CAPITULO 28
Sentí movimientos a mi lado y luego algo cálido de posó en mi mejilla, era una mano. Me acarició con suavidad, casi sin tocarme la piel. Me estremecí, y quien tenía su mano puesta en mi mejilla la quitó rápidamente.
Me di cuenta de que aún seguía abrazada a la almohada… Abrí los ojos lentamente, con temor a lo que me encontraría. Y cuando pude enfocar bien la vista me di cuenta de que era un rostro con unas cuantas arrugas, casi tan pálido como el mío y con unos ojos color azul, sin brillo alguno y de aspecto cansado. Mi madre.
Di un bote en la cama tan grande que quedé sentada. Mi madre igual se asustó por mi reacción y se levantó del suelo, donde había estado anteriormente.
Se intentó acercar a mí, pero yo le di un manotazo.
—No me toques —la voz me salió ronca puesto a que estaba recién despertando.
—Hijita…
—¿Ya es hora de levantarse? —tragué saliva y me llevé las manos a los ojos.
—Si, a la escuela… ¿cómo dormiste? —odie que se intentara hacer la amable conmigo.
—Como un puto gusano. Ahora, sal de aquí que quiero vestirme —dije mientras avanzaba hacia el borde de la cama y me ponía de pie.
—Te prepararé el desayuno.
—Como quieras —bostecé y estire mis brazos. Entonces mi madre comenzó a caminar fuera de la habitación.
Y ahora que lo pensaba… mi madre ya no estaba tan joven como antes. La veía algo decadente.
Me encaminé hacia el armario y comencé a coger ropa: Jeans oscuros, camiseta negra, guantes sin dedos listados con blanco y negro, la ropa interior y unas zapatillas algo anchas.
Lo lancé todo sobre la cama y luego cogí dos toallas.
Salí con ellas de la habitación y me metí en el baño…
… volví a salir con una toalla envolviéndome el cabello y la otra mi cuerpo. Me metí en la habitación y rápidamente me puse la ropa interior y los jeans.
Me quité la toalla y la dejé sobre la cama. Rebusqué en cinco cajones hasta encontrar el secador de cabello y lo enchufé al lado del espejo… me comencé a secar el cabello mientras me miraba y tarareaba una canción. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo al sentir un viento frío. Me di cuenta de que aún tenía la ventana abierta. Apagué el secador y me encaminé para cerrarla. Corrí la cortina hacia un lado y en el momento en que estiré el brazo para coger el borde del marco, me di cuenta de que alguien me miraba del otro lado. Y ese alguien era Bill. Mis ojos se abrieron como platos… y por primera vez en tres años me ruboricé. Bill no quitaba sus ojos de mí y yo, como boba mirándolo intentaba coger la ventana dando torpes manotazos en el aire.
Entonces reaccione.
—¿¡Qué miras!? —le espeté. Él rápidamente desvió la vista y entró en su habitación. Entonces yo cerré la ventana.
Me sentí estúpida. También sentí vergüenza, me había visto…
Cogí mi camiseta lo más rápido que pude y me la puse. Luego seguí secándome cabello.
Salí de casa rápidamente. Igual que el día anterior: dejando a mi madre regañándome desde allí dentro.
Cómo no me apetecía tomar el autobús y tampoco tenía gran interés en llegar temprano a clases, me fui caminando. Quedaba lejos, si… pero no me importaba. Comencé a patear una piedra mientras meditaba y pensaba en lo de ayer.
—¿ Qué? ¿ya no te gusto? ¿es eso? Tú también cambiaste demasiado, Bill. Y dime ¿cuándo fue que empezaste a salir con mujeres fáciles para saciar tu necesidad de sexo?
—¡Oh, Dios, ya no estoy enamorado de ti! es mi decisión qué decirle a la gente sobre mi vida. No porque de repente llegues y aparezcas de la nada en el coche de mi hermano quiere decir que las cosas siguen como antes. Yo ya hice mi vida y tú la tuya por caminos separados ¿entiendes? no puedes pretender que los sentimientos continúen intactos. Esto no es un cuento de Disney con amor eterno. Y sí, ni siquiera me gustas un poco.
Las palabras se repetían una y otra vez en mi cabeza, volviéndome loca.
Ya no estoy enamorado de ti.
Y es que aún podía sentir su voz y esas palabras traspasar mis oídos… Ya no me quería.
Quise volver a ese tiempo en que estábamos juntos. Cuando yo era feliz con él a mi lado, cuando nadie sabía sobre lo que pasaba entre nosotros y los problemas no existían… cuando él me amaba.
La semana se me pasó más o menos tranquila. No volví a ver a los Kaulitz… pero era mejor así. Ellos no se habían vuelto a aparecer por la casa de su madre y eso me tenía en un buen estado de ánimo, dentro de lo bueno que podía ser, claro. En la escuela ya no hubieron problemas, aunque tuve que enfrentarme con palabras a un par de chicas más, pero nada importante. Eddy, había decidido dejar las cosas como estaban y no hablarme, además creo que estaba algo asustado con mis reacciones por lo que no se quería entrometer nuevamente en mi vida… últimamente yo parecía una psicópata asesina. Pero no era mi culpa ¿o sí? Pff, ya no podía cambiar… la situación en la que me encontraba me ponía de los nervios y no me sorprendería si me dijeran que si seguía así en un par de años me volvería loca y me encerrarían en esos hospitales, como en las novelas. Me había dado cuenta de que mi padre no me enviaría dinero, pues yo no había recibido nada en todos estos días. Y a decir verdad, no me sentía bien sin manejar dinero y sin poder ir de compras como siempre lo hacía en los fines de semana. Vaya padre que tenía… había pasado siete días desde que me había ido y ya se había olvidado de mí.
Como el hecho de no
tener dinero me hacía ponerme de peor humor, decidí buscar trabajo. El día
anterior había estado buscando trabajo por la ciudad y había encontrado uno
como mesera, en un local que se notaba elegante. Me habían aceptado con la
única condición de que me quitase el maquillaje y me atara el cabello para
atender a los clientes. Me gustaba el horario pues era después de clases. Me
pagarían por hora más la propina y podía ir todos los días a la semana que
quisiese… y claro, como yo era una ambiciosa total, estaba segura de que no
faltaría nunca. Ya que más horas de trabajo eran equivalentes a más dinero para
gastar. Tenía suerte de que el local quedara más o menos cerca de mi casa.
Mientras caminaba hacia mi nuevo trabajo, iba penando que tal sería mi primer día. Jamás en mi vida había trabajado. Reconozco que estaba nerviosa.
Abrí la puerta del local y entré. Me dirigí a una especie de mesón que allí había... ya que allí estaba la chica con la que había hablado primero, antes de que me tomaran para el trabajo.
—Hola —la saludé con una sonrisa.
—¡Hola!, pensaba que no venías —se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla. Yo solté una risita nerviosa.
—¿Y ahora? —miré hacia todos lados, pues no sabía que hacer…
—Ve por esa puerta —dijo indicando con el dedo —a ver si allí encuentras a alguien que te diga cómo va esto y te dan el uniforme.
—Ok —miré dudosa hacia la puerta —gracias —le sonreí y luego comencé a caminar hacia el lugar indicado. Me di cuenta de que era una especie de sala con sillones y unas cuantas muchas puertas.
—¡Meer! —di un salto por el susto. Había sido Anne, la señora que me había contratado. Estaba saliendo por una de las puertas, pude ver que era un baño.
—Hola.
—¿Vienes por tu primer día? —yo asentí con la cabeza —ven, querida. Que te daré el uniforme —me dijo con una sonrisa. Yo se la devolví y luego ella se metió en otra de las puertas. Caminé y cuando estuve a punto de entrar, ella volvió a salir dándome otro susto —aquí tienes, este te quedará bien —me dio una pequeña pila de ropa y luego añadió—puedes cambiarte allí —señaló otra puerta. Acto seguido me di la vuelta y me dirigí al lugar indicado.
—Gracias.
—Cuando salgas me avisas para darte las instrucciones.
—OK —entré dentro de algo que parecía ser una habitación… pero vacía.
Me puse el uniforme y tras mirarme en el espejo que había allí un par de veces, salí. Mi cabello ya estaba atado, pero un poco desordenado…
Anne me dio una charla sobre las reglas del lugar, lo de no molestar a los clientes, no demorase en atender mesas y un montón de cosas que no importaban. Me dio una pequeña libretita y me dijo que allí debía anotar las órdenes para hacer las boletas, que tenía que sacar la hoja de allí y dársela primero a los que cocinaban, en fin… un rollo que no quiero repetir, pero que se me quedó grabado en la cabeza, pues era fácil.
Y así fue como salí a mi primer trabajo. En busca de mi primer cliente.
Me acerqué a alguien que estaba vuelto de espaldas, con un gorro que me pareció genial. Estaba por el final del local, del lado de la ventana. Y era muy fácil darse cuenta de que no comía nada, pues sólo estaba ojeando un diario sobre la mesa.
—Disculpa ¿te apetece comer algo? —la persona se dio la vuelta y yo casi me voy de espaldas… todo había empezado mal.
Mientras caminaba hacia mi nuevo trabajo, iba penando que tal sería mi primer día. Jamás en mi vida había trabajado. Reconozco que estaba nerviosa.
Abrí la puerta del local y entré. Me dirigí a una especie de mesón que allí había... ya que allí estaba la chica con la que había hablado primero, antes de que me tomaran para el trabajo.
—Hola —la saludé con una sonrisa.
—¡Hola!, pensaba que no venías —se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla. Yo solté una risita nerviosa.
—¿Y ahora? —miré hacia todos lados, pues no sabía que hacer…
—Ve por esa puerta —dijo indicando con el dedo —a ver si allí encuentras a alguien que te diga cómo va esto y te dan el uniforme.
—Ok —miré dudosa hacia la puerta —gracias —le sonreí y luego comencé a caminar hacia el lugar indicado. Me di cuenta de que era una especie de sala con sillones y unas cuantas muchas puertas.
—¡Meer! —di un salto por el susto. Había sido Anne, la señora que me había contratado. Estaba saliendo por una de las puertas, pude ver que era un baño.
—Hola.
—¿Vienes por tu primer día? —yo asentí con la cabeza —ven, querida. Que te daré el uniforme —me dijo con una sonrisa. Yo se la devolví y luego ella se metió en otra de las puertas. Caminé y cuando estuve a punto de entrar, ella volvió a salir dándome otro susto —aquí tienes, este te quedará bien —me dio una pequeña pila de ropa y luego añadió—puedes cambiarte allí —señaló otra puerta. Acto seguido me di la vuelta y me dirigí al lugar indicado.
—Gracias.
—Cuando salgas me avisas para darte las instrucciones.
—OK —entré dentro de algo que parecía ser una habitación… pero vacía.
Me puse el uniforme y tras mirarme en el espejo que había allí un par de veces, salí. Mi cabello ya estaba atado, pero un poco desordenado…
Anne me dio una charla sobre las reglas del lugar, lo de no molestar a los clientes, no demorase en atender mesas y un montón de cosas que no importaban. Me dio una pequeña libretita y me dijo que allí debía anotar las órdenes para hacer las boletas, que tenía que sacar la hoja de allí y dársela primero a los que cocinaban, en fin… un rollo que no quiero repetir, pero que se me quedó grabado en la cabeza, pues era fácil.
Y así fue como salí a mi primer trabajo. En busca de mi primer cliente.
Me acerqué a alguien que estaba vuelto de espaldas, con un gorro que me pareció genial. Estaba por el final del local, del lado de la ventana. Y era muy fácil darse cuenta de que no comía nada, pues sólo estaba ojeando un diario sobre la mesa.
—Disculpa ¿te apetece comer algo? —la persona se dio la vuelta y yo casi me voy de espaldas… todo había empezado mal.

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