17 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 23





























CAPITULO 23 
   

—¿Cómo te sientes?
No lo sé.
Era la milésima vez que Tom me lo preguntaba y era la milésima vez que le contestaba con lo mismo. Desde que Meer se había ido Tom no se despegaba de mí. Ya había pasado una semana. Era todo muy reciente, pero ya no me quedaban ganas de llorar. Me pregunté que estaría haciendo Mery en este momento, donde estaría… si estaría pensando en mí, si me seguía queriendo como yo a ella.
—¿Quieres salir ahora? con los chicos, ya sabes, fiesta… —me invitó. Ya lo había hecho seis veces. Sí, las había contado.
—No tengo ganas, si quieres ve tú —lo miré. Tom realmente quería ir, hacía días que no se divertida y yo era el principal motivo.
Entonces mejor me quedo conti
—Quiero que vayas, Tom —sonreí de medio lado —no te preocupes por mí —me levanté hasta quedar sentado en la cama —de verdad. Ve y déjame tranquilo un momento —Tom me devolvió una sonrisa un tanto… forzada. Y luego se levantó para salir de la habitación. En el fondo, quería estar sólo.
Me levanté de la cama y clavé los ojos en la ventana. Aún tenía la impresión de que Meer podía aparecer en cualquier momento, saltando desde su habitación. Me acerqué para cerrarla, ya estaba comenzando a hacer frío y era de noche. Miré un momento su habitación. Estaba igual que antes, nada había cambiado… era como si Meer siguiera allí. Me aparté rápidamente. Algo me aprisionaba fuertemente la garganta haciendo que se me llenaran los ojos de lágrimas. A lo mejor si mantenía la cabeza ocupada se me olvidaba un poco el tema.
Caminé hasta el escritorio. Podía estudiar un poco para el examen de la otra semana. Busque el cuadernillo con apuntes… no estaba. Se suponía que tenía que estar encima. Genial.
Comencé a quitar todos los libros y a revisar todos mis cuadernos de apuntes, no podía ser que se me hubiesen perdido los apuntes. Desde que Meer se había ido tenía la cabeza en otro lado, estaba más sensible que nunca, tenía ganas de nada y como su fuese poco cada vez que entraba en la habitación me quedaba pegado en la ventana y se me venía toda la tristeza encima y…
Había un papel doblado a la mitad entre un montón de hojas. Yo no había dejado ese papel allí ¿o sí? lo tomé, y lo abrí.
Te amo.
Recuérdalo siempre
Meer.

Me quedé sin respiración ¿En qué momento había dejado ese papel allí?
Se me llenaron los ojos de lágrimas, ya se me habían quitado todas las ganas de estudiar. Ya no quería seguir con esto… no quería seguir sintiéndome así.
Me lancé sobre la cama, enterrando la cara en la almohada.
Todo era tan lindo, íbamos tan bien… todo era tan perfecto. Quería que ella regresara, que volviera a ser como antes, quería poder abrazarla y besarla… y quererla. Lo único que quería era tenerla aquí conmigo. Estiré la mano hasta tomar la cámara sobre la mesita de luz. La encendí, busqué en la memoria las únicas cuatro fotos que tenía. Puse una de Meer… en la que salía durmiendo, el mismo día en que se había quemado su manito. Era increíble como cambiaban las cosas. Volví a tomar el papel, lo había dejado caer a mi lado luego de lanzarme en la cama. Volví a mirarlo. Intenté imaginar a Meer diciéndomelo. Sus ojos, su rostro, su nariz, su cabello, sus labios, su sonrisa…
¿Por qué no me dijo antes que su mamá se había enterado de lo nuestro?, todo sería muy diferente. Ella estaría conmigo, o quizás en su casa… pero estaría aquí, y podría tenerla cerca.
En este momento la sentía tan lejana… tenía la impresión de que todo había ocurrido hacía años.
Volví a clavar los ojos en la ventana. La extrañaba mucho, como nunca había extrañado a nadie. Y cada cosa que hacía me recordaba a ella. Absolutamente todo… y en especial esa maldita ventana.
Y precisamente esa ventana fue la razón por las que decidí mudarme… si, a nuestra casa, la mía y de Tom. Por suerte Gordon terminaba sus viajes a fin de mes, así él podría acompañar a mamá ya que Tom también se venía conmigo. Él no quería dejarme solo, y es que siempre habíamos estado juntos y no soportaríamos vivir separados.
A veces me daban ganas de ir donde a madre de Meer y obligarla a que me dijera donde estaba su hija. Pero luego recordaba lo que era mujer nos había hecho...
No había comprendido a su hija, no había escuchado nuestras explicaciones y había hecho caso omiso nuestros sentimientos. La odiaba, incluso más que a Helena ¡esa mujer me había quitado a la chica más linda que pude haber encontrado! la había hecho desaparecer… ya ni siquiera sabía dónde se encontraba o como estaba. ¿Y si se enfermaba? ¿o se caía y se rompía algo? ¡¿Qué pasaba si volvía a quemarse y yo no estaba allí?! Es que no podía quedarme tranquilo sabiendo que Meer estaba lejos de mí, de mi protección.
Terminé de desempacar todo. Tomé la foto de Meer que imprimí hace unos días, doblé las orillas y luego la metí en ese pequeño marco que había comprado en la mañana. Acomodé la foto en la mesita de noche. Así podría verla siempre, al irme a dormir y al despertar. Bostecé… había sido un día agotador. Por milésima vez me pregunté qué estaría haciendo Meer en este momento y como siempre, no pude responderme. Sonreí al recordar sus ojos y su rostro… siempre me habían gustado sus ojos azules. No eran como cualquier tipo de ojos color azul, si no que eran de un azul especial. Nadie más que yo conociera tenía unos ojos tan hermosos como los suyos, o una sonrisa tan hermosa… Y es que Meer era la más linda de todas, y la esperaría hasta que regresara para abrazarla y besarla como antes… y llevarla a visitar lugares nuevos para dejarla impresionada. Para llamarla Mery. Suspiré. Ojala algún día regresara. A veces me pregunto si se acordará de mí.

Ya han pasado seis meses desde que la vi por última vez. No la puedo olvidar… aunque ya no es algo tan desesperante como antes. La sigo extrañando mucho. Si siguiéramos juntos yo seguiría llevándola a la escuela en coche y de vuelta a su casa… seguiría llevándola al menos una vez en la semana a un lugar especial para pasar la noche abrazados, seguiría diciéndole cuanto la amo y ella seguiría contestándome con un “yo más”, Mery seguiría pasando desde su ventana hacia la mía y seguiría volviéndome loco.

Tardé casi un año en dejar de pensar tanto en ella. Y luego, por más doloroso que se me hizo reconocerlo, Meer pasó a segundo plano. Ya no solía ver su foto cada vez que entraba en mi habitación, tampoco solía recordarla todo el tiempo. Sólo a veces, por las noches… Ya no seguí cuestionándome sobre lo que habría pasado si ella hubiese estado aquí. Comencé a preocuparme nuevamente en mis amistades que había dejado de lado al estar con Meer… a pasar las tardes con los chicos, a salir a fiestas, a pensar más en mi... en mi propio beneficio y en mi diversión. Volví a mis andanzas y a buscarme alguna chica guapa para hacerla mi novia, nuestra novia. No era difícil encontrar chicas así. Simplemente teníamos que aprovechar nuestra juventud, me refiero a Tom y a mí. Y yo me había dado cuenta de que no valía la pena vivir de un recuerdo ya muy lejano que no hacía nada más que ponerme triste. Decidí olvidarme de Meer para siempre. Ya tenía asumido que jamás la volvería a ver y que quizás nunca volvería a tener una relación así.
El siguiente año me enteré de que Helena, la que había quemado a Meer, había quedado embarazada y se había suicidado al enterarse de esto. No es que me importara tanto, pero igual era una noticia un tanto fuerte.
Y… me compré un coche nuevo, como un “auto-regalo” de mi para mi, de modo de felicitaciones por haber terminado la universidad. En realidad, me lo había dado mi padre, al final de cuentas yo sólo había puesto un poco de dinero.

Comencé a trabajar en una famosa compañía. Allí conocí a Stella, la hija del dueño de la compañía. Era una morena de buen cuerpo, buen culo y buenos pechos. Ella no hacía nada, vivía a costa del dinero que le daba su padre. Oh, vale… no hacía nada más que no fuera pasarse todo el día en mi oficina fastidiando o besándome el cuello. Terminamos siendo algo así como “amigos”. Lo que no me gustaba de ella, además de que hablaba demasiado y usaba maquillaje en exceso, era que alejaba a todas las otras chicas que se me acercaban por casualidad en las fiestas o en algún pub. Pero no era nada que Tom no pudiera resolver. Sólo bastaba con que éste se acercara un poco a ella para ofrecerle una noche divertida a “escondidas”, para que ella me dejara libre de buscar alguna buena opción. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario