Me enojé a un más. Le di una patada al piso y luego me encaminé para salir de aquí. La chica siguió gritando y un guardia no tardó en ponerse a mi lado. Ese sí que era un gigante.
—¿Señorita, me haría el favor de abandonar el lugar? —lo miré como si él fuese un loco.
—¿Y qué crees que es lo que estoy haciendo ahora? —le espeté. Me hice un lado, esquivándolo, y retomé mi camino hacia la puerta.
Al traspasar la segunda puerta de vidrio el viento frío me pegó fuertemente en la cara. Achiqué los ojos y guardándome las manos en los bolsillos, comencé a caminar hacia la calle. Pues al frente había un parque y me quedaría allí hasta que mi madre saliera. No es que me quisiera ir con ella… pero mi casa quedaba demasiado lejos y tendría que tomar unos dos autobuses para llegar. Una mierda.
Y vaya… había botado tres café’s en un mismo día.
Me senté en uno de los bancos, dándole la espalda al hospital. Si me veían, bien… y si no, ya vendrían a buscarme.
Saqué mi reproductor del bolso y me puse a escuchar música.
Me encantaba escuchar música, con eso me relajaba… y me hacía abrir los ojos.
En realidad, no estaba en el peor de los peores de los problemas... no. Siempre había alguien peor.
Lo que faltaba, que se me diera por estar positiva esta noche. Los ojos estaban que se me cerraban y me quería dormir de una puta vez.
Pero cada vez que pestañaba, esos ojos se me venían a la cabeza… incluso, parecía escuchar su voz por encima de la música.
La tercera canción acabó.
—¡Meer! —escuché un grito justo antes de que la música comenzara a sonar. Giré la cabeza rápidamente. Me quité el audífono del oído —¡Meer! —volvió a gritar Tom mientras se acercaba corriendo con la mano alzada. Achiqué los ojos y me di cuenta de que traía mi móvil en ella. Oh, que tonta… Dibujé una media sonrisa en el rostro, últimamente Tom se portaba muy bien conmigo, mucho, pero mucho mejor que Bill. Aunque aún podía recordar su beso, sus labios…
Me levanté de la banca y abrí mi bolso para guardar el reproductor.
—Se te quedó esto —dije entre jadeos mientras me tendía el móvil.
—Gracias —lo cogí —que poca resistencia tienes… —me burlé de él. Después de todo sólo había corrido para cruzar la calle. Tom soltó un suspiro mezclado con una risita y luego me esquivó para sentarse en la banca. Yo no tardé en sentarme a su lado.
—¿Y qué dijo el médico? —me animé a preguntar al verlo un poco más feliz. Tom suspiró y dejó que una leve sonrisa apareciera en su rostro.
—La operación está bien. Salió perfecta. Ahora hay que ver como mamá evoluciona… ya sabes.
—Sí. Siempre se espera eso luego de las operaciones —comenté sin pensar y luego me di cuenta de que eso había sonado bastante tonto. Tom no dijo nada pero siguió sonriendo.
—Pensaba que ya te habías ido… por eso es que corrí.
—¿Y tú me imaginas yéndome sola a casa? Con lo lejos que queda… —bufé. Luego aproveché que tenía el bolso abierto de cuando había guardado el reproductor y guardé el móvil.
—Te habían estado llamando… por eso es que me di cuenta de que se te había quedado —rio de nuevo. Yo dejé el bolso cerrado hasta la mitad, luego metí la mano y empecé a buscarlo.
—¿No contestaste?
—No.
—Ok —dije aliviada. Seguro era Emma… y si escuchaba la voz de un chico hablándole desde mi móvil me iba a empezar a molestar o que se yo… no me gustaba cuando me emparejaban con cualquier persona.
Saqué el aparatito ese del bolsillo y apreté cualquier tecla para que la pantalla se iluminara… Y sí, había adivinado. Una llamada perdida de Emma.
—¿Quién era? —preguntó Tom.
—Emma —le contesté sin pensar… —digo, eso a ti no te importa.
—¿Una amiga? —asentí mientras le daba al icono de los mensajes —¿de Estados Unidos?
—Sí. Como verás, allí si tenía amigos —solté una risita. El no rio, pero me quedó mirando con una expresión extraña. No le di importancia y comencé a anotar teclas rápidamente, mientras el miraba la pantalla del móvil por sobre mi cabeza.
Ya te llamaré yo. Espera un poco… Mañana por la mañana hablamos, ¿Si?
Le puse enviar rápidamente y luego volví a echar el móvil en el bolso.
Suspiré y giré la cabeza para mirar a Tom. Me sorprendí, pues estaba bastante cerca de mí.
Pero luego la sorpresa se convirtió en asombro. Él era exactamente igual a su hermano. Vale, yo sabía que eran gemelos, pero nunca pensé que fuesen exactamente iguales.
La misma nariz, la misma boca, los mismos ojos.
Hubiese jurado que tenía a Bill frente a mí, a unos escasos centímetros de distancia… Quise alejarme, pero no pude hacerlo… y cada vez me acercaba más y más a él, imaginando a su hermano en su lugar. A esa persona que me tenía enamorada desde hacía tanto tiempo. Pude sentir su respiración en mi rostro, cerré los ojos en el momento en que entreabría un poco mi boca… ya no pude verlo, pero sí pude sentir sus labios posarse sobre los míos. Su mano llegó a mi cintura y justo en el momento en que yo estaba que lo agarraba del cuello y lo empezaba a besar de verdad un grito nos interrumpió.
Me di cuenta de que Bill y Stella ya había dejado de toquetearse y ahora, abrazados, miraban al doctor con la boca abierta.
Aprovechando el momento, me dediqué a mirar a Bill. Me parecía tan hermoso… y no era mío. Quizás era novio de Stella, quien sabe. Quería poder soportar la situación en que me encontraba. Quería irme de Alemania de una vez y volver con mi padre.
Había estado tan cerca de él y ahora parecía que estábamos a miles de kilómetros de distancia. Sinceramente, no me encontraba bien.
Me levanté inconscientemente de la ventana, separándome de Tom. Cogí mi guante que estaba colgado, a medio secar. Luego lo metí a mi bolso y me lo colgué en el brazo.
Comencé a caminar hacia la salida, aun sabiendo que no era un buen momento. ¿Alguna vez había mencionado que los impulsos eran los que manejaban gran parte de mi vida? pues se me había dado por irme y luego de pensarlo en el ascensor, me di cuenta de que si me hubiese quedado allí no hubiese sabido que hacer. O todos se ponían felices porque Simone estaba bien, o todos se ponían tristes porque no estaba bien. En ambos casos me hubiese sentido incómoda.
Las puertas del ascensor se abrieron y yo me apresuré en salir. Como las dos veces anteriores se me había caído el café me dirigí nuevamente hacia la tiendita de dulces. Y si, estaba la misma chica esa atendiendo.
—¿Qué necesitas? —me dijo con una sonrisa que no me agradó para nada.
—Un capuchino —le dije tajante.
—¿Eres adicta? —habló mientras alzaba una ceja y me miraba con expresión burlona, seguidamente se dio la vuelta y lo comenzó a servir. Yo no le dije nada, pero ella siguió —¿o es que eres una torpe y se te calló? —apreté los puños y me guardé el dinero en el bolsillo. Seguidamente se dio la vuelta —¡ah! ¿Y no tienes el número del chico que estaba contigo hace un rato? —fruncí el ceño enojada. Que puta. Cogí el vaso lleno de café que me tendía y medio segundo después se lo arrojé a la cara.
—Aquí tienes tu número, estúpida —le espeté. La chica comenzó a gritar y todo el mundo se dio la vuelta para mirarme. Me enojé a un más. Le di una patada al piso y luego me encaminé para salir de aquí. La chica siguió gritando y un guardia no tardó en ponerse a mi lado. Ese sí que era un gigante.
—¿Señorita, me haría el favor de abandonar el lugar? —lo miré como si él fuese un loco.
—¿Y qué crees que es lo que estoy haciendo ahora? —le espeté. Me hice un lado, esquivándolo, y retomé mi camino hacia la puerta.
Al traspasar la segunda puerta de vidrio el viento frío me pegó fuertemente en la cara. Achiqué los ojos y guardándome las manos en los bolsillos, comencé a caminar hacia la calle. Pues al frente había un parque y me quedaría allí hasta que mi madre saliera. No es que me quisiera ir con ella… pero mi casa quedaba demasiado lejos y tendría que tomar unos dos autobuses para llegar. Una mierda.
Y vaya… había botado tres café’s en un mismo día.
Me senté en uno de los bancos, dándole la espalda al hospital. Si me veían, bien… y si no, ya vendrían a buscarme.
Saqué mi reproductor del bolso y me puse a escuchar música.
Me encantaba escuchar música, con eso me relajaba… y me hacía abrir los ojos.
En realidad, no estaba en el peor de los peores de los problemas... no. Siempre había alguien peor.
Lo que faltaba, que se me diera por estar positiva esta noche. Los ojos estaban que se me cerraban y me quería dormir de una puta vez.
Pero cada vez que pestañaba, esos ojos se me venían a la cabeza… incluso, parecía escuchar su voz por encima de la música.
La tercera canción acabó.
—¡Meer! —escuché un grito justo antes de que la música comenzara a sonar. Giré la cabeza rápidamente. Me quité el audífono del oído —¡Meer! —volvió a gritar Tom mientras se acercaba corriendo con la mano alzada. Achiqué los ojos y me di cuenta de que traía mi móvil en ella. Oh, que tonta… Dibujé una media sonrisa en el rostro, últimamente Tom se portaba muy bien conmigo, mucho, pero mucho mejor que Bill. Aunque aún podía recordar su beso, sus labios…
Me levanté de la banca y abrí mi bolso para guardar el reproductor.
—Se te quedó esto —dije entre jadeos mientras me tendía el móvil.
—Gracias —lo cogí —que poca resistencia tienes… —me burlé de él. Después de todo sólo había corrido para cruzar la calle. Tom soltó un suspiro mezclado con una risita y luego me esquivó para sentarse en la banca. Yo no tardé en sentarme a su lado.
—¿Y qué dijo el médico? —me animé a preguntar al verlo un poco más feliz. Tom suspiró y dejó que una leve sonrisa apareciera en su rostro.
—La operación está bien. Salió perfecta. Ahora hay que ver como mamá evoluciona… ya sabes.
—Sí. Siempre se espera eso luego de las operaciones —comenté sin pensar y luego me di cuenta de que eso había sonado bastante tonto. Tom no dijo nada pero siguió sonriendo.
—Pensaba que ya te habías ido… por eso es que corrí.
—¿Y tú me imaginas yéndome sola a casa? Con lo lejos que queda… —bufé. Luego aproveché que tenía el bolso abierto de cuando había guardado el reproductor y guardé el móvil.
—Te habían estado llamando… por eso es que me di cuenta de que se te había quedado —rio de nuevo. Yo dejé el bolso cerrado hasta la mitad, luego metí la mano y empecé a buscarlo.
—¿No contestaste?
—No.
—Ok —dije aliviada. Seguro era Emma… y si escuchaba la voz de un chico hablándole desde mi móvil me iba a empezar a molestar o que se yo… no me gustaba cuando me emparejaban con cualquier persona.
Saqué el aparatito ese del bolsillo y apreté cualquier tecla para que la pantalla se iluminara… Y sí, había adivinado. Una llamada perdida de Emma.
—¿Quién era? —preguntó Tom.
—Emma —le contesté sin pensar… —digo, eso a ti no te importa.
—¿Una amiga? —asentí mientras le daba al icono de los mensajes —¿de Estados Unidos?
—Sí. Como verás, allí si tenía amigos —solté una risita. El no rio, pero me quedó mirando con una expresión extraña. No le di importancia y comencé a anotar teclas rápidamente, mientras el miraba la pantalla del móvil por sobre mi cabeza.
Ya te llamaré yo. Espera un poco… Mañana por la mañana hablamos, ¿Si?
Le puse enviar rápidamente y luego volví a echar el móvil en el bolso.
Suspiré y giré la cabeza para mirar a Tom. Me sorprendí, pues estaba bastante cerca de mí.
Pero luego la sorpresa se convirtió en asombro. Él era exactamente igual a su hermano. Vale, yo sabía que eran gemelos, pero nunca pensé que fuesen exactamente iguales.
La misma nariz, la misma boca, los mismos ojos.
Hubiese jurado que tenía a Bill frente a mí, a unos escasos centímetros de distancia… Quise alejarme, pero no pude hacerlo… y cada vez me acercaba más y más a él, imaginando a su hermano en su lugar. A esa persona que me tenía enamorada desde hacía tanto tiempo. Pude sentir su respiración en mi rostro, cerré los ojos en el momento en que entreabría un poco mi boca… ya no pude verlo, pero sí pude sentir sus labios posarse sobre los míos. Su mano llegó a mi cintura y justo en el momento en que yo estaba que lo agarraba del cuello y lo empezaba a besar de verdad un grito nos interrumpió.

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