CAPITULO 45
—¡Hola! —me saludó con una sonrisa cerrando la puerta.
—Hola —saludé como un completo idiota, sin poder quitarme la expresión de baboso. —Estás hermosa… —observé su vestido otra vez… era ajustado, sus curvas se marcaban y… wow.
—Mmmm… Tú no te quedas atrás —la escuche decir. La miré y me vi obligado a cerrar los ojos al encontrarme con su rostro bastante cerca. Ella juntó nuestros labios y yo la besé durante unos segundos en modo de saludo. Enseguida ella se separó y se acomodó en el asiento satisfecha. Me mordí el labio inferior y encendí el motor.
No tardamos en empezar a conversar… sobre el trabajo y la universidad a la que mi chica asistiría pronto. Ella se empeñaba en no hablar de eso porque no le daba importancia, pero para mí era algo realmente importante. Ella parecía querer vivir toda su vida haciendo nada. Y yo obviamente quería lo mejor para ella, quería que tuviese su dinero, su trabajo… así como yo. Aunque tampoco era tan de vida o muerte porque yo si tenía un título universitario y un trabajo y podría cuidar de ella.
Detuve el coche al llegar. La observé fugazmente mientras bajaba. Ella miraba por la ventanilla… seguro ya se había dado cuenta de donde estábamos. Rodeé el vehículo hasta llegar a la puerta donde Mery se encontraba. La abrí y le tendí la mano. Ella pareció salir del aturdimiento y enseguida me sonrió, mirándome divertida. Me tomó la mano y la ayudé a bajar. Cerré la puerta y comenzamos a caminar hacia la entrada del lugar. Casi no tenía cambios… estaba casi, casi idéntico al de hacía tres años.
—Este lugar se me hace familiar… —la miré, tenía los ojos entrecerrados y miraba todo el lugar.
—¿Lo recuerdas?
—¿El qué? —pestañeó rápidamente sin dejar de mirar.
—Aquí vinimos a comer la noche anterior a que te fueras —le recordé. Ella se quedó en silencio, sin decir nada. No quise añadir nada más… ella parecía estar recordando o quizás pensando.
Entramos. Le dije al chiquillo de la entrada mi nombre y él nos comenzó a guiar hasta nuestra mesa. Mery soltó mi mando y rodeó mi espalda con uno de sus brazos, yo hice lo mismo, pegándola más a mi cuerpo. En cuanto nos sentamos llegaron a atendernos. Pedimos algo para comer y beber… además de un postre a elección de mi princesa. Una vez se fue el garzón tomé la mano de Mery sobre la mesa y entrelacé nuestros dedos con cuidado. Su mano era tan suave… y un poco áspera ya que no traía guantes, por lo que podía ver y sentir su cicatriz.
—Este es el lugar especial —dijo sonriendo, buscando mis ojos. No pude evitar sonreír yo también.
—¿Te gusta? —acaricie su mano con los dedos.
—Hola —saludé como un completo idiota, sin poder quitarme la expresión de baboso. —Estás hermosa… —observé su vestido otra vez… era ajustado, sus curvas se marcaban y… wow.
—Mmmm… Tú no te quedas atrás —la escuche decir. La miré y me vi obligado a cerrar los ojos al encontrarme con su rostro bastante cerca. Ella juntó nuestros labios y yo la besé durante unos segundos en modo de saludo. Enseguida ella se separó y se acomodó en el asiento satisfecha. Me mordí el labio inferior y encendí el motor.
No tardamos en empezar a conversar… sobre el trabajo y la universidad a la que mi chica asistiría pronto. Ella se empeñaba en no hablar de eso porque no le daba importancia, pero para mí era algo realmente importante. Ella parecía querer vivir toda su vida haciendo nada. Y yo obviamente quería lo mejor para ella, quería que tuviese su dinero, su trabajo… así como yo. Aunque tampoco era tan de vida o muerte porque yo si tenía un título universitario y un trabajo y podría cuidar de ella.
Detuve el coche al llegar. La observé fugazmente mientras bajaba. Ella miraba por la ventanilla… seguro ya se había dado cuenta de donde estábamos. Rodeé el vehículo hasta llegar a la puerta donde Mery se encontraba. La abrí y le tendí la mano. Ella pareció salir del aturdimiento y enseguida me sonrió, mirándome divertida. Me tomó la mano y la ayudé a bajar. Cerré la puerta y comenzamos a caminar hacia la entrada del lugar. Casi no tenía cambios… estaba casi, casi idéntico al de hacía tres años.
—Este lugar se me hace familiar… —la miré, tenía los ojos entrecerrados y miraba todo el lugar.
—¿Lo recuerdas?
—¿El qué? —pestañeó rápidamente sin dejar de mirar.
—Aquí vinimos a comer la noche anterior a que te fueras —le recordé. Ella se quedó en silencio, sin decir nada. No quise añadir nada más… ella parecía estar recordando o quizás pensando.
Entramos. Le dije al chiquillo de la entrada mi nombre y él nos comenzó a guiar hasta nuestra mesa. Mery soltó mi mando y rodeó mi espalda con uno de sus brazos, yo hice lo mismo, pegándola más a mi cuerpo. En cuanto nos sentamos llegaron a atendernos. Pedimos algo para comer y beber… además de un postre a elección de mi princesa. Una vez se fue el garzón tomé la mano de Mery sobre la mesa y entrelacé nuestros dedos con cuidado. Su mano era tan suave… y un poco áspera ya que no traía guantes, por lo que podía ver y sentir su cicatriz.
—Este es el lugar especial —dijo sonriendo, buscando mis ojos. No pude evitar sonreír yo también.
—¿Te gusta? —acaricie su mano con los dedos.
—Mucho. Esto me trae recuerdos… —recuerdos… a mí también me traía recuerdos. Reímos a la vez.
—¿Cómo cuáles? —le pregunté.
—No te los diré. Tú puedes tener tus propios recuerdos.
—Pero a lo mejor hay algo que yo recuerdo y tú no… o algo que tú recuerdas y yo no recuerdo… —me mordí el labio inferior. Moría por saber que era lo que ella pensaba en estos momentos, cuáles eran los recuerdos que llegaban a su mente.
—Quizás.
—Si —ella suspiró.
—¿Qué recuerdas? —preguntó ella. Vaya, no era el único curioso. Tragué saliva… pensando en algo con lo que empezar.
—Recuerdo que… comimos pasta —Mery sonrió ampliamente.
—Estaba deliciosa —esperó unos segundos, aun mirándome a los ojos —¿qué más recuerdas?
—Mmm… —intenté recordar sus palabras exactas —también recuerdo que… me dijiste que… Meer era la chica de todo el mundo y que Mery… Mery era sólo mía —observé su rostro de sorpresa y como sus mejillas enrojecían al instante. Seguro no se acordaba de eso. Pero para mí había sido algo tan significativo que no lo había podido olvidar.
—Vaya… ¿de verdad yo dije eso? —asentí —pensaba bastante bien para tener catorce años —movió la nariz de una forma tiernamente graciosa.
—Y… ¿Qué es lo que tu recuerdas? —ella se encogió de hombros… y enseguida suspiró.
—¿Cómo cuáles? —le pregunté.
—No te los diré. Tú puedes tener tus propios recuerdos.
—Pero a lo mejor hay algo que yo recuerdo y tú no… o algo que tú recuerdas y yo no recuerdo… —me mordí el labio inferior. Moría por saber que era lo que ella pensaba en estos momentos, cuáles eran los recuerdos que llegaban a su mente.
—Quizás.
—Si —ella suspiró.
—¿Qué recuerdas? —preguntó ella. Vaya, no era el único curioso. Tragué saliva… pensando en algo con lo que empezar.
—Recuerdo que… comimos pasta —Mery sonrió ampliamente.
—Estaba deliciosa —esperó unos segundos, aun mirándome a los ojos —¿qué más recuerdas?
—Mmm… —intenté recordar sus palabras exactas —también recuerdo que… me dijiste que… Meer era la chica de todo el mundo y que Mery… Mery era sólo mía —observé su rostro de sorpresa y como sus mejillas enrojecían al instante. Seguro no se acordaba de eso. Pero para mí había sido algo tan significativo que no lo había podido olvidar.
—Vaya… ¿de verdad yo dije eso? —asentí —pensaba bastante bien para tener catorce años —movió la nariz de una forma tiernamente graciosa.
—Y… ¿Qué es lo que tu recuerdas? —ella se encogió de hombros… y enseguida suspiró.
—Amm… pues que… el lugar era igual. Estábamos en esta misma mesa —hizo una leve pausa, apartando la mirada, intentando recordar —y nos tardamos mucho en comer porque no dejábamos de hablar —acabó sonriendo —recuerdo que en ese momento yo pensaba que era la persona más feliz del mundo, la más afortunada… —sus mejillas enrojecieron nuevamente. No pude evitar sonreír al escucharla —… por tenerte. Al tú estar conmigo yo… no lo sé. Olvidaba todo lo malo y me sentía tan… llena —pensé en sus palabras durante un momento. Yo también me había sentido así, seguía sintiéndome así. Mery era totalmente especial.
—¿Sigues… sintiéndolo de esa manera? —sentía el corazón golpearme el pecho con brutalidad.
—Si —susurró, asintiendo con la cabeza. Hacía días que no teníamos una conversación tan profunda. De esas conversaciones que te ponen la piel de gallina y te aceleran el corazón.
Seguimos con nuestra charla durante toda la cena. Contándonos cosas, recuerdos, lo que sentíamos… éramos sinceros el uno con el otro y eso me agradaba.
Para a hora del postre ya habíamos dejado nuestras cursilerías de lado y empezamos a hablar a cerca de otras cosas graciosas, sin importancia…
Al terminar, luego de haber pagado la cuenta y habernos dado cuenta de que no había luz en la mayor parte de la ciudad -o al menos en la parte de la ciudad donde nos encontrábamos-, nos fuimos de allí.
—¿Sigues… sintiéndolo de esa manera? —sentía el corazón golpearme el pecho con brutalidad.
—Si —susurró, asintiendo con la cabeza. Hacía días que no teníamos una conversación tan profunda. De esas conversaciones que te ponen la piel de gallina y te aceleran el corazón.
Seguimos con nuestra charla durante toda la cena. Contándonos cosas, recuerdos, lo que sentíamos… éramos sinceros el uno con el otro y eso me agradaba.
Para a hora del postre ya habíamos dejado nuestras cursilerías de lado y empezamos a hablar a cerca de otras cosas graciosas, sin importancia…
Al terminar, luego de haber pagado la cuenta y habernos dado cuenta de que no había luz en la mayor parte de la ciudad -o al menos en la parte de la ciudad donde nos encontrábamos-, nos fuimos de allí.
Acomodé mi chaqueta sobre sus hombros, ya que ella no traía nada más que ese delgado vestido y seguramente se moriría de frío a salir.
Nos fuimos directo al coche y nos subimos rápidamente. Hacía frío y entre la oscuridad del lugar era muy poco lo que se podía ver. Era muy poco probable que un corte de luz de esta magnitud ocurriera aquí… pero simplemente había pasado, a saber por qué razón.
—¿Quieres volver a casa? —le pregunté luego de haber manejado unos minutos. Como no había luz y lo de su madre… quizás ella quería regresar.
—No.
—¿Qué quieres hacer?
—No lo sé.
—No hay nada interesante cuando no hay luces… —mencioné. Es que, de verdad, no se me ocurría donde ir en un día así.
—Entonces detén el coche —suspiré. Me desvié hacia un lado de la carretera e hice lo que ella me había indicado. Estábamos en la mitad de la nada, o eso era lo que parecía al haber tanta oscuridad. Sólo podía ver un montón de árboles frente a nosotros.
—¿Dónde estamos? —preguntó. Estábamos camino a casa a saber en qué lugar…
—No lo sé. Estamos perdidos —bromeé. A Meer no pareció agradarle mucho mi broma.
Nos fuimos directo al coche y nos subimos rápidamente. Hacía frío y entre la oscuridad del lugar era muy poco lo que se podía ver. Era muy poco probable que un corte de luz de esta magnitud ocurriera aquí… pero simplemente había pasado, a saber por qué razón.
—¿Quieres volver a casa? —le pregunté luego de haber manejado unos minutos. Como no había luz y lo de su madre… quizás ella quería regresar.
—No.
—¿Qué quieres hacer?
—No lo sé.
—No hay nada interesante cuando no hay luces… —mencioné. Es que, de verdad, no se me ocurría donde ir en un día así.
—Entonces detén el coche —suspiré. Me desvié hacia un lado de la carretera e hice lo que ella me había indicado. Estábamos en la mitad de la nada, o eso era lo que parecía al haber tanta oscuridad. Sólo podía ver un montón de árboles frente a nosotros.
—¿Dónde estamos? —preguntó. Estábamos camino a casa a saber en qué lugar…
—No lo sé. Estamos perdidos —bromeé. A Meer no pareció agradarle mucho mi broma.
—De verdad, Bill… ¿dónde estamos? —me preguntó mirando a todas direcciones. Me encogí de hombros. Estábamos en la carretera, simplemente. Si avanzábamos un poco más llegaríamos a un retorno y podríamos volver a casa, supongo. Afirmé mi espalda en el respaldo de mi asiento y me volteé a mirar a Mery. Ella parecía ida pensando en otra cosa.
Miré hacia la ventana intentando ver más allá. Las luces altas del coche alumbraban algo, pero no era demasiado. Me sentía tranquilo al tener a Mery tan cerca de mí en un lugar en el que probablemente no nos molestarían.
Estábamos a una orilla, lejos de la calle y pasábamos desapercibidos.
Llevé mis ojos a mi novia nuevamente. Ella me sonrió e hizo impulso hasta estirarse para alcanzar mis labios. Tomé su mejilla con mi mano para mantenerla cerca de mí y que ella no tuviera que hacer tanto esfuerzo para permanecer en esa posición.
Estábamos a una orilla, lejos de la calle y pasábamos desapercibidos.
Llevé mis ojos a mi novia nuevamente. Ella me sonrió e hizo impulso hasta estirarse para alcanzar mis labios. Tomé su mejilla con mi mano para mantenerla cerca de mí y que ella no tuviera que hacer tanto esfuerzo para permanecer en esa posición.
El beso comenzó siendo débil, pero al pasar los segundos se volvía cada vez más intenso. Prácticamente devoraba su boca mordiendo sus labios, aprisionándolos con picardía. Me separé de ella por un segundo y ella soltó todo el aire retenido en sus pulmones sobre mi rostro. Lo sentí cálido y dulce. Le sonreí y volví a juntarnos para unir con más fuerza nuestras bocas. Mi lengua acarició su paladar y las paredes internas de sus mejillas. Sentí la suya jugar con la mía con ganas y eso se sentía bien. Una gota de sudor calló por mi sien. Comenzaba hacer un poco de calor. Mery puso su mano tibia sobre la mía, que aun sostenía su rostro. Luego la bajó hasta mi cuello y acarició mi hombro con delicadeza. Jadeé al querer seguir con eso. Me gustaba y me hacía sentir bien. Ella estaba realmente deseable y sentía que cada vez más la quería pegar aún más a mi cuerpo.
Su contacto me agradaba demasiado y me volvía completamente loco. Ella suspiró contra mi boca y siguió besándome con fuerza. Nuestros besos formaban sonidos extraños, pero era lo más agradable de toda esta situación. Cuando lo oyes de otra persona es totalmente asqueroso pero vivirlo, oh… y encima con la persona que quieres o amas, es impresionantemente perfecto. Sentí como cada vez más se volteaba más hacia mí. No había quien nos parara esta noche. Podía sentir su corazón latir con fuerza y mi cabeza estaba que explotaba de solamente darme cuenta que estaba a su lado. Creí que se separaría de mí, pero en vez de aquello, con agilidad pasó una de sus piernas por sobre las mías… sentándose sobre mí. Gemí al sentir su presión contra mi entre pierna y alcé mi cabeza cerrándolo mis ojos con suavidad.
Sonreí y luego observé su rostro que estaba tan húmedo como el mío. Solté su mejilla y llevé ambas manos hacia su cintura delineando su perfecta figura. Esa delicada y estrecha curva que se le había formado en unos pocos años. Tiré de ella hacia delante para pegarla contra mi pecho. Mery enredó sus dedos en mi cabello jugando con él. Nos besamos con demasiada necesidad y rozándonos con fuerza. Amaba pensar en que todo esto lo hacía con tanto amor que reventaría de felicidad. Era la primera vez que comenzaba algo así con tanta pasión que me hacía sentir un montón de cosquillas en el estómago.
Acaricié su espalda con mis manos subiendo y bajándolas con lentitud. Estimulándola, sintiéndola. En reiteradas oportunidades llegué tan abajo que acaricié la curva de su trasero. Era tan… me encantaba sentir que ella era mía, mía y sólo mía.
Mery alzó su rostro mirando al cielo de mi coche. Yo aproveché para abarcar territorio con mis labios húmedos a lo largo de su cuello, besándola con ternura, suavemente. Besos cortos por su clavícula, por su cuello, su mentón… en los hombros y cada vez más abajo. La atraje hacia mí. Meer jadeaba con suspiros entrecortados. Estaba disfrutando de mis caricias y eso me hacía sentir muy bien. Acaricié su cintura nuevamente y luego de un rato mis manos bajaron hasta sus piernas. Su piel era suave y tersa. Su temperatura corporal había subido bastante y me impresionaba lo bien que estaba saliendo todo. Tomé ambos muslos con cada mano, mientras la besaba en los labios con agresividad y ternura a la vez.
Era la combinación perfecta y nos estábamos volviendo una bola de fuego, quemándonos el uno al otro. Mis manos comenzaron a subir con lentitud acariciándola con suavidad, las llevé a la parte interior del vestido y lo subía hasta su cintura introduciendo mis manos bajo él. Suspiré al contacto contra su piel al descubierto. Era primera vez que entrábamos a caricias tan explícitas y esto realmente lograba excitarme.
La besé apresuradamente y con desesperación sin dejar de acariciarla, desde su cintura hasta sus piernas con mucha agilidad. Meer se retorció entre mis brazos cuando acaricié su vientre con mis dedos pulgares. Su cintura era tan delgada que mis manos casi podrían juntarse alrededor de ella. Mery era tan ágil que al tirarla hacia a mí, su espalda formaba un ángulo totalmente impresionante. Ella estiró una de sus manos hacia atrás y apretó el interruptor de las luces del automóvil. Sonó un ligero Click y en menos de medio segundo estábamos completamente oscuros. Alumbrados únicamente por la luz de la luna y las estrellas.
Llevé mis manos a la parte trasera de su cuello y quité con cuidado el collar que llevaba. Moví los tirantes de su vestido hacia abajo y bajé un poco su escote.
Meer se acomodó sentándose completamente sobre mí sin afirmar sus rodillas a los bordes del asiento. Llevó sus delicadas y finas manos a la parte inferior de mi camisa subiéndola con rapidez hasta quitármela.
Su contacto me agradaba demasiado y me volvía completamente loco. Ella suspiró contra mi boca y siguió besándome con fuerza. Nuestros besos formaban sonidos extraños, pero era lo más agradable de toda esta situación. Cuando lo oyes de otra persona es totalmente asqueroso pero vivirlo, oh… y encima con la persona que quieres o amas, es impresionantemente perfecto. Sentí como cada vez más se volteaba más hacia mí. No había quien nos parara esta noche. Podía sentir su corazón latir con fuerza y mi cabeza estaba que explotaba de solamente darme cuenta que estaba a su lado. Creí que se separaría de mí, pero en vez de aquello, con agilidad pasó una de sus piernas por sobre las mías… sentándose sobre mí. Gemí al sentir su presión contra mi entre pierna y alcé mi cabeza cerrándolo mis ojos con suavidad.
Sonreí y luego observé su rostro que estaba tan húmedo como el mío. Solté su mejilla y llevé ambas manos hacia su cintura delineando su perfecta figura. Esa delicada y estrecha curva que se le había formado en unos pocos años. Tiré de ella hacia delante para pegarla contra mi pecho. Mery enredó sus dedos en mi cabello jugando con él. Nos besamos con demasiada necesidad y rozándonos con fuerza. Amaba pensar en que todo esto lo hacía con tanto amor que reventaría de felicidad. Era la primera vez que comenzaba algo así con tanta pasión que me hacía sentir un montón de cosquillas en el estómago.
Acaricié su espalda con mis manos subiendo y bajándolas con lentitud. Estimulándola, sintiéndola. En reiteradas oportunidades llegué tan abajo que acaricié la curva de su trasero. Era tan… me encantaba sentir que ella era mía, mía y sólo mía.
Mery alzó su rostro mirando al cielo de mi coche. Yo aproveché para abarcar territorio con mis labios húmedos a lo largo de su cuello, besándola con ternura, suavemente. Besos cortos por su clavícula, por su cuello, su mentón… en los hombros y cada vez más abajo. La atraje hacia mí. Meer jadeaba con suspiros entrecortados. Estaba disfrutando de mis caricias y eso me hacía sentir muy bien. Acaricié su cintura nuevamente y luego de un rato mis manos bajaron hasta sus piernas. Su piel era suave y tersa. Su temperatura corporal había subido bastante y me impresionaba lo bien que estaba saliendo todo. Tomé ambos muslos con cada mano, mientras la besaba en los labios con agresividad y ternura a la vez.
Era la combinación perfecta y nos estábamos volviendo una bola de fuego, quemándonos el uno al otro. Mis manos comenzaron a subir con lentitud acariciándola con suavidad, las llevé a la parte interior del vestido y lo subía hasta su cintura introduciendo mis manos bajo él. Suspiré al contacto contra su piel al descubierto. Era primera vez que entrábamos a caricias tan explícitas y esto realmente lograba excitarme.
La besé apresuradamente y con desesperación sin dejar de acariciarla, desde su cintura hasta sus piernas con mucha agilidad. Meer se retorció entre mis brazos cuando acaricié su vientre con mis dedos pulgares. Su cintura era tan delgada que mis manos casi podrían juntarse alrededor de ella. Mery era tan ágil que al tirarla hacia a mí, su espalda formaba un ángulo totalmente impresionante. Ella estiró una de sus manos hacia atrás y apretó el interruptor de las luces del automóvil. Sonó un ligero Click y en menos de medio segundo estábamos completamente oscuros. Alumbrados únicamente por la luz de la luna y las estrellas.
Llevé mis manos a la parte trasera de su cuello y quité con cuidado el collar que llevaba. Moví los tirantes de su vestido hacia abajo y bajé un poco su escote.
Meer se acomodó sentándose completamente sobre mí sin afirmar sus rodillas a los bordes del asiento. Llevó sus delicadas y finas manos a la parte inferior de mi camisa subiéndola con rapidez hasta quitármela.
Alcé mis brazos para que pudiera quitármela con mayor facilidad. Ella me miró y sonrió mordiéndose el labio inferior, acto que me volvió loco. Pasó sus manos por mi pecho acariciándome. Sentí escalofríos y suspire al sentirla tocarme tan provocativamente. Le sonreí también y enseguida llevé mis manos hasta la parte superior de su vestido. La besé en los labios. Tomé el comienzo de la cremallera de su ropa. Bajé desde el comienzo con lentitud, para desvestirla…
—No… —jadeó al sentir que quedaría al descubierto. Me detuve al instante… y me separé de su boca.
—Tranquila… —susurré juntando nuestros rostros otra vez. Intenté bajar la cremallera nuevamente. Esta vez Mery no opuso resistencia. Bajé su vestido dejándolo caer hasta sus caderas. Me separé un poco de ella para observarla. Oh… era… era totalmente perfecta. Su piel era muy pálida y tenía aun lunar pequeñito bajo su pecho derecho que la hacía ver especial. No llevaba brasier. Meer se sonrojó y miré hacia otro lado, avergonzada —mírame, Mery —la animé —eres hermosa… te amo, no sabes cuánto… —susurré volviendo a juntar nuestros labios. La apegué aún más a mí haciendo que nuestros dorsos se juntaran.

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