CAPITULO 25
—¿Anne? —abrí los ojos al instante. Pero me vi obligada a
cerrarlos nuevamente tras ver el rostro de quien me miraba desde arriba. Me
ardían los ojos al abrirlos.
—¿Qué haces aquí, Andreas? —le pregunté llevándome el brazo a los ojos para cubrirlos. Si, seguía en esa puta banca. Por fin había dejado de llorar y estaba segura de que tenía un aspecto horrible.
—Estás frente a mi casa —dijo como si fuese lo más obvio del mundo. Oh, ¿cómo no me había dado cuenta antes de que estaba en el parque que quedaba frente a la casa de mi querido Andreas? Que estúpida. Incluso de eso no me daba cuenta. Era un desastre —¿qué te pasó? —me preguntó. Yo no contesté, no estaba para hablar de eso. Ya que si lo hacía, me iba a echar a llorar nuevamente —a ver, déjame un espacio —me levantó la cabeza haciendo fuerza, y se sentó en la banca, para luego volver a poner mi cabeza sobre sus piernas. Así se estaba mucho más cómoda. Aunque las piernas de Andreas no eran unas muy buenas almohadas —¿me vas a contar lo que pasó? —me quitó el brazo de los ojos.
—No —contesté tajante, llevándome el brazo nuevamente a los ojos.
—Eh, no te las agarres conmigo, que yo no hice nada… ¿o me equivoco?
—No, tú no fuiste, estúpido —tenía que descargarme con alguien. No quería que Andreas sufriera las consecuencias y aunque fuera injusto, no me podía aguantar.
—Pero no me trates así —hizo una pausa —¿estabas llorando?
—Eso no te importa —él volvió a quitarme la mano de los ojos.
—Si me importa, Anne. Somos amigos, yo te quiero.
—Pues últimamente no me va nada bien con la gente que se supone que me quiere —solté.
—Oye, yo te quiero de verdad. ¿Qué pasó? puedo ayudarte —negué con la cabeza, aún con los ojos cerrados.
—Tengo un lío en la cabeza… No puedo más —suspiré —¿sabes? —solté de repente —no se lo digas a nadie...
—A nadie, lo prometo —levanté la mano, haciéndola puño, solo con el dedo meñique levantado. Él juntó su dedo con el mío —promesa.
No estaba segura de lo que iba a hacer. Pero lo haría.
—Me gusta Bill —la voz me tembló al pronunciar su nombre y me entraron ganas de llorar. Andreas no dijo nada, supuse que se había quedado asombrado ante mi declaración —me gusta desde hace tiempo ¿Pero sabes que es lo peor? —me detuve por un momento para coger aire. Andreas siguió sin decir nada —lo peor es que él estuvo con Kattie haciendo… —me detuve. Suspire, él entendería sólo. No quería decirlo, me daba repulsión, asco, y ganas de llorar —me había dicho que me quería. Estábamos juntos.
—¡¿Juntos?! ¿Y Kattie?
—Shht —sentí las lágrimas en mis ojos —no era mi intención hacerle eso a Kattie, ni a Dylan. Me siento culpable, Andreas.
—¿Y ese es el problema?
—Bill me había dicho que me quería.
—Pero tú estabas con Dylan.
—Iba a cortar con él.
—Oh —dijo simplemente.
—Dylan se droga. Me roba cosas para vender y gastar el dinero en drogas. Quiero dejarlo.
—¿Qué? —preguntó asombrado.
—Si, él perfecto Dylan no era tan perfecto al fin y al cavo —suspiré intentando retener las lágrimas nuevamente —no puedo creer que Bill me haya hecho esto.
—Se acostó con Kattie —afirmó.
—Ni siquiera lo menciones —me apresuré en decir con voz ruda. Bill es un estúpido.
—No, Anne… Tú hiciste mal.
—Lo sé, lo sé —abrí los ojos de golpe y una lágrima rodó por mi cien hasta llegar a mi cabello. Andreas me miraba acusadoramente, como si fuese la persona más malvada del planeta —si, soy una mierda de persona. Lo sé, Andreas.
—No eres una mierda —su voz sonó dulce —es bueno que reconozcas que hiciste mal ¿Sabes por qué? Se calló un momento, esperando a que yo contestara.
—¿Por qué?
—Porqué todo tiene solución.
—¿Qué haces aquí, Andreas? —le pregunté llevándome el brazo a los ojos para cubrirlos. Si, seguía en esa puta banca. Por fin había dejado de llorar y estaba segura de que tenía un aspecto horrible.
—Estás frente a mi casa —dijo como si fuese lo más obvio del mundo. Oh, ¿cómo no me había dado cuenta antes de que estaba en el parque que quedaba frente a la casa de mi querido Andreas? Que estúpida. Incluso de eso no me daba cuenta. Era un desastre —¿qué te pasó? —me preguntó. Yo no contesté, no estaba para hablar de eso. Ya que si lo hacía, me iba a echar a llorar nuevamente —a ver, déjame un espacio —me levantó la cabeza haciendo fuerza, y se sentó en la banca, para luego volver a poner mi cabeza sobre sus piernas. Así se estaba mucho más cómoda. Aunque las piernas de Andreas no eran unas muy buenas almohadas —¿me vas a contar lo que pasó? —me quitó el brazo de los ojos.
—No —contesté tajante, llevándome el brazo nuevamente a los ojos.
—Eh, no te las agarres conmigo, que yo no hice nada… ¿o me equivoco?
—No, tú no fuiste, estúpido —tenía que descargarme con alguien. No quería que Andreas sufriera las consecuencias y aunque fuera injusto, no me podía aguantar.
—Pero no me trates así —hizo una pausa —¿estabas llorando?
—Eso no te importa —él volvió a quitarme la mano de los ojos.
—Si me importa, Anne. Somos amigos, yo te quiero.
—Pues últimamente no me va nada bien con la gente que se supone que me quiere —solté.
—Oye, yo te quiero de verdad. ¿Qué pasó? puedo ayudarte —negué con la cabeza, aún con los ojos cerrados.
—Tengo un lío en la cabeza… No puedo más —suspiré —¿sabes? —solté de repente —no se lo digas a nadie...
—A nadie, lo prometo —levanté la mano, haciéndola puño, solo con el dedo meñique levantado. Él juntó su dedo con el mío —promesa.
No estaba segura de lo que iba a hacer. Pero lo haría.
—Me gusta Bill —la voz me tembló al pronunciar su nombre y me entraron ganas de llorar. Andreas no dijo nada, supuse que se había quedado asombrado ante mi declaración —me gusta desde hace tiempo ¿Pero sabes que es lo peor? —me detuve por un momento para coger aire. Andreas siguió sin decir nada —lo peor es que él estuvo con Kattie haciendo… —me detuve. Suspire, él entendería sólo. No quería decirlo, me daba repulsión, asco, y ganas de llorar —me había dicho que me quería. Estábamos juntos.
—¡¿Juntos?! ¿Y Kattie?
—Shht —sentí las lágrimas en mis ojos —no era mi intención hacerle eso a Kattie, ni a Dylan. Me siento culpable, Andreas.
—¿Y ese es el problema?
—Bill me había dicho que me quería.
—Pero tú estabas con Dylan.
—Iba a cortar con él.
—Oh —dijo simplemente.
—Dylan se droga. Me roba cosas para vender y gastar el dinero en drogas. Quiero dejarlo.
—¿Qué? —preguntó asombrado.
—Si, él perfecto Dylan no era tan perfecto al fin y al cavo —suspiré intentando retener las lágrimas nuevamente —no puedo creer que Bill me haya hecho esto.
—Se acostó con Kattie —afirmó.
—Ni siquiera lo menciones —me apresuré en decir con voz ruda. Bill es un estúpido.
—No, Anne… Tú hiciste mal.
—Lo sé, lo sé —abrí los ojos de golpe y una lágrima rodó por mi cien hasta llegar a mi cabello. Andreas me miraba acusadoramente, como si fuese la persona más malvada del planeta —si, soy una mierda de persona. Lo sé, Andreas.
—No eres una mierda —su voz sonó dulce —es bueno que reconozcas que hiciste mal ¿Sabes por qué? Se calló un momento, esperando a que yo contestara.
—¿Por qué?
—Porqué todo tiene solución.
—Andreas… es que tú, tú lo sabías, ¿verdad? Sabías que
yo le gustaba a Bill antes de estar con Kattie.
Entonces, en ese momento escuché el sonido de una canción. Jamás la había escuchado y era extraña.
Andreas se metió la mano en el bolsillo del pantalón y de allí sacó su móvil. Yo me levanté al instante, dejando los pies en el suelo, y quedando sentada a su lado. Me volví a pasar la mano por los ojos.
Entonces, en ese momento escuché el sonido de una canción. Jamás la había escuchado y era extraña.
Andreas se metió la mano en el bolsillo del pantalón y de allí sacó su móvil. Yo me levanté al instante, dejando los pies en el suelo, y quedando sentada a su lado. Me volví a pasar la mano por los ojos.
—¿Hola?... ¿Qué si sé donde está Anne? —me
miró. Yo abrí los ojos como platos y negué con la cabeza rápidamente —no,
no lo sé —me sentí aliviada. Suspiré, mientras Andreas
estaba callado escuchando como alguien le hablaba del otro lado de la línea.
Seguramente ese alguien era Bill —Ah, no lo sé. Vale… Si. Nos vemos —cortó
y me volvió a mirar.
—¿Qué? —le pregunté.
—Me voy a casa de Bill.
—¿Qué? —le pregunté.
—Me voy a casa de Bill.
Bufé. A casa de Bill. ¡argh! ¿Es que tampoco quería que
yo tuviese un apoyo? Pero claro, Andreas era su mejor amigo. Y si Bill le decía
a Andreas, ven, él, como una puto muñeco le hacía caso.
Perfecto.
—Bien, vete con él —le espeté, para seguidamente levantarme del banco y comenzar a caminar.
—¡Pero, Anne…!, No te puedes enojar por eso —dijo desde atrás. Me di media vuelta y levanté el dedo del corazón, mientras lo asesinaba con la mirada.
Me volví a voltear ante la mirada de incredulidad de Andreas y seguí caminando.
Me metí las manos en los bolsillos. ¿Y ahora qué se suponía que haría? ¿conectarme y esperar a que Alex se conectara? No. Seguro me iba a dar uno de sus sermones-consejos. Además, ella estaba muy ocupada con sus problemas familiares y yo no quería que ella se enterara de los míos, con los suyos ya era más que suficiente.
Pero también podría escribir en mi diario No. No tenía ganas, no quería.
—¡Anne, amor! —gritó alguien detrás de mi. Esa voz —creí que hoy no te vería.
Puse los ojos en blanco y me volteé a mirarlo. Dylan corría hacia mi. Me cogió de los hombros y me acercó a su cara para besarle, pero yo me alejé de él, dándole un empujón.
—Suéltame —la sonrisa que él traía en el rostro se le borró al instante.
—¿Qué pasa?
—Esto pasa —le crucé la cara de un manotazo. Sentía tal rabia, que estaba segura, que fuese quien fuese el que se me cruzara por delante iba a recibir un golpe. Aunque claro, él de Dylan había sido extremadamente fuerte, y se merecía ese y muchos más.
Él se llevó la mano a la mejilla y por un momento me arrepentí de haberlo golpeado. Aunque el arrepentimiento se me fue en cuando mi otra mano voló hacia su otra mejilla.
—No quiero que me vuelvas a hablar en tu vida —la voz me tembló al final de la frase.
Dylan me miró. Sus ojos destilaban odio y su cara comenzaba a tomar un color rojizo
Sentí un fuerte dolor en la mejilla y me vi obligada a retroceder un par de pasos. Me había golpeado.
—Eres una mierda —le espeté, tragándome las lágrimas. Me ardía la mejilla.
—Quería ser bueno contigo, Anne.
—Dylan, terminamos —hice caso omiso a sus palabras y me di media vuelta, seguidamente comencé a caminar.
Pero su mano rodeó mi muñeca y me retuvo. No quise darme la vuelta, y comencé a hacer fuerza para soltarme.
—Lo siento, lo siento —lo escuché decir rápidamente —¿Por qué, Anne?
—Porque eres un estúpido… te drogas —Dylan aflojó su amarre, dándome la oportunidad de soltarme —y me robas. Vete a la mierda.
—¿Quién te lo ha dicho? —acababa de confirmar todo.
No le contesté y comencé a caminar a paso rápido.
Trabajo hecho.
—Dile a Chels que me las va a pagar —Oh, sí, claro.
No dije nada. Simplemente, me limité a seguir caminando mientras sentía como los ojos se me humedecían nuevamente y él pecho me dolía horrores.
Me costaba respirar. Necesitaba a Bill. Si, necesitaba a ese estúpido que me había mentido.
Soy un fracaso.
Inconscientemente saqué el móvil de mi bolsillo. Y en el momento en que me di cuenta de lo que estaba haciendo, ya lo tenía encendido y todo,
Pude leer en la pantalla:
24 llamadas perdidas.
Y todas eran de Bill.
Bufé. O es que este chico era tonto o quería seguir haciéndome sentir mal.
Me volví a pasar la mano por los ojos. Entonces, en ese momento el móvil me vibró en la mano. Miré la pequeña pantalla, pero no me estaban llamando. Había sido un mensaje. Lo abrí.
Perfecto.
—Bien, vete con él —le espeté, para seguidamente levantarme del banco y comenzar a caminar.
—¡Pero, Anne…!, No te puedes enojar por eso —dijo desde atrás. Me di media vuelta y levanté el dedo del corazón, mientras lo asesinaba con la mirada.
Me volví a voltear ante la mirada de incredulidad de Andreas y seguí caminando.
Me metí las manos en los bolsillos. ¿Y ahora qué se suponía que haría? ¿conectarme y esperar a que Alex se conectara? No. Seguro me iba a dar uno de sus sermones-consejos. Además, ella estaba muy ocupada con sus problemas familiares y yo no quería que ella se enterara de los míos, con los suyos ya era más que suficiente.
Pero también podría escribir en mi diario No. No tenía ganas, no quería.
—¡Anne, amor! —gritó alguien detrás de mi. Esa voz —creí que hoy no te vería.
Puse los ojos en blanco y me volteé a mirarlo. Dylan corría hacia mi. Me cogió de los hombros y me acercó a su cara para besarle, pero yo me alejé de él, dándole un empujón.
—Suéltame —la sonrisa que él traía en el rostro se le borró al instante.
—¿Qué pasa?
—Esto pasa —le crucé la cara de un manotazo. Sentía tal rabia, que estaba segura, que fuese quien fuese el que se me cruzara por delante iba a recibir un golpe. Aunque claro, él de Dylan había sido extremadamente fuerte, y se merecía ese y muchos más.
Él se llevó la mano a la mejilla y por un momento me arrepentí de haberlo golpeado. Aunque el arrepentimiento se me fue en cuando mi otra mano voló hacia su otra mejilla.
—No quiero que me vuelvas a hablar en tu vida —la voz me tembló al final de la frase.
Dylan me miró. Sus ojos destilaban odio y su cara comenzaba a tomar un color rojizo
Sentí un fuerte dolor en la mejilla y me vi obligada a retroceder un par de pasos. Me había golpeado.
—Eres una mierda —le espeté, tragándome las lágrimas. Me ardía la mejilla.
—Quería ser bueno contigo, Anne.
—Dylan, terminamos —hice caso omiso a sus palabras y me di media vuelta, seguidamente comencé a caminar.
Pero su mano rodeó mi muñeca y me retuvo. No quise darme la vuelta, y comencé a hacer fuerza para soltarme.
—Lo siento, lo siento —lo escuché decir rápidamente —¿Por qué, Anne?
—Porque eres un estúpido… te drogas —Dylan aflojó su amarre, dándome la oportunidad de soltarme —y me robas. Vete a la mierda.
—¿Quién te lo ha dicho? —acababa de confirmar todo.
No le contesté y comencé a caminar a paso rápido.
Trabajo hecho.
—Dile a Chels que me las va a pagar —Oh, sí, claro.
No dije nada. Simplemente, me limité a seguir caminando mientras sentía como los ojos se me humedecían nuevamente y él pecho me dolía horrores.
Me costaba respirar. Necesitaba a Bill. Si, necesitaba a ese estúpido que me había mentido.
Soy un fracaso.
Inconscientemente saqué el móvil de mi bolsillo. Y en el momento en que me di cuenta de lo que estaba haciendo, ya lo tenía encendido y todo,
Pude leer en la pantalla:
24 llamadas perdidas.
Y todas eran de Bill.
Bufé. O es que este chico era tonto o quería seguir haciéndome sentir mal.
Me volví a pasar la mano por los ojos. Entonces, en ese momento el móvil me vibró en la mano. Miré la pequeña pantalla, pero no me estaban llamando. Había sido un mensaje. Lo abrí.
Se lo diré a Kattie. Por favor, ven.

ayyyy!!! me encanta esta fic.. es una de mis favoritas... sigue subiendo mas Kari! :)
ResponderEliminarporfis porfi otro otro otro HOY
ResponderEliminarPooooorfa ) :
ResponderEliminarpor que hizo eso :cccccccccccccccccccccc
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