18 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 39



























CAPITULO 39


Miré la hora en el móvil. Podía ir a cambiarme, pasar a comer algo y regresar por la tarde cuando Meer estuviese desocupada.
Salí del hospital con una enorme sonrisa en el rostro. Aún sentía los labios de Meer entres los míos y eso me había sentir… ¿feliz?, agh, no lo sé. No tengo palabras para describirlo. Aunque había otra parte de mí que no estaba del todo bien… que Meer me hubiese rechazado me había caído como un balde de agua fría, llenándome de angustia, para nada agradable. Ahora sólo quedaba esperar. Y es que con lo que acababa de pasar… a lo mejor, había posibilidades de que no tuviera que esperar mucho tiempo para volver a estar con ella.
Llegué a casa… Tom estaba allí, lo encontré bajando la escalera arrastrando un bolso enorme.
—¿Qué haces? —le pregunté sin entender ¿Se mudaba?
—Voy donde mamá —tironeó con fuerza, se notaba pesada —voy a pasar una semana allí a ver qué tal.
—Pensaba hacer lo mismo —comenté.
—Lo sé, me diste la idea cuando lo comentaste ayer… —resopló —¿cómo está Meer? —cambió de tema drásticamente, mirándome con una sonrisa. Me encogí de hombros e intenté disimular la sonrisa boba que poco a poco aparecía en mi rostro, de manera inevitable.
—Pues… está bien. Ha mejorado mucho —fue lo único que pude decir. Me había puesto un poco nervioso.
—¿Por qué no llegaste a noche? no es que me crea mamá o tu novia… pero es que me parecer curioso —habló insinuante.
—Estuve con Meer —si eso era lo que quería saber, pues se lo decía. Tom alzó ambas cejas, burlándose de mí.
—¿Y? —puse los ojos en blanco.
—Y… nada. Sólo hablamos… —pasé por su lado y me dirigí hacia la escalera.
—¿Y piensas que te lo voy a creer?
—Deberías —dije sin mirarlo —dile a mamá que tal vez por la noche llegue a hacerles compañía.
—¡Como quieras! —entré en mi habitación. Me dirigí hacia el armario y busqué ropa… primero iba a ducharme, luego comería. Agh, moría de hambre.

Volví con Meer ya por la tarde. Me sorprendí al no encontrar a su madre allí… no había estado ayer, tampoco hoy. Pero era mejor… yo no la necesitaba aquí. Si ella estaba, no podría ver a Meer.
Piqué a la puerta de la habitación y luego de tres segundos la abrí. Meer apartó los ojos de la TV y me miró. Pude ver como ella sonreía ampliamente ante mi llegada, le devolví la sonrisa, pasé dentro y cerré la puerta.
—¿Cómo estás? —le pregunté, acercándome.
—Aburrida. Que bien que llegas —me gustó mucho oír eso. Me senté a su lado en la cama.
Comenzamos a conversar boberías… a reírnos. El tiempo se pasó rapidísimo y aunque tuviera ganas de volver a besar a Meer como en la mañana, no lo hice. Tuve que contenerme… evitar mirar sus boca, su sonrisa.
Emma llegó casi en la noche con un regalo para Meer. Era una chaqueta color blanco, bastante linda… aunque era más estilo Emma que estilo Meer. Igualmente a Mery pareció gustarle.
Nos fuimos al término de la hora de visita. Hoy no podía quedarme con Meer porque se suponía que me iba a mudar con mi madre. Aproveché para llevar a Emma al hotel donde se hospedaba. A Meer no le agradó mucho el hecho de que Emma y yo nos fuésemos juntos… no dijo nada pero pude verlo en sus ojos y en la expresión de su rostro.
—Meer va a odiarme por esto —habló Emma en cuanto subió en el coche.
—Claro que no… —sonreí, encendiendo el motor. Me agradaba la idea de que a Meer le dieran celos. Era una clara prueba de que me quería.
—A ti parece agradarte la idea ¿Le das celos a propósito? —me mordí el labio inferior. No sonaba mal… pero yo no lo estaba haciendo al propio.
—No… —nos quedamos en silencio un momento. Yo ya sabía dónde quedaba el hotel donde Emma se encontraba, por lo que no era necesario que me indicara el camino.
—Mmm… ¿Puedo preguntarte algo?
—Claro.
—Ustedes se quieren, ¿no es así? —asentí, mirándola fugazmente. Ya sabía a donde iba todo esto —y ambos lo saben… lo digo por lo que anotaste en su pierna, lo vi —volví a sentir —además… sus celos y todo eso —rio —Meer puede ser muy encantadora a veces. La verdad es que allá en EEUU ella era bastante… extraña. Se comportaba mal con toda la gente excepto conmigo y con las chicas, porque éramos sus amigas… es tierna a veces, bueno, en realidad casi todo el tempo. Aunque yo no tenía idea de que era celosa, es que jamás la vi mirar a alguien así y nunca antes había…
—La… pregunta —la corté. Y es que había comenzado a hablar sobre otras cosas… que parlanchina. Emma me miró algo cortada, se notaba avergonzada.
—Lo siento, a veces hablo de más —rio. Yo también lo hice —a lo que iba… ¿Por qué no son novios si ambos se quieren? —me quedé un momento en silencio. Pensando en que contestar… yo quería que fuéramos novios, pero ella no. Yo… no podía contarle todo a Emma. No la conocía… y ella no podía entenderlo si no sabía toda la historia.
—Es… complicado —no sabía que más decir.
—Hum… ya lo veo. No quieres decirme.
—No es eso. Es que… no lo sé. Ella no quiere ser mi novia —Emma se quedó en silencio un momento. Detuve el coche afuera del hotel.
—Es que es una buena amiga —sonrió de medio lado. Se acercó a mí, para darme un beso en la mejilla como despedida.
—¿Qué quieres decir…?. —se encogió de hombros… se sonrojó notoriamente y luego se bajó del coche, dejándome colgado.
Pff, en fin… mujeres.
Me fui a casa a arreglar todo. Metí ropa en el bolso y arreglé algunas cosas para el trabajo… luego me fui donde mamá.
La semana siguiente fue de lo más extraña. Todo lo que había luego del trabajo era estar con Meer… No dejaba de pensar en ella en ningún momento y todo se reducía a Meer, Meer y más Meer. Comenzaba a volverse algo obsesivo y eso asustaba. Tom se burlaba de mi porque no dejaba de hablar de ella… y mamá simplemente me miraba con cara de no tienes remedio.
Al terminar la semana, Gordon se marchó por el trabajo. Eso quería decir que Tom o yo teníamos que tomar vacaciones o algo así para cuidar a mamá. No podíamos dejarla sola todo el día.
—Oye, Bill… adivina quien acaba de salir del hospital —me atraganté al escuchar a Tom hablar desde el salón.
—Tranquilo… —murmuró mamá. Me llevé la taza de café a los labios para beber un poco ¿Qué ya había vuelto? ¿Era hoy? pensaba que… que sería mañana, cuando Emma se fuera de vuelta a América. Tenía que verla… teníamos que hablar. Me levanté de la mesa casi de un salto, dejando la comida a la mitad.
—Bill… —mamá, como siempre. Ni siquiera en su estado dejaba de fastidiarme. De todas maneras prefería tenerla como una madre fastidiosa a no tenerla. Volví a sentarme en la mesa, y me concentré en comerlo todo… lo más rápido posible. Y es que para mi madre Tom y yo siempre seríamos sus bebés, por lo tanto, ella podía obligarnos a comer toda la comida.
—Debiste verla “caminar” —entró Tom en la cocina, burlándose —si es que a eso se le puede llamar caminar —lo asesiné con la mirada.
—Tiene una pierna rota, Tom —mi hermano se acercó a la mesa dando saltitos en un pie.
—Así es como se ve tu novia —se sentó frente a mí. Mamá lo miró sin decir nada.
—No es mi novia —me llevé el último gran bocado a la boca.
—Pero te gustaría —me apuntó con el cuchillo, alzando ambas cejar, divertido. Asentí con la boca llena. Me tardé un par de segundos en tragar…
—No quiero que vuelvas a hablarle —mencioné mientras me levantaba. Se lo había dicho millones de veces y es que no soportaría ver a esos dos juntos sabiendo que Tom... la había besado. Meer no era de las chicas que se compartían.
—Pff, dime algo nuevo, por favor —negó con la cabeza.
—¿Algo nuevo? amm… hoy lavas los platos —salí de la cocina.
—¿Sabes mamá? he estado pensando en comprar un lavavajillas —dejé de escucharlo mientras subía la escalera. Sonreí… Tom a veces podía llegar a ser tan holgazán.
Llegué a mi habitación. Enseguida puse los ojos en la casa vecina. Podía ver, a través de la delgada cortina de mi habitación, que su luz estaba encendida. Me acerqué rápidamente, para llamarla, quería que habláramos… hoy casi no la había visto. Sólo cinco minutos antes de irme al trabajo.




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