CAPITULO 27
Me quedé quieta en
el lugar mientras él se acercaba a nosotros a paso lento. Contuve la
respiración. Sentía el corazón en la cabeza nuevamente. Quise correr, pero como
anteriormente me había pasado, mi cuerpo no respondió.
Llegó y se paró frente a nosotros. Alcé un poco la cabeza y lo miré. Ya no era tan alto como antes… yo había crecido. Aunque en sí seguía exactamente igual. Nuestras miradas se cruzaron y me vi forzada a desviarme hacia otro lado.
—¿Estás bien? —me preguntó. Me habló. Su voz había sonado dulce… aunque ya no sabía que pensar de él. No contesté. Miré a Tom, él estaba mirando a Bill seriamente, como acusándolo de algo. Luego volví la vista a mis zapatos y luché para que mi respiración no sonara demasiado fuerte —¿está bien? —esta vez la pregunta fue dirigida hacia Tom.
—Eso creo —contestó.
—¿Estás llorando? —me preguntó. Intentó acercar su mano, pero yo me aparté, dando un paso hacia atrás —¿estás bien? —volvió a preguntar. Entonces lo miré enojada…
—¿Es que no es obvio? jamás he estado mejor en mi vida, gracias por preocuparte —me acomodé mejor el flequillo, cubriéndome un poco más el rostro. Las lágrimas ya se comenzaban a acumular en mis ojos.
—Hey, no llores —volvió a intentar acercarse a mí y yo retrocedí otro paso.
—Bill, ya déjala —habló Tom esta vez.
—Sólo quiero saber porque llo… - Volvió a insistir, callándose a la mitad de la oración. Entonces lo miré amargamente. Él volvió a acercarse… por lo que me vi obligada a retroceder otro paso más.
—Eso no es de tu incumbencia —contesté —a ti no te importa. Aléjate.
—No seas así, me importa.
—No, claro que no te importa. No te importa lo que me pasa y yo tampoco te importo. Nosotros sólo hablamos un par de veces ¿recuerdas? —dibujé una falsa sonrisa en mi rostro —eres una mierda —susurré.
—¿Qué? —claro, él no me había escuchado y se acercaba más. Esta vez no me moví y quedamos a escasos centímetros. Lo miré desafiante. Estábamos frente a frente pero su mirada no tenía nada que no fuese preocupación. Aun así, yo seguí firme con mi expresión de odio.
—Aléjate de mí.
—Mira, si quieres hablar…
—No quiero hablar contigo —lo corté. Vi como Tom pasaba por detrás de Bill y se subía a su coche, cerrando la puerta. Oh, genial, privacidad.
—No seas infantil. No te comportes así.
—Si… hablar es la mejor manera de arreglar todo para los adultos —dibujé otra sonrisa en mi rostro —¿pero sabes que es lo que hacemos las chicas infantiles? —no contestó. Sólo se me quedó mirando, como si yo estuviese loca —¿quieres saberlo?
—Muéstrame.
—Esto —alcé la mano, y depositando en ella toda la rabia que tenía dentro, se la pegué a la cara con tal fuerza que resonó por toda la calle. No me hubiera sorprendido despertar a todos los vecinos. Bill quedó con la cabeza vuelta hacia un lado.
—¿Por qué… hiciste eso? —preguntó asombrado mientras se llevaba una mano a la mejilla y volvía la cara para mirarme.
—Te lo mereces… —le espeté —Te pediría disculpas… pero no tengo ganas. – Volví a sonreír.
—Te repito que hablemos.
—Te repito que no quiero —dije mientras negaba con la cabeza.
—Te has vuelto insoportable —puse los ojos en blanco.
—Y lo dices tú.
—Ya deja de comportarte así —tomó mi brazo con suavidad. Yo miré su mano y seguidamente lo miré a él.
—Yo soy así…
—No. Tú no eres así… te conozco —quité su mano de mi brazo con asco.
—No me conoces… después de todo, nosotros sólo hablábamos —solté una risa irónica.
—¿Te enojaste por eso? —¡¿Por eso?! oh, sí, claro… como si lo que hubo alguna vez entre nosotros no fuese nada.
—Eso no te importa.
—Tienes razón, no me importa —sus ojos se endurecieron y ya no me miraba con preocupación. Entrecerré los míos.
—Entonces, ¿qué haces aquí? Podrías irte y dejarme en paz —le di un empujón, pero él ni siquiera se movió.
—No pienso irme de aquí hasta aclararlo todo —perdí los nervios.
—¡Ya te dije que no hay nada que aclarar, no hay nada de qué hablar! —no me dijo nada. Sólo me miraba —mira, yo… ¡argh! ¡Si tú no te vas, me voy yo! —le di una patada al piso. Me di media vuelta dispuesta a ir hacia mi casa.
—Ya deja esa actitud —me cogió de la muñeca y me volteó. Pff, pero si el que estaba mal aquí era él… no yo —me pones de mal humor… tú no eras así.
—Era —repetí el verbo.
—Cambiaste demasiado.
—¿ Qué? ¿ya no te gusto? ¿es eso? Tú también cambiaste demasiado, Bill. Y dime ¿cuándo fue que empezaste a salir con mujeres fáciles para saciar tu necesidad de sexo? —con un movimiento de brazo solté mi muñeca de su agarre.
—¡Oh, Dios, ya no estoy enamorado de ti! —me quedé sin respiración al escuchar sus palabra. Lo miré esperando alguna señal de que no era cierto —es mi decisión qué decirle a la gente sobre mi vida. No porque de repente llegues y aparezcas de la nada en el coche de mi hermano quiere decir que las cosas siguen como antes. Yo ya hice mi vida y tú la tuya por caminos separados ¿entiendes? —movía las manos, gesticulando. Me asusté. Los ojos se me volvieron a llenar de lágrimas y resistí las ganas que tenía de echarme a llorar a gritos —no puedes pretender que los sentimientos continúen intactos. Esto no es un cuento de Disney con amor eterno. Y sí, ni siquiera me gustas un poco —ya ni siquiera podía ver, producto de las lágrimas. Ocupé el momento de silencio que vino después de eso para obligarme a respirar. Dolía. —lo sien…
—Bien por ti —espeté rápidamente, cortándolo. Enseguida me di la vuelta y comencé a caminar hacia mi casa a paso rápido. Las lágrimas amontonadas en mis ojos ya comenzaban a caer.
Ya estaba claro. No me quería. Bien.
Me había olvidado… Y eso no estaba mal, no. Lo malo era que yo aún no lo podía
olvidar a él. Seguí caminando lentamente hasta llegar al cerco que daba al
patio trasero de mi casa. Sabía que no había nadie dentro y no valía la pena
picar al timbre. Levanté una mano y la apoyé en el borde superior del cerco.
Volví la cabeza hacia atrás. Bill me miraba, al igual que Tom… él estaba
caminando hacia su hermano. Llegó y se paró frente a nosotros. Alcé un poco la cabeza y lo miré. Ya no era tan alto como antes… yo había crecido. Aunque en sí seguía exactamente igual. Nuestras miradas se cruzaron y me vi forzada a desviarme hacia otro lado.
—¿Estás bien? —me preguntó. Me habló. Su voz había sonado dulce… aunque ya no sabía que pensar de él. No contesté. Miré a Tom, él estaba mirando a Bill seriamente, como acusándolo de algo. Luego volví la vista a mis zapatos y luché para que mi respiración no sonara demasiado fuerte —¿está bien? —esta vez la pregunta fue dirigida hacia Tom.
—Eso creo —contestó.
—¿Estás llorando? —me preguntó. Intentó acercar su mano, pero yo me aparté, dando un paso hacia atrás —¿estás bien? —volvió a preguntar. Entonces lo miré enojada…
—¿Es que no es obvio? jamás he estado mejor en mi vida, gracias por preocuparte —me acomodé mejor el flequillo, cubriéndome un poco más el rostro. Las lágrimas ya se comenzaban a acumular en mis ojos.
—Hey, no llores —volvió a intentar acercarse a mí y yo retrocedí otro paso.
—Bill, ya déjala —habló Tom esta vez.
—Sólo quiero saber porque llo… - Volvió a insistir, callándose a la mitad de la oración. Entonces lo miré amargamente. Él volvió a acercarse… por lo que me vi obligada a retroceder otro paso más.
—Eso no es de tu incumbencia —contesté —a ti no te importa. Aléjate.
—No seas así, me importa.
—No, claro que no te importa. No te importa lo que me pasa y yo tampoco te importo. Nosotros sólo hablamos un par de veces ¿recuerdas? —dibujé una falsa sonrisa en mi rostro —eres una mierda —susurré.
—¿Qué? —claro, él no me había escuchado y se acercaba más. Esta vez no me moví y quedamos a escasos centímetros. Lo miré desafiante. Estábamos frente a frente pero su mirada no tenía nada que no fuese preocupación. Aun así, yo seguí firme con mi expresión de odio.
—Aléjate de mí.
—Mira, si quieres hablar…
—No quiero hablar contigo —lo corté. Vi como Tom pasaba por detrás de Bill y se subía a su coche, cerrando la puerta. Oh, genial, privacidad.
—No seas infantil. No te comportes así.
—Si… hablar es la mejor manera de arreglar todo para los adultos —dibujé otra sonrisa en mi rostro —¿pero sabes que es lo que hacemos las chicas infantiles? —no contestó. Sólo se me quedó mirando, como si yo estuviese loca —¿quieres saberlo?
—Muéstrame.
—Esto —alcé la mano, y depositando en ella toda la rabia que tenía dentro, se la pegué a la cara con tal fuerza que resonó por toda la calle. No me hubiera sorprendido despertar a todos los vecinos. Bill quedó con la cabeza vuelta hacia un lado.
—¿Por qué… hiciste eso? —preguntó asombrado mientras se llevaba una mano a la mejilla y volvía la cara para mirarme.
—Te lo mereces… —le espeté —Te pediría disculpas… pero no tengo ganas. – Volví a sonreír.
—Te repito que hablemos.
—Te repito que no quiero —dije mientras negaba con la cabeza.
—Te has vuelto insoportable —puse los ojos en blanco.
—Y lo dices tú.
—Ya deja de comportarte así —tomó mi brazo con suavidad. Yo miré su mano y seguidamente lo miré a él.
—Yo soy así…
—No. Tú no eres así… te conozco —quité su mano de mi brazo con asco.
—No me conoces… después de todo, nosotros sólo hablábamos —solté una risa irónica.
—¿Te enojaste por eso? —¡¿Por eso?! oh, sí, claro… como si lo que hubo alguna vez entre nosotros no fuese nada.
—Eso no te importa.
—Tienes razón, no me importa —sus ojos se endurecieron y ya no me miraba con preocupación. Entrecerré los míos.
—Entonces, ¿qué haces aquí? Podrías irte y dejarme en paz —le di un empujón, pero él ni siquiera se movió.
—No pienso irme de aquí hasta aclararlo todo —perdí los nervios.
—¡Ya te dije que no hay nada que aclarar, no hay nada de qué hablar! —no me dijo nada. Sólo me miraba —mira, yo… ¡argh! ¡Si tú no te vas, me voy yo! —le di una patada al piso. Me di media vuelta dispuesta a ir hacia mi casa.
—Ya deja esa actitud —me cogió de la muñeca y me volteó. Pff, pero si el que estaba mal aquí era él… no yo —me pones de mal humor… tú no eras así.
—Era —repetí el verbo.
—Cambiaste demasiado.
—¿ Qué? ¿ya no te gusto? ¿es eso? Tú también cambiaste demasiado, Bill. Y dime ¿cuándo fue que empezaste a salir con mujeres fáciles para saciar tu necesidad de sexo? —con un movimiento de brazo solté mi muñeca de su agarre.
—¡Oh, Dios, ya no estoy enamorado de ti! —me quedé sin respiración al escuchar sus palabra. Lo miré esperando alguna señal de que no era cierto —es mi decisión qué decirle a la gente sobre mi vida. No porque de repente llegues y aparezcas de la nada en el coche de mi hermano quiere decir que las cosas siguen como antes. Yo ya hice mi vida y tú la tuya por caminos separados ¿entiendes? —movía las manos, gesticulando. Me asusté. Los ojos se me volvieron a llenar de lágrimas y resistí las ganas que tenía de echarme a llorar a gritos —no puedes pretender que los sentimientos continúen intactos. Esto no es un cuento de Disney con amor eterno. Y sí, ni siquiera me gustas un poco —ya ni siquiera podía ver, producto de las lágrimas. Ocupé el momento de silencio que vino después de eso para obligarme a respirar. Dolía. —lo sien…
—Bien por ti —espeté rápidamente, cortándolo. Enseguida me di la vuelta y comencé a caminar hacia mi casa a paso rápido. Las lágrimas amontonadas en mis ojos ya comenzaban a caer.
Me hice impulso y salté del otro lado, dejando a esos dos con la boca abierta.
—¿Qué haces? —me gritó Tom desde el otro lado.
—Entro a mi casa —le contesté con la mejor voz que pude. Luego comencé a caminar hacia la ventana más cercana… no estaba abierta, y así seguí hasta encontrar una abierta… la de la cocina. Hice lo mismo que había hecho con el cerco y pasé dentro de la casa. Todo estaba oscuro y no veía nada. Me limpié los ojos, quizás si me quitaba las lágrimas veía mejor. Caminé dando manotazos por todos lados, buscando un interruptor de luz. Choqué con unas cuantas cosas y boté algunas…
Hasta que me encontré con la pared de la cocina, y tanteando a ciegas encendí la luz. Me pareció tan fuerte, que tuve la necesidad de llevarme la mano a los ojos. Me ardían. Deje la luz encendida y me dirigí a la entrada… allí igual encendí la luz.
Luego subí las escaleras y me metí a mi habitación. Cerré la puerta tras de mí y prácticamente corrí hacia la ventana. Abrí las cortinas, dejando que las luz de las farolas de la calle entrara y luego me apresuré en abrir la ventana. Aspiré el frío aire que entró, llenando mis pulmones y luego lo solté de golpe. Ya no iba a seguir llorando. No iba a llorar por alguien que no lo merecía. Volví a cerrar las cortinas, dejando la ventana abierta. Y me encaminé hacia mi cama.
No me molesté en abrirla, ni siquiera me molesté en quitarme los zapatos. Me deje caer, cogiendo el gran almohadón que tenía encima. Lo abracé con fuerza, deseando que ese almohadón fuese otra cosa…
Me iba muriendo por dentro. No se sentía nada bien.
Di un pequeño salto al escuchar el sonido de la puerta abrirse. Seguidamente la escuché cerrarse. Unos pasos apurados que subían las escaleras… cerré los ojos e intenté regular mi respiración para que pareciese que dormía.
La puerta de mi habitación de abrió y escuché sonidos de zapatos acercarse. La persona que había entrado se agachó junto a mí y me besó en la mejilla. Supe enseguida que era mi madre… quise quitarla de allí, pero era mejor seguir durmiendo.
Después de unos momentos ella se fue,
dejándome sola. Y claro, cerrando la puerta. Al menos algo hacía bien.
Me relajé y pude dormirme. Estaba demasiado cansada y tenía muchas cosas en las que evitar pensar. Como que Bill ya no me amaba, por ejemplo.
Pero no pude evitar antes de dormirme, fijarme que por entre las cortinas que se movían con el viento, se podía ver la luz encendida de la habitación de la otra casa. Las lágrimas comenzaron a caer.
Me relajé y pude dormirme. Estaba demasiado cansada y tenía muchas cosas en las que evitar pensar. Como que Bill ya no me amaba, por ejemplo.
Pero no pude evitar antes de dormirme, fijarme que por entre las cortinas que se movían con el viento, se podía ver la luz encendida de la habitación de la otra casa. Las lágrimas comenzaron a caer.
Me encontraba completamente mojada, sumergida en el mar… el cual me arrastraba a su gusto. Me tiraba con tal fuerza y brutalidad que sentía que mi cuerpo se iba a romper en cualquier momento. Me hundía… me hacía tragar agua, hasta el punto de sentir que mis pulmones iban a explotar… y luego, me volvía a la superficie… pero eso no era todo, un gélido viento soplaba por todo el océano. Esparciendo la lluvia en todas direcciones y haciéndome temblar de frío.
Yo me intentaba nadar hacia la orilla, la cual se podía distinguir a unos escasos metros… pero el agua era tan profunda y el mar estaba tan enfurecido que apenas me podía mover.
Todos los músculos de mi cuerpo comenzaron a ponerse rígidos y me costaba coger aire. Tragaba agua en grande cantidades… pero mis intentos por salir al menos un par de segundos a la superficies era fallidos. El pecho me solía y el agua salada hacía que me ardieran los ojos. Sentía un mal sabor en la boca que no me gustaba para nada. Intenté nadar hacia afuera de nuevo… pero en vez de moverme hacia la orilla, me movía mar adentro.
Entonces, casi sin poder sentirlo, el mar me empujó con toda brutalidad contra la arena de la playa, dejándome tendida de espaldas.
Al menos ya estaba fuera… tosí un par de veces y luché por ponerme de pie… me tambaleé y volví al suelo. Me sentí derrotada. Miré hacia el mar… amenazaba por volver a por mí. No podía seguir en esa tormenta. Me comencé a arrastras hacia la arena seca. La arena estaba áspera, me dolía todo el cuerpo, y me dolía más a medida que avanzaba. Una vez estuve a salvo, deje que todos mis músculos se relajaran. Ya ni siquiera los podía mover… entonces, sentí la presencia de alguien a mi lado.
Desperté algo asustada por esa pesadilla… sólo había sido
un sueño. Aún sin abrir los ojos, me di cuenta de que no estaba sola, como en
mi sueño, pude sentir la presencia de alguien. Me aterroricé. Alguien estaba
respirando justo en mi rostro. Lo podía sentir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario