18 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 37




























CAPITULO 37

—Necesito que te quedes esta noche conmigo —eso definitivamente no me lo esperaba. Tampoco esperaba ver esos… ojitos que hablaban por si solos pidiendo por favor —necesitamos hablar… —y ahora era ella quien quería hablar. Cosas de la vida, supongo… —y ponernos al día en cuanto a algunos temas… —como me gustaría quedarme con ella… pero lamentablemente no podía. El horario de visitas acabaría pronto y si alguien me viera aquí luego de esa hora probablemente sería mi fin. Vale, exagero… pero es que era un tema complicado porque seguro venía su madre a pasar la noche aquí y como ella era un familiar cercano, podría hacerlo.
—Meer, no se puede —acabé por reír ante la ocurrencia de mi pequeña —el horario de visitas termina dentro de poco —argumenté.
—¡Pero no quiero que te vayas! si quieres amenazo a alguna enfermera… sólo si quieres quedarte, claro —acabó sonriéndome de una forma encantadora. No me podía resistir a algo así. Tragué saliva… amenazar una enfermera, Meer estaba loca. Pero me gustaba. Mi mano aún seguía en su mejilla, la deslicé despacio hacia parte de su cuello y hombro y acaricié su piel con la yema de los dedos.
—Veremos qué es lo que puedo hacer —Meer asintió, haciendo un puchero… y yo sentí que me derretía. Haría lo posible por quedarme esta noche con ella. Y es que… estaba tan diferente a todas las otras veces, esta era la verdadera Meer… mi Mery. La chica dulce y suavecita de hermosos ojos —¿sabes?, hacía tiempo que no te veía actuar… así —comenté. Estaba impresionado. Meer me miró si entender. Parpadeó un par de veces y luego preguntó:
—¿Así cómo? —entrecerró un poco los ojos.
—Así tan… no lo sé—No sabía cómo explicarlo —Tan tú —acabé por decir. Sonreí… tan ella. Me encantaba así —me encantas… —volví a hacer el intento de acercarme a ella para besarla… pero se apartó. La miré, me sonreía… burlándose de mí —¡Hey!, no me dejes así, no es justo —reclamé. Meer volvió a reír ¡pero que malvada era! Hice un nuevo intento, pero ella me detuvo poniendo sus dedos sobre mis labios. La miré fingiendo enojo. Ok, tan fingiendo, fingiendo no… en parte si estaba enojado ¡es que estaba desesperado por probar sus labios!
—Tú también me encantas… —habló rápidamente —pero no quiero besarte. Bueno, sí… pero no —Bien… no había entendido mucho, pero sonaba bien, supongo. Me emocioné al ver sus mejillas rojas… Era la misma de siempre.
—Te sonrojas como antes —solté como un bobo, sonriendo sin poder evitarlo.
—Y me veo como una estúpida.
—No, te ves linda… —me sonrió cohibida. Que hermosa era… asombrosa, genial, perfecta, única. Me levanté de la cama… si quería que me quedara, era mejor que me hiciera un espacio a su lado.
—¿A dónde vas? —me tomó del brazo, alarmada. Bah, ella no se iba a librar tan fácil de mí.
—¿Me dejarías un lugar en la cama? —Meer me soltó en seguida y asintió. Se movió hacia un lado en la cama. Me senté en ese espacio que había dejado para quitarme los zapatos y luego me acomodé a su lado. Entrelacé mis dedos sobre mi abdomen. Se sentía extraño estar… así, tan cerca de ella. En realidad, ni siquiera la estaba tocando pero, ugh, no lo sé.
—Quiero besarte —solté. Increíblemente no sentí vergüenza al decirlo.
—Y yo a ti —tragué saliva. Este era un buen comienzo.
—¿me amas? —me sentí un idiota al preguntarlo. Temí una respuesta negativa.
—Si —me quedé sin respiración, sin saber qué hacer. Me sentía nuevamente como un adolescente. Esto era tan… estúpido. Digo, yo era estúpido y agh. Esto me daba nervios. Me tardé unos segundos en relajarme… y ese fue el tiempo suficiente para pensar que quizás era bueno abrazarla. La rodeé con uno de mis brazos y la acerqué a mí. Ella se acomodó lentamente, casi quejándose de algo… y me devolvió el abrazo, acomodando su cabeza sobre mi pecho. Volvía a ser como antes, todo volvía a ser casi igual que hacía tres años. Sólo que ahora era… ahora. Sentí como Meer se estremecía entre mis brazos. Nos quedamos un momento en silencio, hasta que recordé porqué me encontraba aquí aún —Y… ¿sobre qué quieres ponerte al día? —Mery se encogió de hombros.
—No lo sé. Pero primero quiero hacerte una pregunta —bien, una pregunta. Sonreí.
—Las que quieras…
—Respóndeme con la verdad.
—Claro.
—Promételo.
—Lo prometo —suspiré ¿Tan importante era la pregunta esa?
—Bien. No le daré vueltas… —esperó unos segundos, para luego preguntar: —¿qué pasa con Emma?
Eso no me lo esperaba. Yo no podía hablarle sobre esto… ¿Por qué lo preguntaba? ¿Acaso desconfiaba de su amiga… de mí?
—¿Con Emma? nada… —la miré. No se notaba muy feliz que digamos. Pero… pero yo no le estaba mintiendo, no había pasado nada… nada fuera de lo normal.
—¿Qué hablaste con ella allí afuera? —cuestionó. No podía decírselo. Lo pensé un poco… no era bueno ocultarle cosas a Meer. Pero... ¿si acaba peleándose con su amiga por eso? No, no podía pasar. Emma era la única chica amiga de Meer que yo conocía y sería feo que la perdiera por mi culpa. Se notaba que se querían mucho… y si Emma no quería que Meer supiera lo que había pasado, pues no lo sabría.
—Nada… nada importante.
—Pero tardaron demasiado como para que no fuese importante —insistió. Ya comenzaba a ponerme nervioso.
—Ay, Meer. Tú sabes que nos podemos demorar un poquito en hablar…—y tampoco es que hubiésemos hablado tanto —y fue poco tiempo —Meer resopló, no muy convencida. Esto me olía a ¿celos? ¿Meer celosa? —No me digas que estás celosa... —reí. A Meer no pareció hacerle mucha gracia —Mery, no te enojes. Es que… es algo privado, ya sabes…
—Pero es mi mejor amiga, puedes decírmelo, ella no se enojará —habló con rabia contenida, pude notarlo.
—A lo mejor ella no quiere que tú lo sepas —Meer resopló. Acababa de decirle la verdadera razón por la que no le decía nada y ella parecía no creerlo.
—Tú tampoco quieres que yo lo sepa —pude notar el enfado en su voz.
—¡Pero es que no te lo puedo decir! —hablé nuevamente. Ya no sabía qué hacer para hacerla entender.
—¡Argh! —chilló enojada —te odio. Vete de aquí —se separó de mí y de golpe se levantó hasta quedar sentada sobre la cama. Esto… había sido… extraño. Meer se giró para mirarme. No sabía si quedarme como un bobo mirando su expresión llena de rabia que en realidad me parecía tierna, si preocuparme por su estado ya que se había levantado mi rápido, su asustarme por su reacción o enojarme por no querer entenderme —¿qué esperas? Vete —comenzaba a hablar como esa Meer que no me agradaba demasiado.
—Tranquila… —no sabía que más decir. Y es que si las miradas matasen…
—Vete… Que Emma te debe de estar esperando abajo —soltó, más enojada aún… me dio un empujón. Me levanté de donde estaba y me senté, quedando a su lado, en la misma posición.
—Meer, por favor… —le pedí —deja de comportarte así. Hace unos minutos estábamos bien.
—¡No, Bill! —se cruzó de brazos. Parecía una verdadera niña pequeña.
—Mira, no sé qué es lo que tú piensas, pero… —dejé de hablar al ella dejar de mirarme —hey, mírame —tomé su rostro con mi mano y la giré con delicadeza para que me mirara… y así yo poder explicarle mejor —no sé qué es lo que tú crees que ocurre. Pero Emma es sólo una conocida, no tienes por qué estar celosa —frunció los labios, aún seguía un poco enojada.
—No estoy celosa —su voz y su expresión habían cambiado. Ya no estaba tan enojada.
—¿Entonces? —busqué sus ojos, pude dar con ellos.
—Es que Emma… ella —dejó de hablar. Esperé a que continuara, pero no lo hizo.
—¿Qué tiene Emma? —pregunté, animándola a hablar. Tampoco es que me importara tanto, en parte ya sabía que era lo que Meer trataba de decir.
—Emm... nada —movió la cabeza de lado a lado —no tiene importancia. Dejemos esta conversación —uff. Esta era la mejor idea que se le podría haber ocurrido. Le sonreí… y sin pensarlo me acerqué a ella nuevamente, para besarla. Pero al igual que las veces anteriores, dejó que le besara la mejilla. Augh, esto me gustaba cada vez menos.
—Si sigues haciéndome eso me enojaré contigo —intenté sonar gracioso… en el fondo no era tan gracioso. Meer rio, lo estaba disfrutando. Disfrutaba verme como un desesperado. Ella bostezó.
—Bill, tengo sueño —si… tenía cara de tener sueño. No habíamos alcanzado a hablar mucho… Pero bueno, si Meer tenía sueño…
—Pero si estuviste durmiendo más de un mes —no era necesario sacar las cuentas, tenía los días contados. Treinta y nueve días desde el accidente.
—Vamos a seguir hablando mañana —se dejó caer nuevamente sobre la almohada, yo la imité y volví a abrazarla como antes… ella se acomodó sobre mi pecho. La escuché suspirar —¿tienes sueño? —me preguntó.
—No —es que estaba tan emocionado de que ella hubiese despertado que… no.
—Bill… —me llamó.
—¿Si?
—¿Qué hiciste mientras yo no estaba? —Mmm…
—¿Cuándo?
—Cuando estuve en América, ya sabes… —bostezó nuevamente.
—Pues… nada interesante. Te extrañé mucho —la apreté más contra mi cuerpo. Salía mucho más sencillo que contarle todo con lujo de detalles. Meer me golpearía y probablemente me arrancaría la cabeza si le contaba todo lo que había hecho. Pero eso ya estaba en el pasado —no quiero que te vayas de nuevo.
—No me iré, no te preocupes —me abrazó con fuerza. Entonces… en ese momento mis ideas se aclararon. ¡Claro! ella no me besaba porque… porque no éramos novios. Si, seguro era por eso. Habíamos hablado sobre el tema en el restaurante, ese maldito día del accidente, cundo le dije que Stella no era mi novia… cuando ella me había dicho que jamás habíamos sido novios. Quizás eso era lo que ella esperaba, que se lo pidiera.
Me armé de valor para decirlo. No pedía algo así desde los diecisiete, incluso había olvidado los nervios y todo lo demás que se sentía en una situación así.
Sentía como mi estómago se retorcía y el corazón me latía rápido… me costaba respirar.
—Mery… según lo que hablamos antes y, bueno, todo eso… yo te quería hacer una pregunta —hablé. Por suerte no se me habían trabado las palabras. Rogué porque eso no pasara al momento de hacerle esa pregunta tan importante. Dios, estaba peor que cuando tenía once y le pedí por primera vez a una chica que fuera mi novia. Con la mano temblorosa, tomé el rostro de Meer y lo alcé con cuidado para que me mirara. Di de lleno con sus ojos azules… sonreí. Sus ojos no me ayudaban para estar menos nervioso —sonará un poco tonto… pero aun así —suspiré. Ahora era el momento… ahora. Meer soltó una risita. Y luego… intentando no sonar para nada inseguro le pregunté —¿quieres… volver a ser mi novia?
Un silencio prolongado e incómodo surgió en la habitación. Temí que me rechazara. Ella parecía pensar, estaba ida… su rostro tenía una expresión entre angustiosa y preocupante. El tiempo en el que ella estuvo en silencio se me hizo eterno. No habían sido más que segundos, pero para mí fueron siglos. Esto no me daba una buena impresión.
No aceptaría, estaba seguro. Escucharla decirme un no como respuesta sería lo peor que podría pasarme.




No hay comentarios:

Publicar un comentario