19 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 60


























CAPITULO 60


Mierda, mierda, mierda y mucha más mierda ¡hoy es nuestro aniversario!
¡Lo olvidé! No fue mi intención yo… yo… obviamente no querría olvidar algo así. Dejé la cajita sobre el escritorio y busqué el móvil. Oh, Dios, me tiemblan las manos. Tranquilo, tranquilo. Mery puede entenderlo, ¿verdad?... si… si, ella seguro va a perdonarme… sólo debo explicarles bien las cosas y… quizás rogarle un poco.
Me llevé el aparato al oído. El ruidito ese a me estaba desesperando. No contestó ¡No contestó! Y yo comenzaba a entrar en pánico. Es que esto… esto no podía estar pasando, debía ser una broma. Busqué torpemente un calendario, tirándolo todo. Si… era hoy. Intenté llamarla nuevamente, tenía que contestar en algún momento.
Salí de mi estudio y comencé a recorrer toda la casa. Quizás no había salido y seguía aquí… o… o había regresado y yo no me había dado cuenta.
En ese momento otra llamada entró. Le di al botón sin mirar de quien se trataba, con la esperanza de que fuese Mery.
—¿Si?
—Buenas, Bill —es David. Oh, no… siempre que llama es porque me quiere trabajando allá.
—David.
—Necesito que vengas para discutir algunos asuntos, no es nada serio… no te preocupes —acabó riendo.
—La verdad es que…—intenté excusarme.
—Bill, no será más que un par de horas. Como sabrás estamos atrasados en algunas cosas y necesitamos con urgencia solucionar ese problema. Además, claro, tengo buenas noticias para ti —miré a mi alrededor, algo que me ayudara a inventar una excusa… pero nada se me vino a la cabeza.
—David, es sábado… yo…
—Te pagaré horas extra, no hay problema en que vengas… ¿verdad, Bill? —espiré. Cerré los ojos con fuerza, y sabiendo que quizás me arrepentiría de todo esto, contesté.
—Llegaré en media hora —solté para luego cortar la llamada de golpe.
Me sentía culpable por aceptar ir al trabajo. De cierto modo sabía que algo malo pasaría. Aun así iría. Sólo eran un par de horas… y eran alrededor de las doce o una, no lo sé. Tendría tiempo de sobra para buscar a Mery. Así de paso sería mejor… tendría tiempo para calmarse y no se lanzaría al ataque nada más verme. Si… estaría bien, o al menos intentaba convencerme de eso.
Me fui al trabajo aun intentando dar con Mery, pero detuve los intentos de comunicarme con ella al darme cuenta de que había apago su teléfono. No quería hablar conmigo… y yo ni siquiera sabía dónde se encontraba.
Con todas esas preocupaciones en la cabeza intenté hacer bien mi trabajo. Quería terminar cuanto antes para ir en busca de mi chica. Acabé todo a eso de las cuatro, y ahí fue cuando entré a la oficina de David, para hablar con él. Tenía que decirme algo y esperaba que fuese rápido.
Acabó dándome un discurso de horas mientras bebíamos alcohol. Incluso me habló sobre su hija Stella. Hacía tiempo que no sabía de ella. Me repitió lo mismo un montón de veces, respecto a mi buen comportamiento y mi forma eficiente de trabajar… horas y horas desperdiciadas en palabras sin sentidos, sintiéndome el peor novio del mundo, para que el acabara por darme la genial noticia de que me daría un aumento. Obviamente después de la noticia tuve que quedarme un poco más, para terminar de beber mi última copa y no ser grosero.
Llegué a casa a eso de las siete. Todo estaba tal cual lo había dejado… nada, absolutamente nada estaba fuera de lugar. Las luces no estaban encendidas… Mery no estaba aquí. De todos modos me di un recorrido por todo el lugar para asegurarme de ello.
Intenté llamarla… y llamarla otra vez. Pero seguía sin contestar. Esto ya podía conmigo. Tenía que hacer algo, si no hablaba con ella pronto acabaría volviéndome loco. Intenté tranquilizarme pensando en que antes ella también había desaparecido de casa, en una o dos ocasiones luego de pelarnos. Había vuelto por la noche. Seguro volvería, si…
Luego de comer algo, fui a nuestra habitación. Esta sería una larga espera.
Miré la TV alrededor de una hora y media, hasta que una genial idea se me vino a la cabeza.
Corrí al armario, en busca de algo bueno. Le daría una sorpresa, caro que si… la llevaría a cenar a algún lugar, o a bailar… algo lindo, no lo sé. La esperaría así, vestido, no importaba a qué hora llegase, algo podríamos hacer.
Me duché y vestí rápidamente. Ya listo y arreglado, sin saber que hacer… intenté llamarla de nuevo. Pero era más de lo mismo.
En un impulso, que a decir verdad, no sé de donde salió… me dirigí al armario donde Mery guardaba sus cosas, su ropa y todo eso. Lo abrí, esperando encontrarme con algún lindo vestido que le sirviera para esta noche. Pero muy lejos de encontrar algún traje bonito para Mery… di con un armario revuelto y casi vacío.
Dejé de respirar. Esto… esto no podía ser cierto. Tenía un nudo tan grande en la garganta que me lastimaba, dolía. Retuve las lágrimas y me aparté de allí. Me dejé caer sentado en la cama, sin poder procesar toda la información que mi cerebro acababa de recibir. Esto sólo podría significar una cosa. Pero aún no podía aceptarlo.
¿En qué… en qué momento se había llevado sus cosas? Mery se… se… se había ido ¡Y yo aún no daba con ella! no iba a pasar la noche en casa, eso ya es seguro. Y… y yo sigo aquí, como un bobo, sin hacer algo como para solucionar esto. Soy… soy tan enormemente estúpido… esto no tendría que haber pasado. No tendría que haber olvidado nuestro aniversario. Tragué saliva y comencé a buscar el número de Tom.
—Bill… —me saludó nada más contestar —es bueno saber de ti. Desde hace cuento no hablamos… ¿tres días? Oh, no espera… creo que desde el fin de semana pasado —soltó molesto. Este, definitivamente, no era un buen momento para reprocharme lo mal hermano que era.
—Tom… —lo corté. Inevitablemente la voz me salió temblorosa.
—¿Pasa algo?. Uh, si, pasa algo… —se contestó el mismo —¿es sobre Meer?, dime que debo hacer para ayudarte —habló rápidamente.
—¿No la has visto?
—¿A Meer? No… ¿por? —dudé un poco si explicarle todo o simplemente resumirlo a cuatro palabras.
—Se fue de casa.
—¡¿Qué?! —obviamente esto requería de una buena explicación. Pero… pero yo no tenía tiempo como para conversar de lo más tranquilo con Tom. Tenía que encontrar a Mery cuando antes.
—Es… es algo que… luego te explico ¿no las has visto por la casa de su madre? —me apresuré en preguntar.
—Ya te dije que no la he visto —soltó brusco —por lo visto las peleas no terminaron… —estaba seguro de que me daría un sermón, por lo que corté la llamada.
¿Y ahora qué? Tenía que buscarla.
No tenía idea de donde ella podría encontrarse. Quizás… quizás estaba en la casa de su madre. Tal vez había vuelto al no tener algún buen lugar para quedarse.
Corrí al coche a la velocidad de la luz y manejé impaciente por llegar. Estacioné frente a la casa de mamá y me bajé casi corriendo. No me detuve a saludar a mi familia, simplemente me acerqué a esa puerta a paso rápido. Piqué al timbre… ya era tarde para arrepentirme. Seguramente esa mujer saldría a golpearme hasta dejarme medio muerto y me metería un balazo entre las cejas antes de dejarme ver a Mery, si es que estaba en esta casa, claro.
El esposo de la mujer abrió la puerta. Se sorprendió al verme, lo noté en su expresión. Tragué saliva, ni siquiera recordaba su nombre.
—¿Bill? —preguntó. Asentí, del todo nervioso —¿necesitas algo?
—Es… es Meer —solté de golpe, del todo desesperado.
—¿Meer? —preguntó, frunciendo el ceño.
—¿Quién es, amor? —se escuchó desde adentro de la casa. Lo que me faltaba, la bruja. Lo miré suplicante. Él muy bien sabía el odio que había entre nosotros y tenía conocidas las razones, también.
—¡Nadie, cariño! —soltó entre dientes, juntando un poco más la puerta. Me miró, invitándome a hablar.
—Meer no está en casa. Me preguntaba si… si se encontraba aquí —contuve la respiración, esperando oír una respuesta que si quisiera oír. Aunque no estaba del todo seguro de cuál era la respuesta que quería. La idea de que estuviese en esta casa me aterraba… pero me aterraba igualmente el no saber de su paradero.
—No… tampoco la hemos visto por aquí —lo examiné con la mirada… buscando alguna señal que me diera a entender que él estaba mintiendo. No pude dar con ninguna… estaba diciéndome la verdad —¿no se habrá ido con alguna amiga?
Fue en ese momento cuando me di cuenta de lo estúpido que había sido al venir aquí. Enseguida se me vino Isabella a la cabeza. Seguro estaba con ella… Isabella era su amiga más cercana. Había ido a buscar a Mery unas dos o tres veces al departamento de su amiga. Tenía que estar allí…
Me despedí y volví al coche. Manejé intentado recordar las calles. No se me hizo difícil dar con el edificio. Después de estacionar y correr hacia la entrada me subí en el ascensor.
Me di cuenta de que no sabía en qué piso vivía al ver los botones. Me bajé, era mucho mejor si le preguntaba a alguien de aquí.
—¿Bill? —me giré tan rápido que incluso me dolió la cabeza. Casi solté un suspiro de alivio al dar con Isabella, quien me miraba casi asesinándome con los ojos.
—Isabella, te buscaba… —solté el aire contenido, aliviado. Ella tomó una bolsa casi vacía que traía en una de sus manos y la escondió tras su espalda.
—Uh ¿necesitas… algo?
—¿Mery está contigo? —pregunté sin rodeos. Entrecerró los ojos y analizó mi expresión por un momento.
—No… —contestó secamente —ahora, si me disculpas, tengo que irme… —la tomé del brazo, sin dejarla avanzar un paso más hacia el ascensor. Estaba seguro de que Mery estaba con ella. Para empezar, ni siquiera se había sorprendo al yo preguntarle por Mery. Además su actitud me estaba dejando muy claro que intentaba cubrirla.
—Necesito verla —le pedí.
—No está aquí, ya te lo dije —se soltó con un movimiento brusco.
—Por favor… —negó con la cabeza metiéndose en el ascensor. Me subí yo también.
—¿Qué haces? —preguntó molesta.
—Quiero hablar con ella —la miré suplicante.
—No está aquí, Bill ¿Qué es lo que no entiendes? ¡Meer no está conmigo! —las puertas se cerraron y el ascensor se comenzó a mover.
—Sé que estás mintiendo.
—Claro que no —el ascensor se detuvo y las puertas se abrieron. Caminó hasta la primera puerta que había allí y sacó unas llaves de su bolsillo.
—Isabella, te lo suplico… por favor —abrió la puerta y se metió dentro del departamento dándome la espalda.
—No sabes lo n… —alcancé a escuchar otra voz desde allí adentro antes de que Isabella cerrara la puerta de una patada. Me estremecí. Esa era Mery, estaba allí.
Intenté calmarme, normalizar mi respiración y los latidos de mi corazón. Pero me costaba demasiado sabiendo que Mery se encontraba a una pared de distancia… y yo no podía verla, no podía hablarle. Golpeé la puerta sin pensarlo, alguien tenía que salir a recibirme en algún momento, ¿verdad? Teníamos que hablar y aclarar las cosas. Tenía… tenía que pedirle disculpas, si era necesario le suplicaría perdón de rodillas. Y no exagero. No puedo perderla por algo como esto, no luego de estar un año juntos, no en estas circunstancias, no puedo perder a mi Mery.
Ok, Bill. Cálmate… es… sólo… tengo que serenarme y pensar con la cabeza. Sí, piensa con la cabeza, Bill… piensa.
¡Agh!, ¿cómo voy a poder pensar algo coherente en una situación como esta? golpeé la puerta con fuerza, otra vez. Fue en ese momento en que me di cuenta de que había un pequeño timbre a un lado. Me sentí tan estúpido al darme cuenta que apreté el botoncito con violencia unas cinco veces seguidas.
—¿Mery? —llamé, lo más cercano a la puerta que pude —¡sé que estás ahí, Mery! ¡abre la puerta por favor!
No hubo respuesta.
—¡ Tenemos que hablar! —exclamé nuevamente, sintiendo como el corazón me latía con furia debido a ese presentimiento de que todo iba a ir de mal en peor...aquella maldita puerta era lo que me separaba de mi chica ¿Cómo puedo llegar a ser tan tonto, olvidar algo tan importante?
No hubo respuesta, todo estaba en silencio tanto dentro como fuera de la habitación. Tragué saliva. Me ignoraban... no querían abrirme, Mery no quería hablar conmigo. Ya comenzaba a desesperarme, mucho más que antes. La tenía tan cerca... y ni siquiera tenía la oportunidad de hablar con ella. Ni siquiera... ni siquiera podía mirarla a los ojos para sentirme más culpable aún por todo esto.
—Meer... —hablé nuevamente, la voz me tembló y no salió como la esperé. Comenzaba a percibir un nudo en mi garganta, crecía y crecía a medida que pasaban los silenciosos y dolorosos segundos...nada. Ni siquiera una señal de vida... —Mery... Mery... —volví a repetir con un hilo de voz. Odio sentirme así, esa horrible sensación en el pecho que no me deja respirar. Dios... los ojos ya comenzaban a arderme. —Dios —musité, deseando fervientemente que todo lo que está ocurriendo fuese mentira. Ella no quería hablarme, me ignoraba. Lleve mis manos hacia las sienes, comenzaban a doler al igual que todo mi cuerpo. Sentía como si un enorme camión me hubiese aplastado. Mi corazón...conforme al lento avance del tiempo, se quebraba, rompía, todo por ella...Meer.
Y pensar que todo esto es mi culpa ¡Mi culpa!... tendría que haber escuchado a Tom, a mi madre... a Mery. Si... si tan sólo me hubiese ocupado menos del trabajo, prestado más atención a mi chica, a mi familia... todo sería diferente. Quizás Mery y yo estaríamos celebrando nuestro primer año juntos, felices, disfrutando, amándonos. Sería muy diferente si yo... yo... ¡Ahg! ¿Puedo ser más tonto? no lo creo ¡Nunca pensé que me podría olvidar de nuestro aniversario!
—Abre la puerta...arreglemos esto... —le supliqué, fue inevitable. No entiendo cómo llegamos a esto ¿En qué momento me vi en la libertad de romper las promesas que le hice a mi pequeña, de dejarla por el simple hecho de anteponer lo material al amor, la confianza y lo demás que es igual importante? ¿Por qué ahora cada cosa que hacía salía mal ? ¿Por qué terminamos así? Comenzaba a faltarme el aire, apoye una mano sobre la fría superficie que me separaba de ella...sí supieras lo arrepentido que estoy.
—Soy un estúpido... —susurré. Apoyé la frente en la puerta, cerrando los ojos con fuerza. Todo lo que me estaba pasando era mi culpa, nada más que mi culpa. Y quizás me lo merecía, bah, me lo merecía si o sí. Yo mismo me había arrastrado hasta aquí, con mis acciones, con mi forma de ser estos últimos meses. A lo mejor no servía de nada estar aquí, tal vez Mery nunca abriría esa maldita puerta. Al menos no esta noche. Pero... la idea de irme de aquí, sin haber logrado hablar con ella, me provocaba angustia y unas enormes ganas de echarme a llorar como un idiota. Es que... agh, la amo... la amo más que a mi vida y la necesito —Mery, por favor abre... —insistí por última vez.
Aquel sepulcral silencio termino por matarme. Nada, ni un mísero 'vete' para darme la alusión de que pueda haber una solución a nuestras diferencias. Creo que si Mery me da la oportunidad...podría cambiar, empezar de cero... y ser felices. Suspiré entrecortadamente, tratando de calmarme. Tenía atascadas las palabras en la garganta.
Quería decir algo...lo que fuese, para hacer entrar en razón a Meer. La amo...es MI Mery, ¿acaso no piensa que esto también me hace daño? Cada cosa paso tan rápido... El ambiente en casa comenzó a marchitarse...al igual que nuestra relación. Pero...¡No, no puede ser que acabemos así!
Sigo amándola, la quiero conmigo... quiero poder protegerla, cuidarla, besarla... susurrarle un te amo en el oído antes de dormir, pasear por el parque abrazándola o tomándola de la mano, quiero llevarla al cine, cenar juntos en casa, pasar noche estupendas... quiero volver el tiempo atrás y corregir este gran error ¡Quisiera poder arreglar este estúpido problema! golpeé la puerta con el puño ¿cómo es que no habría la puerta? ¿acaso no tenía ni siquiera un poco de piedad? ¡Me sentía morir!
Con las manos temblorosas busqué el teléfono en el bolsillo de mi pantalón. Lo tomé para luego, intentar con la vista borrosa, escribir un mensaje:

Sé que he cometido muchos errores y te he hecho daño… pero no más del que yo mismo me causo al verte llorar. Me iré, te dejaré en paz...por ahora. Piensa las cosas, Mery ¿Lanzarás todo por la borda así como así? Te amo...recuérdalo, pase lo que pase... estarás grabada en mí corazón, lo has llevado… es tuyo, por siempre.

Pulsé enviar...podía sentir la desesperación en cada poro de mi cuerpo, necesitaba verla...sentirla, tocarla. Mery...tomé una bocanada de aire y giré mi cuerpo con lentitud.
Caminé a paso pesado por el pasillo, girándome a cada segundo con la esperanza de que saliera del departamento y me diera un beso, haciéndome prometer que este tipo de cosas no volvería a pasar. Una punzada en mi pecho, me hizo jadear bajito y volver a la realidad. Ella no está conmigo.




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