21 febrero, 2013

Rette mich /Capítulo 5



CAPITULO 5



Intenté tranquilizarme. Quise ponerme a pensar en que decirle, pero justo en ese momento… él contestó:
¿Hola?
¿Bill?
Ahm… si.
Soy Anne.
Lo sé —que tonta que había sido con ese comentario. Bill suspiró ¿qué quieres? —su voz no era para nada grosera. Más bien, parecía cansado.
No, yo… pedirte disculpas —terminé la oración casi haciendo una pregunta.
¿Por qué te disculpas, Annie? —me había llamado Annie. Un inmenso alivio recorrió mi cuerpo y sin querer, una sonrisa apareció en mis labios.
Supongo que… por lo de hoy —esperé un par de segundos, pero Bill no dijo nada. Supe que seguía del otro lado de la línea, pues podía escuchar su respiración —discúlpame, de verdad…
¿Y tú que hiciste? ¿qué que hice? ¿no se suponía que él ya lo sabía?
No… no lo sé.
¿Entonces por qué llamas?
No quiero que te enojes conmigo… seguro hice algo sin saber. Bill, tu sabes como soy. Pero… si tu me dices que fue lo que hice yo lo puedo arreglar, porque…
No hiciste nada, Annie —me cortó.
¿Entonces que pasó?
Fue mi culpa… no es nada.
¿No fui yo? —tenía que asegurarme…
No.
¿Y entonces porqué…?
No quiero hablar sobre eso —me cortó. Nos quedamos en silencio unos segundos, sin saber que decir… hasta que la imagen de Bill con el labio roto de me vino a la cabeza.
¿Y como está tu labio?
¿Y tu nariz? de verdad que Tom no te quería golpear, fue un accidente se apresuró en decir.
Vale… si, me lo supuse.
¿Pero estás bien? ¿te duele o algo?
Estoy bien, Bill. No me duele nada…
¿Segura?
Que si…
¿Te vienes hoy a la noche? —dijo para cambiar de tema.
Solo si tú quieres que vaya.
Si quiero —se apresuró en decir.
Pues entonces si voy.
Te estaremos esperando —sonreí.
Ok.
Tengo que dejarte, nos vemos a la noche, ¿si?
—Ajam.
Adiós.
Hasta la noche.
Colgué. Eso no me había aclarado nada sobre como había comenzado la pelea… Pero si me había tranquilizado respecto a Bill y Tom. No estaban enojados conmigo… eso estaba bien. A demás, hoy iba a ir a su casa y la pasaríamos genial con Kattie y Sam. Me sentía extraña de pensar que iba a estar con Tom, cuándo él me había golpeado. Aunque hubiese sido sólo por equivocación o que se yo, un impulso. Porque… a lo mejor Bil no estaba enojado conmigo, pero Tom si.
Y me di cuenta que nuevamente comenzaba a crear problemas y a agrandar los problemas ya existentes. Siempre me preocupaba demasiado de las cosas… y eso estaba mal. Pues le tomaba demasiada importancia a los problemas y eso hacía que me pasara la mayoría del tiempo pensando en eso y amargándome el día.
Por otra parte, me había dejado más relajaba haber hablado con Bill. Él siempre me tranquilizaba, por algo era mi mejor amigo. Aunque en la conversación se había mostrado un poco distante. A lo mejor era por el tema de la pelea, que había sido muy reciente y todo eso, o por el origen de ésta. No tenía idea de cuál había sido, pero diferentes hipótesis comenzaban a formarse en mi cabeza…

Cerca de las siete de la tarde, comencé a arreglarme para ir a la casa de los gemelos. Busqué mi bolso, el que usaba en estas situaciones… y dentro puse mi pijama, cosas personales, la ropa del siguiente día y algunos DVD’s que nos podrían servir. Luego, me arreglé un poco el cabello y observé mi nariz en el espejo. No estaba nada mal… no tanto. Estaba un poco hinchada y de un leve tono morado, pero no era la gran cosa… casi no se notaba. Cuando ya estuve lista, recordé que tenía que hacer algo antes de irme.
Cogí el cuadernillo de la mesita de noche y el lápiz. Luego lo abrí y comencé a anotar:

Hoy no fue un gran día. Estoy suspendida hasta el jueves de la semana próxima por una pelea. No tengo la menor idea de cual es la causa de la pelea, Bill no me lo ha dicho. Los afectados fuimos Dylan, Tom, Bill y yo. Como siempre, yo metiéndome en problemas que no me corresponden. Se suponía que tenía que separarlos y acabé perjudicada… con un golpe en la nariz y una suspensión. Me parece extraño que la causante de la pelea no haya sido yo… pero en fin, los gemelos me esperan en su casa. No voy a negar que estoy impaciente por llegar. Muero por ver a Bill y no tengo muy clara la razón. Eso me asusta un poco y me pone de los nervios.
No estoy segura de lo que me está pasando últimamente con Dylan, pero creo que las cosas han cambiado para mal… me siento distinta a como era antes.

Cerré el cuadernillo y lo volví a dejar en su lugar. Luego puse el lápiz sobre éste y ya estaba. Lista.
Me colgué el bolso en el hombro y salí de la habitación.
¡Mamá! —le grité ¡ya estoy lista! —le avisé. Ella iría a dejarme, pues me lo había dicho. Aunque la casa de los gemelos quedara a sólo una escasa calle, me gustaba que mi madre me fuera a dejar. Además era invierno… a esta hora ya se estaba haciendo de noche y estaba todo a oscuras.
¡Un segundo, hija! —me gritó desde su habitación… o supongo que era desde allí.
Me apoyé en la puerta para esperarla. Seguro se estaba arreglando.
Entonces algo comenzó a vibrar en mi bolsillo… Metí la mano en él y de allí saqué mi móvil.
Dylan. Me estaba llamando. Llevaba así toda la tarde y yo me había hecho la estúpida para no contestarle. Le di al botón rojo por milésima vez y corté la llamada sin siquiera contestar. Pronto se iba a cansar de llamar y cuando se me diera la gana lo llamaba yo. No me habían gustado para nada sus comentarios anteriores sobre mis amigos.
Ya estoy —mi madre se acercaba a mi mientras se ponía el abrigo.
Abrí la puerta y salí de casa con ella siguiéndome. Me acerqué al coche y allí esperé a que abriera la puerta… una vez lo hizo, me metí dentro y unos segundos después ella también lo hacía.
Entonces… a la casa de los Kaulitz —dijo divertida mientras encendía el motor.
Si.
Te veo ansiosa —comentó. La miré, pero ella miraba a través del espejo mientras retrocedía el coche.
Imaginaciones tuyas, mamá.
Voy a tener que hablar con Tom respecto a lo del golpe… —me tensé.
¿Qué? No, no, má… Fue un accidente —me apresuré en decir.
Pero si te ha quedado marca y todo —me miró fugazmente para luego volver a mirar el corto camino que quedaba hacia la casa de los gemelos.
No fue con intención.
Uhmmm…
No le vayas a decir nada, yo hablaré con él.
¿Ya te pidió disculpas?
Si —mentí.
Mi madre no dijo nada más durante los próximos segundos que quedaron de viaje. Yo tampoco tenía que decir… por lo que me quedé callada.
Detuvo el coche frente a la casa y yo me apresuré en abrir la puerta. Cogí mi bolso y me bajé del coche. Mi madre igualmente se bajó y cerró su puerta y a la vez la mía, pues la había dejado abierta.
Llegué rápidamente a la casa y piqué al timbre.
Mi madre no tardó en llegar a mi lado. Escuché pasos provenientes desde dentro y luego la puerta se abrió.
Le sonreí a Simone.
Hola, Simone —la saludé. Me puse en puntillas para darle un beso en la mejilla…
Hola, Anne. Los chicos están adentro —me sonrió. Yo le devolví la sonrisa y pasé por el espacio que ella me había dejado libre en la puerta.
Adiós, má —lancé un grito al darme cuenta de que no me había despedido de ella. Pude escuchar como ella se saludaban con esas típicas frases y esas cosas.
Supuse que los chicos debían estar en el salón, por lo que me dirigí hacia allí. Lo confirmé al escuchar sus gritos. Sam y Kattie ya había llegado, eso era seguro. Entré.
¡Hola! —saludé en general. En seguida los chicos se callaron. Sam fue la primera en levantarse con una gran sonrisa y venir hacia mí. San era la más hiperactiva del grupo, era la más habladora, la que hacía las bromas, la que no se molestaba en demostrar sus sentimientos frente a la gente. Su cabello era extremadamente rubio y su piel blanca estaba llena de pecas. Tenía los ojos de color azul… o más bien celestes. Era bastante linda, sus rasgos eran finos aunque su rostro era algo redondeado. Era más alta que yo por algunos centímetros… en realidad, todos eran más altos que yo.
¡AAAAAAAAAANNE! —me saludó dándome un abrazo, me apretujó tanto que me quedé sin aire… ¡uy, hace tiempo que no te veo! —los chicos rieron y yo me sentí tonta ¿cómo está tu nariz? —me separó de ella y yo pude coger aire. Entonces me di cuenta de que ella también sabía lo de la pelea y que Kattie estaba al lado de Sam, examinándome el rostro demasiado cerca para mi gusto.
Está bien —me eché un poco hacia atrás.
¡Dios, te suspendieron! —casi gritó Kattie.
¡No me lo creo! —dijo Sam ¡uy, Tom… le quedó negro y todo!
No es nada —me cubrí la nariz con la mano —fue un accidente, no exageres…
No exagero, de verdad —abrió mucho los ojos.
Ya basta Bill llegó a mi lado y pasó su brazo por sobre mis hombros. Me tensé por completo, el corazón me empezó a andar rápido y pude escuchar el pulso en mi cabeza. Pasé mi brazo por su espalda, cogiéndolo de la camiseta y lo miré para luego sonreírle. Al menos podía disimular un poco esos síntomas. Su rostro quedó muy cerca del mío y el aire que expulsó me llegó en toda la cara… dios. Sentía que el corazón se me iba a salir del pecho… —no está tan mal —medio sonrió. Su labio tampoco estaba tan mal.
Uy, uy, uy —se burló Sam —los veo muy cerca, ¿eh? intenté ignorar ese comentario y Bill creo que hizo lo mismo, pues ninguno de los dos contestó nada.
Anne… —giré la cabeza hacia el lado contrario y pude ver a Tom. Su ojo estaba peor que mi nariz y el labio de Bill juntos…
Oh, oh Sam lo interrumpió justo en el momento en que iba a decir algo. Me di cuenta de que Kattie le daba con el codo. Ella murmuró un pequeño “ay”
De verdad que lo siento, no era mi intención golpearte. Fue un accidente, no lo pensé. Fue algo de momento… no me pude controlar —acabé por sonreír. No era necesario decirle algo, con eso ya quedaba claro que no estaba enojada… y tampoco lo había estado.
Y… ¿Qué vamos a ver? —le pregunté a los chicos para cambiar de tema.
House of wax.
The ring.
Madagascar.
Esperaremos a que llegue Andreas y luego decidiremos —dijeron los cuatro casi al mismo tiempo. Me entró la risa… Así no nos íbamos a decidir nunca.
Creí que íbamos a ver The ring —comentó Sam.
No, no. Habíamos quedado en que no iba a ser de terror, Sam. Será Madagascar —corrigió Tom.
No van a comenzar de nuevo… Kattie parecía cansada.
Además, tenemos que esperar a Andreas… —habló Bill. Yo aún seguía abrazada a él. Dejé caer mi cabeza en su hombro Annie, ¿vamos arriba a dejar tus cosas? —preguntó Bill. Mis cosas… arriba. Me dio algo en el estómago, pero aún así asentí.
Ok.
—A ver que hacen ustedes arriba —se burló Sam. Ella y Kattie comenzaron a reír.
Fulminé con la mirada a ambas, pero ellas estaban demasiado ocupadas riendo y no se dieron cuenta de mi gesto. Bill no dijo nada, ni siquiera se inmutó… no pareció importarle. Se limitó a separarse de mi.
Dame eso —me dijo para luego arrebatarme el bolso de las manos. Yo le sonreí y entre los gritos de burla por parte de Sam y Kattie subimos las escaleras… yo iba tras él. Estaba un poco nerviosa, pero sólo un poco —¿dónde vas a dormir? —me preguntó una vez arriba.
Contigo como siempre, supongo —caminé un poco más rápido para llegar a su lado y le sonreí. Él me devolvió la sonrisa.
Bien… —dijo mientras abría la puerta de su habitación.
Siempre me había gustado su habitación. Las paredes eran de color gris, no tan oscuro… Tenía unos cuantos posters e imágenes de sus grupos favoritos, que eran los mismos que me gustaban a mi, claro. Bajo la ventana estaba en escritorio, color negro… todos los muebles de su habitación eran color negro… y sobre la cama, al lado contrario de la habitación, había una gran pizarra de corcho donde Bill, o más bien yo, ponía fotos nuestras… digo, con Tom, Sam, Kattie, Andreas, y obviamente Bill y yo. En algunas fotos salían otras personas más, pero los más importantes éramos nosotros, claro está. Incluso habían fotos de cuando éramos pequeños… cuando Bill aún era rubio, Tom no tenía rastas y Sam usaba vestidos de flores y dos coletas en el cabello.
Bill dejó mi bolso sobre la cama y yo me acerqué a su escritorio. Unos papeles sobre este me habían llamado mucho la atención. Tenía una suposición de que podrían ser, pero había que comprobarlo.
Cogí uno de los papeles.
Y claro… ordenado en versos, una sola estrofa…
Bill Kaulitaz, hiciste una canción y no me lo dijiste —lo miré enojada, en broma, claro… Bill se acercó a mi rápidamente y miró la hoja de papel, sin quitármela de las manos.
Es sólo una parte… es el coro, aún me queda por inventar el resto —volví a mirar el papel —además, te la iba a mostrar en cuanto terminara de escribirla.
¿Quieres que la lea? —pregunté sabiendo que algunas cosas de Bill eran privadas.
Si tú quieres —fui a leer la primera palabra, pero el papel desapareció de mis manos. Tardé un poco en reaccionar, y para cuando me di cuenta de lo que había pasado, Bill se estaba agachando para recoger la hoja. En un impulso, yo también me agaché rápidamente a cogerla... y fue en ese momento cuando nuestras manos se unieron y nuestras cabezas chocaron. Sentí como si una especie de descarga eléctrica recorriera todo mi cuerpo y mi corazón dejó de latir —ay, torpe —me dijo Bill. Era en broma, todo era en broma. Solté una risita, liberando todo el aire que había en mis pulmones.
Lo siento.
No importa —quité mi mano que estaba sobre la de él, él recogió la hoja y nos levantamos… ¿te parece si bajamos? —asentí y el dejó la canción sobre el escritorio.
¿Me vas a decir porqué fue que se armó la pelea? —pregunté entrando nuevamente en el tema por milésima vez en el día, mientras salíamos de su habitación.
No.
¿Lo dices en serio? pensé que se trataba de una broma, nada más…
Si.
Aish, Bill… Estás diferente, ¿sabes?
Tú estás diferente, Annie.
No, no… estás a la defensiva, Bill. Tú no eres así —suspiró y comenzamos a bajar la escalera.
Deja de imaginarte cosas, tonta —rió. Yo le di con la mano en el hombro —a—se quejó.
Por llamarme tonta, tonto —lo abracé por el cuello y me colgué de él.
Me voy a caer, Annie.
No me importa Billie —lo imité. Pero medio segundo después estábamos en el piso, al final de la escalera. Yo era la más perjudicada, pues había caído debajo de él. Me quejé.
¿Te das cuenta de que siempre pasa lo mismo? —si que me daba cuenta… Yo siempre me colgaba de su cuello y acabábamos en el suelo, con él encima de mí. Por suerte nos habíamos caído desde el escalón más bajo.
Es que estás muy debilucho —me burlé.
¿Qué pasó aquí? —preguntó Simone… dios, que susto… había aparecido de la nada.
Nos caímos, mamá. —habló Bill levantándose rápido —o más bien, Annie me hizo caer.
No lo vuelvan a hacer, cuantas veces les he dicho chicos que no jueguen en las escaleras… —siempre los mismo… siempre el mismo consejo, ya lo sabíamos. Bill me tendió la mano y yo me levanté con su ayuda.
No te preocupes, Simone —le dije. Ella dejó salir un pequeño “uhmm” entre sus labios y luego se fue hacia la cocina. Mamá debía de estar allí.
Bill y yo nos dirigimos al salón. Andreas ya estaba allí. Él era… bueno, él era Andreas. Tenía el cabello extremadamente rubio, al igual que Sam. Claro que este no tenía pecas, aunque su piel también era muy blanca. Se vestía muy parecido a Bill, eran amigos desde hace mucho tiempo. Andreas era una persona demasiado alocada en ocasiones, siempre tenía algo gracioso para hacer reír a la gente y se la pasaba haciéndole bromas a todo él mundo. Aunque cuando había que estar serios, él era al que mejor le salía el papel.
—Andreas ya llegó.
Si, nos dimos cuenta, Sam —ese fue Bill.
Ambos nos acercamos a saludar al recién llegado.
¿Y ya saben que película veremos? —me lancé sobre el sillón, encima de Tom.
¡Oye! se quejó, pero yo no me moví del lugar.
No. Pero Andreas tiene una idea mejor de cómo pasar el rato —respondió Kattie a mi pregunta.
¿Qué harán? —pregunté.
Haremos.. —me corrigió Tom. Miré a Andreas y este levantó un objeto en su mano.
La botella.
Genial —Bill sonrió.
¡No! —casi grité.
Yo no iba a jugar a eso, no teniendo novio.







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