CAPITULO 66
Escuché sonar el timbre repetidas veces. Salí de la habitación y bajé las escaleras corriendo, sentía el sonido de las llaves... Tom. Una figura alta, larguirucha y enorme debido a la ropa fea y ancha que usa desde que somos unos niños, entró por el umbral de la puerta con lentitud. Siempre ha ido a su ritmo en la vida. A veces desearía ser un poco cómo él. Aprender a tener paciencia, dejarme llevar y tratar de dejar de controlar todo lo que pasa a mi alrededor. Sí hubiese tomado esa determinación antes, tendría a Mery conmigo.
—Hey —me saludo mi hermano, con una media sonrisa, cerrando la puerta tras él —¿cómo va todo? Creo que nada bien. —aseguró con rapidez, es capaz de leerme como a un libro. Negué, dándole la razón. Ladeo la cabeza bufando, camino hasta mí y tomo mi ante brazo, obligándome a moverme hasta la sala. Pensé en quejarme, pero ni ánimos para eso quedaban. Termino lanzándome sobre el sofá, con poca delicadeza. ¿Qué puedo decir? Somos hombres.
Abrió la boca, con intenciones de hablar, pero la cerró al instante. Resopló con fuerza...
—Vaya lío —murmuró —A ver... tengo que lograr que sobrevivas estos dos días —lo miré, alzando la ceja ¿Qué sobreviviera? —es un decir... —aclaró —tenemos que hablar seriamente —acabó por sentarse a mi lado. Me moví inquieto. Hablar seriamente... ¿sobre lo que había pasado con Mery? si, era eso, su mirada lo decía todo. Él quería saber incluso los detalles que yo no había percibido y no me dejaría tranquilo hasta lograrlo.
Suspiré, esto se estaba volviendo difícil. Podía sentir ese molesto dolor en el pecho y esa sensación terrible de pérdida que me perseguía desde que Mery se había marchado. Si comenzábamos a hablar de esto me iba a llorar, si, lo admito.
—Hey —me saludo mi hermano, con una media sonrisa, cerrando la puerta tras él —¿cómo va todo? Creo que nada bien. —aseguró con rapidez, es capaz de leerme como a un libro. Negué, dándole la razón. Ladeo la cabeza bufando, camino hasta mí y tomo mi ante brazo, obligándome a moverme hasta la sala. Pensé en quejarme, pero ni ánimos para eso quedaban. Termino lanzándome sobre el sofá, con poca delicadeza. ¿Qué puedo decir? Somos hombres.
Abrió la boca, con intenciones de hablar, pero la cerró al instante. Resopló con fuerza...
—Vaya lío —murmuró —A ver... tengo que lograr que sobrevivas estos dos días —lo miré, alzando la ceja ¿Qué sobreviviera? —es un decir... —aclaró —tenemos que hablar seriamente —acabó por sentarse a mi lado. Me moví inquieto. Hablar seriamente... ¿sobre lo que había pasado con Mery? si, era eso, su mirada lo decía todo. Él quería saber incluso los detalles que yo no había percibido y no me dejaría tranquilo hasta lograrlo.
Suspiré, esto se estaba volviendo difícil. Podía sentir ese molesto dolor en el pecho y esa sensación terrible de pérdida que me perseguía desde que Mery se había marchado. Si comenzábamos a hablar de esto me iba a llorar, si, lo admito.
—S...si —fue lo único que logré contestar, mientras en mi cabeza intentaba ordenar los hechos en forma cronológica, pronto tendría que comenzar a hablar.
—¿Recuerdas que anoche estabas tan llorón que no podías ni hablar? Dejamos una conversación pendiente —asentí —pues bien, te escucho —me moví inquieto, repasar esos fatales sucesos en mi mente era además de desolador, incomodo, llegaba a la misma conclusión una y otra vez, el único culpable fui yo.
—Mery y yo, nuestra relación… —aclaré mi garganta, ese nudo molesto estaba ahí nuevamente. Pero no podía llorar. Era el momento menos indicado. Necesitaba hablar con alguien ¿Quién más que mi hermano, gemelo? —se volvió fría, monótona. Peleábamos mucho. Comencé a obsesionarme con el trabajo, había que pagar las cuentas... deje que eso nos separara —alcé la vista al techo, sentía mis ojos humedeciéndose, mi corazón apretándose dolorosamente —la perdí, Tom. Me observó durante unos segundos, podría percibirlo. Respiré profundo, y sin alzar la cabeza volví a hablar —ella pensaba que era una carga para mí, se lo di a entender con mis actitudes. Lo hacía sin pensar, jamás imaginé que traería estas consecuencias —me estremecí, recordándolo todo. Todos estos meses casi sin hablar, peleando, en esos momentos o me parecía tan terrible...pero ahora, ahora era todo muy diferente —yo… trabajaba mucho y la veía poco, pero lo hacía para pagarle la universidad, comprarle cosas, para hacerla sentir cómoda... feliz. Pero se salió de control y exageré todo, las cuentas andaban mal...
—¿Y se fue? —preguntó cuándo se dio cuenta de que yo ya no seguía hablando.
—Si... yo estaba trabajando y Mery llegó, estaba feliz. Estábamos de aniversario, no lo recordaba. Ella quería salir y yo no quise escucharla, peleamos... y se fue. Eso lo sabes. Intenté pedirle disculpas, pero ella terminó nuestra relación... eso también lo sabes. Lo que aún no te he dicho es que... que Mery y su padre ya se había arreglado y que ella tenía dos pasajes a USA. Usó sólo uno —termine de decir, sintiéndome miserable, solo, egoísta y materialista.
—¿Recuerdas que anoche estabas tan llorón que no podías ni hablar? Dejamos una conversación pendiente —asentí —pues bien, te escucho —me moví inquieto, repasar esos fatales sucesos en mi mente era además de desolador, incomodo, llegaba a la misma conclusión una y otra vez, el único culpable fui yo.
—Mery y yo, nuestra relación… —aclaré mi garganta, ese nudo molesto estaba ahí nuevamente. Pero no podía llorar. Era el momento menos indicado. Necesitaba hablar con alguien ¿Quién más que mi hermano, gemelo? —se volvió fría, monótona. Peleábamos mucho. Comencé a obsesionarme con el trabajo, había que pagar las cuentas... deje que eso nos separara —alcé la vista al techo, sentía mis ojos humedeciéndose, mi corazón apretándose dolorosamente —la perdí, Tom. Me observó durante unos segundos, podría percibirlo. Respiré profundo, y sin alzar la cabeza volví a hablar —ella pensaba que era una carga para mí, se lo di a entender con mis actitudes. Lo hacía sin pensar, jamás imaginé que traería estas consecuencias —me estremecí, recordándolo todo. Todos estos meses casi sin hablar, peleando, en esos momentos o me parecía tan terrible...pero ahora, ahora era todo muy diferente —yo… trabajaba mucho y la veía poco, pero lo hacía para pagarle la universidad, comprarle cosas, para hacerla sentir cómoda... feliz. Pero se salió de control y exageré todo, las cuentas andaban mal...
—¿Y se fue? —preguntó cuándo se dio cuenta de que yo ya no seguía hablando.
—Si... yo estaba trabajando y Mery llegó, estaba feliz. Estábamos de aniversario, no lo recordaba. Ella quería salir y yo no quise escucharla, peleamos... y se fue. Eso lo sabes. Intenté pedirle disculpas, pero ella terminó nuestra relación... eso también lo sabes. Lo que aún no te he dicho es que... que Mery y su padre ya se había arreglado y que ella tenía dos pasajes a USA. Usó sólo uno —termine de decir, sintiéndome miserable, solo, egoísta y materialista.
—Mierda, Bill —oí que murmuraba.
—Y para rematarla, está embaraza y no me lo dijo… se fue, ¿Qué pasa si no quiere ni verme o escucharme…? ¿No me dejará acercarme a mí…a mí…? —ugh. Esa pequeña palabra, tan difícil de pronunciar —h-hijo.
—Y para rematarla, está embaraza y no me lo dijo… se fue, ¿Qué pasa si no quiere ni verme o escucharme…? ¿No me dejará acercarme a mí…a mí…? —ugh. Esa pequeña palabra, tan difícil de pronunciar —h-hijo.
—¿¡Entonces era enserio!? —chilló mi hermano, alterado, quizás demasiado. Le miré pasmado, ¿acaso no se lo dije antes? Oh, claro que sí. Lo hice.
—Por supuesto, estúpido —espeté molesto, mi corazón se aceleró, me puse muy nervioso. El tema es delicado, un bebé. Mío y de Mery. Lo criaríamos juntos, me esforzaría por eso. Lo prometo.
—Voy a tener a un…un pequeño sobrino, wow —murmuró llevándose ambas manos hasta las mejillas, abriendo la boca y los ojos como platos —será igual de guapo que su tío —sonrió ampliamente, alzando las cejas. Reí, ese idiota. Siempre lograba hacerme reír, incluso en los peores momentos. El nerviosismo volvió al acabarse la risa.
—No sé qué hacer —confesé. Tom me miró, incrédulo.
—Por supuesto, estúpido —espeté molesto, mi corazón se aceleró, me puse muy nervioso. El tema es delicado, un bebé. Mío y de Mery. Lo criaríamos juntos, me esforzaría por eso. Lo prometo.
—Voy a tener a un…un pequeño sobrino, wow —murmuró llevándose ambas manos hasta las mejillas, abriendo la boca y los ojos como platos —será igual de guapo que su tío —sonrió ampliamente, alzando las cejas. Reí, ese idiota. Siempre lograba hacerme reír, incluso en los peores momentos. El nerviosismo volvió al acabarse la risa.
—No sé qué hacer —confesé. Tom me miró, incrédulo.
—¿Eres el hermano del gran Tom Kaulitz y no sabes qué hacer? Es una chica ¡tú chica!, tienes que ir por ella —alzó la mano hecha un puño, entusiasmado —debes... debes atraparla con tu gran potencial de seductor, heredado de mí. Puedes hacerlo. Además, no creo que sea tan difícil, ya se sabe que la pobre tiene un gusto pésimo.
—Tom...
—Tom...
—Vale, vale, lo siento —sonrió —hablando en serio... primero debes encontrarla, el resto vendrá solo.
—¿En verdad lo crees? —pregunté bajando el tono de voz, me sentí repentinamente pequeño, las ganas de llorar vinieron a mí, sí, otra vez. No pude demostrar nada más que...tristeza, sin ella, todo a mi alrededor se veía tan oscuro, frío y sin vida.
—Te ama, la amas ¿cuál es el problema?, de los errores se aprende, además, al verte así de desesperado, arrepentido y destruido, no podrá decir que no —su mano llego a mi espalda y me atrajo hacia él, pronto estaba con mi mentón apoyado en su pecho, abrazándole con fuerza. Y entonces sí que no aguante, las lágrimas cayeron libremente por mis mejillas. Tenía miedo. Me odié en aquel momento, pero lo necesitaba, necesitaba a mi hermano —tranquilo, todo va a salir bien —me dijo pausadamente, con voz suave, mientras que yo no respondí. Estaba demasiado agobiado como para pensar en que decir. Pero por dentro rogué que fuera así. Porque sin ella, sin mi Mery, yo no podría vivir.
—¿En verdad lo crees? —pregunté bajando el tono de voz, me sentí repentinamente pequeño, las ganas de llorar vinieron a mí, sí, otra vez. No pude demostrar nada más que...tristeza, sin ella, todo a mi alrededor se veía tan oscuro, frío y sin vida.
—Te ama, la amas ¿cuál es el problema?, de los errores se aprende, además, al verte así de desesperado, arrepentido y destruido, no podrá decir que no —su mano llego a mi espalda y me atrajo hacia él, pronto estaba con mi mentón apoyado en su pecho, abrazándole con fuerza. Y entonces sí que no aguante, las lágrimas cayeron libremente por mis mejillas. Tenía miedo. Me odié en aquel momento, pero lo necesitaba, necesitaba a mi hermano —tranquilo, todo va a salir bien —me dijo pausadamente, con voz suave, mientras que yo no respondí. Estaba demasiado agobiado como para pensar en que decir. Pero por dentro rogué que fuera así. Porque sin ella, sin mi Mery, yo no podría vivir.
Abrí los ojos de golpe. Mierda, mierda, salté de la cama, la cabeza me dolió de una manera horrible, comencé a buscar a ciegas sobre la mesita de noche ¡El puto aparato ese había sonado y no podía encontrarlo!, dios, la llamada que había estado esperando desde hace más de un día y no podía atender. Escuché caer algo de la mesita de noche, estaba hecho un manojo de nervios. Corrí a ciegas hasta la puerta de la habitación, me golpeé el dedo chiquito del pie con algo antes de llegar, reprimí el grito. Busqué el interruptor con la mano y por poco quedé ciego. Avancé con los ojos entrecerrados hasta la mesita de noche, tomé el móvil y le di al botón verde sin pensarlo:
—¿Hola? —pronuncié, respirando agitado. El corazón me latía tan fuerte que podría darme un infarto en cualquier momento.
—¿Bill? —era… era ella, era Emma. Me senté en la cama, intentando tranquilizarme, aún me temblaban las manos… y es que de Emma dependía todo.
—¿E-Emma?
—Aham, ¿te encuentras bien? —preguntó. Claro… si, a parte de los nervios y el dolor que aún sentía en el dedo, todo bien.
—S-si… es que, tuve problemas con coger el teléfono —ella rio, soltando un “ah”.
—¿Hola? —pronuncié, respirando agitado. El corazón me latía tan fuerte que podría darme un infarto en cualquier momento.
—¿Bill? —era… era ella, era Emma. Me senté en la cama, intentando tranquilizarme, aún me temblaban las manos… y es que de Emma dependía todo.
—¿E-Emma?
—Aham, ¿te encuentras bien? —preguntó. Claro… si, a parte de los nervios y el dolor que aún sentía en el dedo, todo bien.
—S-si… es que, tuve problemas con coger el teléfono —ella rio, soltando un “ah”.
—Me estabas llamando… —habló sugerente.
—Sí, es… es por Meer.
—Lo sé, llegó hace poco —tragué saliva, al menos había llegado, ya era seguro que se encontraba en LA.
—¿La viste? ¿Cómo está? ¿Se encuentra bien? —mi voz hizo pública toda mi preocupación.
—No muy bien anímicamente, pero está feliz de ver a su padre de nuevo, y obvio, de ver a su mejor amiga… —suspiró —no quiso decirme nada pero sé que no está aquí por vacaciones ¿Qué le hiciste? —su tono de voz en sus últimas palabras me puso la piel de gallina.
—Algo que quiero arreglar —dije sin más detalles —pero necesito de tu ayuda… —suspiró, esta vez más fuerte.
—¿Es que nadie me va a decir lo que pasó? —se quejó.
—¡Por favor!
—Ugh, está bien… pero si me entero de que le hiciste algo terrible, será tu fin.
—Gracias.
—Sólo lo hago por Meer, no agradezcas tanto… en fin, ¿qué debo hacer?
—Sí, es… es por Meer.
—Lo sé, llegó hace poco —tragué saliva, al menos había llegado, ya era seguro que se encontraba en LA.
—¿La viste? ¿Cómo está? ¿Se encuentra bien? —mi voz hizo pública toda mi preocupación.
—No muy bien anímicamente, pero está feliz de ver a su padre de nuevo, y obvio, de ver a su mejor amiga… —suspiró —no quiso decirme nada pero sé que no está aquí por vacaciones ¿Qué le hiciste? —su tono de voz en sus últimas palabras me puso la piel de gallina.
—Algo que quiero arreglar —dije sin más detalles —pero necesito de tu ayuda… —suspiró, esta vez más fuerte.
—¿Es que nadie me va a decir lo que pasó? —se quejó.
—¡Por favor!
—Ugh, está bien… pero si me entero de que le hiciste algo terrible, será tu fin.
—Gracias.
—Sólo lo hago por Meer, no agradezcas tanto… en fin, ¿qué debo hacer?
Como no tenía ningún plan maestro para esto, le dije lo de mi viaje de mañana, con hora y todos los detalles. Quedamos en que la contactaría al llegar a NY y le avisaría sobre el vuelo a los ángeles. Ella me esperaría en el aeropuerto y me llevaría a su casa para “arreglarme un poco”, y luego… me llevaría a la casa del padre de Mery.
Hablamos hasta que dieron las cuatro y media de la madrugada, al menos acá… porque, según Emma me dijo, allí aún era el día anterior, entrando la noche.
Me volví a meter a la cama y me cubrí hasta la nariz. Por más que intenté relajarme y dormir, no lo logré. Decidí que sería mejor no perder el tiempo y me levanté, busqué ropa, me metí a la duchas y me relajé allí alrededor de una hora.
Al salir me preocupé de arreglar un poco la casa, que estaba hecha un desastre, comí los restos de la especie de cena que había cocinado Tom ayer y después arreglé mi maleta. Tenía que estar todo listo para mañana. Como Tom seguía en su habitación durmiendo y no podía hablar con él para desahogarme, me quedé en la habitación viendo algunas cosas… cuando digo cosas me refiero a cosas de Mery, como fotografías, regalos y chiches que ella había dejado por accidente.
Revisé todo mil veces, reteniendo las ganas de salir a buscar la torre más alta de la ciudad y lanzarme… hasta que recordé.
Recordé que tenía algo importante en el bolsillo, algo que había echado allí hacía un rato mientras ordenaba mi estudio.
Lo saqué y observé cuidadosamente. Era el regalo de Mery, por nuestro aniversario. Abrí la pequeña tarjeta para leer, nuevamente, el contenido.
Acaricié las palabras con cuidado, era su letra… no es que su letra fuera la más legible, la que más se entendiera o la más bonita… pero siempre me había gustado.
Tragué saliva y con sumo cuidado rompí el papel. Abrí la caja, conteniendo el aliento…
Hablamos hasta que dieron las cuatro y media de la madrugada, al menos acá… porque, según Emma me dijo, allí aún era el día anterior, entrando la noche.
Me volví a meter a la cama y me cubrí hasta la nariz. Por más que intenté relajarme y dormir, no lo logré. Decidí que sería mejor no perder el tiempo y me levanté, busqué ropa, me metí a la duchas y me relajé allí alrededor de una hora.
Al salir me preocupé de arreglar un poco la casa, que estaba hecha un desastre, comí los restos de la especie de cena que había cocinado Tom ayer y después arreglé mi maleta. Tenía que estar todo listo para mañana. Como Tom seguía en su habitación durmiendo y no podía hablar con él para desahogarme, me quedé en la habitación viendo algunas cosas… cuando digo cosas me refiero a cosas de Mery, como fotografías, regalos y chiches que ella había dejado por accidente.
Revisé todo mil veces, reteniendo las ganas de salir a buscar la torre más alta de la ciudad y lanzarme… hasta que recordé.
Recordé que tenía algo importante en el bolsillo, algo que había echado allí hacía un rato mientras ordenaba mi estudio.
Lo saqué y observé cuidadosamente. Era el regalo de Mery, por nuestro aniversario. Abrí la pequeña tarjeta para leer, nuevamente, el contenido.
Acaricié las palabras con cuidado, era su letra… no es que su letra fuera la más legible, la que más se entendiera o la más bonita… pero siempre me había gustado.
Tragué saliva y con sumo cuidado rompí el papel. Abrí la caja, conteniendo el aliento…
Era un llavero, con un pequeño corazón en el extremo. Lo quité de la cajita, y al darse vuelta el corazón me encontré con una foto pequeña, donde estábamos Mery y yo… era esa foto de hace años, yo besando la sien de una pequeña hermosa de ojos azules.
Espero que nuestro bebé tenga sus ojos.
De pronto me vi sonriendo como un bobo, imaginando a Mery con nuestro…
Me ardieron las mejillas al darme cuenta de ese pensamiento. Esto… esto me hacía sentir extraño. La idea anterior voló lejos de mi mente, la sonrisa se borró al instante y toda la preocupación, el pánico y la angustia me inundaron el cuerpo.
No es fácil asumir que vas a ser padre… no es fácil si tu chica está del otro lado del océano, y no te lo ha confirmado aún.
Es difícil de aceptar.
Espero que nuestro bebé tenga sus ojos.
De pronto me vi sonriendo como un bobo, imaginando a Mery con nuestro…
Me ardieron las mejillas al darme cuenta de ese pensamiento. Esto… esto me hacía sentir extraño. La idea anterior voló lejos de mi mente, la sonrisa se borró al instante y toda la preocupación, el pánico y la angustia me inundaron el cuerpo.
No es fácil asumir que vas a ser padre… no es fácil si tu chica está del otro lado del océano, y no te lo ha confirmado aún.
Es difícil de aceptar.

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