18 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 44

























CAPITULO 44


El día había sido tranquilo, nada que destacar. Ya había llegado a la casa de mamá y había cocinado algo comestible, por suerte. Creo que había mejorado bastante con esto de la cocina. Antes era un completo inútil en el tema, pero ahora… podía preparar pasta sin que se pegotearan. Al terminar de comer ordené y limpié todo. Luego fui a ayudar a mamá con todo lo que tenía que hacer antes de dormir… la acosté en la cama, la acomodé lo mejor que pude y me agaché para besarla en la frente. Le deseé dulces sueños y luego subí a mi habitación, estaba agotado… aun así no era tan tarde. Quizás, antes de dormir podría hablarle a mi chica un rato. Tal vez podía pasar hacia mi habitación y podíamos dormir juntos. Eso sería lindo. Desde ayer que no la veía y la extrañaba en exceso.
Entré en la habitación bostezando. Pegué un salto al ver un bulto sobre mi cama… me costó un poco darme cuenta de que era Mery. Tenía tanto sueño y estaba tan cansado que me costaba mantener los ojos abiertos. Uy, por suerte estaba ella aquí. Así no tendría que llamarla. Me acerqué, quitándome los zapatos. Una vez estuve a su lado me di cuenta de que estaba dormida. Quizás cuanto tiempo había estado esperándome aquí… tanto que incluso se había dormido. Suspiré y me agaché tambaleante hasta estar lo suficientemente cerca como para besarla. Rocé sus labios con cuidado, para no despertarla y luego me separé de ella. La acomodé, moviéndola despacio hacia un lado de la cama, haciéndome espacio. Luego me dirigí a apagar la luz. Enseguida volví a la cama. Me recosté a su lado haciendo el menor alboroto posible y me giré hacia mi chica. No podía ver muy bien su rostro, pero podía distinguir su silueta. Me acerqué a ella hasta poder rodearla con uno de mis brazos. Hundí mi cabeza en el hueco de su cuello y cerré los ojos. Olía tan bien… era algo delicioso. Daban ganas de comérsela a besos. Pero eso ya lo haría mañana… hoy no quería arriesgarme a despertarla. Estaba durmiendo tan tranquilamente que no… no me atrevía. Podía sentir su cabello en mi rostro. Siempre me gustó su cabello… ahora lo llevaba más largo que antes. Aún no sé cuál cabello me gusta más. Creo que este, el actual… no lo sé. No pude evitar pensar en la suerte que tenía al estar aquí con ella. Tal vez había sido el destino o simplemente una cadena de hechos… de todas maneras agradecía enormemente tenerla de nuevo junto a mí. Poder disfrutar de sus besos, sus abrazos, la suavidad de su piel y su aroma exquisito, poder mirarla a los ojos y poder decirle cuando la amaba, poder besarla como si mi vida dependiera de ello… poder tenerla, que ella fuese mi chica, mi princesa, mi Mery. Y es que con ella todo era mucho mejor, todo se veía más positivo y sentía más fuerzas para enfrentar el día a día. No tengo idea en que momento fue que me enamoré de ella… pero bendigo ese momento, claro que sí.

Mmm…¿pero qué? había algo cálido sobre mis labios y sentía cierto peso sobre mi cuerpo. Abrí los ojos levemente, la luz me molestaba. Entre las pestañas pude ver… nada. Abrí la boca. Me di cuenta entonces de que sus labios estaban sobre los míos. Sonreí, ella seguía aquí y estaba sobre mí. Busqué su cintura con mis manos y la pegué a mi cuerpo. Comencé a besarla lentamente. Era de mañana y yo aún estaba un poco confundido con todo esto, pero me gustaba. Siempre me había gustado despertar con ella a mi lado. Mi chica sonrió, separándose de mí. Se notaba más despierta que yo.
—Buenos días —saludó, muy cerca de mi rostro.
—Buenos días… —le respondí el saludo sonriendo. Mi voz había sonado bastante extraña. Murmuró con voz ronca, producto del sueño. Ella siguió sonriendo y dejó caer su cabeza en mi cuello. La abracé. Ella estaba sobre mí y eso se sentía bien —así que… entras en mi casa sin permiso —seguía hablando como un recién despertado. Bah, había despertado reciñen. Mery soltó un “ajam” bastante cerca de mi cuello. Reí debido a las cosquillas que me había provocado.
—Quería verte —dijo aún pegada a mi cuello.
—Y te dormiste… —solté burlándome.
—Si —ella simplemente se rio.
—¿Hace cuánto que estás despierta? —le pregunté… ojala no fuese desde hace mucho. Comencé a acariciar su espalda con delicadeza.
—No lo sé ¿pero sabes?... ha sido el suficiente tiempo como para que se me ocurriese una idea genial —una idea… con que no fuera irnos a Italia, todo estaba bien.
—A ver…
—¿Recuerdas cuando tú dijiste que tenías que buscar a alguien que cuidara a tu madre? —oh, ya entendía… no era necesario que añadiera algo más.
—Ya veo lo que quieres hacer.
—Si ¿has encontrado a alguien? —se acomodó mejor sobre mi pecho.
—Ni siquiera he intentado buscar a alguien —le dije. Claro que podría haber buscado a alguien, pero ese alguien no sería tan de confianza como Tom y yo quisiéramos.
—Que bien… entonces yo voy a cuidar a tu madre. Sólo si quieres —cuidar a mamá… me pareció bien. Ellas ya se conocían y yo confiaba en ella, era mi novia. A demás así yo podría pasar más tiempo con ella, mientras cuidábamos a mamá. Aunque había un problema, mi novia ya tenía un trabajo.
—Tendría que hablarlo con Tom, por mi está bien ¿y qué pasará con el trabajo que ya tienes? —le pregunté, para asegurarme. De todas maneras el trabajo de cuidar a mamá era todo suyo.
—No me gusta ese trabajo —se encogió de hombros entre mis brazos.
—Piensas dejarlo ¿sólo eso? —quise asegurarme.
—Sólo eso —bien… entonces todo estaba perfecto. Así Tom y yo podríamos descansar de todo esto —¿qué hora es? —preguntó después de un rato. La solté un momento para tomar el móvil de la mesita de noche. Uy, ya se me había hecho tarde. Agh.
—Las nueve.
—Es temprano… —no tan temprano… no lo suficiente como para llegar a tiempo.
—Es hora de levantarse —intenté sonar lo menor preocupado posible.
—No quiero —reí. Pero que perezosa era.
—Tengo que trabajar, Mery… —intenté quitara de encima, pero ella me abrazó con fuerza.
—No —decía si soltarme. Oh, Dios… como siquiera así iba a llegar más atrasado al trabajo aún.
—Ya llegará Tom… —le comenté. O seguro él ya estaba abajo.
—No —volvió a repetir, como una niña pequeña que no quiere escuchar.
—Mi amor… —intenté convencerla, pero ella parecía no querer ceder. Alzó la cabeza y me miró pestañeando seguidas veces… con esos ojitos que podían conmigo.
—Amor, mi amor, mi vida… —resoplé. Me habían entrado ganas de quedarme, ella podía conmigo.
—No me hagas ojitos, Mery… me tengo que ir —le pedí. Pero ella seguía con lo mismo, abrazándome con fuera para que yo no pudiera apartarla y mirándome con esos ojos. Estaba siendo cruel conmigo. No se imaginaba las ganas que tenía de quedarme junto a ella…
—Espera un poco más… seguro nadie te dice nada —ya no intenté a apartarla, era imposible.
—Por favor, déjame ir al trabajo… —casi rogué.
—Por favor no te vayas —me apretó con fuerza. Yo no me quería ir pero… trabajo era trabajo.
—Si me dejas, te prometo que por la noche te llevo a comer a un lugar especial —la miré a los ojos. Ella pareció interesarse en la propuesta. Se mordió el labio inferior. Agh, me derretía.
—Es tentador…
—Y… ¿Qué dices? —ella se separó de mi apoyando sus manos sobre mi pecho, levantándose.
—Ya —se acercó a mi fugazmente y me besó. Se separó en tres segundos. Le sonreí… ahora me pasaría todo el día pensando en un buen lugar para llevarla a comer. Ella me dejó en libertar, sentándose a mi lado en la cama. Yo me levanté de la cama. Y ella me imitó.
—¿Ya te vas? —pregunté, como un idiota. Era obvio que tenía… no tenía porqué quedarse sin yo me iba a trabajar.
—Tú también te vas.
—Primero tengo que vestirme, tomar el desayuno, arreglar mis cosas…. —y ese era un tiempo valioso que podíamos aprovechar estando juntos. Me acerqué a ella.
—Y yo tengo que ver que mi mamá no me pille aquí contigo —desvió la vista hacia la ventana. Buen punto… era entendible.
—OK… entonces… nos vemos en la noche —reprimí una sonrisa mordiéndome el labio inferior.
—Te amo —se acercó más a mi rostro. Me gustaba escucharla decir que me amaba…
—Te amo —le contesté. Me acerqué a ella y la besé, nos separamos luego de un momento. Ella se dio media vuelta, sonriendo y desapareció en su habitación.

Luego de haber ido a saludar a mamá, comer algo, cambiarme de ropa y disculparme con Tom cientos de veces por haberlo dejado a cargo de mamá y haberlo hecho faltar al trabajo, decidí que lo mejor sería salir y esperar a mi novia. La hora en que habíamos quedado se acercaba y por suerte su madre no estaba. La mujer había salido de su casa al momento en que yo llegaba a la de mi madre.
Me sentía ansioso… y un poco nervioso. Sentía que esta noche sería especial, me daba la impresión de que sería diferente y estaba más eufórico que las otras veces. Quizás era porque la llevaría a cenar a ese mismo lugar de hace tres años. Había llamado por la mañana para hacer la reservación, había dado todos los detalles de la mesa de esa noche hacía tanto tiempo y quería tener la misma ubicación. Seguro a ella iba a gustarle y a mí también, claro… eso me traería muchos recuerdos ya que no había estado allí desde esa vez con mi pequeña. Ahora ya no estaría con mi pequeña… estaría con mi… mi ¿pequeña ya grande?, estaría con la chica más hermosa del planeta y el universo entero, con mi princesa, mi Mery.
Dirigí la vista instantáneamente hacia la puerta de su casa al darme cuenta de que estaba abierta. Mi boca casi llegó al suelo al darme cuenta de que traía un vestido… un vestido… Meer traía un vestido. Tragué saliva costosamente, observándola acercarse hacia el coche. Tenía unas piernas impresionantes. Esto me ponía bastante… bastante aturdido. Llené mis pulmones de aire intentando relajarme ¿cómo era posible que en estos escasos años su cuerpo hubiera cambiado tanto? podía conmigo.
Mery abrió la puerta del coche y se subió en el asiento del copiloto. La miré, aún con la cara de bobo, observando su escote, el colgante, su cuello, sus labios y finalmente sus ojos.




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